The Project Gutenberg eBook, Historia de la literatura y del arte
dramtico en Espaa, tomo II, by Adolf Friedrich von Schack.


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Title: Historia de la literatura y del arte dramtico en Espaa, tomo II

Author: Adolf Friedrich von Schack

Release Date: July 6, 2008  [eBook #25988]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK HISTORIA
DE LA LITERATURA Y DEL ARTE DRAMTICO EN ESPAA, TOMO II***

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COLECCIN DE ESCRITORES CASTELLANOS CRTICOS HISTORIA
DE LA LITERATURA Y DEL ARTE DRAMTICO EN ESPAA

II

Tiradas Especiales

100 ejemplares en papel de hilo, del I al I00.

25      "      en papel China, del I al XXV.

25      "      en papel Japn, del XXVI al L.




HISTORIA DE LA LITERATURA Y DEL ARTE DRAMTICO

EN ESPAA

POR

ADOLFO FEDERICO

CONDE DE SCHACK

TRADUCIDA DIRECTAMENTE DEL ALEMN AL CASTELLANO

POR

EDUARDO DE MIER

TOMO II

MADRID

IMPRENTA Y FUNDICIN DE M. TELLO

_IMPRESOR DE CMARA DE S. M._

ISABEL LA CATLICA, 23

1886




NDICE.


CAPTULO XI.--CERVANTES

CAPTULO XII.--Comedias ms antiguas de Cervantes.--Su crtica del
teatro espaol.--Sus ltimas comedias.

CAPTULO XIII.--Lupercio Leonardo de Argensola.--Actores y poetas
dramticos del ltimo decenio del siglo XVI.--Escrpulos teolgicos
sobre las representaciones dramticas.--Autorizacin legal para la
representacin de las comedias.--Ojeada general sobre el drama espaol
anterior  Lope de Vega.--Resea histrica de los bailes nacionales
espaoles.


SEGUNDO PERODO.

EDAD DE ORO DEL TEATRO ESPAOL, DESDE 1590
HASTA PRINCIPIOS DEL SIGLO XVIII.

PARTE PRIMERA.

EL TEATRO ESPAOL EN TIEMPO DE LOPE DE VEGA.


CAPTULO PRIMERO.--Importancia poltica de Espaa en este
periodo.--Ciencias y letras espaolas.--Ideas polticas
predominantes.--Ideas religiosas.--La Inquisicin.--Sus relaciones con
la literatura, y principalmente con la dramtica.

CAPTULO II.--Poesa espaola en general.--Ideas caballerescas de los
espaoles.--El honor castellano--Tradiciones romnticas.--Influencia de
la antigedad.--Creencias religiosas.--Fiestas religiosas y
profanas.--Aficin  la poesa.

CAPTULO III.--Actividad potica de esta poca.--El
culteranismo.--Poesa lrica, prosa novelesca, libros de caballera,
poesa pica.--Originalidad de las letras espaolas.--Los teatros
espaol  ingls.

CAPTULO IV.--Florecimiento del teatro espaol, y perodos en que puede
dividirse.--Desenvolvimiento del drama por s,  pesar de la
indiferencia de los reyes.--Causas determinantes del desarrollo del
drama.--Triunfo de los elementos dramticos nacionales.--Formas
dramticas; comedias; sus caracteres en Espaa.

CAPTULO V.--Elementos picos y lricos de la
comedia.--Versificacin.--Verso trocico de cuatro
pies.--Romance.--Redondilla.--Quintilla.--Octava.--Soneto.--Terceto.
--Lira.--Silva.--Endechas y otras combinaciones mtricas.--Divisin
de las comedias.--Errores cometidos en esta materia.--Comedias de
capa y espada, y de ruido.--Comedias de santos, divinas y
humanas.--Burlescas.--Fiestas.--Comedias de figurn.--Comedias hericas.

CAPTULO VI.--Autos.--Autos sacramentales.--Autos al
nacimiento.--Loas.--Entremeses.--Relaciones de viajeros franceses del
siglo XVII que asistieron  representaciones dramticas en Espaa.

CAPTULO VII.--Decoraciones y tramoyas de los teatros
espaoles.--Trajes.--Aparato escnico en la representacin de
autos.--Prohibicin de espectculos teatrales en 1598.--Su derogacin en
1600.--Noticias particulares de los teatros de esta poca.

CAPTULO VIII.--VIDA DE LOPE DE VEGA.

CAPTULO IX.--Continuacin y fin de la vida de Lope de Vega.

CAPTULO X.--Nmero de obras dramticas de Lope.--Su _Arte nuevo de
hacer comedias_.

CAPTULO XI.--Caracteres generales de la poesa dramtica de Lope de
Vega.

NOTAS




CAPTULO XI.

CERVANTES.


No es ste el lugar oportuno de referir prolijamente la vida de tan
grande hombre, querido y admirado de toda Europa; pero tampoco nos
parece justo hacerlo con superficialidad despus de los concienzudos
trabajos de Ros, Pellicer, y sobre todo de Navarrete, que han derramado
nueva luz sobre ella, y que son poco conocidos fuera de Espaa[1]. El
objeto de esta obra exige tan slo extendernos cuanto nos sea dable
sobre sus trabajos dramticos; de los dems sucesos de su vida slo
trataremos ms minuciosamente en los casos en que las modernas
investigaciones hayan revelado hechos desconocidos,  subsanado antiguos
errores, tocando ligeramente los datos y noticias ya vulgares.

La familia de los Cervantes era de las ms antiguas de Espaa, y
emparentada, segn parece, con los reyes de Len. Los individuos de este
linaje, ricos-hombres domiciliados al principio en Galicia,
extendironse despus por Castilla en la Edad Media, y desde los
primeros aos del siglo XIII se encuentra frecuentemente en los anales
de Espaa el nombre de Cervatos, y Cervantes. Gonzalo de Cervantes,
tronco de la lnea  que perteneca nuestro poeta, se distingui en la
conquista de Sevilla por San Fernando, y obtuvo algunos bienes al
distribuirse entre los vencedores las tierras de los moros. Uno de sus
descendientes se cas con una hija de la casa de Saavedra, por cuya
razn muchos individuos de la de Cervantes aadieron aquel apellido al
suyo. Tambin llegaron hasta el Nuevo Mundo ramas del tronco principal.

A principio del siglo XVI encontramos un Juan de Cervantes de corregidor
de Osuna. Hijo de ste fu Rodrigo, que cas hacia el ao de 1540 con
Doa Leonor de Cortinas, dama noble de Barajas, presumindose con
ciertos visos de verosimilitud que era parienta de Doa Isabel de
Urbina, primera mujer de Lope de Vega; coincidencia, en verdad, no poco
curiosa, porque indica que adems del lazo comn de su merecida fama,
haba entre estos dos poetas otros de parentesco. De este matrimonio
naci primero un hijo, llamado Rodrigo, y despus dos hijas, cuyos
nombres fueron Andrea y Luisa. El ltimo de todos fu Miguel, nuestro
poeta, que, segn testifican documentos autnticos, encontrados hace
poco, naci en Alcal de Henares. No se sabe el da, pero si que fu
bautizado el 9 de octubre de 1547.

De su infancia slo se conoce lo poco que l mismo dice. De su temprana
aficin  las musas habla en el _Viaje al Parnaso_, cap. 4., cuando
indica que desde sus ms tiernos aos le agrad el arte suave de la
bella poesa. Tambin cuenta que en su niez vi representar  Lope de
Rueda, lo cual debi suceder en Segovia en el ao de 1558,  acaso ms
tarde en Madrid  en alguna otra ciudad inmediata. Dedcese de las obras
escritas en su edad madura, que este espectculo impresion vivamente al
joven Cervantes, y quiz proviniera de esta circunstancia su particular
aficin  la literatura dramtica, que no le abandon nunca. En su
mocedad curs dos aos en la Universidad de Salamanca, como deba
constar en los registros de matrcula de la misma. El concienzudo
Navarrete no pudo, en verdad, hallarlos; pero las ingeniosas y
divertidas escenas de la vida y costumbres de los estudiantes de esta
Universidad, que se leen en _El licenciado Vidriera_, en _La ta
fingida_ y en la segunda parte del _Don Quijote_, demuestran
suficientemente que slo pudo trazarlas quien las vi y estudi por s
mismo. Es probable que pertenezca tambin  los recuerdos de esta poca
el animado entrems, titulado _La cueva de Salamanca_.

D. Juan Lpez de Hoyos parece haber sido el primero, que alent al joven
poeta en su carrera. A este famoso maestro, en cuya escuela recibi
parte de su instruccin literaria, se le encarg que escribiese las
poesas para llorar la muerte de Isabel de Valois, en cuyo trabajo le
ayud su discpulo. Al describir estas exequias, alaba el maestro 
Cervantes, autor de un soneto, una elega y algunas redondillas, y le
llama su querido y amado discpulo. Tena entonces veintin aos.
Lanzado una vez en esta senda potica, la prosigui con celo, y, como
dice en su _Viaje al Parnaso_, escribi innumerables romances, sonetos 
docenas, y es probable que tambin por este tiempo compusiera _La
Filena_, novela pastoril, sin duda  semejanza de las de Gil Polo y
Montemayor. Estos trabajos de su juventud han desaparecido,  no suponer
que entre los romances del _Romancero general_ haya algunos suyos[2].

Pero el joven poeta, cuyos recursos pecuniarios nunca haban sido
abundantes, necesitaba una ocupacin que proveyese mejor  su
subsistencia, y por esta razn entr, sin duda, al servicio del cardenal
Julio Acquaviva, que vino de legado pontificio  la corte de Espaa en
1568, acompandole  Roma el mismo ao. Semejante posicin no era en
aquella poca humillante, porque espaoles nobles y principales no se
desdeaban de servir  Papas y Cardenales, arrastrados por el deseo de
ver el mundo, por la proteccin que en ellos encontraban, y por la
perspectiva de obtener pinges beneficios, que los reconciliaban con su
estado. Las vivas impresiones que Cervantes recibi en esta larga
peregrinacin, se revelan hasta en sus ltimas obras. En el _Persiles_
viajan los dos peregrinos Periandro y Aristela por Valencia, Catalua y
la Provenza hasta Italia, ruta, que, al parecer, sigui l mismo,
animando estos cuadros con sus propias observaciones. Catalua
particularmente debi gustarle ms, porque en la _Galatea_, en la novela
de _Las doncellas_ y en _Don Quijote_, hace exactas descripciones del
pas y de sus costumbres.

Su residencia en Roma, por duradero que fuese su recuerdo, no fu larga.
En _El licenciado Vidriera_, una de sus novelas, la llama dominadora del
mundo y reina de las ciudades, y aade que as como de las garras del
len se deduce cul es su fuerza y su grandeza, as se reconoce la de
Roma por sus fragmentos de mrmol, sus techos cados y arruinados baos,
sus magnficas columnatas y grandes anfiteatros, y por la corriente
sagrada, cuyas orillas santifican innumerables reliquias de mrtires,
sepultados en sus olas.

Pronto troc Cervantes su vida pacfica en la casa del prelado por la
agitada de la milicia, pues si las armas, como l deca, ennoblecen 
todos, realzan ms principalmente  los de ilustre prosapia. Sent,
pues, plaza en los tercios espaoles, que ocupaban entonces la Italia,
residiendo de ordinario en Npoles. Aqu se embarc en el ao de 1571
para Mesina, punto de reunin de las escuadras congregadas para defender
 la cruz contra la media luna. Sirvi de simple soldado en la compaa
de Diego de Urbina; sigui  la flota aliada, mandada por D. Juan de
Austria,  las aguas de Lepanto, y tom parte activa en la batalla. Al
comenzar estaba enfermo de calenturas, y  los ruegos de su capitn y
compaeros de que permaneciese tranquilo en su lecho, replic que l
quera mejor morir por su Dios y su Rey que recobrar cobardemente la
salud, y solicit de su capitn que le pusiese en el puesto de ms
peligro. Concedisele lo que peda, y pele con sin igual bravura con la
tripulacin del buque, que mat sola 500 turcos de la galera _Almirante
de Alejandra_, y se apoder de la bandera de Egipto. Cervantes,
expuesto al fuego ms vivo, fu herido por tres balas, dos en el pecho y
una en la mano izquierda, que despus perdi por completo. En vez de
quejarse de esta mutilacin, la enseaba siempre con orgullo, porque
probaba su participacin en el ms glorioso suceso que vieron los
pasados siglos y vern quiz los venideros[3]. El da 7 de octubre de
1571 parece haber sido siempre el plcido recuerdo, que lo consolaba en
los muchos apuros y penalidades de su vida, puesto que hasta en sus
ltimos aos dice en su _Viaje al Parnaso_, que, cuando extiende su
vista por la desierta superficie de los mares, se le viene  la memoria
la herica hazaa del herico D. Juan, en la cual l tom parte, aunque
en un puesto inferior, con ardiente sed de militar renombre, varonil
coraje y noble corazn. Tal fu, en efecto, su valor, que cuando D. Juan
de Austria, al da siguiente de la batalla, recorri toda la armada,
distingui particularmente  Cervantes y mand que aadiesen  su sueldo
un plus importante.

Sbese que la victoria no tuvo grandes resultados. El enemigo de la
cristiandad se cercior entonces de que su mejor aliado eran las
mezquinas discordias de los prncipes cristianos: Felipe II orden  su
hermano que volviese con la armada  Mesina, en donde la victoriosa
flota fu recibida con extraordinarias fiestas. Cervantes pas al
hospital  curarse de sus heridas, y se qued en Mesina, mientras casi
todas las tropas se distribuan por el interior de Sicilia. En la
primavera del ao siguiente se hizo de nuevo  la vela para el
Archipilago en el regimiento de Figueroa, y asisti  la batalla de
Navarino; pero se frustr la expedicin, y la flota volvi  Mesina en
noviembre.

El invierno inmediato se pas en preparativos: la inesperada defeccin
de los venecianos disolvi la liga, y se crey que no era bastante
fuerte el poder martimo espaol para atacar slo  los turcos, por cuyo
motivo se proyect una expedicin contra Tnez. El objeto del Rey era
nicamente destronar  Aluch-Al y apoyar  Muley-Mahomet; pero D. Juan
de Austria, su general, esperaba fundar para s un reino independiente
en frica, para lo cual se le haba prometido el favor del Papa. Apenas
lleg la flota  la Goleta, tanto los habitantes como la guarnicin de
Tnez abandonaron la ciudad y la fortaleza, y bast un regimiento de
veteranos, entre los cuales se hallara probablemente Cervantes, para
apoderarse de ambas. D. Juan construy un nuevo fuerte, tom  Biserta,
y volvi  Sicilia con parte de sus tropas. La compaa en que estaba
Cervantes pas  Cerdea, permaneci en ella en el invierno de 1573 
1574 y march despus  Gnova, en donde haban ocurrido algunos
desrdenes. Para contenerlos vino D. Juan de la Lombarda, y supo
entonces que los turcos se preparaban  reconquistar  Tnez y la
Goleta; embarc en Spezia, para Npoles, parte de sus tropas (entre las
cuales estaba Cervantes), y desde aqu se hizo  la vela hacia Tnez. Un
huracn casi ech  pique  su galera, y la arrastr de nuevo  la costa
italiana. Mientras tanto, y despus de esforzada resistencia, se
perdieron Tnez y la Goleta, y se desvanecieron de este modo las
esperanzas de D. Juan. Cervantes permaneci en Sicilia  las rdenes
del duque de Sesa, aunque no tard en dirigirse  Espaa, ya por su
natural deseo de regresar  su patria, ya desalentado al ver el escaso
premio que merecan sus servicios, con cuyo objeto pidi licencia en el
verano de 1575. Concedisele, en efecto, y honorfica en alto grado. D.
Juan y el duque de Sesa le dieron cartas de recomendacin para el Rey,
en las cuales le rogaban que atendiese  los mritos de este hombre
distinguido, que se haba granjeado la estimacin de iguales y
superiores[4].

Bajo tan favorables auspicios se embarc Cervantes en Npoles en la
galera del _Sol_ con su hermano Rodrigo; pero el regreso  su patria no
era tan fcil como crean. La galera tropez el 26 de septiembre de 1575
con un corsario argelino, y fu apresada tras larga resistencia y
llevada  Argel. Cervantes, al repartirse el botn, toc en suerte al
renegado Dali-Mam, el cual se alegr de que hubiese cado en sus manos
un caballero tan distinguido como Cervantes, que llevaba una carta para
el rey Felipe II, y con la esperanza de conseguir cuantioso rescate, lo
atorment con malos tratamientos; pero el osado cautivo, en vez de
acobardarse, form el plan de recobrar su libertad y la de sus
compaeros, y los anim  escaparse hacia Orn. Ya haban salido de
Argel, cuando los descubri el moro, que prometi llevarlos, y se vieron
obligados  regresar  la crcel y sufrir ms duros tormentos[5].

Uno de los cautivos, que fu rescatado y volvi  Espaa, particip  su
padre la suerte de sus dos infelices hijos. El buen viejo empe en
seguida sus escasos bienes, sin pensar que de esta manera quedaban
reducidos  la mayor miseria l y toda su familia, y remiti al punto 
Argel una suma no despreciable. Entonces pudieron los hijos tratar de su
rescate; pero Dali-Mam pidi tanto por Miguel de Cervantes, que ste
perdi la esperanza de salir del cautiverio y cedi su parte  Rodrigo,
que consigui la libertad en agosto de 1577. Rodrigo prometi, al
despedirse de sus compaeros, que hara cuanto pudiese para armar una
fragata en Valencia  las islas Baleares, desembarcar en las costas
africanas y libertar  su hermano y dems cautivos. Con dicho objeto
llevaba cartas de un esclavo espaol de la casa de Alba, que se hallaba
tambin en Argel. Largo tiempo haca que Cervantes haba trazado el
siguiente plan: en la costa, y al Occidente de Argel, haba un jardn,
perteneciente al alcaide Hassn, cuyo administrador, que era un esclavo
de Navarino,  ruegos de Cervantes, haba puesto  disposicin de los
cautivos una cueva, situada en el extremo de dicha posesin, en donde se
haban ocultado muchos desde febrero de 1577. Poco  poco se aument el
nmero de los fugitivos, y en noviembre lleg tambin Cervantes,
escapado de la casa de su amo y deseoso de reunirse  ellos. Cervantes
haba calculado bien la poca en que deba aparecer por la costa la
deseada fragata, que lleg, en efecto, el 28 de septiembre, y se mantuvo
oculta de da; se acerc por la noche al jardn,  hizo  los cautivos
la seal convenida. Pero al mismo tiempo levantaron el grito algunos
moros, que por casualidad estaban cerca; se retir la fragata, y poco
despus hizo otra tentativa de desembarco, ms desgraciada que la
primera, y cay en poder de los moros.

Cervantes y sus compaeros esperaban mantenerse ocultos en la cueva
hasta que se les presentase nueva ocasin para escaparse; pero un
renegado, por nombre el Dorado, que estaba desde el principio en el
secreto, lo revel al rey Hassn, que crea tener derecho  todos los
esclavos, y aprovech ansioso esta coyuntura para llenar con ellos sus
crceles. Un destacamento de soldados siti el jardn del alcaide
Hassn, penetr en la cueva, y se apoder de los fugitivos. Cervantes
declar en el acto que l solo era culpable, y que haba seducido  los
dems para que huyesen. Confesado esto, fu llevado con cadenas  la
presencia del Rey, despus de sufrir los improperios y malos
tratamientos de la soldadesca y las burlas del populacho turco. El Rey,
ya empleando la astucia y palabras lisonjeras, ya tremendas amenazas,
intent arrancarle el descubrimiento de los dems culpables, con el
objeto de complicar en este asunto al P. Jorge Olivar, encargado de la
redencin de esclavos por la corona de Aragn. Cervantes se mantuvo
inflexible, y slo sostuvo que l era el nico culpable.

Mientras tanto castig duramente  los fugitivos el alcaide Hassn,
comenzando por ahogar con sus propias manos al jardinero. Igual suerte
hubiera cabido  Cervantes y  sus amigos, si la codicia del Rey no
superase  su crueldad. La esperanza de cobrar su rescate salv la vida
 los cautivos, pero los encerraron en una horrible crcel y los
atormentaron sin piedad ni mesura. La descripcin que hace el P. Haedo
de esta prisin y de las crueldades del rey Hassn, nos llenan de
espanto. La crcel en que estaba Cervantes era la peor de todas las de
Argel.

En esta situacin desconsoladora, testigos diarios de los tormentos 
suplicios de sus compaeros, y esperando  cada momento igual suerte, se
esforzaban los mseros cautivos, casi todos espaoles, en olvidar su
desdicha, recordando sin cesar su amada patria, y bailando y
divirtindose como si estuvieran en ella. Animbanse al oir las hazaas
de sus antepasados, que cantaban alternadamente, repitiendo conocidos
romances; celebraban las santas fiestas de su religin, y se solazaban
con representaciones dramticas. Tan general era la aficin al drama
naciente, que convirtieron en teatro una mazmorra obscura de esclavos;
tanto haban penetrado las comedias de Lope de Rueda en el corazn del
pueblo, que, separados de su pas largos aos, saban recitar sus trozos
ms bellos[6]. Otra relacin hubo tambin entre las crceles de Argel y
el teatro espaol. En ellas concibi Cervantes el plan de dos dramas,
que pintan los sufrimientos de los cautivos cristianos, cuyos dramas,
imitados primero por Lope de Vega en sus _Cautivos de Argel_, dieron
origen  una serie de composiciones anlogas.

El mal xito de su primera tentativa para alcanzar la libertad no haba
abatido  Cervantes; al contrario, la desgracia lo excitaba ms 
desearla, si es cierto que la libertad, como l indica, es el don ms
precioso que el cielo concedi  los hombres, y por ella, lo mismo que
por el honor, se puede y se debe aventurar la vida, y que la prisin, en
cambio, es el mayor mal que puede suceder al hombre. Pudieron persuadir
 un moro que llevase cartas de Cervantes al gobernador de Orn para
probar de nuevo, si era posible, librarse  s mismo del cautiverio y 
otros tres compaeros. Pero el rey Hassn descubri el proyecto, empal
al mensajero y conden  Cervantes  2.000 azotes en castigo de haber
escrito la carta. Esta ltima sentencia no se ejecut, sin embargo,
gracias  los empeos que hubo en favor del noble cautivo; y tan
desusada clemencia es en alto grado inexplicable, atendiendo  que al
mismo tiempo otros tres espaoles perdieron la vida por un delito
semejante, y slo se comprende por la impresin que los caracteres
grandiosos hacen hasta en los hombres ms brbaros.

Otro nuevo plan, ms vasto que los precedentes, trazado en septiembre de
1579, fu descubierto por un monje dominicano. Hassn, para coger
_infraganti_  los cautivos, fingi no saber nada; pero los cristianos
sospecharon pronto que su proyecto era conocido. Un mercader valenciano,
residente en Argel, que les prometi su ayuda, y que temi entonces por
su vida y sus bienes, hizo cuanto pudo para decidir  Cervantes  huir 
toda prisa en un barco, temeroso de que el rigor de los tormentos le
arrancase la confesin de su complicidad; pero ste, que ya se haba
escapado de la crcel y estaba oculto en casa de un amigo, no consinti
en salvarse solo y dejar  sus compaeros expuestos al peligro; se
esforz en calmar las inquietudes del mercader, y le jur que ni la
muerte ni los tormentos le obligaran nunca  declarar. Mientras tanto
se pregon en las calles de Argel un bando del sultn para descubrir al
esclavo Cervantes, condenando  muerte  cualquiera que lo encubriese.
Entonces resolvi el cautivo librar  su amigo de tan tremenda
responsabilidad, y se present al Rey. ste, para amedrentarlo, orden
que le pusiesen una soga al cuello y que le atasen las manos  la
espalda, y le propuso despus, como nico medio de salvacin, el
descubrimiento de sus cmplices. Cervantes, sin inmutarse, sostuvo que
l solo haba intentado huir, y declar cmplices  cuatro espaoles,
que se haban rescatado poco tiempo antes. Las splicas de un renegado,
amigo de Cervantes, movieron una vez ms al Rey  perdonarle la vida;
pero lo llevaron  la crcel del palacio, le pusieron grillos y esposas
y lo celaron con ms rigor.

Aunque parezca novelesco, no es menos cierto, si merecen fe testimonios
irrecusables, que Cervantes traz entonces un nuevo plan, ms atrevido
an que los anteriores[7]. Su objeto era promover un levantamiento de
todos los esclavos de Argel, y apoderarse de la ciudad para entregarla 
Felipe II; y  pesar del cuidado con que se le guardaba, encontr medio
de plantear su propsito. No se sabe con certeza ni hasta dnde lleg,
ni si se descubri al cabo, ni por qu medios. Lo que s consta es que
el rey Hassn miraba  Cervantes como al ms osado y emprendedor de sus
esclavos, y como al nico de quien todo poda temerlo. Sola decir que
para tener seguros sus esclavos, sus buques y su capital, era necesario
vigilar con esmero al espaol estropeado.  pesar de todo, lo trat con
singular moderacin. El mismo Cervantes dice que slo un soldado
espaol, llamado Saavedra, escap bien con l, pues aunque por obtener
su libertad hizo tales cosas, que durarn largo tiempo en la memoria de
las gentes, sin embargo, ni lo maltrat, ni mand atormentarlo, ni le
dijo una mala palabra, cuando todos, y l el primero, teman  cada
instante que por la menor cosa que acometi lo hubiese empalado.

Mientras haca Cervantes tantas y tan intiles tentativas para alcanzar
su libertad, trabajaban sus parientes en Madrid con igual objeto.
Completaron sus recursos acudiendo  la generosidad del Rey, ya
recordando sus mritos los compaeros de armas del cautivo, ya
aprovechndose de la carta de recomendacin del duque de Sesa. Su padre
Rodrigo haba muerto, dejando  su familia en la mayor miseria; la corte
mostraba frialdad, y por estas razones los encargados del rescate de
cautivos, que fueron  Argel en mayo de 1580, slo pudieron reunir una
pequea suma para redimir al ms generoso de todos. Hassn haba dejado
el gobierno de Argel  otro Pach, encaminndose  Constantinopla.
Cervantes era del nmero de los esclavos, que l quera llevarse, y ya
haba subido  la galera, pronta  hacerse  la vela, cuando llegaron
los redentores en ocasin en que su rescate, caso de lograrse, no era ya
posible. El precio pedido ascenda  ms del doble de la suma, que
traan aqullos; pero gracias  los esfuerzos del P. Gil, que con dinero
prestado aument la suma y acall algn tanto las pretensiones de
Hassn, pudo Cervantes conseguir su libertad en 19 de septiembre de
1580.

Antes de regresar  Espaa, quiso desvanecer varias calumnias de que
haba sido vctima. El monje dominico, que, como dijimos antes,
descubri la ltima tentativa de huda y se granje el odio de los
cristianos, intent hacer recaer en Cervantes toda la odiosidad de su
conducta, sobornando con ese fin insidioso  diversos testigos. Para
disipar desde luego esta sospecha, produjo el calumniado el irrecusable
testimonio de once de sus compaeros de crcel, todos de las familias
ms nobles de Espaa, que hicieron su ms cumplido elogio. D. Diego de
Benavides declar, que,  su llegada  Argel, le hablaron de Cervantes
como de un hombre excelente por su nobleza y sus virtudes, y que se
haba portado con l como lo hubieran hecho su padre y su madre. Luis de
Pedrosa dijo, que, si bien haban estado en Argel muchos bravos
caballeros, ninguno haba hecho tanto bien  sus amigos esclavos como
Cervantes, y que ste tena tanta y tan peculiar gracia, y era tan
ingenioso y diligente, que pocos hombres podan comparrsele.

Despus de desenmascarar de esta manera  su perverso calumniador, se
hizo  la vela en 22 de diciembre y disfrut de la mayor alegra que se
puede alcanzar en esta vida, regresando  su patria sano y salvo tras
larga prisin, puesto que, como l dice, no hay placer comparable al de
recobrar la perdida libertad.

De vuelta  Espaa, se alist de nuevo en el ejrcito para remediar la
miseria de su familia. Pas, pues,  Portugal, an no sometida del todo,
en compaa de su hermano Rodrigo, y tom parte con l en las
expediciones militares que en 1581 y 82 se hicieron  las islas Azores,
y en la del verano de 1583 para conquistar la isla Terceira, y
desbaratar por completo  los parciales del prior de Ocrato. Carecemos
de datos ms exactos acerca de esta poca de su vida, pero parece que en
este mismo tiempo estuvo tambin en Orn, y que mientras residi en
Portugal tuvo relaciones amorosas con una dama portuguesa, cuyo fruto
fu su hija Doa Isabel de Saavedra.

El estrpito de las armas no pudo acallar su musa, puesto que la aficin
 la poesa, siempre viva en su pecho hasta en las crceles de Argel[8],
se despert entonces ms pujante. A pesar de su vida militar agitada,
haba escrito una novela pastoril, titulada la _Galatea_, en la cual
revela poca originalidad,  imita, no del todo felizmente, las obras de
Gil Polo y de Montemayor. La _Galatea_ apareci  fines del ao 1584.
Hacia esta poca se encontraba Cervantes en Esquivias, en donde le
retena su amor  una dama principal, llamada Doa Catalina de Salazar
y Vozmediano, no sabindose con certeza ni cundo la conoci, ni si la
celebr con el nombre de Galatea, aunque s que se cas con ella en 12
de diciembre de 1584, abandonando el servicio de las armas y fijando su
residencia en Esquivias.

Gracias  su proximidad  Madrid, pudo hacer frecuentes viajes,
contrayendo estrecha amistad con varios poetas afamados, y tomando parte
activa en su vida literaria. Probablemente fu miembro de una de
aquellas academias poticas, que,  imitacin de las italianas,
aparecieron en Espaa en el reinado de Carlos V. Sus ocios le
permitieron entonces entregarse por entero  las letras, especialmente 
la poesa dramtica, favorecindole no poco la particular posicin en
que se encontraba, puesto que su nuevo estado y la necesidad de atender
 la subsistencia de su familia, le oblig  consagrar su ingenio 
aquella parte de la literatura que ms ganancia le prometa,  lo que es
lo mismo,  la composicin de obras dramticas al gusto del pblico, ms
aficionado cada da  los espectculos teatrales. La primera que
escribi, titulada _El trato de Argel_, se represent probablemente poco
despus de su regreso del cautiverio, y acaso en el ao de 1581.
Siguironle otras varias, en nmero no escaso, sobre todo desde 1584, y
al representarse, si damos crdito  testimonios fidedignos, merecieron
significativo aplauso[9].

No bastaba, sin embargo, el producto de las comedias para atender  la
subsistencia de Cervantes y de su familia. El desventurado poeta,
obligado por la miseria, solicit entonces un destino de cobrador de
contribuciones en la Amrica espaola, ltimo refugio de los
desesperados, como l mismo dice; pero tuvo que contentarse con el
subalterno y poco lucrativo de proveedor de la flota de Indias, por cuya
razn pas  Sevilla en el ao 1588. En l termina la primera poca de
su vida dramtica, como expondremos despus ms extensamente.

Su permanencia en Sevilla dur lo menos diez aos, habiendo hecho
diversos viajes  varias poblaciones de Andaluca, y aun algunos 
Madrid, pues, adems de su destino, se dedicaba  veces  percibir los
impuestos, y  administrar los bienes de algunos particulares. El tiempo
que pas en Sevilla no fu perdido, sin embargo, para la poesa,  pesar
de los negocios anti-poticos que lo ocuparon. Esta ciudad populosa, la
ms rica y animada de toda Espaa, depsito de las riquezas de Amrica,
ofreca ancho campo  un talento observador, as en el carcter como en
las costumbres de sus habitantes, cual se nota en sus excelentes novelas
de _Rinconete y Cortadillo_ y _El celoso extremeo_. Las descripciones
verdaderas de las costumbres del pueblo andaluz, que leemos en casi
todas las obras de Cervantes, fueron el resultado de sus observaciones;
y el original colorido que distingue  sus poesas posteriores  esta
poca, de las que le precedieron, la gracia singular, la ligera irona
que las caracteriza, y en lo cual fu maestro, las adquiri, sin duda,
mientras vivi en esta provincia y trat de cerca  sus ingeniosos y
despiertos habitantes.

Ocurrile entonces cierto contratiempo pecuniario, que amarg no poco su
existencia. Entreg  un comerciante de Sevilla una suma pequea de
dinero, producto de las contribuciones, para que l lo hiciese al Tesoro
pblico; pero el depositario la gast, desapareci despus, y el pobre
Cervantes, sin medios para pagarla, y acusado de malversacin de
caudales, tuvo que ir  la crcel, de donde slo sali despus de dar
fianza suficiente. En los cuatro aos siguientes al de 1598, no tenemos
datos fidedignos de su vida. Sus primeros bigrafos suponen que por este
tiempo estuvo viviendo en la Mancha, y hablan de cierta cuestin que
tuvo en Argamasilla, de su encarcelamiento en ella, del principio del
_Don Quijote_ en la misma poca, y de otras cosas de este jaez. Los
fundamentos principales en que se apoyan, son las tradiciones que hasta
nuestros das se han conservado en la Mancha. Adase  esto el
conocimiento exacto del pas, que muestra en su _Don Quijote_, motivo
bastante para dar verosimilitud  sus asertos, de que Cervantes residi
algn tiempo en esta provincia, aun cuando nada se sepa de positivo
sobre la poca en que esto sucediera, y sobre otros detalles no menos
interesantes. En lo que no cabe duda es en que hacia esta poca traz el
plan y escribi parte de aquella obra inmortal, joya no slo de la
literatura espaola, sino de toda Europa.

 principios de 1603 se encamin  la corte de Valladolid, parte para
desvanecer las acusaciones indicadas, que se haban renovado por este
tiempo, parte para hacer valer sus justsimos ttulos y largos
servicios, y obtener proporcionada recompensa. Parece que consigui el
primer objeto, pero que el xito del segundo fu tan desdichado, que
renunci por completo  sus pretensiones, dedicndose slo  la gestin
de los negocios particulares, que se le encomendaron, y  vivir con el
producto de sus escritos. El _Don Quijote_ apareci al comenzar el ao
de 1605; pero el efecto que hizo as en Espaa como en toda Europa, no
contribuy  mejorar la suerte de su autor, sino ms bien  empeorarla
por los ataques que se le dirigieron, ya por poetas mal intencionados,
aunque famosos, como Gngora, Cristbal Surez de Figueroa y Esteban
Manuel de Villegas, ya por los ciegos parciales de Lope de Vega, porque
en el dilogo con el cannigo no se le haba colmado de tan desmedidos
elogios como ellos deseaban. Injustamente, como lo probaremos despus
hasta la evidencia, se ha atribudo  Lope animosidad contra su
celebrrimo coetneo.

En el ao de 1606 se traslad la corte  Madrid, y hacia este tiempo
debi tambin Cervantes domiciliarse en ella. Siguiendo la costumbre
general de aquella poca, observada hasta por los principales magnates
del imperio, como por ejemplo el duque de Lerma, entr en una hermandad
religiosa; pero no por esto se alivi en nada su suerte. El poeta, ya
anciano, debi resignarse de nuevo, y busc un consuelo  la ingratitud
de los hombres consagrndose en la soledad al cultivo de su amada
poesa. En 1612 aparecieron sus _Novelas ejemplares_, unas nuevas y
otras publicadas ya en Sevilla, tan estrechamente enlazadas con la
historia del teatro, que sirvieron  innumerables poetas para la
composicin de sus dramas[10]. Pronto le sigui el _Viaje al Parnaso_,
obra admirable, que adems de muchos juicios tan ingeniosos como justos,
adems de pasajes de subido valor potico, contiene otros, que son slo
catlogos en verso de nombres de poetas espaoles. Un _apndice_ en
prosa, que le sigue, se propone llamar la atencin hacia antiguos
dramas del autor, ya olvidados; acusar de ingratitud  los actores y al
pblico, y recomendarle algunas comedias que compuso en sus ltimos
aos. Con la esperanza de brillar de nuevo en los teatros de la capital,
haba escrito diversas comedias y entremeses, trabajando cuanto pudo
para que se representaran; pero todos sus esfuerzos fueron vanos, porque
ningn director de teatros accedi  sus ruegos. Para sacar de ellas
algn producto, propuso al librero Villarroel que se las comprara; pero
est le replic desde el principio, que de su prosa se poda esperar
mucho y de sus versos nada; cedi al fin,  imprimi en el ao de 1615
el tomo de sus comedias y entremeses, origen de tan extraas hiptesis.

Hacia esta poca movi mucho ruido en Espaa una produccin literaria
singular, esto es, una continuacin del _Don Quijote_ de un cierto
Avellaneda, nombre supuesto de un clrigo aragons, compositor de
comedias. Este falso _Don Quijote_ no careca de invencin y de
ingenio; pero haca alusiones indignas al autor del verdadero,
infinitamente superior. Cervantes contest  este ataque apasionado con
la segunda parte de su novela, cuyo xito hizo enmudecer  sus enemigos.
La noble moderacin que manifest, as en sta como en otras cuestiones,
merece ser citada por modelo.

La segunda parte del _Don Quijote_ fu la ltima obra que Cervantes
public; pero no por eso se agot su inventiva. La proteccin, que le
dispensaron dos grandes generosos, el conde de Lemos y D. Bernardo de
Sandoval y Rojas, arzobispo de Toledo, hicieron los ms felices los
ltimos aos de su vida, y le proporcionaron tranquilidad suficiente
para realizar sus planes poticos, como el de la continuacin de la
_Galatea_, la comedia _El engao  los ojos_, dos obras desconocidas, el
_Bernardo_ y _Las Semanas del Jardn_, y la novela _Persiles y
Segismunda_, nica que nos ha conservado el tiempo. Cervantes prefera
el _Persiles_  todas sus obras: la posteridad piensa muy de otra
manera; pero sea cual fuere el juicio, que de ella se forme, no deja de
asombrarnos que la escribiera un anciano de sesenta y ocho aos,
desplegando tan exuberante fantasa, que, como dice Caldern, semejante
 Vulcano, ocultaba bajo su capa de nieve ros de fuego.

Hacia la primavera de 1616 haba concludo el _Persiles_: el estado de
su salud empezaba ya  inspirar algn cuidado; crey mejorarse variando
de aires, y, con este objeto pas  Esquivias  visitar  sus parientes.
Pero el mal se empeor, y, viendo cercano su fin, quiso morir en su
casa. Su vuelta  Madrid le inspir el prlogo de su novela, jocoso y
pattico  un tiempo. Se perdi toda esperanza de salvarlo; recibi la
Extremauncin; escribi en su lecho de muerte una carta ingeniosa al
conde de Lemos, que precede al _Persiles_, y muri el 23 de abril de
1616,  los setenta y nueve aos. Enterrsele silenciosa y pobremente;
ni el ms sencillo monumento seala su tumba, y slo en los ltimos
tiempos se ha erigido uno  la memoria del hombre, que ha dado ms
gloria  su pas que todos los reyes y magnates de su poca[11].




CAPTULO XII.

Comedias ms antiguas de Cervantes.--Su crtica del teatro espaol.--Sus
ltimas comedias.


Los trabajos dramticos de Cervantes se dividen, como hemos indicado
antes, en dos perodos distintos, abrazando el primero los aos que
siguieron  su regreso de Argel, hasta su traslacin de Madrid  Sevilla
(1581-1588), y el segundo, posterior  aqul en veinte aos, hasta el
fin de su vida. El espacio comprendido entre ambos, aunque fu notable
por la celebridad que alcanz su musa dramtica, nos lo ofrece, sin
embargo, en cierta oposicin crtica con la literatura de aquella poca,
y por esta razn debemos tambin estudiarlo: nicamente el primero de
estos perodos puede formar el objeto de este libro, hablando en rigor;
mas para no faltar  la unidad necesaria, parece oportuno quebrantar el
orden cronolgico, y tratar tambin del siguiente.

Antes que este escritor llegase en edad ms madura  la esfera propia de
la poesa, en la cual pudieran desenvolverse libremente sus esclarecidas
dotes, haba hecho numerosos ensayos en casi todos los gneros
literarios. Su ingenio vivo  impresionable, pronto en seguir las ms
opuestas direcciones, necesitaba un motivo poderoso para trazarse un
rumbo peculiar. Sus dos novelas pastoriles al estilo de la poca, le
colocaron en el nmero de los imitadores de Montemayor y de Gil Polo, y
sus infinitos romances (ahora perdidos) y poesas lricas, entre el
enjambre de poetas, que, sin manifestar verdadera originalidad,
recorran un camino ya trillado. Causas diversas contribuyeron  llamar
su atencin y dirigir su actividad hacia la literatura dramtica. Haba
asistido en su niez  las representaciones de Lope de Rueda, y
presenciado el maravilloso efecto de obras de un orden inferior, cuando
en su exposicin reinaba la vida y el movimiento; y los teatros de
Madrid, que ms tarde pudo observar de cerca, lo excitaron vivamente 
acometer empresas anlogas. Bastaba esto, sin duda, para llevar al
teatro  este hombre singular, ansioso de obtener en la literatura
patria un lugar honorfico, y de influir tambin en su pas. La
aprobacin, que se dispens  su primera pieza, lo alent para
proseguir la senda comenzada; las obras de La Cueva, de Artieda y
Virus, le ensearon el camino, que haba de recorrer para dar al drama
ms valor literario; su residencia en las inmediaciones de la capital, y
la necesidad de atender  su familia, contribuyeron no poco en su lnea
 estrechar ms su unin con el teatro, y por este motivo escribi sin
descanso en un perodo de pocos aos veinte  treinta comedias, que por
lo general fueron aplaudidas[12]. La precipitacin, con que se
compusieron, y el tono poco lisonjero con que habla de ellas en el
pasaje citado ms abajo, hacen sospechar que el autor no se propuso otro
objeto que salir de sus apuros del momento. Advirtase, sin embargo, que
otras veces sostiene lo contrario[13]. Hasta en los ltimos aos de su
vida, cuando su fama era grande en otros dominios de la literatura,
habla con placer de los ensayos dramticos de su juventud, y parece como
que quiere fundar en ellos parte de su celebridad potica; y si miramos
este sentimiento como regla que pueda valorar el mrito de sus
producciones, es deplorable en alto grado que  la vez fuese tan
negligente en habrnoslas conservado por medio de la imprenta, nico
caso en que sera lcito  la posteridad, estimar en toda su extensin
su mrito dramtico. Slo debemos  una feliz casualidad, que al menos
hayan escapado dos piezas manuscritas de las ms antiguas de los
estragos del tiempo, y que hayan sido impresas  fines del siglo pasado.

La primera, titulada _El trato de Argel_, es, sin disputa, la ms
antigua de las escritas por Cervantes, y aunque no adoptemos la opinin
de Pellicer y Navarrete de que la compuso en su cautiverio, debi ser,
todo lo ms,  poco de volver, cuando estaban frescos en su memoria los
dolores y tormentos all sufridos[14]. Ofrcenos un cuadro, que nos
impresiona y conmueve, de los martirios y penalidades de los esclavos
cristianos, presenciados y sentidos por el autor; aunque de drama,
propiamente dicho, tenga poco ms que el nombre, puesto que los diversos
grupos y situaciones en que se distribuye la accin, carecen de un lazo
estrecho que los haga interesantes. Forman su base los amores de Aurelio
y de Silvia, cautivos ambos en Argel. Aurelio es amado de Zara, su
seora, mujer del renegado Izuf; y tanto ella como su amiga Ftima se
valen de todo linaje de astucias para seducirlo, aunque intilmente,
porque se mantiene inexorable. Esto se desenvuelve en las primeras
escenas. Despus aparecen los dos esclavos Saavedra y Pedro Alvarez, y
describen los males del cautiverio. Izuf encarga  Aurelio que le
concilie las buenas gracias de Silvia, y l finge que se prepara 
desempear su comisin. La escena siguiente representa un mercado de
esclavos, y los horrores de estas compras de carne humana. Luego leemos
los encantos, de que se vale Ftima para obligar  Aurelio  querer 
Zara. Presntase una Furia, y anuncia que slo _la necesidad y la
oportunidad_ podrn quebrantar la firmeza del cristiano. Estos
personajes alegricos se muestran tambin luego, y procuran, aunque
vanamente, convencer  Aurelio. A poco se ve  Pedro Alvarez en un
desierto, escapado de la prisin, que ha perdido el camino y cae en
tierra sin aliento. Invoca  la Santsima Virgen y se presenta un len,
que se pone  su lado y luego prosigue delante su camino, sirvindole de
gua. A la conclusin se anuncia la llegada de Fr. Juan Gil, redentor
espaol de esclavos, y Aurelio, Silvia, Saavedra (Cervantes) y los dems
cautivos se arrojan  sus pies con la esperanza de ser rescatados. En
toda esta pieza se descubre al principiante, y, por grande que sea
nuestra veneracin al famoso nombre del autor, no es posible desconocer
su inmensa inferioridad, comparada con las obras de La Cueva de la misma
poca. Pero cuanto disminuye su mrito dramtico y valor potico,
considerada como produccin literaria, est compensado por otra especie
de inters, que hace enmudecer  la crtica, pues quin podr ahogar la
impresin, que ha de excitarle la pintura de las penalidades, que sufri
el desdichado poeta? Quin leer, sin conmoverse ni interesarse, las
escenas en que el autor aparece en el teatro con el nombre de Saavedra?
Quin no participar del elocuente celo, con que excita  sus
conciudadanos  rescatar  los cautivos cristianos de Argel? Hasta sus
muchos rasgos prosicos mueven ms poderosamente nuestro inters.

La _Numancia_ respira otro espritu muy distinto: el espritu de la
verdadera poesa. Aunque este poema, segn se sospecha, no debi
escribirse mucho despus que el anterior[15], es menester confesar que
el autor haba hecho en poco tiempo adelantos gigantescos. Cuando se
conoce  fondo el teatro antiguo, es fcil de contestar el aserto de que
la _Numancia_ es una obra aislada y nica en toda la literatura
espaola, puesto que por su forma, estilo y traza general se asemeja 
las comedias de Juan de la Cueva, especialmente al _Saco de Roma_; como
tampoco puede negarse que es muy superior  todas las obras del poeta
sevillano. Era empresa aventurada ajustar  las condiciones de un drama
la destruccin de la antigua y fortsima Numancia, y convertir en
protagonista de la accin  una ciudad entera con todos sus habitantes,
cuando esto podra ser ms bien objeto de la epopeya, y slo un drama de
forma libre y desembarazada, que participase con vigor igual de la
ndole de la lrica y de la pica, hubiese conseguido dominar por
completo el asunto. Por esta razn no debemos criticar al poeta porque
slo pint los caracteres con rasgos generales, y porque debilita el
inters de la accin en diversas situaciones, sin otro vnculo que las
una sino el de su relacin ms  menos directa con la suerte de
Numancia. Verdad es que existe esta unidad de inters por la agrupacin
de todas sus partes aisladas alrededor de este centro comn, y por el
empeo que muestra el poeta en dirigir la atencin hacia l. No se omite
medio para infundir admiracin, horror y lstima: el herosmo y la
generosidad de los habitantes, los ayes de los nios hambrientos, la
desesperacin de las madres, los funestos presagios de los sacrificios,
la resurreccin de un muerto por la fuerza de los encantos y sus tristes
profecas, juntamente con la catstrofe final, en que un pueblo entero
se sepulta bajo las humeantes ruinas de su patria, forman un cuadro
pattico y verdaderamente trgico. Mas por atrevido y grandioso que nos
parezca el conjunto, por sublime y animada que en general sea la
exposicin, no se nos ocultan ciertas manchas que deslustran algn tanto
la obra. Tales son las figuras alegricas, no obstante la habilidad con
que Cervantes las introduce, aunque bueno es advertir que casi siempre
son aqu ms oportunas que en su _Trato de Argel_, y que la escena en
que Hispania y el ro Duero profetizan la suerte que aguarda  la
patria, no carece de efecto; la fatigosa extensin del primer acto y las
escenas amorosas de dos jvenes numantinos,  pesar de su innegable
belleza, no se ajustan bien al tono dominante en el drama.

Pero si prescindimos de estos lunares aislados y nos detenemos en las
bellezas ms notables de la _Numancia_, sin olvidar la prematura
aparicin de esta tragedia, no podremos menos de deplorar an ms
amargamente la prdida de las dems piezas antiguas de Cervantes, que
sin duda nos revelaran los frutos ms sazonados de su talento
dramtico. Cuntase especialmente, entre ellas, _La Confusa_, que el
autor celebra en varios pasajes, calificndola de una de las mejores
comedias de capa y espada. Los ttulos de las restantes, en cuanto nos
es posible indicarlos, son: _La batalla naval_ (probablemente la de
Lepanto), _La Jerusaln_, _La gran Turquesca_[16], la _Comedia de la
Amaranta_  _la del Mayo_, _El bosque amoroso_, _La nica y bizarra
Arsinda_. Quiz lleguen  descubrirse estas comedias por una feliz
casualidad, y se llene laguna tan sensible en la historia de la
literatura dramtica espaola. Las ltimas obras de nuestro poeta, en
las cuales, renunciando  su originalidad, rinde culto  deplorables
imitaciones, no nos ofrecen, bajo este aspecto, la compensacin deseada.

El perodo de tiempo, que separa estas postreras comedias de Cervantes
de las anteriores, coincide justamente con la poca ms importante de la
historia del teatro, esto es, con aqulla en que se desarrollaron y
predominaron en la escena espaola nuevas formas del drama, originales y
vigorosamente caracterizadas, que desde entonces y por espacio de medio
siglo constituyeron el drama nacional. Al ausentarse nuestro poeta de
Madrid, haba ya aparecido Lope de Vega y ganado de tal suerte el favor
del pblico con sus primeros ensayos, que fu proclamado superior 
todos sus predecesores y contemporneos. Su genio  inventiva, su fcil
exposicin y su fecundidad casi increible, lo hicieron pronto dueo
absoluto del teatro; otros poetas de vala no se desdearon de seguir la
senda trazada por l, y en corto tiempo fij de tal suerte esta escuela
el fondo y la forma de todas las especies dramticas, que el gusto
nacional no consinti ya en las tablas ninguna obra de distinta ndole.
Olvidronse  poco las mejores piezas, escritas en diverso estilo, que
se haban admirado antes, y su brillo qued obscurecido por el aplauso
que se tribut  las nuevas, vindose obligados los que intentaban
adquirir  sostener fama de autores dramticos,  seguir la moda de la
poca y ceder  las exigencias del pblico. Cervantes, lejos de este
centro de actividad potica, y ocupado entonces en otros trabajos, se
content con asistir, como espectador y juez,  este desenvolvimiento
ms vasto del arte dramtico, en vez de luchar con los afamados
paladines del da. En el captulo 48 del _Quijote_ se hallan los pasajes
ms prolijos  importantes de sus diversas obras, en que ha consignado
su especial juicio acerca de las innovaciones indicadas. Presntase aqu
en abierta oposicin con el gusto del pblico, puesto que califica 
casi todas las piezas dramticas ms aplaudidas en su tiempo de espejos
de disparates, ejemplos de necedades  imgenes de lascivia, acusando 
los poetas de su indecible indulgencia con la ignorante muchedumbre. El
encono y amargura de esta crtica proviene, sin duda, del desagrado con
que miraba el brillante xito de las obras de sus jvenes coetneos, y
de la escasa importancia que daban  sus producciones dramticas, por
cuyo motivo debemos considerar como injustos sus juicios. Pero cuando se
examinan una  una sus censuras, despojndolas de las exageraciones,
hijas de su mal humor y de su emulacin, no es posible dejar de convenir
con l en algunos puntos. Carece de slido fundamento el cargo, hecho
muchas veces  Cervantes, de que, en general, ataca al drama romntico.
Nunca pens en ajustar el teatro espaol  las reglas aristotlicas, ni
en imitar  los antiguos clsicos: jams encontramos en sus distintas
obras la ms ligera alusin  ellos. Slo la crtica acerba, con que
comienza el pasaje citado del _Quijote_, ha dado pbulo  la opinin de
que intent conmover en sus cimientos al teatro nacional; pero, cuando
lo examinamos despacio, nos convencemos de que slo quiso hablar de los
abusos aislados, que en nmero no escaso reinaban ya en la escena. Para
apreciar con exactitud las causas del descontento de Cervantes, es
necesario, en vez de fijarnos nicamente en las obras dramticas ms
notables de la poca, descender tambin  las medianas y malas, que,
compuestas por los directores de teatros y formando monstruoso conjunto,
no aspiraban  otro fin ms elevado que  ganar los aplausos de la
muchedumbre, y  las de ciertos poetas insignificantes, que, apasionados
de todo linaje de extravos y excesos, infringan gozosos las reglas de
la naturaleza y del arte. Hasta las obras de Lope de Vega ofrecen
bastantes ejemplos de los abusos inauditos que engendran la delirante
fantasa, la precipitacin del trabajo, y la condescendencia vituperable
con el gusto corrompido de la poca, causas todas suficientes para
seducir al talento ms brillante!

La crtica de Cervantes alcanza principalmente  la frecuencia, con que
se quebranta la unidad de tiempo y de lugar. Qu mayor disparate
(dice) puede ser, en el sujeto que tratamos, que salir un nio en
mantillas en la primera escena del primer acto, y en la segunda salir ya
hecho hombre barbado?... He visto comedia que la primera jornada comenz
en Europa, la segunda en Asia, la tercera se acab en frica...

Cuando se analiza bien todo el pasaje citado y las obras que condena,
parece con claridad que su objeto no es tanto recomendar la estricta
observancia de las tres unidades, cuanto atacar el abuso y la licencia
que reinaban en esta parte. No es lcito negar (y entonces no podremos
menos de convenir con Cervantes) que muchos poetas de aquella poca
llevaron tan lejos sus extravos, instigados por el afn de ofrecer 
los espectadores variedad incesante, que se olvidaron por completo del
lugar y del tiempo, y de esta manera daaron no poco  sus obras, y al
efecto, que, sin estas divisiones, hubiera hecho el conjunto. Ms
difcil es aprobar el segundo objeto de su crtica. Parece que,
desconociendo la esencia verdadera de la poesa, desea imprimir al drama
una tendencia moral directa, y ajustar esta falsa regla al drama
espaol. Aunque en esta parte no parece razonable alabar en todo sus
fallos, siendo tan falaz su fundamento, debemos, no obstante, confesar
que ataca slo las exageraciones y los excesos, y la falta de dignidad y
de moralidad, que se adverta en muchas producciones dramticas de la
poca.

Los dems cargos que hace  la nueva literatura, no son en general
infundados cuando ataca las obras deplorables de los poetastros; pero
son injustos, como el anterior, cuando  todos los extiende, y confunde
y baraja lo bueno con lo malo. Y qu mayor disparate, dice, que
pintarnos un viejo valiente y un mozo cobarde, un lacayo retrico, un
paje consejero, un rey ganapn y una princesa fregona?... Y si es que la
imitacin es lo principal que ha de tener la comedia, cmo es posible
que satisfaga  ningn mediano entendimiento que, fingiendo una accin
que pasa en tiempo del rey Pepino y Carlomagno, al mismo que en ella
hace la persona principal le atribuyan que fu el emperador Heraclio,
que entr con la cruz en Jerusaln, y el que gan la Casa Santa como
Godofre de Bulln, habiendo infinitos aos de lo uno  lo otro; y,
fundndose la comedia sobre cosa fingida, atribuirle verdades de
historia y mezclarle pedazos de otras sucedidas  diferentes personas y
tiempos, y esto no con trazas verosmiles, sino con patentes errores de
todo punto inexcusables? Y es lo malo que hay ignorantes que digan que
esto es lo perfecto, y que lo dems es buscar gulluras. Pues qu si
venimos  las comedias divinas? Qu de milagros falsos fingen en ellas;
qu de cosas apcrifas y mal entendidas, atribuyendo  un santo los
milagros de otro! Y aun en las humanas se atreven  hacer milagros sin
ms respeto ni consideracin que parecerles que all estar bien el tal
milagro y apariencia, como ellos llaman, para que gente ignorante se
admire y venga  la comedia: que todo esto es en perjuicio de la verdad,
y en menoscabo de las historias, y aun en oprobio de los ingenios
espaoles; porque los extranjeros, que con mucha puntualidad guardan las
leyes de la comedia, nos tienen por brbaros  ignorantes...

Fcil es la contestacin  todas estas crticas. Salta desde luego  los
ojos, que, cuanto encuentra Cervantes de censurable en este captulo,
aunque justo, si se atiende  una parte de la literatura dramtica
espaola, es injusto hacindolo extensivo  toda ella. Si es verdad que
en la poca, en que se escribi el primer tomo del _Quijote_, no haba
llegado el teatro nacional  su mayor y ms perfecto apogeo, tambin lo
es que existan ya entonces muchas producciones dramticas,  las cuales
no es aplicable ni un solo cargo de los consignados en esta larga serie;
y en otras, cuntas excelencias poticas compensaban en parte esos
mismos defectos! Sin duda lo conoci tambin Cervantes, cuando  sus
invectivas aade siempre aisladas reflexiones ms benvolas. Y no
tienen la culpa de esto, dice, los poetas que las componen, porque
algunos hay dellos que conocen muy bien en lo que yerran, y saben
extremadamente lo que deben hacer; pero como las comedias se han hecho
mercadera vendible, dicen, y dicen verdad, que los representantes no se
las compraran si no fuesen de aquel jaez; y as el poeta procura
acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le
pide; y que esto sea verdad, vase por muchas  infinitas comedias que
ha compuesto un felicsimo ingenio destos reinos con tanta gala, con
tanto donaire, con tan elegante verso, con tan buenas razones, con tan
graves sentencias, y finalmente, tan llenas de elocucin y alteza de
estilo, que tiene lleno el mundo de su fama, y por acomodarse al gusto
de los representantes no han llegado todas, como han llegado algunas,
al punto de la perfeccin que requieren. Ms adelante excepta de su
crtica algunas comedias de diversos autores, sin confundirlas con las
dems, y las alaba por su arte y excelencia, como _La Isabela_, _La
Alexandra_, _La Filis_, _La ingratitud vengada_, _El mercader amante_ y
_La enemiga favorable_. Nunca aparece tan incomprensible la crtica de
Cervantes como en esta parte, porque no es fcil de adivinar, en qu
consiste la preferencia que da  estas obras sobre las dems. Las tres
primeras, de Argensola, de que pronto hablaremos, slo mereceran, sin
duda, su aprobacin porque estn escritas en el estilo dramtico ms
antiguo, que l mismo haba seguido largo tiempo; por lo menos, en _La
Isabela_ y en _La Alexandra_ no se hallan otros mritos, que justifiquen
tan exageradas alabanzas como les prodiga. An ms se extraa la
distincin que hace en favor de _La ingratitud vengada_, suponiendo que
con este ttulo indique una comedia de las ms dbiles de Lope de
Vega[17]. Acaso la tendencia moral, fuertemente caracterizada, que se
halla en el argumento de este confuso tejido de intrigas amorosas y de
asesinatos, que lo hace repugnante  nuestros ojos, lo recomend  la
consideracin de Cervantes. Pero cmo era posible que un poeta diese su
fallo obedeciendo  motivo tan liviano? Muy inferiores  ella son _La
enemiga favorable_, de Trrega, y _El mercader amante_, de Gaspar
Aguilar[18], y sin disputa no merecen tan marcada preferencia, respecto
de otras muchas de igual  ms alto valor potico. La accin regular y
sencilla de ambas comedias es digna de alabanza; pero prescindiendo de
que no consiste en esto slo el mrito de una produccin dramtica, aun
siguiendo en todo el ejemplo de Cervantes, pide tambin la justicia, al
tratar de las obras restantes que componen la literatura dramtica, que
no pasemos en silencio la circunstancia de que otras muchas de esta
poca poseen las cualidades indicadas en el mismo grado que aqullas.

Si volvemos  examinar todo este discurso, y adems ciertos pasajes de
ndole anloga en el _Viaje al Parnaso_, en el _Prlogo_  las ltimas
comedias, etc., no se nos ocultar que estos juicios crticos son en
parte muy verdaderos y oportunos, y en parte infundados, arbitrarios y
ftiles. Faltle  Cervantes el aplomo y profundidad necesaria para
luchar con xito contra rivales ms fuertes:  su conocimiento exacto de
algunos lunares del drama espaol, no acompaaba el de sus bellezas; y
si por un lado careca de la imparcialidad conveniente y se dejaba
arrastrar de la pasin, por otro se expona  no dar en el blanco,
imprimiendo en sus fallos cierta vaguedad. Qu extrao es, por tanto,
que se perdiese su voz, ahogada por el aplauso tributado  la escuela
contraria?

Cuando el autor del _Don Quijote_, tras larga interrupcin, se consagr
de nuevo en sus ltimos aos  escribir comedias, , como segn parece,
haba modificado sus ideas anteriores acerca de la esencia del drama, 
como sigui los pasos de aqullos que antes criticara, cedi, sin duda,
no teniendo otro recurso,  las exigencias del pblico. El gusto
reinante de la poca, que antes condenara, haba echado tan hondas
races en el teatro, que, convencido acaso de la inutilidad de sus
esfuerzos precedentes, hubo de renunciar  ellos. Si sus diatribas
crticas haban sido impotentes para lograr lo que deseaba, cmo poda
esperar en la escena un triunfo decisivo? Y, sin embargo, no pudo
dominarse lo bastante hasta renunciar por completo  la poesa dramtica
sin salir del campo de la literatura, en que haba ganado inmortales
laureles. El recuerdo de sus pasadas glorias no le daba lugar al
descanso, y los aplausos tributados  sus coetneos ms jvenes, que
presenci diariamente en los ltimos aos de su residencia en Madrid, le
aguijoneaban sin cesar  luchar tambin en la escena. Con este objeto
escribi en el espacio de pocos aos ocho comedias, que no logr
representar  pesar de sus esfuerzos, no quedndole otro remedio, contra
lo que suceda entonces de ordinario, que darlas  la prensa antes de
haberlas visto en las tablas. Cuando modific su primer propsito y
apel  este medio de darlas  conocer al pblico, parece que no quiso
tan slo que las leyesen los aficionados, y que esperaba, una vez
conocidas, que fuesen tambin representadas: vana esperanza que, como
sabemos, no lleg nunca  realizarse![19].

Ninguna obra de Cervantes fu, sin embargo, menos leda que estas
comedias. La primera edicin, de 1615, lleg  ser tan rara, que slo la
guardaban pocos aficionados  este gnero literario, hasta que en el ao
de 1749 se hizo otra que, al parecer, no se vulgariz tampoco mucho.
Sabido el propsito que presidi  esta ltima, se comprender
fcilmente que tan escaso fuese su efecto. El editor Blas Antonio
Nasarre, erudito absurdamente apasionado de la crtica francesa,
escribi un prlogo, que le precede, en el cual se ensaa sin piedad
contra el antiguo drama espaol, presentndolo como modelo de vicios y
defectos de toda especie, desconociendo tan completamente las reglas de
la sana crtica al aplicarlas  las comedias de Cervantes, que le
siguen, que las califica de parodias y stiras contra el gusto
corrompido de la poca,  lo que es lo mismo, de obras las ms
defectuosas y sandias que jams se han escrito. Cmo hubiera credo
esto nunca el autor del _Don Quijote_? Es imposible descubrir en ellas
el ms leve rastro de parodia ni de stira. Generalmente son imitaciones
serias del estilo de Lope de Vega, no obstante los esfuerzos del autor
en superar  su modelo con escenas ms variadas y situaciones de ms
efecto. La impresin, que hacen, es muy semejante  la del _Persiles_,
escrito en la misma poca. As como Cervantes amonton en su ltima
novela las aventuras de los libros de caballera, que antes criticara
con tanto rigor, as tambin acumul en ellas sin escrpulo todos
aquellos extravos dramticos de bambolla y efecto de la poca, llevando
hasta la exageracin su licencia. An ms extrao nos parece, que,
distinguindose todas sus obras por su plan clarsimo y por su
regularidad y buena traza, tanto en el conjunto como en sus diversas
partes, encontremos en las comedias los defectos opuestos: aridez en la
composicin, y ligereza suma en su desarrollo. Justamente el mismo
poeta, que di tantas pruebas de su maestra en la pintura de
caracteres, se contenta en ellas con bosquejarlos muy superficialmente,
y profundizando hasta tal punto otras veces, carece en sus comedias de
verdadera intencin potica. Parece que Cervantes conoca tambin los
defectos de estas piezas, segn se deduce del tono poco pretencioso con
que habla de ellas en el prlogo, muy opuesto, sin duda, al amor propio
que en otras ocasiones manifiesta; pero como intentaba rivalizar con
Lope y su escuela, crey, acaso, que el mejor modo de lograr el triunfo
era imitar la parte externa de sus obras, acumulando maravillas,
aventuras y golpes teatrales. Deba haber conocido que la fama de Lope,
hasta en el populacho, dependa de causas muy diversas. Adems del
defecto de estar escritas en un estilo extrao y falso hasta lo sumo,
tienen otro, que no dej de contribuir en su dao, cual es la ligereza
deplorable con que fueron compuestas. Ni en la rapidez de la composicin
quiso Cervantes dejarse superar por el celebrrimo maestro del drama
espaol, careciendo del don de improvisar de aqul y de su facilidad en
producir, como jugando, perenne  inagotable corriente de invenciones, y
hasta de obras literarias de primer orden. Cervantes, al parecer, tena
un genio de muy distinta ndole: para trabajar con provecho necesitaba
concentrar su actividad, y en el momento que segua diverso rumbo
degeneraba en superficial y frvolo.

No se entienda por todo esto que sus comedias deban desecharse por
completo; al contrario, nosotros creemos que cuanto lleva el nombre de
Cervantes es digno de aprecio, y que as como las traducciones del
_Persiles_ y hasta de la _Galatea_ han excitado nuestro inters, lo
propio hubiese sucedido con sus comedias. Todas ellas, aunque adolezcan
ms  menos de las faltas indicadas, contienen tambin muchas bellezas
parciales, as morales como estticas, y abundan  veces en notables
escenas, que pueden servir de prueba del talento dramtico del autor de
la _Numancia_, y no merecen pasar desapercibidas. Hasta _El rufin
dichoso_, que por su licencia y mal gusto es la peor de todas las
_Comedias de santos_ que conocemos, las ofrece tambin. Esta pieza,
entre cuyos personajes, adems de diversas figuras alegricas[20],
encontramos dos rufianes, un pastelero, un inquisidor, Lucifer, un
ngel y tres almas del Purgatorio, nos ofrece por aadidura un
espadachn bribn de Sevilla, que al fin muere en Mjico como un santo,
haciendo milagros. Las dems piezas son desiguales por su mrito y de
distinto carcter. En todas, no obstante el escaso inters que excita la
accin principal, agrada la gracia y agudeza de los papeles cmicos, al
paso que las escenas serias no satisfacen generalmente. La comedia
titulada _La casa de los celos_ trata de un asunto sacado de las
tradiciones espaolas de Carlomagno, y es muy parecida por sus
contornos externos  las posteriores de Lope y Caldern, destinadas 
celebrar ciertas fiestas y solemnidades, aunque desprovistas de aquella
encantadora poesa, que tanto las realza entre las dems piezas de
espectculo. _El gallardo espaol y La gran Sultana_ son dos cuadros
llenos de los ms varios sucesos y animadas descripciones, que si bien 
veces nos regocijan plenamente, no nos hacen olvidar que falta orden y
concierto en la disposicin y arreglo de sus partes. En _Los baos de
Argel_ repite el mismo argumento, que utiliz antes en _El trato de
Argel_; en _Pedro de Urdemalas_ vemos una especie de novela picaresca
en forma dramtica, una serie de situaciones cmicas bien pensadas y
descritas con bastante poesa,  las cuales slo falta la unidad de su
traza y desarrollo para constituir una comedia verdadera[21]. En la
primera escena aparece el astuto Pedro de Urdemalas en hbito de mozo de
labranza, despus de haber ejercido todas las profesiones posibles. Un
amigo suyo le ruega que le ayude  conseguir la mano de su amada
Clemencia, que su padre le niega. Este, llamado Martn Crespo, deja
entonces de ser alcalde, y ejerce por ltima vez sus funciones de juez.
Por consejo de Pedro se disfrazan los amantes de pastores y se presentan
ante el alcalde; acusan al obstinado viejo, que se opone  su
casamiento, y se dan traza de que l mismo se condene y apruebe el
matrimonio. Las escenas siguientes describen las procesiones y danzas,
con que se celebra la fiesta de San Juan. Los supersticiosos creen que
las jvenes, que baan esa noche sus pies en un barreo de agua, y dejan
flotar sus cabellos al capricho de los vientos, averiguan por ciertas
seales quin ha de ser su esposo. Pedro se ingenia de manera que muchas
labradoras, que hacen este experimento, conozcan por ciertas seales 
los que miran por amantes y los escuchen con benevolencia. Aparece
despus una banda de gitanos, entre los cuales viene Pedro, la cual,
merced  su astucia, obtiene pronto gran consideracin. Los gitanos
llegan  un villorrio, en donde habita una viuda, que, segn cuentan,
tiene toda su casa llena de sacos de oro, pero tan miserable y
voluntariosa, que no se desprende de un solo maraved,  no ser para
gastarlo en la salvacin de su difunto esposo y sacarlo del Purgatorio.
Pedro se disfraza de ermitao; atraviesa montado en un asno las calles
de la aldea; se detiene delante de la casa de la viuda, y pide  gritos
una limosna. Cuenta entonces que una generacin completa de sus
antepasados se consume en el Purgatorio, y, que despus de celebrar
consejo haban resuelto nombrar un alma, para que los representase en la
tierra  inclinar en su favor  la rica viuda, con cuyos tesoros se
pueden salvar nicamente. Sostiene que l es un alma del Purgatorio.
Hace una horrible pintura de los tormentos que all sufren, as l como
sus abuelos, y conmueve de tal modo  la viuda, que baja  poco con dos
sacos llenos de dinero, que entrega al suplicante. La accin de la
comedia se enlaza con la suerte de una doncella de la banda de los
gitanos, que viene con ellos, y que, como la _Gitanilla_, aparece ser
despus hija de padres distinguidos. En la jornada tercera aparece Pedro
de Urdemalas en una compaa de actores, y viene con ellos  la corte
para dar una representacin; encuentra all  la gitanilla,  la cual
tena cierta inclinacin, convertida ya en noble dama, y en su traje de
rey discurre con agudeza sobre las vueltas  instabilidad de la suerte,
y al concluir recuerda cmicamente el principio de la pieza. Dice as:

      Ya ven vuessas mercedes, que los reyes
    Aguardan all dentro, y no es posible
    Entrar todos  ver la gran comedia
    Que mi autor representa, que alabardas
    Y lancineques, y frinfrn impiden
    La entrada  toda gente mosquetera:
    Maana en el teatro se har una,
    Donde por poco precio vern todos
    Desde el principio al fin toda la traza,
    Y vern que no acaba en casamiento,
    Cosa comn y vista cien mil veces,
    Ni que pari la dama esta jornada,
    Y en otra tiene el nio ya sus barbas,
    Y es valiente y feroz, y mata y hiende,
    Y venga de sus padres cierta injuria,
    Y al fin viene  ser rey de un cierto reino.
    Que no hay cosmografa que lo muestre.
    De estas impertinencias y otras tales,
    Ofrezco la comedia libre y suelta,
    Pues, llena de artificio, industria y galas,
    Se cela del gran Pedro de Urdemalas.

Esto ltimo es bueno, y excelentes algunos pasajes aislados de esta
pieza, aunque el conjunto no merezca alabanza.

Menos defectuosas, bajo este aspecto, y por su plan las mejores, son _La
entretenida_ y _El laberinto de amor_. Aqulla es una _comedia de capa y
espada_ no despreciable, imitada despus por Moreto en su _Parecido en
la corte_, aunque sea muy superior  su modelo. El argumento es el
siguiente: Marcela, hermana de Antonio de Almendrez, ha sido prometida
 su primo Silvestre, que debe llegar con la primera flota de Amrica.
Hacia este mismo tiempo debe venir de Roma la dispensa; pero el
estudiante Cardenio, enamorado de Marcela, soborna al escudero de sta,
y consigue introducirse en la casa de Don Antonio. El astuto escudero le
aconseja que finja ser el esperado Silvestre, y le da cuantas noticias
necesita para representar con verosimilitud su papel. En este concepto
se presenta Cardenio  Don Antonio, que lo recibe como si fuese el
pariente, que ha llegado de Amrica; pero se da tan mala traza para
llevar adelante su empresa, que no sabe captarse el amor de Marcela, y
al fin se descubre el engao con la venida del primo, que prueba la
identidad de su persona. Deshcese, sin embargo, el matrimonio de
Silvestre y de Marcela, porque el Papa niega la dispensa. Con esta
sencilla accin principal se enlaza otra episdica. Don Antonio ama 
Marcela Osorio, idntica  su hermana en el nombre y en las facciones,
encerrada por su padre Don Pedro en un convento. Don Antonio ignora esta
circunstancia, y se desespera tanto al saber su desaparicin, que se
queja amorosamente  su hermana, engaado por su singular semejanza. Un
amigo de Don Antonio le informa del paradero de Marcela, y consigue de
Don Pedro que consienta en el matrimonio de su hija; pero Marcela ha
prometido su mano y dado palabra escrita de casamiento  un cierto Don
Ambrosio. ste entra con el billete de su amada en la casa de Don
Antonio, creyendo que su hermana Marcela es la hija de Don Pedro, y 
poco llega tambin en su busca el mismo Don Pedro Osorio, que concierta
con Don Antonio el enlace de su hija. Don Ambrosio presenta la promesa
escrita de casamiento; Don Pedro le niega su aprobacin y la concede 
Don Antonio; pero ste, al saber que Marcela ha dado  otro su palabra,
se retira, y por esta razn no se celebra ninguno de los matrimonios
proyectados. A la conclusin aparece el gracioso, que echa una rpida
ojeada sobre la mayor parte de las comedias espaolas, aludiendo con sus
stiras  la costumbre de que ha de haber al fin matrimonio, y dice as:

      Esto en este cuento pasa:
    Los unos por no querer,
    Los otros por no poder,
    Al fin ninguno se casa.
      De esta verdad conocida
    Pido me den testimonio:
    Que acaba sin matrimonio
    La comedia _Entretenida_.

_El laberinto de amor_ es una comedia romntica, llena de situaciones
interesantes, aunque de intriga algo confusa. El defecto principal de
esta pieza es que los mismos motivos influyen con frecuencia en sus
diversos personajes. Encontramos en ella cuatro  cinco prncipes
disfrazados y dos princesas, que en el curso de la comedia se disfrazan
tambin muchas veces, y por esta causa cuesta trabajo desenredar tanta
confusin de disfraces. Por lo dems, la accin est bien trazada en sus
elementos principales. Rocamira, hija del duque de Navarra, es
solicitada por varios amantes, que residen casi de incgnito en la corte
de su padre; pero ella ha prometido su mano  Manfredo, duque de Rosena,
que se espera para la celebracin de la boda. Presntase  esta sazn el
prncipe Dagoberto; acusa  la princesa de tener relaciones ilcitas con
un caballero de la corte, y pretende sostener con las armas la verdad de
su dicho. Suspndense, por tanto, las nupcias; llevan  la crcel 
Rocamira y la condenan  muerte,  no aparecer un caballero que defienda
su inocencia, y la pruebe venciendo al acusador en la lucha. Preprase
un juicio de Dios: acude  l la princesa, envuelta en negro velo, y
multitud de caballeros se aprestan  pelear por ella y por su honor,
faltando slo Dagoberto. Despus de esperarlo largo tiempo, llega al
cabo en ademn pacfico, en compaa de una dama, cubierta tambin con
un velo, y declara que est pronto  defender la inocencia de Rocamira
contra cualquiera que la ofenda  dude de ella. Vindose en inminente
peligro de perderla, ha apelado al medio de acusarla falsamente para
evitar su casamiento con el duque de Rosena, y la mejor prueba de que la
tiene por inocente es que l mismo la ha desposado. Levanta entonces el
velo de la tapada que le acompaa, y se ve  Rocamira, que se ha dado
traza de huir de la prisin, dejando otra en su lugar, la cual es otra
princesa enamorada de Manfredo, que ocultamente le ha seguido  la corte
de Navarra, penetrando en la crcel y hacindose pasar por Rocamira.

Infinitamente superiores  estas comedias son los ocho entremeses
contenidos en la misma edicin. Cervantes tena todas las cualidades
necesarias para brillar en este gnero dramtico, y sin vacilar podemos
decir que no ha sido superado por ninguno de los que le sucedieron.
Sabido es que estos cuadros burlescos de la vida ordinaria no tienen,
por lo comn, grandes pretensiones poticas; pero cuando campea en ellos
tanta gracia  ingenio como en los de Cervantes, cuando abundan en ellos
tantas sentencias y rasgos tan agudos como discretos, no se les puede
negar altsimo mrito. El _entrems del Retablo de las maravillas_, que
sirvi  Piron de modelo para componer su _Faux prodige_, es inimitable
y una verdadera obra maestra. Sguele inmediatamente _La cueva de
Salamanca_, farsa muy divertida, fundada en el proverbio popular, de que
sac Hans Sachs _Die fahrenden Schler_, y en que se funda la opereta
francesa titulada _Le soldat magicien_. Los dems, como _El rufin
viudo_, _El viejo celoso_, etc., no desmerecen tampoco de los
anteriores. La diccin de estos entremeses, ya en los versos de dos de
ellos, ya en la prosa de los restantes, ofrece maravillosos ejemplos de
la fusin del lenguaje de la vida ordinaria con la cultura literaria ms
refinada[22].




CAPTULO XIII.

Lupercio Leonardo de Argensola.--Actores y poetas dramticos del
ltimo decenio del siglo XVI.--Escrpulos teolgicos sobre las
representaciones dramticas.--Autorizacin legal para la
representacin de las comedias.--Ojeada general sobre el drama
espaol anterior  Lope de Vega.--Resea histrica de los bailes
nacionales espaoles.


Despus de esta digresin, que reconoce por causa el examen de las
ltimas obras de Cervantes, retrocederemos de nuevo  reanudar el hilo
de nuestra historia del teatro espaol, sin salir de los lmites que nos
hemos trazado, y analizaremos de paso las tragedias, ya mencionadas, de
Argensola.

Lupercio Leonardo, el mayor de los dos hermanos Argensolas, justamente
famosos en las letras, naci en Barbastro en el ao de 1565, y  los
veinte de su edad, esto es, en 1585, vi representar tres tragedias
suyas en los teatros de Zaragoza y Madrid[23], tituladas _La Isabela_,
_La Alejandra_ y _La Filis_. A pesar del xito extraordinario y
universal, con que fueron recibidas, como, entre otros, testifica el
mismo Cervantes, no influy, sin embargo, en su autor para seguir la
senda comenzada. Los cargos importantes, que desempe despus
Argensola, ya como secretario de la emperatriz Mara de Austria, ya como
gentil-hombre de cmara del archiduque Alberto, y ltimamente como
secretario de Estado del virrey de Npoles, no le dejaron tiempo ni
gusto bastante para consagrarse  la literatura dramtica, limitndose 
ejercitar su talento potico en composiciones lricas, que le granjearon
merecida fama. Muri en el ao de 1613, sin haber dado  la estampa sus
tragedias, por cuya razn desapareci una de ellas, y cayeron las otras
dos en olvido hasta hace poco, en que salieron de nuevo  luz[24].

El que lea estas ltimas, que son _La Isabela_ y _La Alejandra_, bajo la
impresin de las desmedidas alabanzas, que Cervantes les prodiga,
sufrir triste desengao, y confesar  la postre que slo merece
celebrarse la elegancia de su diccin y alguna que otra escena. Carecen
por completo de invencin y de carcter dramtico, y merecen crtica
an ms rigurosa que las de Virus por la tendencia constante de hacer
efecto, acumulando unos sobre otros sucesos y horrores sin cuento.
Asesinatos y envenenamientos, martirios y ejecuciones, espectros, y
delirios, y horrores de toda especie se siguen en no interrumpida serie,
hasta tal punto, que la impresin que cada uno de ellos hubiera hecho se
anula por la que hacen otros, y slo inspiran estupor sin conmover el
nimo. No hay que pensar en la arreglada distribucin de sus diversas
partes: sin concierto ni asomos de armona se suceden las unas  las
otras; unas veces se precipita la accin de tal manera, que no es
posible seguirla, y otras se detiene y suspende por completo,
reducindose  monlogos de inconmensurable longitud. El argumento de
_Isabela_ (sacado probablemente del episodio de _Olinto_ y _Sofronia_,
del Tasso), hubiera podido formar una verdadera tragedia; pero se
encuentra como obscurecido y ahogado por los accesorios que le
acompaan; adems de la accin principal, y sin relacin alguna con
ella, hay tres  cuatro intrigas amorosas, que finalizan en muertes y
asesinatos. El de _La Alejandra_ es, en pocas palabras, el siguiente: el
general Acoreo ha dado muerte al rey Ptolomeo de Egipto, y usurpado su
trono; mata tambin  su esposa, y se casa con la princesa Alejandra,
bella, pero frvola. Sus diversos amantes fenecen uno tras otro  manos
del usurpador, y ella se ve obligada  lavarse en la sangre de uno y
tomar despus veneno. Orodante, mientras tanto, joven criado en palacio,
llega  saber que es hijo del Rey asesinado, y se hace de partidarios,
con cuya ayuda intenta vengar al padre y derrocar al tirano. Estalla al
fin la sedicin: Acoreo, abandonado de todos, ve aparecerse el espritu
de Ptolomeo, que le predice su ruina, y se encierra en una torre
fortificada. Aqu mata,  la vista de los espectadores,  muchos nios,
rehenes de los ciudadanos de Memphis, y arroja sus cabezas al campo de
los sitiadores; despus es asesinado por los de su squito, que ofrecen
su cabeza  Orodante, y mueren como traidores por su orden. Mustrase
entonces Sila, hija del tirano derrocado, en lo alto de la torre:
Orodante le declara su amor desde abajo, y ella le invita  subir; mas
apenas le obedece y llega arriba, cuando se precipita sobre l, pual en
mano; le atraviesa el corazn, y se arroja desde la torre. A la
conclusin aparece la Tragedia, que ya ha recitado el prlogo; explica
la moral de la pieza, y ruega  los espectadores que la aplaudan. Es
fcil de ver que este argumento era muy  propsito para formar una
tragedia verdadera, y que en manos del poeta se convierte, no en
tragedia, sino en caricatura; que la impresin que debiera hacer se
debilita por las muchas y horribles catstrofes que la sofocan, y que el
autor,  pesar de sus esfuerzos en mantenerse  la altura del trgico
coturno, degenera no pocas veces en ridculo y pueril.

Para comprender en cierto modo la aprobacin, que tuvo esta obra mal
perjeada, hasta entre inteligentes, como Cervantes, y para hacer
tambin justicia al talento de Argensola, debemos aadir que en ambas
piezas,  pesar de su falta de unidad artstica y de sus lunares, se
hallan muchos rasgos de verdadera poesa, y que su lenguaje y
versificacin se distinguen por su pureza, elevacin y elegancia,
superiores  la de Virus y  la del mismo Cervantes. Y estas cualidades
apreciables nos explican principalmente, que se hiciera tan ventajosa
distincin entre su forma y su fondo, grosero y de mal gusto, y el
influjo durable que ejercieron ms tarde en la literatura dramtica.

Las obras de La Cueva, Artieda, Virus, Cervantes, Argensola y algunos
otros[25], que pueden agruparse  su lado, cierran el perodo dramtico
ms culto, que precede inmediatamente  Lope de Vega. De esto se
desprende tambin sin esfuerzo, que, como estas producciones no fueron
muy numerosas, no bastaban  las necesidades de los teatros, y que los
actores, lo mismo ahora que antes, se vieron tambin obligados  llenar
por s estas lagunas de sus repertorios. Ya hemos indicado los nombres
de algunos que se consagraron  este objeto, debiendo aadir  ellos los
de Alonso y Pedro de Morales, dos cmicos muy celebrados en tiempo de
Felipe III y IV, que, sin embargo, corresponden  esta poca por sus
primeros trabajos[26]; Villegas, de quien dice Rojas que compuso
cincuenta y cuatro comedias y cuarenta entremeses; Grajales, Zorita,
Mesa, Snchez, Ros, Avendao, Juan de Vergara, Castro, Carvajal y
Andrs de Claramonte.

La aficin siempre creciente del pueblo al teatro; el nmero de cmicos,
mayor cada da, y diversos abusos que se haban introducido en las
representaciones, como ciertos bailes licenciosos y cantares obscenos,
llamaron en 1586 la atencin de las autoridades, y suscitaron dudas
acerca de la conveniencia de estos espectculos. Los telogos,  quienes
se consult, fueron de distinto parecer, declarndose los unos contra
todo linaje de representaciones escnicas, y opinando los otros que en
general deban tolerarse, desarraigando tan slo los abusos que se
haban introducido. De este ltimo dictamen fu especialmente un cierto
Alonso de Mendoza, monje agustino de Salamanca, el cual dijo que el
teatro era un entretenimiento lcito y hasta saludable para el pueblo, y
que en Espaa no haba degenerado hasta el extremo de hacer necesaria su
abolicin, aunque fuesen vituperables y debieran condenarse ciertos
bailes y cantares lascivos, que con razn desagradaban  las gentes
sensatas. Felizmente fu acogida por las autoridades esta opinin
benvola, y en el ao de 1587 se di permiso formal para la
representacin de comedias, fundndose en el dictamen de esos clebres
telogos, aunque con las restricciones indicadas, que,  la verdad,
hubieron de repetirse ms tarde. Aunque algunos pretendieron que no
saliesen las mujeres  las tablas, y que se restaurase la antigua
costumbre de representar los nios sus papeles, no se accedi  su
demanda, y, al contrario, se declar que este ltimo uso era ms decente
que el primero.

Esta autorizacin pblica di nuevo vuelo al teatro: aumentse
considerablemente el nmero de poetas dramticos, actores y actrices;
pronto se olvidaron las prohibiciones restrictivas de los bailes, y para
librar al teatro de los ataques ulteriores del clero, sirvieron tambin
no poco las comedias religiosas y las vidas de santos, que en esta poca
estuvieron muy en boga. Adems del objeto piadoso,  que contribuan las
representaciones escnicas, se ide otro medio para cubrir con el manto
de la religin las licencias teatrales, reprobadas por los rigoristas.
Un celoso defensor del drama lleg al extremo de sostener, que los
dramas religiosos podan tener tanta influencia en propagar la religin
y el ascetismo como los sermones de los sacerdotes, fundndose, como es
sabido, en que  veces los mismos cmicos que representaron la vida de
San Francisco y de otros santos, y en ocasiones los espectadores,
arrastrados de repentino arrepentimiento, pasaron de las tablas al
claustro y entraron en la orden del santo. En oposicin  esto, cuenta
el P. Mariana que una clebre actriz, que, representando  la Magdalena
haba hecho llorar con frecuencia al pblico, fu acometida de improviso
por el actor que representaba  Cristo en la misma pieza, y sali de
este ataque embarazada[27].

Rojas habla de Pedro Daz (el Rosario) y de Alonso Daz (San Antonio),
como de compositores famosos de _comedias de santos_, anteriores  Lope
de Vega. La mana de escribir este linaje de obras fu tan lejos, que en
Sevilla no hubo poeta que no sacase  las tablas al santo de su
devocin.

Entre los poetas dramticos de este tiempo, aparecen ya muchos que
fueron despus muy famosos en el perodo siguiente: cuntanse entre
ellos Lope de Vega, Trrega, Gaspar Aguilar y otros. A los once y doce
aos, esto es, hacia 1574, haba ya escrito Lope comedias por propia
confesin, y en el ltimo perodo de su juventud no haba interrumpido
del todo sus trabajos. Poseemos dos piezas de esta poca ms antigua;
pero aqulla, en que se consagr ms especialmente al teatro y fu ms
decisiva su influencia, formando nueva era, cae despus del ao de 1588,
y, por consiguiente, fuera de los lmites de la presente. Para no faltar
 la unidad de esta relacin, parece oportuno hablar de estos primeros
ensayos suyos y de los de sus coetneos, en la parte que sigue de la
historia del teatro espaol. Entonces ser ocasin oportuna de
caracterizar rigurosamente las distintas especies de piezas dramticas,
como _las comedias de capa y espada_, _las de ruido_, etc., pues aunque
todas ellas asoman ya con sus rasgos esenciales en el perodo anterior,
aparecen slo en el subsiguiente con sus condiciones peculiares, y tales
cuales despus duraron por ms de dos siglos largos[28].

Apenas hay necesidad de indicar que ambas pocas no estn separadas por
una lnea divisoria clara y patente, por un ao especial y fijo, y que,
al contrario, alguna de ellas comprender insensiblemente parte de la
otra. Bstanos establecer, en general, en los dos aos de 1588  1590,
la transicin de la antigua forma del drama espaol  la nueva, aun
cuando esto sucediera algunos aos antes  despus.

Y ya que nos acercamos al perodo ms moderno  importante del drama
espaol, creemos conveniente echar una ojeada retrospectiva al terreno
andado, y delinear sucinta y grficamente la poca dramtica que
abandonamos. Ya se siente la necesidad y se muestra la fuerza creadora,
que ha de dar vida al teatro nacional, pero faltan medios adecuados 
lograrlo. No hay un punto cntrico seguro, hacia el cual se encaminen
los diversos ensayos, ni norma fija y regla artstica inmutable  que
atemperarse. Las tentativas de imitar la tragedia y comedia clsica con
falsa forma, se han estrellado en la decidida voluntad del pas,
contraria  ellas, pero dejando tras s perjudiciales prevenciones y
costumbres, ya revelndose en los desahogos de una crtica anti-popular,
ya en la obediencia parcial  reglas ms soadas que slidas, ya en las
monstruosidades de Virus y de Argensola, imitadores de Sneca. Casi
todas las piezas dramticas corren desacordadas entre dos escollos, y
son extravagantes por su forma, disparatadas por su plan y pobres por su
fondo; y si aqulla necesita ms lima y correccin, ste exige en cambio
ms jugo y rica savia. Muy pocas producciones ofrecen organizacin
armnica y vida poderosa con una forma enrgica y animada, y cuando el
inters principal es grande, se disipa en la multitud de episodios,
intercalados sin juicio, y fundados por lo comn en intrigas triviales y
amorosas. Pocas veces se les imprime tambin el tono verdaderamente
dramtico, predominando de ordinario el pico  el lrico,  ahogado y
confundido con la balumba de ampulosa fraseologa. En el teatro aparecen
obras informes, atentas slo  ganar los aplausos del momento, y que
desaparecen en seguida, en lucha con las de poetas ms formales 
ilustrados, y constituyendo por ende una situacin dramtica anrquica 
irregular. No faltan, sin embargo, en estas sombras sus puntos
brillantes. Hasta en los extravos, que se oponen al desarrollo ms
perfecto del drama, se muestra ya cierta actividad, cierto deseo y
tendencia  lo mejor y ms acordado, que promete pimos frutos para lo
venidero. Mientras que, por una parte, se observan composiciones
absurdas y desarregladas, sin arte ni valor intrnseco, aunque lleven el
sello del fuego poderoso y creador que encubren, por otra no podemos
desconocer los esfuerzos que se hacen para establecer reglas crticas 
fundadas en la literatura clsica,  imitaciones de los antiguos
modelos, no poco importantes para el perfeccionamiento del drama. Si el
teatro espaol no hubiese abandonado este peldao, no hubiera tampoco
resuelto el problema de su destino, y renegara de la preexistencia de
sus orgenes, muy  propsito para la formacin posterior de un drama
elevado, verdaderamente popular. Ya en general aparecen determinados los
rasgos fundamentales del teatro nacional, y slo falta separar el germen
de las envolturas que lo cubren. Verdad es que todava se observa el
deseo de aislar en muchas piezas lo cmico de lo trgico, y por cierto
con desusado rigor; pero hasta en aqullas que, como la _Numancia_, de
Cervantes, propenden ms  moverse en la esfera puramente trgica y
conservar su colorido, se notan tambin caracteres especiales, que
corresponden ms bien  la comedia. Por lo comn los asuntos predilectos
son los nacionales, y si los motivos dramticos carecen de este
requisito, se asimilan  las ideas y costumbres espaolas. La comedia
prosica de Lope de Rueda, que copia la vida ordinaria, ha degenerado en
insignificante elemento literario de los repertorios, y el fin,  que
propende el desarrollo del arte, es  la formacin de un drama
importante y perfecto, fundado en el espritu nacional. En cuanto  su
versificacin se unen elementos italianos y espaoles, aunque al
aplicarse no constituyan un sistema mtrico completo; las combinaciones
mtricas italianas, y especialmente las octavas, que ms tarde ocuparon
el puesto principal, dominan ya en el dilogo ordinario. La divisin en
tres jornadas, como hemos visto antes, fu admitida generalmente desde
el tiempo de Virus. Ya se distinguen tambin las diversas especies de
dramas, que aparecieron ms tarde en la poca ms brillante del teatro
espaol. Las _comedias de capa y espada_, cuyo germen descubrimos en las
obras de Torres Naharro, son ya conocidas bajo este mismo nombre antes
de Lope de Vega (Cervantes, _Adjunta al Parnaso_). Tambin hemos visto,
entre las composiciones de La Cueva, Virus, etc., varios ejemplos de
_comedias de ruido  de teatro_, histricas, mitolgicas  imaginarias;
y en cuanto  los dramas religiosos, especialmente las leyendas
dramticas de santos, hemos tambin indicado cmo pasaron de las
iglesias y las plazas al teatro. Por lo que hace  la representacin de
ciertos autos en algunas solemnidades, sobre todo en Navidad, merece
apuntarse, que, desde los ltimos decenios anteriores  1590, no
rastreamos la existencia de estas representaciones, tales como se daban
antes, sin duda porque, probablemente en esta misma poca, se acercaron
ms y ms  la forma concreta con que se muestran ms tarde, en la poca
de Lope de Vega y de sus contemporneos.

Parcenos oportuno,  la conclusin de este libro, dar algunas noticias
de los bailes espaoles y de su relacin con el teatro, como ya antes
indicamos. Creemos, no obstante, innecesario encerrarnos en un espacio
de tiempo determinado, puesto que conviene ms  nuestro propsito echar
una ojeada general sobre este punto.

El baile pantommico, acompaado de la voz, es antiqusimo en Espaa, y
solaz propio de los vascos, los que, segn se cree, poblaron primero la
Pennsula, alcanzando  una poca primitiva muy remota, que se pierde en
la obscuridad de los tiempos y escapa  toda investigacin[29]. Las
descripciones, que hacen los escritores romanos de la habilidad
coreogrfica de las bailarinas gaditanas, nos inclinan  pensar que las
danzas espaolas de aquella poca se asemejaban al moderno fandango y
bolero por sus gesticulaciones y animados movimientos, y que se
acompaaban tambin con las castauelas[30]. Es de presumir que esta
costumbre nacional tan extendida, descendi de nuevo  las provincias
reconquistadas desde las montaas de Asturias, y que se perfeccion
despus en ellas en los siglos medios[31]. Significativo debi ser el
influjo que los juglares ejercieron, puesto que la composicin de
_baladas_ y _danzas_ fu de su particular incumbencia[32]. La
_Gibadina_, la _Alemanda_, el _Turdin_, la _Pavana_, el _Piedegibao_,
la _Madama Orliens_, el _Rey Don Alonso el Bueno_, etc., son de las ms
antiguas que se usaron en la Edad Media[33]. Distinguanse generalmente
en _bailes y danzas_, diferencindose aqullos de stas en el movimiento
de manos y brazos, peculiar  los primeros, y no usados en las segundas.
Ya en los primeros ensayos dramticos jugaba el baile papel importante,
como indicamos con repeticin, considerndolo como elemento esencial en
las representaciones de las iglesias. En las piezas de Juan del Encina,
Gil Vicente y Torres Naharro era costumbre acabar con baile la funcin,
mientras se cantaba un villancico. Ms tarde se muestra tambin en los
teatros, ya intercalado en los dramas, especialmente en entremeses y
sainetes, ya independiente de ellos, y slo  la conclusin de la
comedia, como suceda en tiempo de Lope de Rueda[34]. En las fiestas con
que se celebraba la Navidad, haba de haber necesariamente autos y
bailes, dos al menos, atenindonos al acuerdo del ayuntamiento de
Carrin de los Condes de 1568[35].

En el siglo XVI aparecieron muchos bailes nuevos, que  causa de sus
movimientos lascivos y posturas indecentes movieron mucho escndalo,
aunque fueron muy aplaudidos por la multitud, y hasta casi hicieron
olvidar los antiguos, ms decorosos. Los escritores de este tiempo
acusan con frecuencia de lascivos al _Zapateado_, _Polvillo_, _Canario_,
_Guineo_, _Hermano Bartolo_, _Juan Redondo_;  _La Pipironda_,
_Gallarda_, _Japona_, _Perra Mora_, _Gorrona_, etc., y descargan
especialmente sus iras en _La Zarabanda_, _La Chacona_ y _El
Escarramn_, tres bailes muy aplaudidos, aunque indecentes  lo sumo,
repetidos en todos los teatros de Espaa en la segunda mitad del siglo
XVI, y causa principal de los anatemas de los rigoristas contra los
espectculos teatrales. El ms provocativo de todos debi ser _La
Zarabanda_. El P. Mariana le da tanta importancia, que consagra 
combatirla un captulo de su libro _De spectaculis_, diciendo que ella
sola ha hecho ms dao que la peste. En un impreso del ao de 1603,
titulado _Relacin muy graciosa, que trata de la vida y muerte que hizo
la Zarabanda, mujer que fu de Antn Pintado[36], y las mandas que hizo
 todos aqullos de su jaez y camarada, y cmo sali desterrada de la
corte, y de aquella pesadumbre muri_ (Cuenca, ao de 1603), se inserta
una prohibicin contra ella, que por lo visto no fu observada con
rigor, puesto que en tiempo de Carlos II la vi la condesa d'Aulnoy en
el teatro de San Sebastin[37]. Parece que slo la bailaban las mujeres;
no as _La Chacona_, que se bailaba por parejas y por personas de ambos
sexos[38].

En el impreso mencionado, adems de _La Zarabanda_, se habla de otros
muchos bailes parecidos, cuyos nombres provienen de las palabras, con
que comienzan las estrofas que los acompaan. Estos cantares, _jcaras_,
_letrillas_, _romances_, _villancicos_, que en nmero crecido subsisten
todava, no tienen forma bien determinada, y generalmente slo anuncian
su destino en el refrn, que  veces se repite en cada estrofa.
Cantbanse por lo comn con la guitarra, y  veces con la flauta y el
arpa, y algunas bailarinas tenan la habilidad de cantarlos y bailarlos
 un tiempo[39].

Lope de Vega se queja, en _La Dorotea_, de que hayan cado en tal desuso
bailes antiguos, como _La Gibadina_ y _La Alemanda_, que ya en su tiempo
no se conocan bien; y dos siglos despus hace lo mismo otro celoso
defensor de las costumbres nacionales espaolas contra los afrancesados,
respecto de _La Zarabanda_, _La Chacona_, _El Escarramn_, _El Zorongo_
y otros de este jaez[40]. No nos es posible dar hoy una descripcin
acabada de estos bailes, de que tanto hablan los antiguos escritores
espaoles; pero por lo que puede rastrearse de sus indicaciones
aisladas, se asemejaban en lo esencial al tipo comn, de donde salieron
_La Jota_, _El Bolero_, _El Fandango_ y otros de la misma especie, ms 
menos licenciosos.

Hacia mediados del siglo XVII, cuando,  consecuencia de la aficin al
lujo de Felipe IV, se aument considerablemente el aparato escnico,
sobre todo en el teatro del Buen Retiro, se convirtieron tambin esas
danzas sencillas en bailes ms difciles y complicados, y de mayores
pretensiones por su accin y sus figuras, aunque diferencindose mucho
de los inspidos modernos de espectculo, porque la danza estuvo
siempre al servicio de la poesa, y, ajustndose  la letra y al canto,
tuvo su significacin propia. No se desdearon de componerlos poetas
famosos, como Quevedo y Luis de Benavente[41],  de intercalarlos en sus
obras, como Lope, Antonio de Mendoza, Caldern y otros.

Oportuno es tratar tambin ahora de _las danzas habladas_,  bailes de
personajes alegricos y mitolgicos, que, segn se desprende de la
descripcin que encontramos en el _Don Quijote_ (parte II, cap. 20),
agradaban ya en tiempo de Cervantes, perfeccionndose ms tarde en la
corte de Felipe IV, en donde se representaron  veces por las personas
Reales en ciertas fiestas, con desusado lujo de trajes y
decoraciones[42].

Pero  consecuencia de estos bailes suntuosos, los cuales predominaron
demasiado en los teatros, fueron olvidndose poco  poco las danzas
nacionales, ms sencillas y agradables, hasta que casi desaparecieron
de ellos. Parece que  principios del siglo XVIII no se bailaban ya _La
Zarabanda_, _La Chacona_ y dems bailes de este jaez, puesto que cada
da se hace de ellos mencin menos frecuente. Verdad es que otra danza
parecida, aunque menos libre y licenciosa que aqullas, duraba siempre
en los campos y se perfeccionaba insensiblemente, para ocupar luego en
el teatro el lugar de las que la precedieron. Escritores nacionales
sostienen que _las seguidillas_ (palabra que designa el baile y el canto
que le acompaa), tales como hoy se conocen, aparecieron en la Mancha 
principios del siglo pasado; pero el nombre, por lo menos, es sin duda
mucho ms antiguo, y se halla en el _Quijote_ (cap. 38). Estas
seguidillas deben mirarse como la matriz de casi todos aquellos bailes
nacionales, tan celebrados ahora por todos los espaoles  quienes no
ciega la aficin  lo extranjero, y famosos tambin fuera de Espaa. Una
descripcin de l dar una idea aproximada de otros que se le parecen,
con ligeras modificaciones, como _El Fandango_, _Bolero_, etc. Pero,
quin podr describir sino superficialmente danzas y melodas, cuando
la postura, el movimiento y la expresin, que es lo que constituye su
esencia y principal encanto, son indescriptibles?

Las seguidillas se componen de siete versos, ya de siete, ya de cinco
slabas, y se dividen en una _copla_ de cuatro y un _estribillo_ de
tres. El cuarto verso asuena con el segundo y el sptimo con el
quinto[43]. Esta forma es tan sencilla y fcil de manejar, que se
acomoda  la improvisacin ms que otra alguna, y la hace asemejarse al
_ritornello_ italiano, y sirve hasta  los campesinos para expresar sus
sentimientos. Literariamente no ha sido cultivada hasta nuestros
das[44]; pero las hay  millares, nacidas en el pueblo y mostrando su
vena, que circulan por todo el pas hace largo tiempo, y se componen 
cada momento en nmero prodigioso, para olvidarse en seguida. Las penas
y alegras, las esperanzas, deseos y quejas de los amantes son su
inagotable tema. Las melodas con que se cantan de ordinario,
acompaadas con la guitarra, estn, por lo comn, en comps de tres por
cuatro, y  veces tambin en modo menor. En la invencin de estos
cantares descubren  veces las gentes de la clase ms baja un
sentimiento musical muy elevado. No siempre se destinan las coplas para
acompaar el baile: entnanse  veces por jvenes galanes bajo las
ventanas de sus amadas,  por dos improvisadores en lid potica. El
baile de las seguidillas es como sigue: mientras preludia una guitarra,
se separan las parejas, vestidas con graciosos trajes de majos, y se
coloca cada uno  tres  cuatro pasos de distancia; cantan el primer
verso de la copla mientras los bailarines permanecen inmviles; calla
otra vez la voz; la guitarra comienza entonces la meloda, y al cuarto
comps prosigue la voz de nuevo, se oyen las castauelas, y el baile
comienza con sus acompasados giros, sus graciosas idas y venidas y su
encantadora expresin de amorosa alegra. Al noveno comps se acaba la
primera parte y hay una pequea pausa, en la cual slo se escucha el
leve sonido de la guitarra. En la segunda parte se repite la primera
con ligera variacin en el paso y las posturas, y, al concluirse,
vuelven  ocupar el lugar que tenan al principio; con el noveno comps
enmudecen de repente la msica y la voz, y es regla importante que los
bailarines se queden en la misma postura en que los sorprende la ltima
nota de la msica; si ha sido bien escogida, se aplaude y se dice que
estn _bien parados_.

Tales son las reglas y el orden del baile; pero qu podremos decir para
expresar el encanto que todo l inspira? Su ardiente meloda, que
expresa al mismo tiempo el placer y dulce tristeza; el sonido de las
castauelas que lo acompaan, el lnguido entusiasmo de las bailarinas,
las miradas y gestos suplicantes del bailarn, la gracia y finura que
refrena la voluptuosidad de los movimientos, todo, en fin, contribuye 
formar un cuadro de atraccin irresistible, que, sin embargo, slo
pueden expresarlo los espaoles para que se aprecie en todo su valor.
nicamente ellos parecen dotados de las cualidades necesarias para
bailar sus danzas nacionales con aquel fuego y aquella inspiracin, con
aquellos gestos tan llenos de vida y movimiento, con aquella
flexibilidad y cadencia con que cada miembro lleva el comps de la
msica, y  la par con toda libertad y con ese miramiento al decoro, sin
el cual la danza es un deforme esqueleto  una indecencia.

En poco tiempo se extendieron las seguidillas desde la Mancha, su
patria, por todas las provincias espaolas. _El Fandango_, _El Bolero_,
_La Tirana_, _El Polo_ y otros bailes ms sonados en los ltimos tiempos
que la seguidilla, son modificaciones ligeras de sta, y tan parecidas 
ella, que es necesario tener una vista muy ejercitada para
distinguirlos. El primero debe ser tan antiguo como las seguidillas, y
lo mismo _La Tirana_, baile andaluz en sus orgenes, cuya letra, como la
del _Polo_, slo tiene cuatro versos sin estribillo. _El Bolero_, que se
diferencia de los anteriores por la mayor viveza de sus movimientos, de
cuya particularidad viene su nombre, debi inventarse hacia el ao de
1780 por D. Sebastin Cerezo, celebrrimo bailarn de aquel tiempo.
Adanse tambin  stos _La Jota aragonesa_, que se baila por tres
personas; _Las Sevillanas_; _Las Manchegas_, especie de bolero; _El
Chairo_, etc.

La cultura convencional, que amenaza nivelar las costumbres de los
pueblos de la tierra, haciendo desaparecer toda originalidad de su tersa
superficie, ha alcanzado tambin en estos ltimos tiempos  los bailes
nacionales. En la buena sociedad nadie osa ya hablar de la seguidilla,
del fandango y del bolero, y en vez de esto se solazan con bailes
franceses, walses, etc., que, comparados con aqullos, se asemejan 
danzas de osos. Las clases inferiores del pueblo, especialmente en la
Mancha y en las provincias andaluzas, permanecen fieles, por dicha, 
sus antiguas costumbres, y nunca omiten en sus diversiones cantares y
bailes nacionales. Apenas se oye una guitarra en cualquier ventorrillo
de la Mancha,  en uno de los encantadores patios moriscos de las casas
de Andaluca,  al aire libre,  la sombra de un espeso granado, cuando
acuden los campesinos, trabajadores y jornaleros de la ciudad, ansiosos
de tomar parte en su diversin favorita, mostrndose incansables los
jvenes en corresponder  los deseos de la multitud. La mejor voz
comienza en seguida  cantar las seguidillas  el polo: prepranse las
parejas para el baile; danzan, en efecto, con sus humildes trajes de
campo, con tanto agrado y elegancia, que podran servir de modelo 
nuestros ms afamados bailarines de pera: el tono dulce con que cantan,
el rpido sonido de las castauelas, y los infinitos encantos que
derraman los bailarines, encadenan  un tiempo los ojos, los odos y el
alma en las jvenes parejas, y hacen tal efecto en los que los rodean,
que expresan su admiracin con aplausos y aclamaciones, y  la
conclusin con palmadas estrepitosas. Por ltimo, tampoco han cesado en
el teatro los bailes nacionales para solazar  los espectadores, sobre
todo en los entreactos, en los sainetes  al final de las
representaciones. Sin embargo, su natural sencillez, su gracia
espontnea  ingnita, han cedido el puesto  las conveniencias
teatrales y al afn de hacer efecto.

Es de esperar, que, en vista de la general reaccin, que se observa en
Espaa, por mantener vivas en el pueblo las mejores costumbres
nacionales, se haga lo mismo con aqullas, cuya historia y bosquejo
acabamos de trazar, y que sern bienes comunes de toda la nacin,
expulsndose por completo del suelo espaol todo lo advenedizo y
extranjero. En esta parte merecen especial mencin los esfuerzos
ilustrados de dos msicos de talento,  saber: de Carnicer y Masarnau,
los cuales han compuesto para el bolero, la tirana, el polo, etc.,
nuevas y caractersticas melodas, que dentro de poco sern sin duda
populares.




SEGUNDO PERODO.

EDAD DE ORO DEL TEATRO ESPAOL, DESDE 1590 HASTA PRINCIPIOS DEL SIGLO
XVIII.




PARTE PRIMERA.

EL TEATRO ESPAOL EN TIEMPO DE LOPE DE VEGA.




CAPTULO PRIMERO.

Importancia poltica de Espaa en este periodo.--Ciencias y letras
espaolas.--Ideas polticas predominantes.--Ideas religiosas.--La
Inquisicin.--Sus relaciones con la literatura, y principalmente
con la dramtica.


La literatura espaola haba recorrido en la segunda mitad del siglo XVI
los dos estadios de la poesa, que suelen preceder al desarrollo
completo de la dramtica. A la pica, que se haba ya desenvuelto en los
romances caballerescos;  la lrica, que haba dado sus ms sabrosos
frutos en las obras de los cancioneros y en las de Boscn, Garcilaso,
Herrera, Luis de Len y otros, deba seguir, segn todas las
probabilidades, el perfeccionamiento de la tercera forma general de la
poesa. Cuanto se haba hecho hasta entonces en este ltimo dominio,
poda ms bien calificarse de provechoso esfuerzo para la consecucin
del fin indicado, que de su realizacin verdadera; y aunque fuese
importante, en cuanto probaba la tendencia  crear un drama nacional y
al desenvolvimiento progresivo de los elementos artstico-dramticos,
nunca poda considerarse como una literatura dramtica original y rica.
Slo el perodo, que vamos  examinar, cuyo principio debemos fijar en
el ltimo decenio del siglo XVI, fu favorecido por un concurso feliz de
circunstancias, que contribuyeron  dar  los espaoles la posesin de
tan inestimable tesoro, y juntamente de una literatura potica perfecta.
Estas circunstancias, capaces solas de prestar al teatro espaol
desusado brillo, influyeron tambin aisladamente en la formacin de sus
distintas partes, y deben ser ahora conocidas, aunque concurriesen
tambin otras causas que, al parecer, sirven ms particularmente para
determinar el carcter especial de la poca, aunque tambin se
encuentren en ntima relacin con el drama, y sean no poco importantes
para explicar su historia. Preciso es repetir algunas indicaciones,
referentes  pocas anteriores, ya por el influjo que ejercieron en
sta, ya porque arrojan clara luz para comprender los sucesos que les
siguieron.

Quizs no se encuentre en la historia de ninguna nacin siglo alguno
comparable por sus hazaas y gigantescos esfuerzos con el que acababa de
finalizar en Espaa: una serie no interrumpida de gloriosos hechos la
haba llevado  la cspide del poder y de la fama; elevbanse sus
trofeos imperecederos en las tres partes del mundo; Npoles y Miln, las
costas africanas y el archipilago griego, y hasta el asiento de los
enemigos de la cristiandad, que haban recibido los golpes ms mortales
de sus armas, reconocan ya su superioridad, y allende el Ocano haba
sometido pases vastsimos, acometiendo empresas audaces, sin ejemplo en
la historia. Las exageradas pretensiones de los monarcas espaoles no
eran slo palabras ostentosas: ningn otro soberano de Europa posea
dominios tan extensos, ni fuentes tan inagotables de riqueza.

Desde que los diversos estados de la Pennsula formaron uno solo, se
haban ya acostumbrado los espaoles  mirarse como miembros de una
nacin poderosa, unidos por el inters comn y por su elevado destino; y
 consecuencia de esta unin brillante, imprimieron  su patriotismo y 
su amor  la gloria el ms encumbrado vuelo. La conciencia, orgullosa de
su propio valer, y el afn de dar cima  hazaas increibles, eran
generales en todo el pueblo. El espritu inquieto de la nobleza, que
antes se haba manifestado en luchas de partido y desrdenes interiores,
consagraba entonces su actividad impaciente al servicio de la patria.
Verdad es, que, despus de la gloriosa conquista de Granada, se haba
cerrado la senda abierta en su pas al espritu guerrero; pero tambin
lo es que al mismo tiempo se presentaba fuera de l nuevo y ms
anchuroso campo. Las zonas sin lmites de la Amrica ofrecieron otro
teatro  sus hazaas, tan osadas  increibles, que parecan sobrepujar 
todas las ficciones de los libros de caballeras; all se precipitaba la
fogosa juventud, y la carrera de la gloria, que casi poda llevar  la
consecucin de la regia pompa, se mostr patente, como lo probaron
algunos ejemplos, hasta  las gentes de un rango inferior; y si es
cierto que los mviles ms generosos fueron  veces eclipsados por otros
mezquinos y por bajas pasiones, no puede negarse que pusieron  la
disposicin de la corona de Castilla grandes recursos, y que cieron el
nombre espaol con perdurable aureola.

Ya en el reinado de Fernando y de Isabel se haba aumentado
prodigiosamente el bienestar y la riqueza del pas hasta tal punto, que
las rentas de la corona, segn indican testimonios autnticos, ascendan
 su conclusin  triple suma de lo que eran en su principio[45]. Cada
ao, y merced  la extensin progresiva de su comercio, acrecan los
recursos del pas. Las manufacturas y fbricas de Espaa exportaban para
toda Europa tejidos de seda y de lana, armas perfectamente trabajadas y
productos de orfebrera; slo en Sevilla se ocupaban en sus
manufacturas,  mediados del siglo XVI, 130.000 hombres, nmero superior
 su poblacin actual[46], y ms de 1.000 naves mercantes llevaban los
productos de su industria  todos los ngulos de la tierra. En ninguna
plaza importante del Mediterrneo  del mar del Norte faltaba un agente
 cnsul espaol[47]. La agricultura, merced  los mtodos excelentes,
con que se labraba el suelo, no era menos prdiga que la actividad
humana, y los granos de toda especie, el aceite, el vino y los frutos
meridionales prosperaban de tal manera, que no slo satisfacan  las
necesidades del pas, sino tambin  las del extranjero. Y as como los
campos revelaban la prosperidad general en sus terrenos bien cultivados
y en sus innumerables aldehuelas y cortijos, as tambin las ciudades
espaolas testificaban del brillo y podero de la nacin en sus
monumentos imperecederos, obras pblicas grandiosas debidas  la unin
de sus ciudadanos y  su sentimiento de la belleza, que prueban en tan
alto grado la cultura y el espritu de los pasados siglos. Toledo, la
antigua capital del imperio godo, con su maravillosa catedral y sus
palacios suntuosos, que,  pesar de sus ruinas, excitan nuestra
admiracin; Burgos, cuna del Cid, con sus almenas y torres gticas; la
rica Barcelona, no inferior  ninguna ciudad de Italia en sus magnficos
edificios pblicos y privados; la bella Valencia, recostada en su
encantadora huerta, como una reina en un lecho de rosas; Crdoba, la
antigua capital de los califas, la puerta de oro por donde se derramaron
en el Occidente las artes y el lujo de Oriente; Granada, el castillo
encantado y romntico, la Bagdad europea, envanecida con su Alhambra,
Generalife y Albaicn y con su frtil vega, cercada de sierras,
coronadas de nieve, como de riqusima diadema; Sevilla, en fin, el
emporio de las riquezas de Amrica, la primera plaza comercial de
Europa, con sus muelles llenos de extranjeros de todas las naciones, y
agobiada por el peso de tantas riquezas; con su gigantesca catedral, el
templo ms vasto del orbe; con la esbelta torre de la Giralda, que se
destaca de las tranquilas aguas del Guadalquivir, eran las joyas ms
preciadas de la bella Pennsula.

El siglo XVI contribuy ms que ningn otro de los anteriores al
embellecimiento de estas ciudades, construyndose iglesias, palacios,
acueductos, fuentes y jardines, al mismo tiempo que su trato frecuente
con Italia, en donde renacan entonces las artes, contribua no poco 
regularizar esta tendencia  imprimir un sello, noble y sencillo  la
vez, en su gusto. A sus edificios suntuosos del estilo gtico, que se
conserv puro en este pas ms largo tiempo que en casi todos los dems,
sucedieron otros ms modernos, igualmente magnficos y notables,
pertenecientes al nuevo gnero arquitectnico, fundado en la imitacin
de las formas clsicas. Este poderoso influjo se hizo tambin sentir en
el rpido vuelo, que tomaron la pintura y la escultura; muchos jvenes
espaoles, que alcanzaron fama merecida en la historia de las artes
italianas, se consagraron al estudio de las obras maestras de Miguel
ngel, Leonardo y Rafael, para importar en su patria el nuevo estilo
artstico, aprendido all; y las escuelas de Valencia, Sevilla y Toledo,
contaban ya en el siglo XVI excelentes maestros que preparaban la edad
de oro de las artes espaolas del siguiente[48].

Las ciencias y las letras florecieron tambin de tal manera, que
llamaron la atencin de los extranjeros. El estudio de la literatura y
de las lenguas clsicas se cultiv con tanto esmero en Espaa, que,
fuera de Italia, ningn otro pas ofreci mayor nmero de distinguidos
humanistas. Basta citar los nombres de Arias Barbosa, Nez de Guzmn,
Vives, Olivario, y Juan y Francisco Vergara. Europea lleg  ser la fama
de estos hombres, y tan grande su conocimiento de la antigedad, que
justifica plenamente la opinin de Erasmo, de que la erudicin y los
estudios clsicos florecan tanto en Espaa, que causaban la admiracin
de las naciones ms cultas y podan servir de ejemplo[49]. Las
universidades de Salamanca, Alcal, Sevilla, Toledo y Granada estaban
llenas de estudiantes ansiosos de saber, y el renombre de estas escuelas
no slo penetr en todas las provincias de la Pennsula, sino hasta en
Italia, Alemania y los Pases-Bajos. Salamanca lleg  contar 7.000
escolares, y Alcal pocos menos. El ardiente deseo de aprender invadi
tambin al bello sexo, y en muchas ctedras de esas universidades se
enseaba tambin  las mujeres[50]. Como prueba de que se cultivaban
otros estudios  la vez que los clsicos, pueden servir en la historia
el nombre de Mendoza, y el de Montalvo en la jurisprudencia; y para dar
una idea de las obras innumerables de todo gnero que entonces se
publicaron, baste decir que el arte de la imprenta no descansaba un
momento, y que Espaa contaba en el siglo XVI ms prensas que
ahora[51].

 la conclusin de ste, sin embargo, comienza  nublarse algn tanto el
brillo y la gloria del pueblo espaol, que tan esplendentes fueron en el
reinado de los Reyes Catlicos y del emperador Carlos V. Felipe II fu
el primero de aquella larga serie de monarcas, que disminuyeron el
bienestar de sus sbditos con su poltica estrecha y absurda. Su
fanatismo sombro y su sed insaciable de mando contribuyeron  que se
perdiese una de las joyas ms preciosas de su corona, y la destruccin
de la armada invencible anunci ya las prximas y graves humillaciones,
que amenazaban al poder espaol. En lo interior acab con los ltimos
restos de la libertad poltica, destruyendo la constitucin aragonesa.
La obra de ruina y de aniquilamiento, que haba comenzado su voluntad
incontrastable, prosigui luego ms rpida, merced  la incapacidad de
sus sucesores, dbiles juguetes en manos de sus desleales favoritos. Los
males de este sistema de gobierno se han expuesto frecuentemente con los
ms negros colores, y su influjo mortfero se muestra demasiado
claramente en la decadencia posterior del pas, para detenernos en este
punto ms tiempo, no obstante la necesidad imprescindible, para todo
hombre imparcial, de no dejarse arrastrar por esas exageradas
descripciones. El despotismo y la arbitrariedad eran en aquella poca
el alma de toda la poltica europea, y en tal supuesto es fcil de
comprender que la balanza del mal se inclinara decididamente  la parte
de Espaa. La opinin, admitida sin correctivo, de que esto suceda
entonces con exceso, se refiere  un perodo, en que casi todas las
potencias europeas miraban  los monarcas espaoles con envidia y saa,
cuya circunstancia nos avisa que no la aceptemos incondicionalmente y
sin el examen debido. Aun cuando este anlisis no sea de nuestra
particular incumbencia, podemos, sin embargo, asegurar que por lo comn
es falsa la idea que se ha formado del despotismo de los soberanos
espaoles de la casa de Ausburgo y de su pernicioso gobierno,
afirmndose que contribuyeron en alto grado  la decadencia de su pas y
 la disminucin de su brillo y podero, que acabaron con la vida de la
nacin, que ahogaron en ella todo sentimiento de libertad 
independencia, y que, por ltimo, convirtieron  sus sbditos en rebaos
de tmidos esclavos. No era empresa tan fcil desorganizar el estado ms
poderoso de Europa, ni humillar la energa de uno de los pueblos ms
nobles de la tierra. Por mucho que un gobierno corruptor, mezcla de
tirana y de piedad, socavase los cimientos del bienestar del pas, y
en el interior entorpeciese los progresos de la industria, y en el
exterior disminuyese su influencia, siempre se mantuvo Espaa, durante
todo el siglo XVII, en la categora de potencia de primer orden, y su
voluntad fu de gran peso en los negocios europeos. Las reglas ms
absurdas de gobierno fueron impotentes para contrarrestar por completo
el impulso de tiempos anteriores, y para impedir que maduraran los
frutos, cuyos grmenes se haban sembrado bajo mejores sistemas
polticos. El espritu nacional permaneci, por tanto, tal cual era; su
glorioso pasado arrojaba luz deslumbradora sobre lo presente, y se
opona  que se adivinase la ruina que lo amenazaba. Osado y libre, el
espaol llevaba erguida su cabeza, sin bajarla por la presin de las
circunstancias; an no se haba extinguido en su pecho el noble orgullo
castellano, ni el sentimiento de la grandeza de su destino, y la
historia de Espaa del siglo XVII ofrece,  quien no cierra los ojos,
abundantes ejemplos de la nobleza  independencia de este pueblo. No hay
necesidad absoluta de que florezcan  un mismo tiempo las galas del
ingenio y el bienestar material de un pas; aqullas, como lo muestra la
experiencia, pueden sobrevivir  sta,  despedir sobre sus ruinas los
ltimos destellos. Tan cierto es lo que decimos, que, en este conflicto
del espritu con los obstculos exteriores, se fortific an ms aqul y
tom ms poderoso vuelo. Si el arte y la literatura son los termmetros,
que marcan el grado de cultura de una nacin, y sta puede servir de
medida para estimar el valor ms  menos grande de sus obras, es
innegable que el espacio, comprendido entre los ltimos decenios del
siglo XVI y los del XVII, forma el perodo ms rico y ms brillante de
su historia. Los reinados de los tres Felipes abrazan la verdadera edad
de oro de la literatura espaola, y principalmente de la poesa; si no,
qu significan las aisladas, aunque preciosas producciones de la poca
anterior, cuando se comparan con la multitud de obras maestras, que se
escribieron desde Cervantes  Caldern?

En ms ntimo enlace estuvo la opresin religiosa con la poltica, ,
ms bien dicho, ambas formaron una sola tan compacta, que es casi
imposible separarlas. La teocracia constitua un elemento tan esencial
de la constitucin del Estado, que la parte ms importante del gobierno
estaba en manos del clero. Cuanto perjudicaba  la religin dominante
conmova tambin en sus cimientos al poder poltico, y el inters comn
del monarca y del sacerdocio era tan idntico, que uno y otro no se
paraban en los medios, siempre que el resultado de sus esfuerzos
contribuyese de consuno  fortalecer el catolicismo. Sus deseos
encontraron en la nacin la ms favorable acogida, puesto que el
sentimiento religioso haba llegado hasta el fanatismo,  causa de la
prolongada lucha, que sostuvo contra los infieles, y fu explotado hasta
lo sumo. El clebre tribunal de la Inquisicin, favorecido por el odio
nacional  moros y judos, se fund ya en el reinado de Fernando y de
Isabel, dndose mayor extensin  sus facultades en los reinados
siguientes y ensanchando el crculo de su autoridad, ms limitada en un
principio, no obstante las diversas protestas de las Cortes contra este
cuerpo temible, cuyo nombre se pronunciaba con horror por toda Europa.
Pero slo la voluntad de hierro de Felipe II concedi  la Inquisicin
atribuciones ilimitadas, y el derecho de castigar con inslito rigor la
falta ms leve, que pudiese redundar en desdoro de la religin
dominante, convirtindola en instrumento docilsimo del despotismo y de
la arbitrariedad, y en fcil auxiliar del poder poltico para obligar 
sus sbditos  la ms servil obediencia. Y cabalmente hacia esta poca
haba sido tan grande el influjo moral de ese temible tribunal de la fe
en el espritu de la nacin, y lo haba emponzoado hasta tal punto, y
lo haba hecho tan fantico, que  pesar de la injusticia repugnante de
sus sentencias y ejecuciones, ni excit su indignacin, como era de
presumir, ni reconoci en l ms que ttulos indudables  su veneracin
y respeto. El pueblo haba cado en la red, de la cual no le era dado
salir, y fu vctima de largo y mortfero letargo, que penetr en todos
los resortes de su existencia. No hay sofismas bastantes  evitar el
fallo condenatorio, y las maldiciones que ha pronunciado la historia
contra este tribunal execrable. Sus anales ofrecen el testimonio ms
horrible del extremo,  que pueden llegar los extravos humanos; ojal
que sean ejemplo perdurable del delirio,  que arrastra la sed
insaciable de mando y el orgullo clerical! Sin embargo, en los primeros
cincuenta aos de su existencia no produjo los efectos desastrosos que
en lo sucesivo. No obstante haber llegado en esta poca, y especialmente
en el reinado de los tres Felipes, al apogeo de su poder, encontr en el
buen sentido y en la energa moral de la nacin un obstculo poderoso,
que contrapes en cierto modo su perjudicial influencia, sucumbiendo tan
slo ms tarde  la presin simultnea del tiempo y de las
circunstancias. Cuando se atribuye generalmente  la Inquisicin males
ms graves que los producidos por otras manifestaciones del fanatismo,
que han deshonrado  la Europa, se alude en especial  su organizacin
vigorosa y duradera, causa de los obstculos insuperables que opuso  la
libertad humana, y que ha llegado hasta nuestros das. Por lo dems, es
falso  todas luces presentar los horrores,  ella debidos, como nicos
y sin ejemplo en la historia. No hay parte alguna de la tierra libre de
los estragos del fanatismo religioso y de la supersticin, ni nacin que
en este punto pueda echar nada en cara  las dems, ni secta que se
exima de reproches semejantes cuando ha tenido poder suficiente para
hacerlo. Slo la matanza de San Bartolom en Francia, aun admitiendo los
clculos de Llorente, ms bien exagerados que parcos, inmol ms
vctimas que la Inquisicin espaola en los tres siglos que funcion. El
nmero de judos, moros y herejes, que perecieron en Espaa (segn dice
Llorente, 34.382) no es tan grande como el de las mujeres desdichadas,
que slo en el siglo XVII fueron quemadas en Alemania por condenaciones
arbitrarias de brujera; y quien conozca la historia de estas causas
criminales de magia, y la conducta observada entonces, tan injustificada
como horrible, superior  todo encarecimiento, no podr menos de
confesar que nuestra nacin carece de ttulos bastantes para tirar la
primera piedra  ninguna otra[52]. No hay ms diferencia, sino que las
persecuciones y arbitrariedades de la supersticin han aparecido en casi
toda Europa como explosiones aisladas del fanatismo del gobierno  de
los pueblos, y han sido de poca duracin, al paso que en Espaa
provenan de un sistema fuertemente preconcebido para oprimir
metdicamente la libertad de conciencia. Para no ser injustos con el
gobierno, que ejerca esta presin, ni con el pueblo, que la
experimentaba, debemos aadir que este sistema se fundaba en una razn
aceptada y recibida en todos los pases catlicos, y que la Inquisicin
espaola slo puede condenarse en su manera de proceder, no en su
principio, puesto que las mismas ideas predominaban en una gran parte de
Europa. Y sin embargo,  pesar del dao inmenso que hizo durante tanto
tiempo, no es lcito tampoco negar que libr  Espaa, en aquella poca,
de los disturbios y desrdenes, que destrozaron por entonces  casi
todos los pases de Europa. Aun valindose de medios tan odiosos logr
plenamente su objeto, que no era otro que defender el predominio del
catolicismo, y oponerse  la extensin de la reforma. Mientras las
luchas religiosas desgarraban el seno de Francia; mientras gema la
Alemania bajo el peso de la guerra de los treinta aos, gozaba Espaa de
paz y tranquilidad interior, cuyo bien, aunque comprado  costa de la
libertad y del progreso en la gobernacin del Estado, no deja tambin de
ofrecer ventajas relativas, comparndolo en sus inmediatos efectos con
los debidos en aquellos pases  las guerras de religin. Si la
civilizacin no pudo florecer en stos  causa de los desrdenes de la
guerra, se desarroll en cambio en aqulla dentro del catolicismo,
produciendo frutos pimos y sazonados. Y no slo se halla ntimo enlace
entre esta intolerancia religiosa de los espaoles y su poesa, sino que
influy directamente en ella de un modo decisivo, ya trazndole de
antemano la senda que haba de recorrer, ya concurriendo con otras
causas  su mayor perfeccin. Este ltimo aserto podr parecer una
paradoja, pero es fcil de probar. Es indudable que dicho tribunal se
opuso terminantemente  la libre investigacin en el campo de la
ciencia: no admiti otra filosofa que la teolgico-escolstica, ni otra
teologa que libros devotos y fanticos, rechazando todo adelanto en las
ciencias experimentales. La historia slo poda escribirse con las
mayores precauciones. La ms ligera tentativa de sacudir el yugo poda
acarrear, en esta parte, fatales consecuencias, y la tirana de las
autoridades eclesisticas no dejaba otro recurso que la sumisin. A
pesar de todo, era tan vigorosa la vida nacional, que no pareca fcil
sofocarla, y por esto emprendi entonces una senda, en la cual no haba
miedo de tropezar con aquellos obstculos. La literatura amena fu el
puerto de refugio del genio, que se senta embarazado en otros dominios,
y la poesa llam  s ese vigor espiritual, que acaso, bajo otras
circunstancias, hubiese tomado distinto rumbo. Si en general no pudo
salir de esa esfera, que coartaba la libertad de los espaoles,
encontr, no obstante, dentro de ella vasto y librrimo espacio en que
explayarse, concedindose  los poetas facultades ms amplias para
expresar sus opiniones, en virtud de las licencias propias de su arte,
cuando en otro caso se hubiesen expuesto  graves peligros. No era
lcito atacar los fundamentos de la religin catlica, ni lo hubiese
intentado ningn espaol; pero las barreras, que le detenan, estaban 
larga distancia, y la fantasa, el sentimiento y el ingenio podan andar
 sus anchas. Tambin favoreci al teatro la especial circunstancia, de
que durante casi todo este perodo, y al menos en la mayor parte de
Espaa, como veremos despus, no hubo censura previa que se opusiese 
las representaciones escnicas, y que hasta la licencia general, que
haba de preceder  la publicacin de cualquier obra, fu con las
dramticas extraamente benvola. Recordando todas las libres
manifestaciones, todas las ideas sobre el Estado y el clero, que
expresaron los poetas dramticos, se probar plenamente que en el pas
clsico del despotismo se disfrut, acerca de ciertos puntos, mayor
libertad que la que se goza hoy mismo en casi toda Europa. El extremo, 
que lleg en esta parte la licencia, lo demuestran, entre otras, las
comedias de Tirso de Molina,  innumerables entremeses burlescos de
diversos autores. Y, sin embargo, no hay ejemplo ninguno de que la
Inquisicin exigiese responsabilidad por sus excesos  poeta alguno
dramtico, y en cambio se hallan impresas varias comedias con permiso de
la autoridad eclesistica, en las cuales hormiguean ideas libres y hasta
licenciosas. La contradiccin aparente, que en esto se observa, se
explica recordando las profundas races que haba echado el catolicismo,
y la veneracin que le profesaba el pueblo, que nunca confunda la
stira dirigida contra sus sacerdotes,  las burlas ligeras,  que
pudiera dar margen, con serios ataques  su esencia; porque cuanto ms
fuertemente arraigada est la religin, es menos peligroso tolerar las
bromas contra ella. Y en ese sentido han de entenderse los pasajes que
ahora se citan, sin tener en cuenta la diversidad de pocas, como
stiras amargas contra la Iglesia, en cuyo concepto slo han existido en
la imaginacin de los autores de estas citas y en el engao del pblico,
puesto que casi todos los poetas, que las escribieron, ofrecen en otras
obras suyas testimonios irrefragables de su sincero sentimiento
religioso, y la particular circunstancia, que disipa cualquier duda de
este gnero, de que casi todos pertenecan al clero. Adase tambin,
que, para los espaoles, era ms profundo el abismo que separaba  la
ficcin de la realidad, que entre nosotros. Parece haber sido inters
comn del gobierno y de la Inquisicin conceder la mayor libertad
posible  la diversin favorita del pueblo, disipar toda especie de
obstculos y consentir sin restricciones en el teatro cuanto se prohiba
en la vida real.




CAPTULO II.

Poesa espaola en general.--Ideas caballerescas de los
espaoles.--El honor castellano.--Tradiciones
romnticas.--Influencia de la antigedad.--Creencias
religiosas.--Fiestas religiosas y profanas.--Aficin a la poesa.


La poesa, en general, y especialmente la dramtica, produjo las joyas
ms preciadas y ricas que corresponden  esta poca de la literatura
espaola; en ella, como en un foco, concurran todos los rayos de la
vida espiritual de la nacin, presentando elocuente ejemplo del vuelo,
de que es susceptible el ingenio bajo el imperio de las circunstancias
ms desfavorables, las cuales, si lo enfrenaban por una parte,
contribuan por otra  inspirarle ms vigor y lozana. Estudindola
aparece la nacin bajo un aspecto muy diverso del estrecho y exclusivo
de su historia poltica. Se ve entonces que el rigor y la crueldad,
desplegada por los espaoles contra las religiones distintas de la suya,
eran slo efecto de falsas ideas, con arreglo  las cuales era hasta un
deber ahogar los sentimientos naturales cuando se trataba de los
herejes, y que su fanatismo, deplorable hasta lo sumo y causa de tales
extravos, no excluy, por otra parte, las emociones ms nobles y
delicadas, ni la caridad y filantropa. Hay ms: si bien es cierto que
no debe esperarse de ningn catlico espaol del siglo XVI, que renuncie
 las preocupaciones religiosas de sus contemporneos, ni tampoco
negarse que la literatura potica de los espaoles adolece del sombro
fanatismo de la poca, aparecen, sin embargo, en esta misma literatura
numerosos rasgos aislados de la libertad de pensamiento, que conservaron
los ingenios ms eminentes. Esta circunstancia arroja clara luz sobre
aquellas pruebas de intolerancia, puesto que, comparndolas con ellas,
demuestran generalmente la benevolencia de la Inquisicin y los
razonables principios artsticos, en que se fundaban, ya que al lado de
esas explosiones de celo religioso campean otras de distinta ndole,
tanto ms libremente, cuanto provienen de unos catlicos y se dirigen 
otros, prontos  escandalizarse por cualquier motivo poco importante.

Si las causas indicadas abrieron  la poesa vasto y no hollado campo;
si, adems, era de presumir, que en esa poca de opresin la fantasa
haba de emprender su vuelo, tambin es cierto que cabalmente esta poca
dispona de muchos elementos favorables al desarrollo de la poesa. En
ningn otro pueblo eran tan poticas las costumbres como en Espaa; en
ninguno dur tanto tiempo el espritu caballeresco de la Edad Media como
en ste, confundidos con otros elementos de elevada cultura, y
alcanzando de tal enlace extremado brillo. La caballera, que por las
circunstancias especiales del pas floreci en la Edad Media con la
mayor lozana, sobrevivi  las causas que la engendraron, y persisti
luego largo tiempo, aun despus de haber cambiado el feudalismo
aristocrtico, conservando siempre sus rasgos caractersticos. El manejo
de las armas y la obligacin de tomar parte activa en la guerra, era,
as entonces como antes, el verdadero blasn de la nobleza. Las justas y
torneos de toda especie, que se celebraron durante todo el siglo XVII,
tanto en las fiestas de la corte como en otras muchas partes, ofrecieron
 los nobles frecuente ocasin de ejercitar en la paz su actividad y sus
fuerzas[53]: el divertido juego de caas, heredado de los moros
(conocido ahora en Oriente con el nombre de _Dscherrid_), as como los
toros, en los cuales los personajes ms ilustres del reino hacan alarde
de su valor[54], no deben nunca olvidarse. En las rdenes de Santiago,
Calatrava y Alcntara subsisti sin alteracin la caballera religiosa
en sus bases esenciales, ya que estas rdenes, aun despus de haber
sufrido ciertas modificaciones en su organizacin en tiempo de los Reyes
Catlicos, no quedaron reducidas  meras condecoraciones, no alterndose
sus antiguos votos ni la obligacin de acudir personalmente  las
guerras[55]. En los trajes dominaba en general el gusto caballeresco,
aunque nuevas modas hubiesen sucedido al vestido borgon usado hasta el
siglo XVI, llevando los hombres la capa y la golilla, y las mujeres la
mantilla y la ajustada basquia. La espada, que nunca abandonaba el
caballero, no era un adorno intil, sino serva de arma defensiva,
habiendo escasa polica, y se manejaba con frecuencia en las luchas que
se suscitaban. Las intrigas amorosas y las aventuras galantes daban
repetidas ocasiones para esgrimirla sin descanso. Aun cuando el ardor
propio de su clima meridional degeneraba  menudo en pasin
incontrastable, predominaba, sin embargo, en las costumbres cuanto
llevaba el sello de la galantera y del rendimiento  las damas. Era ley
observada entonces por la sociedad elegante elegir una seora de sus
pensamientos, aun sin sentir verdadero amor por ella  haber pasado de
la juventud, y consagrarse  su servicio; y el espritu romntico de la
poca revesta estas relaciones con todas las formas de la cortesa
caballeresca y de la pasin, ya fuese real  fingida. Cuando haba en el
fondo amor, se consideraba como una especie de ilusin fantstica que
embelleca y tranquilizaba la vida, y cuanto ms se apropiaba los
brillantes colores del romanticismo, satisfaca tambin ms
cumplidamente  las exigencias poticas de aquella edad, y con tanta
mayor razn, cuanto que las intrigas ms extraas  ingeniosas eran el
medio ms adecuado  la consecucin del fin  que se encaminaban. De
noche se llenaban las calles de la ciudad de jvenes embozados en sus
capas, que salan en busca de aventuras amorosas, daban serenatas  sus
amadas  departan con ellas en las rejas de las ventanas, abandonndose
 tiernos coloquios. Los celos y el ansia de la posesin exclusiva se
daban la mano con el amor, y con deplorable frecuencia terminaban estas
nocturnas escenas con la muerte  heridas de un rival.

La influencia de las ideas sobre el honor, que envolva en sus
complicados pliegues  toda la nacin espaola, contribuy en gran
manera  que se multiplicasen estas luchas y disputas. Abrazaban, por
decirlo as, todos los momentos de la vida; penetraban en las relaciones
de unos hombres con otros, en el amor, en el matrimonio, en la amistad,
en la familia, en la dependencia de los sbditos respecto del soberano,
etc., bajo una forma concreta y constante; sus mximas y deberes
abrazaban la vida entera en lazos indisolubles, y sus efectos se haban
identificado hasta tal punto con la nacin, que fueron vanos los
esfuerzos de la Iglesia en anularlos. Ningn cdigo de leyes se observ
jams tan universal y religiosamente en toda Espaa como el del honor, y
sus preceptos eran acatados por todos y nunca se quebrantaban
impunemente. Si se desea conocer  fondo al espaol antiguo, es preciso,
ante todo, familiarizarse con sus ideas sobre el honor, puesto que slo
el que descienda  sus ms insignificantes gradaciones y las examine
escrupulosamente, podr tambin estimar los mviles  que obedece en su
conducta y en los momentos ms importantes de su vida. Cabalmente se
funda en ellos y en el choque de sus diversos derechos y deberes la
accin de muchas novelas y dramas, cuya inteligencia es slo fcil al
que conoce las ideas peculiares de los espaoles acerca de este punto, y
el rigorismo nacional con que se le renda culto. No es ste lugar
oportuno de desenvolverlas prolijamente, y nos limitaremos, por ahora, 
indicar sus principios ms culminantes. Al rey se deba de derecho
fidelidad y abnegacin ilimitada, sacrificndole la vida, la amistad, el
amor y todos los sentimientos individuales (Rojas, _Del rey abajo,
ninguno_; Lope, _Estrella de Sevilla_); si mora de muerte violenta el
amigo  el pariente, era un deber vengarse del matador y mantener sin
mancilla el lustre de cada apellido, lavando en la sangre del ofensor la
ms ligera mancha, y castigar con la muerte la infidelidad de la novia 
esposa,  la falta de una hermana. No se necesita que se consume el
adulterio para infamar al esposo, bastando que en el corazn de la mujer
aparezca el ms leve destello de amor ilcito (Caldern, _A secreto
agravio, secreta venganza_, y _El mdico de su honra_). Hasta la
inocente debe de ser sacrificada cuando los deseos impuros han puesto en
ella los ojos, y parece que se ha mancillado el honor de su marido
(Caldern, _El pintor de su deshonra_). Por otra parte, era
indispensable defender  una dama perseguida por su esposo, padre 
hermano, teniendo ella derecho  que la protegiese el primero que
encontraba y cuyo socorro peda, sin preguntarle su nombre ni levantar
su velo. Las leyes de la hospitalidad exigan que se amparase al husped
y se le libertase de todo riesgo, aunque fuera mortal enemigo. Adanse
adems los preceptos observados en cuanto  desafos, duelos, etc.

Como  la Edad Media haba sucedido rpida  insensiblemente la poca de
que tratamos, heredando muchas de sus ideas y costumbres, duraba en el
pueblo la aficin  las tradiciones romnticas y  la poesa
caballeresca. Los momentos ms solemnes y poticos de la antigua
historia nacional,  increible nmero de tradiciones  historias, vivan
en los romances, en la memoria y en los labios de todos; la corriente de
aquella lozana poesa herica corra tan perenne, que de ella han salido
en estos ltimos das algunos cantos, semejantes  su matriz por el
fondo y por la forma. Muchas narraciones, sacadas de las crnicas
nacionales,  transmitidas por la tradicin, se haban hecho vulgares,
ya bajo la forma de romances, ya bajo la de libros destinados al pueblo,
contndose entre las ltimas algunas extranjeras, divulgadas ya por toda
Espaa. De esta suerte se enriqueci la fantasa de los espaoles con
las imgenes que les suministraron dos grandes ciclos poticos, que
haban recorrido la Europa entera cristiana,  saber: el de la
Tabla-Redonda, del rey Artur, y el de Carlomagno y sus doce paladines,
como las de los hijos de Haimn, las de Tristn y Lanzarote, las de
Ogier de Dinamarca, Fierabrs, Merln, Iwain, etc., conocidas y
estimadas por todas las clases de la sociedad. Sin embargo, las novelas
fantsticas caballerescas que excitaron mayor interes, fueron las que
contaban las aventuras de un linaje de caballeros de la numerosa familia
de Amads. La ndole romntica de estas ficciones, las fabulosas
hazaas que narraban, satisfacan plenamente  la aficin  lo
maravilloso, que se haba despertado en toda la nacin,  consecuencia
de la guerra caballeresca contra los moros y del descubrimiento
portentoso del Nuevo Mundo. La riqueza y fecundidad de imaginacin, que
aun hoy admiramos en las mejores novelas de esta poca; el brillo
deslumbrador de sus palacios suntuosos, llenos de oro y piedras
preciosas; sus islas flotantes, sus caballos alados, sus anillos
mgicos, sus armas y castillos encantados, sus hadas, gigantes y enanos,
hubiesen arrastrado imaginaciones ms fras que las de los espaoles. La
exagerada propensin  lo maravilloso y sobrenatural, la falta de verdad
y de profundidad de los afectos, la confusin de la geografa y de la
historia, la difusin y palabrera de la exposicin, defectos comunes 
este linaje de composiciones, que excitaron la bilis de los hombres ms
instrudos, pasaban desapercibidas para la generalidad de los lectores,
que le dispensaron la ms favorable acogida hasta principios del siglo
XVII. Desde entonces, ya  causa de obras notables poticas, distintas
en todo de las anteriores; ya  consecuencia del estudio que se hizo de
los excelentes modelos italianos, que trataban de los mismos asuntos;
ya, en fin,  causa de las acerbas burlas de Cervantes, se abandon
casi por completo la lectura favorita de esos libros. Carece, no
obstante, de fundamento la opinin de los que creen que el _Don Quijote_
(obra que no se propuso atacar con la stira los libros de caballera,
sino slo sus defectos y los autores que ms incurrieron en ellos)
acabara por completo con los _Amadises_. Aunque ya desde esta poca slo
aparecieron de tarde en tarde obras de esta especie, se conservaron
muchas de las antiguas, como el _Amads de Gaula_, el _Palmern de
Inglaterra_, _El Caballero Febo_, _Olivante de Laura_, _Tirante el
blanco_, _Florisel de Nicea_, etc., ledos y apreciados por el pblico
hasta fines del siglo XVII. Muchos escritores de una poca posterior
hablan de ellas de tal manera, que suponen necesariamente lo familiares
que eran  los lectores; los dramticos ms importantes acudieron
tambin  estas fuentes[56], y en general debe atribuirse al libro de
_Amads_ indudable influjo en la aficin  lo fantstico y maravilloso,
que se observa en casi todos los poetas espaoles. Hasta Cervantes no
pudo escapar  l, puesto que en el _Persiles_ y en sus aventuras
extraas puede rivalizar con Lobeira.

Casi tan extendidas como los recuerdos de las tradiciones de la Edad
Media, estuvieron tambin ciertas reminiscencias de la mitologa y de la
poesa antigua. Si es verdad que en el reinado de los Reyes Catlicos se
amortigu algn tanto el celo, que hubo antes en cultivar los estudios
clsicos, pudiendo afirmarse que el de la lengua y de la literatura
griega sufri ms bien retraso que progreso, tambin lo es que
circulaban entre los eruditos traducciones de las obras poticas
clsicas ms notables, y que algunas eran excelentes (v. gr., la de la
_Odysea_, de Gonzalo Prez; la de la _Eneida_, de Gregorio Hernndez de
Velasco, y la de las _Metamorfosis de Ovidio_, de Felipe Mey), y que las
producciones de los grandes lricos espaoles del siglo XVI imitan ms 
menos  los antiguos modelos. Si por estas razones es preciso confesar
que la mitologa griega y romana, que, entre los espaoles, como entre
todos los pueblos romnticos, no se haba olvidado del todo, viva an
en la memoria de los habitantes de la Pennsula, tampoco podr negarse
que el espritu de nacionalidad era tan poderoso, que se haba asimilado
por completo sus imgenes  ideas. La antigedad revisti un colorido
romntico  los ojos de la nacin, sin esfuerzo alguno y como por s
misma, considerndose su historia como un espejo de la poca, como un
dominio vastsimo, al cual se podan trasladar todas las manifestaciones
de lo presente; sus mitos aparecieron como creaciones fantsticas de
ndole tan universal, que era dable convertirlas en medios alegricos
para la expresin de las ideas cristianas. A la civilizacin de nuestros
tiempos, tan propensa  aplicar sus reglas crticas y  desentenderse
enteramente de la fantasa en su peregrinacin por los ridos desiertos
de la ciencia filolgica, parecer extrao, sin duda, explicar por las
antiguas las modernas creencias, y la historia de los tiempos pasados
con arreglo  las ideas nacionales espaolas; pero el poco escrpulo que
se mostraba entonces en esta parte, sirve, al contrario, de slida
prueba para patentizarnos el vigor potico de aquel pueblo, tan
espontneo como verdadero, que no supo atormentar sus ideas y
sentimientos con ridas abstracciones. Un siglo, que, encerrado en s
mismo, vive sin elementos extraos vida tan robusta y vigorosa, y
encuentra en s tesoros bastantes para vestir lujosamente  los pasados,
y convertir formas ya muertas en otras vivas y reales, y todo esto
sencilla y espontneamente, sin prosica reflexin, es un siglo que
ofrece  la poesa el ms frtil y florido campo. Ya que hemos hablado
de las causas especiales, que contribuyeron ms eficazmente  dar vuelo
 la fantasa y al espritu de los espaoles, influyendo tambin de
cerca en su poesa, no debemos pasar por alto cuanto se refiere  sus
creencias religiosas.

A medida que se aumentaban los medios de que dispona el catolicismo
para exponer  la contemplacin externa el fondo de la religin
cristiana, y creca su poder  importancia, influa tambin ms
poderosamente en la imaginacin. Ya reproduciendo las Sagradas
Escrituras; ya exponiendo en las ceremonias del culto los smbolos del
dogma cristiano; ya ostentando pompa y solemne aparato en el servicio
divino; ya, en fin, en sus fiestas y suntuosas procesiones, excitaba
natural y vivamente  los habitantes de este pas meridional, 
inflamaba enrgicamente su fantasa. Y no se crea por esto que las
formas revestidas por el catolicismo perjudicaran en lo ms mnimo, como
acaso pudiera haber sucedido bajo el imperio de circunstancias diversas,
 la tendencia potica preparada de antemano en Espaa, y firme ya y
segura. La continua mezcla de lo divino y de lo terrestre, el influjo
inmediato y sensible de lo sagrado y su ntimo enlace con la vida
humana, representado en el culto, favorecieron  las artes que seguan
estrechamente  la religin. Habindose adelantado el clero  traer  la
tierra lo sobrenatural, no temieron los legos representar, empleando las
imgenes y las palabras y sin miedo  profanaciones vituperables, los
augustos misterios de la fe; vasto campo se abra por este camino al
arte y  la poesa espaola, que poda hollar confiada, al contrario de
lo que suceda en otras naciones, que slo podan recorrerlo con
timidez, no revistiendo el culto de formas extraas tan perceptibles. De
aqu la sorprendente libertad y atrevimiento caracterstico de la poesa
espaola en desenvolver los asuntos religiosos; de aqu la completa
fusin de lo divino y lo humano, de la religin natural y sobrenatural,
que le imprime tan original colorido; de aqu, por ltimo, su ndole
alegrica, simblica y mstica, y,  pesar de esto, tan clara y
comprensible.

Merced  los constantes esfuerzos de la Iglesia en dar forma corporal y
tangible  la totalidad del dogma catlico, siempre estuvieron presentes
en la memoria del pueblo sus ms insignificantes detalles. El crculo,
que abrazaba su ortodoxia, por grande que fuese el celo con que se
defenda, no se estrech nunca tanto que no dejase inmenso espacio  la
imaginacin y  las galas del ingenio. Extraordinaria fu la libertad,
el ardor y la seguridad de que hizo alarde la fantasa de los espaoles
de aquella poca en la expresin de las ideas  imgenes cristianas. La
vasta esfera de lo sobrenatural y misterioso en la religin nunca se
recorri como entonces, ni con aficin tan preponderante. Al mismo
tiempo que circulaban las sagradas historias del Antiguo y del Nuevo
Testamento, las antiguas leyendas cristianas, etc., de todos conocidas,
corran tambin nmero casi infinito de tradiciones espaolas y leyendas
milagrosas, que se aumentaban de da en da. Para recordar todas estas
creencias y conservarlas frescas en la memoria, sirvieron mucho las
fiestas anuales, comunes  todos los pueblos catlicos, y grandiosas por
s mismas, y otras varias peculiares de la liturgia espaola. En esta
categora debemos colocar las seales y manifestaciones divinas, los
milagros de la Encarnacin y Redencin, y los actos de santos y
mrtires, que se recordaban continuamente. La Iglesia espaola no omiti
medio alguno en el arreglo y pormenores de estas festividades para
ofrecer tan sagrados objetos  los sentidos, y con ese objeto emple 
un tiempo los encantos de la msica, de la pintura y de la poesa, artes
nobilsimas, y la pompa ms deslumbradora en el culto divino. La msica,
sobre todo, serva fielmente en el santuario, y contribua bajo
distintas formas  las solemnidades del culto. No nos toca tratar
extensamente de la antigua msica espaola,  pesar de yacer
desconocidas casi todas sus obras en los archivos de las catedrales;
pero atenindonos  la fama de muchos maestros, como Prez, Salinas,
Monteverde y Gmez, y al influjo que ejercieron en los dems pases de
Europa, y  juzgar por alguna que otra prueba de su talento musical, que
se oye de vez en cuando en nuestros das, debemos deducir que en los
siglos XVI y XVII hubo en Espaa una escuela de msica, que poda
rivalizar con las italianas por su fecundidad y excelencia. Casi no se
celebraba ninguna festividad religiosa de importancia sin solemnes
oraciones, misas, salmos y villancicos para hacer ms impresin. Las ms
famosas, y las que se prestaban con ms frecuencia  este linaje de
composiciones, eran la misa del Gallo, en la noche de Navidad; la Pasin
el Viernes Santo; el mircoles de Ceniza, en que se hacan las
lamentaciones; las Cuarenta horas, con la letana al Santsimo
Sacramento; la _Salve regina_; los salmos  la _Mater dolorosa_; la
Candelaria, con tres villancicos; las horas de la Pascua, y el da del
_Corpus_. Es difcil formarse una idea exacta de estas funciones, cuando
se verifican bajo las bvedas majestuosas de las catedrales espaolas.
Al mismo tiempo que la msica se consagraban tambin las artes del
diseo al servicio de la Iglesia, representando  los sentidos, por sus
diversos medios, las Sagradas Escrituras. No slo ostentaban
innumerables obras de escultura y de pintura las paredes, altares,
capillas y sacristas de los templos y monasterios, sino que hasta en
las calles y plazas pblicas se mantena viva la devocin de los
transeuntes, ofrecindoles por do quier imgenes de santos de gran
mrito artstico[57].

Ms fuerte y poderosa era la impresin, que hacan las numerosas
procesiones que se celebraban con frecuencia en ciertas fiestas
solemnes, llevando cuadros y estatuas adecuadas al objeto de la funcin,
que pasaban en andas  la vista del pueblo arrodillado. Precibase en el
ms alto grado el honor de esculpir  pintar alguna imagen para estas
procesiones, y con este motivo se celebraban justas solemnes entre los
artistas ms famosos del pas[58]. Ms adelante demostraremos
detenidamente el ntimo enlace de la poesa con la religin por medio
del drama religioso. Ahora basta  nuestro propsito recordar las
poesas lricas religiosas, tan innumerables y excelentes, que forman
uno de los ms bellos florones de la literatura espaola, y llevan
impreso el sello mstico de la poca en caracteres tan nobles como
puros[59]. Para sentir en toda su fuerza estos bellsimos cantos; para
apreciar la influencia que tuvieron en fortalecer el espritu religioso
de la nacin, es indispensable conocer su origen y objeto, hoy casi
olvidado. Casi todos ellos, por diversos que sean su espritu y
colorido, y desde los cantos religiosos ms sencillos hasta el pomposo
himno, nacieron en el seno de la religin y se destinaron  ella, ya
para ser cantados  recitados mientras se celebraba el culto divino, ya
para circular en forma de hojas volantes por el pueblo, sirviendo unos
y otros para conmemorar y ensalzar objetos religiosos. El clero no se
mostr indiferente  estos servicios, que hizo la poesa en favor de sus
intereses: alentla y recompensla por todos los medios para atraer 
los poetas  esta senda, y con ese propsito convoc en ciertas
ocasiones solemnes concursos poticos, ofreciendo premios  la mejor
composicin que celebrase el objeto de la fiesta. En los aos de 1595,
en la canonizacin de San Jacinto; en el de 1614, en la beatificacin de
Santa Teresa, y en 1622, en la canonizacin de San Isidro de Madrid[60],
hubo justas poticas de esta especie,  que concurrieron casi todos los
poetas ms afamados de Espaa.

La osada y fecunda fusin de lo sagrado y lo profano, peculiar al
catolicismo espaol, penetr tambin en las fiestas religiosas. Si no
excluan por completo las diversiones del siglo (pues se sola bailar
detrs de la procesin,  en las calles por donde pasaba,  ante las
imgenes de los santos), se consagraba irremisiblemente al placer la
noche de los das festivos. La de San Juan, sobre todo, haba en toda
Espaa estrepitosa algazara, encendindose hogueras y luminarias en
todas las alturas, segn una antigua costumbre; resonaban por todas
partes voces de jbilo, y en aldeas y ciudades hormigueaban alegres
grupos que se solazaban bailando, cantando y retozando,  discurriendo
callados y entregndose  la alegra y libertad universal de esta noche.
Fcil es de comprender que ofreca ocasin favorable  la existencia de
amorosas intrigas, divertidos pasatiempos y aventuras animadas. Lo mismo
suceda en otras fiestas, como en la de Santiago, Santa Ana, etc. Cuando
se leen las descripciones, que han hecho algunos viajeros, de la vida
que se llevaba en la Pennsula,  las que nos han transmitido los
novelistas y dramticos espaoles, se estiman en lo que valen los
sombros colores, con que se nos ha pintado con frecuencia el estado de
Espaa, como si fuera el de un pas grave y adusto. De esos documentos
autnticos se desprende, que, en vez de ser as, el pueblo espaol
pasaba una vida de las ms tranquilas y disfrutaba de todos los
placeres. Adems de los enlazados con las fiestas religiosas, haba
otros muchos en todo el ao. Las Carnestolendas, por ejemplo, traan
consigo general alegra y bromas numerosas. En los mercados y ferias,
que se celebraban en todas las poblaciones de alguna importancia, no
slo concurran en busca de diversiones compradores y vendedores, sino
curiosos innumerables, puesto que en ellas, como en las consagraciones
de las iglesias, en las bodas, etc., nunca faltaban entretenimientos y
fiestas de todo gnero. Bandas de gitanos, titiriteros, msicos y
cmicos recorran el pas, y eran generalmente bien recibidos por el
placer que proporcionaban. Cantares y danzas embellecan las reuniones,
y hasta los humildes menestrales, despus de concluir sus faenas
cuotidianas, dedicaban algunas horas al recreo.

Pocas naciones, dice un escritor francs (que, segn parece, visit la
Pennsula), tienen tanta aficin  la msica como la espaola. Pocos son
los que no saben tocar la vihuela y el arpa[61], instrumentos de que se
sirven para acompaar sus cantos amorosos; y tal es la causa de que los
jvenes, as en Madrid como en otras poblaciones, recorran de noche las
calles con guitarras y linternas.

No hay jornalero espaol que, al acabar su trabajo, no tome la guitarra
para solazarse en las calles y plazas tocando y cantando; se puede decir
en pocas palabras que los espaoles tienen aficin natural  la msica,
y que tal es el motivo de que les agraden tanto los espectculos, que
entre ellos consisten generalmente en iluminaciones y msica, toros y
comedias, intercalando en estas ltimas entremeses con cantos[62].

La aficin  la poesa se extendi mucho en este perodo por todas las
clases de la sociedad. La mana de componer versos se hizo epidmica:
prncipes y condes, guerreros y hombres de Estado, abogados y mdicos,
sacerdotes y frailes, se dedicaron  esta tarea, y hasta los jornaleros
y campesinos no se quedaron atrs. La facilidad que ofrece para la
versificacin la lengua espaola, no dej de contribuir tambin  ello,
emplendose  este efecto, no slo las antiguas combinaciones mtricas
nacionales, sino las ms artsticas de los italianos; romances,
redondillas, dcimas, glosas, sonetos, octavas y canciones se componan
por los motivos ms livianos: la poesa era la gala de la vida y el
intrprete de todos los placeres y penas. En el curso de nuestra
historia demostraremos con abundantes pruebas el inters universal que
excitaba la poesa. Ahora recordaremos tan slo las corporaciones
literarias y poticas, que se formaron en gran nmero en casi todas las
ciudades importantes. A imitacin de las academias italianas, que
llegaron  su apogeo en el siglo XVI[63], se fundaron otras en Espaa
casi en la misma poca. La ms antigua, de que tenemos noticia, se
organiz en la casa de Hernn Corts, y fu presidida por l[64]. Las
ms famosas de la poca, y las que ms nos interesan, son la _Academia
imitatoria_, que se fund en Madrid en 1586[65]; la _de los Nocturnos_,
que celebr sus sesiones en Valencia en 1591[66], y _La Academia
selvaje_, fundada en Madrid en 1612[67]. Las innumerables referencias
que se hacen  otras, prueban que estas corporaciones, de origen
extranjero, se extendieron por Espaa casi tanto como en su patria
primitiva[68]. De ordinario se ponan bajo la proteccin de los primeros
dignatarios del Estado; sus miembros eran famosos poetas y numerosos
aficionados  la poesa, grandes de primera clase y ciudadanos de
humilde cuna, siempre que tuviesen las cualidades necesarias. Las juntas
en que se dilucidaban diversas cuestiones literarias,  se lean obras
poticas,  se analizaban y criticaban, se celebraban de ordinario en la
casa del presidente, , por su orden, en las de los individuos ms
caracterizados.




CAPTULO III.

Actividad potica de esta poca.--El culteranismo.--Poesa lrica,
prosa novelesca, libros de caballera, poesa pica.--Originalidad
de las letras espaolas.--Los teatros espaol  ingls.


Si lo expuesto hasta aqu prueba el universal inters, que inspiraba la
poesa, el examen atento de la literatura espaola manifiesta  las
claras que el reinado de los tres Felipes, y los primeros aos del
monarca que les sucedi, forman la poca en que aparece ms fecunda la
actividad potica. Corresponden  ella, en efecto, el mayor nmero de
las infinitas composiciones citadas en el _Viaje al Parnaso_, en el
_Laurel de Apolo_, en los trabajos bibliogrficos de Don Nicols
Antonio, Ximeno, Rodrguez Baena, Latassa, etc. Aun descontando los
dramas, que omitimos adrede, es su nmero extraordinario; y no es slo
su nmero (que podra probar nicamente la aficin universal de la poca
 la poesa) lo que excita nuestra sorpresa, sino su valor y mrito.
Los galicistas del siglo XVIII, tan ignorantes como mezquinos, se
atrevieron solos  calificar en general la poesa espaola de este siglo
de que hablamos, de poesa de mal gusto, distinguiendo slo, en toda la
literatura del mismo, alguna que otra produccin rara y fenomenal, y no
de mucha importancia. La prosa y verso,  cuyo estilo se di el nombre
de _culto_, debe considerarse nicamente como un hecho aislado, que casi
desaparece cuando se recuerdan otras muchas composiciones del mayor
mrito. Lugar es ste oportuno de exponer en pocas lneas la relacin,
que hubo entre este estilo tan cacareado con la poesa espaola,
considerada en su conjunto, puesto que ms adelante trataremos
especialmente de la influencia que ejerci en el drama. Luis de Gngora
(nacido en Crdoba en 1561), de talento  ingenio sobresaliente, movido
por su afn de cobrar fama, y despus de haber intentado llamar en vano
la atencin escribiendo muchas producciones excelentes, concibi el
singular propsito de inventar una diccin potica mucho ms perfecta.
Construcciones latinas, nuevas voces, inversiones forzadas, y una manera
de escribir distinta enteramente de la ordinaria, y llena de anttesis y
de imgenes ampulosas, formaron los elementos esenciales del nuevo
estilo que deba realzar  la poesa espaola. Es indudable que
semejante absurdo merece una reprobacin unnime, aunque Gngora, 
pesar de sus extravos, fuese siempre un hombre ingenioso y un verdadero
poeta. Slo en el _Polifemo_ y en las _Soledades_ llev hasta la
exageracin su estilo pedantesco y afectado, ampuloso y lleno de
hojarasca, sometiendo por completo el fondo  la forma. En casi todas
sus poesas se encuentran excrecencias deplorables de mal gusto, al lado
de muchas bellezas de primer orden deslustradas por el estilo culto,
pero de tanto valor, que casi nos hacen olvidar sus defectos. Si las
obras de Gngora se hubiesen estudiado con juicio y previsin, en vez de
producir imitaciones descabelladas y copias absurdas y ridculas, podan
haber enriquecido  la literatura espaola con un copioso tesoro de
grficas locuciones, giros  imgenes. Desgraciadamente siguieron las
huellas del maestro poetas adocenados y pobres de imaginacin, que
exageraron hasta lo sumo sus locuras y caprichos, dando tortura  las
palabras y acumulando obscuras metforas y voces nuevas y disparatadas.
Disfrazaban su incapacidad con un turbin de palabras pomposas, y les
serva su estilo hiperblico y ampuloso para ocultar la pobreza de su
ingenio. Si Gngora afect siempre precisin; si casi todas sus
nebulosidades ms desacreditadas encierran por lo comn singular
profundidad, y cuando se examinan despacio nos sorprenden por su
agudeza, sus imitadores acumularon tan slo un caos de imgenes
heterogneas, vano oropel y necia confusin; y cuando se reconstruyen
rigorosamente sus frases, se averigua que el pensamiento es nulo por
completo. Los principales gongoristas  culteranos, como Francisco
Manuel de Melo, el conde de Villamediana y Flix de Arteaga, se
esforzaron sin descanso en introducir su estilo en todos los gneros
literarios, aunque pueda sostenerse que la esfera  que se extendi su
influjo duradero, fu en general muy limitada. Apenas apareci Gngora
con sus innovaciones, se declararon en contra los ms distinguidos
poetas espaoles, capitaneados por Lope de Vega. La lucha, como despus
veremos, se entabl tambin en la escena, y cuanto ms degeneraba el
culteranismo, tanto mejor triunfaban sus adversarios. El brillo
primitivo de aquel estilo y el genio verdadero de su inventor, pudieron
deslumbrar momentneamente al mayor nmero; pero la posteridad se
encarg bien pronto de desvanecer su aureola, y el gongorismo arrastr
desde entonces su trabajosa existencia entre sus partidarios, que se
elevaban recprocamente hasta las nubes como si fueran grandes poetas,
aunque por lo dems sin adquirir importancia ni lugar preferente en la
repblica de las letras. Prrafos aislados de ese estilo ampuloso 
hinchado se encuentran, sin duda, en otros escritores contaminados con
el ejemplo de Gngora; pero cierta ampulosidad en la frase, cierta
aficin al abuso de las imgenes y metforas, se notan desde poca muy
anterior en muchos escritores espaoles, como en los antiguos
cancioneros y en Juan de Mena, como se observa ms tarde en Herrera, y,
por ltimo, en Lope de Vega. Esta profusin no debe considerarse como un
fenmeno peculiar del siglo XVII, ni tampoco como un efecto del
gongorismo; y aunque jueguen papel no despreciable en las obras de este
ltimo, se distinguen, sin embargo, de los defectos que caracterizan al
estilo culto,  ms bien dicho, de los que constituyen su esencia, como
la rebuscada obscuridad y confusa construccin, el abuso de las
inversiones, burlndose deliberadamente de las reglas de la sintaxis, y
el neologismo y la fraseologa desordenada, cuyas palabras tienen
significacin distinta  opuesta  su uso ordinario. No por esto hemos
de rechazar el cargo de sutileza en el fondo y de hinchazn en la forma,
que se observa en muchos adversarios muy ilustrados de los gongoristas,
y alcanza  una parte importante de la literatura espaola. Pero se ha
insistido tambin en la particularidad de que los defectos criticados,
que en el espritu de los espaoles tienen ntimo enlace con el carcter
oriental, no aparecieron en el siglo XVII ms fuertes y exagerados que
en el precedente. Nosotros sostenemos tan slo, que, examinando en su
conjunto la literatura amena de este perodo, las faltas aisladas, que
la deslustran en parte, estn ms que compensadas por la verdadera
belleza que se hace notar entre ellas, y por la singular elegancia y
clsica correccin de lo restante. Una ligera indicacin de las
composiciones ms notables de los diversos gneros de poesa (no
sindonos lcito detenernos ms en esta parte) confirmar nuestros
asertos. Esta resea servir tambin para dar  conocer las distintas
direcciones, que tom la actividad potica de la poca, y para tocar 
la vez algunos puntos relacionados con el drama.

Encontramos en la lrica  Gngora, de quien tantas veces hemos hablado,
componiendo en su juventud obras maestras al estilo antiguo popular,
romances, letrillas y villancicos, y brillando siempre por sus eminentes
dotes poticas hasta en medio de sus extravos posteriores, cuando se
precipit sin freno ni mesura en el campo de sus innovaciones; 
Villegas, el prncipe de los erticos espaoles, inimitable en los
cantos anacrenticos, y tan distinguido por sus odas como por sus
idilios;  los dos Argensolas[69], celebrados por la claridad y
precisin clsica de su estilo, por su juicio exacto y por su carcter
varonil, justamente aplaudido en sus epstolas y stiras;  Rioja, sin
rival en la ternura de sus sentimientos cuando contempla  la
naturaleza, y por su intensidad y dulce fuego;  La Torre, alabado por
su brillante manera de exponer los asuntos y por la sonoridad y armona
de su cadencia;  Juan de la Cruz, Salas, Maln de Chaide, poetas de
uncin verdadera y profundo sentimiento religioso;  Alczar con sus
gracias singulares, que siempre divierten;  Aldana, Soto de Rojas,
Medrano, Arguijo, Figueroa, Argote de Molina, y otros innumerables, que
florecieron entonces y alcanzaron merecida fama entre el aluvin de
poetas notables que los rodeaban[70]. Si se echa una ojeada al conjunto
de producciones que estos vates escribieron,  nos sentimos arrebatados
por la sencillez y verdadera poesa de sus romances y cantos, imitando
el antiguo estilo nacional,  por la dulzura y rotundidad de su
lenguaje, que tom por modelo al italiano, pudiendo dudarse si hay otras
naciones que ofrezcan tantos y tan excelentes lricos. En la prosa amena
encontramos, primero la obra maestra de Cervantes, que no tiene igual en
ninguna otra literatura, y que por s sola vale tanto como una
biblioteca entera de novelas. Los libros de caballera, que encantaron
por tanto tiempo  los lectores espaoles, no dejan de ser muy
importantes[71]. Mucho ms influy en ellos la stira que se hace en
_Don Quijote_, que en las novelas pastoriles que imitaban  la _Diana_,
de Montemayor[72]. Los prosistas espaoles ms distinguidos se
consagraron  describir las costumbres y la sociedad de su poca, ya en
pequeas novelas, en las cuales descoll entre todos Cervantes,
imitndolo Montalvn, Mariano de Carvajal y Saavedra y otros, ya en las
famosas picarescas, por el estilo de _El lazarillo de Tormes_, que
traducido  imitado ha recorrido toda Europa. El _Guzmn de Alfarache_,
de Alemn; el _Gran tacao_, de Quevedo, y el _Marcos de Obregn_, de
Espinel, son las obras maestras de esta especie, llenas de un
conocimiento profundo del corazn humano, de gracia inagotable, de
animacin y de sal, que por sus descripciones exactas de la vida
ordinaria forman la ms decidida oposicin con el mundo ideal y
fantstico de las obras coetneas; pero no desnudas por esto de
invencin potica.

Forman la tercera serie de manifestaciones de la vida de la nacin las
pinturas burlescas y fantsticas, traducidas despus  casi todas las
lenguas de Europa,  las cuales titul _Sueos_ Quevedo, y  cuya
especie pertenece tambin _El diablo cojuelo_, de Guevara, de tanto
xito, y, por ltimo, la _Repblica literaria_, de Saavedra Fajardo,
obra ya ms culta y perfecta.--En la pica hallamos una serie de ensayos
que comprenden el perodo anterior, y dan testimonio de las tentativas
de los espaoles para poseer una poesa pica nacional[73]. La verdad
es, sin embargo, que ninguna de estas obras consigui plenamente su
objeto. Ya haba pasado para Espaa el tiempo, en que nacen las
verdaderas epopeyas nacionales, y tuvo que contentarse con los libros de
caballera, algo semejantes  la epopeya, y tambin obra suya. Todos los
esfuerzos, que despus se hicieron, para transformar en epopeya
artstica  la historia nacional, se estrellaron por completo en la
imposibilidad de la empresa, no obstante la actividad de muchos y
aventajados ingenios que consagraron  ella sus fuerzas. Casi
generalmente ahog la influencia predominante de la historia las chispas
picas, que lucieron ac y all. Tampoco presidi ms favorable estrella
 los poemas romnticos espaoles, por el estilo de los de Ariosto y
Boyardo, que retrataban la vida caballeresca con sus aventuras
imaginarias, , por lo menos, no puede compararse ninguno con sus
modelos italianos. Pero si partiendo de estas premisas es menester
colocar  la poesa pica espaola en el ms nfimo peldao de su
literatura, no es posible desconocer, sin embargo, que _La Araucana_, de
Ercilla; el _Bernardo_, de Balbuena; la _Anglica_ y la _Jerusaln_, de
Lope; _La invencin de la Cruz_, de Zrate, y otras muchas,  pesar de
sus defectos, abundan en bellezas poticas aisladas, y pueden ornar sin
rebozo cualquiera literatura. Tampoco debemos olvidar, ya que tratamos
de la pica, los poemas cmicos, que, como _La mosquea_, de
Villaviciosa; _La gatomaquia_, de Burguillos; _Las necedades de Roldn_,
de Quevedo, etc., ofrecen mucha gracia y elegancia, y rivalizan con lo
mejor de esta especie que han producido otras naciones.

En este perodo ejercieron escaso influjo en la espaola las literaturas
extraas. Slo con la italiana y la portuguesa tuvo algn contacto.
Esta, si se exceptan las obras de Camons, produjo poco original, y,
desde la anexin de Portugal  Espaa, rindi ms bien tributo  la de
su dominadora. Ms eficaz hubiera sido la influencia de la italiana,
merced  sus ricos tesoros, ya por el trato ntimo que haba entre ambos
pueblos un siglo haca (puesto que Npoles y Miln formaban parte de la
monarqua espaola), ya por el parentesco de sus idiomas, que
contribuy  que se conociesen en seguida en cualquiera de estos dos
pases las producciones ms notables que aparecan en uno de ellos.
Leyse, en efecto, en Espaa  Dante, Petrarca, Boccacio, Boyardo,
Ariosto, Tasso, Bandello, Anthio, Marino, etc., as en traducciones como
en el original, excitando la vena potica nacional, y enriquecindola
con nuevas imgenes. Pero la influencia directa de la poesa italiana en
la espaola, no se conoci en otra cosa que en la admisin de sus
combinaciones mtricas. Con pocas excepciones se mantuvo dominante el
estilo nacional, no obstante el uso que se hizo de dichas combinaciones
mtricas, y algunas que otras obras que se ajustan ms estrictamente 
los modelos italianos, son de tan escasa importancia, que pasan casi
desapercibidas comparndolas con las casi innumerables, cuya ndole y
condiciones llevan el sello nacional.

Los espaoles no tuvieron ocasin de conocer otras composiciones
literarias coetneas extranjeras ms que las ya citadas. El primer
obstculo, que salta  los ojos, es su ignorancia de los idiomas
extraos. El castellano, como el francs moderno, era la nica lengua
que serva entonces  los diferentes pueblos de casi toda Europa para
comunicarse entre s. En la buena sociedad de Viena, Pars y Londres,
se hablaba el espaol[74], y por este motivo los espaoles,  pesar de
su continuo trato con otras naciones, no sentan la necesidad de
estudiar otros idiomas que el suyo. Ya antes haban pasado los Pirineos
numerosas tradiciones y materiales poticos de la vecina Francia. El
arte potico provenzal haba infludo notablemente en el castellano por
mediacin del cataln. Sin embargo, desde fines del siglo XV se haba
roto este lazo, que una  las literaturas francesa y espaola, puesto
que el cataln, habiendo decado, y cultivado apenas literariamente como
dialecto provincial, no pudo ya servir, como antes, para este objeto.
Las aisladas alianzas entre las casas reales de Borbn y de Hapsburgo no
pudieron colmar ese abismo, que separ radicalmente  los dos pueblos,
ahondando an ms en lo sucesivo sus diferencias de carcter, y
aumentando su mutua antipata las guerras continuas que sostuvieron.
Como las provincias limtrofes de Bearne y del Languedoc se consideraban
como el asiento de las herejas de albigenses y hugonotes, y tuvieron
fama aviesa, no es extrao que cuanto proviniera de ellas se mirase con
malos ojos en la patria de la ortodoxia exclusiva. Esta malevolencia
creci despus, cuando subi al trono de los reyes cristiansimos el
hugonote Enrique IV, y cuando sus sucesores favorecieron  los
protestantes en Alemania y los Pases Bajos[75]. As se explica que los
espaoles del siglo XVII,  hasta la cada de la dinasta austriaca,
ignorasen del todo la poesa que floreci en los reinados de Luis XIII y
XIV, y que, al contrario, tomase tanto de la espaola la literatura
francesa[76].

Todas estas causas contribuyeron an ms poderosamente  cerrar la
entrada en Espaa  las obras inglesas. En cada lnea que vena del
odiado pas, en que haba cado el catolicismo, se tema encontrar el
contagio pestfero de la hereja[77]. Si damos fe al testimonio de
Velzquez, en el ao de 1754 no exista an en espaol libro alguno
ingls, y, por consiguiente, era mucho ms difcil que su literatura
tuviese en la de Espaa influencia alguna. Al revs suceda en
Inglaterra, en donde (para tratar de un punto incidental interesante),
ya en el siglo de Isabel circulaban muchas producciones poticas
espaolas, especialmente romances y novelas, utilizndolas con tanto
afn los poetas dramticos como las narraciones italianas[78]. Aunque se
niegue generalmente que los dramticos ingleses de la poca ms antigua
 importante hayan conocido las comedias espaolas, puede sostenerse lo
contrario con ciertos visos de verosimilitud, y apoyndose en diversas
razones que lo comprueban. No aludimos ahora  la traduccin,  ms bien
al arreglo y extracto de _La Celestina_ de 1530, que en 1580 fu
representada en Londres[79], sino  un pasaje de la obra de Esteban
Gosson, impresa en 1581, en que se habla de las comedias espaolas que
se representaron en los teatros de Londres[80]. Verdad es que esto
sucedi en una poca, en que ninguno de los teatros de ambos pases
haba llegado  su apogeo[81]. Entre los dramas existentes 
descubiertos hasta ahora de los contemporneos  inmediatos sucesores
de Shakespeare, no hay ninguno que autorice  sostener que sea imitacin
de los espaoles (aunque haya ciertas coincidencias entre ellos[82], que
se explican por fundarse en la misma tradicin  novela); plagios
indudables de esta especie aparecen primero en el reinado de Carlos
II[83], y en el ao de 1635[84] la ms antigua noticia de las
representaciones hechas en Londres por una compaa espaola. Esto no se
opone  la opinin de los que creen, que los poetas del tiempo de Isabel
conocan ya las obras de los dramticos espaoles coetneos, puesto que
lo contrario se hace ms verosmil, dando motivo para pensar, que, si
las composiciones ms imperfectas de los antiguos poetas castellanos se
haban abierto camino hasta Inglaterra, con ms razn debieron llegar
hasta ella las ms acabadas de Lope de Vega. Es de presumir, que un
examen atento de la antigua literatura espaola, confirmar acaso ms
tarde esta sospecha.

Por lo dems, la cuestin, de que tratamos, no es de gran importancia,
pues si las comedias de Lope eran conocidas en Inglaterra en tiempo de
Shakespeare, no por eso se debe atribuir al teatro espaol influencia
alguna esencial en el ingls. Este se hubiera desarrollado del mismo
modo, segn todas las probabilidades, tal como hoy es, aunque el otro
nunca hubiese existido. Ambos, en igual poca, brotaron del germen ms
ntimo de la vida nacional, y alcanzaron desusada altura (lo cual no
deja de ser sorprendente) casi en los mismos aos.  fines del siglo XVI
y principios del XVII terminaba en las dos naciones una obra, comenzada
mucho tiempo haca, y casi cien aos antes haba tomado ya una forma y
un carcter determinado en ambos pases el drama nacional. Nacidos ambos
de la misma raz, de los juegos escnicos sagrados y profanos de la Edad
Media, aparecen en Inglaterra, en el primer cuarto del siglo XVI en las
obras de John Heywood[85], y en Espaa en las de Naharro y Gil Vicente,
los albores de una comedia propia y popular. Tanto el drama espaol como
el ingls ofrecen, en una serie de aos, fases diversas y anlogas entre
s, que presentan singular semejanza, diferencindose nicamente en el
distinto sello, que les imprime el carcter nacional de cada pas. Ni en
uno ni en otro faltan imitaciones y ensayos clsicos para trasladar  la
escena formas dramticas ya muertas, como lo prueban, respecto de
Inglaterra, las desdichadas piezas tituladas _Ferrex y Porrex_, _Ralph
Royster Doyster_, _Damon y Pythias_, y en Espaa los _Ensayos_ de Malara
y de Prez de Oliva; pero el gusto nacional rechaza esas reglas
estrechas pedantescas, y se declara decidamente en favor del drama
popular, nacido en su suelo, que al fin predomina sin estorbo. Como todo
ha de salir de sus propias fuentes, sin la concurrencia de fuerzas
extraas, no ofrecindose  la vista un tipo regular  que atenerse,
tanto por lo que hace al fondo como  la forma, al argumento como  su
exposicin dramtica, crecen y se multiplican los obstculos ms
diversos, y es indispensable probar una y otra vez, para encontrar lo
que ms se ajusta  tal propsito. As se explica que el drama de ambas
naciones tome por largo tiempo ya sta, ya la otra direccin, que se
pierda y extrave con frecuencia, y que ande y desande su camino al
conocer sus yerros, antes que alcance el fin  que aspira. _Gammer
Gurton's Needle_ y otras comedias inglesas, por sus imitaciones de la
vida ordinaria y por sus bajas y groseras bufonadas, convienen con las
farsas espaolas de la mitad del siglo XVI. Vencida esta dificultad y
cuando se comienza  vislumbrar un drama artstico y de ms valor
potico, cuesta trabajo redondear armnicamente la materia y la forma.
Hay que dominar los elementos informes del argumento, que en la
exposicin del drama romntico se muestran comprimidos, despus que
infunden en las facultades del poeta nuevo vigor para esta lucha
gigantesca. En las piezas de Green y en las de La Cueva aparecen los
giros inmotivados, que toma  cada instante la accin, y su falta de
enlace estrecho y de composicin verdadera, pues los autores no posean
el arte de dominar por completo sus planes. Marlow y Virus se asemejan
por su predileccin  lo horrible y espantoso, por sus escenas
monstruosas y violentas, y por su amor  la hinchazn y  la hojarasca.
Cuando se comparan entre s  los dems coetneos, como  George Peele,
John Lily y Thoms Kid por una parte, y  Argensola, Artieda y Cervantes
por otra, no es dado descubrir unidad alguna en sus esfuerzos, ni un
sistema propio dramtico, de acuerdo en su fondo y en su forma, con las
exigencias del arte. Entonces, y en los mismos aos, empieza en
Inglaterra y Espaa la poca notable en que el drama, que se arrastraba
lenta y trabajosamente, hace de repente adelantos gigantescos[86].
Mustranse en el palenque Lope y Shakespeare, no como fundadores del
teatro, segn se dice por lo comn, sino como los que perfeccionan el
trabajo de sus predecesores, como los que principian una nueva era, que
forma la edad de oro del arte dramtico, rodeados de coetneos de
importancia potica, que se dirigen todos al mismo fin, y llamados por
su talento  ponerse  su frente, dominan en la escena popular por sus
facultades prodigiosas, y la reforman y perfeccionan llevndola 
extraordinaria altura. Atrayendo  un centro comn las diversas y
opuestas tendencias de sus predecesores; prefiriendo  todos los
elementos dramticos los populares, pero realzndolos  la par con su
ingenio y elegancia, trazan al drama inslito rumbo, que aventaja
inmensamente al que le antecedi. Sus obras, as en su espritu como en
su forma, llegan  ser germen y tipo de otras innumerables, y por ambas
partes constituyen dos literaturas dramticas originales, fecundas y
perfectas en todas sus partes. La chocante identidad de ambas en lo ms
substancial, en lo que caracteriza la ndole y forma del teatro; la
manera de comprender el arte dramtico, comn  ambos; su desarrollo
anlogo, que no se explica hacindolo depender de extraas influencias,
y sus resultados semejantes, nos ofrecen clara prueba de que nada de
esto depende de la casualidad y del capricho, sino de una ley natural y
progresiva, cuyo efecto es el desenvolvimiento paralelo de dos grmenes
idnticos. Cul ser este germen, cuyo desarrollo sereno y fructuoso se
nos muestra tan lozano y lleno de vigor, as en un pueblo del Norte como
del Medioda? Guardmonos bien de buscarlo en el principio de _la poesa
romntica_, puesto que estas palabras, segn parece, obscuras y
ocasionadas al abuso, tienden  poner en oposicin el arte moderno y
antiguo, lo cual no es cierto, puesto que del examen atento de las
propiedades esenciales de ambos, slo se desprende que forman un todo
orgnico y homogneo,  lo menos en lo ms substancial. El principio
vital, as del arte antiguo como del moderno; el principio que engendr
en su fondo y en su forma, primero al drama griego, y despus al ingls
y al espaol, yace en la tradicin potica y popular y en su progreso
incontrastable, en los elementos poticos tradicionales  histricos, en
el espritu y en la vida de las diversas naciones, y en su conformacin
y perfeccionamiento con arreglo  las leyes naturales. Por qu motivo
el drama de ambos pueblos, nicos, que, entre los modernos, poseen un
teatro original, descansa en tales bases? Cunta sea la excelencia y
valor intrnseco de su forma peculiar, y cmo esta forma constituya una
sola substancia con su esencia, un solo organismo, como en el griego, se
demostrar despus cumplida y repetidamente en lo restante de esta obra.
Para continuar aqu el paralelo entre los teatros ingls y espaol,
diremos que aqul slo conserva su pureza poco tiempo, apenas un cuarto
de siglo, solamente en las composiciones de Shakespeare, y algunos de
sus coetneos, como Ford, Webster, Deckar, Middleton, Bowley y Thomas
Heywood. Ya en vida de aquel poeta eminente, germina la divisin en el
seno del teatro. Una escuela, que aspira  ser an ms elevada, se opone
 los esfuerzos de los dramticos populares, extrava al pblico con su
crtica anti-potica y con su absurda imitacin de los clsicos, y
embota el sentimiento de la verdadera belleza con sus exageraciones y su
aficin  hacer efecto. As se explica, cuando estudiamos la historia
del teatro ingls despus de Shakespeare, que el arte dramtico va
decayendo por grados, hasta que fenece por completo en las guerras
civiles del reinado de Carlos I y en la revolucin puritana. El teatro
espaol, al contrario, florece ms de un siglo, brillando pursima la
poesa popular; se reviste de las formas ms caprichosas y variadas, y
corre mansa y suavemente, impulsado por la fuerza, que da vida  las
naciones modernas en lo ms ntimo de su ser, hasta la poca, en que
apenas existe la poesa en las literaturas de los dems pueblos
europeos. El empeo de seguir  ciegas modelos desacreditados y mal
entendidos, y de destruir la armona reinante entre el pueblo y los
poetas, fracas aqu en sus albores. Todos los dramticos, que la
respetaron hasta su decadencia  principios del siglo XVIII, slo fueron
grandes  influyentes porque, al componer sus obras, no se separaron un
pice del espritu nacional.

Ser instructivo detenernos todava algn tanto en la comparacin de los
dos teatros, los nicos originales y populares de la moderna Europa. El
estrecho parentesco que los une, mientras permanecen fieles  su
principio fundamental, aparece con rasgos clarsimos  ilustra
sobremanera nuestro entendimiento. De esperar es, sin embargo, que,
conforme  la naturaleza de las cosas, y no obstante sus concordancias,
haya entre ellos la diferencia, que se observa entre los pueblos del
Septentrin y del Medioda, sus opuestas instituciones polticas y
religiosas, y en algunos otros puntos aislados. Ms adelante trataremos
de cada uno de stos, ya que semejante paralelo promete ser importante
y provechoso  nuestro objeto. Considerados en general, nos limitaremos
ahora  hacer las indicaciones siguientes: Si el drama ingls se ha
elevado, por obra de su nico y divino maestro,  tal altura, que forma
la cspide de toda poesa, y  la cual ningn otro llega, no puede
decirse que, bajo este especial aspecto, el espaol no rivaliza con l.
Pero Shakespeare es el nico y principalsimo centro de los poetas
dramticos de su patria; los dems, no obstante sus bellezas, estn 
inmensa distancia de este gigante, y son cuerpos de segunda y tercera
magnitud, que reflejan ms  menos el resplandor que despide. En la
literatura dramtica espaola, al contrario, es muy diversa esta
proporcin: su fama y su importancia no estriba en lo substancial, en un
solo nombre celebrrimo; un solo poeta no es el foco, que ilumina  los
dems con sus rayos, sino que, al contrario, se reparte su luz ms
regularmente entre diversos poetas y grupos de renombrados dramticos.
Si no ofrece un ingenio, que la crtica coloque en aquel altsimo
peldao, igual al gran hijo de Inglaterra, posea en cambio muchos y
varios excelentes, dotados de las cualidades poticas ms brillantes,
inferiores slo  aqul, pero dignos de ocupar el puesto inmediato en la
cspide del arte de la poesa. Verdad es que los historiadores de la
literatura han introducido la costumbre de mirar  Caldern y  Lope
como  los principales representantes del drama espaol, y como si su
importancia fuese tan grande en el teatro de su pas como la de
Shakespeare en el ingls; pero cuando se estudian  fondo, se conoce que
no son superiores  los dems en la desproporcin inmensa que el poeta
ingls, y que  su lado, y no en lugar inferior, puede colocarse un
nmero considerable de poetas, tan dignos, tan fecundos y excelentes.




CAPTULO IV.

Florecimiento del teatro espaol, y perodos en que puede
dividirse.--Desenvolvimiento del drama por s,  pesar de la
indiferencia de los reyes.--Causas determinantes del desarrollo del
drama.--Triunfo de los elementos dramticos nacionales.--Formas
dramticas; comedias; sus caracteres en Espaa.


Las reflexiones anteriores, que sirven de introduccin, nos han trado
como por la mano  tratar de la historia especial del drama espaol en
este perodo,  cuyo objeto consagramos parte de esta obra. Esta es
tambin la ms importante de nuestro vastsimo propsito, la edad de
oro, la poca ms floreciente del teatro espaol. Con razn puede
calificarse as aquel perodo, en que todos los esfuerzos de la poesa
dramtica, aislados hasta entonces, y siguiendo distintas direcciones,
se unen para formar un sistema compacto y perfecto en pro del arte; en
que se consagran  l, por un concurso feliz de circunstancias, y
desplegando actividad sin ejemplo, muchos talentos de primer orden; en
que aparece una multitud de producciones, diversas entre s y
originales, y llevando todas un sello comn  iguales en excelencia; en
que se despierta la rivalidad y la emulacin, y hasta las obras de los
poetas menos inspirados, se distinguen por su importancia potica y por
su conocimiento de la escena, superando en valor  cuantas se
escribieron antes y despus.

Este perodo, el ms brillante del drama espaol, comprende desde la
conclusin del siglo XVI hasta fines del XVII. No es fcil fijar con
exactitud el ao en que comienza y acaba. Quin podr indicar el
momento, en que las fuerzas del hombre alcanzan su perfecta madurez y
deja de ser adolescente,  aquel otro, en que, dbil, llega  la vejez?
El sealamiento de tales divisiones y perodos, no tanto obra de la
naturaleza, cuanto efecto de nuestra inteligencia, til para orientarnos
y entender aqulla, est sujeto  dudas y discusiones de tal especie,
que cuesta no poco trabajo trazar una lnea perfecta divisoria, y aun en
el caso de que se logre, ocurre de ordinario una nueva dificultad, no
sabiendo nosotros si ha de calcularse desde su origen  desde su
terminacin. Cabe, sin embargo, en lo posible, y no perdiendo de vista
la base movediza de estos lmites y transiciones, ya indicadas, fijar
el principio casi seguro de este perodo, desde 1588 al 1590. Despus
demostraremos con ms extensin y solidez, que entonces comenz Lope de
Vega  ejercer en el teatro influencia exclusiva, y la revolucin que
produjo en la literatura dramtica, puesto que los mismos contemporneos
de Lope confiesan, que, en virtud de dichas causas, empez una nueva
poca del teatro espaol, llamada por ellos su edad de oro[87]. Ms
difcil parece determinar el ao en que acaba este brillante perodo.
No se puede dudar que continu mientras vivieron Lope y Caldern, y
hasta la muerte del ltimo, ocurrida en 1681, puesto que en cada uno de
estos aos aparecieron obras que disipan cualquiera duda. Pero, aun
despus de la fecha indicada, florecieron muchos coetneos de Caldern,
ms jvenes que l, que en nada disminuyeron la importancia del teatro
nacional espaol, y hasta otros poetas de la nueva generacin que le
sigui, alcanzaron al siglo XVII. Hay razones, por tanto, para prolongar
este perodo, de que tratamos, hasta dicho siglo, y fijar el principio
del nuevo, en la poca en que aparecieron las doctrinas literarias
francesas. Bances Candamo, Zamora, Caizares y otros poetas de los
ltimos aos del reinado de Carlos II y de su sucesor, escriban,  la
verdad, con habilidad  ingenio, siguiendo la senda trazada por los
anteriores maestros; pero slo se repiten las formas ya conocidas, no
otras nuevas y ms perfectas, y lo que no lleva aquel carcter, slo
debe calificarse de extravo y retroceso. La vista ejercitada, al
comparar este perodo con el precedente, lo considerar de decadencia y
degeneracin, y el historiador, para ser fiel  su propsito, debe
tambin separarlos. A falta, pues, de lnea divisoria exacta y precisa,
y fundada en un hecho externo, parece lo ms prudente colocarla en
general en la segunda mitad del reinado de Carlos II,  en el ltimo
decenio del siglo XVII, y que, para clasificar los poetas, que se
agrupan alrededor de aquel punto cronolgico, atender principalmente 
sus cualidades especiales.

No conviene, sin duda, subdividir dicho perodo, que, en nuestro
concepto, comprende desde 1588 hasta la conclusin del siglo XVII, en
otros diversos. Para esto sera necesario que el drama se hubiese
alterado en ellos esencialmente, y que las obras dramticas que
aparecieron,  pesar de sus diferencias externas  internas, no tuviesen
un lazo comn y estrecho que no puede romperse sin daar  la claridad.
Cierto es que en l observamos tambin fases diversas del arte y de la
literatura dramtica, no obstante sus caracteres comunes, que trataremos
de indicar, para que se conozcan  fondo las diversas partes de este
soberbio edificio. Los aos comprendidos desde 1588  1590 marcan el
primer estadio del progreso, que realiza la comedia nacional espaola,
revistindose con aplauso universal de nuevas formas, aunque, merced 
varios obstculos externos, no le sea dado todava concentrar
completamente sus fuerzas y elevarse  las alturas en alas de un
poderoso genio. Con el siglo comienza tambin una poca, en que el drama
despliega todo su vigor ingnito; en que, favorecido por el espritu
potico de toda Espaa y por la emulacin de eminentes poetas, emprende
raudo y glorioso vuelo, y sube hasta tal punto, que ya no se concibe
ningn otro ms elevado. Pero en el ao de 1621, cuando ocup el trono
Felipe IV, prncipe ilustrado que amaba con pasin todo linaje de
poesa, y especialmente la dramtica, recibi sta mayor impulso, as
interno como externo, concurriendo tambin  este fin una segunda
plyada de poetas de primer orden, que imprimieron en el teatro nuevo y
desusado brillo. Las dos fases de la poesa y arte dramtico, que
corresponden  los reinados de Felipe III y IV, abrazan en rigor su edad
de oro. Paralelos  ellas, pero en su centro, y, como es de presumir, no
siempre completamente aislados uno de otro, se distribuyen los poetas
dramticos en dos grandes grupos,  cuya cabeza van Lope de Vega y
Caldern. La muerte de Felipe IV,  el principio del reinado de su
dbil sucesor (1665), forma un parntesis en la historia del teatro de
todo este perodo,  cuya terminacin no sucede, en verdad, un nuevo
progreso, ni se escribe nada que iguale en vigor y arte  lo compuesto
antes, pero que comprende una poca de unos veinticinco aos, en que se
refleja la vida dramtica anterior y demasiado semejante  ella para
separarla sin violencia.

Ya antes de ahora indicamos algunas de las causas, que contribuyeron al
desarrollo de la poesa en este perodo brillante, el principal, 
nuestro juicio, y el ms notable en todos conceptos. No ser ocioso, sin
embargo, insistir de nuevo en este punto.

El favor que dispens la corte al teatro espaol, es slo una causa
subalterna,  la cual no debe darse importancia. Comenz primero en el
reinado de Felipe IV. Verdad es que este monarca ilustrado, no slo
realz sobremanera el aparato escnico en su palacio de _El Buen
Retiro_, introduciendo lujo y magnificencia nunca vistos, sino que
estimul y protegi el arte en general, concediendo  los poetas ms
eminentes medios de vivir con descanso entregados  sus tareas, ganando
no poca gloria por los bienes que dispens  la literatura dramtica, y
por fomentar sus patriticos intereses. Pero ya antes de esta poca, sin
estmulo alguno del soberano, hasta ponindose  veces en oposicin con
el gobierno, haba alcanzado tal altura, que apenas pudo sobrepujarla, 
pesar de la ayuda que encontr en hombres eminentes que haba encadenado
en su corte. Felipe II manifest fro desdn  todas las artes que
embellecen y alegran la vida; su sucesor, poco dado  estos placeres de
la imaginacin, mostr tan poco afecto y tan escaso gusto  estos
entretenimientos del espritu, que slo se acord del teatro para
suscitarle obstculos  imponerle restricciones, y, sin embargo,
cabalmente cae en los reinados de Felipe II y III la poca en que
alcanz el teatro mayor perfeccin y explay sus inagotables riquezas.
Las causas de este fenmeno, en lo esencial  lo menos, son
independientes del favor  disfavor de los monarcas.

Al finalizar el siglo XVI haban ya cesado los sacudimientos bruscos de
aquel genio aventurero, que tan largo tiempo y con tan desusada
violencia haba conmovido  los espaoles; pero no por eso se abandon
la nacin al ocio inactivo, sino que concentr en s misma la energa,
que antes desplegara hacia fuera; quiso tambin hacer alarde de su
fuerza creadora en los dominios de la vida de la inteligencia y del
corazn, y expresar las grandiosas ideas de su pasado y de su presente
en la digna esfera del arte. As sucedi al siglo de su mayor poder
poltico el del desarrollo importante del espritu, que disput al
primero su supremaca. Con tales cimientos lleg  alcanzar la
literatura potica, la frondosa y exuberante lozana, que admiramos en
su edad de oro. Concurrieron ciertas causas especiales para convertir al
drama en el alma, que daba vida  este conjunto. Comenzaron los
espaoles  disfrutar de bienestar y de placeres, y  saborear los
frutos de sus prolongados esfuerzos. Las riquezas, que haban acudido 
su seno de todas partes, infundieron naturalmente el deseo de gozarlas
de mil maneras, y el teatro, que satisfaca ms que otro medio alguno,
tratndose de un pueblo ingenioso y lleno de grandiosos recuerdos 
imgenes, ese anhelo del alma, ocurri plenamente  esa necesidad
imperiosa, y con tanto mayor motivo, cuanto que, contando ya con una
larga preparacin, poda sin trabajo constituir el foco de la vida moral
de la nacin entera. En el gnero potico, cuya forma verdadera
entraaba la mayor popularidad con la mayor perfeccin artstica, se
encontraban recursos bastantes para contentar  cuantos se sentan
capaces de apurar estos goces elevados, desde que los poetas
comprendieron perfectamente el espritu nacional, y lo espusieron  la
contemplacin de aqullos, que deseaban y tenan derecho  pedirlo.
Cuando se ofrecan al espaol, en animado cuadro, las hazaas de sus
antepasados, y las pocas ms brillantes de su grandiosa historia;
cuando se renda homenaje en su presencia  la gloria perenne de su
nacin, y esto exornado con el ms bello colorido; cuando las imgenes
ms maravillosas y ms conocidas de un mundo de tradiciones romnticas
se mostraban  sus ojos como si realmente existieran, y vea reflejarse
en el espejo mgico de la poesa las variadas manifestaciones
exteriores, que lo cercaban por do quier, era posible que no lo
prefiriese  todos los dems placeres? Justamente floreca entonces
Madrid, corte de sus soberanos y capital del reino, por su ilustracin y
por sus riquezas. Esta ciudad, foco en donde convergan todos los radios
de la vida nacional, era tambin cabeza de todas las provincias
espaolas. Aqu, en el corazn de tan poderosa monarqua, trasunto
reducido de la existencia entera del pueblo, hubo de radicar tambin la
escena destinada  representar en animado cuadro esta misma existencia,
y en este asiento del lujo y de la civilizacin se hizo sentir ms viva
la necesidad de los espectculos dramticos. Siempre habr estrecho
enlace entre las necesidades y los deseos ms imperiosos de una poca,
y las producciones que pueden llenarlos. Este afortunado concurso de
causas despert en el momento oportuno, y con ayuda de otras
circunstancias favorables,  los ingenios, que podan dar al anhelo de
los espaoles ms cumplida satisfaccin,  los poetas, que, saliendo de
lo ms ntimo de la existencia del pueblo, y concentrando en s toda la
cultura de su tiempo, reunieron en un solo hogar todos los rayos de la
poesa, que yacan diseminados en la historia, en la tradicin, en las
creencias religiosas y en la vida entera de la nacin, y los ofrecieron
despus en el teatro. Las pocas ms notables se distinguen por un
fenmeno sorprendente y maravilloso: parece que una fuerza misteriosa
arrastra  toda una generacin, y se convierten en bienes comunes, no
slo los medios externos, de que dispone el arte, sino sus bellezas ms
recnditas y preciadas, y que el genio de la poesa, aunque se ostente
con predileccin en las obras de sus favoritos, no excluye tampoco  los
dems, y hasta lleva  los menos inspirados  tal altura, que nunca
puede alcanzar el tiempo menos afortunado. Llegamos ya  un punto, en
que es necesario confesar que todas las causas primeras,  que se
atribuye la existencia de la edad de oro del teatro espaol, slo sirven
para corroborar con ms fuerza esta proposicin,  saber: que en el por
qu de todos los fenmenos queda siempre mucho oculto y misterioso.
Quin podr descubrir el ltimo y esencial fundamento, que contribuye 
la distribucin de ciertas dotes entre individuos, siglos y naciones,
cuando las de unos son en nmero desproporcionado, y otras veces, cuando
las circunstancias parecen iguales, carecen hasta de las necesarias?

Para formar idea exacta de la revolucin, que sufri el drama espaol en
este perodo, es necesario reanudar los hilos de nuestra historia.

En la confusin de elementos heterogneos, que yacen desordenados en la
poesa dramtica anterior, no se vislumbraba estilo ni carcter
fuertemente determinado; y cuanto se haba hecho hasta entonces, ms se
asemejaba  plan y esqueleto, que  obra perfecta y acabada. Sin
embargo, el fin  que se encaminaban esas tentativas aisladas, y en que
fenecan todas ellas, era claro y patente. Los ensayos desdichados, que
se hicieron para introducir en el teatro imitaciones superficiales del
antiguo clsico, no haban logrado extraviar el buen sentido de la
nacin, que prefera lo espaol  todo lo extranjero. La cuestin
suscitada en las diversas literaturas europeas, que dur tan largo
tiempo, ocultndoles su ms bello florn; la lucha entre lo antiguo,
extranjero y no existente, por un lado, y lo nuevo, propio y vivo, por
otro, se decidi en Espaa, desde un principio, por el ltimo. La
imitacin de la realidad ordinaria no haba llamado la atencin en el
teatro, y, por este motivo, ocup en l un lugar secundario. Los poetas
ms eminentes haban concentrado sus fuerzas en lograr la perfeccin de
un drama nacional elevado, empendose por distintos rumbos en esta
empresa meritoria, aunque sin conseguir enteramente su objeto. El drama,
 que nos referimos, y sin prescindir de su dignidad potica, debe
descansar en las simpatas y el inters del pueblo; buscar sus mviles
en la nacin  que se dirige; explicarlos y depurarlos, y fundir en un
solo conjunto la poesa popular y la forma artstica ms selecta, dar
vestidura corporal, bella y potica  los recuerdos de lo pasado y  las
aspiraciones de lo presente, que ms conmueven  los hombres de su
tiempo, y ante todo ajustarse  las creencias religiosas de los mismos.
La multitud de fenmenos, hechos y accidentes, que figure, han de
adoptar una forma libre y artstica, independiente de las reglas de
Aristteles; una forma, que deje al genio el mayor espacio posible, y,
libertndolo de trabas convencionales, slo obedezca  leyes
inmutables, conformes con la naturaleza de las cosas, y con la idea
fundamental del arte dramtico.  la vivacidad externa de la accin han
de acomodarse, por ltimo, la diversidad de combinaciones mtricas,
observando ciertos principios, y expresando los distintos movimientos de
ella.

Con la solucin de estos problemas, en los cuales, sabindolo 
ignorndolo, haban trabajado los poetas dramticos ms eminentes, que
precedieron  este perodo; con la determinacin de la forma del drama,
ms adecuada al espritu de los espaoles, comienza la nueva poca de la
historia del teatro. Desprndese ya, de cuanto llevamos dicho, cules
sern sus caracteres esenciales; pero es necesario desenvolver algo ms
este punto, y lo conseguiremos reseando las diversas clases de piezas
dramticas espaolas. Se comprende, desde luego, que slo indicaremos
sus rasgos ms generales, externos y ordinarios, puesto que, en sus
accidentes, ha sufrido el drama nacional distintas modificaciones,
debidas  diversos poetas, y tomado vario aspecto, que ser conocido ms
tarde, cuando tratemos de cada uno de ellos.

I. _La comedia_ constituye el elemento ms importante, el centro
verdadero del teatro espaol. Denominbase as, desde Lope de Vega,
toda pieza dramtica en verso, y dividida en tres actos  jornadas.
Ambos requisitos eran esenciales  la comedia, y en este perodo no se
encuentra ninguna en ms  menos actos,  escrita en prosa, que lleve el
nombre de comedia[88]. Tengamos en cuenta que esta palabra nada tiene
que ver con la usada por los antiguos, contraponindola  la tragedia.
La espaola es una composicin que prescinde de aquella diferencia, y no
se cuida de ella. Verifcase esto de suerte, que ambos elementos se
mezclan recprocamente, formando un todo orgnico, esto es, el drama
romntico, que, sin ser tragedia ni comedia, absorbe y representa  una
y otra,  que, aun en el caso de que predomine ms  menos lo trgico 
lo cmico, y engendre producciones, que, con arreglo  aquellas ideas,
deban denominarse tragedias  comedias, nunca dejan de ser y llamarse en
espaol con el nombre de _comedia_[89]. En otros trminos: _la comedia_
puede tener ms trgico que cmico,  al contrario, pero no
imprescindible necesidad de elegir uno ms que otro. Ambas maneras de
considerar  la humanidad y  la vida, la trgica y la cmica, caben,
sin dificultad, en la comedia,  se muestran aisladas y distintas, como
suceda ms clara y perceptiblemente en la dramtica antigua. Pero hasta
en el ltimo caso se diferencia en su esencia de la incompatibilidad
absoluta, que se observa en otros pueblos, entre los dos gneros
opuestos, trgico y cmico. En todas las piezas del teatro espaol, aun
en aqullas que descansan en principios trgicos, y tienden  hacer
impresin de esta especie, se hallan, al lado de los personajes ms
serios, otros ridculos. Verdad es que esa mezcla puede perjudicar  la
unidad de la obra potica, cuando cae en manos de poetas torpes y
caprichosos; pero los dramticos espaoles ms distinguidos han resuelto
esta cuestin tan artsticamente, que no les alcanza esa crtica. Ambos
elementos aparecen confundidos y mezclados en sus escritos; en estrecho
enlace se observa, no slo en su forma externa, puesto que, para
expresar uno y otro, emplean las mismas clases de verso, sino en su
parte ms ntima. El ridculo (cuyo principal representante es el
gracioso), no se intercala arbitrariamente en la accin, sino que es tan
esencial  ella, que se encontrarn muy pocas piezas, de las cuales
pueda separarse sin ofender al todo. Lo cmico, en contraposicin  lo
trgico, sirve para realzarlo; de la unin de uno y otro sale la verdad
entera, que, en el movimiento de los afectos y pasiones, suele mostrarse
de ordinario por un lado exclusivo. Los personajes cmicos ofrecen al
espectador, exagerndolos  sabiendas, los absurdos que se notan en las
acciones de los principales; llmanles la atencin hacia el
exclusivismo, que los domina, y aun aqullos, cuyo carcter vulgar no
puede elevarse  las esferas ms altas de la vida, ni siempre conocen
toda la verdad, pueden indicar, sin embargo, el punto de donde no
debemos salir, para apreciar al conjunto en su justo valor. No es ste,
 pesar de lo dicho, el nico objeto del elemento cmico del drama
espaol. El gracioso y la graciosa, con su ingenio perspicaz y
analtico, mueven, adems, ciertos resortes secretos, que sirven de
complemento  la accin principal; con sus pensamientos y baja condicin
ofrecen un contraste, que realza sobremanera la elevacin y nobleza de
los personajes ms importantes. La significacin de estos personajes,
que forman una especie de parodia del argumento principal, tiene mayor
importancia de la que podra creerse  primera vista.

Si la tragedia espaola se diferencia por esta mezcla de cmico, que
interviene en su esencia y en su forma externa, de la antigua, las
comedias propiamente dichas, que ms se asemejan  las que llevaban este
ttulo en el paganismo y en el lenguage moderno, tanto por su especial
organismo, como por la esfera en que se mueven, en nada se parecen  las
griegas y romanas, y  las de casi todos los pueblos modernos.
nicamente tienen de comn con stas la manera general, con que tratan
de la vida ordinaria, representndola ms bien bajo su faz externa y
pacfica, que en su relacin con los mviles ms graves y poderosos, que
influyen en la suerte de los hombres. Pero dentro de este crculo se
observan notables diferencias. La stira, las escenas, personajes y
situaciones ridculas son de ordinario, y con pocas excepciones, slo
elementos subalternos, slo una especie de locura cuando se comparan con
la accin principal ms elevada, la cual, aunque se mueve generalmente
dentro de esta esfera cmica, nada tiene de comn con aquellas
bufonadas,  caricatura de vicios y flaquezas, que frecuentemente se
confunden con lo cmico. De aqu que la transicin  lo pattico y
sublime no sea contrario  ella. Comprndese as sin trabajo cmo naci
de este linaje de espectculos, que ni pueden llamarse trgicos ni
cmicos, el drama romntico. Cuando el poeta slo tiene  la vista los
fenmenos externos  la realidad, sin penetrar ms profundamente en las
causas perpetuas y ms graves, que influyen en el destino de los
hombres; cuando no se separa de ciertos lmites constantes, desde los
cuales examina los elementos de lo trgico y de lo cmico, que sirven de
base  la existencia humana, ms bien en sus efectos que en su esencia,
puede escribir obras, que, en el variado juego de sus escenas, ya
parezcan comedias, ya tragedias, sin carecer por esto de unidad
artstica. Si se recuerdan las gradaciones, transiciones y subgneros,
que tienen cabida en cada una de estas tres clases generales de comedias
espaolas, se comprender fcilmente, sin incurrir en transcendentales
errores, la vasta extensin de la palabra espaola comedia, que  todas
abraza, sin necesidad de violentarlas para que se ajusten  las
divisiones ordinarias de la esttica.

Tanta libertad, como en lo relativo  lo trgico y lo cmico, reina
tambin en los dems dominios de la comedia espaola. No se opone, por
tanto,  su espritu exponer una serie de situaciones, motivos y
sucesos, muy independientes unos de otros, unidos slo por un lazo
externo, y sucedindose como en una novela; pero esto no autoriza para
calificar  las comedias espaolas de _novelas dramticas_. Muchas
podran ms bien llamarse epopeyas dramticas; otras, al contrario, y
entre ellas la mayor parte de las obras de los mejores poetas, ofrecen
esa unidad absoluta en el orden en que se suceden las escenas, ese
desenvolvimiento de la accin, que tiende necesariamente  un fin
determinado, indispensable  la existencia del verdadero drama. En este
mismo sentido puede tambin proponerse el poeta la pintura de un
carcter,  la representacin de situaciones interesantes, en ntimo
enlace con la fbula. Apenas hay necesidad de decir que no hay traba
que se oponga  la libre eleccin de los personajes, que han de aparecer
en la escena, que reyes y caballeros, labradores y criados, figuras
alegricas y mitolgicas, santos, ngeles y demonios, y hasta los
objetos ms elevados del dogma catlico pueden mostrarse sin
inconveniente en una pieza, y, por ltimo, que por lo que hace al
asunto, es lcito utilizar la historia y la tradicin de todos los
pueblos,  el dominio infinito de lo fantstico. Otro rasgo
caracterstico de la comedia espaola, que la distingue esencialmente,
es que, en cuanto representa, se refleja con la mayor claridad lo
presente y lo que le rodea, que los tiempos ms remotos y los sucesos
menos relacionados con ella los traslada  la poca en que vive,
suponiendo que sus hbitos y costumbres son iguales  los suyos, y que
hasta se asimila, como si fuese bien comn nacional, lo ms extrao y
apartado. No hay duda de que slo convirtiendo el tiempo presente en
base de la accin, y buscando en l los elementos poticos, es posible
crear el verdadero drama nacional; pues ste, que debe encaminarse 
mover el inters, del auditorio, ha de renunciar  todo aquello, que no
sea comprensible al mismo y no le haga viva impresin, valindose de los
sucesos y recuerdos de pocas anteriores  de pueblos extraos, slo en
cuanto se asemejan  lo presente y puede ser entendido por los
espectadores. Manejando asuntos sacados de la historia  de la tradicin
nacional, se propuso la comedia espaola apropiarse el espritu y
tendencias de los siglos pasados, puesto que slo as hablaba  los
hombres de su tiempo en un lenguaje familiar y claro; y cuando trata de
la historia de la antigedad clsica  del extranjero, lo hace siempre
fantsticamente y de tal manera, que  la legua se dejan ver la
nacionalidad espaola, y las ideas y costumbres de su tiempo. Los
defectos, que han puesto tan en ridculo  los trgicos franceses,
ofreciendo tan notable contradiccin entre las acciones y el carcter 
ideas de sus hroes, deslustrando los personajes elevados de las edades
hericas con sus reglas superficiales de pura convencin y su ceremonial
cortesano, tan falto de gusto, no se encuentran en el teatro espaol,
pues ste trastorna y se apropia todo lo extrao en todas sus
relaciones, y hasta en sus causas esenciales; armoniza el fondo y la
forma con la mayor perfeccin, y trasladndolos  lo presente, tan lleno
de exuberante poesa, infunde nueva vida en los materiales, que maneja,
y les ofrece firme suelo en que asentarse, y cuantos accidentes
necesita.

La comedia espaola renuncia por completo  los preceptos dramticos de
los antiguos,  ms bien dicho,  las reglas sealadas por crticos sin
juicio al drama clsico. La unidad de lugar y de tiempo, que, en cuanto
fu observada por los griegos, encontraba en el coro ciertas libertades,
desapareci con ste de su dominio, y el deseo de observarla fielmente,
habra redundado en arbitrario tormento y en absurdas contradicciones,
rechazadas por el buen sentido de la nacin, aunque sin darse cuenta del
motivo. La unidad mecnica de la fbula, tal como se enseaba por la
esttica bastarda de los anticuarios, fu abandonada del mismo modo.
Pero aunque la comedia espaola desecha las soadas reglas de la comedia
y tragedia antigua, no por esto puede sostenerse, recordando su objeto y
las ideas especiales de sus grandes dramticos, que no observaba
ninguna. En vez de sujetarse  preceptos convencionales, se atuvo slo 
los eternos, que dicta la naturaleza, y  los que ella misma haba
descubierto, comprendiendo exactamente las leyes de su arte; en otras
palabras, obedece al principio de que ha de haber en la accin unidad
ideal, y de que todas sus partes han de subordinarse al fin del todo. En
la observancia de este principio estriba su forma artstica, cual se
halla en su mayor perfeccin en las obras de sus mejores poetas, puesto
que los extravos de algunos no se oponen  nuestro aserto, en opinin
de los inteligentes, ni justifican el infundado de los que afirman, que
el drama espaol es una produccin anmala por completo, que no se
sujeta  reglas ningunas.




CAPTULO V.

Elementos picos y lricos de la comedia.--Versificacin.--Verso
trocico de cuatro pies.--Romance.--Redondilla.--Quintilla.--Octava.
--Soneto.--Terceto.--Lira.--Silva.--Endechas y otras combinaciones
mtricas.--Divisin de las comedias.--Errores cometidos en esta
materia.--Comedias de capa y espada, y de ruido.--Comedias de santos,
divinas y humanas.--Burlescas.--Fiestas--Comedias de figurn.--Comedias
hericas.


Prosguiendo nuestra tarea, no vacilamos en asegurar, que la originalidad
de _la comedia_ se muestra especialmente en la aplicacin que hace de
las formas poticas, de cuyo enlace orgnico resulta el drama. Los
elementos lricos y picos aparecen en ella ms aislados 
independientes que en la literatura dramtica de cualquiera otra nacin.
No hay duda que los cuadros lricos sentimentales y las prolijas
narraciones, as descriptivas como pintorescas, que encontramos en ella,
se ajustan  las circunstancias y  la disposicin de nimo de los
interlocutores, aunque sin dejar por esto de tener por s mismos gran
importancia, y sin daar tampoco al carcter dramtico del todo,
formando un organismo aparte, y destacndose notablemente, por su
ndole, del dilogo.

Si examinamos ahora la parte dialogada de la comedia espaola, veremos,
que, como dijimos antes, se presenta siempre con el inseparable
acompaamiento del metro. Slo las cartas, que figuran accidentalmente
en ella, estn escritas en prosa. Ms adelante probaremos, que, en el
uso de las combinaciones mtricas, varan los diversos poetas, siguiendo
distintos principios, y modificndolos  veces en las pocas ms  menos
notables de su actividad potica. Como sta no es ocasin de tratar
especialmente del sistema mtrico, observado por cada uno de ellos, nos
contentaremos con hacer las indicaciones siguientes. La comedia
espaola, por punto general, no excluye ninguna combinacin admitida en
el idioma castellano; pero es conveniente separar las empleadas slo
excepcionalmente, y en casos singulares, de las comunes y ordinarias. A
las ltimas pertenecen:

I. El trocico de cuatro pies, verso natural y propio del drama espaol,
que constituye la base de todas las dems variantes y modulaciones. Si
los griegos consideraban al ritmo ymbico como al que ms se acercaba 
la conversacin ordinaria, y como la medida ms adecuada  la
representacin de una fbula[90], lo cual es tambin aplicable  casi
todas las lenguas modernas, en la castellana concurra adems otra razn
importante. La cadencia trocica haba nacido con ella naturalmente y
sin esfuerzo; la inspiracin potica popular se expresaba sin la ms
leve violencia en este metro, y lo mismo acontece en esta parte  los
espaoles modernos que  sus antepasados, cuando moraban en las montaas
de Asturias. Usado siglos haca por copleros y romanceros, tena, adems
de esta ventaja, fundada en tan largo empleo, la incomparable que le
prestaba su sencillez, casi igual  la del dilogo ordinario; la
perfeccin, que haba alcanzado, y su extraordinaria flexibilidad para
acomodarse  todas las situaciones y  todos los estados del nimo. Esta
medida era, por tanto, la ms  propsito para servir de base al dilogo
del drama espaol, y en el mero hecho de haber triunfado del metro
ymbico, encontramos una prueba de la excelencia natural y orgnica de
este drama, puesto que la imitacin de extraos modelos lo habra
arrastrado por diferente rumbo. Las especies principales del trocico
de cuatro pies, que aparecen en l, son las que siguen:

_a._ El romance  el verso trocico, asonantado de tal suerte, que el
cuarto verso,  asuena  repite el eco de las vocales ltimas del
segundo, y el sexto las de ambos, etc. En las obras ms antiguas de Lope
de Vega y de sus contemporneos se usa de ordinario en las narraciones,
siguiendo en esto su primer destino en los antiguos romances populares;
en los posteriores se emplea con ms frecuencia, hasta que en Caldern y
en los poetas de su poca y de su escuela se usa, no slo en las
narraciones y discursos extensos, sino en la conversacin ordinaria, y,
sobre todo, en las ocasiones, en que la accin se mueve rpidamente  se
precipita.

_b._ La redondilla  estrofa de cuatro versos, rimando el cuarto con el
primero y el tercero con el segundo. En las piezas ms antiguas de Lope
constituye esta combinacin, y la que vamos  nombrar en seguida, la
forma ms general y frecuente del dilogo dramtico en sus diversas
gradaciones: Caldern, y los que le sucedieron, la emplean con
preferencia en los momentos, en que se reflexiona, en los pasajes
tiernos  satricos, y en las anttesis.

_c._ La quintilla  estrofa de cinco versos con varia rima (_a b a b a,
aa bb a_,  _a bb aa_); si la rima es pareada, y compone diez versos se
llama dcima  espinela. Respecto de su uso, podemos decir lo expuesto
ms arriba acerca de la redondilla.

II. El yambo, en oposicin al troqueo, la medida ms solemne, en esta
forma:

_a._ Como _octava_ (_stanza italiana_, _ottave rime_) para las
descripciones largas monolgicas; para las narraciones pomposas,
prolijas, pintorescas, en que hay necesidad de mostrar dignidad y
grandeza.

_b._ Como _soneto_ para las anttesis, interrogaciones agudas y rplicas
discretas,  para la expresin del sentimiento, que resulta de la
comparacin con otro,  de su examen aislado.

_c._ Como _terceto_, principalmente en el dilogo ms grave y sublime,
muy usado en Lope y en los dramticos ms antiguos, y menos frecuente en
Caldern, aun cuando aparezca alguna vez (como, por ejemplo, al
principio de _El prncipe constante_).

_d._ Como _lira_  estrofa rimada de seis versos, alternando los
ymbicos de tres y de cinco pies, rimando los cuatro primeros de suerte,
que el tercero consuena con el primero, el segundo con el cuarto y los
dos ltimos entre s. La rima masculina parece haber sido excluda, y de
aqu que los versos tengan siempre siete  once slabas[91]. Ninguna
combinacin es tan importante como sta, ya para los dilogos
apasionados, ya para la expresin lrica de los sentimientos vivos, ya
para las imgenes ms galanas y rpidas de la descripcin. En los dramas
ms antiguos de este perodo es frecuente el uso de la lira; en los
posteriores, especialmente en los de Caldern, mucho ms rara, haciendo
sus veces la [falta palabra].

_e._ _Silva_, mezcla de ymbicos rimados de tres y cinco pies (siete y
once slabas), sin distincin de estrofas. Los versos ms largos pueden
alternar con los ms cortos de uno en uno,  siguiendo otro orden, en
cuyo caso puede ser predominante el endecaslabo, apareciendo slo de
tarde en tarde el ms corto; tambin la rima puede repetirse en cada dos
versos,  formando otras combinaciones en que escasee ms. Esta medida
parece haber provenido de la anterior, por descuido  inadvertencia,
razn por la cual se ha confundido con ella por los espritus
superficiales.

Al lado de las combinaciones mtricas indicadas, de uso ms general, se
encuentran otras muchas, no tan comunes como aqullas, que se hallan en
parte  menudo en los dramticos ms antiguos de este perodo, y
desaparecen luego poco  poco, al paso que otras slo se ven raramente,
y como por va de excepcin. El nmero y diversidad de estas formas es
extraordinario, cuando se examinan sus modificaciones y derivaciones
especiales. Ms adelante trataremos en particular de ellas, no slo de
las que usa ste  aquel poeta por capricho,  para hacer alarde de su
fcil manejo del idioma, sino tambin de sus clases principales.

_Las endechas_  troqueos con asonancias en cada segundo verso, usadas
casi siempre en las narraciones lastimosas.

Los trocicos rimados de cuatro pies, con versos de pie quebrado en
varias combinaciones, como puede verse en los ejemplos, que copiamos
debajo, aun cuando no muestren todas las infinitas de que son
susceptibles[92].

_El verso suelto_  ymbico de cinco pies sin rima, usado aqu y all
sin concierto, especialmente  la conclusin (como el _blank verse_ de
los dramas ms antiguos de Shakespeare), muy comn en las escenas ms
animadas de Lope, y nunca usado por Caldern.

Las canciones italianas en sus diversas formas (por ejemplo, en el
_Arauco domado_, de Lope, imitacin del _Dolci, chiare e fresche acque_,
de Petrarca), aunque su uso sea poco frecuente.

_Las anacrenticas_  ymbicos de siete slabas, ligados por la
asonancia, como, por ejemplo, en el acto primero de _la Gran Zenobia_,
de Caldern.

_Los versos de arte mayor_  dactlicos, aunque pocas veces, y al
parecer siempre con el propsito de dar al dilogo cierto colorido
anticuado (como en _la Patrona de Madrid Nuestra Seora de Atocha_, de
Francisco de Rojas: jornada 1..)

Los endecaslabos con rimas encadenadas, forma singular y poco comn,
cuya estructura es fcil de entender por el ejemplo siguiente:

      Saben los cielos, mi Leonora _hermosa_,
    Si desde que mi _esposa_ te _nombraron_
    Y de los dos _enlazaron_ una _vida_,
    Por bella _divertida_ en otra _parte_,
    Quisiera _aposentarte_ de _manera_
    En ella, que no _hubiera_ otra _seora_
    Que no siendo _Leonora_ la ocupara.

(De _El Pretendiente al revs_, de Tirso de Molina, jornada 2..) El
tercer pie del verso inmediato rima con _ocupara_, etc.

_Las letras_  themas con sus glosas  variantes poticas, y, por
ltimo, casi todas las formas de los antiguos cantos nacionales,
_canciones_, _villancicos_, _canzonetas_ y _cantarcillos_, aunque no
como elementos peculiares del dilogo dramtico, sino en los cantos 
improvisaciones interpoladas en l.

Si el dramtico espaol encuentra en estos metros variados materiales
que manejar en sus obras, en nmero superior al de todos los dems,
tambin tropieza con el inconveniente de verse obligado  emplearlos con
cierto orden y simetra, evitando la confusin y el desbarajuste, fcil
si no se esmera en esta parte, y se esfuerza en armonizar el efecto
musical con el dramtico, de suerte que concuerden as el fondo como la
forma. Los mejores poetas han sido tan excelentes maestros en la
versificacin, que sus dramas, como si fuesen obras perfectas de msica,
expresan en sus varias combinaciones mtricas las modulaciones y cambios
de tono ms opuestos, y convienen, sin embargo, entre s, no separndose
nunca de un acorde fundamental.

Reservamos para los artculos especiales, que consagraremos  ciertos
poetas, el examen de otras propiedades internas del drama espaol,
puesto que tales investigaciones, cuando se exponen en absoluto, suelen
ser superficiales y vagas. Slo nos resta tratar de las diversas
especies de comedias. Es fcil de comprender, recordando la vasta
extensin de la palabra _comedia_, que, bajo este nombre genrico, se
designan piezas dramticas muy diversas. Cuanto ms se estudia y conoce
el teatro espaol, ms nos convencemos de que, entre sus innumerables
tesoros, se hallan ms especies dramas  tipos, que divisiones pudiera
hacer la ms sutil esttica. As,  medida que los examinamos, y
atendiendo  su fondo y  su forma, pueden clasificarse las comedias
espaolas en histricas y fingidas, en mitolgicas, pastoriles,
tradicionales, simblicas, burlescas, en comedias de costumbres de cada
poca, en dramas romnticos imperfectos de la historia antigua 
moderna, en comedias de intriga  de situaciones determinadas, etc., y
cada una de stas, segn el punto de vista que se tome y las bases que
se fijen de antemano, se puede subdividir casi hasta lo infinito. Las
especies principales son tiles, sin duda, para servir de gua en el
anlisis de la inmensa literatura dramtica espaola, y con este
propsito trataremos de ellas ms adelante. Adems de estas divisiones,
 independiente de ellas, existe h largo tiempo una nomenclatura
tcnica en la historia del teatro espaol, que juega en ella un papel
importante. Quin no ha tropezado, por ejemplo, con los ttulos de
_Comedias de capa y espada, hericas_, de _figurn_, etc., sabidas al
dedillo por cualquier literato que quiera hacer alarde de su
conocimiento del espaol? Sobre este particular se han difundido tantas
ideas errneas, equivocadas y contradictorias, primero por la Huerta,
escritor superficial del siglo pasado; despus por Bouterweck, que
sigui sus huellas, y, por ltimo, por los estticos y compiladores, que
 su vez copiaron  Bouterweck, que cualquiera que acepte tales
definiciones y comentarios modernos,  investigue las verdaderas
fuentes, atenindose slo  ellos, carece de medios hbiles para
averiguar nunca la verdad. Parece, pues, lo ms conveniente prescindir
por completo de esas opiniones extraviadas, y exponer con sencillez lo
que en s nada tiene de difcil. Por otra parte, se hace necesario
rectificarlas, habiendo penetrado hasta en los diccionarios de
conversacin y en los manuales de historia de la literatura,  lo menos
en lo ms esencial, para que, en su lugar, se sustituyan nociones
exactas, fundadas en pruebas concluyentes y autnticas. Mientras rogamos
 los estticos que derriben sus bellos castillos tericos, levantados
en los aires, y, sobre todo, pedimos encarecidamente  los filsofos que
procuren orientarse bien en este punto antes de elaborar sus
profundsimos productos, y de encerrar en tres nombres, encontrados por
casualidad, la esencia ms ntima del drama espaol[93].

Los errores indicados son de distinta especie y provienen de causas
diversas, como probaremos ms adelante. Se protesta, sin embargo, que la
nomenclatura,  que aludimos, es tan exacta y abraza de tal modo las
varias clases de comedias, as en su fondo como en su forma, y las
determina con tanto rigor, que no puede haber ninguna que no est
comprendida en ella, y no pertenezca  sta  la otra clase. As ha
procedido la Huerta con todas las includas en su _Teatro espaol_,
dividindolas en _comedias de capa y espada, hericas, de figurn_, etc.
Ya probaremos que todo esto es arbitrario, que no se funda en razn
alguna plausible, y que es ocasionado  graves inexactitudes. Tras
tamao absurdo se comete otro no menos deplorable, trastornando
completamente la cronologa, y cometiendo lastimosos anacronismos, como
el usar de la denominacin de _comedia herica_, peculiar slo del
siglo XVIII, y enteramente desconocida en la edad de oro del teatro
espaol,   lo menos como una clase aparte, y en el sentido en que hoy
se emplea, puesto que, al usarla, slo se aplica  comedias que
representan hazaas hericas  escenas blicas. En cambio hay otros
ttulos, que en este perodo se usaron con frecuencia, y luego se
olvidaron, como el de _comedias de ruido_. A veces presentan otro
inconveniente, puesto que se da  esas palabras significacin tan
inslita, que nunca ha ocurrido  ningn espaol, como cuando dice B.
Val. Schmidt en un artculo sobre Caldern (_Anuario de Viena_, tomo
XVII), que el argumento constante de _la comedia herica_ es el de una
mujer, que se ve perseguida por un prncipe enamorado, y ensaya diversos
medios para escaparse. Advirtase que el nombre de _comedia herica_,
como hemos dicho antes, es enteramente desconocida de los dramticos de
la poca ms antigua  importante, incluyendo al mismo Caldern, y que
la casual circunstancia, de que tal sea el argumento de algunas de estas
comedias, no nos autoriza para erigirla en criterio de una clase entera
de dramas. Lo mismo acontece con _las comedias de capa y espada_, que
gradualmente se han definido como si fuesen de intrigas,  como cuadros
romnticos de las costumbres de la poca; sin embargo, se cometieron
tambin otras faltas. Mientras que, por una parte, se reducan sin razn
alguna las distintas especies de comedias  un nmero insuficiente, por
otra se confundan con las comedias las dems clases de piezas
dramticas. Mientras subsisti el drama espaol, ya perfecto, se
consideraron  _las comedias_, _autos_, _loas_ y _entremeses_, como
especies distintas; esta divisin dur largo tiempo, y, como se debe
suponer, deba ser conocida de cuantos tratan de tales puntos. No
obstante, leemos en alguna obra lo siguiente, acerca de esta cuestin:
_Las comedias divinas_ se dividan, desde Lope de Vega, en _Vidas de
santos_ y _Autos sacramentales_. Indudablemente proviene todo esto de
varios pasajes de la obra de Bouterweck, cuando hubiese bastado echar
una ojeada rpida  las fuentes del teatro espaol, para no incurrir en
tan extrao error. Jams se confundieron _los autos_ con las comedias,
distinguindose de ellas por su fondo y por su forma, y no habiendo
ocurrido jams  ningn espaol tomar unos por otras[94]. El yerro
segundo, en virtud del cual se afirma que as el nombre de _autos_ como
el de _vidas de santos_ se us primero en tiempo de Lope de Vega, no
merece seria correccin.

Qu idea debemos formar, por tanto, de aquellos nombres, con que se
distingue  las diversas clases de comedias? Cuando se examinan las
verdaderas fuentes, que pueden dar luz para resolver este problema, se
averigua que eran ttulos populares, y en su consecuencia vagos 
indeterminados, alusivos en parte al aparato escnico, con que se
representaban estas obras, y en parte para indicar confusamente los
asuntos de que trataban. Por lo comn slo se referan  sus cualidades
externas, usndose nicamente por el pblico, que no siempre expresaba
con ellos ideas claras y precisas, ni reparaba gran cosa en fijar
rigorosamente su sentido, puesto que ningn poeta llam nunca  sus
composiciones _comedias de capa y espada_, ni las titul as, ni aun
ningn librero puso tal epgrafe  drama ninguno impreso[95]. Es intil,
por tanto, creer en la exactitud de estas denominaciones,  deducir de
ellas las cualidades internas de las distintas clases de comedias, ni
torturarlas para arrancar una confesin, que ha de ser forzada y falaz.
Ni sobre el carcter esencial de una comedia, ni sobre los elementos
dramticos que en ella predominan, ni sobre si es novelesca 
rigorosamente dramtica,  de intriga  de carcter histrico  de otra
cualquier especie, puede servir de nada esta varia nomenclatura. Y son,
en verdad, tan poco  propsito tales ttulos para distinguirlas y
caracterizarlas, que una misma, segn el aspecto bajo que se examine,
puede pertenecer  varias clases. Por ejemplo, _las vidas de santos_,
con relacin  su fondo, podran calificarse de leyendas dramticas
religiosas; y en cuanto al aparato escnico, que su representacin
exiga, de _comedias de ruido  de teatro_. As se comprende cun
errneo  intil sea prescindir de las indicaciones hechas antes, y
dividir todas las comedias en las clases mencionadas, arbitrarias y
triviales por su origen, y que nada dicen acerca de su ndole y forma
artstica. No por esto debemos ignorar tales divisiones, y lo que son y
significan; y por razn tan plausible trataremos especialmente de cada
una de ellas, aunque recordando siempre, que es preciso abstenerse de
fundar sobre tan frgiles cimientos teoras cualesquiera acerca del arte
dramtico espaol.

En la edad de oro del teatro espaol se distinguieron _las comedias de
capa y espada_ (llamadas tambin _comedias de ingenio_) y _las comedias
de ruido_ (de teatro  de cuerpo)[96], por lo que hace  sus
condiciones externas[97]. Bajo la primera denominacin (la de _comedias
de capa y_ _espada_), se comprendan aquellas piezas, que representaban
aventuras de particulares de la poca, cuyos personajes principales slo
eran caballeros  hidalgos, y no usaban otros trajes que los comunes 
todos los espaoles de su tiempo. Su nombre provena de esta vestidura
de los personajes principales (_traje de capa y espada_, peculiar  la
clase ms distinguida de la sociedad), y slo la de los personajes
subalternos de criados y labradores era la llevada por las clases ms
humildes del pueblo. Como estas composiciones no salan del crculo de
la vida domstica, no necesitaban de ordinario de grande aparato
escnico, y consista toda su decoracin, siempre que no era
indispensable cambiar el lugar de la escena, en tapices que cubran los
muros laterales, sencillos  inmutables, mientras duraba la
representacin. De aqu que las cualidades caractersticas, que se
aducen para distinguir  _las comedias de capa y espada_, se funden tan
slo en razones externas, siendo falso que haya alguna esencial  la
accin para hacerlo, y que, por ejemplo, se pueda usar del nombre de
_pieza de intriga_, como equivalente  aquel otro espaol. Verdad es que
la intriga predomina en muchas composiciones dramticas de esta especie,
pero no por esto constituye su ndole exclusiva: la _comedia de capa y
espada_ puede ser tambin de _carcter_, y aun puede drsele otras
varias denominaciones, en atencin  los diversos elementos, que suelen
dominar en ellas, aunque esta nomenclatura no deba sustituirse  la
espaola ni confundirse con ella, puesto que es tambin diverso el punto
de vista bajo que se les considera. En oposicin  stas hay otras
comedias, cuya fbula nace de la vida ntima, y cuyos personajes son
prncipes  reyes, ostentando en su representacin mayor lujo en los
trajes, maquinaria y decoraciones, que se denominan _comedias de
teatro_, _de ruido_  _de cuerpo_. Tales son los dramas histricos, los
religiosos con apariciones sobrenaturales, los mitolgicos, los que
exponen tradiciones de la Edad Media, los fantsticos, cuya accin se
supone ocurrir en pases lejanos y llenos de sucesos maravillosos, etc.
Pero no se crea por esto que dicha clase se distinga de aqulla
exactamente, acaeciendo con frecuencia, que no se sepa  punto cierto si
determinadas comedias han de ser clasificadas de una  de otra manera,
ofreciendo propiedades, no comprendidas en ninguna de las distinciones
mencionadas,  que, en parte slo, pertenecen  ellas. Hay, en efecto,
innumerables comedias, cuya fbula se imagina ocurrir en las cortes, y
que muestran algn personaje real, y que, sin embargo, refieren tan slo
aventuras de la vida ordinaria, y no exigen complicado juego de
maquinaria ni ostentacin escnica, cual lo prueban las conocidas de
Moreto y de Caldern, tituladas _El desdn con el desdn_ y _El secreto
 voces_. La particularidad, puramente externa, de que en una aparezca
un conde de Barcelona y un prncipe de Bearn, y en la otra una princesa
italiana, etc., no parece suficiente para clasificarlas entre las
_comedias de teatro_, cuando el asunto, que exponen, no sale del crculo
de la vida ntima; tampoco puede llamrselas _comedias de capa y
espada_, y de aqu que el anlisis sea incapaz de clasificarlas, y que
no haya nombre especial que las caracterice. Fcilmente se explica lo
defectuoso de esta divisin, recordando, que, en los teatros espaoles,
no se preciaban los directores de ser muy escrupulosos en cuanto se
refera  la propiedad escnica, ya en los trajes, ya en las
decoraciones, y que, diferencindolas tan slo por esta circunstancia
externa, quedaba  su arbitrio el ordenarlas en sta  en la otra
categora. As nicamente se comprende que la comedia mencionada de
Gaspar de Aguilar lleve el nombre de _comedia de capa y espada_,
apareciendo en ella un duque de Ferrara y otro de Miln, puesto que, 
no ser tan dbil y dudosa la diferencia que las separa, debiera ms bien
apellidarse _comedia de teatro_. La idea y juicio, que nos ha merecido
esta clase de composiciones dramticas, fndase en la razn de que los
poetas nunca han empleado esos nombres, proviniendo principalmente de la
mayora de los espectadores que asistan con ms asiduidad al teatro, y
siendo sus caracteres distintivos, pueriles, sandios  mal definidos.

La segunda divisin, en _divinas_ y _humanas_, no es tampoco ms
ingeniosa ni ms exacta. Para hacerla no se ha tenido en cuenta la
ndole religiosa  profana del asunto; y como este criterio es por s
instable y arbitrario, salta  los ojos la vaguedad de tal denominacin,
y lo imposible que es diferenciarlas por completo. Hay piezas, por
ejemplo, cuyo asunto proviene,  la verdad, de la historia sagrada, pero
que, por lo dems, no parece esencialmente religioso (como _Los cabellos
de Absaln_, de Caldern, y _El David perseguido_, de Lope),  que, aun
ofreciendo en general elementos religiosos, pertenecen, sin embargo, 
la historia profana, como _El cisma de Inglaterra_, de Caldern, y que
tienen iguales ttulos para que se les califique de _comedias divinas_ 
_humanas_. Pocas dudas inspirarn otras, en las cuales la religin forma
como el centro  eje dominante de la fbula, y aun menos aqullas que,
como _La creacin del mundo_, de Lope, se fundan en un texto de la
Biblia, en una tradicin de la Iglesia,  que, por su forma, recuerdan
los antiguos misterios. Simples condiciones externas, como la
representacin visible de milagros, la aparicin de ngeles y demonios,
de la Virgen Mara y de su Hijo, han servido tambin, al parecer, como
en la clase anterior, para ordenar  algunas comedias en la categora de
_divinas_. _Las comedias de santos_, en especial, pertenecen  esta
clase, por representar dramticamente las vidas de varones famosos por
su virtud, de donde les viene su nombre de _Vidas de santos_.
Escribanse para solemnizar las fiestas de cada uno, y correspondiendo 
la expectacin del pblico, que deseaba presenciar los rasgos ms
notables de la existencia del celebrado en ciertos das, sus milagros,
etc., ofrecan en su exposicin no escasa variedad escnica,  propsito
para recrear la vista y edificar el nimo en el sentido expresado.

Hay adems que mencionar las denominaciones siguientes, que se observan
en el lenguaje dramtico espaol:

Llmanse _burlescas_ aquellas comedias, que tienen este carcter, as en
la accin principal como en los accesorios; de suerte que no se
encuentren palabras serias desde el principio hasta el fin. De ordinario
se presentan en parodia argumentos graves  patticos, en lenguaje lleno
de refranes, alusiones, juegos de palabras y modismos propios de la hez
del pueblo; y de este modo lo grandioso y conmovedor se trueca en
ridculo por el contraste. De esta clase son _La muerte de Baldovinos_,
de Cancer; _Cfalo y Procris_, de Caldern (parodia de sus _Zelos aun
del aire matan_), y otras de la misma especie. El nombre y la forma
parecen originarios de la mitad del siglo XVII.

Con el nombre de _fiestas_ se distinguen las comedias, compuestas para
representarse en las solemnidades de la corte. Esta denominacin nada
tiene que ver con la ndole del asunto, y es errneo, por tanto, el
calificarlas de _espectculo mitolgico_,  de compararlas con nuestras
peras. Muchos dramas de esta clase, as por sus escenas de magia,
cuanto por sus continuos cambios de decoracin, y por la msica, que las
acompaaba,  propsito para cautivar los sentidos, exigan gran lujo
escnico, y aprovechaban cuidadosamente con este objeto los elementos
de la antigua mitologa; con igual frecuencia empleaban las tradiciones
de la Edad Media, los libros de caballeras y la poesa pica italiana.
Los complicados juegos de escena no eran, sin embargo, esenciales en
estas composiciones, pues la titulada _Gurdate del agua mansa_, de
Caldern, cuyo argumento est sacado de la vida ordinaria, y cuyas
costumbres son de la poca, se escribi, segn todas las apariencias,
para representarse en las fiestas celebradas con motivo de las bodas de
Felipe IV con su segunda esposa. Algunas burlescas se llamaron tambin
_fiestas_, como _Las mocedades del Cid_, de Cancer, escrita para el
martes de Carnaval. La corte de Felipe IV di origen  todas estas
_fiestas_.

La voz _comedia de figurn_ parece haberse usado en los ltimos aos del
presente perodo, prximos ya  la poca de la decadencia del teatro.
Verdad es que se encuentran antes algunas,  las cuales conviene esa
calificacin, cuyo principal personaje constituye una verdadera
caricatura, y que satirizan algn vicio  alguna costumbre ridcula. En
lo que no hay duda es en que las comedias de esta especie, que
aparecieron en nmero considerable desde la segunda mitad del siglo
XVII, se distinguen por su superficialidad y por su falta de gusto
entre todas las espaolas, aunque hayan sido celebradas por cuantos
adolecen de iguales defectos.

Justo es que hagamos mencin tambin de _La comedia herica_ al
finalizar este captulo, consagrado  la clasificacin de las comedias
de Espaa. No sabemos que los escritores del siglo XVII hayan usado
nunca esta expresin, y se cree haber nacido al principio del siguiente.
Por su significado ofrecen analoga con _las comedias de ruido_, aunque
sin tener en cuenta la exornacin escnica, y alude principalmente al
elevado rango de los personajes ms importantes.




CAPTULO VI.

Autos.--Autos sacramentales.--Autos al
nacimiento.--Loas.--Entremeses.--Relaciones de viajeros franceses
del siglo XVII, que asistieron  representaciones dramticas en
Espaa.


Adems de _las comedias_, se conocieron en el teatro espaol las
composiciones dramticas que siguen:

I. _Los autos_  actos. Ya observamos antes que esta denominacin, como
otras muchas, se emple en las primeras pocas para distinguir en
general  las obras destinadas al teatro, y que, desde Gil Vicente,
design en especial las religiosas. En el perodo de que tratamos, y,
segn se presume, desde la mitad del siglo XVI, se restringi an ms su
significacin, limitndose exclusivamente  las que haban de
representarse en las solemnidades religiosas, y comprendiendo, con leves
excepciones, asuntos alegricos menos extensos que las comedias[98].
Conviene, sin embargo, no confundir ambas especies, cosa, por lo dems,
fcil, por cuanto en las antiguas impresiones se titulan  veces _autos_
 las comedias[99]. Dividanse los autos en:

_a._ _Autos sacramentales_, destinados  celebrar la fiesta del Corpus.
Sobre su espritu y forma, as como sobre el plan y traza de su
exposicin, daremos ms adelante pormenores. Basta advertir ahora que
los personajes alegricos les son esenciales, aunque no todos
pertenezcan exclusivamente  esta clase, habindolos, en efecto, no
alegricos. Todos _los autos sacramentales_ tienen de comn su relacin
estrecha con el objeto de la festividad del Corpus, que es el Sacramento
del Altar, lo cual se manifiesta casi siempre  su conclusin, en que
aparece el Cliz  el Cuerpo del Seor. No se dividen en actos, y el
tiempo de su representacin excede algo al de una jornada de las
comedias. Verificbase en las calles  plazas pblicas, bien en
tablados  andamios provisionales, bien en otros, levantados con tal
propsito.

_b._ _Autos al nacimiento_, para festejar la Natividad de Jesucristo y
para la noche de Navidad. Provienen, sin gnero alguno de duda, de las
representaciones usadas en las iglesias, desde los tiempos primitivos,
para solemnizar el nacimiento de Jess, y nos hacen recordar, como sus
tipos originarios, las glogas pastoriles de Juan del Encina y de Gil
Vicente, aunque su accin sea de ordinario ms extensa y complicada. El
fin ms ordinario, que se proponen, es la adoracin de los pastores;
otras veces la huda  Egipto,  episodios de esta festividad religiosa.
Los protagonistas son San Jos y la Virgen Mara; los personajes
alegricos, frecuentes en ellos, aunque no aparezcan siempre,
desempean, por lo comn, papeles secundarios, y no se presentan en
primer trmino como en los _autos sacramentales_. Los _autos al
nacimiento_ se representaban al aire libre en pequeos tablados, en las
iglesias y sacristas, y, segn parece, tambin en los teatros. Algunos
estn divididos en tres jornadas.

Adems de los autos indicados, compuestos para solemnizar el Sacramento
del Altar  el nacimiento del Salvador, los hay para diversas
festividades, y relativos  ellas. As se prueba en _El peregrino en su
patria_, de Lope, pues, aun siendo una ficcin, seguramente se funda en
una costumbre arraigada en Espaa, hablndose en l de autos, que se
representaron el da de Santiago, despus en las bodas de Felipe III con
la archiduquesa Margarita, y, por ltimo, para solemnizar la conclusin
de la paz entre Espaa y Francia. He aqu cmo se desvanece el error, en
que incurren casi todos los escritores que tratan de este asunto, al
asegurar que _El auto sacramental_ es slo una especie de auto. Hay que
considerar  todos, con la excepcin de los _al nacimiento_, cuyo origen
hemos apuntado, como derivaciones de las moralidades de la Edad Media:
tal es el origen del nombre de _Representacin moral_, con que, por
ejemplo, se los distingue en la pieza citada, de Lope de Vega. Su
versificacin es anloga  la de las comedias.

II. _Loas_  pequeas piezas  prlogos, de carcter comendatorio, que
se declamaban antes de las comedias y autos[100]. Divdense en dos
especies principales,  saber: en _a._ _Monlogos_, que de ordinario
tienen una relacin vaga  externa con la composicin subsiguiente, y
que contienen alabanzas de la ciudad  del pblico, ante el cual ha de
representarse,  un cuento, una ancdota  alegora, y que finalizan con
una invitacin  que se oigan con benevolencia; y en [falta/n
palabra/s].

Dramas pequeos, que ya exponen una escena entre los autores, en la cual
discurren acerca de la representacin que ha de seguirle (como la de
Agustn de Rojas),  preparan el nimo de los espectadores para que
escuchen atentos el drama principal (como son la mayor parte de las que
preceden  los autos de Caldern), , por ltimo, refieren algunas,
aunque pocas veces, hechos que estn ntimamente enlazados con la
composicin, que les sucede, y necesarios para su inteligencia, como en
la de _Los tres mayores prodigios_, de Caldern.

Al comenzar la poca de que tratamos, era de rigor la loa en toda obra
dramtica;  principio del siglo XVII fu cayendo en desuso, en cuanto 
las comedias[101], observndose slo en los autos. No eran comunmente
los poetas los autores de estos prlogos de sus dramas[102], sino que,
los directores de escena, segn consta de _El viaje entretenido_, solan
poseer una abundante provisin de ellos, que arreglaban  cada
comedia[103],  las hacan escribir  quien se les antojaba, cuando el
autor no las haba compuesto, y las conceptuaban indispensables para
dramas determinados. Las loas, especialmente las dialogadas, se
acompaaban  veces con msica y canto. Su versificacin ordinaria es el
romance, la redondilla  la octava.

III. _Entremeses_,  pequeos dramas burlescos, que se representaban
entre las jornadas de las comedias,  entre _la loa_ y el auto. Su
argumento, con ligeras excepciones, est tomado de la vida y costumbres
de las clases ms bajas del pueblo, exponiendo situaciones cmicas,
sucesos ridculos  ancdotas jocosas. Ofrecen imgenes reales sin
afectacin ni idealidad potica. Frecuentemente son slo situaciones en
bosquejo, escenas sueltas sin enredo dramtico, aunque  veces se
observe en ellos inters ms concentrado, intriga y complicacin en la
fbula, en cuanto es posible en tan reducido espacio. Los _entremeses_
estn escritos en prosa y verso, y en este ltimo caso en redondillas,
romances  silvas, aunque en la forma obedezcan  muy diversos
principios de los seguidos en las comedias  autos, careciendo de
elevacin potica, y diferencindose muy poco de la conversacin vulgar.
En su espritu y traza se asemejan evidentemente  las composiciones de
Lope de Rueda, cuyo estilo se conserv en los entremeses, ocupando su
lugar el drama ms sublime y de ms elevada poesa[104]. _Los sainetes_,
con distinto ttulo son, sin embargo, iguales  los entremeses,
apareciendo en no escaso nmero desde la mitad del siglo XVII. Sin
razones slidas se ha dicho que se diferencian unos de otros, en que
los sainetes suelen ir acompaados de msica y de bailes poco
importantes, y que su accin es ms complicada, porque los entremeses
terminan comunmente con canto y danza; y en cuanto al plan dramtico,
puede afirmarse que el sainete se asemeja an ms, en este concepto, 
los ms antiguos entremeses.

Las dems especies de obras dramticas espaolas, que aparecieron
despus, al finalizar el siglo XVII, como _las zarzuelas_, _tonadillas_,
_follas_, etc., sern objeto de nuestro examen en los captulos
siguientes.

Antes de tratar en particular de cada uno de los poetas dramticos y de
sus obras, expondremos algunas noticias sobre el estado de los teatros y
sobre la historia externa del arte escnico, para seguir el hilo de
nuestro interrumpido discurso.

El origen y primitiva forma de los dos teatros principales de Madrid,
son ya conocidos por lo expuesto en los captulos anteriores, as como
su disposicin externa en general, que sirvi de prototipo  casi todos
los teatros  corrales de Espaa. Como ampliacin de este punto,
insertaremos algunos prrafos de antiguos viajes, en los cuales se habla
de la asistencia de sus autores  diversos teatros de Espaa. Aunque
estas relaciones no dan todos los pormenores que seran de desear, ni
idea exacta y completa de la disposicin del local  del origen de las
representaciones, son, no obstante, de inters, porque estn escritas
por testigos oculares, y porque nos recordarn lo dicho antes acerca de
los teatros de la _Cruz_ y del _Prncipe_. Aunque se levantaron 
mediados  fines del siglo XVII, esta circunstancia no impedir que
tratemos ahora de ellos, sabindose con seguridad que los teatros
espaoles ( excepcin del del Buen Retiro, del cual hablaremos despus,
y que fu edificado bajo otro plan en tiempo de Felipe IV)[105],
durante todo este siglo, no alteraron la forma recibida al acabar el
XVI.

Un francs, que vino  Espaa en el ao de 1659, acompaando al mariscal
de Grammont, enviado extraordinario de Luis XIV en la corte de Felipe
IV, dice lo siguiente en su diario de este viaje, que despus public:

Por lo que hace al teatro, en casi todas las ciudades hay compaas de
cmicos, superiores  los nuestros, cuando se comparan unos y otros,
aunque no haya ninguno que reciba sueldo del Rey. Representan en patios,
comunes  muchas casas, de suerte que las ventanas, llamadas _rejas_,
porque las tienen de hierro, no pertenecen  los autores, sino  los
propietarios de las fincas. Declaman en medio del da, sin luz
artificial, y ninguno de sus teatros (excepto el del _Buen Retiro_, en
cuyo palacio hay dos  tres salones escnicos) tienen tan buenas
decoraciones como los nuestros, aunque no les falte el anfiteatro, y el
que apellidamos parterre.

Hay en Madrid dos teatros, denominados _corrales_, que jams se ven
libres de mercaderes y artesanos, quienes abandonan sus ocupaciones y
concurren  ellos con capa, espada y daga, llamndose todos
_caballeros_, hasta los que hacen zapatos. Estas gentes deciden si la
comedia es buena  mala, dependiendo de ellos la fama y consideracin de
los poetas; llmanse _mosqueteros_, porque unas veces aplauden y otras
silban, ordenados en fila. Algunos ocupan localidades prximas  la
escena, que heredaron de sus padres, como mayorazgos, y que no pueden
vender ni hipotecar. Tan grande es su pasin por las comedias!

Las mujeres se sientan juntas en el extremo exterior del anfiteatro, 
donde los hombres nunca penetran[106].

En el viaje de un flamenco, que visit  Espaa por los aos de 1655, se
lee lo siguiente:

Los actores no representan con luz artificial, sino con la del da, y,
por consiguiente, privan  la escena de sus principales encantos. Sus
trajes no son lujosos ni guardan la propiedad debida. En comedias, cuya
accin se supone ocurrir en Roma  Grecia, aparecen con vestidos
espaoles. Todas cuantas he visto, se dividen en tres actos, que llaman
_jornadas_. Comienzan con un prlogo, acompaado de msica[107], y
cantan tan mal, que parecen chiquillos aullando. Entre las jornadas hay
entremeses  bailes, que suelen ser lo mejor del espectculo. Por lo
dems, es tal la aficin del pblico, que cuesta no poco trabajo hallar
asiento[108].

La condesa de Aulnoy, cuyo viaje  Espaa cae al comenzar el reinado de
Carlos II, dice as desde San Sebastin:

Despus de haber descansado, form el proyecto de visitar el teatro.
Cuando entr en l, se levant un clamor general, que significaba
_mira! mira!_ La decoracin no era brillante, consistiendo en tablas
sostenidas por cuerdas. Las ventanas estaban abiertas, porque aqu se
acostumbra  representar sin luz artificial, siendo fcil de presumir
cunto perjudique esta circunstancia  la belleza del espectculo.
Representse la _Vida de San Antonio_, y cuando la obra mereca
aplausos, gritaban _vctor! vctor!_ todos los espectadores,
habindoseme dicho que tal es la costumbre del pas. Me llam la
atencin que el demonio no se diferenciaba en nada de los dems actores,
si se exceptan sus medias encarnadas y dos cuernos que llevaba en la
cabeza. La comedia, como todas, se divida slo en tres actos. Al
finalizar cada acto, se representaba un pasillo cmico  burlesco, en el
cual apareca _el gracioso_, diciendo algunas cosas buenas, entre
muchas sandeces. En los entreactos haba tambin bailes, con
acompaamiento de arpa y de guitarra. Las bailarinas traan castauelas
en las manos y un sombrerillo en la cabeza, como se acostumbra aqu en
los bailes; en _la Zarabanda_, era tan leve su movimiento, que no
pareca baile. Difernciase mucho su danza de la nuestra, porque mueven
bastante los brazos, y levantan con frecuencia las manos hasta el rostro
y el sombrero, aunque con cierta gracia, que agrada. Su habilidad en
tocar las castauelas es verdaderamente prodigiosa.

No se crea, por lo dems, partiendo del supuesto de que San Sebastin
es una poblacin poco importante, que estos actores sean distintos de
los de Madrid. Los del Rey sern,  la verdad, mejores; pero no por eso
ser muy grande la diferencia entre unos y otros. Hasta en _las comedias
famosas_, esto es, las ms clebres y bellas, incurren en singulares
ridiculeces. Por ejemplo, cuando San Antonio deca la confesin, lo cual
acontece frecuentemente, caan todos de rodillas, y se daban tales
golpes de pecho, que pareca deseaban acabar con su vida.

Despus, describiendo la autora su permanencia en Madrid, se expresa de
este modo acerca de los teatros:

Es difcil dar una idea exacta de la pobreza de su maquinaria. Los
dioses aparecen  caballo en una viga, que se extiende de un extremo 
otro del teatro. El sol se figura por medio de una docena de faroles de
papel de color, con su luz correspondiente en cada uno. En la escena en
que Alicia invoca  los demonios, salen stos del infierno, con toda
comodidad, por unas escaleras. El gracioso  bufn dice mil sandeces...
Por lo dems, la mejor comedia es aplaudida  silbada, al capricho de
cualquier harapiento personaje. Hay, entre otros, un zapatero, que goza
en este sentido de grande autoridad, de suerte que los poetas, despus
que concluyen sus composiciones, se las presentan para congraciarse su
favor. Lenselas, y tienen que oir mil necedades del zapatero; y cuando
se representan por vez primera, todos los espectadores fijan sus miradas
en los ojos del pobre diablo. Los jvenes de todas las clases siguen
siempre su ejemplo. Bostezan si l bosteza, ren si l re. En ocasiones
no se le puede sufrir, porque lleva  sus labios un pito, que nunca
abandona, y en seguida se oyen  centenares en el teatro, moviendo tal
alboroto, que ensordece  los espectadores. El msero poeta se
desespera, observando con dolor que el xito bueno  malo de su comedia
depende del arbitrio de tan andrajoso personaje.

Hay cierto departamento en estos teatros, que corresponde  nuestro
anfiteatro, y se llama _la cazuela_. Concurren  l las mujeres ms
frvolas y los seores ms principales para charlar con ellas. A veces
es tal la algazara que mueven, que no se oira ni el estampido del
trueno, puesto que las damas, cuya vivacidad no es refrenada por ninguna
consideracin ni conveniencia, dicen tales gracias, que hacen reir hasta
 las piedras. Saben al dedillo las vidas ajenas, y cuando se les ocurre
algn chiste relativo  SS. MM., preferiran,  no soltarlo, que las
ahorcasen en el cuarto de hora siguiente.

Puede asegurarse que en Madrid se tributa  las actrices un verdadero
culto. No hay una siquiera, que no mantenga relaciones con algn
seorn, y por la cual no diesen su existencia muchos hombres. Ignoro si
su trato es agradable; pero son las criaturas ms antipticas del mundo.
Gastan un lujo inmoderado, y antes se sufrira que una familia pereciese
de sed y de hambre, que privarlas, valiendo tan poco, de las cosas ms
superfluas[109].

El viaje citado de 1655 nos da, acerca de la festividad del Corpus y de
la representacin de _los autos sacramentales_ en Madrid, los detalles
siguientes:

El 27 de Mayo asistimos  la fiesta del Corpus, la ms ostentosa y la
ms larga de cuantas se solemnizan en Espaa. Comenz por una procesin,
 la que precedan muchedumbre de msicos y vizcanos con tamboriles y
castauelas. Acompabanlos tambin otras muchas personas con los trajes
ms apuestos, saltando y bailando, como si fuese Carnaval, al comps de
los instrumentos. El Rey fu  la iglesia de Santa Mara, prxima al
palacio, y, despus de oir la misa, regres con un cirio en la mano.
Delante se lleva el tabernculo, seguido de la grandeza de Espaa y de
los diversos consejos, mezclados en desorden este da, para evitar
disputas de preeminencia. Con los primeros acompaantes se observan
tambin mquinas gigantescas, esto es, figuras de cartn, que se mueven
por los esfuerzos de hombres ocultos en ellas. Eran de diversas formas,
y algunas horribles, representando todas mujeres, excepto la primera,
que es una cabeza monstruosa pintada, puesta sobre los hombros de un
devoto de pequea estatura, de manera que el conjunto se asemeja  un
enano con cabeza de gigante. Hay adems otros dos espantajos de la misma
especie, figurando dos gigantes, moro el uno y negro el otro. El pueblo
llama  estas figuras _Los Hijos del Vecino  Las Mamelinas_. Me han
hablado tambin de otra mquina semejante, que se pasea por las calles y
se llama _La Tarasca_. Este nombre, segn se dice, proviene de un bosque
que exista antiguamente en la Provenza, en el lugar en donde yace
Tarascn  Beaucaire, frente al Rdano. Asegrase que en cierto tiempo
fu habitado por una serpiente, tan enemiga del linaje humano, como la
que fu causa de que nuestros primeros padres fuesen expulsados del
Paraso. Santa Marta le di al fin muerte en virtud de sus oraciones, y
ahogndola con su cinturn. Sea lo que fuere de esta tradicin, ello es
que _La Tarasca_,  que me refiero, es una serpiente de monstruosa
magnitud, de vientre enorme, larga cola, pies pequeos, garras
retorcidas, ojos amenazadores y boca horrible y proeminente; su cuerpo
est sembrado de escamas. Llevan  este figurn por las calles, y los
que, ocultos bajo el cartn que la forma, la conducen, hacen con ella
tales movimientos, que arrebatan los sombreros de las cabezas de los
distrados; las gentes sencillas le tienen gran miedo, y, cuando atrapa
 alguno, promueve risa atronadora entre los espectadores. Lo ms
curioso de todo fu la cortesa, que estos monigotes hicieron  la Reina
al pasar la comitiva por el balcn que ocupaba. Tambin el Rey hizo su
cortesa  la Reina, contestndole ella y la Infanta desde sus asientos.
La procesin se encamin en seguida  la Plaza, y regres  _Santa
Mara_ por _la calle Mayor_.

A eso de las cinco de la tarde se representaron _autos_. Son dramas
religiosos, en los cuales se intercalan entremeses burlescos para
mitigar y sazonar la seriedad de la exposicin. Las compaas de
comediantes, de las cuales hay dos en Madrid, cierran los teatros en
esta temporada, y, por espacio de ms de un mes, ponen slo en escena
piezas religiosas. Estn obligados  representar cada da delante de la
casa de uno de los presidentes de los consejos. La primera funcin se
celebra ante el Palacio Real, levantndose al efecto un tablado con su
solio, bajo el cual se sientan SS. MM. El teatro se extiende al pie del
trono. En torno del escenario se ven casitas con ruedas, de las cuales
salen los actores, y  donde se retiran al finalizar cada escena. Antes
de comenzar los autos, los danzantes de la procesin y los monigotes
referidos, de cartn, ostentan sus habilidades en presencia del pueblo.
Lo que ms me choc en la representacin de un auto,  que asist en _El
Prado viejo_, fu que, verificndose en medio de la calle y  la luz del
da, se encendieron luces, mientras que en otros teatros cerrados, se
aprovecha la claridad natural, sin emplear la artificial[110].

As se expresan nuestros viajeros, sirvindonos sus relaciones para
enlazar y completar las nuestras. Advirtase, sin embargo, que las
noticias sacadas de ellas adolecen, en general, del defecto de presentar
las costumbres de Espaa de un modo desfavorable, dejndose arrastrar de
preocupaciones nacionales, por lo cual no es de extraar que rebajen,
ms bien que enaltezcan, cuanto atae  los teatros.




CAPTULO VII.

Decoraciones y tramoyas de los teatros espaoles.--Trajes.--Aparato
escnico en la representacin de autos.--Prohibicin de
espectculos teatrales en 1598.--Su derogacin en 1600.--Noticias
particulares de los teatros de esta poca.


En el volumen anterior nos hicimos cargo de la disposicin y arreglo de
aquella parte de los teatros espaoles, destinada  los concurrentes 
ellos. Prescindiendo, pues, de lo expuesto, proseguiremos nuestra tarea
tratando ahora de la escena, decoraciones, trajes, etc., en cuanto nos
lo permitan la escasez, que, en este punto, hay de datos detallados y
directos. Los antiguos escritores, que slo se dirigan  sus coetneos,
y que suponan conocido lo mismo que deseamos saber, no se han propuesto
nunca dar prolijos pormenores sobre estas cuestiones, por cuyo motivo
conviene mostrar indulgencia con nuestras tentativas para llenar las
lagunas que se observan, no existiendo  veces, para conocerlas, sino
alusiones aisladas  ellas,  noticias trazadas  la ligera. Tngase en
cuenta, que, cuanto expondremos en breve, se refiere  los teatros de
_la Cruz_ y _del Prncipe_, y slo mediatamente  los dems, nunca  los
edificios lujosos y ricos de la corte de Felipe IV, destinados  las
representaciones dramticas, de las cuales hablaremos despus[111].

La escena (_tablado_) se elevaba algunos pies sobre el patio, y estaba
mucho ms prxima  los espectadores que en los nuestros modernos. No
haba orquesta entre la escena y la parte, que denominamos _parterre_ 
patio; y los msicos, que desde el principio de la representacin
tocaban y cantaban, haban de subir  las tablas. Tampoco se conoca el
teln que ocultase el escenario, y de aqu que, al empezar una pieza, no
era dable presentarse en diversos grupos, puesto que los actores haban
de ofrecerse primero al pblico. Encontrbase en el fondo una elevacin
murada (_lo alto del teatro_) que serva para distintos usos, como, por
ejemplo, para figurar las murallas de una ciudad, el balcn de una casa,
una torre, una montaa, etc. La escena no era, ni con mucho, tan
profunda como la de nuestros teatros, sino, al contrario, ms
proeminente hacia los espectadores. Su decoracin consista en diversas
cortinas  tapices de un solo color  sencillos, pendientes del fondo, y
dejando varias entradas, que representaban ya un aposento  una sala, ya
una calle, ya un jardn  una selva, sin mudarse ni alterarse nunca. Con
preparativos tan poco complicados se exponan aquellos dramas, cuya
accin pasaba dentro del crculo de la vida comn y ordinaria,
principalmente _las comedias de capa y espada_, y entre ellas las que no
ofrecan un enlace esencial entre la fbula y el lugar de la accin, que
poda suplirse fcilmente por la imaginacin de los espectadores[112].
Si se empleaba ms juego de mquinas, dependa esto, en su parte
principal, del capricho del director de escena, sobre todo, si, con
arreglo al argumento de la pieza, el lugar de la accin tena en la
mejor inteligencia de sta influjo decisivo, y vena  ser elemento
integrante de ella, no bastando que la imaginacin de los espectadores
la supliese. Necesario era, en tales casos, que se presentasen
figuradamente  la vista del pblico aquellos objetos, que en otra obra
se hubiesen omitido, contando siempre con la perspicacia de los
asistentes  la representacin, y que se llamasen _Comedias de teatro_
las que se distinguan por su aparato escnico, superior al ordinario de
los tapices, y que demandaban ms riqueza y variedad en los trajes. Pero
las decoraciones, tales como hoy las comprendemos, con sus cambios
regulares, no jugaban jams en ellas. Las cortinas sencillas exornaban
la mayor parte de las escenas, representando diversas localidades, segn
lo exigan las necesidades del teatro. Cuando ste quedaba vaco, y los
personajes haban de venir por otra entrada, era menester que los
cambios de decoracin, no sensibles, se supusiesen por los espectadores.
Estos cambios no dependan inmediatamente de la salida de los
personajes, y la fantasa de los espectadores, como tantas otras veces,
se encargaba de lo restante. La ltima mitad del segundo acto de la
comedia de Caldern, _El Alcaide de s mismo_, por ejemplo, se supone
ocurrir en el parque de un castillo, y de repente, sin contar con la
desaparicin de los interlocutores del dilogo, se traslada la escena 
lo interior del mismo. En _Los Embustes de Fabia_, de Lope, se halla
otra prueba an ms decisiva. Aurelio, que estaba en el aposento de su
amada, sin abandonar la escena, dice:

      Este es palacio: ac sale
    Neron, nuestro Emperador,
    Que lo permite el autor
    Que desta industria se vale;
    Porque si ac no saliera,
    Fuera aqu la relacin
    Tan mala y tan sin razn
    Que ninguno la entendiera.

No siempre corresponde tampoco el lugar de la accin en _Las Comedias de
teatro_  la idea que de l nos formamos, y as consta de los dilogos,
en que los personajes, al salir  la escena, aluden  la localidad en
donde se hallan, puesto que tales explicaciones seran intiles por
completo, si los espectadores tuviesen  aqulla ante la vista. Cuando
del curso de la accin no se deduca con claridad el lugar en donde
ocurra, se apelaba  los dems medios escnicos, que ofreca el arte y
se podan utilizar. Su eleccin quedaba al arbitrio de los directores de
escena, puesto que los poetas lo hacan raras veces, y slo en los casos
ms urgentes. De aqu no escaso desorden en la representacin de las
obras dramticas, sucediendo que ciertas decoraciones se empleaban en
casos determinados, por el solo motivo de que agradaban y estaban 
mano, aunque no fuesen necesarias; mientras que en otros, en que no
haba el aparato escnico conveniente, se acuda, contra lo regular y
esperado,  la imaginacin de los espectadores. Con mucho trabajo nos
ser posible formarnos una idea, ni aun aproximada, de la licencia de
esta escenografa. Se prescinda en absoluto del encanto de los
sentidos, de cuanto constituye la ilusin verdadera. La pintura
escenogrfica, con sujecin  las reglas de la perspectiva lineal, de
suerte que el teatro representase un cuadro con la apariencia de lo
real, era completamente desconocida. Bastaba ofrecer algunas casas 
rboles de cartn  de tela pintados, para significar una casa  una
selva, y no estorbaban las cortinas de color uniforme del fondo, y de
los costados, que permanecan en su lugar ordinario. Despus de servir
una decoracin, de esta especie, no se mostraba grande empeo en hacerla
desaparecer al acabarse la escena, y se utilizaba en seguida para
figurar otro lugar, algo semejante al anterior. Con mucha frecuencia se
significa el cambio de lugar descorriendo una de las cortinas, y dejando
ver el objeto esencial de la nueva escena; de todas maneras hacase esto
parcialmente, porque el resto del teatro no variaba, destacndose slo
una escena reducida en el cuadro de otra ms vasta. A menudo se
verificaban estas mudanzas de suerte que, desde su parte anterior, que
representaba una calle  un aposento, penetraba la vista en otro,  en
una casa. Dedcese, pues, de lo dicho, que las reglas de la ms comn
verosimilitud se observaban tan poco, que era muy frecuente que la
escena figurase un campo extenso, en el cual los personajes recorran
considerables distancias, y el lugar de la accin,  lo menos en el
pensamiento, se dilataba en torno del centro de la escena, que le serva
de crculo. Por ejemplo, en el primer acto de _Los dos amantes del
cielo_, de Caldern, Chrysantho aparece al principio en el bosque
sagrado de Diana; supnese en seguida que, desde l, entra en lo ms
espeso de la montaa, puesto que l mismo describe, sin salir del teatro
ni un instante, las ridas rocas,  las cuales se acerca, no existiendo
razones para presumir que la escena cambie, sino al contrario, para
creer que los mismos rboles, y acaso la misma colina,  que se alude al
principio en el bosque sagrado, sirven despus para figurar el paraje
ms agreste de la montaa. Otro tanto sucede cuando los personajes, que
se encuentran en la escena, han de andar hacia adelante en la fantasa
de los espectadores sin moverse en realidad del lugar que ocupan, que
llama su atencin, y que principalmente descuella en la fbula de la
comedia, en cuyo caso se descorre una cortina del fondo  de los
costados para mostrarlo. Hay de esto numerosos ejemplos. Al empezar _El
Arauco domado_, de Lope, aparecen muchos soldados, como si estuviesen en
las cercanas de un puerto americano y caminando hacia la plaza, en
donde la procesin del Corpus pasa bajo un arco de triunfo; cuando
llegan al trmino de su destino, se descubre la escena descorriendo una
cortina, y deja ver el arco y la ostentosa procesin. En el famoso
_Convidado de piedra_, de Tirso, pasean Don Juan y su criado las calles
de Sevilla, y, despus de permanecer en el teatro cierto tiempo, se
descubre la estatua del Comendador, suponindose que llegan entonces 
encontrarla.

Las dems mquinas no eran ms perfectas que las decoraciones. Por mucho
que las celebre Cervantes, y aunque esta parte del arte teatral, al
representarse su _Numancia_, estuviese ms adelantada, nada prueban sus
afirmaciones, cuando, entre otras cosas, leemos en las notas escnicas
de su tragedia, que ahora se rueda bajo el teatro,  uno y otro lado, un
saco lleno de piedras, como si tronara. En tiempo de Lope de Vega
alcanz la maquinaria ms perfeccin; pero,  pesar de esto, es de
presumir que no fuese grande, si hemos de atenernos  las descripciones,
citadas antes, de la condesa d'Aulnoy. Hicironse especialmente ms
comunes las mquinas para volar y para figurar nubes, sobre todo en los
dramas religiosos, para figurar que descienden del cielo apariciones,
santos, la Virgen Mara, el Nio Jess, etc. Abranse agujeros en el
suelo de la escena, llamados _escotillones_, que servan para
desaparecer por ellos los personajes, y para que ascendiesen los
espritus infernales. Estos mismos escotillones servan tambin, 
veces, en otras piezas para distintos usos, como suceda en la comedia
de Tirso, titulada _Por el stano y el torno_; en _El Tejedor de
Segovia_, de Alarcn, y en _El Galn fantasma_, de Caldern, en las
cuales figuran salidas de subterrneos.

Quizs no falte quien se incline  mirar con desprecio el sencillo
aparato de la escena espaola, recordando las exigencias de las
imaginaciones modernas en cuanto se refiere  la ilusin teatral; pero
quien conozca el detrimento, que sufre el arte en su esencia con los
poderosos medios externos empleados en la representacin, y que, por
punto general, coincide la decadencia del drama con el mayor lujo
escnico, mirar con otros ojos la sencillez antigua, parecindole, sin
mucho esfuerzo, que, en realidad, favoreci al verdadero arte dramtico.
Fu una ventaja para los poetas espaoles el componer para un pblico,
cuyas pretensiones eran tan modestas en la parte material de la
exposicin de sus obras, y pronto  sujetar sus sentidos  la
imaginacin, y, cuando fuese necesario,  seguir de uno en otro lugar la
mgica varita de la poesa. Como desde un principio se haba renunciado
al imposible,  que tiende nuestro afn escnico, que es  vestir la
ficcin con los colores de la verdad; como el espectador no deseaba ver
ante s, como si existiera, todo lo descrito en los versos; como no daba
gran precio al testimonio de sus ojos, formando su fantasa el
complemento de lo que faltaba  la imperfecta representacin externa,
poda tambin el poeta abandonarse  las ms atrevidas ficciones, sin
tener en cuenta si la escena sera capaz de figurarlas. De celebrar es
que el drama espaol desconociese esas mudanzas de sillas, esas escenas
sin personajes y las dems interrupciones de nuestros espectculos, que
 cada instante perturban el curso de la accin. No obstante la
sencillez del mecanismo del antiguo teatro espaol, qujase Lope de Vega
(en el prlogo al tomo XVI de sus _Comedias_) del inmoderado abuso, que
de las mquinas se hace en las tablas. Cules seran sus expresiones,
al hablar de nuestra moderna barbarie, si hubiese asistido  una
representacin cualquiera en los teatros de Pars  Berln!

En los trajes eran los espaoles de entonces tan poco escrupulosos como
en la decoracin de sus dramas. No necesitamos decir que se observaban
las principales distinciones en el rango de los personajes, y que el
militar apareca vestido de diverso modo que el paisano, y el caballero
que el menestral. Como los espaoles mantenan tan extenso comercio con
las dems naciones, y conocan, por tanto, sus trajes, aparecan tambin
alemanes y franceses, italianos  ingleses, turcos y moros con
vestidos, que tenan, por lo menos, cierta semejanza con los de estos
pueblos (como lo prueban las frecuentes indicaciones que se hacen de
_vestido francs_, _de moro_, etc.), aunque no se guardase en esta parte
nimia exactitud. En las comedias, cuya accin ocurra en pases remotos
de costumbres desconocidas, se empleaba un traje, calcado en el espaol
de la poca, y diferente de l slo en algunos accesorios fantsticos,
que bastaban para indicar su antigedad, y para que los espectadores
quedasen satisfechos. Lope de Vega, en su _Nuevo arte de hacer
comedias_, se lamenta de la inverosimilitud de que los romanos aparezcan
en el teatro con calzas, y el viajero, citado antes, dice expresamente
que ha visto en los teatros de Madrid  los griegos y romanos vestidos 
la espaola. Sin embargo, esto no ha de entenderse como si en tales
casos se adornasen los actores con el traje espaol de la poca, sin
mudanza ni modificacin alguna, sino que se trata de un traje teatral,
potico y acomodado  la realidad, que se intentaba representar, y al
pas en que se supona ocurrir la accin. Ya Cervantes, en sus notas
escnicas  _La Numancia_, intenta evitar los groseros anacronismos que
se cometan, puesto que indica que los soldados romanos deban llevar
armas  la antigua, y aparecer sin arcabuces; y aun despus hubo de
adelantarse tambin en la observancia de tales conveniencias, sin ser
tan escrupulosos ni eruditos, como acontece en la moderna indumentaria,
sino usando ampliamente de las prerrogativas especiales  cada teatro,
de subordinar la verosimilitud y la verdad externa  la general potica.

Las representaciones comenzaban ordinariamente (en los teatros pblicos,
porque ahora no hablamos de los autos), hacia las dos de la tarde en el
invierno y las tres en verano, y duraban unas dos  tres horas, por cuya
razn no haba necesidad de alumbrado artificial[113]. El orden, con que
se disponan las diversas partes de la representacin, era el siguiente:
primero, canto acompaado de instrumentos, hallndose los msicos en las
tablas; despus la loa, indispensable en general al principio, y
recitada ms tarde, excepcionalmente; en seguida la comedia, y en los
intermedios un entrems  baile[114], que se repeta, por lo comn, al
terminarse.

La representacin de _Los autos sacramentales_ consta ya, por la
descripcin expuesta antes, de un testigo ocular. Aadiremos, sin
embargo, porque as se deduce de diversas alusiones de estas obras, que
aquel monstruo marino, que se llevaba en la procesin, figuraba al
Leviatn  smbolo del pecado, siendo este supuesto ms verosmil y
aceptable que la explicacin dada por el viajero, de que hicimos mrito.
En la misma procesin se observaba tambin una figura de mujer,
fantsticamente adornada, con la cual se significaba la prostituta
Babilonia. Los autos, como dijimos antes, se representaban en tablados
al aire libre. Los actores atravesaban la ciudad en carros cubiertos,
cuyos costados estaban guarnecidos de cortinas pintadas, hasta llegar 
aquella parte de la poblacin, en donde se haba de celebrar la fiesta.
En seguida se colocaban los carros en crculo alrededor del tablado, 
formando tringulo, de suerte que su cortinaje sirviese de decoracin.
Lo interior de los mismos era el vestuario; encerraba tambin las
mquinas escnicas ms necesarias para la exposicin, y constitua un
segundo tablado, que, hasta cierto punto, poda extenderse descorriendo
las cortinas. En otros trminos: la escena principal, por medio de los
carros que la circuan, estaba rodeada de otras escenas parciales, que
se confundan con ella, engrandecindola con el auxilio de las cortinas,
 separaban  unas de otras, segn las circunstancias. Lo ltimo, esto
es, la parte que los carros, descubrindose  ocultndose, jugaban en la
accin de _Los autos sacramentales_, consta, con evidencia, del anlisis
de algunas composiciones de este linaje, y por ellas se conoce tambin
exactamente la maquinaria y los trajes que se usaban. Aunque los poetas,
por punto general, dejaban en estas piezas al cuidado del decorador su
parte material, sin embargo, se puede asegurar que las pretensiones
escnicas del pblico eran ms modestas que en los dramas profanos. La
representacin de _Los autos sacramentales_ se haca, por lo comn,
hacia las cinco de la tarde, precedindola una loa y un entrems. La luz
artificial, que se empleaba en ellos, no tanto se encenda para
comodidad de los concurrentes, cuanto para honrar al Santsimo
Sacramento.

Reanudando el hilo cronolgico de nuestra narracin, interrumpido en el
anterior captulo, hacia el ao 1587, indicaremos algunas
particularidades relativas al teatro. Recordaremos, que, en dicho ao,
puso fin  los escrpulos suscitados por la licencia de las
representaciones teatrales, el permiso formal concedido  estos
establecimientos pblicos para proseguir sus tareas, bajo ciertas
restricciones. A consecuencia de esta medida se aumentaron
extraordinariamente, en poco tiempo, las compaas de actores y el
nmero de teatros. Tuvironlos casi todas las poblaciones de alguna
importancia, y ms de uno las que, como Sevilla, Granada, Valencia y
Zaragoza, descollaban entre las dems. Hasta los lugares ms
insignificantes quisieron tambin gozar de los placeres, que esta
diversin proporcionaba, y acogan con avidez las compaas ambulantes,
que levantaban tablados provisionales para satisfacer la curiosidad de
la multitud, que  ellos acorra. A esto aluden las noticias, que
anticipamos en el primer tomo, de _El Viaje entretenido_ de Agustn de
Roxas. Madrid, sin embargo, continu siendo el foco del arte dramtico
en sus distintas manifestaciones, y en donde se desenvolvi con ms
perfeccin. Verdad es que no se edificaron nuevos teatros, sino al
contrario, que se fueron abandonando los de la Puerta del Sol, de Isabel
Pacheco, de N. Burguillos, de Cristbal de la Puente y de Valdivieso;
subsistiendo tan slo los dos corrales de _La Cruz_ y de _El Prncipe_,
cuya data alcanza  los aos de 1579 y 1582, aunque, por otra parte, se
aumentaron los das, en que era lcito dar representaciones, limitados
en un principio  los festivos y alguno que otro de la semana, y creci
el personal de las compaas, y se agotaron ms rpidamente las obras
dramticas.

Las compaas principales, que se distinguieron en la capital, hacia el
ao 90 del siglo XVI, fueron las de Juan de Vergara, Pinedo, Ros,
Alonso Riquelme, Villegas, Heredia, Pedro Rodrguez, Jernimo Lpez,
Alonso Morales, Alcaraz, Vaca, Gaspar de la Torre y Andrs de
Claramonte. La aficin  los espectculos dramticos creci de tal
manera, que hasta en las iglesias y conventos se representaron piezas
profanas, y que los grandes y potentados, no contentos con asistir  los
teatros pblicos, quisieron tambin tenerlos en sus palacios.
Innumerables poetas siguieron las huellas de Lope de Vega, superndose
en fecundidad unos  otros, y esforzndose en satisfacer, con nuevas
composiciones, la sed inextinguible de sus favorecedores. Las
autoridades no examinaban previamente las producciones dramticas,
bastndoles vigilar con indulgencia la representacin; y los alguaciles,
encargados especialmente del buen orden y de la polica de los teatros,
al parecer no se proponan otro objeto que el asegurar las entradas en
la caja de las compaas[115]. Cayeron por estas causas en desuso las
disposiciones legales sobre los teatros, que se promulgaron en el ao de
1587, aprovechndose los empresarios  directores de la ocasin para
libertarse de las restricciones que se les haban puesto, bailndose en
la escena hasta las danzas prohibidas, como _la Zarabanda_, _la
Chacona_, etc. El rey D. Felipe II,  pesar de su severidad en otras
cosas, no fij su atencin, por ms de un decenio, en estos desrdenes,
ni public ley ni orden alguna que aludiese slo  ellos[116]. Pero en
el otoo de 1597 excito su inters de nuevo este punto. Con motivo del
fallecimiento de la princesa Catalina permanecieron largo tiempo
cerrados los teatros de la capital, y aprovecharon los telogos la
ocasin para hacer nuevo alarde de sus escrpulos, originados de la
licencia de las funciones teatrales; sus esfuerzos obtuvieron esta vez
mejor xito, sin duda porque fueron ms enrgicos, puesto que el 2 de
mayo de 1598 se promulg una Real pragmtica, que prohiba
indefinidamente la representacin de comedias[117]. No se indica en ella
claramente si esta prohibicin comprenda  todas las ciudades del
reino,  se limitaba slo  la capital; pero si, como se presume, tuvo
el primer objeto, lo cierto fu que se observ nicamente en Madrid, en
donde se aplic en todo su rigor por hallarse bajo la vigilancia de las
autoridades superiores. Mas aqu fu tambin en donde se hizo sentir en
todo su peso la opresiva severidad de dicha disposicin, vindose los
hospitales sin recursos para atender al cuidado de los enfermos. En
vano se rog  inst al Gobierno para que abriese de nuevo los teatros,
permaneciendo en vigor sus rdenes hasta la muerte de Felipe II
(septiembre de 1598). En la primavera de 1600, sin embargo, di tal
importancia Felipe III  las repetidas y vehementes splicas que se le
hicieron, que convoc una junta de hombres de estado y de telogos, para
que discutiesen las condiciones y modificaciones, bajo las cuales, en
todo caso, se concedera de nuevo la reapertura de los teatros. Muy
opuestas fueron, en verdad, las opiniones de los individuos de la junta,
y mucho se habl y escribi sobre esto, creyendo unos que deba
mantenerse la prohibicin, y sosteniendo otros que bastaba vigilar con
mayor cuidado las representaciones, y abolir algunos abusos. Triunf, al
fin, el parecer de los ltimos, y el Gobierno public una ordenanza,
cuyas clusulas y restricciones, que copiamos  continuacin, haban de
observarse en las funciones teatrales. Decase en ella:

1. Que haban de desterrarse de la escena todo linaje de cantos y
bailes indecentes.

2. Que slo se concedera la licencia para representar  cuatro
compaas.

3. Que se prohiba  las mujeres presentarse en traje de hombres, y
que, al alternar con los dems actores, haban de ser acompaadas de sus
padres  esposos.

4. Que se vedaba la asistencia  los teatros  prelados, clrigos y
frailes.

5. Que durante la Cuaresma, el domingo de Adviento, el da primero de
la Semana Santa, la Pascua y Pentecosts, no se celebrara funcin
teatral alguna, y, por regla general, slo tres veces  la semana.

6. Que en un mismo lugar haba de haber nicamente una compaa,
residiendo en l un mes largo.

7. Que en las iglesias y conventos se representasen slo verdaderos
dramas religiosos.

8. Que en todos los teatros hubiese asientos separados para los dos
sexos, con distintas entradas.

9. Que en las universidades de Alcal y de Salamanca, no se
representase ms que en tiempo de ferias.

10. Que el permiso concedido  cada compaa durase slo un ao,
debiendo despus renovarse.

11. Que las comedias y entremeses, previamente  su representacin
pblica, se representasen ante algunos inteligentes (entre ellos un
telogo), para que fuesen aprobados.

Y 12. Que se nombrara un _juez protector de los teatros_,  cuyo cargo
correra su inspeccin, y el cumplimiento de las disposiciones
anteriores[118].

Nombrse, en efecto, el juez, subsistiendo este destino todo el siglo
XVII. No obstante, no se observaron con rigor las disposiciones de la
ordenanza, y los teatros, abiertos de nuevo, las fueron eludiendo poco 
poco. Vise obligado el Gobierno, en vez de conceder la licencia 
cuatro compaas,  extender la primera  seis, y despus  doce. Pero
adems de estas compaas privilegiadas (_compaas reales  de
ttulo_), recorran el pas otras muchas, y pronto se contaron en toda
Espaa hasta cuarenta, con unos mil actores. Ya Mariana, en su _Liber de
spectaculis_, impreso en 1609, dice que el nmero de los cmicos se
haba aumentado en los ltimos veinte aos de un modo extraordinario, y
que creca por momentos, de la misma suerte que los teatros, que se
levantaban en todas las poblaciones de la Pennsula, y como suceda
tambin con la aficin  las representaciones dramticas, tan general
en toda la nacin, que las personas de todos los sexos, edad y clase,
sin exceptuar clrigos ni frailes, se precipitaban  porfa en los
teatros. Deplora en la obra citada el continuado abuso de profanar, con
entremeses y bailes indecentes, las representaciones religiosas en las
iglesias y hasta en los conventos. Poco tiempo hubo tambin de
observarse la prohibicin de representarse ninguna obra sin la censura
previa, cuando en el primer volumen del _Don Quijote_ (1605) se habla de
esta medida, digna de ser aplicada, pero sin observancia en Espaa, , 
lo menos, en una gran parte de sta[119]; y en una novela, impresa en
1625, aunque, al parecer, escrita mucho antes[120], se dice
expresamente, que slo en Aragn, no en lo restante del reino, se guarda
la costumbre de someter  la aprobacin de las autoridades las comedias
que han de representarse. _Los jueces protectores_ y los alcaldes, que
los reemplazaban por delegacin para asistir al teatro (en el cual
tenan su asiento determinado), hubieron de ejercer su cargo con grande
indulgencia: slo se cumpli hasta la muerte de Felipe III la
prohibicin de bailar la _Zarabanda_ y dems danzas indecentes, aunque
los directores de escena de esta poca se quejan repetidas veces del
perjuicio que sufren en sus ganancias, por la omisin de este regocijo.

La mudanza de la corte de Felipe III  Valladolid en 1600, no debi
ejercer notable influencia en los teatros de la antigua capital, ni
tampoco es de pensar que se aumentara con su vuelta  Madrid[121]. El
carcter reservado  indolente de este monarca, que comunic tambin 
cuantos lo rodeaban, lo mantuvo, as como  su corte, alejado de todo
contacto con el teatro. Verdad es, que, cediendo  las splicas
irresistibles de la nacin, permiti que se representasen de nuevo obras
dramticas; pero no parece que embellecieron jams sus fiestas de corte
con este recreo, ni que asistiese tampoco  los teatros pblicos; su
bigrafo,  lo menos, que nos ha conservado tantas noticias de su vida
privada (Gonzalo Dvila, _Historia de Felipe III_), no nos cuenta nada
de esto, si se excepta el nico caso de la representacin de una
comedia en Lerma, con la cual solemniz el conde de Lemos la visita 
esta ciudad de Felipe III y de su corte[122].

Los teatros de la Cruz y del Prncipe eran, como antes, propiedad de las
hermandades de _Nuestra Seora de la Soledad y de la Pasin_, que los
cedan  las compaas de cmicos y perciban de los concurrentes cierta
suma, como dueos de los teatros[123]. Los productos se repartan entre
los diversos hospitales de la capital. En una segunda puerta tena un
despacho el director de la compaa, y, al entrar en ella, pagaban
segunda vez los espectadores. Los datos que han llegado hasta nosotros
sobre este punto[124], son tan diversos y opuestos y ofrecen tal
confusin en lo relativo  las sumas, que se distribuan entre los
hospitales y las compaas, que apenas merecen que nos tomemos el
trabajo de compararlos y cotejarlos. Estos nmeros pierden para nosotros
su importancia, porque (prescindiendo de la distinta significacin del
dinero en aquella poca y en la nuestra) hablan de diversas especies de
monedas, que, como los maraveds, ducados, etc., han variado
frecuentemente de valor, y no nos permiten calcular con exactitud las
sumas recaudadas en las diversas pocas que examinamos. Por punto
general, puede asegurarse, sin embargo, que el precio de las localidades
era proporcionalmente muy inferior al de nuestro tiempo[125].

Las cofradas tantas veces mencionadas acordaron, en el ao de 1615,
alquilar los dos teatros de Madrid, de tal suerte, que el arrendatario
percibiese el producto de las entradas, destinando una parte al
sostenimiento de los hospitales. As se vieron libres de los cuidados
consiguientes  su administracin especial de fondos. El contrato de
arrendamiento fu ya de dos, ya de cuatro aos (en 1615 por dos aos,
pagando 27.000 ducados, y en 1617 por cuatro, con 105.000 ducados),
prosiguiendo as las cosas, con varias alternativas, hasta 1638. En este
ao cambiaron tan radicalmente, que la municipalidad de Madrid tom  su
cargo celebrar los contratos de arrendamiento en nombre de las
cofradas, libertndolas de los perjuicios que pudieran haber sufrido.
Hasta los ltimos tiempos se ha observado esta prctica, hacindola
extensiva  los teatros, que en el siglo XVIII se edificaron en el
lugar ocupado por los antiguos.

Las compaas no residan fijamente en ninguna parte, ni haba tampoco
una estrecha unin entre sus miembros, sino que representaban ya aqu,
ya all, corriendo el pas y renovndose parcialmente cuando les
pareca; sin embargo, su permanencia en el mismo lugar no se limitaba al
corto plazo, prescrito por la ley, porque, segn los datos existentes, y
no con poca frecuencia, perseveraron en la misma poblacin aos enteros.
Las ciudades ms importantes (como, adems de Madrid, lo eran Zaragoza,
Valladolid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Granada, Crdoba, etc.)
cuidaban de que en sus teatros hubiese siempre alguna compaa, de
suerte que las representaciones en todo el ao, excepto la Cuaresma, no
sufriesen sino ligeras interrupciones. En Madrid haba de ordinario dos
compaas: una en el teatro de la Cruz, y otra en el del Prncipe[126].
Las ciudades menos importantes disfrutaban de las diversiones teatrales
slo en algunas temporadas, cuando acudan  ellas compaas de actores,
contentndose, por lo comn, con algunas menos calificadas por el nmero
y el mrito de sus individuos, y formando stas las distintas categoras
antes indicadas, con referencia  Agustn de Rojas. No obstante, si
hemos de dar crdito al testimonio de Santiago Ortiz,  principios del
reinado de Felipe IV hasta las aldeas tenan locales  propsito para
representar comedias en cualquiera poca, si contaban con actores que
las desempeasen. Si no posean estos locales, en cualquier patio 
saln, segn las circunstancias de cada pueblo, se dispona un teatro,
tan fcil de erigir como de quitar. Las compaas de las clases ms
inferiores visitaban hasta los villorrios de menos importancia,
constando as de la relacin que leemos en la parte segunda de _Don
Quijote_, cuando ste encuentra una compaa de comediantes que iba de
aldea en aldea para representar autos[127], y de las noticias alusivas 
este punto, que se encuentran en el _Viaje entretenido_ (vase el tomo
I, pg. 406). Cuando no haba actores, servan los muecos, como leemos
en el _Quijote_, de Cervantes, al tratar de maese Pedro, que recorra
las aldeas y representaba con ellos la _Historia de Gayferos_ y _La
bella Melisendra_,  bien los mismos habitantes del lugar se encargaban
de los papeles, como aparece de otro pasaje de _Don Quijote_, en que el
cabrero Pedro se expresa de este modo para celebrar al difunto pastor
Crisstomo: Olvidbaseme de decir cmo Crisstomo el difunto fu grande
hombre de componer coplas, tanto que l haca los villancicos para la
noche del Nacimiento del Seor, y los _autos_ para el da de Dios, que
los representaban los mozos en nuestro pueblo, y todos decan que eran
por el cabo[128].

Las molestias  incomodidades, propias de los cmicos de la legua,
vagando siempre de una parte  otra, descrbenlas diversos escritores de
la poca con los ms vivos colores. As se queja de ellas Rojas (_Viaje
entretenido_, pg. 282):

      Porque no hay negro en Espaa,
    Ni esclavo en Argel se vende,
    Que no tenga mejor vida
    Que un farsante, si se advierte:
    El esclavo, que es esclavo,
    Quiero que trabaje siempre
    Por la maana y la tarde,
    Pero por la noche duerme:
    No tiene  quin contentar
    Sino  un amo  dos que tiene,
    Y haciendo lo que le mandan
    Ya cumple con lo que debe:
    Pero estos representantes,
    Antes que Dios amanece,
    Escribiendo y estudiando
    Desde las cinco  las nueve,
    Y de las nueve  las doce
    Se estn ensayando siempre;
    Comen, vanse  la comedia,
    Y salen de all  las siete:
    Si cuando han de descansar
    Los llaman el presidente,
    Los oidores, los alcaldes,
    Los fiscales, los regentes:
    Y todos van  servir
    A cualquier hora que quieren,
    Que es eso aire, yo me admiro
    Cmo es posible que pueden
    Estudiar toda su vida,
    Y andar cavilando siempre,
    Pues no hay trabajo en el mundo
    Que puede igualarse  ste:
    Con el agua, con el sol,
    Con el aire, con la nieve,
    Con el fro, con el hielo
    Y comer y pagar fletes:
    Sufrir tantas necedades,
    Oir tantos pareceres,
    Contentar  tantos gustos
    Y dar gusto  tantas gentes.

El autor de la novela ya citada, de _Alonso, mozo de muchos amos_, traza
un cuadro parecido de los sufrimientos de los actores, cuando, como los
gitanos, han de encaminarse de un pueblo  otro cada quince das,
lloviendo y nevando[129].

Ms adelante se queja con frecuencia de la conducta del pblico, y de la
dificultad de que haga justicia, y ms particularmente de los asistentes
al patio,  los cuales, aludindose  la soldadesca grosera y
alborotadora de aquella poca, se les puso el nombre de _mosqueteros_
por los escndalos y la algazara, con que expresaban su desagrado  los
actores y  las comedias. A este propsito dice Rojas (_Viaje
entretenido_, pg. 136) lo siguiente:

      Desdichado del autor
    Que aqu como el sastre viene
    Con farsas, que aunque sean buenas
    Que ha de errar cuando no yerre.
    Pues si uno habla tan presto,
    No falta quien dice: vete,
    No te vayas, habla, calla,
    Entrate luego, no entres.

Y en otra loa (pg. 284):

      Murmuren, hablen y ran
    De todos los que salieren:
    Del uno porque sali,
    Del otro porque se entre:
    Ranse de la comedia,
    Digan que es impertinente,
    Malos versos, mala traza,
    Y que es la msica aleve,
    Los entremeses malditos
    Los que los hacen crueles:
    As Dios les d salud,

    * * *

    Una tos que los ahogue
    Y una mujer que los pele.

Solan (dice Lope de Vega en el prlogo de _Los amantes sin amor_, tomo
XIV de las _Comedias_ de Lope de Vega, no h muchos aos), yrse dellos
tres  tres, y quatro  quatro, quando no les agradava la fabula, la
poesia,  los que la recitaban y castigar con no bolver,  los dueos de
la accion y de los versos, Agora, por desdichas mias, es verguena ver
un barbado despedir un silbo como pudiera un picaro en el Coso.

Para aplacar esas manifestaciones de descontento, en lo posible,
acostumbraban los poetas en las loas solicitar la indulgencia, el
silencio, etc., del pblico; as se comprenden las siguientes palabras,
que leemos en un entrems de Luis Benavente[130]:

    LORENZO. Piedad, ingeniosos bancos!

    CINTOR. Perdn, nobles aposentos!

    LINARES. Favor, belicosas gradas!

    BERNARDO. Quietud, desvanes tremendos!

    PIERO. Atencin, mis barandillas!

    PINELO. Carsimos mosqueteros,
            Granuja del auditorio,
            Defensa, ayuda, silencio,
            Y brindis  todo el mundo,

(_Toma tabaco._)

            Que ya os doy de lo que heredo.

    LORENZO. Damas, en quien dignamente
             Cifr su hermosura el cielo...
             ...
             ...
             As el abril de los aos
             Sea en vosotros eterno,
             Sin que el tiempo que tenis
             No se sepa en ningn tiempo...

    MARGARITA. Que piadosas y corteses
               Pongis perpetuo silencio...

    INS. A las llaves y  los pitos,
          Silba de varios sucesos.

Tambin en _la cazuela_ se acostumbraba tocar llaves y pitos para
manifestar el desagrado de los asistentes  ella. Para mostrar la
aprobacin de los espectadores, se usaba de la voz _vtor_  se daban
palmadas[131]. A tales expresiones ruidosas del concurso aluden las
splicas, que se hacen ordinariamente en la conclusin de las comedias
espaolas, rogndole que perdone sus faltas, que aplauda, etc.

Entre los individuos de las compaas de comediantes, se encontraba un
poeta, ya para arreglar y retocar piezas antiguas, ya para componerlas
nuevas[132]. La costumbre generalizada hasta esta poca, de que los
actores escribiesen comedias, fu cayendo en desuso  fines del siglo
XVI,  medida que eran mayores las excelencias que se buscaban en las
obras dramticas.

Los honorarios, que los directores de teatro solan pagar  los autores
acreditados de comedias, ascendan en tiempo de Lope de Vega  unos 500
reales[133], y algo despus  unos 800, suma, en verdad, insignificante,
y que slo poda ser fuente de lucro por la fecundidad de los dramticos
espaoles. Ninguna utilidad produca al poeta la impresin de sus
obras, puesto que perda sus derechos de propiedad al venderla para el
teatro, segn consta claramente de los tomos VII y VIII de las comedias
de Lope,  los cuales precede un privilegio en favor del librero
Francisco de vila, para la impresin de 24 piezas que haba comprado 
los directores de teatro[134]. Tal es, sin duda, la causa de que la
mayor parte de los poetas espaoles no se hayan cuidado de publicar sus
obras dramticas, juntamente con la opinin dominante en aquella poca,
de que los dramas se escriban para la escena, no para leerlos. Si
algunos, como Lope, Montalbn, Alarcn, etc., dieron  la prensa sus
comedias, fu para salvar su crdito literario, en peligro 
consecuencia de las ediciones defectuosas  falsificadas, que se haban
hecho sin su conocimiento; de aqu tambin que el pblico, aficionado 
su lectura, y en especial las compaas de poca importancia, que no
podan pagar los honorarios por el manuscrito original, anhelasen  lo
menos la posesin de copias de las comedias ms acreditadas, y de que,
con el propsito de satisfacer esta necesidad de la manera menos
dispendiosa, proporcionaran ilegalmente los libreros copias de las
piezas,  cuya primitiva incorreccin y desalio haba que aadir
entonces las mutilaciones, que se les hacan sufrir para atender  las
exigencias del momento, ya en parte imprimindolas en nmero de doce, en
volmenes grandes en 4., ya en pliegos sueltos. Frecuentes son las
quejas de tales abusos de los autores; vanse los prlogos de Lope  su
_Peregrino_ (1603), y al tomo IX de sus _Comedias_ (1617), de Montalvn
 la primera (Madrid, 1638), de Alarcn  la segunda (Barcelona, 1634) y
de Rojas tambin  la segunda parte de sus obras dramticas (Madrid,
1625), de las cuales aparece que las comedias se impriman  menudo
llenas de errores, con perjuicio de los directores que las compraban,
sin la aprobacin de los interesados y sin licencia de las autoridades;
que los impresores de Sevilla y Zaragoza, sin cuidarse de la mayor 
menor extensin de las comedias, las reducan  cuatro pliegos y
supriman lo dems, y muchas veces hasta dos pliegos, y que variaban sus
ttulos, atribuyndolas  los ms clebres autores, cuando en realidad
estaban escritas por poetas menos conocidos, con el propsito de obtener
ms utilidades. Lope de Vega, en su prlogo  _La Arcadia_ (tomo XIII),
nos da una idea del desorden que reinaba en este punto. Dedcese de sus
palabras, que haba entonces gentes en Espaa que vivan falsificando
obras dramticas, pretextando que retenan de memoria comedias enteras,
y que despus las escriban, vendindolas, con sus mutilaciones y
errores,  otras compaas de cmicos. Despus de quejarse Lope de las
impresiones defectuosas  ilegales de sus comedias, y de que se vendan
como suyas las de otros poetas, dice as: Espero, entre otras cosas,
que quien ha escrito  impreso (si bien en tan distintas y altas
materias) se doler de los que escriban, y que ahora tendr remedio lo
que tantas veces se ha intentado, desterrando de los teatros unos
hombres que viven, se sustentan y visten de hurtar  los autores las
comedias, diciendo que las toman de memoria de slo oirlas, y que esto
no es hurto, respecto de que el representante las vende al pueblo, y que
se pueden valer de su memoria; que es lo mismo que decir que un ladrn
no lo es, porque se vale de su entendimiento, dando trazas, haciendo
llaves, rompiendo rejas, fingiendo personas, cartas, firmas y diferentes
hbitos. Esto, no slo es en dao de los autores, porque andan perdidos
y empeados, pero, lo que es ms de sentir, de los ingenios que las
escriben; porque yo he hecho diligencia para saber de uno de stos,
llamado _el de la gran memoria_, si era verdad que la tena, y he
hallado, leyendo sus tratados, que para un verso mo hay infinitos
suyos, llenos de locuras, disparates  ignorancias, bastantes  quitar
la honra y opinin al mayor ingenio en nuestra nacin y las extranjeras,
donde ya se leen con tanto gusto.

Dirgese en seguida al Dr. Gregorio Lpez Madera, consejero de Castilla
y protector del teatro, rogndole con vehemencia que ponga coto  este
desorden: V. m., pues, pondr remedio, por buen principio de su
proteccin,  este abuso...

As se comprende la desconfianza con que debemos mirar las ediciones de
comedias espaolas, que no hayan sido hechas por sus autores. Casi todas
_las sueltas_, especialmente, llevan en s trazas indudables de la falta
de conciencia y de la precipitacin con que se impriman, aunque, por
otra parte, incurriramos acaso en error, suponiendo que, para todas, 
 lo menos para la mayora de ellas, slo han servido textos
defectuosos, como indicamos antes, puesto que, por el contrario, se
desprende de su cotejo con las ediciones autnticas, que estn calcadas
en los manuscritos ms autorizados, distinguindose slo por sus yerros
innumerables de imprenta, y excepcionalmente por la corrupcin del texto
original, si bien basta esto ltimo para prevenirnos contra la lectura
de estas impresiones sueltas, y contra las compilaciones de otras,
hechas por los libreros para obtener grandes ganancias.

La fama del teatro espaol, que con tan rpido vuelo se elevara, pas al
principio de este perodo mucho ms all de las fronteras de la madre
patria, llegando, no slo  los pases extranjeros, sujetos al cetro de
los soberanos de la Pennsula,  Npoles y  Miln,  Flandes y Amrica,
sino tambin  otras naciones, en donde se representaron, imprimieron 
imitaron los dramas espaoles. Trataremos en lugar oportuno de este
punto, y con la prolijidad que merece, despus de historiar parte de la
literatura dramtica de esta poca. Entonces conoceremos la nueva forma,
que toma el teatro bajo Felipe IV, y su enlace con los anteriores, y
sta ser tambin ocasin de comunicar  los lectores los datos, que
poseemos, acerca de los ms clebres actores del tiempo de Lope de Vega.
Antes, sin embargo, llaman nuestra atencin otros objetos ms
interesantes.




CAPTULO VIII.

VIDA DE LOPE DE VEGA.


La biografa del hombre extraordinario, cuyo singular ingenio lo hizo el
dominador y creador del teatro espaol por espacio de medio siglo, ha de
ser para nosotros la ms importante, y merece, sin duda, de nuestra
parte, que le consagremos la atencin ms completa y perfecta que nos
sea posible. _La fama pstuma_, de Montalvn, es ms bien un apologtico
que una biografa, en el cual se entretejen algunas noticias biogrficas
falsas; no menos defectuoso y escaso es lo que nos dice D. Nicols
Antonio en su _Biblioteca nova_, y Sedano en _El Parnaso espaol_,
repetido despus en forma de extracto por Bouterweck y Dez; Lord
Holland, por ltimo, aade nuevos errores  los antiguos en un libro
sobre Lope de Vega. Cuanto expondremos  continuacin, fundado
principalmente en las indicaciones, que se hacen en las obras de este
poeta[135], rectificar,  la verdad, algunos puntos, y har resaltar
otros, que hasta ahora han pasado desatendidos, pero sin pretender por
esto que se considere un estro trabajo como una biografa acabada. Slo
examinando los documentos relativos  la vida de Lope de Vega, que acaso
existan en las bibliotecas y archivos de Espaa, se desvanecern ciertas
dudas y se llenarn las lagunas que se observan, sobre todo si algn
espaol, tan laborioso y perspicaz como Navarrete, hace por Lope de
Vega lo que l hizo por Cervantes.

El solar de los Vegas, en el valle de Carriedo, de Castilla la Vieja,
fu la residencia de la familia del mismo nombre, que pretenda remontar
su origen  la ms remota antigedad, y hasta estar emparentada con el
fabuloso Bernardo del Carpio. Tales pretensiones de antigedad eran
entonces comunes  todos. Sus bienes de fortuna, sin embargo, no corran
parejas con su orgullo genealgico. Un individuo de esta familia,
llamado Flix, abandon su hogar por buscar fortuna en el extranjero, y,
aunque ya casado, contrajo otras relaciones amorosas, que obligaron  su
esposa, Francisca Fernndez, instigada por los celos,  seguirlo hasta
Madrid, reconcilindose despus ambos esposos[136]. El fruto de esta
reconciliacin fu nuestro Lope Flix de Vega Carpio[137], que naci el
25 de noviembre de 1562, en Madrid, da de San Lupo, arzobispo de
Verona. No fu ste el nico hijo de dicho matrimonio, puesto que
tenemos noticia de la existencia de una hija, llamada Isabel[138], y de
otro hijo, que despus entr en el servicio militar[139]. Montalvn
cuenta maravillas del precoz ingenio de Lope,  los dos aos era
extraordinario el brillo de sus ojos, anunciando su talento prodigioso;
 los cinco saba ya leer en castellano y en latn, y cambiaba poesas,
escritas por l, por las estampas y los juguetes de sus compaeros[140].
Asegura tambin, que apenas saba hablar cuando compona versos, y con
este motivo compara sus primeros ensayos poticos  los informes gorjeos
de las avecillas en sus nidos[141]. A los once y doce aos escribi
comedias de cuatro actos y cuatro pliegos, puesto que cada acto llenaba
un pliego[142]. Parece, sin embargo, que de estos primeros ensayos no ha
llegado nada hasta nosotros. Cierto es que en el tomo XIV de sus
_Comedias_ se encuentra una titulada _El verdadero Amante_, la cual,
precedida de las palabras _primera comedia de Lope de Vega_, podra
acaso autorizarnos para que la considerramos como una de las
mencionadas, compuesta  los once  doce aos; pero verosmilmente es
posterior en algunos aos, puesto que el poeta, en la dedicatoria  su
hijo Lope, que la antecede, del ao de 1620, dice que la ha escrito  su
edad, y en aquella poca, como despus veremos, deba tener el joven
Lope trece aos  lo menos. Adase  esto la circunstancia de que est
dividida slo en tres actos, aun cuando pudiera explicarse suponiendo
que se haba refundido ms tarde en esta forma. Distnguese nicamente
por la belleza de la versificacin, mereciendo por su indudable
antigedad, la mayor de todas las suyas que nos ha conservado el tiempo,
que, como obra de tan eminente poeta, le consagremos preferentemente
nuestra atencin. El mismo Lope le llama ensayo grosero, aunque cuenta
que obtuvo aplausos. Es un drama pastoril, ms bien por los nombres de
los personajes que por su accin y sus efectos, por cuyo motivo se
diferencia por completo del mundo buclico de Montemayor y de Garcilaso.
Una pastora, llamada Amaranta, cuyo esposo ha muerto, se enamora de otro
pastor denominado Jacinto; pero como ste la desprecia por otra, lo
acusa aqulla del asesinato de su esposo, para forzarlo  elegir entre
su mano  la muerte; el pastor permanece fiel  su amada en trance tan
mortal, hasta que Amaranta, conmovida de su firmeza, retira la
acusacin. El enredo, segn se recuerda fcilmente, se asemeja al de _La
Estrella de Sevilla_, y se funda, como l, en una costumbre de la Edad
Media, con arreglo  la cual el asesino se entregaba  los parientes del
asesinado para que lo castigasen  perdonasen.

No nos faltan noticias de la juventud de Lope, pero s datos exactos y
concretos para ordenar seguida y cronolgicamente los sucesos de su vida
y sus pocas principales. Fcil es, en verdad, como se ha hecho hasta
ahora, prescindir de esta falta de cohesin y enlace, y forjar,
valindose de conjeturas y de hiptesis arbitrarias, y utilizando las
indicaciones aisladas y parciales que existen, una cadena aparentemente
aceptable de los acontecimientos ms culminantes de su existencia; pero
siempre ser lo ms seguro coordinar primero las diversas noticias de
sta, abstenindonos de cimentar su clasificacin cronolgica en base
tan instable como la de meras presunciones, excepto en el caso de que
aparezca clara  indubitable de los datos que poseemos.

El padre de Lope era amigo ntimo del seor D. Bernardino de Obregn, y,
como l, haca con ferviente celo obras de caridad y misericordia;
asista en los hospitales  enfermos y pobres, y ejercitaba  sus hijos
en prcticas tan piadosas[143]. Consta de _El Laurel de Apolo_ que era
tambin poeta, y no hay dificultad en imaginar que su ejemplo despert
hacia la poesa la precoz inclinacin de su hijo,  no ser que se
deduzca del pasaje citado, que l mismo no descubri el talento potico
de su padre hasta despus de su muerte.

Nuestro Lope recibi su primera instruccin en las escuelas de Madrid.
Montalvn refiere una ancdota que caracteriza el genio inquieto de este
mancebo. Arrastrado de su deseo de ver el mundo, huy de la capital en
compaa de uno de sus amigos, que se llamaba Hernn Muoz. Los jvenes
aventureros, sin embargo, no haban hecho bien sus clculos pecuniarios,
y se vieron forzados  vender una mula, aunque de nada les sirviera,
puesto que en Segovia quisieron desprenderse de algunas alhajas; el
platero,  quien intentaron venderlas, crey que las haban robado y
fueron encerrados en la crcel, hasta que el Corregidor sospech
felizmente la verdad del caso, y los oblig  volver  Madrid de nuevo.

Lope perdi pronto  sus padres, aunque no se sepa fijamente en qu ao;
pero s que, viviendo ellos y muy joven, entr al servicio de las armas.
As consta de muchos pasajes de sus escritos, aunque nada de esto digan
sus bigrafos. En la epstola  Antonio de Mendoza escribe los versos
siguientes:

      Verdad es que part de la presencia
    De mis padres y patria, en tiernos aos,
    A sufrir de la guerra la inclemencia.
    Pas por alta mar reinos extraos,
    Donde serv primero con la espada
    Que con la pluma describiese engaos.

El principio de _La Gatomaquia_ que le dedic el (quizas fingido)
licenciado Tom de Burguillos, nos ilustra acerca de esta parte de su
juventud, en la cual nadie se ha ocupado hasta ahora[144]. Dcese en
ella que asisti como soldado  una expedicin  las costas de frica;
_el marqus del mejor apellido_,  que alude, es indudablemente el
marqus de Santa Cruz. Si consultamos  los escritores de la poca,
vemos que D. Juan de Austria, al atacar el Norte de frica en el ao
1573, confi el mando de las tropas enviadas contra Tnez al marqus de
Santa Cruz, que correspondi brillantemente  sus esperanzas en octubre
del mismo ao, y en la misma poca en que fu tambin tomada
Biserta[145]. Poco tiempo despus cayeron de nuevo Tnez y los dems
puntos conquistados en estas regiones en poder de los turcos[146], y no
se vuelve  tratar ms de ninguna otra expedicin  estos parajes.
Dedcese, por tanto, pues, de lo expuesto, que Lope tom parte en esta
guerra; an no habra cumplido entonces los doce aos, por inverosmil
que parezca que fuese soldado en edad tan tierna. Sin embargo, quien
conoce la historia de la poca recordar muchos ejemplos
semejantes[147], debiendo advertir adems que en los pases meridionales
el desarrollo fsico es ms rpido que entre nosotros.

Parece que los escasos medios pecuniarios de su familia lo forzaron 
entrar tan joven en la milicia, y que esta misma causa lo oblig ms
tarde, aunque no se sepa si en vida de sus padres,  proporcionarse la
subsistencia en las casas de los grandes. En la dedicatoria de _La
Hermosa Ester_ (tomo XV de sus _Comedias_), dice que ha pasado algunos
das de su vida en casa del inquisidor D. Miguel de Carpio, y, segn
parece, en Barcelona. Ms largo tiempo hubo de servir  D. Jernimo
Manrique, obispo de vila, y despus inquisidor general, puesto que en
sus ltimos aos pronuncia su nombre con la gratitud ms ferviente:
Cuantas veces me toca al alma sangre Manrique, no puedo dejar de
reconocer mis principios y estudios  su herico nombre[148]. Montalvn
aade que el joven poeta compuso para este prelado diversas glogas, y
el drama pastoril _Jacinto_, y que esta obra dramtica es la primera
escrita en tres actos; pero el mismo Lope atribuye esta minoracin, que
haba de convertirse en ley, al poeta Virus, y antes de ahora hemos
visto que Cervantes se alaba tambin de este mrito, no grande en
verdad. Lope asisti en seguida  la universidad de Alcal, en donde
estudi filosofa y matemticas cuatro aos largos[149]; pero estas
ciencias no le agradaron, consagrndose  las secretas, y siendo
conducido por Raimundo Lulio  un intrincado laberinto[150]. Del
prlogo que precede  las poesas de Tom de Burguillos, parece
deducirse que estudi tambin mucho tiempo en Salamanca. Recibi el
grado de bachiller para entrar en la carrera eclesistica; pero el amor
lo ceg de tal manera, que se olvid de todo[151]. Es de presumir que
alude  las relaciones amorosas, que tan bien describe en _La Dorotea_,
 lo menos en lo substancial, y que corresponden  la juventud de Lope,
puesto que en otros muchos pasajes de sus escritos, y especialmente en
la segunda parte de _Filomena_, alude  ellas. Los nombres de los
personajes deben de ser supuestos. Expondremos, pues, esta parte de su
vida en sus rasgos ms esenciales.

A su regreso  Madrid de la Universidad, y contando diez y siete aos,
fu acogido con benevolencia en casa de una parienta rica y esplndida.
En la misma viva tambin una doncella joven, llamada Marfisa, con la
cual tuvo amores; pero no dur mucho la ventura de los dos amantes,
porque Marfisa se vi obligada  dar su mano  un abogado viejo, si bien
hizo  su prometido, el mismo da de su casamiento, las ms ardientes
protestas de perpetua fidelidad, acompaadas de torrentes de lgrimas.
El corazn de ste era impresionable hasta el exceso, y de aqu que
olvidase pronto su pasin, dominado por otra nueva. Dorotea[152], joven
madrilea, cuyo esposo estaba ausente, y tan lejos que no se esperaba su
vuelta, haba conocido  Lope en ciertas reuniones, y le di  entender
que aprobaba su inclinacin; vironse, en efecto, despus los dos
enamorados, parecindoles desde el primer instante que se haban
conocido y amado toda su vida. La madre de Dorotea desaprob, sin
embargo, este compromiso con un mancebo pobre, y se propuso atraer  sus
redes  un extranjero principal,  quien su sagaz hija, no creyendo
conveniente rechazarlo por completo, retuvo con tibios halagos. Diversas
aventuras ocurrieron  Lope con este rival: vise en continuo peligro de
muerte  causa de sus celosas asechanzas, y se regocij sobremanera de
ser al fin poseedor exclusivo del corazn de su amada por la ausencia de
Madrid de su competidor. Dorotea le prob su cario haciendo los mayores
sacrificios; pero su dicha haba de durar poco: declarle un da, con
toda formalidad, que era preciso poner trmino  sus relaciones, no
pudiendo sufrir ms los desaires y hasta los malos tratamientos de su
madre y de sus dems parientes, y las murmuraciones y las hablillas de
la corte. La infortunada joven slo esperaba quizs oir una palabra
amorosa de los labios de su amante para declararle que,  pesar de todo,
deseaba ser suya; pero el iracundo Lope, dejndose arrebatar de la
impresin del momento, se alej para separarse de ella perpetuamente, en
la inteligencia de que era despreciado por un rico americano, llamado
Don Vela,  quien protegan los deudos de Dorotea. Encaminse, pues, 
Sevilla; pero el mundo le pareca tan sombro y siniestro como estaba
su alma, figurndosele la bella y populosa ciudad un infierno en brasas.
Su inquietud lo llev despus  Cdiz, y de Cdiz  Madrid. Paseando un
da en el Prado, melanclico, encontr dos damas, callada la una y
envuelta en un velo, y esforzndose la otra en acercrsele, en hablar
con l y en averiguar la causa de su tristeza. Lope no tard en referir
la historia de sus amores, y cunto haba sufrido  la que tanto inters
mostraba hacia l; la tapada comenz entonces  sollozar y lamentarse en
voz alta, exclamando: Ay, mi bien! Ay, mi Fernando! Ay, mi primero
amor! Nunca yo hubiera nacido, para ser causa de tantas desdichas! Oh,
tirana madre! Oh, brbara mujer! Que t me forzaste, t me engaaste,
t me has dado la muerte! Cont despus que se haba desesperado y
vivido sin consuelo durante la ausencia de su amado; que haba hecho
diversas tentativas para quitarse la vida, y cay al fin en tierra
gimiendo. Lope no estaba menos conmovido, y mezcl sus lgrimas con las
suyas; confes que haba sido injusto, y se reconcili con ella. Pero
entonces fu necesario el ms artificioso disimulo para continuar estas
relaciones, y engaar  los parientes de Dorotea y al celoso Don Vela,
ms unido que nunca con ellos. Lope se present al obscurecer,
disfrazado de andrajoso mendigo,  la puerta de su amada; una criada
fiel sali de la casa para darle una limosna, y en el pan que le entreg
estaba oculta una carta de Dorotea; despus se recost bajo de sus
ventanas, y fingi dormir, dando tiempo para que ella bajase  la reja
sin ser sentida y entablasen ambos amoroso dilogo. Pero los misterios
del corazn son por dems extraos; pronto vari Lope de sentimientos,
como nos lo dice de esta manera:

No me parece que era Dorotea la que yo imaginaba ausente, no tan
hermosa, no tan graciosa, no tan entendida; y como quien, para que una
cosa se limpie la baa en agua, as lo qued yo en sus lgrimas de mis
deseos. Lo que me abrasaba era pensar que estaba enamorada de Don Vela;
lo que me quitaba el juicio era imaginar la conformidad de sus
voluntades; pero en viendo que estaba forzada, violentada, afligida, que
le afeaba, que le pona defectos, que maldeca  su madre, que infamaba
 Gerarda, que quera ms  Celia, y que me llamaba su verdad, su
pensamiento, su dueo y su amor primero, as se me quit del alma aquel
grave peso que me oprima, que van otras cosas mis ojos, y escuchaban
otras palabras mis odos, de suerte que cuando lleg la hora de
partirse, no slo no me pes, pero ya lo deseaba.

Su resolucin de romper con ella, maduraba ms cada da: aunque Dorotea
prefiriese  Lope, no se opona decidida y abiertamente  las
pretensiones de Don Vela, y sus relaciones con ste inspiraban, cuando
menos,  su amante celosas dudas; adanse  esto muchos disgustos
insignificantes, y, por ltimo, el influjo del amor  Marfisa, que se
despert de nuevo en el corazn de Lope, puesto que haca largo tiempo
que le haba dado las ms tiernas pruebas de afecto. Rompi, pues, por
completo con Dorotea,  quien atormentaron los ms rabiosos celos,
sufriendo  poco nueva afliccin con la muerte de Don Vela, ocurrida
despus de aquel suceso;  la conclusin de la obra, que lleva su
nombre, manifiesta su propsito de entrar en un convento, puesto que su
esposo haba muerto en este intervalo. Las relaciones de Lope con
Marfisa no hubieron de durar mucho, constndonos que ella se cas
despus de nuevo. Parece que, terminados estos amoros, entr otra vez
en el servicio militar, aunque por poco tiempo. Srveme de fundamento
para creerlo un pasaje de la poesa _El Huerto deshecho_, en que dice
haber visitado, sable en mano,  los orgullosos portugueses en la isla
Tercera[153], lo cual ocurri en 1852  1853. Felipe II haba sometido
 su cetro  Portugal, despus de la muerte del cardenal Enrique; pero
D. Antonio, prior de Ocrato, y uno de los pretendientes al trono de
Portugal, haba sabido captarse la proteccin de Francia  Inglaterra y
encontrado en las Azores numerosos y resueltos partidarios. Para someter
estas islas, y para combatir  una flota francesa, que se haba dirigido
 aqullas, fu enviada una escuadra espaola al mando del marqus de
Santa Cruz, en el ao de 1582, consiguiendo en dichas aguas una
brillante victoria contra los franceses el 25 de julio[154]. Pero el
levantamiento de las islas no se ahog por entero, y de aqu que, en
julio del ao siguiente, se dirigiera all otra expedicin  las rdenes
del mismo Marqus, que se apoder de la isla Tercera y sujet las
Azores[155].

La inexactitud con que Montalvn refiere las relaciones de Lope con
Dorotea, y su silencio sobre la parte que tom en una de las dos
expediciones mencionadas, pueden suscitar dudas acerca del crdito que
merece su narracin en lo dems. Preciso es, sin embargo, acudir  l
para seguir el hilo de nuestra biografa,  falta de otro testimonio ms
autntico, pero con ciertas precauciones, y con el propsito de
completarla con los datos que nos suministre el mismo Lope, y de
rectificarla, si hay contradiccin entre unos y otros.

A su vuelta de la Universidad, dice Montalvn, entr Lope de secretario
al servicio del duque de Alba. La poca, en que esto sucediera, no se
fija con precisin, ni aun se menciona el nombre del Duque, aunque
recordemos al famoso capitn, que sin duda viva en 1582; pero es de
presumir que fuese su nieto D. Antonio de Toledo,  quien se celebra en
muchas obras de Lope. Para este Duque escribi el poeta su novela
pastoril _La Arcadia_, impresa por vez primera en 1602, pero  no tan
pronto como Montalvn dice,  hubo de reformarse ms tarde, puesto que
alude  sucesos posteriores. _El Canto de Caliope_, de Cervantes, nos
convence, sin embargo, de que ya en 1584 era famoso el nombre de nuestro
poeta.

Montalvn contina la narracin de los acontecimientos, que
inmediatamente se sucedieron, de esta manera:

Despus de haber servido Lope largo tiempo al Duque, residiendo ya en
Madrid, ya en Alba, se cas con Doa Isabel de Urbina. La dicha de este
matrimonio desapareci bien pronto por un accidente desagradable. Un
calumniador haba afrentado  Lope pblicamente; vengse escribiendo una
intencionada stira contra l, haciendo reir  los lectores  su costa;
hubieron, pues, de desafiarse, y Lope hiri mortalmente  su adversario.
Vise obligado entonces  huir  Valencia, en donde residi muchos aos.
Cuando pudo regresar  Madrid, encontr  su esposa moribunda. Su
prdida lo entristeci sobremanera, precipitando su resolucin, hasta
entonces no madurada del todo, de entrar de nuevo en el servicio de las
armas, y de embarcarse para Inglaterra con _La Armada_.

Hay sus razones para sospechar que Montalvn confunde aqu varias cosas;
 lo menos su narracin no concuerda con las indicaciones que se hacen
en las obras de Lope, alusivas  este perodo de su historia. Si
intentamos coordinar las ltimas, resultar que, despus de haber roto
Lope sus relaciones con Dorotea, consagr su amor  otra beldad. Dorotea
y su madre, deseosas de vengarse, se dieron trazas de que la justicia,
vendida  ellas, persiguiese al infiel amante[156]. Quizs se valieron
para lograrlo del pretexto de sus deudas, contradas por la prdida de
su fortuna. Fu reducido  prisin, aunque pudo evadirse, encaminndose
 Valencia con su amigo Claudio Conde. Aguardbanlo en esta ciudad
nuevos peligros: Conde, ignorando nosotros la causa, fu encerrado en la
crcel _de Serranos_, recobrando su libertad despus con la ayuda de su
amigo. No se indica cunto tiempo permanecieron ambos en Valencia; de
aqu se dirigieron  Lisboa, y entraron al servicio militar en la
armada, que Felipe II equip contra Inglaterra en el ao de 1588, al
mando del duque de Medinasidonia[157]. Lope se reuni en esta
expedicin martima con su hermano, de quien estaba separado haca
muchos aos, pero tuvo la desdicha de verlo morir en sus brazos, herido
por una bala enemiga. Montalvn dice que, durante esta navegacin,
compuso el encantador poema titulado _La Hermosura de Anglica_, la
mejor de sus imitaciones del Ariosto. Lope asegura, en efecto, en el
prlogo, que la escribi en la mar en una expedicin de guerra; pero sus
frases dejan adivinar que se refiere  la anterior contra las islas
Azores[158]. Sea de esto lo que fuere, lo cierto parece que _La
Anglica_ se imprimi por vez primera en 1602 con importantes
alteraciones, hacindose en ella frecuente mencin de Felipe III, que
comenz  reinar en 1598.

Habiendo vuelto  Espaa con los restos de la flota, acaso residi
despus largo tiempo en Sevilla y en Toledo (segn _La Filomena_, parte
2.), regresando luego  Madrid; y si todo ello no es pura ficcin,
entonces contrajo tambin matrimonio con Doa Isabel de Urbina. La
gloga  Claudio desvanece las dudas que sobre este punto pudieran
abrigarse, porque despus de describir en ella su expedicin 
Inglaterra, y de hablar de una pasin amorosa que entonces lo dominaba,
dice, aludiendo sin ambajes  su difunta esposa:

      Y quin pudiera imaginar que hallara
    Volviendo de la guerra, dulce esposa,
    Dulce por amorosa,
    Y por trabajos cara?

    * * *

    Mi peregrinacin spera y dura,
    Apolo vi pasando siete veces
    Del Aries  los Peces,
    Hasta que en Alba fu mi noche obscura:
    Quien presumiera que mi luz poda
    Hallar su fin donde comienza el da.

Y que alude  su primera esposa, consta claramente del verso que sigue,
que ser en breve explicado.

Isabel de Urbina era hija del regidor Don Diego de Urbina y de Doa
Magdalena de Cortinas y Salcedo, y, por parte de su madre, segn dice
Pellicer, parienta de Cervantes[159]. Ella contrajo matrimonio contra
la voluntad de sus padres (Dorotea, V.). Poco despus de la celebracin
de sus bodas, se vi Lope embrollado  causa del desafo, referido
antes, que cuenta Montalvn, y al fin sali desterrado de Castilla. No
parece que Valencia haya sido el lugar fijo de su domicilio durante este
destierro, como asegura su panegirista, puesto que, de los ltimos
versos de la comedia _El Caballero de Illescas_, puede colegirse que
pas algn tiempo en Italia[160] en esta poca de su vida. No visit 
Roma (_Epstola  Juan Pablo Bonet_). La poesa dramtica haba llegado
entonces en Valencia  grande altura por los esfuerzos de los eminentes
poetas Cristbal de Virus, Francisco Trrega, Gaspar Aguilar y Guilln
de Castro, y ofreca sobrados alicientes  Lope para ceder  su
inclinacin  cultivarla. De este perodo provendr tambin acaso su
amistad con Guilln de Castro[161]. El destierro de nuestro poeta dur
siete aos, casi tanto como su matrimonio con Isabel de Urbina, que,
despus de seguir  su esposo, acompandole en su afliccin y adversa
fortuna, como esposa fiel y esforzada, muri en Alba de Tormes,
propiedad del duque de Alba[162]. El fruto de esta unin, que fu una
hija llamada Teodora, falleci tambin antes de cumplir el ao[163].

Partiendo de nuestra hiptesis, de que Lope contrajo su primer enlace 
fines de 1588, hubo de regresar  Madrid hacia 1595. Aqu  en Toledo
entr, como secretario, al servicio del marqus de Malpica y del conde
de Lemos, y en el ttulo de _El Isidro_ (1599) se llama tambin
_secretario_ del marqus de Sarri, lo cual ha pasado desapercibido de
todos sus bigrafos. Dorotea, la amada en su juventud, intent reanudar
sus antiguas relaciones, pero no hizo caso de ella, casndose con Doa
Juana de Guardia; no sabemos cundo con exactitud, pero debi de ser al
finalizar el siglo. Desde entonces fu su vida ms tranquila; pocas
veces, y por corto tiempo, abandon despus  Madrid. En su epstola 
Matas de Porras describe con los ms vivos colores su felicidad
conyugal, mayor an con el nacimiento de su hijo Carlos:

      Cuando amorosa amaneci  mi lado
    La honesta cara de mi dulce esposa,
    Sin tener de la puerta algn cuidado;
    Cuando Carlillos, de azucena y rosa
    Vestido el rostro, el alma me traa,
    Cantando por donaire alguna cosa.
    Con este sol y aurora me vesta;
    Retozaba el muchacho, como en prado
    Cordero tierno al prlogo del da.
    Cualquiera desatino mal formado
    De aquella media lengua era sentencia,
    Y el nio  besos de los dos traslado.
    Dbale gracias  la eterna ciencia,
    Alteza de riquezas soberanas,
    Determinado mal  breve ausencia;
    Y contento de ver tales maanas,
    Despus de tantas noches tan obscuras.
    Llor tal vez mis esperanzas vanas;
    Y teniendo las horas ms seguras,
    No de la vida, mas de haber llegado
    A estado de lograr tales venturas,
    Ibame desde all con el cuidado
    De alguna lnea ms, donde escriba
    Despus de haber los libros consultado.
    Llambanme  comer; tal vez deca
    Que me dejasen con algn despecho;
    As el estudio vence, as porfa.
    Pero de flores y de perlas hecho,
    Entraba Carlos  llamarme, y daba
    Luz  mis ojos, brazos  mi pecho.
    Tal vez, que de la mano me llevaba,
    Me tiraba del alma, y  la mesa
    Al lado de su madre me sentaba.

    * * *

    Sin ver el maestresala diligente,
    Y el altar de la gula, cuyas gradas
    Viste el cristal y la dorada fuente;

    * * *

    Nos daba honesta y liberal pobreza
    El sustento bastante; que con poco
    Se suele contentar naturaleza.

El primer infortunio que acibar su ventura domstica, fu la muerte de
este mismo hijo Carlos,  los siete aos de edad. La elega, escrita por
su padre sobre esta desgracia, y en la cual pinta la lucha de la
resignacin cristiana con el amor paternal, es de las ms tiernas que
cuenta la poesa de su patria. He aqu alguna de sus estrofas:

      Este de mis entraas dulce fruto
    Con vuestra bendicin, oh Rey eterno!
    Ofrezco humildemente  vuestras aras;
    Que si es de todos el mejor tributo
    Un puro corazn humilde y tierno,
    Y el ms precioso de las prendas caras,
    No las aromas raras
    Entre olores fenicios,
    Y licores sabeos
    Os rinden mis deseos
    Por menos olorosos sacrificios,
    Sino mi corazn, que Carlos era;

    * * *

    Ambaos yo, Seor, luego que abristes
    Mis ojos  la luz de conoceros,
    Y regalme el resplandor suave.
      Carlos fu tierra; eclipse padecistes
    Divino sol, pues me quitaba el veros,
    Opuesto como nube densa y grave
    Gobernaba la nave
    De mi vida aquel viento
    De vuestro auxilio santo
    Por el mar de mi llanto
    Al puerto del eterno salvamento,
    Y cosa indigna, navegando, fuera
    Que rmora tan vil me detuviera.
      Oh, como justo fu que no tuviese
    Mi alma impedimento pan amaros,
    Pues ya por culpas propias me detengo!
    Oh, como justo fu que os ofreciese
    Este cordero, yo, para obligaros!

    * * *

    Y vos, dichoso nio, que en siete aos
    Que tuvistes de vida, no tuvistes
    Con vuestro padre inobediencia alguna;
    Corred con vuestro ejemplo mis engaos,
    Serenad mis paternos ojos tristes,
    Pues ya sois sol, donde pisis la luna;
    De la primera cuna
    A la postrera cama
    No distes sola un hora
    De disgusto, y agora
    Parece que le dais...

    * * *

    Yo para vos, los pajarillos nuevos,
    Diversos en el canto y los colores
    Encerraba, gozoso de alegraros;
    Yo plantaba los frtiles renuevos
    De los rboles verdes, yo las flores
    En quien mejor pudiera contemplaros,
    Pues  los aires claros
    Del alba hermosa, apenas
    Salistes, Carlos mo,
    Baado de roco,
    Cuando, marchitas las doradas venas
    El blanco lirio convertido en hielo,
    Cay en la tierra, aunque traspuesto al cielo.
    Oh, qu divinos pjaros agora,
    Carlos, gozis, que con juntadas alas
    Discurren por los campos celestiales
    En el jardn eterno!...[164].

Un segundo hijo, llamado Lope como su padre, lleg  alcanzar edad ms
adelantada, y entr ms tarde en la carrera de las armas[165]. Es
difcil de explicar, que, no obstante las alusiones  su existencia, que
se hallan en las obras de Lope, y especialmente en la dedicatoria de _El
verdadero amante_, ni Montalvn habla de l una palabra, ni Lord Holland
llena tampoco esta laguna, y eso que cita largos prrafos de la misma
dedicatoria.

En la de _Remedio en la desdicha_, y en las epstolas  Herrera y 
Amarilis, nombra el poeta  una hija llamada Marcela, que  los quince
aos de edad tom el velo en la Orden de Carmelitas Descalzas. Como
Montalvn, al tratar de este punto, la califique de _parienta muy
prxima_ de Lope, es de presumir que la hubo fuera de matrimonio. Parece
que su padre la amaba tiernamente, deducindose de las frases en que
alude  ella, que era de prendas poco comunes: Favoreced mi ingenio con
leerla, supliendo con el vuestro los defectos de aquella edad (dice en
la dedicatoria de esa comedia), que en la tierna vuestra me parece tan
frtil, si no me engaa amor, que pienso que le pidi la naturaleza al
cielo para honrar alguna fea, y os le di por yerro;  lo menos  mis
ojos les parece as; que en los que no os han visto pasar por
requiebro. Dios os guarde y os haga dichosa, aunque tenis partes para
no serlo, y ms si heredis mi fortuna, hasta que tengis consuelo, como
vos lo sois mo.--Vuestro padre.

La epstola  Herrera, en que describe la lucha que sostuvo su corazn
entre el dolor y la alegra al profesar aqulla en el convento, es una
de sus composiciones ms bellas.

A la pena producida por la muerte de su hijo mayor, sucedi pronto la de
su esposa, que falleci despus de dar  luz otra hija llamada
Feliciana. Ambas desgracias afligieron profundamente el espritu de
Lope. Ya antes de la ltima se inclinaba visiblemente  buscar los
consuelos de la religin, y luego se consagr  ella por completo. Dice
as en la epstola de Belardo  Amarilis:

      Feliciana, el dolor me muestra impreso
    De su difunta madre en lengua y ojos;
    De un parto muri; triste suceso!
    Porque tan gran virtud  sus despojos
    Mis lgrimas obliga y mi memoria,
    Que no curan los tiempos mis enojos.
    De sus costumbres santas hice historia
    Para mirarme en ellas cada da,
    Envidia de su muerte y de su gloria.
    Dej las galas que seglar vesta;
    Ordenme, Amarilis, que importaba
    El ordenarme  la desorden ma.

Recibi las sagradas rdenes en Toledo; entr en la congregacin de
siervos del Santsimo Sacramento en el _Oratorio del Caballero de
Gracia_, en donde cant misa el primer domingo de Agosto de 1609; fu
admitido el 24 de Enero de 1610 en la congregacin del _Oratorio_ de la
calle del Olivar, y el 26 de septiembre de 1611 en la _Orden tercera de
San Francisco_[166].

Antes de continuar trazando la historia externa de la vida de Lope,
echemos una ojeada retrospectiva para apreciar especialmente su
actividad literaria.

Ya se ha dicho que Lope escribi comedias en su niez. La extraordinaria
facilidad, con que las compona, no le dej permanecer ocioso en sus
aos juveniles, y la multitud de sus obras dramticas casi nos obliga 
creer que, en el primer perodo de su vida, compuso tambin algunas. Su
poderoso influjo en el teatro espaol parece haber comenzado hacia el
ao 1588. Con arreglo  las investigaciones de Navarrete, es indudable
que Cervantes alude  esta poca cuando en 1615, en el prlogo  sus
comedias, despus de hablar de sus obras para los teatros de Madrid,
dice lo siguiente: Tuve otras cosas en que ocuparme: dex la pluma y
las comedias, y entr luego el monstruo de la naturaleza, el gran Lope
de Vega, y alzse con la monarqua cmica: avasall y puso debajo de su
jurisdiccin  todos los farsantes: llen el mundo de comedias propias,
felices y bien razonadas; y tantas, que pasan de diez mil pliegos los
que tiene escritos, y todas (que es una de las mayores cosas que puede
decirse) las ha visto representar  oido decir (por lo menos) que se han
representado; y si algunos (que hay muchos) han querido entrar  la
parte y gloria de sus trabajos, todos juntos no llegan en lo que han
escrito,  la mitad de lo que l solo. No fu slo la inclinacin
natural de Lope, sino tambin la necesidad de distraerse, lo que lo
movi  dedicarse principalmente  esta parte de la literatura. Ningn
gnero literario hubo entonces ms lucrativo que el dramtico; y aunque
no fuesen muy considerables las sumas que los directores pagaban por
cada una de las comedias, debieron, sin embargo, de proporcionarle
importantes ganancias, atendida su increible fecundidad. As dice en la
epstola  D. Antonio de Mendoza:


      Necesidad y yo partiendo  medias
    El estado de versos mercantiles,
    Pusimos en estilo las comedias.
    Yo las saqu de sus principios viles,
    Engendrando en Espaa ms poetas
    Que hay en los aires tomos sutiles.

De la rapidz de su trabajo hay una prueba en sus propias palabras de la
gloga  Claudio, puesto que escribi ms de cien comedias en el trmino
de veinticuatro horas, que fueron representadas. Montalvn dice  este
propsito lo que sigue: An la pluma no alcanzaba  su entendimiento
por ser ms lo que l pensaba que lo que la mano escriba. Haca una
comedia en dos das, que aun trasladarla no es fcil al escribano ms
suelto; y en Toledo hizo en quince das continuados quince jornadas, que
hacen cinco comedias, y las ley como las iba haciendo en una casa
particular donde estaba el maestro Jos de Valdivielso, que fu testigo
de vista de todo; y porque en esto se habla variamente, dir lo que yo
supe por experiencia. Hallse en Madrid Roque de Figueroa, autor de
comedias, tan falto dellas, que estaba el Corral de la Cruz cerrado,
siendo por Carnestolendas; y fu tanta su diligencia, que Lope y yo nos
juntamos para escribirle  toda prisa una, que fu _La Tercera Orden de
San Francisco_, en que Arias represent la figura del Santo con la
mayor verdad que jams se ha visto. Cupo  Lope la primera jornada y 
m la segunda, que escribimos en dos das, y repartise la tercera 
ocho hojas cada uno, y por hacer mal tiempo me qued aquella noche en su
casa. Viendo, pues, que yo no poda igualarle en el acierto, quise
intentarlo con la diligencia, y para conseguirlo, me levant  las dos
de la maana y  las once acab mi parte; sal  buscarle, y hallle en
el jardn muy divertido con su naranjo que se helaba; y, preguntando
cmo le haba ido de versos, me respondi: A las cinco empec 
escribir; pero ya habr una hora que acab la jornada, almorc un
torrezno, escrib una carta de cincuenta tercetos y regu todo este
jardn, que no me ha cansado poco. Y sacando los papeles, me ley las
ocho hojas y los tercetos; cosa que me admirara si no conociera su
abundantsimo natural y el imperio que tena en los consonantes.

Su extraordinaria facilidad para el teatro no impidi  Lope cultivar
otros gneros literarios[167].

No hubo suceso (dice Montalvn), que no publicase sus elogios;
casamiento grande  quien no hiciese epitalamio; parto feliz  quien no
escribiese natalicio; muerte de prncipe  quien no consagrase elega;
victoria nueva  quien no dedicase epigrama; santo  quien no celebrase
con villancicos; fiesta pblica que no luciese con encomios, y certmen
literario  que no asistiese como secretario, para repetirle y como
presidente para juzgarle.

A fines del siglo XVI no se haba impreso obra alguna del poeta espaol
ms fecundo, puesto que por su poca importancia no debemos hacer mencin
de algunas comedias, que se dieron  la estampa contra su voluntad, con
arreglo  los manuscritos de los directores de teatro. La primera poesa
suya, que se imprimi para el pblico, fu en loor de San Isidro, en
diez cantos y en quintillas, apareciendo en el ao 1599. Siguieron 
sta otras dos en 1602, escritas largo tiempo ntes, y tituladas _La
Arcadia_ y _La hermosura de Anglica_. El espacio transcurrido entre la
composicin y la impresin de sus obras, parece confirmar lo que dice D.
Jos Pellicer de Tovar en su elogio: que era rpido como el relmpago
para componer, y pesado, como el Dios Trmino, para corregir lo escrito.
Con pocas excepciones public casi siempre sus obras, despus de
guardarlas largo tiempo en su poder. Hasta los 40 aos, desde los nueve
en que escribi _El verdadero amante_, observ este precepto de Horacio.
Si bien compuso comedias que en 24 horas pasaron de las musas al teatro,
tena en cuenta la crtica poco ilustrada de los espectadores; sin
embargo, dice muchas veces que no las conceptuaba dignas de darse  la
prensa antes de someterlas  una revisin ms cuidadosa.

Con la _Anglica_ apareci tambin la poesa pica titulada _Dragontea_,
nombre derivado del clebre Francisco Drake, calificado por el dio
nacional espaol de dragn  instrumento del demonio, y objeto de
stiras y mofa.




CAPTULO IX.

Continuacin y fin de la vida de Lope de Vega.


En el ao 1604 se imprimi un primer volmen de las comedias de Lope por
especulacin de comerciantes en libros, con arreglo  los manuscritos
existentes, siendo recibido del pblico con grande aceptacin, como lo
prueban las repetidas ediciones hechas de ellas en Valladolid, Zaragoza,
Valencia, Madrid y Antuerpia; pronto le sigui una segunda parte, y 
sta una tercera, que lleva asimismo el ttulo de _Comedias de Lope de
Vega_, y contiene nueve piezas dramticas, de las cuales slo tres
pertenecen  nuestro poeta, aunque D. Nicols Antonio y La Huerta
atribuyan sin escrpulo  Lope las nueve restantes. En los cinco
volmenes que despus aparecieron, se incluyen tambin muchas de otros
autores. Lope protest,  la verdad, contra el abuso que se haca de su
nombre; pero lo cierto es, que cuando comenz  publicar sus obras
dramticas posteriormente, se ajustaron los nuevos tomos, en su serie y
continuacin,  los apcrifos anteriores.

En su lugar oportuno hablamos de las causas de la negligencia, mostrada
por Lope, y por la mayor parte de sus coetneos en la impresin de las
obras dramticas. A los perjuicios indicados entonces, que impedan 
los poetas sufragar los gastos de impresin, hay que aadir otro, que
gravaba  otras partes de la literatura. Los editores no podan obtener
ganancias importantes, porque su derecho de propiedad careca de la
proteccin necesaria, teniendo cada reino de la monarqua espaola leyes
y privilegios especiales, de suerte que, un libro publicado en Castilla,
se reimprima impunemente en Aragn, Navarra, Portugal, Npoles y los
Pases-Bajos. Resultaba de esto, que haba que deducir del precio de los
libros el coste de la licencia, y que su valor no se calculaba con
arreglo  su mrito, sino exclusivamente teniendo en cuenta el coste de
la impresin y del papel invertido en ella.

Cuando en 1600 se abrieron de nuevo los teatros, cerrados por dos aos,
acudi el pueblo en tropel  sus funciones, movido por la curiosidad, y
sobre todo  la representacin de las comedias de Lope, deseadas de tal
manera, que, por largo tiempo, casi no se ley en los carteles otro
nombre que el suyo. El poeta,  la verdad, satisfaca los gustos del
pblico con fecundidad inagotable. El prlogo de _El Peregrino en su
Patria_ (fechado en Sevilla, en el ltimo da del ao 1603), demuestra
cunto se haba extendido su fama en esta poca, pudindose decir, que,
 pesar de la envidia de sus mulos de Espaa, sus composiciones eran
ledas con placer en Italia, Francia y Amrica. Qujase tambin de los
libreros, que interpolaban, entre las suyas, obras de distintos autores.
El mismo prlogo nos suministra una prueba importante de su actividad
literaria, esto es, un catlogo de sus comedias autnticas, que, sin
embargo, no juzga completo, no recordando ya los ttulos de muchas. Esta
obra contiene, adems, en su parte de prosa, una novela ordinaria, que
sirve como de marco  innumerables poesas y autos.

Con la entrada de Lope en el estado eclesistico, comienza la poca ms
brillante de su vida, si no la ms feliz, puesto que en sus ltimos aos
habla con amarga pena de su dicha domstica de otros tiempos. Su
renombre se elevaba gradualmente  la mayor altura; los prncipes y
grandes de Espaa se disputaban su amistad; poetas y poetastros
intrigaban para conciliarse su proteccin, y la Espaa entera lo
divinizaba. A pesar de todo evitaba cuanto llevaba el sello de la
ostentacin mundana, distribuyendo las ocupaciones de su existencia
entre el cumplimiento de sus deberes de eclesistico y sus composiciones
poticas. Tena una capilla en su casa, en la cual celebraba diariamente
la misa; asista tambin  todos los actos pblicos, en que deba
intervenir como sacerdote, y no faltaba  ningn funeral ni  ninguna
procesin. Caritativo y generoso, era su domicilio el refugio de los
necesitados, y jams lleg un mendigo  l sin obtener una limosna.
Pidisela un da un clrigo, pobremente vestido, y Lope se despoj de
sus ropas y se las di, as como su sombrero, vindose obligado  ir con
la cabeza descubierta, no teniendo otro  mano para reemplazarlo.

Su piedad era tan ferviente como sincera. Prubanla con elocuencia sus
poesas religiosas, compuestas en diversas pocas de su vida, aunque
publicadas ms tarde; los ms bellos frutos de su inspiracin lrica, de
lo ms profundo y sentido que ha escrito,  lo menos en parte, son
debidos  su musa religiosa y cristiana. Excusamos advertir que la
religin de un espaol de aquella poca no careca del exclusivismo, que
caracterizaba  su pas y  su siglo. Antes de ser eclesistico haba
buscado Lope de preferencia el asunto de sus composiciones en el seno de
la religin. _Los Pastores de Beln_, impresos por vez primera en 1612,
fueron escritos durante su segundo matrimonio. En la narracin en prosa
hay entremezclados algunos versos, que se distinguen por su sencilla
piedad y por su belleza. El libro est dedicado al tierno Carlos, su
hijo, en esta forma:

Estas prosas y versos al Nio Dios, se dirigen bien  vuestros tiernos
aos: porque si l os concede los que yo os deseo, ser bien, que quando
halleys Arcadias de pastores humanos, sepays que estos divinos
escribieron mis dessengaos, y aquellos mis ignorancias. Leed estas
niezes, comenad en este Christus, que l os enseara mejor como aveys
de passar las vuestras. El os guarde.

De las lneas anteriores pudiera deducirse que Lope haba renunciado por
completo  la poesa mundana. No fu as, sin embargo. Aunque en sus
devociones considerase  la religin como  la sola fuente, digna de
inspirarlo, en otros momentos en que lo ocuparon objetos menos elevados,
no se opuso  escribir de otras materias muy diversas. De esta manera, y
aun siendo ya sacerdote, prosigui trabajando con inagotable fecundidad
en la composicin y publicacin de poesas lricas, picas y dramticas
de toda especie. Las innumerables composiciones lricas, insertas en
diversas colecciones, contienen, como todas sus obras, muchos rasgos
notables al lado de muchos medianos. En el ao 1609 haba concludo su
_Jerusaln conquistada_, deseoso de rivalizar con el Tasso, como antes
quiso rivalizar en su _Anglica_ con Ariosto. El objeto, que se propone
en su poema, es diverso del del Tasso, puesto que intenta realzar el
nombre espaol; no hubo cruzada alguna en el reinado de Alfonso VIII de
Castilla, y el ttulo se refiere  la reconquista de Jerusaln por
Saladino. Lope atribua un mrito especial  este poema, y dice que lo
escribi con esmero y que lo corrigi severamente. Lo ltimo no se echa
de ver en l, puesto que su defecto capital es su extensin
inconsiderada y la acumulacin de episodios, que ahogan el curso de la
accin principal. Pero si prescindimos de esta falta esencial, no
podremos menos de admirar muchas bellezas parciales, como, por ejemplo,
la descripcin que se lee en el canto quinto del templo de la Ambicin,
caprichosa, aunque en general digna de su ingenio; la pintura de la
peste y de la muerte de la Sibila, en el mismo canto; la historia
amorosa de Cloridante y de Brazaida, y la batalla de los caballeros, en
el canto dcimo, por la espada de D. Juan de Aguilar; el episodio de la
juda Raquel, en el dcimo noveno, etc. Tales fueron, sin duda, las
razones que movieron al italiano Marino (autor del _Adonis_) para
preferir la _Jerusaln_, de Lope,  la del Tasso.

Una de las muchas academias literarias, que existieron por este tiempo
en Espaa, expres en el ao 1609 el deseo de que el ms celebrado de
los poetas dramticos le expusiera sus ideas acerca de las reglas dignas
de observarse en el arte dramtico. Con este motivo escribi Lope un
_Nuevo arte de hacer comedias_, obrilla interesante para fijar su
carcter como dramtico, merecedora de que no la pasemos por alto, y de
la cual trataremos despus[168].

Por este tiempo se vi Lope empeado en diversas disputas literarias,
ocasionadas en lo general por la mezquina envidia de otros escritores
menos renombrados, en odio  su fama siempre creciente. Gngora, hombre
ingenioso y de singular talento, cuyas composiciones juveniles,
romances y odas en estilo nacional espaol, son en parte modelos
perfectos en su gnero, llevado de su rivalidad por el escaso favor que
el pblico le dispensaba, se desat en ataques satricos contra su
contemporneo ms amado, y no perdon  Lope. Aconsejle en un soneto
que borrase todas sus obras, excepto el _San Isidro_, y esto slo 
causa de su objeto, y que no aadiese  la desdicha de Jerusaln, de
estar bajo el yugo de los infieles, la de ser cantada por l. Brlase en
otro de un soneto de Lope, algo extrao, en verdad, que fu arreglado
por varios poetas en cuatro idiomas distintos, rogndole que lo borre, y
que no lo escriba en cuatro lenguas, para que no sean cuatro naciones
testigos de sus yerros. Lleno de malignidad hay otro, en el cual atacaba
personalmente al poeta y  su familia, burlndose de su escudo de armas,
grabado debajo de su retrato en la portada de _El Peregrino_, etc. A tan
apasionadas diatribas Lope opona slo tranquilidad y moderacin. Yo
amo  los que me aman, dice en una de sus epstolas, pero no odio  los
que me odian. No obstante, cuando su mulo se dedic  escribir en el
estilo pedantesco  hinchado, que se denomin _culteranismo_ 
_gongorismo_, y que en el nombre lleva su crtica, crey Lope deber suyo
oponerse  la corrupcin que amenazaba  la literatura espaola. No
desaprovech, pues, ocasin alguna favorable de esgrimir su stira
contra _los cultos_, parodiando en sus comedias sus ininteligibles
galimatas por medio de necios petimetres. Hasta en sus composiciones
ms ligeras se encuentran muchos versos burlescos contra la nueva secta,
como, por ejemplo, el soneto, en estilo culto, que concluye as:

      Entiendes, Fabio, lo que voy diciendo?
    Pues si lo entiendes t, yo no lo entiendo.

En otro soneto ruega al demonio del culteranismo que abandone  uno de
sus posedos, y que lo deje hablar en su nativo idioma castellano. Ms
seria y formalmente reprob al fin el nuevo estilo en su _Discurso de la
nueva poesa_ (1621), en el cual se lee la siguiente crtica contra
Gngora y su escuela, tan severa como oportuna: Quiere (dice)
enriquecer el arte y aun la lengua con tales exornaciones y figuras,
cuales nunca fueron antes imaginadas, ni hasta su tiempo vistas... Bien
consigui lo que intent  mi juicio, si aquello era lo que intentaba;
la dificultad est en el recibirlo, de que han nacido tantos, que dudo
que cesen si la causa no cesa... A muchos ha llevado la novedad  este
gnero de poesa, y no se han engaado, pues en el estilo antiguo en su
vida llegaron  ser poetas, y en el moderno lo son el mismo da; porque
con aquellas transposiciones, cuatro preceptos y seis voces latinas 
frases enfticas, se hallan levantados  donde ellos mismos no se
conocen, ni aun s si se entienden... y siendo tan doctos los que lo han
imitado, se han perdido... Pues hacer toda la composicin figuras es tan
vicioso  indigno, como si una mujer que se afeita, habindose de poner
la color en las mejillas, lugar tan propio, se la pusiese en la nariz,
en la frente y en las orejas; pues esto es una composicin llena de
estos tropos y figuras, un rostro colorado  manera de los ngeles de la
trompeta del juicio  de los vientos de los mapas... Las voces sonoras
nadie las ha negado, ni las bellezas, como arriba digo, que esmaltan la
oracin, propio efecto della; pues si el esmalte cubriese todo el oro,
no sera gracia de la joya, antes fealdad notable.

No obstante la severidad de este juicio, hizo Lope en el mismo
_discurso_ completa justicia al talento indisputable de Gngora, y ms
tarde (en 1623) le dedic la comedia _Amor secreto hasta celos_ (tomo
XIX), expresando francamente el favorable juicio, que haba formado de
su capacidad y de su carcter.

En una poca posterior se ha hablado de una disputa entre Cervantes y
Lope, inculpndose ya al uno, ya al otro. Basta, sin embargo, echar una
ojeada sobre las obras de los dos escritores ms clebres de su siglo,
para convencerse de la falta de fundamento de tales sospechas, que
argiran celos  envidia de cualquiera de ellos respecto del otro. La
aparente querella entre ambos, de que hablamos, no fu promovida
directamente por ninguno de los dos, sino por espritus mezquinos de
aquel tiempo, que, so pretexto de salir  la defensa de autores tan
famosos, daban rienda suelta  bastardas pasiones, tan comunes  los
hombres vulgares, y que ya antes se mostraron. Cervantes haba herido
algunas vanidades en su revista de la biblioteca de _Don Quijote_, y
principalmente en la crtica del cannigo acerca de la literatura
dramtica, no acumulando sobre la cabeza de Lope los eptetos ms
lisonjeros. Uno de los ms ciegos partidarios del ltimo crey, pues,
que los sonetos satricos citados eran de la misma pluma, y replic con
un libelo tan sandio como mal intencionado contra el autor de _Don
Quijote_. Aunque aquellos sonetos son atribudos  Gngora en dos
antiguos manuscritos de la biblioteca de Madrid, y el estilo sea tambin
indudablemente suyo, La Huerta ha reimpreso uno como si fuese de
Cervantes, culpndole, por consiguiente, de injusticia contra su
eminente coetneo.

El fingido Avellaneda, malvolo enemigo de Cervantes y autor de la
segunda parte apcrifa del _Quijote_, se propuso tambin romper una
lanza en favor de Lope. Todas estas intrigas, sin embargo, no fueron
bastantes para turbar la buena inteligencia que reinaba entre estos dos
ingenios eminentes. Si Cervantes no estaba siempre contento con Lope, y
expresaba claramente su pesar, de que el fecundsimo favorito del
pblico sacrificase no pocas veces su fama duradera  la popularidad del
momento, deca, en trminos an ms inofensivos, lo confesado por el
mismo Lope; su imparcialidad resplandece tanto ms en las sinceras y
grandes alabanzas que le prodiga en casi todas sus obras, desde _El
Canto de Caliope_, en que celebra  Lope, de apenas veintids aos,
hasta el _Viaje del Parnaso_, en que le llama poeta distinguido,  quien
ninguno aventaja ni aun iguala, tanto en prosa como en verso. Lope, por
su parte, siempre se manifest dispuesto  confesar los mritos de su
pretendido rival, como se desprende de dos pasajes de _La Dorotea_, de
la dedicatoria de sus novelas y de _El Laurel de Apolo_.

La noble moderacin, con que Cervantes se expres al censurar en Lope lo
que  su juicio era censurable, y que testifica elocuentemente en pro de
sus hidalgos sentimientos, descuella tanto ms cuando se compara con
las acerbas crticas, hechas por otros escritores, del poeta de moda.
Merecen nombrarse, entre los ms ardientes rivales de Lope,  Cristbal
de Mesa, Micer Andrs Rey de Artieda, Esteban Manuel de Villegas y
Cristbal Surez de Figueroa; el principal blanco de sus ataques era la
irregularidad de sus comedias; pero como se apoyaban en preocupaciones
exclusivistas, y en la imperfecta inteligencia de las reglas
aristotlicas, slo pocas veces consiguieron su objeto[169].

Estos gritos aislados de reprobacin se perdan, sin embargo, ahogados
por los aplausos del pblico. La admiracin, que inspiraba Lope, suba
de punto en punto hasta la idolatra[170]. La idea de su superioridad se
haba arraigado de tal manera en los nimos, que su nombre serva para
distinguir lo ms selecto en todas las cosas. Las galas, las joyas y los
cuadros, cuando eran excelentes, llevaban siempre su nombre, como para
indicar su excelencia en el supremo grado[171]. Los eruditos y los
aficionados  la poesa acudan  Madrid de todos los ngulos de la
Pennsula para contemplar al hombre maravilloso, y hasta hubo italianos,
que vinieron  Espaa slo para conocer al gran poeta[172]. Cuando sala
 la calle se reunan los curiosos para admirarlo, y hasta el Rey,
cuando encontraba  este hombre extraordinario, le manifestaba su
veneracin y su agrado. Prudencia rara, en verdad, haban de tener los
dems escritores para admirarlo  la vez que los dems,   lo menos,
para no oponerse  los sentimientos que promova. Pedro de Torres
Rmila, clrigo y maestro de gramtica de Alcal de Henares, escribi
una amarga stira contra l, que no pudo imprimirse en Espaa por no
encontrar editores, y se public en Pars en 1617, bajo el ttulo de
_Spongia_. Si el ataque era violento, no fueron, por cierto, menos
violentas y apasionadas las rplicas de los partidarios del
atacado[173]. Francisco Lpez de Aguilar, presbtero y caballero de la
orden de San Juan, y Alonso Snchez, catedrtico de griego, hebreo y
caldeo de la universidad de Alcal, contestaron al libelo contra Lope
con otro titulado _Expostulatio Spongiae_, en el cual agobian  su
dolo con las ms exageradas alabanzas. Lope, segn ellos, en vez de
haber faltado al arte dramtico, encierra en s cuanto este arte exige,
y Rmila, por su herega literaria, mereca ser azotado en pblico y
hasta ahorcado. Tambin el famoso Mariana, aunque poco inclinado al
teatro, compuso un epigrama griego, en el cual se califica al crtico de
necio orgulloso, de plagiario y de digno de la horca, y Mariner de
Valencia escribi otro latino, en el cual dice muy polticamente que
Rmila es un asno en cuerpo y alma, desde los pis  la cabeza.

Ms ingeniosamente supo Lope burlarse de sus enemigos. Hizo grabar en la
portada de una obra suya un escarabajo, muriendo sobre la flor que
deseaba morder, y debajo el dstico siguiente:

      Audax dum veg irrumpit scarabus in hortos
    Fragrantes periit victus odore ros.

A esta querella alude acaso la fra alegora de la disputa del tordo y
del ruiseor, que se leen en la segunda parte de _Filomena_. Esta
poesa, que apareci en 1621, se escribi quizs antes de esa fecha.

La coleccin de las comedias de Lope se haba aumentado ya hasta formar
ocho volmenes. Como se imprimieron sin la intervencin del poeta,
adolecan de graves mutilaciones. He aqu el motivo, que le indujo en
1617,  publicar una edicin autntica, que comienza con la parte
novena de la compilacin. En el prlogo dice el poeta, que slo le han
movido  dar sus comedias  la estampa las defectuosas ediciones, que se
han hecho de ellas, aunque no se hayan escrito con el propsito de
someterlas  la crtica del pblico, aficionado  la lectura. Compuso
prlogos para cada uno de los volmenes, revis las comedias y cuid de
esta manera de la publicacin de doce tomos (desde el IX al XX), que
comprenden 144 obras dramticas; y que, por esta causa, han de
considerarse como las ms correctas y autnticas de la coleccin.

Cuando Felipe IV ascendi al trono espaol en 1621, disfrutaba Lope de
la ms ilimitada autoridad entre el pblico y los actores. Apasionado
este soberano del teatro, dispensaba sus favores  todos los poetas
dramticos de alguna importancia, aunque, como era natural, los
prodigase ms  los ms famosos. Pero el joven monarca mostraba
especial predileccin  la pompa externa del arte, y edific un teatro
en su palacio del Buen Retiro, que por su lujo, la riqueza de sus
decoraciones y lo perfecto de sus mquinas, aventajaba  todos.
Agradbanle, por tanto, ms que ningunas otras, las comedias que se
prestaban  hacer alarde de notable aparato escnico, y no faltaron
poetas, que las compusiesen acomodadas  su objeto. Accediendo  los
deseos del rey, escribi tambin Lope algunas de esta especie, como _La
selva sin amor_, _El vellocino de oro_, _Adonis y Venus_ y _El laberinto
de Creta_. La verdad es, sin embargo, que tales comedias no eran las de
su predileccin. Comprendi perfectamente que el lujo escnico daa ms
que favorece  la esencia del arte dramtico. En el prlogo al volumen
dcimosexto de sus comedias, se lamenta de que los directores de teatro,
los actores y el pblico atribuyen demasiada importancia  las
combinaciones escnicas, y  los encantos, que proporcionan  los ojos
de los espectadores.

En el ao de 1618 fu nombrado Lope protonotario apostlico del
arzobispado de Toledo, al parecer dignidad honorfica, sin obligaciones
reales. Haca ya tiempo que era tambin familiar de la Inquisicin,
ttulo codiciado con preferencia  todos, porque, segn las ideas de
los espaoles de la poca, demostraba la pureza de su sangre.

La fecundidad de nuestro poeta creca con los aos en vez de
debilitarse; pocas veces pasaba un mes, y hasta una semana, que no se
representase alguna comedia suya nueva, y pocas transcurra un ao, en
que no se publicase alguna otra obra suya literaria. En el certamen
potico, abierto en los aos de 1620 y 1622, para solemnizar la
beatificacin y canonizacin de San Isidro, super  todos cuantos
tomaron en l parte, por el nmero de sus composiciones. Se haba
prometido un premio para cada especie de poesa, pero ningn poeta poda
recibir ms de uno. Lope obtuvo dos veces el sealado  la mejor oda;
pero su prdiga musa, no contenta con esto, adems de multitud de
sonetos y romances, alusivos al objeto de la fiesta, escribi dos
comedias, que referan la vida del Santo, y que fueron representadas en
su honor, mientras duraron estas solemnidades. Tambin public una
descripcin de las fiestas, y una compilacin de las poesas premiadas.

No mucho despus aparecieron _La Circe_, poema mitolgico en tres
cantos, y en 1624 _Los Triunfos divinos_, tomando por modelo la obra del
Petrarca de igual ttulo, aunque proponindose exclusivamente ensalzar
objetos religiosos. Preceden  esta ltima composicin literaria de
Lope dos sonetos buenos de sus hijos, Lope Flix y Feliciana Flix de
Vega.

A la misma poca pertenecen sus novelas en prosa, excelentes en parte;
un poema histrico acerca de la milagrosa imagen de _La Virgen de la
Almudena_; otro mitolgico, titulado _Proserpina_, que, al parecer, se
ha perdido; otro denominado _Orpheo_, impreso con el nombre de
Montalvn, pero que es de Lope, segun el dictamen de D. Nicols Antonio,
habindolo cedido  su amigo para aumentar su fama; la poesa _La maana
de San Juan_ y _La Rosa Blanca_, y, por ltimo, innumerables
composiciones ligeras sobre asuntos religiosos y profanos; sonetos,
romances, epstolas, etc., que, como las del primer perodo de su vida,
no mencionaremos ahora expresamente[174].

Harto ya de alabanzas, y temeroso de haber atendido en demasa 
conciliarse el favor del pblico, prefiriendo los caprichos de la moda
al mrito real de sus obras, resolvi seguir otro rumbo, publicando bajo
el fingido nombre de D. Gabriel Padacopeo sus _Soliloquios de un alma
con Dios_. Esta obra, sin embargo, de ndole puramente asctica, fu tan
famosa y encontr en los lectores tan favorable acogida como todas las
suyas anteriores.

En el ao de 1627 public _La Corona trgica_, poema histrico en
defensa del honor de la desdichada Mara Estuardo, por cuya dedicatoria
al papa Urbano VIII fu nombrado doctor en teologa y caballero de la
orden de San Juan. A esta ltima distincin se refiere la palabra
_Frey_, que desde entonces acompa siempre  su nombre.

Su _Laurel de Apolo_, que apareci en 1630, est dividido en nueve
cantos  silvas, y es un panegrico difuso y cansado de todos los poetas
clebres de Espaa de su tiempo, los cuales se presentan como aspirantes
 ganar la corona de laurel, que Apolo concede  sus sacerdotes. Esta
obra extraa, que no tiene nada de potica, no merece que se le atribuya
otra importancia, que la inherente  la inclusin en ella de los nombres
y noticias de unos 330 poetas espaoles.

Las dos ltimas composiciones, que public Lope, fueron _La Dorotea_,
tantas veces citada (1632), y  la cual califica de hijo el ms amado de
su musa, y una coleccin de poesas burlescas, escritas con
anterioridad,  impresas bajo el supuesto nombre de Tom de Burguillos.
La clebre epopeya cmica _La Gatomachia_ se encuentra entre las
ltimas, excelentes casi todas. La opinin de algunos, de que Lope fu
solo el editor, y que hubo realmente un poeta llamado Burguillos, 
quien se deban, no parece apoyarse en ningn slido fundamento; Quevedo,
en la aprobacin del libro que precede  la primera edicin, dice casi
claramente que nuestro poeta y el pretendido autor son una sola
persona[175].

Con la publicacin del volumen vigsimo (1625), interrumpi Lope la
impresin de sus comedias, sin saberse positivamente la causa. Verdad es
que leemos en Montalvn, que Lope haba renunciado en los ltimos aos
de su vida  la poesa dramtica por escrpulos de conciencia; pero lo
cierto es que continu escribiendo para el teatro hasta el ao de 1631,
puesto que en el verano de este ao compuso  ruego del Duque de
Olivares una comedia, que se represent ante Felipe IV, la noche de San
Juan[176], y que en la gloga  Claudio, de la misma fecha, aumenta el
nmero de las escritas por l en proporcin considerable sobre el
indicado en el discurso preliminar de dicho volumen, inducindonos, por
tanto,  pensar, que su actividad literaria, en vez de debilitarse, se
haba aumentado durante este perodo.

Montalvn, que por este tiempo hubo de tratarlo diariamente, nos dice
que su vida era muy retrada. Cumpla con la mayor severidad todos los
deberes que le incumban como clrigo y miembro de diversas
congregaciones; celebraba misa diaria, ya en su propia capilla, ya en la
iglesia parroquial, ya, en fin, en el convento de las Descalzas, por
amor  su hija Marcela; visitaba los hospitales, para consolar en sus
ltimos instantes  los enfermos, y no faltaba  ningn entierro; hasta
se dice que en una ocasin hizo oficio de enterrador[177]. El nico
recreo, que solazaba sus trabajos, era el cultivo de un pequeo jardn,
que posea cerca de su casa.

Sus cartas son elocuente testimonio de la ternura, con que amaba  sus
hijos, y de la nimia solicitud, con que  ellos atenda; es necesario
leerlas para amar por sus sentimientos humanitarios  este gran poeta.
Marcela, como hemos dicho, estaba quizs separada de l desde 1622 por
las paredes de su convento. Por esta poca lo haba tambin abandonado
el joven Lope Flix, para entrar en la milicia  las rdenes del marqus
de Santa Cruz, hijo del otro marqus de igual ttulo, bajo de cuyo mand
sirvi por primera vez nuestro poeta. (_Epstola  D. Francisco de
Herrera._) Parece que este mancebo, cuyo nombre se lee tambin entre los
de los concurrentes al certamen potico en honor de San Isidro, quiso
largo tiempo consagrarse  la poesa; pero que el padre, como consta de
las palabras que le dirige en el prlogo de la comedia, titulada _El
verdadero amante_ (_Comedias de Lope de Vega_, tomo XIV), pudo
disuadirlo de su propsito: Si por vuestra desdicha vuestra sangre os
inclinare  hacer versos (cosa de que Dios os libre), advertid que no
sea vuestro principal estudio, porque os puede distraer de lo importante
y no os dar provecho... no busquis, Lope, ejemplo ms que el mo, pues
aunque vivis muchos aos no llegaris  hacer  los seores de vuestra
patria tantos servicios como yo para pedir ms premio, y tengo, como
sabis, pobre casa, igual cama y mesa, y un huertecillo, cuyas flores me
divierten cuidadas y me dan concetos... Yo he escrito novecientas
comedias, doce libros de diversos sujetos, prosa y verso, y tantos
papeles sueltos de varios sujetos, que no llegar jams lo impreso  lo
que est por imprimir; y he adquirido enemigos, censores, asechanzas,
envidias, notas, reprehensiones y cuidados; perdido el tiempo
preciossimo, y llegada la _non intellecta senectus_, que dijo Antonio,
sin dejarse ms que estos intiles consejos. Esta comedia, llamada _El
verdadero amante_, quise dedicaros por haberla escrito de los aos que
vos tenis; que aunque entonces se celebraba, conoceris por ella mis
rudos principios, con pacto y condicin de que no la tomis por
ejemplar, para que no os veis escuchado de muchos y estimado de pocos.
Cuando el hijo se dedic despus  la carrera militar, renunciando  la
poesa, casi se mostr el padre arrepentido de la estricta obediencia,
mostrada por l  sus consejos.

Las lneas citadas han impulsado  Lord Holland (modelo al cual se han
ajustado casi todas las biografas de Lope),  suponer que nuestro poeta
manifiesta falta de gratitud y de satisfaccin propia, cuando divinizado
por el pueblo, visitado por los grandes, lleno de honores y pensiones,
cree, sin embargo, que su dicha no iguala  sus merecimientos. Fndase
el autor ingls, para opinar as, en la cuanta de las sumas, que, segn
dice Montalvn, gan Lope con sus obras. Pero, qu resulta de estos
datos, que exagera Montalvn[178], como acostumbra siempre que trata de
nmeros, segn probaremos en breve? Son, acaso, exactos,  hay otras
razones, en que apoyarse? 80.000 ducados por las comedias, 6.000 por los
autos, 1.100 por sus dems escritos, 10.000 en regalos de diversos
grandes, , lo que es lo mismo, 97.000 ducados, que equivalen  unos
250.000 francos, distribudos en setenta y tres aos que vivi, , por
lo menos en cincuenta, que comprenden su vida de escritor, adems de 740
de producto de sus beneficios, apenas son bastantes para haber atendido
 la satisfaccin de sus necesidades,  la subsistencia y educacin de
sus hijos, y  sus inclinaciones caritativas. Su generosidad para con
los pobres era tan grande, que su casa era considerada como lugar de
refugio de todos los indigentes. Y aun en el supuesto de que fuese
prdigo en demasa en dar limosnas, arrojar esta propensin mancha
alguna en su carcter? Consta que reduca sus propios gastos, y los de
su familia, para dar su dinero  los dems; cuando su hija Feliciana se
cas con D. Luis Ustegui (1630), no pudo dotarla, vindose obligado 
recurrir  la generosidad del Rey.--Por lo que hace  las quejas sobre
la poca estimacin que mereca su talento, y sobre las crticas
mezquinas que se hicieron de sus obras, cmplenos manifestar, que, 
nuestro juicio, aluden  las disputas literarias, de que tratamos en las
lneas anteriores, fundndose en los indignos ataques de Rmila, de
Gngora, etc. Sin duda Lope de Vega conoca y senta su mrito, y al
pensar en sus obras, llenbase su pecho de natural orgullo; pero esto no
justifica el aserto de que adoleciera de vanidad literaria. l mismo
analiz sus composiciones ms severamente que ningn otro crtico,
contrario suyo; huy de las pompas mundanas y de las distinciones
honorficas, y contest de esta manera  un obispo, que lo invit 
visitarlo: Yo viera ms veces  vuestra ilustrsima, si me hiciera
menos honores cuando le veo; por ltimo, en la poca en que lleg  su
apogeo su fama literaria (los ltimos quince aos de su vida), cuando
las diversas opiniones formaron un coro unnime de admiracin y de
alabanza en su favor; cuando el pueblo, cuyo dolo era, se juntaba para
contemplarlo  su paso; cuando sabios  individuos de todas las clases y
estados venan  Madrid de todos los puntos de Espaa para verlo, y
hasta el mismo Rey se levantaba para saludar al _Fnix de Espaa_, al
_prodigio de la naturaleza_, escribi bajo su retrato aquellas palabras
de Sneca, que dicen: _Laudes et injuria vulgi in promiscuo habenda
sunt._

A principios del ao 1635 afligieron  Lope dos penas terribles, cuando
una sola de ellas, como dice Montalvn, bastara para agobiar el nimo
ms esforzado. No se dice cules fueron, pero es de presumir que fuese
una la muerte del joven Lope Flix, puesto que est fuera de duda que no
sobrevivi al padre. De todas maneras, es lo cierto que desde entonces
la vida del poeta pareci declinar hacia su ocaso. El 6 de agosto,
despus de comer con Montalvn y con uno de sus ntimos amigos, expres
Lope su deseo de morir pronto. En breve,  la verdad, haba de
realizarse. El viernes, 18 de este mismo mes, se levant temprano como
acostumbraba, celebr la misa y reg su jardn. Aunque se senta dbil,
no quiso, sin embargo, en cuanto su indisposicin se lo permita,
renunciar al ayuno; hasta se disciplin con su rigor ordinario. Al
obscurecer de este da sali para asistir  unas conferencias en el
colegio de los escoceses; all se aument su malestar; fu llevado  su
casa, y se vi obligado  descansar en su lecho. Su enfermedad fu
declarada grave en seguida. La tarde anterior haba escrito un soneto
acerca de la muerte de un noble portugus, y una larga poesa titulada
_El siglo de oro_. Dej, pues, de escribir cuando se extingui tambin
su vida. En los das 19 y 20 aumentaron los sntomas de peligro, y se le
sangr, sin experimentar alivio. El domingo por la tarde pidi que se le
administrasen los ltimos sacramentos, y quiso ver  su hija Feliciana
para bendecirla; despus convoc  sus amigos para despedirse de ellos,
exhortndolos  la prctica de la piedad, de la devocin y del amor
divino. La verdadera fama era ser bueno, y que l trocara cuantos
aplausos haba tenido por haber hecho un acto de virtud ms en esta
vida. Volvise hacia una imagen de la Virgen de Atocha, y recit una
fervorosa oracin hasta que cay sin fuerzas, aun cuando luego pas una
noche inquieta, al cuidado de su mdico de cabecera. A la maana
siguiente, aunque conservaba su pleno conocimiento, apenas se le oa la
voz. Hallronlo sus amigos oprimiendo con sus labios un crucifijo, y
escuchando devotamente el oficio de difuntos, recitado por un clrigo;
presintiendo que se acercaba su ltima hora, se arrodillaron todos
gimiendo y llorando alrededor de su lecho, hasta que un Jess Mara,
apenas perceptible, les anunci que haba terminado su ltima lucha. As
muri Lope de Vega el 11 de agosto de 1635,  la edad de setenta y tres
aos.

El amor y la admiracin extraordinaria, que inspiraba este hombre
eminente en todas las clases de la sociedad, se demostr por el
sentimiento general que produjo en Madrid la noticia de su muerte, y
despus en todo el reino. Celebrronse funerales por espacio de nueve
das. El aparato de su entierro, costeado por el duque de Sessa, nieto
de Gonzalo de Crdoba, su protector, amigo y albacea, apenas puede
compararse con ningn otro de los narrados en los anales de los poetas.
Todos los grandes, ministros y prelados, todos los poetas, sabios y
artistas que se encontraban en Madrid, lo acompaaron  su ltima
morada; todas las congregaciones religiosas concurrieron sin excitacin
agena; las ventanas, los balcones y hasta los techos de las casas, ante
las cuales haba de pasar el fnebre cortejo, estaban atestadas de
curiosos y las calles llenas de gente. El acompaamiento que custodiaba
su cuerpo, y que  duras penas se abra paso entre la multitud, que
llenaba las calles, era tan numeroso, que los primeros llegaban ya  la
iglesia de San Sebastin antes que el cadver hubiese dejado la calle de
Francos, en donde viva.  ruegos de Marcela, que quiso ofrecer este
ltimo homenaje de respeto filial  su amado padre, se di un rodeo
para que pasase junto al convento de las Descalzas; aqu descans un
momento; despus prosigui hacia la iglesia de San Sebastin, en donde
se celebr un funeral suntuoso, enterrndose despus el cadver.
Cuntase, que, en el momento de bajarlo del catafalco para depositarlo
en la bveda, se oy en torno un profundo suspiro, como si Espaa entera
se despidiese para siempre de su gran poeta.

Las ceremonias religiosas no concluyeron con sta. La cofrada de los
sacerdotes naturales de Madrid,  la cual perteneca Lope, as como los
cmicos de la capital, celebraron tambin sus funerales, pronuncindose
en ellos oraciones fnebres. Los sacerdotes lo alabaron como  santo,
diciendo que era tan superior por su ingenio  todos los clsicos de la
antigedad, cuanto por su religin  los paganos. Representse en el
teatro una pieza, compuesta expresamente para esta ocasin, bajo del
ttulo de _Honras que se hicieron  Lope en el Parnaso_. Ciento seis
poetas y poetastros espaoles rivalizaron  porfa en ornar su tumba con
odas, dcimas, glosas, sonetos, epitafios y elegas, y suministraron 
Montalvn los materiales para elevarle el honroso monumento, que
consagr  su difunto amigo y maestro, con el ttulo de _Fama pstuma 
la vida y muerte del doctor Fr. Lope Flix de Vega Carpio, y elogios
panegricos  la inmortalidad de su nombre, en Madrid, en 1636_. Hasta
las musas italianas lloraron la muerte de Lope; en el ao 1636 apareci
en Venecia, con el epgrafe de _Essequie poetiche_, un volumen elegiaco
de los ms famosos poetas italianos.

Lope de Vega era un hombre bello, alto y de flaco rostro, moreno, pero
agraciado, y denotando su ingenio; tena la nariz grande y bien
delineada, ojos vivos y afectuosos, y negra y espesa barba. Hasta los
ltimos aos de su vida disfrut de salud perfecta, porque su
organizacin fu sana, y su vida ordenada y metdica. Distinguase su
trato por la afabilidad de su porte, y su conversacin por su
arrebatadora elocuencia[179]. Existen varios retratos suyos hechos en
vida, y uno de ellos (el que se encuentra en la edicin de _El peregrino
en su patria_, 1604), que lo representa en su edad ms lozana y en traje
seglar; en los dems aparece ya anciano y en traje eclesistico[180].

Algunas de sus obras pstumas, preparadas ya por l para darse  la
prensa, fueron publicadas por su hija Feliciana y por su yerno don Luis
Ustegui, bajo del ttulo de _La vega del Parnaso_. Los mismos
publicaron tambin en el ao 1635 el tomo XXII de sus comedias. Los
tomos XXIII, XXIV y XXV, que son los ltimos de la coleccin, se
publicaron algunos aos ms tarde.




CAPTULO X.

Nmero de obras dramticas de Lope.--Su _Arte nuevo de hacer
comedias_.


La fecundidad de Lope de Vega es ya tan notoria, que hasta aqullos que
no han ledo una sola lnea suya, saben, sin embargo, que fu el
polgrafo ms extraordinario de todos los escritores originales,
antiguos y modernos. Siempre que hablan de l sus coetneos expresan la
admiracin que les causaba el nmero maravilloso de sus obras[181]. Los
datos que existen sobre su nmero son, no obstante, tan varios, y en
parte tan contradictorios, que para fijarlos con exactitud es necesario
depurar los testimonios referentes  este punto. Nos limitaremos ahora 
sus obras dramticas, que constituyen el objeto particular de nuestro
estudio; las restantes de Lope, cuya indicacin y anlisis no es de este
lugar, han sido ya mencionadas antes,  lo menos las principales; su
nmero no es, en verdad, tan incierto, puesto que existen casi todas, y
pueden consultarse en la edicin de Snchez, de veinte volmenes en 4.,
fcil de adquirir.

A fines del ao 1603 insert nuestro poeta en el prlogo de su
_Peregrino_ un catlogo de las comedias, escritas por l hasta esta
poca, que califica, sin embargo, de incompleto, aunque no se acuerde de
las que faltan, y que, como dice expresamente, no comprende los _Autos_.
Este catlogo nos ofrece doscientos diez y nueve ttulos[182], aunque en
el texto del prlogo se hable de doscientas treinta comedias.
Suponiendo que Lope comenz su carrera dramtica en 1590, corresponden
diez y siete comedias  cada ao, sin exceptuar aquellos, durante los
cuales estuvieron cerrados los teatros, y en que, probablemente, nada
produjo su musa dramtica.

En el ao 1609, dice en _El Arte nuevo de hacer comedias_ que lleva
escritas cuatrocientas ochenta y tres, y por el mismo tiempo asegura
Francisco Pacheco, en el elogio que precede  la _Jerusaln
conquistada_, que el nmero de sus comedias asciende  la suma redonda
de quinientas. Tendramos, pues, de esta manera, aprovechando las
indicaciones del mismo Lope, y distribuyendo el nmero de comedias entre
los aos transcurridos desde 1603, que corresponden ms de cuarenta 
cada uno.

En el prefacio al tomo XI del _Teatro de Lope_ (1618) se habla de
ochocientas comedias, que compondran trescientas diez y siete en nueve
aos,  treinta y cinco en cada uno.

En 1620, en el prlogo al tomo XIV, y en la dedicatoria de _El Verdadero
amante_, se fija el nmero en nuevecientas, de suerte que corresponden
cincuenta  cada ao.

En 1624 (fecha de la licencia que le precede, aunque la portada lleve la
de 1625), en el prlogo al ltimo volumen, que imprimi Lope en vida, se
alaba de haber escrito mil setenta, en cuya hiptesis corresponden ms
de cincuenta  cada ao. Finalmente, en la gloga  Claudio (hacia
1632), y en las ltimas frases de _La Moza de cntaro_, se dice autor de
mil quinientas comedias, y, segn este dato, han de considerarse los
ocho aos comprendidos entre 1624 y 1632, como el perodo literario ms
fecundo de su existencia, puesto que corresponden  cada ao unas
cincuenta y cuatro comedias. El nmero mil quinientos es el ms elevado,
que l mismo fija; en una de las oraciones fnebres, pronunciadas en su
elogio, se hace subir  mil seiscientas; Ustegui, en el catlogo que
precede al tomo XXII, enumera mil setecientas; Montalvn, en _La Fama
pstuma_, mil ochocientas, nmero repetido despus por cuantos lo han
copiado, aunque la crtica, fundada en datos probables, slo puede
admitir que la suma total,  que ascienden, no excede mucho al nmero de
mil quinientas, puesto que sabemos, que muchos aos antes de su muerte
(Montalvn dice expresamente _muchos aos_) dej de escribirlas, y que
el duque de Sessa, para indemnizarle de los perjuicios, que sufra por
el cumplimiento de este propsito, le seal una pensin de sus rentas,
y advirtindose que slo vivi tres aos despus de 1632.

Conviene no olvidar que las declaraciones citadas de Lope, sacadas de
sus obras, sobre el nmero de sus comedias, se refieren slo  este
gnero literario, y que no entran en esta cuenta los autos, loas y
entremeses. El error de Montalvn proviene, pues, principalmente, de no
haber distinguido unas de otras las diversas composiciones dramticas, 
simplemente de su prurito de exagerar, manifestando acaso que atribuye
ms mrito al nmero que  la calidad de las obras escritas por su
maestro.

En cuanto  los autos, nada dicen sus noticias: Montalvn los hace subir
 cuatrocientos. De las loas y entremeses nada podemos decir, careciendo
de datos.

Slo se ha impreso una pequea parte de las obras de Lope. l mismo
asegura, en la gloga  Claudio, que la parte impresa de sus obras, por
excesiva que sea, es insignificante, comparada con la indita:

      No es mnima parte, aunque exceso,
    De lo que est por imprimir lo impreso.

Parece, pues, que se han perdido para siempre el mayor nmero de sus
obras dramticas. La cuestin de cuntas existan hoy, slo puede
resolverse exactamente despus de hacer las ms escrupulosas
investigaciones en las bibliotecas y archivos de Espaa; y ni aun as se
lograra este objeto, puesto que algunos antiguos manuscritos 
ediciones antiguas de comedias, hoy _nicas_, se hallan en poder de
extranjeros[183], pudiendo asegurarse que las averiguaciones ms
prolijas no conseguiran acaso reunir ni la mitad de las obras[184], que
componan su primitivo repertorio. Los veinticinco volmenes en 4., de
la edicin antigua de las comedias de Lope, contienen trescientas[185];
hay que descontar de este nmero las de otros autores, que se han
interpolado en la parte 3. y en la 5., por cuya razn hay ciertos
volmenes (como por ejemplo el XXII y XXIV) en ediciones muy varias, que
no se encuentran en otras, y contienen distintas piezas, ascendiendo su
nmero  unas trescientas veinte. Adanse  stas muchas ms
comprendidas en las colecciones vulgares del _Teatro espaol_, ocho en
_La Vega del Parnaso_, y no pocas entre _las sueltas_, que se han
impreso de vez en cuando de nuevo,  que nos han sido conservadas en
ediciones antiguas, hoy raras[186].

En cuanto  _los autos_ de Lope de Vega, poseemos slo los doce,
compilados por Ortiz de Villena (reimpresos en el tomo XVIII de _Las
Obras sueltas_) y los cuatro, que l mismo nos ofrece en _El
Peregrino_. _Las loas y entremeses_, que hubieron de ser muy numerosos,
hllanse confundidos y diseminados en escaso nmero con _los autos_, y
en algunos volmenes de las comedias.

Aunque, atendidas las anteriores razones, se reduzca  suma ms moderada
el nmero de las comedias de Lope, de la que suele decirse vulgarmente,
resultarn siempre unas mil quinientas, escritas por l sin gnero
alguno de duda, y sin mencionar los autos y piezas pequeas, lo cual
basta de seguro para calificarlo de poeta mucho ms fecundo que todos
los dems dramticos, y hasta podra sostenerse que los escritores
dramticos ms fecundos de las dems naciones, no llegan, con todas sus
obras, al tercio siquiera de las suyas. La celeridad con que las
escriba, raya en lo imposible, aun no dando entero crdito  las
exageraciones cometidas sobre este punto. Errneo es, sin duda, el
aserto de Bouterweck, de que en ocasiones escribi comedias en tres 
cuatro horas; pero el mismo Lope nos dice que ms de ciento fueron
compuestas en veinticuatro horas. Y esto, por verdadero que sea, es
tanto ms sorprendente, cuanto que conviene recordar, que cualquier
comedia de Lope se compone de unos tres mil versos, en su mayor parte de
las formas ms artsticas, puesto que los asonantes, ms fciles que
las dems combinaciones mtricas, se emplean pocas veces, y en especial
para las narraciones, y en lo restante de ellas se usan los metros ms
variados y difciles, redondillas, quintillas y octavas, y con
frecuencia numerosos sonetos. Si se reflexiona en la incomprensible
facilidad y flexibilidad del poeta, que poda inventar con tanta rapidez
un plan complicado, y por lo comn singularmente dramtico,
desenvolverlo y exornarlo con tanto brillo y tan verdadera poesa, y
escribir al mismo tiempo bajo formas poticas tan difciles, cuando el
amanuense ms veloz apenas podra copiarla, no podemos menos de confesar
que semejante fenmeno casi frisa con lo increible. Es preciso, por
tanto, suponer que Lope era un improvisador perpetuo, y que sus
pensamientos nacan de repente con sus palabras propias, y con el verso
y la rima que les convena.

Tales expresiones de admiracin ha producido la fecundidad sin ejemplo
de nuestro poeta. No se crea, sin embargo, que atribuyamos demasiada
importancia  la multitud de sus obras,  que tengamos en cuenta el
nmero de sus composiciones para aquilatar su belleza potica. Casos, y
no remotos, ha habido en que imaginaciones, las ms medianas y ridas,
han escrito obras dramticas  granel, llenando los teatros de piezas
inspidas y de ningn mrito, por cuyo motivo nada debe significar la
simple fecundidad, cuando no va acompaada de verdadera poesa. Si
perteneciese Lope  esta clase de poetas, satisfara nuestra curiosidad
como raro fenmeno en los anales de la literatura; pero dejaramos sin
pena que sus obras se enmoheciesen en el polvo de dos siglos, amontonado
sobre ellas. No es as, felizmente: nuestra admiracin no nace de la
multitud de sus producciones, sino de las excelencias y perfecciones que
las distinguen, de la fuerza creadora potica, que se descubre en ellas,
de la inagotable riqueza de su inventiva y de su exuberante imaginacin.
Muy al contrario: de fundar nuestro exclusivo aprecio en la cantidad de
las obras de Lope, confesaremos espontneamente que hubiera sido ms
grande, concentrando tambin ms sus facultades. Pero si todo lo suyo no
es de igual valor; si la rapidez, con que escriba, ha perjudicado  la
plena perfeccin de algunas de sus composiciones, recordamos de nuevo el
nmero prodigioso de ellas, y consideramos que ha escrito ms dramas
buenos que otro cualquier poeta dramtico del mundo conocido, y que, por
consiguiente, merece que se extienda el manto del olvido sobre los
defectos de todos los dems. En este supuesto, no hay palabras ms
grficas que las empleadas por un escritor annimo poco despus de la
muerte de Lope, insertas en el tomo XXIII de sus _Comedias_. Citaremos
en toda su extensin este pasaje, porque expresa el juicio que haban
formado sus contemporneos ms ilustrados de este hombre eminente: Lope
fu el fin y remate de la comedia, de quien se puede decir que antes de
s no hall  quien imitar, y despus no hubo quien enteramente le
imitase... Las comedias de Lope son de la naturaleza, y las otras de la
industria... La introduccin de los personajes graves en Lope, y el
decoro, por la mayor parte, es singular, y singularsima la de las
personas humildes. Todas las veces (y son casi innumerables) que
introdujo villanos de todos los oficios, no puso figuras en el tablado,
sino los propios villanos vivos. El alio de los sonetos, la suavidad de
los actores, la sal de los graciosos, todo es tan propio en l, como las
flores en sus plantas y los frutos en sus rboles. Y quin hay tan
insensato, que pida cuenta  la inmensa copia de Lope, de si hizo
algunas comedias menores que otras,  si dijo esto inferior 
aqullo?... Quin es tan ciego, que no se le abran los ojos de la
admiracin al ponderar, que, slo para ser ledo lo que escribi este
casi ms que hombre, que no vivi ms que algunos, es menester la vida
del que ms vive?

El ensayo que acometemos ahora, de trazar el desenvolvimiento de su arte
dramtico, fundndonos en sus obras, y determinar el lugar que le
corresponde en la serie de los poetas dramticos de Espaa, puede
suscitar esta pregunta: si slo ha llegado hasta nosotros una pequea
parte de sus comedias, cmo formular una opinin decisiva y slida
sobre su mrito? Debemos responder  ella, que seguramente es deplorable
la prdida de tantas, y en parte tan excelentes composiciones, y tanto
ms, cuanto que de esta suerte nos vemos privados de los medios de
delinear todos los rasgos, que constituyen la fisonoma de este hombre
extraordinario; pero esto no ser causa bastante para suponer que lo
indito sea lo ms perfecto de sus obras,  que hubiese de presentarnos
su talento bajo una nueva faz. Por otra parte, es tan grande el nmero
de las que poseemos, que acaso sea ms fcil vernos en no pequeo
embarazo por la abundancia de materiales, siendo necesario ordenarlos y
ofrecerlos con claridad en su conjunto. Y ahora ocurre esta otra
pregunta: para formar juicio exacto de nuestro poeta, ser preciso
examinar el monstruoso repertorio de sus dramas existentes? Bastar,
acaso, como han hecho hasta aqu cuantos han criticado las obras
dramticas de Lope de Vega, leer un tomo de su _Teatro_, entresacar 
la suerte dos  tres comedias, ofrecer extractos de sus argumentos,
citar alguna que otra escena, acompandolas con reflexiones
esttico-crticas, y apoyarse en tales fundamentos para fallar acerca
del mrito dramtico del autor? Desconfianza inspirar, sin duda, esta
conducta, y nadie vacilar en afirmar, que quien intente satisfacer tan
slo aproximadamente medianas exigencias, ha de esforzarse, por lo
menos, en dominar el asunto por completo. Qu se dira del crtico, que
slo hubiese ledo algunos dramas, de Shakespeare, y con tan someros
conocimientos emprendiese la tarea de ilustrar  los dems sobre las
excelencias y faltas del clebre poeta ingls? Por qu razn, pues, no
se calificar tambin de crtica ligera, la que se hiciese de Lope de
igual suerte? El autor de esta historia del _Teatro espaol_ ha puesto
de su parte cuanto estaba en su mano para alejar de s tal reproche; y
aunque no haya tenido la fortuna de conocer y estudiar todos los dramas
existentes de este poeta sin rival (puesto que hubiera debido examinar
todas las bibliotecas pblicas y privadas de Europa), no ha omitido, sin
embargo, pena ni diligencia, compensadas,  la verdad, con variados
goces, por adquirir cuantas se presentaban  su alcance, pudiendo
vanagloriarse de haber ledo trescientas comedias de Lope. Pero
justamente tan extraordinario nmero de obras dramticas, en las cuales
ha de fundarse su juicio, y la necesidad de circunscribirse en los
lmites trazados por esta historia, lo obligan  seguir diversa senda
que sus predecesores. Si analizase y expusiese los argumentos de cada
comedia, acompandolos de observaciones crticas, llenara volmenes
enteros en detrimento de otros poetas, de los cuales ha de tratar; no le
queda, por tanto, otro recurso que indicar en general los caracteres
dramticos especiales, que distinguen  las poesas de Lope, y
esforzarse en presentar al lector la idea ms extensa y completa acerca
de la variedad de sus producciones, aludiendo slo ocasionalmente 
comedias aisladas, y exponiendo un extracto, lo ms sumario posible, de
su argumento.

Ante todo, sin embargo, debemos examinar con detenimiento la obra de
Lope, que parece comprender sus ideas particulares sobre la teora del
arte dramtico. Aludimos  su _Arte nuevo de hacer comedias_, citado
antes, que escribi en el ao de 1609, esto es, en la primera mitad de
su carrera,  excitacin de una Academia literaria de Madrid, para
disculparse de la crtica que de l se haca, por quebrantar las reglas
admitidas. Las ideas insertas en esta obra, son tan singulares y
opuestas  cuanto pudiera esperarse del fundador y primer maestro del
drama moderno, que han movido  algunos  imaginar que Lope se propuso
burlarse de sus adversarios con el achaque de burlarse de s propio;
pero, en esta hiptesi, sera su obra lo ms intil, defectuosa y falta
de ingenio que pudiera pensarse, bastando,  nuestro juicio, leerla sin
prevencin para convencerse de la futilidad de semejante aserto. Verdad
es que se encuentran en ella algunas observaciones burlescas, y que est
escrita en estilo ligero; pero esto no se opone  que manifieste respeto
 las reglas de los antiguos: su conjunto lleva el sello de una
improvisacin pasajera, trazada acaso en pocos instantes; sus
pensamientos estn mal coordinados, y parecen moverse  saltos; pero, 
pesar de todo, no es difcil desentraar las ideas siguientes: Rndese
homenaje  los preceptos de Aristteles (en cuanto lo permiten las
confusas nociones, formadas acerca de ellos), y se asegura que su
observancia sera til para el arte; pero se aade que la anarqua
dramtica ha echado en Espaa tan profundas races, que ya no agradan
las obras clsicas, y que, como el poeta slo ha de habrselas con el
pblico, no le queda otro recurso que ajustarse  sus deseos.

Conviene, sin embargo, oir al mismo Lope:

    Mndame, ingenios nobles, flor de Espaa,
    Que en esta junta y Academia insigne

    * * *

    Que un arte de comedias os escriba,
    Que al estilo del vulgo se reciba.

    Fcil parece este sujeto, y fcil
    Fuera para cualquiera de vosotros,
    Que ha escrito menos dellas, y ms sabe
    Del arte de escribirlas y de todo;
    Que la que  m me daa en esta parte
    Es haberlas escrito sin el arte.

    No porque yo ignorase los preceptos,
    Gracias  Dios, que ya tirn gramtico
    Pas los libros que trataban desto
    Antes que hubiese visto al sol diez veces
    Discurrir desde el Aries  los Peces;
    Mas porque, en fin, hall que las comedias
    Estaban en Espaa en aquel tiempo,
    No como sus primeros inventores
    Pensaron que en el mundo se escribieran,
    Mas, como las trataron muchos brbaros,
    Que ensearon el vulgo  sus rudezas;
    Y as se introdujeron de tal modo,
    Que quien con arte ahora las escribe,
    Muere sin fama y galardn; que puede
    Entre los que carecen de su lumbre,
    Mas que razn y fuerza, la costumbre.

    Verdad es que yo he escrito algunas veces
    Siguiendo el arte que conocen pocos;
    Mas luego que salir por otra parte
    Veo los monstruos de apariencias llenos,
    A donde acude el vulgo y las mujeres,
    Que este triste ejercicio canonizan,
    A aquel hbito brbaro me vuelvo;
    Y cuando he de escribir una comedia,
    Encierro los preceptos con seis llaves;
    Saco  Terencio y Plauto de mi estudio
    Para que no me den voces; que suele
    Dar gritos la verdad en libros mudos,
    Y escribo por el arte que inventaron
    Los que el vulgar aplauso pretendieron;
    Porque, como las paga el vulgo, es justo
    Hablarle en necio para darle gusto.

    Ya tiene la comedia verdadera
    Su fin propuesto, como todo gnero
    De poema  poesis, y ste ha sido
    Imitar las acciones de los hombres
    Y pintar de aquel siglo las costumbres.
    Tambin cualquiera imitacin potica
    Se hace de tres cosas, que son pltica,
    Verso dulce, armona  sea la msica,
    Que en sta fu comn con la tragedia;
    Slo diferencindola en que trata
    Las acciones humildes y plebeyas,
    Y la tragedia las reales y altas.
    Mirad si hay en las nuestras pocas faltas.

    Acto fueron llamadas, porque imitan
    Las vulgares acciones y negocios.
    Lope de Rueda fu en Espaa ejemplo
    Destos preceptos, y hoy se ven impresas
    Sus comedias de prosa tan vulgares
    Que introduce mecnicos oficios
    Y el amor de una hija de un herrero;
    De donde se ha quedado la costumbre
    De llamar entremeses las comedias
    Antiguas, donde est en su fuerza el arte,
    Siendo una accin y entre plebeya gente,
    Porque entrems de rey jams se ha visto.
    Y aqu se ve que el arte por bajeza
    De estilo vino  estar en tal desprecio,
    Y el rey en la comedia para el necio.

Basta lo expuesto para probar, que las ideas de Lope acerca de la
esencia del drama antiguo, sin duda iguales  las de sus coetneos, eran
errneas y confusas, y que careca de los conocimientos indispensables
para comprender y justificar la necesidad de las formas del drama
romntico; de suerte que las bellezas de sus obras son debidas
exclusivamente al acierto de su genio, no  su instruccin terica y
crtica. Otros muchos prrafos de sus escritos demuestran su propsito
formal y serio de escribir  gusto del pblico, y contra lo preceptuado
en reglas que le eran bien conocidas, aunque en las lneas suyas citadas
se exprese con cierta ambigedad y petulancia. He aqu, pues, lo que
dice en el prlogo de _El Peregrino_: Adviertan los extranjeros que las
comedias en Espaa no guardan el arte, y que yo las prosegu en el
estado que las hall, sin atreverme  guardar los preceptos, porque con
aquel rigor, de ninguna manera fueran oidas de los espaoles. Y en la
dedicatoria de _La mal casada_ (tomo XV)  D. Francisco de la Cueva,
aade: Atrevimiento es grande dar  luz en nombre de vuestra merced
esta comedia, pues sindole tan notorios los preceptos, no le ha de
parecer disculpa haberse escrito al uso de Espaa, donde fueron culpados
de su mala observancia los primeros por quien fu introducido... En
ellos tuvo principio; no ha sido posible corregirle en tantos aos, as
en los que las oyen como en los que las escriben; pues, aunque se ha
intentado, sale con infelice aplauso las ms veces, dando mayor lugar 
los espectculos y invenciones brbaras, que  la verdad del arte, tan
lamentada de los crticos intilmente. Los autores tienen en parte de
esta culpa; pero, pues _multa in jure civili, contra strictam rationem
disputandi, pro communi utilitate recepta sunt_, no es mucho que por la
de tantos en esta parte, perdonen los observantes de los preceptos la
imperfeccin que digo. Por ltimo, en la dedicatoria  Marino de la
comedia _Virtud, pobreza y mujer_ (tomo X), se explica en estos
trminos: En Espaa no se guarda el arte, ya no por ignorancia, pues
sus primeros inventores, Rueda y Navarro, le guardaban, que apenas h
ochenta aos que pasaron, sino por seguir el estilo mal introducido de
los que le sucedieron.

Prosigamos, sin embargo, con _El Arte nuevo_, de Lope. Ya hemos visto
cmo hace alarde de su erudicin sobre el antiguo drama; despus
contina as:


    Porque veis que me peds que escriba
    Arte de hacer comedias en Espaa,
    Donde cuanto se escribe es contra el arte;
    Y que decir cmo sern ahora
    Contra el antiguo, y que en razn se funda,
    Es pedir parecer  mi experiencia,
    No el arte, porque el arte verdad dice,
    Que el ignorante vulgo contradice.

    * * *

    Si peds parecer de los que ahora
    Estn en posesin, y que es forzoso
    Que el vulgo con sus leyes establezca
    La vil quimera deste monstruo cmico,
    Dir el que tengo, y perdonad, pues debo
    Obedecer  quien mandarme puede,
    Que, dorando el error del vulgo, quiero
    Deciros de qu modo las querra,
    Ya que seguir al arte no hay remedio
    En estos dos extremos dando un medio.
    Eljase el sujeto, y no se mire
    (Perdonen los preceptos) si es de reyes,
    Aunque por esto entiendo que el prudente
    Filipo, rey de Espaa y seor nuestro,
    En viendo un rey en ellas se enfadaba
    O fuese ver que el arte contradice,
    O que la autoridad ral no debe
    Andar fingida entre la humilde plebe.
    Esto es volver  la comedia antigua,
    Donde vemos que Plauto puso dioses,
    Como en su Anfitrn lo muestra, Jpiter.
    Sabe Dios que me pesa de aprobarlo,
    Porque Plutarco, hablando de Menandro,
    No siente bien de la comedia antigua.
    Mas, pues, del arte vamos tan remotos,
    Y en Espaa le hacemos mil agravios,
    Cierren los doctos esta vez los labios.
    Lo trgico y lo cmico mezclado,
    Y Terencio con Sneca, aunque sea
    Como otro Minotauro de Pasifae,
    Harn grave una parte, otra ridcula,
    Que aquesta variedad deleita mucho.
    Buen ejemplo nos da naturaleza,
    Que por tal variedad tiene belleza.
    Advirtase que slo este sujeto
    Tenga una accin, mirando que la fbula
    De ninguna manera sea episdica,
    Quiero decir, inserta de otras cosas,
    Que del primer intento se desven;
    Ni que de ella se pueda quitar miembro,
    Que del contexto no derribe el todo.
    No hay que advertir que pase en el perodo
    De un sol, aunque es consejo de Aristteles,
    Porque ya le perdimos el respeto
    Cuando mezclamos la sentencia trgica
    Con la humildad de la bajeza cmica.
    Pase en el menos tiempo que ser pueda,
    Si no es cuando el poeta escriba historia,
    En que hayan de pasar algunos aos,
    Que esto podr poner en las distancias
    De los dos actos,  si fuere fuerza
    Hacer algn camino una figura,
    Cosa que tanto ofende  quien lo entiende;
    Pero no vaya  verlas quien se ofende!
    Oh! Cuntos deste tiempo se hacen cruces
    De ver que han de pasar aos en cosa
    Que un da artificial tuvo de trmino!
    Que an no quisieron darle el matemtico;
    Porque considerando que la clera
    De un espaol sentado no se templa
    Si no le representan en dos horas
    Hasta el final jicio desde el Gnesis;
    Yo hallo que si all se ha de dar gusto,
    Con lo que se consigue es lo ms justo.
    El sujeto elegido escriba en prosa
    Y en tres actos de tiempo lo reparta,
    Procurando, si puede, en cada uno
    No interrumpir el trmino del da.
    El capitn Virus, insigne ingenio,
    Puso en tres actos la comedia, que antes
    Andaba en cuatro, como pies de nio,
    Que eran entonces nias las comedias;
    Y yo las escrib de once y doce aos,
    De  cuatro actos y de  cuatro pliegos,
    Porque cada acto un pliego contena.

    * * *

    Ponga la conexin desde el principio,
    Hasta que vaya declinado el paso;
    Pero la solucin no la permita
    Hasta que llegue la postrera escena,
    Porque en sabiendo el vulgo el fin que tiene,
    Vuelve el rostro  la puerta, y las espaldas
    Al que esper tres horas cara  cara,
    Que no hay ms que saber en lo que para.
    Quede muy pocas veces el teatro
    Sin persona que hable, porque el vulgo
    En aquellas distancias se inqueta
    Y gran rato la fbula se alarga;

    * * *

    Comience, pues, y con lenguaje casto
    No gaste pensamientos ni conceptos
    En las cosas domsticas, que slo
    Ha de imitar de dos  tres la pltica.
    Mas cuando la persona que introduce,
    Persade, aconseja  disade,
    All ha de haber sentencias y conceptos.

    * * *

    No traya la escritura, ni el lenguaje
    Ofenda con vocablos exquisitos,
    Porque si ha de imitar  los que hablan,
    No ha de ser por pancayas, por metauros;
    Hipcrifos, sermones y centauros.
    Si hablare el rey, imite cuanto pueda
    La gravedad ral; si el viejo hablare,
    Procure una modestia sentenciosa;
    Describa los amantes con afectos
    Que mueva con extremo  quien escucha;
    Los soliloquios pinte de manera
    Que se transforme todo el recitante,
    Y con mudarse as mude al oyente.
    Pregntese y respndase  s mismo;
    Y si formare quejas, siempre guarde
    El debido decoro  las mujeres.
    Las damas no desdigan de su nombre;
    Y si mudaren traje, sea de modo
    Que pueda perdonarse, porque suele
    El disfraz varonil agradar mucho.
    Gurdense de imposibles, porque es mxima
    Que slo ha de imitar lo verosmil;
    El lacayo no trate cosas altas,
    Ni diga los conceptos que hemos visto
    En algunas comedias extranjeras.
    Y de ninguna suerte la figura
    Se contradiga en lo que tiene dicho;
    Quiero decir, se olvide como en Sfocles
    Se reprende no acordarse Edipo
    Del haber muerto por su mano  Layo.
    Remtense las escenas con sentencia,
    Con donaire, con versos elegantes,
    De suerte que al entrarse el que recita
    No deje con disgusto al auditorio
    En el acto primero, pongo el caso;
    En el segundo enlace los sucesos,
    De suerte que hasta medio del tercero
    Apenas juzgue nadie en lo que para.
    Engae siempre el gusto, donde vea
    Que se deja entender alguna cosa
    De muy lejos de aquello que promete.
    Acomode los versos con prudencia
    A los sujetos de que va tratando.
    Las dcimas son buenas para quejas;
    El soneto est bien en los que aguardan;
    Las relaciones piden los romances,
    Aunque en octavas lucen por extremo;
    Son los tercetos para cosas graves,
    Y para las de amor las redondillas.
    Las figuras retricas importan
    Como repeticin  anadplosis;
    Y en el principio de los mismos versos
    Aquellas relaciones de la anfora,
    Las ironas y dubitaciones,
    Apstrofes tambin y exclamaciones.

    El engaar con la verdad es cosa
    Que ha parecido bien, como lo usaba
    En todas sus comedias Miguel Snchez,
    Digno por la invencin desta memoria.
    Siempre el hablar equvoco ha tenido
    Y aquella incertidumbre anfibolgica
    Gran lugar en el vulgo, porque piensa
    Que l slo entiende lo que el otro dice.
    Los casos de la honra son mejores,
    Porque mueven con fuerza  toda gente:
    Con ellos las acciones virtuosas,
    Que la virtud es donde quiera amada;
    Pues que vemos, si acaso un recitante
    Hace un traidor, es tan odioso  todos
    Que lo que va  comprar no se le vende;
    Y huye el vulgo dl cuando le encuentra;
    Y si es leal, le prestan y convidan
    Y hasta los principales le honran y aman,
    Le buscan, le regalan y le aclaman.
    Tenga cada acto cuatro pliegos solos,
    Que doce estn medidos con el tiempo;
    Y la paciencia del que est escuchando.
    En la parte satrica no sea
    Claro ni descubierto, pues que sabe
    Que por ley se vedaron las comedias
    Por esta causa en Grecia y en Italia;
    Pique sin odio, que si acaso infama,
    Ni espere aplauso ni pretenda fama.
    Estos podis tener por aforismos
    Los que del arte no tratis antiguo,
    Que no da ms lugar agora el tiempo;
    Pues lo que le compete los tres gneros
    Del aparato que Vitrubio dice,
    Toca al autor, como Valerio Mximo,
    Pedro Crinito, Horacio en sus epstolas,
    Y otros los pintan con sus tiempos y rboles,
    Cabaas, casas y fingidos mrmoles.
    Los trajes nos dijera Julio Polux,
    Si fuera necesario, que en Espaa
    Es de las cosas brbaras que tiene
    La comedia presente recibidas,
    Sacar un turco un cuello de cristiano
    Y calzas atacadas un romano.
    Mas ninguno de todos llamar puedo
    Ms brbaro que yo, pues contra el arte
    Me atrevo  dar preceptos y me dejo
    Llevar de la vulgar corriente,  donde
    Me llamen ignorante Italia y Francia.
    Pero qu puedo hacer, si tengo escritas,
    Con una que he acabado esta semana,
    Cuatrocientas y ochenta y tres comedias?
    Porque fuera de seis, las dems todas
    Pecaron contra el arte gravemente;
    Sustento, en fin, lo que escrib, y conozco
    Que aunque fuera mejor de otra manera,
    No tuvieran el gusto que han tenido,
    Porque  veces lo que es contra lo justo
    Por la misma razn deleita el gusto.

Importaba oir hablar de su arte, como terico, al gran maestro del
teatro espaol, para no alterar, al extractarlo, el carcter esencial de
su obra didctica. Pero si es cierto que se leen algunas reflexiones
grficas aisladas sobre la forma externa del drama, en la parte de esta
breve dramaturgia, en que se expresa el poeta experimentado y prctico,
no lo es menos, sin embargo, que el conjunto demuestra irremisiblemente
que las ideas crticas de Lope se hallaban  inmensa distancia de su
arte. Intil es buscar en ellas ms slido cimiento  las leyes de la
poesa romntica. Verdad es que nuestro poeta parece indicar en algunas
otras frases suyas, que  veces vislumbraba que la nueva forma del drama
no era un mero resultado del capricho, sino que tena tambin su
justificacin. He aqu lo que dice en su gloga  Claudio:

    Dbenme  m de su principio el arte,
    Si bien en los preceptos diferencio
    Rigores de Terencio,
    Y no negando parte
    A los buenos ingenios tres  cuatro
    Que vieron las infancias del teatro,
    Pintar las iras del armado Aquiles,
    Guardar  los palacios el decoro,
    Iluminados de oro
    Y de lisonjas viles,
    La furia del amante sin consejo,
    La hermosa dama, el sentencioso viejo.

      Y donde son por speras montaas
    Sayas y angeo, telas y cambrayes,
    Y frgiles tarayes,
    Paredes de cabaas,
    Que mejor que de prfido linteles
    Defienden rayos jambas de laureles.

      Describir el villano al fuego atento,
    Cuando con puntas de cristal las tejas
    Detienen las ovejas,
    O cuando mira exento
    Cmo de trigo y de maduras uvas
    Se forman trojes y rebosan cubas.
    A quin se debe, Claudio?

Y en el prlogo al tomo XVI de sus _Comedias_: El arte de las comedias
y de la poesa es la invencin de los poetas prncipes, que los ingenios
grandes no estn sujetos  preceptos. Pero de esto no se deduce de
ningn modo, que deba darse cuenta satisfactoria de la independencia,
con que proceda. Tan errneo es asegurar que el genio no necesita de
regla alguna, como que slo tienen valor las de Aristteles. Una obra
potica puede prescindir de los preceptos observados por los antiguos,
y, sin embargo, guardar otros. Por lo que hace  la opinin de Lope,
sobre la suma excelencia de la forma dramtica antigua, y sobre la causa
de no imitarla, no otra, en su concepto, que la condescendencia con el
gusto corrompido de la muchedumbre, como lo dice en su _Arte nuevo_ y en
otras obras, hemos de manifestar que tal aserto no merece tomarse en
serio. El error exclusivista de que slo el arte antiguo puede ofrecer
modelos dignos de imitacin, y la ciega fe en los preceptos de
Aristteles, han desaparecido ya felizmente, para siempre, de todo el
mundo civilizado. Se confiesa que la forma ms limitada y estrecha de la
tragedia y de la comedia griega era excelente, porque constituye el tipo
orgnico y artstico, que, bajo la forma de drama, se ha desenvuelto
sucesivamente desde los cantos del coro; pero no se cree que haya de
servir de medida para el drama moderno, nacido de germen muy diverso, y
bajo el imperio de causas muy distintas, y ofrecindole slo un molde
obligado, externo y mecnico, contrario  su naturaleza. Y aunque haya
alguno que no participe de esta opinin, basta hacer una comparacin
atenta entre las varias naciones de la Europa moderna, que se han
ensayado en la poesa dramtica. De esta comparacin ha de resultar
indefectiblemente que las copias de los antiguos modelos, y la
observancia de sus pretendidas reglas, ha producido nicamente un arte
sin vida, ni accin, ni vigor, ni originalidad, mientras que los dos
pueblos, que, siguiendo sus inclinaciones nacionales, han modelado el
drama con arreglo  las condiciones especiales de su existencia, poseen
un teatro propio, que puede rivalizar en excelencia con el griego. Las
mximas citadas de Lope de Vega son una de las pruebas ms notables en
apoyo de la opinin, tantas veces sustentada, de que el verdadero poeta,
sin conocer hasta cierto punto lo que hace, llega  lo verdadero y  lo
justo, como movido por una necesidad interior; que la facultad artstica
de crear y de dar una forma  sus creaciones, puede ser independiente de
la instruccin terica, y que el arte precede con frecuencia  la
crtica  inconmensurable distancia. Alabemos, pues, el buen sentido de
los espaoles, que obligaron  su poeta  seguir la senda recta, contra
su voluntad y sus principios literarios, puesto que, de lo contrario, el
teatro espaol, como el italiano, slo nos ofrecera dramas deplorables,
pedantescos y modelados servilmente por las leyes de la poesa
clsica[187].

Cun completamente distinto del Lope, que expone en las lneas
anteriores su potica pensada, aparece ahora el poeta, que, libre de
vnculos estrechos, slo obedece  su inspiracin! Cun inmensamente
supera en vigor y profundidad su creadora fantasa  lo que pudiera
esperarse de sus ideas superficiales sobre composicin potica! Por
ltimo, cunto aventaja el drama creado por l, en consonancia con el
espritu nacional y con la vida ntima del pueblo,  todo aquello que
hubiese alcanzado slo el arte imitativo!

La forma y el carcter de la comedia, que, desde Lope de Vega, predomin
exclusivamente en el teatro espaol, han sido ya expuestos antes con sus
rasgos ms generales. Esta comedia, en verdad, no puede ser calificada
de invencin original de nuestro poeta: haba nacido despus de una
larga serie de ensayos, y en el ltimo decenio del siglo XVI, y en
virtud de los esfuerzos de muchos, se haba elevado  nueva altura,
alcanzando su natural centro; pero qu monstruoso abismo separa ya, aun
 las primeras y ms imperfectas obras de Lope, de las mejores de los
que le precedieron! Por lo que hace  sus coetneos, que emprendieron
con l la misma senda, es lcito dudar si,  pesar de sus talentos
sobresalientes, habran fijado de una manera tan irrevocable el espritu
y la forma del drama, como l lo hizo. Slo sus facultades poticas y
creadoras, juntamente con su fecundidad, que supo revestir de formas tan
variadas  infinitas sus ideas originales sobre la poesa dramtica,
pudo influir decididamente en la direccin del gusto de los espaoles en
el arte escnico, de tal manera, que no se conociese otra en el espacio
de medio siglo. Y en este sentido hemos de denominar sin escrpulo 
Lope de Vega fundador del teatro espaol, y considerar como obra suya al
drama espaol en todas sus modificaciones. Conviene recordar ahora los
caracteres ms generales de este drama, ya indicado, as como sus
formas, puesto que,  lo dicho entonces y con referencia  ello,
aadiremos ahora diversos puntos ms concretos, relativos al arte
dramtico de Lope de Vega.




CAPTULO XI.

Caracteres generales de la poesa dramtica de Lope de Vega.


Si hubo alguna vez un poeta,  quien su nacin no slo debe un drama,
sino una literatura dramtica completa, lo fu, sin duda, nuestro
espaol. Habale dotado la naturaleza, no slo de aquella perfecta
armona de todas las facultades del alma, germen del arte, que es la
flor ms bella del espritu humano; no slo posea todas las dotes, que
son tan necesarias al eminente poeta lrico y pico como al dramtico,
espritu flexible y vigoroso, facilidad de penetrar profundamente en la
naturaleza y la vida humana, sensibilidad ardiente y variada, elevacin
de la fantasa y de la inteligencia, sino que le adornaban adems en
supremo grado todas las prendas que caracterizan  los grandes
dramticos, como el conocimiento ms profundo de los hombres y de sus
inclinaciones, el sentido ms perspicaz para comprender las pasiones,
sus causas y efectos, juntamente con inagotable imaginacin  inventiva,
delicada reflexin y el tranquilo y penetrante golpe de vista necesario
para trazar y desarrollar un plan dramtico. No sin intencin nos hemos
propuesto realzar este concurso de las facultades poticas ms diversas,
puesto que, si como se ha observado con frecuencia, el drama constituye
la fusin orgnica de la epopeya y de la lrica, el poeta dramtico ha
de reunir, en su acepcin ms elevada, todos los caracteres propios del
lrico y del pico. Y as se comprende que en el arte dramtico de Lope
de Vega, se perciba la diafanidad, la claridad ms sin mancha y la
tranquila exposicin de la epopeya, con la pasin lrica que se apodera
del corazn, y lo conmueve y domina, apareciendo ambas cualidades en la
escena en un organismo plstico y perfecto, y en accin  fbula rpida
y no interrumpida. Este genio extraordinario, sin esfuerzo, y como
jugando, parece haber producido la ms difcil de las formas poticas,
cuando naciones y siglos enteros se han afanado intilmente en poseerla.
Sus creaciones sin nmero son tan completas, tan bellas,  hijas tan
legtimas de una necesidad interior, que deberamos creer que no las
produce el poeta, sino la misma naturaleza. Pero es bien sabido que
esta aparente naturalidad, como se puede observar en las obras ms
sublimes de la poesa y del arte, es justamente el resultado de la
constitucin orgnica ms perfecta, y del conjunto armnico, que forma
su punto ms culminante.

En pocas palabras expresa Lope de Vega su opinin acerca de la esencia y
objeto del drama: El drama, dice, ha de representar las acciones
humanas y pintar las costumbres de su siglo; y esto es, en efecto, en
su significacin ms elevada, lo que se refleja en sus obras: de ninguna
manera debe de copiar la naturaleza ni la realidad ordinaria, sino
ofrecer una imagen potica de la vida humana, tan elevada como profunda;
una exposicin potica de los fenmenos, hechos y acontecimientos, que
ms se distinguen en la naturaleza y en la historia; y el drama, en
verdad, ha de presentar  los ojos del espectador tan inmediata y
realmente las acciones y sucesos,  que han de dar origen los caracteres
por una causa interna, que ha de imaginarse que la fbula, ms que
fbula, es una verdad. El objeto principal del drama, segn se desprende
de tales asertos, es el de guiar  los hombres al conocimiento de s
mismos, manifestndoles las causas y efectos de sus actos, mostrarles el
eterno principio de todos los fenmenos de la existencia,  ilustrarlos
en las varias relaciones que hay entre las cosas divinas y las humanas.
Slo este propsito moral se halla de acuerdo con la poesa, puesto que
del fin, tambin moral del drama, con arreglo al cual las faltas de cada
uno han de llevar siempre su castigo merecido, y del deseo de dar en el
teatro lecciones de sabidura infantil, y aprender en cada drama una
mxima de prudencia para aplicarla despus en el hogar domstico, nada
saban felizmente ni nuestro poeta ni su siglo.

Observando tales principios, Lope de Vega ofrece en sus composiciones
dramticas un rico cuadro de acciones, sucesos y relaciones sociales, de
motivos, determinaciones y sentimientos que caminan  un fin concreto,
formando cadena necesaria de causas y de efectos. Sus obras abrazan los
asuntos ms varios, y se proponen desarrollar una exposicin de todos
los instantes de la vida, presentando en su vasta extensin el gran
cuadro del mundo. La fbula (en su acepcin ms extensa, esto es, la
trama completa de sucesos externos y de mviles internos) aparece
siempre en primer trmino, y nunca intenta desenvolver una mxima
aislada ni un principio determinado; pero el conjunto aparece uno por el
lazo de la intencin potica, que constituye el centro  eje de la obra,
y le imprime unidad, necesaria en todas las producciones del arte. Esta
idea fundamental de fijar un foco, del cual se desprenden todos los
radios de su exposicin, la desarrolla el poeta con seguridad perfecta,
manifestndose en la misma intriga, en las situaciones y caracteres, en
una palabra, en todo el curso de la fbula.

Para convencerse de la influencia, que tuvo Lope de Vega en afirmar en
su terreno propio el arte dramtico espaol, basta comparar la forma de
su dilogo con la de sus predecesores. Si consultamos las obras de Juan
de la Cueva y de Virus,  las cuales siguen inmediatamente las suyas,
cun inflexible nos parece el estilo de los primeros, y cun poco
apropiado al que exige el drama! Sus personajes pronuncian discursos
inmoderados; extindense en pomposas pinturas y declamaciones: pero su
lenguaje no se ajusta  las circunstancias y  los caracteres de los
interlocutores: ignoran las gradaciones y transmisiones delicadas,
confundiendo con lo sublime lo vulgar; apresranse cuando debieron
caminar lentamente, y al contrario, pierden el tiempo sin mesura cuando
se necesitaba gran celeridad y movimiento. Cun de otra manera sucede
en las comedias de Lope! Qu oportunidad y encadenamiento en sus
dilogos! Cmo se acomodan las palabras de los personajes  sus
caracteres especiales! Cmo sigue el curso de la accin! Cmo vara 
cada instante! Cun firme es, y al mismo tiempo cun movible! Por
ltimo, con qu maestra se subordinan  la dramtica la pica y la
lrica, hasta en las ocasiones, en que ms derecho tendran  la
independencia!

Sabemos que Lope, acrrimo adversario del gongorismo, se alababa de ser
_un escritor llano_, esto es, de usar estilo natural y sencillo[188]. A
pesar de ello, se le ha atribudo el defecto de emplear un lenguaje
hinchado y prolijo. Verdad es que se encuentran  veces en sus obras
atrevidas y exageradas metforas, giros dialcticos demasiado sutiles,
comparaciones  imgenes, que excitan la extraeza de los extranjeros.
Menester es, sin embargo, no olvidar que la riqueza de las imgenes y de
las comparaciones, y la propensin  las anttesis y refinados
pensamientos, son propiedades ntimamente unidas  la esencia del idioma
espaol. Ya provenga del influjo de los rabes, ya de una inclinacin
natural del espritu del pueblo, ello es, que aparecen esas cualidades
en los albores de la literatura castellana: hllanse en los antiguos
romances; los cancioneros ofrecen numerosos ejemplos, y en _la
Celestina_ se observa, que el afn de hacer alusiones y rebuscadas
comparaciones se haba ya introducido en el siglo XV en el lenguaje
ordinario[189]. Tngase adems en cuenta, que en los pases meridionales
se propende  las exageraciones y  las comparaciones disparatadas. No
llaman la atencin,  quien trata y conversa con espaoles, las
singulares metforas  hiperblicas expresiones, de que usan  menudo en
su lenguaje? Un mancebo llama al objeto de su amor _clavel de mi alma_.
Cualquier doncella lista y avispada se llena de placer, cuando se la
dice que _va derramando la sal_. Quien saborea el vino y quiere expresar
su excelencia, dice que _le sabe  gloria_. Un labrador manchego, 
quien se le pregunt durante la guerra de la Independencia por el nmero
de tropas que defendan el paso de Sierra-Morena, replic: _Un medio
mundo delante; un mundo entero detrs, y en el centro la Santsima
Trinidad_. En la prosa de Cervantes, que pasa por ser modelo de
sencillez y naturalidad, se encuentran muchas frases parecidas, de uso
comn y corriente, y Lope no hubiese representado con fidelidad las
costumbres de su patria, si no hubiera includo en sus dramas tales
maneras de hablar. Por lo que hace  los _concetti_, semejantes  los de
los marinistas italianos y  las expresiones ampulosas  rebuscadas, que
 veces se observan en sus obras, es preciso advertir que se ponen casi
siempre en los labios de personajes ridculos, como petimetres,
coquetas, amantes despreciables,  en los del gracioso para hacer reir 
costa de sus seores  seoras. Fuera, pues, de lo dicho, hay poco
enftico  hinchado en sus obras, y aun calificndole de defectuoso y
censurable, no obsta para que afirmemos que Lope mostr el mayor cuidado
en el manejo de la diccin potica. Su versificacin es de maravillosa
armona, fcil y elegante; su estilo (prescindiendo de algunos lunares
que lo deslustran, y que en parte han de atribuirse  las defectuosas
impresiones de sus obras) es asimismo natural y tan acomodado  su
objeto, como noble, bello y enrgico. Emplea todas las modulaciones que
existen en su idioma, y sabe expresar los tonos que llegan ms
profundamente al corazn,  revestir de los ms gratos colores  las
narraciones y pinturas descriptivas,  ayudar al ingenio ms sutil 
solazarse con juegos de palabras, , por ltimo, prestar palabras
propias al torrente arrebatador de las pasiones. Su predominio en los
medios tcnicos de exposicin aparece as en el dilogo ordinario, que,
sin embargo, se distingue del comn y vulgar por un ligero tinte
potico, como en el calor vehemente de la elocuencia. Sabe emplear las
imgenes y frases ms familiares sin ser trivial ni prosico, y las ms
inslitas sin faltar  la precisin ni pecar tampoco de ampuloso. Con
qu facilidad y tersura discurre en sus romances, y cun dulcemente se
mueven, como arroyuelos de clarsimas aguas; pero, al mismo tiempo, con
cunta pujanza corren en los momentos ms crticos, iguales al torrente
que atraviesa escarpadas rocas! Con cunta animacin y cunta vida; con
cunta gracia y delicadeza se transforman sus redondillas y dcimas, ya
en rplicas y contrarrplicas, ya en amorosas quejas, ya en juegos
burlescos y caprichosos! Qu encanto tan armonioso el de sus liras y
silvas! Y con cunta majestad se ostentan sus octavas, canciones 
imitaciones italianas!

Adems del defecto antes citado, suele tambin atribursele comunmente
el de hacer alarde de falsa y extempornea erudicin. Aldese, sin duda,
 sus referencias  la mitologa y  la historia antigua, no siempre
oportunas en sus obras. Conviene no olvidar, sin embargo, que, entre los
espaoles, como entre los dems pueblos romnicos, se ha conservado
siempre vivo el recuerdo de la antigedad. Hoy mismo maravilla  los
viajeros la frecuencia, con que hasta los aldeanos y rsticos espaoles
hablan de Venus, del Amor, de Baco y de los dems Dioses del gentilismo.
En el siglo XVII, segn consta de diversos testimonios, se hallaba muy
extendido el conocimiento de la antigua mitologa. De la misma suerte
que los grandes celebraban sus fiestas con representaciones mitolgicas,
y que Felipe IV (como se ver ms adelante) evocaba  su rededor en
solemnidades y suntuosas funciones el antiguo mundo de los Dioses, as
tambin la clase media, y hasta el pueblo de los campos, rivalizaba con
aqullos en sus fiestas acudiendo  tan ingeniosas ficciones, aunque sin
el lujo de las clases ms elevadas. No es dable, por tanto, considerar
como una falta de nuestro poeta el emplear imgenes de la vida real de
su poca, ni tildarlo de afectado, cuando hasta en los labios del pueblo
pone comparaciones mitolgicas y otras alusiones de esta especie. No
diremos por esto que no le hubiese favorecido ms omitir las citas, que
 veces se encuentran en sus obras; pero la extraeza, que nos causan 
primera vista, desaparece casi siempre al recordar la reflexin
enunciada.

Si nos hacemos ahora cargo de una de las condiciones ms esenciales del
arte dramtico, que es la pintura de caracteres, confesaremos tambin en
esta parte la rara maestra de Lope. Sabemos cun arriesgadas son las
preocupaciones, con que hay que luchar, para salir airoso en este punto.
Se dice largo tiempo hace que los poetas espaoles son superficiales en
la pintura de caracteres, y se les atribuye el hbito de adoptar formas
caractersticas generales, que, segn se asegura, ocupan en su poesa el
lugar de los individuos. Pero sucede tambin con frecuencia, que una
decisin de esta especie, por absurda que sea, se copia en muchos libros
y pasa de unos escritores  otros, sin que ninguno se tome el trabajo de
examinar con cuidado si es  no fundada. El vejete, leemos nosotros; el
galn apuesto, la elegante dama, el criado, la doncella, aparecen en
todas las comedias espaolas como personajes indispensables y
perpetuos. Quin no creer, al oir esto, que,  semejanza de la
_commedia_ italiana _dell'arte_, el drama espaol usa tambin sus
mscaras determinadas, movindose en tan estrecho crculo? La verdad es,
sin embargo, que las expresiones copiadas indican en el lenguaje
dramtico espaol clases enteras, como cuando hablamos de hroes,
enamorados, intrigantes, etc.,  las edades de los personajes que
intervienen en la accin. La palabra _vejete_ no expresa tampoco, en
general, el anciano, sino el viejo ridculo, que bulle frecuentemente en
las comedias; _barba_, el hombre de edad provecta; _galn_, el caballero
joven, y _dama_, la seora de las clases ms principales. De caracteres
fijos y necesarios no hay que hablar, por consiguiente, puesto que en
los personajes de las clases, que se distinguen con este nombre en las
comedias, puede tener cabida la mayor variedad de individuos. Tan justa
sera esa crtica como achacar tambin  Shakespeare uniformidad y
defecto de caracteres individuales, porque ofrece en la escena con
repeticin hroes, amantes, etc.

Por lo dems, debe sorprendernos que los escritores, que censuran por
esta causa  los poetas dramticos espaoles, encuentren siempre en
ellos algo bueno que celebrar, puesto que, segn nuestras ideas, no se
concibe el arte dramtico sin pintura de caracteres, ni sin el
desenvolvimiento de la fbula, con arreglo  sus personajes. Este
defecto, de que ahora tratamos (si no se funda en una nocin del objeto
tan superficial como incompleta), parece provenir de una falsa idea de
lo que significa la caracterstica en el drama. En las pocas en que la
fuente viva de la poesa se deslizaba con trabajo, y se esforzaban los
hombres en componer obras poticas, en virtud de una operacin del
entendimiento, se ocurri la singular especie de considerar la pintura
de caracteres como el fin principal de la poesa dramtica. Y de aqu el
peregrino propsito de exponer cada personaje analticamente ante los
ojos de los espectadores, y ofrecerlo en sus elementos,  modo de
operacin qumica, cuyo conjunto se supona constituir su esencia; los
personajes, que intervenan en la accin,  ms bien dicho, que hablaban
en ella, se presentaban ordenados como los insectos en el microscopio,
para que se examinasen bajo los distintos aspectos de su personalidad, y
ostentaban en monlogos sin fin catlogos de todas las virtudes y
vicios, cualidades y afectos: he aqu la que formaba las llamadas piezas
de carcter, por largo tiempo tan celebradas. Pero se comprende sin
esfuerzo que la razn nunca puede transformarse en potencia creadora, y
que de todos los materiales acumulados para constituir un tipo
caracterstico, nunca resulta un individuo vivo y perfecto; slo se
presentan  nuestra vista mscaras muertas, que, tras penosas
tentativas, parodian todos los rasgos de la vida, aunque sin lograr que
la imaginacin crea en su existencia real. Pero este amaneramiento de
descomponer las cualidades de los personajes, y hacer un fatigoso alarde
de sus cualidades y pensamientos, es incompatible por completo con la
esencia y objeto de la poesa dramtica. La caracterstica no existe por
s en el drama, sino como esclava de la intencin potica: sera
insufrible en cualquiera composicin una pintura general y prolija de
los caracteres de los personajes. Un conjunto de stos, en el cual cada
fisonoma apareciese con sus rasgos especiales, sera, por lo dems, tan
defectuosa, como si el pintor colocase en primer trmino todos los de su
cuadro, marchando  comps y por orden. Tan censurable es, por otra
parte, el mtodo de representar caracteres por medio de reflexiones
extensas y de confesiones propias, y el arte del maestro consiste
principalmente en inspirar animacin y vida en los rasgos de sus
creaciones, valindose slo de algunas pinceladas. Es deplorable que los
desventurados ensayos dramticos, que se han visto en nuestros teatros,
hayan producido tales extravos estticos, que nos veamos obligados 
perder el tiempo hablando de cosas tan sencillas y obvias.

En la agrupacin y arreglo de los personajes que intervienen en la
accin; en el claro-obscuro indispensable, en el arte de representar
caracteres reales, con sus actos y situaciones, y de trazarles el
espacio suficiente, que exige el fundamento y ciencia de la composicin,
creemos que Lope ha llegado  tal altura, que difcilmente podr ser
alcanzada. La prolijidad, con que nos ofrece sus personajes; los rasgos
individuales con que los distingue, se ajustan siempre al fin potico
que se propone en cada obra. Cuando su objeto es simblico  alegrico,
como sucede  menudo en sus composiciones religiosas, prescinde de lo
caracterstico, y sus personajes aparecen como smbolos de ideas
generales, como representantes de facultades determinadas del alma.
Tambin en las piezas, en que predomina la intriga  el influjo de
causas accidentales externas, se nos ofrecen sus personajes comunmente
como tipos de clases  especies; y con razn,  la verdad, puesto que en
ellas forma la existencia de causas externas poderosas el punto cntrico
del inters, y se distraera la atencin de los espectadores apelando 
la pintura intil de los caracteres. Asimismo hay que tener en cuenta
que se trata de una nacin, cuyas creencias, educacin, costumbres y
conveniencias ejercen en la vida grande influjo, imprimiendo en lo
accidental un carcter genrico, que aletarga hasta cierto punto lo
individual, manifestndose slo en determinadas ocasiones. Cuando el
poeta se propone tan slo representar las cosas y los fenmenos
relativos  ella, traza nicamente los rasgos ms prximos y generales;
pero, con cunta frecuencia, cuando la necesidad  la oportunidad lo
exigen, nos sorprende la delicadeza con que disea al individuo! Por
ltimo, y como acontece en un gran nmero de sus comedias, cuando la
vida en las circunstancias externas, que la constituyen, no es el objeto
del poeta, sino que intenta representarla en todas las relaciones y
alternativas, que pueden ofrecerse, empleando as las determinaciones
internas como los sucesos externos, desenvuelve Lope su talento eminente
para la caracterstica, un profundo conocimiento de los hombres, y una
singular penetracin para comprender las pasiones con sus causas y con
sus efectos. Sabe descubrirnos los abismos ms recnditos del corazn;
guiarnos por sus ms ocultas sendas; revelarnos todas sus simpatas y
antipatas; retratarnos todas sus modificaciones y estados de la manera
ms elocuente, con la particularidad de que los rasgos aislados de que
se vale, constituyen una imagen completa y un individuo vivo y distinto.
Todos los linajes y edades de los hombres, desde el nio hasta el
anciano; todas las clases, desde el rey y los grandes hasta los bandidos
y mozos de cordel, se mueven en sus obras en virtud de su propia fuerza,
y todo personaje no es, por cierto, el representante de una clase, sino
que se distingue por su carcter original, trazado indeleblemente por su
imaginacin. La seguridad, la lozana, la naturalidad y la verdad, con
que sabe imprimir su especial colorido en los ms interesantes de sus
comedias, es slo una muestra de su vasta capacidad para distribuir
entre ellos el color, para arreglarlos y agruparlos, de suerte que
formen realmente el centro del conjunto.

A medida que el plan del drama lo exige, nos va ofreciendo sus
cualidades y las varias situaciones de su espritu, esto es, lo que se
comprende bajo de la idea general del carcter, ya realzndolo
artificiosamente, ya presentndolo  nuestra vista para que seamos
testigos de su progresivo desenvolvimiento. Con enrgicos rasgos,
parcamente distribudos, sabe trazar tambin los caracteres de los
personajes subalternos, pero con contornos correctos y existencia
independiente. Y lo que es ms esencial, puesto que forma la parte ms
importante de la poesa dramtica, lleva al espectador al paraje
cntrico, desde el cual columbra en el conjunto su verdadera
perspectiva, y contempla todo el crculo de los esfuerzos hechos por los
personajes que intervienen en la fbula, y el resorte ms ntimo que la
produce. De esta suerte el espectador conoce el secreto de los partidos
que se combaten, y no slo sabe sus propsitos, sino los mviles que los
inducen  obrar; y colocado en el foco de estos manejos, participa de
sus temores y esperanzas, alegras y dolores, y sin embargo, en ms
elevada situacin, contempla desde sta con ojos imparciales sus
pasiones y mudanzas de nimo. Si el poeta obliga, pues, as al pblico,
ya  declararse por ste, ya por el otro personaje, y  considerar las
probabilidades de buen  mal xito de sus planes, logra iluminarlo en el
ms alto grado y excitar su inters, movindolo, en efecto, hasta tal
extremo, segn testifican sus contemporneos, que hubo ocasiones en que
se interrumpi la representacin por la parte que tomaron en ella los
espectadores.

Algo ms fundada es la censura, que se hace de algunos caracteres de
Lope, que cambian de repente sin causa justificada, sobre todo al
finalizar las comedias. No puede negarse, seguramente, que  veces as
acaso suceda por la precipitacin del poeta. Advirtase, no obstante,
que tales cambios inesperados de carcter en personajes, trazados por lo
dems con nimio esmero y atencin, son tan comunes en las comedias,
romances y novelas espaolas, que es preciso atribuirlo  la ndole
especial del pueblo, que sirve de tipo  estos retratos. Los habitantes
del Norte no pueden formarse una idea de la viveza, irritabilidad y
movilidad suma de las facultades del alma de los espaoles; sus
decisiones son rpidas como el rayo; sus pasiones son resueltas y
pertinaces en lograr su fin, y cuando ste es imposible, no oyen, sin
embargo, los consejos de la razn. Los sentimientos ms opuestos brotan
en su pecho, sin ofrecer las gradaciones que entre nosotros, y junto al
hielo ms endurecido yace el fuego ms violento. Con tanta facilidad
pasa el espaol del amor ms ardiente al odio ms intenso, como si
hubiese bebido en la fuente de la fbula de Ariosto. Su honor puntilloso
le obliga  esgrimir armas mortferas contra los seres que ms ama en el
mundo, y por igual razn puede concentrar en su nimo los arrebatos de
su pasin,  mostrarse indiferente en la apariencia. As comprendemos
sin esfuerzo el desarrollo de muchos dramas espaoles, que  los
observadores superficiales parecer acaso inmotivado; y ciertos cambios
repentinos en los caracteres de los personajes, que  primera vista se
atribuiran  extravagancia de sus poetas, nos los explicamos como otros
tantos rasgos ocultos del carcter nacional.

Lope muestra especial predileccin en retratar al bello sexo. Cierto que
pocas veces se habrn congratulado las mujeres de tener en su favor 
poetas de este rango. Agrdale realzarlas con colores ideales: quizs
ninguno ha pintado con ms ardor, con ms vida ni verdad la fogosa
adhesin, la firmeza y la energa, de que es capaz una mujer enamorada;
nadie ha descubierto con tanta delicadeza el laberinto del corazn del
bello sexo, y las diversas sendas que el amor recorre, desde la primera
y dbil simpata de su alma, hasta la abnegacin ms herica y el ms
vivo fuego de la pasin. Nada, por lo contrario, ms opuesto  nuestro
poeta que perderse en vagas abstracciones,  ofrecernos sus damas como
personificaciones generales de vano entusiasmo y de afn por
sacrificarse. Lo natural, lo puramente humano de tales creaciones,
constituye su principal encanto. Verdad es que vara hasta lo infinito
el crculo en que se mueve su personalidad: no slo nos presenta todas
las clases, desde la reina hasta las mujeres ms desventuradas por su
vida licenciosa, sino todos los tipos posibles, comprendidos en aquellas
clases; as no ha vacilado en pintar con enrgicas pinceladas los
extravos en que incurre la mujer, y las intrigas y traiciones  que
apela. _La Reina Juana de Npoles_ es la mujer varonil, ebria de placer
y crueldad, que traspasa todos los diques impuestos  su sexo; en _El
Anzuelo de Fenisa_ y en _El Arenal de Sevilla_, son las protagonistas
cortesanas vulgares. En _El Rufin Castrucho_ y en _El Caballero de
Olmedo_ observamos dos astutas alcahuetas, cuyos tipos son de verdad
maravillosa. La delicadeza, con que sabe tratar estos asuntos, merece
tanta alabanza, como el buen sentido, de que hace alarde (por ejemplo,
en _El Castigo sin venganza_ y en _El Animal profeta_), no vacilando en
describirnos el adulterio y el incesto.

Un tipo de carcter, que se repite en las obras de Lope bajo diversas
formas, es el de una mujer apasionada, resuelta y pronta  ejecutar las
acciones ms temerarias. Su _Varona castellana_ esgrime la espada como
una segunda Bradamante; su _Moza de cntaro_ recurre al pual para
defender su honor. _La Villana de Getafe_, _La Serrana del Tormes_ y la
herona de _Los Donaires de Matico_, urden las ms osadas intrigas y
traiciones. En las dos ltimas, y en algunas otras de Lope, se
encuentra la invencin, tan repetida despus en el teatro espaol, de
una dama que se disfraza con vestidos de hombre para seguir  su amante,
 para desbaratar los planes de los desleales. Nuestro poeta, sin
embargo, no comete los abusos en que despus incurrieron otros
dramticos de su pas, manejando con cordura esta fuente de las
situaciones ms interesantes.

Particular admiracin excit Lope en sus contemporneos por su arte en
representar las clases ms bajas de la sociedad, como rsticos,
aldeanos, pastores, etc. En efecto; es de lo ms notable su habilidad en
esta parte, de lo cual parece haber estado convencido l mismo, puesto
que nunca pierde ocasin de ofrecernos estos personajes, y de intercalar
 veces pequeos idilios de este linaje en sus dramas histricos y
religiosos, aun interrumpiendo el curso de la accin. La gracia, la
serena inocencia  infantil sencillez de estos cuadros; el inters
vario, que en ellos imprime; su naturalidad, jams desprovista de
colorido potico, encantan siempre de nuevo al espectador, aunque se
repitan con frecuencia. Ya nos ofrece una rstica pasin con inimitable
frescura y agrado; ya la sencillez y franqueza de los campos; ya, por
ltimo, nos deleita por los contrastes que traza entre la vida rural y
sin afectacin con la de ciudades y cortes. No debemos pasar en silencio
sus graciosas descripciones de fiestas y rsticos juegos, y los cantos
interpolados en ellos  menudo, que pertenecen  lo mejor de su especie
que existe en la poesa castellana. Resprase en estas escenas un aire
puro y fresco, un cfiro que parece soplar de los incomparables valles
del Sil y del Genil; todos los encantos del cielo meridional, y de una
naturaleza tan grandiosa como bella, parece que se extienden sobre
ellos. Ninguno, ni aun acaso el mismo Cervantes, ha observado todas las
propiedades del pueblo espaol de los campos, ni representdolo con
rasgos tan seductores; ningn escritor de viajes podr nunca
describirnos tan bien su carcter. Es preciso leer algunas de esas
escenas, para conocer, como  la nuestra, la vida y afectos de los
habitantes de las aldeas. Para apreciar en su valor la verdad de estas
descripciones, es conveniente no olvidar que se trata de un pueblo
meridional, cuya viveza, imaginacin y agudeza parecen ser patrimonio
comn de todos, y cuya grosera no carece de cierto ingenio.

El _gracioso_ en las obras de Lope forma ordinariamente el centro de su
parte burlesca, para oponerla  la formal y seria. Segn confiesa l
mismo, cre este personaje por vez primera en _La francesilla_, comedia
compuesta en su juventud[190]. Sabemos, sin embargo, que este personaje
es tan antiguo como el teatro espaol, y que se encuentra en las obras
de Naharro y de Lope de Rueda; pero es cierto que no aparece en las de
los predecesores inmediatos de Lope (Cervantes, la Cueva, etc.), ni en
la mayor parte de las comedias de ste, tenidas por ms antiguas. El
gracioso moderno, con las salvedades expuestas, tan indispensable
despus en el teatro espaol, puede considerarse como creacin suya. En
este personaje concurrieron los rasgos diversos y conocidos mucho antes
del arlequn y bobo, del rstico y sencillo labrador  pastor (_simple_)
y del criado medroso, sazonado con los nuevos satricos, que le aada
la observacin del autor. El gracioso de Lope de Vega no es, sin
embargo, como los posteriores, un personaje de estereotipia. Aunque
algunos (especialmente Caldern) lo consideren como necesario en toda
comedia, presentndonoslo cuando es intil  perjudica al inters del
conjunto, ms bien que lo favorece (aludimos al _Prncipe constante_),
Lope, ms prudente, se guarda bien de incurrir en tales abusos. El
gracioso de Lope nos ofrece tambin ms variedad que el de sus
sucesores, representado casi siempre por un criado hablador, y no slo
en su clase, puesto que unas veces es un rstico, otras un pastor  un
criado, sino en sus cualidades internas ms generales de sencillez,
ineptitud  malicia, que distingue con delicadas gradaciones. La
censura, que hasta los mismos poetas dramticos han hecho de los
servidores impertinentes[191], que, contra toda verosimilitud y contra
las conveniencias del mundo, molestan con su charlatanera en las
ocasiones ms inoportunas, no alcanza  los graciosos de nuestro autor.

Con frecuencia sucede que concentra lo cmico en varios pasajes, no en
uno solo, como se hizo luego exclusivamente. Maneja con singular
habilidad la burla y la irona. Su ingenio es inagotable, aunque siempre
ameno hasta en sus extravos, y lleno de esa infantil serenidad que
tanto nos regocija, porque no nos ofende ni degenera en amarga stira;
de casi todas sus comedias se puede recoger rica cosecha de excelentes
rasgos de esta ndole. Merece ms alabanza, sin embargo, el arte con que
hace jugar  lo cmico un papel importante en la accin principal.
Verdad es que los personajes cmicos se nos ofrecen pocas veces tomando
parte en la accin,  interviniendo en su desarrollo; pero,  pesar de
esto, forman un elemento esencial del conjunto de la composicin;
representan su parte refleja, y nos ofrecen el fallo de la razn
imparcial y sobria acerca de los propsitos y actos de los personajes
principales, cegados por sus pasiones y sus deseos exclusivos. Forman la
parodia de los hroes; repiten en tan baja esfera las acciones, que en
aqullos obedecen  motivos ideales, y lo sublime se trueca en ridculo;
todo su ingenio, sus ideas y sentimientos, as como las situaciones y
diversas relaciones, que ocurren en la intriga capital, se convierte en
motivo cmico y burlesco. Tal es uno de los medios, aunque no el nico,
de que se vale Lope, al ofrecernos personajes y escenas ridculas,
puesto que, repetido con frecuencia, sera montono;  menudo la parodia
slo se bosqueja,  aparece en rasgos aislados, aunque no por esto dejan
de ser, as el gracioso como los personajes de igual ndole, parte
importante del conjunto, ya sirviendo para analizar con perspicacia los
afectos de los dems, para descubrir los secretos mviles de su espritu
y revelar sus ocultos pensamientos; ya interrumpen con sus burlas la
seriedad del drama, para proporcionar cierto descanso  los
espectadores, cuyo inters se ha excitado en demasa por el prolongado
movimiento de los afectos y por la intensidad de su compasin,  fin de
que recobren sus fuerzas y hagan frente  nuevas emociones.

Siendo tan diversas las obras de Lope, es difcil decir algo general
sobre la composicin, y sobre la traza y desenvolvimiento del plan de
sus comedias. No puede negarse que su composicin dramtica adolece 
veces de faltas capitales, aun cuando siempre demuestre su fecundidad en
la creacin de personajes, en el diseo de caracteres vivos 
individuales, y en el arte con que maneja la lengua y la versificacin.
Ni remotamente, sin embargo, aludimos ahora  sus faltas de observancia
de las dos unidades de lugar y de tiempo, tan censuradas por los
crticos espaoles, puesto que supondra que la tan absurda regla de la
realidad ordinaria haba de sustituir al arte verdadero. Ciertas
comedias de Lope estn llenas de sucesos incoherentes, que no imprimen
por su valor potico mayor perfeccin al inters dramtico. El dominio,
que ejerca Lope en los asuntos que se propona desenvolver, era tan
grande (como lo prueban innumerables ejemplos) que intentaba en
ocasiones realizar lo imposible, acumulando las fbulas en una misma
obra, y juntando elementos heterogneos y de todo punto inconciliables.
Reina entonces tal confusin en las escenas, sin espacio ni facilidad
para coexistir las unas al lado de las otras, que se anulan
recprocamente; por admirable que sea la riqueza de hechos y de
pinceladas, cuando se consideran en s, se estorban, y son demasiado
heterogneas para juntarse y componer un todo perfecto. Sus obras
religiosas  histricas son las ms propensas  estas faltas. Todos los
materiales, que le suministra la tradicin  la historia, son acogidos
en su plan sin omitir el ms leve rasgo. Verdad es que se esfuerza, no
ya en yuxtaponer, sino en ordenar y organizar, alrededor de un centro
comn, todos estos elementos dispersos; pero lo imposible lo es tambin
para l: estos materiales heterogneos, que se acumulan unos sobre
otros, revelan desde luego, sin embargo, que no deben formar un todo
orgnico; las composiciones, en que entran, no ofrecen en su accin
unidad alguna, y el foco de la exposicin se oculta con tales
superposiciones  radios, y han de quedar sin oportuna aplicacin ni
aprovechamiento,  son entre s contradictorios,  con la intriga
principal.

Otro defecto real, que se ha observado alguna vez en las obras de Lope,
es que precipita el desenlace de sus dramas, sin la preparacin debida y
sin causa interior que lo justifique. Entre sus consejos tericos dice,
que, en cuanto sea posible, se deje  los espectadores en la
incertidumbre de cul ser el trmino de la fbula; pero abusa  veces
de esta opinin literaria, y lo dilata tan largo tiempo, que nada se
vislumbra de l hasta la ltima escena, y el nudo no se desata natural,
sino forzadamente. Su habilidad en excitar la atencin y de estrechar
ms y ms el enredo de la fbula, es, sin duda, maravillosa; pero su
inclinacin  lo raro y extraordinario le hace inventar  veces enredos,
que slo pueden desatarse destrozando la accin principal. En otros
casos, en que sus dramas nos dejan en el alma un sentimiento de
disgusto, observamos que el poeta, que comienza casi siempre con
atrevimiento y energa incomparable, decae despus en el desarrollo de
su obra,  que, arrastrado por un deseo inmoderado de escribir, 
cediendo  la necesidad de concluir pronto, no reflexiona en su plan, ni
lo madura como debe.

Estos defectos, sin embargo, se encuentran slo en una parte,
proporcionalmente reducida, de las comedias de Lope, por cuya razn
sera muy injusto graduar por ellas, en detrimento de su fama, sus
talentos poticos para las obras dramticas. Casi todas son
irreprensibles, aun bajo este aspecto, ofreciendo en cambio las pruebas
ms elocuentes de su buen sentido potico, y de su completo predominio
en todos los elementos, que desenvuelven y perfeccionan las
composiciones destinadas  la escena. Cuando en la tradicin  en la
historia se encuentra un enredo enmaraado de sucesos y situaciones, un
caos confuso que hara vacilar  otro cualquiera, Lope lo distribuye sin
trabajo, separa de l lo superfluo  perjudicial, y le imprime orden,
enlace y orgnica dependencia. Si se trata de un hecho aislado, de una
ancdota, que apenas ofrecera asunto para una sola escena, y de la cual
se ha de formar un drama, siempre tiene preparada una invencin 
propsito, y sabe enlazarla con tanto arte al cimiento en que descansa,
que forma el conjunto ms bello y rico que puede desearse. A quienes
presentan  Lope como  un genio puramente inculto, y hablan de su
negligencia y mal mtodo, diremos que el nmero de sus obras, que se
distinguen por el ms esmerado arreglo de las partes que las componen,
por el clculo ms juicioso de los efectos, por su ms prudente
economa, de suerte que no hay en ellas escena ni personaje ocioso, no
puede compararse con las escritas por ningn otro poeta, famoso por
estas prendas. Algunas ofrecen en su distribucin tal simetra, tal
regularidad, tanto cuidado y previsin, que hay motivo para presumir que
ha dominado en su traza la razn ms fra, y que su efecto en el nimo
ha de ser de la misma especie. No es as, sin embargo, sino que, al
contrario, reina en todas ellas tanta sencillez y naturalidad, que
parece, al examinarlas, que su plan ha nacido por s mismo en virtud de
una ley orgnica interna. Cuando se analizan estos dramas, y se juntan
todos los hilos que forman su complicada urdimbre, sorprende tanto la
delicadeza y superioridad del bosquejo, que no parece sino que un velo
aparente, imprimiendo la animacin ms natural y ms estrecha, oculta el
objeto del poeta. Y esto, en verdad, constituye la mayor excelencia del
arte.

Hasta ahora, reflexionando, en general, en las obras dramticas de Lope,
nos hemos detenido principalmente en las propiedades, que, en ntimo
enlace con las dotes poticas,  inseparables de ellas, ms bien
pertenecen  la inteligencia y  la razn, que al genio verdaderamente
creador, y que pueden llegar  perfeccionarse, en virtud de la actividad
del entendimiento, de la aplicacin y de la prctica constante. La
inventiva es, sin embargo, el don que ms brilla en Lope de Vega, esto
es, el don concedido slo al genio. No entendamos ahora por genio la
extensa y mera invencin de sucesos y circunstancias extraordinarias,
sino, en su acepcin potica ms elevada, la fecundidad de la fantasa
en crear asuntos reales, que la obedecen, y constituyen un solo cuerpo
con la idea fundamental de la composicin; la capacidad de deducir
diversos sucesos y situaciones, mudanzas y catstrofes, del desarrollo
de los caracteres y de sus choques, y de las relaciones, que surgen
entre los personajes que toman parte en la accin, y los acontecimientos
exteriores. En este punto descuella tan soberanamente el ingenio de
Lope, que, con dificultad, podr comparrsele ningn otro poeta del
mundo antiguo  moderno. Ya en el nmero, proporcionalmente diminuto, de
sus obras que existen, parece haber agotado todas las combinaciones
dramticas posibles, y no haber dejado  sus sucesores otro recurso que
imitarlo; y  quien conozca un nmero considerable de sus comedias ha de
ocurrrsele, que, cuando lee los dramas de otros poetas, encuentra 
cada paso momentos y situaciones, comprendidas ya en los de Lope. Hasta
en las comedias, que se distinguen por la acumulacin de materiales
desordenados, y que son defectuosas en cuanto  su composicin, brilla
esta inventiva de un modo deslumbrador; algunas ofrecen una verdadera
mina de los ms eficaces resortes dramticos, y pueden dar argumentos
para varias comedias; estos motivos  resortes se indican ms bien que
se aprovechan  perfeccionan, aunque no por esto hagan menos favor al
poeta, excitando  un tiempo nuestra censura y nuestra admiracin. Si,
pues, la fecundidad de su ingenio, atendiendo  sus infinitas
composiciones, superan  la idea que podemos formarnos del alcance de
las fuerzas de un solo hombre,  lo que es dable esperar de la vida
humana, cunto no ha de maravillarnos la riqueza de imaginacin, que se
descubre en todas sus obras! De la misma manera que la naturaleza, tan
prdiga en conceder sus dones, ostenta sin trabajo su fuerza inagotable,
as tambin derrama Lope,  manos llenas, por todas partes, las
creaciones de su exuberante inventiva, como si fuese tan inagotable como
aqulla. Parece un soberano omnipotente en el maravilloso pas de la
imaginacin, que apura los ocultos tesoros de este mundo encantado.

Sin embargo, entre las ideas aisladas, que hemos expuesto acerca del
mrito literario de nuestro poeta, nada hemos dicho de otras prendas que
lo adornan; pero, cun indecible es la gracia y el agrado, de que
reviste  sus imgenes! Cunta la lozana y sencillez, que les prestan
tan irresistible atractivo! Cun arrebatadoras y naturales las
simpatas que nos inspiran! Con qu torrente caudaloso de poesa inunda
los objetos ms insignificantes, adornndolos con los ms bellos
colores y con las ms lindas flores! Cun mgico el poder, con que sabe
cerrar el crculo seductor de la poesa, conmoviendo nuestro corazn, ya
con los ms suaves acordes, ya arrastrndonos con su bro y su
violencia! Cunta, cun viva y delicada es su jovialidad al lado de la
seriedad ms grave  imperiosa! Cunta es la claridad y la exactitud,
con que en sus composiciones se reflejan la vida y la naturaleza en
enrgicos rasgos, ofrecindonos una fiel imagen del mundo, de la
completa existencia y de los afectos de la humanidad, empleando slo el
arte en separar las excrecencias y angulosidades de la materia, y
redondeando sus speras masas con plstica armona!

La unin de todas las cualidades necesarias del poeta dramtico,
juntamente con el nmero de obras de primer orden que ha compuesto, es
lo que ha producido la admiracin inspirada por Lope  sus coetneos y 
la posteridad. Muchos poetas dramticos de notabilsimo mrito han
florecido en Espaa despus de Lope: algunos lo han aventajado en
ciertas cualidades, ya en la mayor belleza de los detalles, ya en la
regularidad de la composicin, ya, por ltimo, en la estructura externa
del plan; pero ninguno ha reunido en tanto grado las conocidas ya en
aqul, ni ninguno ha dejado tras s tan copioso nmero de obras
maestras.

En virtud, pues, de sus dotes poticas y de su inagotable fecundidad,
adquiri nuestro vate su popularidad sin ejemplo y su dominio en el
teatro,  que aluden todos los escritores de su poca. Los de toda
Espaa y los de aquellas ciudades, como Npoles y Miln, Bruselas y
Mjico, en que se hablaba la lengua castellana, resonaban con su fama, y
casi no contaban con otro repertorio que con el de sus obras: todos se
sorprendan al observar, que, despus de haber arrebatado al pblico con
sus innumerables comedias, jams se agotase su inventiva, y que
escribiese otra y otra; los espectadores esperaban siempre de l algo
nuevo y mejor, y nunca defraudaba sus esperanzas. Pero Lope tambin (y
esto explica lo caro, que fu  sus compatriotas y la principal causa
del xito prodigioso de sus obras) fu siempre espaol. Pensaba y
senta, amaba y odiaba lo mismo que su pas; conoca todos los tonos,
que haban de conmover ms profundamente el corazn de sus
conciudadanos, y saba formar con ellos los ms gratos acordes; no le
eran extraos ninguno de los medios capaces de granjearse sus simpatas;
apoderbase de todos los elementos poticos, predominantes en la
tradicin y en la historia, en las creencias y en la vida de su pueblo;
llevaba al teatro todas las fuentes de poesa, que manaban del suelo
espaol, poseyendo el arte de comunicar nueva vida  las antiguas y
desfiguradas leyendas de pocas anteriores, utilizndolas en infundir
ardor y fuerza en el sentimiento nacional. Cuando los espaoles
contemplaban as su propia imagen; cuando conocan de esta manera los
clebres y culminantes sucesos de los tiempos pasados, y los ms
grandiosos  interesantes de los presentes en el brillante espejo de su
poesa, cmo no haban de agradecerlo al poeta, cmo no admirarlo,
cuando por su mediacin vean elevarse tan alto el pueblo  que
pertenecan?

Si, descendiendo ahora de lo general  lo particular, echamos una ojeada
 las diversas obras dramticas de Lope, no nos ser dable dejar de
maravillarnos al recordar la infinita variedad de asuntos que ha
manejado, y de alabar la gran diversidad de formas dramticas que en
ellas se encuentran. Antjasenos su teatro un mundo lleno de
incomparable riqueza de fenmenos, as externos como internos. Acaso no
haya en la historia y en la tradicin de todos los pueblos antiguos y
modernos, asunto alguno de ndole dramtica, que no haya manejado; lleva
 la escena los ms transcendentales sucesos de Estado y las guerras ms
encarnizadas,  la vez que las discusiones ms sutiles de la teologa
escolstica, y argumentos, que seran imposibles para otros, se
convierten en dramas en sus manos. Ningn teatro de ninguna nacin
ofrece ejemplo de clase  especie dramtica, cuyo tipo no se halle en
sus obras[192]. Pero justamente esta misma variedad, que en ellas se
observa, dificulta en sumo grado la realizacin de nuestro propsito de
trazar un bosquejo del teatro de Lope, sin olvidar el todo por las
partes  las partes por el todo, y sin traspasar tampoco los lmites que
nos sealamos. El anlisis y prolija crtica de algunas obras aisladas,
nos dara, seguramente, una idea incompleta de todo su repertorio, y,
por el contrario, si bajo puntos de vista generales tratramos de muchas
producciones suyas, nos expondramos  no conocerlas en concreto. Este
ltimo, sin embargo, sin apartarnos de nuestro propsito, y en cuanto
nos sea posible, es el fin que nos gua; y para mayor claridad
clasificaremos en sus varias especies los dramas de nuestro poeta, ya
con arreglo  su asunto, ya  la manera de desenvolverlo. Los datos
aislados que ofrecemos de cada una de ellas, sern naturalmente muy
compendiosos, ms bien con el objeto de dar  conocer al lector, en
general, ciertos argumentos manejados por Lope, que la forma dramtica
que los caracteriza.

       *       *       *       *       *

Este libro se acab de imprimir
en Madrid, en casa de
Manuel Tello, el da
31 de Agosto del
ao de
1886.

       *       *       *       *       *



NOTAS:

[1] Al menos es cierto que las noticias sobre la vida y obras de
Cervantes, que se hallan en las modernas ediciones francesas y alemanas
de _Don Quijote_, adolecen de tan groseros errores, que seran
imperdonables, aun sin la existencia anterior de tan concienzudos
trabajos.

[2] Crese que el romance sobre los celos, de que habla en su _Viaje al
Parnaso_, es el del _Romancero_, que comienza: _Yace donde el sol se
pone._ (Vase el _Romancero_ de Ochoa, pg. 508.)

[3] Prlogo  las Novelas.

[4] Parte de lo que le sucedi en el servicio militar y en el
cautiverio, de que hablamos, se halla entretejido en su novela de _El
cautivo_; pero es un error, en que han incurrido casi todos sus
bigrafos, pensar que cuanto en ella cuenta es suyo y verdadero.
Navarrete es el primer crtico que lo ha negado, fundando la biografa
de Cervantes en documentos histricos. En nuestra narracin seguimos
generalmente  aquel autor, no sindonos posible indicar con
minuciosidad las pruebas histricas que nos han servido en toda ella,
que pueden verse en los _Apndices_ del excelente trabajo de Navarrete.

[5] Dos tentativas semejantes de cristianos cautivos describe l en la
comedia titulada _El trato de Argel_.

[6] Cervantes, _Los baos de Argel_, jornada 3.--Mrmol, _Vida del P.
Gracin_, parte 2., cap. 7., pg. 80.--Haedo, dilogo 2., fol. 154.

Gallardo inserta, en el nm. IV de su _Criticn_, el extracto de una
relacin indita de cierto Diego Galn, acerca de su cautiverio en
Argel, el cual habla con este motivo de las representaciones con que
pasaban el tiempo los esclavos cristianos. Por el ao de 1589, segn se
dice en el documento indicado, lograron los espaoles, que se
encontraban en el campamento del Pach, que se les concediese licencia
para poner en escena una comedia sobre la rendicin de Granada. Ya se
haban distribudo los papeles y prepardose arneses de cartn y espadas
de madera para este objeto, cuando el encargado del papel del rey
Fernando puso en gran peligro la vida de sus compaeros y la suya
propia. No contento con esas armas de juguete, consigui que el capitn
de un buque ingls, anclado en el puerto, le proporcionara un capacete,
una espada y una armadura; se descubri su proyecto, y corri por la
ciudad el rumor de que se haban conjurado los esclavos para rebelarse,
siendo esto causa de que el populacho enfurecido asesinara  muchos
cristianos. Lleg tambin este suceso  odos del Pach, que di
tormento  algunos esclavos para obligarlos  declarar la verdad,
convencindose al fin de que slo haban tratado de representar una
comedia; pero se vi, no obstante, en la necesidad de entregar seis
espaoles  la amotinada chusma de Argel, que les di una muerte
horrorosa.

[7] V.  Navarrete, pg. 366.

[8] Del testimonio de D. Antonio de Sosa se deduce que Cervantes
escribi versos en Argel. V.  Navarrete, pg. 56.

[9] Surez de Figueroa, _Plaza universal_.--Rojas, l. c.--Cervantes,
_Prlogo  las com. y Viaje al Parnaso_.

[10] Sirvan de prueba las lneas siguientes, que pueden ser aumentadas
con nuevos datos: _La gitanilla de Madrid_ sirvi  Montalbn y  Sols
para componer dos piezas de igual nombre.

_La ilustre fregona_, para una de igual ttulo de Lope de Vega, otras
dos de Vicente Esquerdo y Caizares, y _La hija del mesonero_, de Diego
de Figueroa y Crdova.

_El licenciado Vidriera_, para otra de igual ttulo de Moreto.

_La seora Cornelia_,  Tirso de Molina para su comedia _Quien da luego
da dos veces_.

_El celoso extremeo_, para dos de igual ttulo de Lope y Montalbn.

_La fuerza de la sangre_, para la de igual nombre de Guilln de Castro.

En las literaturas extranjeras encontramos las imitaciones siguientes:

_La force du sang_, de Hardy.

_L'amant liberal_, de Bouscal y de Bey, y una tragicomedia de Scudery.

_Les deux pucelles_, de Rotrou, de _Las dos doncellas_ de Cervantes.

_The spanish gipsy_, de Midleton Rowley, de _La gitanilla_ y _La fuerza
de la sangre_.

_Love's Pilgrimage_, de Beaumont y Fletcher, de _Las dos doncellas_.

_The chances_, de los mismos, de _La seora Cornelia_.

Del _Don Quijote_ salieron: _Don Quijote de la Mancha_, de Guilln de
Castro, y otra comedia de Caldern, que se ha perdido; _Los invencibles
hechos de Don Quijote_, de Francisco de vila (en el tomo VIII del
teatro de Lope); _El curioso impertinente_, de Guilln de Castro; _Las
bodas de Camacho_, de Melndez Valds; _Don Quichotte de la Manche_,
deux parties, de Guerin de Bouscal; _Sancho Pana_, de Du Fresny; _Le
curieux impertinent_, de De Brosse; una comedia de igual ttulo de
Destouches, y _Sancho Pana gouverneur_, de Dancourt.

[11] Como es interesante conocer las localidades en que han vivido
famosos personajes, parceme oportuno extractar algunas noticias de unos
artculos excelentes sobre la topografa de Madrid, publicadas por
Mesonero Romanos en _El Semanario Pintoresco_. Cervantes habit, en
varias pocas de su vida, en la plazuela de Matute, detrs del Colegio
de Loreto; en la calle del Len, nmero 9 antiguo y 8 moderno; en el ao
de 1614, como consta del apndice del _Viaje al Parnaso_, en la calle de
las Huertas, frente  las casas que acostumbraba habitar el prncipe de
Marruecos, cerca del ngulo de la calle del Prncipe, quizs en el nm.
16 moderno; muri al fin en la calle del Len, manzana 228, nm. 20
antiguo y 2 moderno: esta casa fu derribada en el ao de 1833,
levantndose en su solar una nueva con un busto de Cervantes y una
inscripcin, cuya casa tiene su entrada por la calle de Francos, en cuya
esquina se encuentra. Esta ltima calle, en donde vivi tambin Lope de
Vega, lleva hoy el nombre de calle de Cervantes, que deba corresponder
 la calle del Len, puesto que la puerta de la casa en donde viva
nuestro gran poeta tena su entrada por sta.

[12] Dice que las comedias llegaron  un alto grado de perfeccin desde
que se representaron en los teatros de Madrid su _Trato de Argel_, _La
destruccin de Numancia_ y _La batalla naval_, en las cuales redujo 
tres las cinco jornadas que se usaron hasta entonces. Aade que l fu
el que indic,  ms bien el primero que sac  la escena los
pensamientos y afectos ms ocultos del alma, llevando al teatro
personajes alegricos con aplauso y general alegra de los espectadores,
y que escribi en este perodo sobre veinte  treinta comedias, que
fueron representadas sin el acompaamiento de cohombros y otros frutos
arrojadizos de la misma especie, pasando sin silbidos, gritos ni
alborotos.

[13] _Viaje al Parnaso_; adjunta; _Don Quijote_, tomo I, cap. 48.

[14] Rojas dice que es de la poca que las comedias de La Cueva.

[15] La _Numancia_, todava  la antigua usanza, se divide en cuatro
jornadas, al paso que _La batalla naval_ sigue la nueva de tres.
Cervantes, como hemos visto ms arriba, pretenda ser el autor de esta
novedad; mas para que hablase con razn, era preciso que lo hubiese
hecho lo ms pronto en la poca de Virus,  lo que es lo mismo, no
antes de 1585.

[16] La suposicin de que esta comedia es idntica  _La gran Sultana_,
impresa despus, es falsa, puesto que la ltima se funda en un suceso
que ocurri  principios del siglo XVII. (V.  Navarrete, _Vida de
Cervantes_, pgina 360.)

[17] _Comedias de Lope de Vega_, tomo XIV: Madrid, 1620.

[18] Hllase _El mercader amante_ en _El Norte de la poesa espaola_:
Valencia, 1616, y _La enemiga favorable_ en el tomo V (apcrifo) de las
_Comedias de Lope de Vega_.

[19] Algunos aos h (dice en el _Prlogo_ de sus comedias), que volv
yo  mi antigua ociosidad, y pensando que an duraban los siglos donde
corran mis alabanzas, volv  componer algunas comedias; pero no hall
pjaros en los nidos de antao: quiero decir, que no hall autor que me
las pidiese, puesto que saban que las tena, y as las arrincon en un
cofre, y las consagr y conden al perpetuo silencio. En esta sazn me
dijo un librero que l me las comprara, si un autor de ttulo no le
hubiera dicho que de mi prosa se poda esperar mucho, pero que del verso
nada; y si va  decir la verdad, cierto que me di pesadumbre el oirlo,
y dixe entre m: O yo me he mudado en otro,  los tiempos se han
mejorado mucho, sucediendo siempre al revs, pues siempre se alaban los
pasados tiempos. Torn  pasar los ojos por mis comedias y por algunos
entremeses mos, que con ellas estaban arrinconados, y vi no ser tan
malas, ni tan malos, que no mereciesen salir de las tinieblas del
ingenio de aquel autor,  la luz de otros autores menos escrupulosos y
ms entendidos. Aburrme, y vendselas al tal librero, que las ha puesto
en la estampa, como aqu se las ofrece: l me las pag razonablemente;
yo cog mi dinero con suavidad, sin tener cuenta con dimes y diretes de
recitantes: querra que fuesen las mejores del mundo,   lo menos
razonables: t lo vers (lector mo), y si hallares que tienen alguna
cosa buena, en topando  aqul mi maldiciente autor, dle que se
enmiende, pues yo no ofendo  nadie, y que advierta que no tienen
necedades patentes y descubiertas; y que el verso es el mismo que piden
las comedias, que ha de ser de los tres estilos el nfimo, y que el
lenguaje de los entremeses es propio de las figuras que en ellos se
introducen; y que para enmienda de todo esto le ofrezco una comedia, que
estoy componiendo, y la intitulo: _El engao  los ojos_, que (si no me
engao) le ha de dar contento. Y con esto Dios te d salud, y  m
paciencia.

[20] En la segunda jornada salen dos figuras de ninfas, vestidas
bizarramente, cada una con su tarjeta en el brazo: en la una viene
escrito Curiosidad, en la otra Comedia.

    CURIOSIDAD. Comedia?

    COMEDIA. Curiosidad,
    Qu me quieres?

    CURIOSIDAD. Informarme,
    Qu es la causa porque dexas
    De usar tus antiguos trajes,
    Del coturno en las tragedas,
    Del zueco en las manuales
    Comedias, y de la toga
    En las que son principales:
    Cmo has reducido  tres
    Los cinco actos, que sabes,
    Que un tiempo te componan
    Ilustre, risuea y grave:
    Ahora aqu representas,
    Y al mismo momento en Flandes:
    Truecas, sin discurso alguno,
    Tiempos, teatros, lugares:
    Vote, y no te conozco:
    Dame de ti nuevas tales,
    Que te vuelva  conocer,
    Pues que soy tu amiga grande.

    COMEDIA. Los tiempos mudan las cosas
    Y perfeccionan las artes;
    Y aadir  lo inventado,
    No es dificultad notable.
    Buena fu pasados tiempos,
    Y en stos, si los mirares,
    No soy mala, aunque desdigo
    De aquellos preceptos graves,
    Que me dieron y dejaron.

    En sus obras admirables
    Sneca, Terencio y Plauto,
    Y otros griegos que t sabes.
    He dexado parte de ellos,
    Y he tambin guardado parte,
    Porque lo quiere as el uso,
    Que no se sujeta al arte.
    Ya represento mil cosas,
    No en relacin, como de antes,
    Sino en hecho, y as es fuerza
    Que haya de mudar lugares.
    Que como acontecen ellas
    En muy diferentes partes,
    Vime all donde acontecen,
    Disculpa del disparate.
    Ya la comedia es un mapa,
    Donde no un dedo distante
    Vers  Londres y  Roma,
    A Valladolid y  Gante.
    Muy poco importa al oyente,
    Que yo en un punto me pase
    Desde Alemania  Guinea,
    Sin del teatro mudarme.
    El pensamiento es ligero;
    Bien pueden acompaarme
    Con l, do quiera que fuere,
    Sin perderme ni cansarme.



[21] He aqu los requisitos necesarios en un buen cmico, tales como los
expresa Urdemalas en la jornada tercera de dicha comedia (Madrid, 1749,
tomo II, pgina 289):

    De gran memoria primero;
    Segundo, de suelta lengua;
    Y que no padezca mengua
    De galas es lo tercero.
    Buen talle no le perdono,
    Si es que ha de hacer los galanes:
    No afectado en ademanes.
    Ni ha de recitar con tono.
    Con descuido, cuidadoso:
    Grave anciano: joven presto:
    Enamorado compuesto:
    Con rabia si est celoso.
    Ha de recitar de modo,
    Con tanta industria y cordura,
    Que se vuelva en la figura
    Que hace, de todo en todo.
     los versos ha de dar
    Valor con su lengua experta;
    Y  la fbula que es muerta,
    Ha de hacer resucitar.
    Ha de sacar con espanto
    Las lgrimas de la risa,
    Y hacer que vuelvan con risa
    Otra vez al triste llanto.
    Ha de hacer que aquel semblante
    Que l mostrare, todo oyente
    Le muestre; y ser excelente
    Si hace aquesto el recitante.



[22] Cuatro han sido traducidos al alemn, y se hallan en mi _Spanischen
Theater_: Francfort, a. M. 1845, tomo I.

[23] Sedano, _Parnaso espaol_, tomo VI.

[24] Aparecieron impresas por primera vez en el tomo VIII de _El Parnaso
espaol_.

[25] Tales son dos tragedias, tituladas _Dido_ y _La destruccin de
Constantinopla_, de Gabriel Lasso de la Vega, impresas en su
_Romancero_: Alcal, 1587. (V. _Los hijos ilustres de Madrid_.)

Las tragedias de Gabriel Lasso de la Vega, que yo he ledo despus, son,
sin duda, muy parecidas  las de Virus. El tomo, que las contiene,
lleva el ttulo de _Primera parte del Romancero_ y _Tragedias de Gabriel
Lasso de la Vega, criado del Rey N. S. Natural de Madrid_: Alcal de
Henares, _en casa de Juan Gracian_, ao de 1587. Constan las dos de tres
jornadas, y estn escritas en diversas medidas mtricas, como octavas,
tercetos, silvas, quintillas, etc. La tragedia de _Honra de Dido
restaurada_, expone las pretensiones amorosas de Yarbas, rey de
Mauritania, para obtener la mano de la reina de Cartago, y la muerte de
sta. En la _Tragedia de la ruyna de Constantinopla, cabeza del imperio
Griego, por Mahometo Solimn, Gran Turco_, figuran muchos personajes
alegricos, como la imagen de la repblica, la discordia, la envidia y
la ambicin.

Entre los dramas, que precedieron  la nueva forma dramtica, que di 
la comedia Lope de Vega, merecen tambin mencionarse _La comedia
jacobina_, en tres actos, en el _Libro de poesa Christiana, moral y
divina, compuesto por el Dr. Fr. Damian de Vegas_: en Toledo, _por Pedro
Rodriguez, 1590_; adems esta otra, que slo se encuentra manuscrita:
_Fiestas Reales de justa y torneo, pleito sobre la iglesia, sacerdocio y
reino de Christo. Farsa en cinco actos, en verso, por Fr. Miguel de
Madrid._ Al fin dice: _Fecha en Nuestra Seora del Parral_ (de Segovia)
_ 13 de abril de 1589 aos_.

En la rica y valiosa coleccin de comedias antiguas manuscritas, que
forman la joya ms preciosa de la biblioteca del duque de Osuna, se
encuentran los siguientes manuscritos de comedias antiguas de ndole
popular:

_Las burlas de Benytico._ En la cubierta, y del propio puo y letra, se
lee claramente el ao de 1586.

_El cerco y libertad de Sebilla por el Rey Don Fernando el Santo_; al
fin se lee: A gloria de dios se represent en Balladolid por Villegas,
autor de Comedias, ao de 1595. Es de Luis de Venabides este original.

Comedia de _El tirano Corbanto_. En la cubierta se leen estas curiosas
palabras: Perdone V., seor venavides, por la tardanza que no emos
podido mas: aqu llevan esta comedia del _Rey corvanto_ y la otra del
_Gigante Goliat_, y ac queda la comedia de _leandro_. Procurarse 
enviar antes de Pasqua con el primer mensagero que ubiere, que por no
estar sacado mas de la comedia no se envia. Ella estar all  mas
tardar El Viernes  el Sbado. De Peafiel  quatro de mayo de 1585
aos.

[26] Uno de estos Morales, aunque no se sepa cul de ellos, fu el autor
de una comedia famosa titulada _El conde loco_, de la misma poca, segn
apunta Rojas, que las tragedias de Virus. (V.  Navarrete, _V. de C._,
pgina 530.)

[27] Pellicer, pg. 121.--Mariana, _de spectactulis_, captulo 15.

[28] En un libro muy raro, escrito  fines del siglo XVI (la licencia de
la impresin es de 1600), se encuentran algunas observaciones
dramticas, dignas,  mi juicio, de ser conocidas, porque prueban que,
en este tiempo, los nombres tcnicos, que despus se usaron comunmente
para distinguir las diversas especies de comedias, tenan en esta poca
una significacin incierta. El libro es ste:

_Cisne de Apolo de las excelencias y dignidad y todo lo que al Arte
poetico y versificatorio pertenece. Los metodos y estylos que en sus
obras deve seguir el poeta, por Luys Alfonso de Carvallo, Clerigo:
Medina del Campo, 1602._

Pagina 124 a. Si comprehender quisiesemos todo lo que  la comedia
pertenece,  su traza y orden, mucho avria que decir, y seria nunca
acabar el querer decir los subtiles artificios y admirables trazas de
las comedias, que en nuestra lengua se usan, especialmente las que en
nuestro tiempo hacen con tan divina traa enriqueciendolas de todos los
gneros de flores, que en la poesia se pueden imaginar y porque desta
materia sera mejor no decir nada que decir poco, solo dire lo que en
comun y generalmente deve tener la comedia, que son tres partes
principales, en que se divide, las cuales se llaman en griego Prothesis,
Epithasis y Catastrophe, que son, como en todas las cosas humanas, la
ascendencia, existencia y decadencia. Aunque estas son las partes
principales, que en si tiene la Comedia, con todo se suele dividir en
quatro  cinco jornadas. Pero lo mejor es hazer tres jornadas solamente,
una de cada parte de las principales. Jornada es nombre Italiano, que
quiere decir cosa de un dia, porque giorno significa el dia. Y tmase
por la distincion y mudana, que se hace en la Comedia de cosas
sucedidas en diferentes tiempos y dias, como si queriendo representar la
vida de un Santo hiciesemos de la niez una jornada, de la edad perfecta
otra, y otra de la Vejez.

La loa  prologo de la Comedia, que otros llaman introito  faraute, no
es parte de la Comedia, sino distinto y apartado, y asi dire aora lo que
del se puede dezir. Al principio de cada Comedia sale un personage 
procurar y captar la benevolencia y atencion del auditorio, y esto haze
en una de cuatro maneras; comendativamente, encomendando la fbula,
historia, poeta  autor que la representa. El segundo modo es relativo,
en el cual se zayere y vitupera el murmurador  se rinde gracias  los
benvolos oyentes. El tercer modo es argumentativo, en el qual se
declara la historia  fbula que se representa, y este con razon en
Espaa es poco usado, por quitar mucho gusto  la Comedia, sabiendose
antes que se represente el suceso de la historia. Llmase el quarto modo
misto, por partipar de los tres ya dichos; llamaronle introito por
entrar al principio; faraute por loa, en la Comedia, al auditorio 
festividad, en que se traze. Mas ya le podremos asi llamar, porque han
dado los poetas en alabar alguna cosa, como el silencio, un nmero, lo
negro, lo pequeo, y otras cosas, en que se quieren sealar y mostrar
sus ingenios, aunque todo deve ir ordenado al fin que yo dixe, que es
captar la benevolencia y atencion del auditorio.

Auto es lo mismo que Comedia, que del nombre la hizo Acto: se deriva y
llamase propiamente auto cuando ay mucho aparato, invenciones y
aparejos; y farsas, cuando ay cosas de mucho gusto aunque se tome
comunmente por la propia compaa de los que representan. Al fin Comedia
se llama escrita, Auto representada; y farsa la comunidad de los
representantes.

[29] V. la pg. 166 del tomo I.

[30] Juvenal, Sat. XI, v. 162.--Martial, lib. III, epstola 63, v. 5,
lib. I, _ad Taranium et passim_.--Plin., libro I, epst. 15.--Gonzlez
de Salas, _Ilustracin  la Potica de Aristteles_, seccin 8.

[31] Jovellanos, _Memoria sobre las diversiones pblicas_: Madrid, 1812,
pg. 17.

[32] V.  Raynouard, _Choix_, etc., II, 242, 244, v. 40.

[33] Lope de Vega, _Dorotea_, tomo I.--Pellicer, _Notas al Don Quijote_.

[34] Rojas, l. d., l. c.

[35] Jovellanos, l. c., 54.

[36] Nombre de otro baile.

[37] Les entreactes taient mles de danse au son des harpes et des
guitarres. Les comediennes avaient des castagnettes et un petit chapeau
sur la tte. C'est la costume quand elles dansent, et lorsque c'est _La
Sarabande_ il ne semble pas qu'elles marchent, tant elles coulent
legrement. Leur manire est toute differente de la ntre; elles donnent
trop de mouvement  leurs bras, et passent souvent la main sur leur
chapeau et sur leur visage avec une certaine grce qui plat assez.
Elles jouent admirablement bien les castagnettes. _Relation du voyage 
Spagne de la comtesse d'Aulnoy_: A la Haye, 1705.

[38] V. _La ilustre fregona_, de Cervantes.

[39] Gonzlez de Salas, _Ilustracin  la Potica de Aristteles_,
seccin 8.

[40] _Coleccin de las mejores coplas de seguidillas, tiranas y polos
que se han compuesto para cantar  la guitarra_, por D. Preciso: Madrid,
dos tomos. Tomo I, pgina 12.

[41] Poesas de Francisco de Quevedo: Bruselas, 1670, tomo III, pg.
233.--_Joco-serias, burlas veras  reprehensin moral y festiva de los
desrdenes pblicos, en doce entremeses representados y veinticuatro
cantados. Van insertas seis loas y seis jcaras, que los autores de
comedias han representado y cantado en los teatros de sta corte_, por
Luis Quiones de Benavente: Madrid, 1645.

[42] V. las _Obras lricas y cmicas de D. Antonio Hurtado de Mendoza_:
Madrid, 1728, pgs. 145 y siguientes.

[43] As lo prueban claramente los ejemplos siguientes:

        Nace amor como planta
        En el corazn;
    El cario la riega,
        La seca el rigor.
        Y si se arraiga,
    Se arranca al apartarle
        Parte del alma.
      Pensamiento que vuelas
        Ms que las aves,
    Llvale ese suspiro
        A quien t sabes;
        Y dile  mi amor
    Que tengo su retrato
        En mi corazn.
      A la rama ms alta
        De tu amor sub;
    Vino un aire contrario
        Y al suelo ca;
        Que esto sucede
    Al que en alas de cera
        Al sol se atreve.



[44] V. las _Poesas de D. Alberto Lista_, primero que las ha compuesto.

[45] _Memorias de la Academia de la Historia_, tomo VI, ilustr.
5.--Prescott, _History of the reign of Ferdinand and Isabella_, tomo
III, pg. 484.

[46] Campomanes, _Discurso sobre la educacin popular de los artesanos_,
tomo II, pg. 472.--Bernardo Ward, _Proyecto econmico sobre la
poblacin de Espaa_, tomo II, cap. 3.--L. Marineo, _Cosas memorables_:
Alcal, 1539, pgs. 11 y 19.--Navagiero, _Viaggio fatto in Spagna et in
Francia_: Vinegia, 1563, fols. 26 y 35.

[47] Campomanes, II, 140.--_Pragmticas del reino_, fol. 146.--Turner,
_History of England_, vol. IV, pg. 90.

[48] V. el _Diccionario histrico de los ms ilustres profesores de las
bellas artes en Espaa_, por J. A. Cen Bermdez: Madrid, 1800.

[49] _Ad Franciscum Vergaram (1527): Hispania vestra quum semper et
regionis amoenitate fertilitateque, semper ingeniorum eminentium ubere
proventu, semper bellica laude floruerit, quid desiderari poterat ad
summam felicitatem, ut nisi studiorum et eruditionis adjungeret
ornamenta, quibus aspirante Deo paucis annis sic effloruit, ut coeteris
regionibus quamlibet hoc decorum genere, proecellentibus vel invidioe
queat esse vel exemplo._--A Francisco Vergara: de tal manera floreci
siempre vuestra Espaa por la amenidad y fertilidad de su suelo, por la
fecundidad y abundancia de sus ingenios eminentes y por sus glorias
blicas, que slo le faltaba, para alcanzar la suprema felicidad, aadir
 esos timbres los de las ciencias y las letras, en las cuales ha
adelantado de tal suerte, con ayuda de Dios, que  todas las dems
regiones, notables en este sentido por sus progresos, puede servir ya de
envidia  de ejemplo.--(_T. del T._)--Erasmi, epstola, pgina 977. V.
tambin la pg. 755.

[50] _Memorias de la Academia de la Historia_, tomo VI, ilustr.
16.--Lampillas, _Letteratura Spagnuola_, tomo II, pgs. 382 y siguientes
y 792 y siguientes.--Marineo, _Cosas memorables_, fol. 11.--_Semanario
erudito_, tomo XVIII.

[51] Clemencn, _Elogio de la reina Isabel_.--Mndez, _Typografa
espaola_, pgs. 35 y siguientes.

[52] Merece observarse que las absurdas creencias en encantamientos, que
tan extendidas estuvieron en Alemania, Inglaterra y Francia hasta hace
poco, no se admitieron generalmente en Espaa, mirada de ordinario como
patria de toda supersticin. En la poca, en que se quemaban  millares
hechiceros alemanes y era un delito dudar siquiera de los pactos con el
diablo, se burlaban los espaoles de estas cosas, mirndolas como
delirios y engaos de la plebe. Vase el _Coloquio de los perros_ y el
_Licenciado Vidriera_, de Cervantes, y las comedias de Lope de Vega y de
Agustn de Salazar, tituladas _El caballero de Olmedo_ y _La segunda
Celestina_. En la primera se dice as:

      No creo en hechiceras,
    Que todas son vanidades:
    Quien concierta voluntades
    Son mritos y porfas.

Y en la ltima se lee la siguiente:

      Pues, Tacn, as son toda;
    Y no que tengan te asombres
    Con los necios opinin,
    Porque las brujas lo son
    Porque son tontos los hombres.



[53] Jovellanos, _Memorias sobre las diversiones pblicas_, pg.
36.--Navarrete, _Vida de Cervantes_, pgs. 113 y 456.

[54] Dice as Lope de Vega en el tomo XV de sus _Comedias_, en la
dedicatoria  D. Rodrigo de Tapia, caballero de Santiago, de la titulada
_El ingrato arrepentido_: Las acciones de una plaza no son inferiores 
las justas y torneos de  caballo, antes bien de ms gallarda osada,
por la ferocidad del enemigo; que un caballero que en una justa acomete
armado  su contrario, si bien lleva el peligro, de quien fu lastimoso
ejemplo el rey de Francia, y se celebra con razn la censura de aquel
hermano del turco que dijo _que para veras era poco y para burlas
mucho_, no le tiene tan grande como esperando un toro: la destreza,
nimo y valenta con que vuestra merced acometi y rindi la fiereza del
ms bravo que ha visto el Tajo ni creado Jarama en sus riberas pareci 
los ojos de S. M., de SS. AA. y de toda esta corte una accin digna de
tales aos, de tales ascendientes y de tales obligaciones que,
acompaado de tales galas, me oblig aquel mismo da  provocar las
musas, con envidia de otras plumas, etc.

[55] Mariana, _De rebus hispanicis_, lib. XI, caps. 13 y 14.--Andrs
Mendo, _De ordinibus equestribus_.--Caro de Torres, _Historia de las
rdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcntara_: Madrid, 1629.

[56] Caldern, por ejemplo, se inspir en _El Caballero del Febo_ para
escribir su _Castillo de Lindabridis_; en el _Fierabrs_, para componer
su _Puente de Mantible_; Montalvn, en _El Palmern de Otiva_, para
escribir su comedia de igual ttulo, etc.

[57] Sanos lcito aludir aqu, de paso,  un arte que lleg en Espaa 
grande altura, y de la cual apenas tratan los historiadores que han
escrito hasta ahora de este punto. Hablamos de la escultura de color en
madera, que produjo innumerables obras en toda la Pennsula, y
principalmente en las provincias meridionales. Las mejores son del siglo
XVII, en que florecieron muchos insignes maestros, como Montas, Alonso
Cano, Bernardo de Mora, y Pedro y Alonso de Mena. Obras maestras de esta
especie, tan notables por la perfeccin de su escultura como por su
color puro y de buen gusto, se hallan en Sevilla (en el hospital de la
Caridad, la Cartuja, etc.), y en Granada (en San Jernimo y en el nuevo
Museo provincial).

[58] V. la memoria histrica de D. Jos de Castro y Orozco, titulada
_Bellas Artes de Granada_: Granada, 1839, pg. 37, y  Cen Bermdez,
_Diccionario histrico_, etc., _passim._

[59] Hllanse excelentes composiciones lricas de esta especie de poesa
antigua espaola, tan comn como bella, en _La Floresta_, de Bhl de
Faber.

[60] Surez de Figueroa dice, en su _Pasajero_ (Madrid, 1617, pg. 118),
que  las justas literarias acudan ms poetas que arenas hay en la mar,
y que en una, celebrada haca poco en honor de San Antonio de Padua, se
reunieron ms de 5.000 composiciones poticas de todo gnero, con las
mejores de las cuales, no slo se cubrieron los dos coros y las paredes
de la iglesia, sino que sobraron otras muchas, suficientes en nmero
para revestir  cien monasterios.

[61] Lo del arpa tiene todas las apariencias de un golpe de violn del
escritor francs.--(_N. del T._)

[62] _Histoire de la musique et de ses effets depuis son origine jusqu'a
present_: Lyon, 1705, tomo I, pg. 259.

[63] Vase la resea que se halla en Ludovico Domenico, _Raggionamento
sopra la imprese di Paolo Giovio_: 1561, pg. 178.

[64] _Dilogos de la preparacin de la muerte_, por Don Pedro de
Navarra: Zaragoza, 1567.

[65] _Apotegmas_, de Juan Rufo: 1596, pg. 5.

[66] _La Diana_, de Gil de Polo. Nueva impresin con notas al _Canto del
Turia_: Madrid, 1802, pg. 515.

[67] _Desengao de amor_, por el licenciado D. Pedro Soto de Rojas:
Madrid, 1623, fol. 181.

[68] Vase, entre otros,  Christbal Surez de Figueroa, _Plaza
universal de todas las ciencias y artes_: Madrid, 1615, pg. 63.--A
Christbal de Mesa, _El patrn de Espaa_, 1611, pg. 218.--A Juan Yage
de Salas, _Los amantes de Teruel_: Valencia, 1616, apndice.--A Lope de
Vega, _Laurel de Apolo_, dedicatoria al almirante de Castilla.

[69] No es extrao que aparezcan ahora nombres ya citados anteriormente.
Lupercio Leonardo de Argensola y Cervantes pertenecen  la poca
precedente por sus trabajos juveniles, y por sus obras al perodo de la
literatura espaola que examinamos.

[70] Toda esta parte de la historia de la poesa espaola, de que
Bouterweck habla ligera y superficialmente, espera hasta aqu  un
historiador que la estudie y exponga como es debido. Ya la _Floresta_,
de Bhl de Faber, ofrece ricos materiales, no aprovechados, sin embargo,
tanto por sus noticias bibliogrficas, cuanto por los ejemplos que cita;
y  pesar de esto, el compilador que quiera proseguir este curioso
trabajo, encontrar todava rica y no segada cosecha.

[71] El _Don Policisne de Boecia_ (impreso primero en 1602) y la cuarta
parte de _El espejo de prncipes y caballeros_ (1605), cierran la serie
de los libros de caballera publicados en Espaa. Alguna que otra vez se
reimprimieron ms tarde los antiguos, y en extracto se venden
actualmente al pueblo.

[72] En el prlogo  _El pastor de Filida_, de Montalvo, ofrece Mayans y
Ciscar un abundante catlogo de novelas pastoriles de esta especie,
pertenecientes las ms al siglo XVII: Valencia, 1792, pg. 62.

[73] V.  _Dieze zum Velazquez_, pg. 376, y _El tesoro de los poetas
espaoles picos_, por D. Eugenio de Ochoa: Pars, 1840, pg. 26.

[74] En Francia (dice Cervantes en el _Persiles_, tomo I, lib. III, pg.
163), ni varn ni mujer deja de aprender la lengua castellana.--Lingard,
_History of England_, V. VIII.

[75] Llorente ofrece muchos ejemplos singulares de la severidad, con que
celaba la Inquisicin las fronteras francesas, y as lo vemos en la
historia de Antonio Prez. (V. el _Proceso contra Antonio Prez_:
Madrid, 1780.) Vase tambin el memorial que hace Quevedo  Luis XIII
(Bruselas, 1660, tomo I, pg. 234), que prueba el odio exagerado, que,
por las causas indicadas, profesaban los espaoles  los franceses.

[76] La traduccin ms antigua, que nosotros conocemos de clsicos
franceses, es la de _El Cinna_, de Corneille, hecha por el marqus de
San Juan (Madrid, 1713); y la nica huella que algunos encontraron del
conocimiento de las obras francesas por los dramticos espaoles del
siglo XVII, se halla en _El honrador de su padre_, de Diamante. Ved
sobre este punto el artculo que consagramos  Guilln de Castro y 
Diamante.

[77] Quien desee formar una idea de la profunda antipata que tenan los
espaoles  los ingleses, puede leer la _Dragontea_ y la _Corona
trgica_, de Lope, y la _Oda al armamento de Felipe II contra
Inglaterra_, de Gngora.

[78] Lanse, entre otras, las siguientes obras de Beaumont y Fletcher,
cuyo argumento est sacado de otras espaolas: _The Little french
lawyer_, de _El Guzmn de Alfarache_, pg. 2, cap. 4.; _The Spanish
curate_ y _The Maid of the Mill_, de _El Gerardo_, de Gonzalo de
Cspedes; _The Chances_, de _La seora Cornelia_, de Cervantes, y
_Love's pilgrimaje_, de sus _Dos doncellas_. La historia de Alfonso en
_Wife for month_ es la de Sancho VII, rey de Len, que se narra en
diversos libros espaoles. El _Knight of the burning pestle_ es una
reminiscencia del _Don Quijote_, _The Beggar's Bush_, de Fletcher, y
_The Spanish Gipsy_, de Middleton y Rowley, se fundan en _La fuerza de
la sangre_ y en _La Gitanilla_, de Cervantes, etc.

[79] Collier, _History of English dramatic Poetry_, volumen II, pg.
408.

[80] _I may boldly say it, because I have seen it, that the Palace of
Pleasure, The Golden Ass, the thiopian History, Amadis de France and
the Round Table, bawdy comedies in latin, french, italian, and spanish,
have been thoroughly ran-sacked to furnish the playhouses in
London._--(Puedo decir con toda seguridad, porque lo he visto, que el
_Palacio del placer_, el _Asno de oro_, la _Historia etipica_, _Amads
de Francia_ y la _Tabla Redonda_, comedias obscenas en latn, francs,
italiano y espaol, han sido enteramente destrozadas para abastecer 
los teatros de Londres.--(_N. del T._))--Collier, l. c., pg. 419.

Es digno de observarse que Roberto Green, uno de los ms distinguidos 
inmediatos predecesores de Shakespeare y autor del _Friar Baco_, refiere
(en _The repentence of R. Green_) que haba viajado por Espaa, y que
conoca los dramas espaoles ms antiguos. (_R. Green's Work_, by A.
Dyce: Londres, 1831, vol. I, preface.)

[81] Sin embargo, _The Custom of the country_, de Fletcher, como indica
V. Schmidt, en sus adiciones  la _Historia de la poesa romntica_, no
es otra cosa en su conjunto, y conservando hasta los nombres, que una
imitacin de invenciones aisladas del _Persiles_, de Cervantes; y la
escena, en que Guiomar defiende  los asesinos de su propio hijo, de los
agentes de la justicia, es casi una traduccin de la novela espaola.
Sabido es tambin, que _Los dos gentiles hombres de Verona_, de
Shakespeare, provienen de una novela, imitada de _La Diana_, de
Montemayor.

La traduccin inglesa ms antigua de una comedia espaola (prescindiendo
de _La Celestina_), es una de Sir Richard Fanshaw, de 1649, titulada _To
love for love's Sake_, de _Querer por slo querer_, de Antonio de
Mendoza (vase un extracto de ella en los _Specimens of english dramatic
poets_, de Lamb). Tngase en cuenta, ya que la ocasin es oportuna, que
Fanshaw fu dos veces embajador ingls en Madrid, la primera en 1640, y
la segunda en 1663  1666, en cuyo ao muri. Ha traducido tambin el
_Pastorfido_, de Guarini, y las _Luisiadas_, de Camons. En las
_Original letters of His Excellency Sir Richard Fanshaw during his
embassies in Spain and Portugal_: London, 1702, he buscado en vano
algunas noticias del teatro espaol.

[82] Como entre la comedia _The elder Brother_, de Fletcher, y la de
Caldern, _De una causa dos efectos_; entre la _Twelfth Night_ de
Shakespeare, y la comedia annima _La espaola en Florencia_; entre la
_Maid of the Mill_, de Beaumont y Fletcher, y _La quinta de Florencia_,
de Lope; entre la _Duchess of Malfy_ y _El mayordomo de la duquesa de
Amalfi_, de Lope de Vega.

[83] _The adventures of five hours_ (impresas primero en 1663) es una
imitacin de la comedia espaola titulada _Los empeos de seis horas_, y
_T'is better than it was_ (1665), de la condesa Digby de Bristol, de la
de Caldern, _Mejor est que estaba_. Tambin la _Worse and worse_, de
la misma, es un arreglo de la de _Peor est que estaba_, y la _Elvira or
the worst not always true_ (1667) de la de Caldern, _No siempre lo peor
es cierto_. (V.  Downes, _The Prompter Roscius Anglicanus_: 1708, pg.
26. _Dodsley's collection of old Plays_, vol. XII.)

[84] Collier, 1. c., pg. 69.

[85] Collier, _History of englishe dramatic poetry_, II, pg.
385.--Dodsley, _Collection of old Plays_, tomo I.

[86] Lope naci en 1562 y Shakespeare en 1564. Aqul se consagr al
teatro algunos aos antes que ste, pero la influencia preponderante de
ambos en los de su patria comienza  hacerse sentir casi en la misma
poca, hacia 1590.

[87] Agustn de Rojas dice as (ao 1602), despus de hablar del arte
dramtico anterior, en tiempo de Virus:

      En efecto, ste pas:
    Lleg el nuestro, que pudiera
    Llamarse el tiempo dorado,
    Segn el punto en que llegan
    Comedias, representantes,
    Trazos, conceptos, sentencias,
    Inventivas, novedades,
    Msica, entremeses, letras,
    Graciosidad, bailes, mscaras,
    Vestidos, galas, riquezas,
    Torneos, justas, sortijas,
    Y al fin, cosas tan diversas,
    Que en punto las vemos hoy,
    Que parece cosa incrdula
    Que digan ms de lo dicho
    Los que han sido, son y sean.
    Qu harn los que vinieren,
    Que no sea cosa hecha?
    Qu inventarn, que no est
    Ya inventado? Cosa es cierta.
    Al fin, la comedia est
    Subida ya en tanta alteza,
    Que se nos pierde de vista:
    Plega  Dios que no se pierda!
    Luce el sol de nuestra Espaa;
    Compone Lope de Vega,
    La fnix de nuestros tiempos
    Y Apolo de los poetas,
    Tantas farsas por momentos,
    Y todas ellas tan buenas,
    Que ni yo sabr contarlas,
    Ni hombre humano encarecerlas.

Despus menciona Rojas otros dramticos, cuyo mayor nmero son los que,
segn Cervantes, han ayudado  llevar esta gran mquina al gran Lope.

[88] Lope de Vega llamaba  su Dorotea, que no est en verso, _accin en
prosa_, y Caldern,  la pieza en dos actos titulada _El Jardn de
Falerina, representacin de dos jornadas_.

[89] Sirva esta prueba para demostrar que la palabra comedia era mucho
ms absoluta que la de tragedia, comprendindose la ltima en la
primera. Varios poetas, ms bien por capricho, que para indicar la
diferencia esencial entre una y otra, pusieron  algunas obras suyas el
nombre de _tragedia_; pero estas tragedias, en las antiguas ediciones,
van seguidas casi siempre de las palabras sacramentales: _comedia
famosa_.--Mira de Mescua acaba su _tragedia del conde Alarcos_ (parte
5. de _las comedias escogidas_: Madrid, 1653) de esta manera:

      Damos fin  una tragedia
    Que resulta en mayor gloria,
    Y si os agrada la historia,
    Dad perdn  la comedia.

Lope de Vega apostrofa de esta suerte, en su _Laurel de Apolo_, al
capitn Virus:

      Oh ingenio singular! en paz reposa,
    A quien las Musas cmicas debieron
    Los mejores principios que tuvieron;
    Celebradas tragedias escribiste.

Poca importancia debe darse tambin al ttulo de _tragicomedia_, que
suele preceder  algunos dramas espaoles. Demustralo Lope de Vega en
los prlogos  dedicatorias de las suyas, que llevan aquel ttulo,
llamndoles _comedias_.

[90] _Potica_ de Aristteles, IV; _Retrica_, III, 8; _Demetrius de
elocutione_, prr. 43.

[91] La estrofa, que originaria y propiamente se llama _lira_, constaba
de cinco versos, y traa su nombre de una clebre oda de Garcilaso, que
comenzaba as:

      Si de mi baja _Lira_
    Tanto pudiese el son, que en un momento
    Aplacase la ira
    Del animoso viento
    Y la furia del mar y el movimiento.

Extendise despus este nombre  la estrofa pareada de seis versos, tal
como aparece de los ejemplos siguientes de la jornada primera de _Sin
honra no hay valenta_, de Moreto:

      Divino y claro objeto,
    Del regalado Amor lugar sagrado,
    De Venus dedicado
    Por afable y gallardo y por secreto,
    Donde Amor se regala,
    Pluma del sol, que con su luz se iguala:
    Jardn bello y florido
    Que con decir agradecido basta,
    Pues de flores vestido
    Con tan clara limpieza honesta y casta,
    Tesoro de Amaltea
    Ejercitas en trono de la idea.

Esta es la lira dramtica. En los versos citados pueden verse las
combinaciones posibles de los cuatro primeros. No hay necesidad absoluta
de que alternen los versos de tres y de cinco pies, y el poeta puede
seguir otro sistema, aunque obligndose  no variarlo, una vez adoptado,
en las dems estrofas. Cudese, sin embargo, de no confundir la lira con
la silva, como lo han hecho muchos escritores.

[92] Quintillas de pie quebrado:

      No aumenten, doa Mara,
    Mis ansias vuestros enojos,
    Que en vos salen por los ojos
    Parando en el alma ma.
    No saba
    Que desposados los dos
    (Ay honra, ay Dios!)
    Cuando su fama ofendiera
    Se atreviera
    Al cielo,  mi honor y  Dios.

(De _Escarmientos para el cuerdo_, de Tirso de Molina acto 3.)

Versos pareados, el segundo de los cuales es quebrado:

      Abre la puerta vejona
    Cara de mona,
    Abre hechicera, bruja
    La que estruja
    Quantos nios hay de teta,
    Por alcahueta
    Once meses azotada
    Y emplumada, etc.

(De _El Rufin castrucho_, de Lope, acto 2.)

[93] En efecto, no hace mucho que un filsofo ha clasificado las
comedias espaolas en tres clases, fundado en las tres ideas capitales,
que as dominan en la tierra como en el cielo. _Las comedias de capa y
espada_, representan _la tesis_; _las hericas, la anttesis_, y _las
divinas, la sntesis_; , en otras palabras, el Padre, el Hijo y el
Espritu Santo.

[94] Cuando en _la loa_ al auto de Lope, titulado _El Nombre de Jess_,
se contesta  la pregunta de _qu son autos?_ de esta manera:

      Comedias  gloria y honor del pan,
    Que tan devota celebra
    Esta coronada villa.

no se emplea la palabra _comedia_ en su significacin ms estricta, sino
en la ms lata, en que expresa toda composicin de forma dramtica.

[95] La nica excepcin, que yo conozca, es la comedia _La venganza
honrosa_, de Gaspar Aguilar, que en la parte 5. de _La flor de las
comedias de Espaa_ (Madrid, 1616), lleva el ttulo de _comedia de capa
y espada_.

[96] Las _comedias de ruido_ se llamaron tambin _comedias de caso_ y
_comedias de fbrica_. Lo primero consta del _Da de fiesta_, de Juan
Zabaleta: Coimbra, 1666, parte 2., pg. 95, y lo segundo de un escrito
indito de Bances Candamo sobre el drama espaol.

En la _Rhythmica_, de Caramnel (2. edicin, Campaniae, 1668), se
encuentran algunas observaciones, explicando ciertas voces tcnicas del
arte teatral espaol, dignas de ser conocidas:

_Autor de comedias_ apud Hispanos non est qui illas scribit aut
recitat, sed qui comicos alit et singulis solvit convenientia stipendia.

_Compaa de comediantes_ est illorun societas, qui sunt ad comediam
agendam necessarii. Ad quorum etiam numerum spectant personae mutae,
quae in obsequiis humilionibus serviunt et ipsi vocantur _Mete-sillas_,
quia sellas in theatrum important.

_Primer Papel_ et _Segundo Papel_ dicitur qui agit primam, qui secundam
personam. Prima persona solet esse Rex aut Regina. Interim qui primus
est inter comicos, habet jus, ut eligat et agat personam, quam velit.

_Entrems_ apud hispanos est comoedia brevis, in qua Actores ingeniose
nugantur.

Actus est id quod hodie vocamus jornada: et jam praescripsit consuetudo,
ut comoedia non nisi tres actus habeat et duabus horis representetur.

Hodie Prologus comoediis Hispanis praemittitur et vocatur _Loa_, quia
profunditur in Auditorum laudes: et recitare prologum est _echar la
loa_, quare laudes non tam dicantur quam in Auditores profundantur.

Quid est Plaustris ferre Poemata? Scint qui in Hispania viderunt las
comoedias, quas _Actos del Corpus_ vocamus: nam scenae et proscenium per
publica fora vehuntur, ut notabat Horatius.

Autor de comedias, entre los espaoles, no es el que las escribe ni las
recita, sino el que mantiene  los cmicos y paga  cada uno de ellos el
estipendio convenido.

Compaa de comediantes es reunin de personas necesarias para
representar la comedia. A cuyo nmero pertenecen tambin los personajes
mudos, que sirven para ciertos oficios humildes, y se llaman
_Mete-sillas_, porque son quienes las llevan al teatro.

Primer papel y segundo papel se dice el que representa  la primera y 
la segunda persona. La primera persona suele ser el rey  la reina.
Tambin el primer papel, entre cmicos, tiene el derecho de elegir y
representar el personaje que quiera.

Entrems, entre espaoles, es comedia breve, en la cual los actores
hacen, sin formalidad, gala de su ingenio.

Acto es lo que hoy llamamos jornada: ya ha prescrito la costumbre de que
la comedia tenga slo tres actos, y se represente en dos horas.

Hoy precede un prlogo  las comedias espaolas, llamado _loa_, porque
se consagra  alabar  los espectadores; recitar el prlogo es _echar la
loa_, dando  entender, no tanto que se necesitan esas alabanzas, cuanto
que se derraman entre los espectadores.

Qu significa llevar poemas en carros? Sbenlo los que han visto en
Espaa las comedias, que llamamos _Autos del Corpus_, porque el
escenario y el proscenio se llevan por las plazas pblicas, como
indicaba Horacio.--(_T. del T._)

[97] Dos caminos tendris por donde enderezar los pasos cmicos en
materia de trazas. Al uno llaman comedias de cuerpo; al otro de ingenio,
 sea de capa y espada. En las de cuerpo (que son las de reyes de
Hungra  prncipes de Transilvania), que suelen ser de vidas de santos,
intervienen varias tramoyas y apariencias.

Surez de Figueroa, _El pasajero_: Madrid, 1617, pgina 104.

El poeta jur que no escribira ms comedias de ruido, sino de capa y
espada.

Luis Vlez de Guevara, _El diablo cojuela_, tranco 4.

[98] La seal externa, que diferencia  _los autos de las comedias_, es
que aqullos no se dividen, como stas, en actos  jornadas, aunque, 
la verdad, haya algunos _autos al nacimiento_ que se exceptan de esta
regla.

[99] Estas falsas denominaciones provienen de los aos en que, como
dijimos antes, se haba prohibido la representacin de las comedias,
porque como la prohibicin no se refera  los autos, se abusaba de este
nombre para expender fraudulentamente mercancas de contrabando.

[100] Agustn de Roxas dice, en su _Viaje entretenido_ (1603), que

      Las _loas_ fueron inventadas
    Para loar y eternizar los nombres,
    Para hacer inmortales  las famas,
    Para animar los hombres que emprendiesen
    Cosas altas, empresas memorables,
    Y en comedias antiguas y modernas
    Para tener propicios los oyentes,
    Para alabar sus nimos hidalgos
    Y para engrandecerles sus ingenios.

Lpez Pinciano, en su _Philosophia antigua potica_ (Madrid, 1596, pg.
413), divide _las loas_  los prlogos, porque tal es el nombre con que
las llama, como erudito, en _laudatorios_, cuando son alabados el autor
 la obra; en _relativos_, cuando el poeta da las gracias al pblico, y
contesta  sus enemigos; en _argumentativos_, en los cuales se ilustra
lo futuro por lo pasado, y, por ltimo, en _mixtos_.

[101] En _El pasajero_, de Surez de Figueroa, pg. 109, se dice
expresamente que _en las farsas, que comunmente se representan, han ya
abandonado esta parte, que llamaban loa. Y segn de lo poco que serva,
y cun fuera de propsito era su tenor, anduvieron acertados._

[102] Muchas loas, que preceden  los autos de Caldern, no son suyas,
sino escritas por otros por indicacin de los editores.

[103] Roxas, por ejemplo, las menciona, que servan para alabar diversas
ciudades de Espaa, las estaciones del ao, los das de la semana, el
arte escnico, etc., y que, sin duda, podan recitarse antes que todos
los dramas imaginables.

[104] Se ha quedado la costumbre de llamar _entremeses_ las comedias
antiguas, donde est en su fuerza el arte, siendo una accin y entre
plebeya gente.--Lope de Vega, _Arte nuevo de hacer comedias_.

[105] En todo lo que se ha escrito hasta ahora acerca del teatro
espaol, y tambin en mi obra, se afirma que el primer teatro de corte
de Madrid, ha sido el que mand construir Felipe IV en el palacio del
Buen Retiro Consta, sin embargo, de un manuscrito de la Biblioteca
nacional de Madrid, titulado Relaciones de las cosas sucedidas,
principalmente en la corte, desde el ao de 1599 hasta el de 1614, por
Luis Cabrera de Crdoba, que ya  principios del siglo XVII, en el
palacio  alczar real, que exista en el mismo lugar en donde est hoy
el palacio real (al poniente de Madrid, mientras el Buen Retiro estaba
al Oriente), se representaron algunas comedias, y que Felipe III, adems
del teatro, que al parecer hubo de existir en uno de los salones de su
palacio, mand construir otro en las _casas del Tesoro_, cerca de su
residencia. El pasaje citado, que lo confirma, dice as: Madrid  20 de
Henero 1607. Hase hecho en el segundo patio de las casas del Tesoro un
Teatro, donde vean SS. MM. las comedias como se representan al pueblo en
los corrales que estn deputados para ello, porque puedan gozar mejor
dellas que quando se les representa en su sala, y as han hecho
alrededor galeras y ventanas, donde est la gente de palacio, y SS. MM.
irn all de su camera por el pasadizo que est hecho, y las vern por
unas celosas.

De este mismo manuscrito copio algunas otras noticias:

Madrid  9 de Octubre 1599. SS. MM. llegaron  Zaragoza  los 11 del
pasado.

Hubo fiesta de toros y juego de caas, y el da San Mateo un torneo de 
caballo en una plaza que llaman de Nuestra Seora, donde se hizo una
montaa con ciertos repartimientos, que se representan en ella autos y
otras invenciones.

Valladolid  9 de Febrero 1602. A los trece del pasado el Duque de Lerma
hizo  Sus Magestades una grande fiesta en el cuarto, donde pasa en
Palacio en ciertos aposentos y galerias que tienen alli muy buenas.--De
alli pasaron Sus Magestades  otra sala muy bien aderezada, y delante de
los Reyes estuvieron las Dos Damas, y en el otro testero estaba el
aparato de una farsa, pintada la ciudad de Barcelona al natural, donde
representaron los pages del Duque una comedia del carnaval de Barcelona,
que di mucho gusto  Sus Magestades.

Madrid  28 de Junio 1614. La noche de San Juan los Reyes gustaron mucho
de la gente que sala al Prado de San Gernimo, y de lo que en aquella
noche pasa en el campo. Al otro dia vinieron  la plaza de la Villa  la
fiesta de toros y juego de caas, que hubo donde el Cardenal Deste tuvo
el mismo lugar que en la huerta del Duque, y aunque las libreas de las
caas fueron muy buenas, las cuadrillas pudieron jugarlas mexor:
volvironse  la huerta para ver la comedia de la Sta. Juana, que es
cierta monja de exemplar vida que hubo en un Monasterio, que llaman de
la cruz  cuatro leguas de aqu.

La comedia mencionada sera acaso la _Santa Juana_, de Tirso de Molina.

[106] _Journal de voyage en Espagne_, por Boisel: Pars, 1660, pg. 298

[107] Probablemente alude al canto, que preceda  toda representacin,
no al prlogo  loa propiamente dicho, que  veces se acompaaba tambin
con msica.

[108] _Voyage d'Espagne, curieux, historique et politique fait en
l'annie 1665:_ A Pars, chez Charles de Lerey, 1665, pg. 28.

[109] _Relation du voyage d'Espagne de la comtesse d'Aulnoy_: A la Haye,
1705.

[110] _Voyage d'Espagne curieux_, etc., pg. 110.

[111] Es tan escaso el conocimiento, que tenemos de la escenografa del
teatro espaol, que sern bien recibidas las noticias siguientes:

Lo que estaba muy descuidado era la decoracin del escenario, y todo lo
relativo  la propiedad de la representacin. Con corta diferencia se
hallaba todava en el estado en que la pinta Cervantes, pues las
representaciones se hacan, ordinariamente, sin ms aparato que unas
cortinas de indiana  lienzo pintado, pendientes de una cuerda, que
atravesaba de una parte  otra la embocadura,  diez palmos de
elevacin; el foro lo formaba tambin una cortina de tafetn carmes, y
sta tena detrs otra,  distancia de ocho palmos, con lo cual se
figuraba algn solio  cosa semejante. Cuando se hacan comedias, en que
hubiese de figurarse torre, crcel  otro edificio de esta especie, se
pona sobre las mismas cortinas, y entonces se aumentaba un dinero el
precio de la entrada, que, como queda dicho, eran catorce. Sin embargo,
en tiempo de Navidad y Carnestolendas solan hacerse comedias de teatro,
con bastidores y mquinas, y entonces se colocaban los telones que entre
ao estaban arrimados: se pona orquesta, y se aumentaba,  proporcin,
el precio de las entradas y palcos. La msica ordinaria estaba reducida
 una vihuela, que tocaba el guitarrista de la compaa. Slo en las
comedias, que se hacan el viernes, y haban de repetirse el domingo
(porque el sbado no las haba por devocin), se aadan dos  tres
violines y un obo; con cuyo acompaamiento, y el de la guitarra, que
tocaba el msico de compaa, y siempre sala al tablado  dar el tono,
sola cantar la graciosa algunas coplas. (_El teatro de Valencia_, por
L. Lamarca, pg. 27.)

Scenarum mutationes Hispani superfluas judicant: quas tamen Itali esse
necessarias supponentes in theatris fabric pro unic interdum Comoedi
magnam summam ducatorum impendunt. Et hic, si loquamur sincere,
inconsequenter Hispani laborare videmur: quonian hinc leges scribendi
Comoedias ab Antiquis latas fastidimus, inde scenarum mutationes _cosas
superfluas_ judicamus, cum tamen haec duo non subsistant. Cur non
volumus, ut nostrae Comoedia subsint Veterum legibus? Quia falsae
hypothesi leges  Veteribus prolatae insistunt. Putabant ipsi Comoedias
Viris tantum doctis scribi, et coram doctis tantum agi, cum tamen certum
sit et nos supponimus, illas scribi vulgo el coram numeroso vulgo
representari. Et cur non volumus mutare scenas? Quia ab earum mutatione
conceptuum subtilitas, verborum elegantia et nitor prolationis non
defendet. Ecce severas scribendi Comoedias leges negligimus, nam illae
repraesentantur propter vulgus, qui illas leges non capit: et ecce
scenarum mutationes negligimus, nam docti, quorum est, de conceptuum et
versuum nitore judicare, ut bona laudent carmina, hoc impendium non
indigent. Ego hoc auderem discurrere. Seu doctis seu indoctis scribantur
Comoediae, debent scenae muitari et apparentiae quas vocant admitti:
illarum enim varietate doctorum et indoctorum oculi dilectantur.

(J. Caramuelis Primus Calamus, tomo II, qui continet Rhythmicam. Editio
secunda: Campaniae, 1668, pgina 708).--(Los espaoles juzgan superfluas
las mudanzas de escena:  las cuales, por el contrario, los italianos
estiman tan necesarias en el arte teatral, que,  veces, para poner en
escena una sola comedia, gastan considerables sumas de ducados. En esto,
si hemos de hablar con sinceridad, parcennos inconsecuentes los
espaoles: porque despreciamos las leyes establecidas por los antiguos
para escribir comedias, y, no obstante, juzgamos cosa superflua las
mudanzas de escena, siendo as que son dos extremos incompatibles. Por
qu no queremos que nuestras comedias observen los preceptos de los
antiguos? Porque se supone que esas reglas, establecidas por ellos, son
errneas. Crean ellos que las comedias tan slo deban escribirse por
los doctos y slo ante los doctos representarse, siendo cierto, como
pensamos, que hayan de escribirse para el vulgo, y tambin representarse
ante numeroso vulgo. Y por qu nos oponemos  los cambios de escena?
Porque de estos cambios no depende la sutileza de los conceptos, la
elegancia de la frase y el brillo de la exposicin. De aqu que hagamos
poco caso de las leyes severas para escribir las comedias, porque se
representan para el vulgo, que no comprende esas leyes; y de aqu que
despreciemos las mudanzas de escena, porque los doctos, capaces de
apreciar el primor de los conceptos y de los versos, para alabar los
buenos poemas dramticos, no necesitan de esos requisitos. Yo me
atrevera  opinar que, ya se escriban las comedias por los doctos  por
los indoctos, debe mudarse la escena y acomodarse  las apariencias de
la representacin, porque esa variedad deleita por igual  doctos 
indoctos.--(_T. del T._))

[112] Errneo parece, pues, lo dicho por _la Academia Espaola_ en su
prlogo  las comedias de Moratn, cuando asegura que _las comedias de
capa y espada_ se representaban con aquellas decoraciones sencillas 
invariables, y que, al contrario, en todas las dems se ostentaba mayor
lujo escnico. Hay comedias de capa y espada, cuya representacin no se
concibe sin algn cambio de decoracin, indicndose as expresamente en
antiguas ediciones, como, por ejemplo, en _La Confusin de un Jardn_,
de Moreto; en la cual hay escenas ininteligibles,  no suponerse que el
teatro est adornado con rboles. Hay, en cambio, otras obras de esta
clase, cuyos personajes de primer rango, poco comunes en ellas, no
exigen, sin embargo, mudanzas de escena, como en la de Tirso, titulada
_Amor y celos hacen discretos_, cuya accin se supone ocurrir en un solo
aposento.

[113]

      Salimos aqu nosotros
    A recitar nueve  diez (personas)
    Por un inters muy poco,
    Dos horas y media  tres.

(Gaspar Aguilar, loa de la comedia _La Nuera humilde_.)

      En este Senado ilustre
    Oidnos solas dos horas,
    Y si es mucho, ved que el tiempo
    Acaba todas las cosas.

(Trrega, loa de _La Perseguida Amaltea_.)

      La comedia ahora empezamos;
    De aqu  dos horas saldremos,
    Cuando ya estar acabada.

(Lope de Vega, loa de primer tomo de sus _Comedias_.)

[114] Lope de Vega, en la poca, en que las comedias tenan cuatro
jornadas, dice que en cada uno de los tres entreactos se representaba un
entrems; pero despus no se hizo as, y ordinariamente se representaba
uno solo.

      Entonces en las tres distancias
    Se hacan tres pequeos entremeses,
    Y ahora apenas uno, y luego un baile.

(_Arte nuevo de hacer comedias._)

[115] El pueblo, en especial, acuda en tropel  los teatros,
distinguindose Sevilla por los desrdenes que en ellos se cometan, en
cuya ciudad, como dice Rojas, hormigueaban en el teatro los espadachines
y barateros.

[116] Lope de Vega dice, en su _Nuevo arte de hacer comedias_, que
Felipe II no poda sufrir que apareciesen en la escena personajes
reales; pero,  pesar de esto, es falso, como asegura un escritor
alemn, que publicase con dicho objeto ley alguna.

[117] En la biblioteca de la Real Academia de la Historia, se encuentra
manuscrita la _Consulta que hicieron  S. M. el Rey Felipe II, Garca de
Loaysa, Fr. Diego de Yepes y Fr. Gaspar de Crdova sobre las comedias_.
Los autores de este escrito piden la prohibicin absoluta de las
comedias, y dicen, entre otras cosas: Destas representaciones y
comedias se sigue otro gravisimo dao, y es que la gente se da al ocio,
deleytes y regalos y se divierte de la milicia, y con los bailes
deshonestos que cada dia inventan estos faranduleros, y con las fiestas,
banquetes y comedias se haze la gente de Espaa muelle y afeminada 
inhabil para las cosas de travajo y guerra.--Pues siendo esto asi, y
teniendo V. Mgd. tan preciosa necesidad de hazer guerra  los enemigos
de la f, y apercibirnos para ella, bien se vee quan mal aparejo es para
las armas el uso tan ordinario de las comedias que aora se representan
en Espaa. Y  juizio de personas prudentes, si el Turco  Xarife  Rey
de Inglaterra quisieran buscar una invencion eficaz para arruinarnos y
destruirnos, no la hallarn mejor que la destos faranduleros, pues 
guisa de unos maosos ladrones, abrazando matan y atosigan con el sabor
y gusto de lo que representan, y hazen mugeriles y flojos los corazones
de nuestros espaoles, para que no sigan la guerra  sean inutiles para
los trabajos y exercicios della.

De los manuscritos de la misma biblioteca copio adems las dos
ordenanzas reales siguientes:

I. En el consejo se tiene noticia, que, en las comedias y
representaciones, que se recitan en esta ciudad, salen mugeres 
representar, de que se siguen muchos inconvenientes. Tendreys particular
cuydado de que mugeres no representen en las dichas comedias,
poniendoles las penas que os pareciere, aperciviendoles que haciendo lo
contrario se executar en ellas.

De Madrid  cinco de setiembre de mil y quinientos y noventa y seys
aos.

II. Por muy justas causas y consideraciones  mandado Su Majestad, que
en todos estos reynos no pueda aver sino ocho compaias de
representantes de comedias y otros tantos autores de ellas, que son
_Gaspar de Porras_, _Nicolas de los Rios_, _Baltasar de Pinedo_,
_Melchor de Leon_, _Antonio Granados_, _Diego Lpez de Alcazar_,
_Antonio de Villegas_, _Juan de Morales_, y que ninguna otra compaia
represente en ellos de lo cual se advierte  Vm. para que ansi lo haga
cumplir y executar ynviolablemente en todo su distrito y jurisdiccion, y
si otra cualquiera compaia representase proceder contra el autor de
ella y representantes, y los castigar con el rigor necesario, y en
ninguna manera permita que en ningun tiempo del ao se representen
comedias en monasterio de frayles ni monjas, ni que en el de la cuaresma
aya representaciones de ellas, aunque sea  lo divino, todo lo cual har
guardar y cumplir. Porque de lo contrario se tendr Su Magestad por
desservido.

De Valladolid 20 y seis de abril de 1603 aos.

En las _Relaciones_, ya citadas, de Luis Cabrera de Crdova, se lee:

Madrid 16 de henero 1599. Aviase proveido  instancia de los
Hospitales, que se representasen comedias por la mucha necesidad que
padecian los pobres sin el socorro que desto les venia, pero el Confesor
de S. M. lo ha resistido de manera que se ha mandado revocar la orden
dada.

Madrid, 17 de abril 1599. Tambien se ha dado licencia para que de aqui
adelante se hagan comedias en los Teatros como las solia haver, las
cuales dicen que se comenzarn  representar desde el lunes.

[118] En el _Tratado de las comedias, en el cual se declara si son
lcitas, y si, hablando en todo rigor, ser pecado mortal el
representarlas, el verlas y el consentirlas_, por Fructuoso Bisbe y
Vidal, doctor en ambos derechos: Barcelona, 1618, se anatematizan con el
mayor celo las comedias depravadas  inmorales, entre las cuales, segn
parece, se cuentan las ms famosas de esta poca. Es divertido con
extremo el siguiente prrafo, pg. 54 vuelta: El principio que tuvieron
en Alemania las herejas, fu por estas tales comedias: comenzaron poco
 poco  introducir representaciones de clrigos amancebados, religiosos
disolutos, monjas libres y desenvueltas y casamientos de religiosos con
religiosas. Con esto comenzaron  desestimar las personas, y viniendo
con las continuas representaciones  hacer los odos  esto, vinieron,
despus,  hacer de veras lo que al principio representaban de burlas y
as se casaron, pblicamente, religiosos con religiosas, con gravsimo
escndalo, y se vino  desestimar la religin y entrarse con esto otras
herejas, que era lo que el demonio pretenda.

[119] Otros las componen (comedias) tan sin mirar lo que hacen, que
despus de representadas tienen necesidad los recitantes de huirse y
ausentarse, temerosos de ser castigados, como lo han sido muchas veces,
por haber representado cosas en perjuicio de algunos reyes, y en
deshonra de algunos linajes. Y todos estos inconvenientes cesaran, y
aun otros muchos ms, que no digo, con que hubiese en la corte una
persona inteligente y discreta que examinase todas las comedias antes
que se representasen, _no slo aqullas que se hiciesen en la corte_,
sino todas las que se quisiesen representar en Espaa. Dedcese de las
palabras subrayadas, que entonces exista en Madrid censor de teatros
(y, en efecto, se encuentran antiguos manuscritos de Lope de Vega y de
otros,  los cuales acompaa la licencia del censor), pero muy
indulgente, al parecer, y no ms que para llenar una mera formalidad,
desapareciendo, poco despus, por completo. (V. las notas de Diego
Clemencn al _Quijote_, parte 1., cap. 8..)

[120] _Alonso, mozo de muchas amos_, compuesto por el Dr. Jernimo de
Alcal Yez: en Barcelona, por Esteban Libers, 1625, pg. 144 vuelta.

[121] Francisco de los Santos, _Historia de la orden de San Jernimo_,
parte 4., lib. II, cap. 1.--_Dichos y hechos de Felipe III_, pgs. 229
y 240.

[122] Navarrete, _Vida de Cervantes_, pg. 184.

[123] De las memorias de un Santiago Ortiz, escritas al comenzar el
reinado de Felipe IV, de las cuales trataremos despus, consta que los
directores de las compaas nada pagaban  las hermandades, sino que, al
contrario, reciban de ellas adelantos y auxilios en dinero.

[124] Pellicer, en su confuso y desordenado _Tratado histrico_, etc.,
nos habla de ellos sin reflexin ni crtica, refirindose unas veces 
los fondos de las hermandades, otras  los de las compaas, 
confundiendo los de unas y otras, y aumentando siempre con su obscuridad
y defectuoso mtodo las contradicciones que se observan en estos datos.

[125] Por lo curiosas daremos las noticias siguientes:

La suma anual que percibieron las cofradas, hecho el clculo al
finalizar el siglo XVI, ascendi  unos 14.000 ducados. Cada
representacin produca unos 300 reales, y una del 10 de agosto de 1603:

                                                     Reales.

    Las mujeres en la cazuela                            97
    Los hombres en el _patio, gradas, bancos_, etc 119
    _Los aposentos y desvanes_                      48
    _Las celosas y rejas_                          18
                                                        ---
                                       TOTAL            282


En esta cuenta no se comprende la suma que se reservaba el director de
la compaa.

[126] Mesonero Romanos, en un artculo titulado _Las casas y calles de
Madrid_, de mucho mrito y resultado de diligentes investigaciones, dice
(_Semanario pintoresco_) lo siguiente:

En los dos teatros populares de Madrid, as como en el suntuoso del
Buen Retiro, del Palacio y de las residencias Reales del Pardo y la
Zarzuela, brillaban indistintamente en su tiempo las musas populares de
Lope de Vega, Tirso, Moreto y Caldern; el primero, sin embargo,
prefera el teatro de la Cruz, y tambin el rey Felipe IV, que asista
de incgnito  sus funciones, pasando por la plazuela del ngel y por
una casa inmediata entonces al teatro,  incorporada despus en l, que,
segn nuestras noticias, era de D. Jernimo Villaizn. En este mismo
teatro representaban la aplaudida Mara Caldern, la no menos famosa
Amarilis (Mara de Crdoba) y la Antandra (Antonia Granados). D. Rodrigo
Caldern, el duque de Lerma y otros magnates, al contrario, concurran
ms al Prncipe, en donde tenan un aposento con celosas. Las famosas
actrices, posteriores  las antedichas, Mara Lavenant y Mara del
Rosario Fernndez (la Tirana), representaban comunmente en el Prncipe.

[127] Responder quera Don Quijote  Sancho Panza, pero estorbselo una
carreta que sali al travs del camino, cargada de los ms diversos y
extraos personajes y figuras que pudieron imaginarse. El que guiaba las
mulas y serva de carretero era un feo demonio. Vena la carreta
descubierta al cielo abierto, sin toldo ni zarzo. La primera figura que
se ofreci  los ojos de Don Quijote, fu la de la misma muerte con
rostro humano; junto  ella vena un ngel con unas grandes y pintadas
alas; al un lado estaba un emperador con una corona, al parecer de oro,
en la cabeza;  los pies de la muerte estaba el dios que llaman Cupido,
sin venda en los ojos, pero con su arco, carcaj y saetas; vena tambin
un caballero armado de punta en blanco, excepto que no traa morrin ni
celada, sino un sombrero de plumas de diversos colores: con stas venan
otras personas de diferentes trajes y rostros. Todo lo cual, visto de
improviso en alguna manera alborot  Don Quijote, y puso miedo en el
corazn de Sancho; mas luego se alegr Don Quijote, creyendo que se le
ofreca alguna nueva y peligrosa aventura; y con este pensamiento y con
nimo dispuesto de acometer cualquier peligro, se puso delante de la
carreta, y con voz alta y amenazadora, dijo: Carretero, cochero 
diablo,  lo que eres, no tardes en decirme quin eres,  do vas, y
quin es la gente que llevas en tu carricoche, que ms parece la barca
de Caron que carreta de las que se usan. A lo cual mansamente,
deteniendo el diablo la carreta, respondi: Seor, nosotros somos
recitantes de la compaa de Angulo el Malo; hemos hecho en un lugar que
est detrs de aquella loma, esta maana, que es la octava del Corpus,
el acto de las Cortes de la muerte, y hmosle de hacer esta tarde en
aquel lugar que desde aqu se aparece; y por estar tan cerca y excusar
el trabajo de desnudarnos y volvernos  vestir, nos vamos vestidos con
los mesmos vestidos que representamos. Aquel mancebo va de muerte; el
otro, de ngel; aquella mujer, que es la del autor, va de reina; el
otro, de soldado; aqul, de emperador, y yo, de demonio, y soy una de
las principales figuras del auto, porque hago en esta compaa los
primeros papeles.--_Don Quijote_, parte 2., cap. 11.

[128] _Don Quijote_, parte 1., cap. 12.

En la novela cmica _Alonso, mozo de mucho amor_ (Barcelona, 1625), se
lee la siguiente ancdota, relativa  este punto:

En un lugar de Castilla la Vieja, un da de Corpus, por la festividad y
regocijo, hicieron una representacin unos mozuelos labradores, y fu el
auto de la _Cena de Cristo Nuestro Seor_: psose en el tablado una mesa
muy bien aderezada; sentronse  comer los doce apstoles con su
Maestro; sacaron un cordero en una gran fuente de plata; hzose pedazos
y fueron comiendo de l, y de tan buena gana, como la que tendran de
almorzar unos mozos en lo mejor de su vida. El que representaba la
persona del glorioso evangelista San Juan, aunque estaba como dormido en
el pecho del Seor, como vea que los dems apstoles coman, de la
manera que poda, de cuando en cuando, sacaba la mano y coga del mejor
bocado del cordero, y ayudaba  sus compaeros. El que haca el
personaje de Judas, enojado con el apstol, viendo que no guardaba la
propiedad que deba, con mucha clera le dijo:--O sois San Juan  no
sois San Juan: si sois San Juan, dormid y no comis; y si no lo sois,
comed, y vaya otro  servir por vos.

[129] Cuenta el hroe de esta historia (pg. 136 vuelta), que mientras
sirvi en Sevilla  un director de escena, tena que escribir los
anuncios todas las maanas; despus, desde la una, estar de centinela 
la puerta del teatro; su amo acuda ms tarde, y se sentaba en el
despacho, envindolo al vestuario para cuidar de los cofres y de los
vestidos que haban de usarse en la comedia. Desempeaba  veces el
papel de dragn en las _comedias de santos_; otras veces el de muerto en
las piezas trgicas; luego haca de bailarn, etc.

[130] _Joco-Seria_, _Burlas veras  Reprehension moral y festiva de los
desordenes publicos en doce entremeses representados y veinte y cuatro
cantados_. _Van insertas seis Loas y seis Jcaras, que los Autores de
comedias han representado y cantado en los teatros de esta Corte._ Por
Luis Quiones de Benavente: Madrid, 1645, y Barcelona, 1654, fol. 1.--En
esta misma obra (fol. 816), se leen tambin los siguientes versos,
anlogos  los citados:

      Sabios y crticos bancos;
    Gradas bien intencionadas;
    Piadosas barandillas;
    Doctos desvanes del alma;
    Aposentos, que callando
    Sabis suplir nuestras faltas;
    Infantera espaola
    (Porque ya es cosa muy rancia
    El llamaros mosqueteros);
    Damas, que en aquesa jaula
    Nos dais con pitos y llaves
    Por la tarde alboreada:
    A serviros he venido.
    Seis comedias estudiadas
    Traigo, y tres por estudiar,
    Todas nuevas: los que cantan
    Letras y bailes, famosos, etc.

Estos versos de Benavente, que cita el Sr. Schack, han sido copiados del
libro que se titula _Coleccin de piezas dramticas, entremeses, loas y
jcaras, escritas por el licenciado Luis Quiones de Benavente, y
sacadas de varias publicaciones  de manuscritos recientemente allegados
por D. Cayetano Rosell, devotsimo del autor_, como uno de los _Libros
de antao, nuevamente dados  luz por varios aficionados_: Madrid,
librera de los Biblifilos, 1872. La obra consta de dos tomos, con
curiosas observaciones al final del primero; notas muy interesantes, y
distintos apndices al final del segundo, sobre los actores y actrices
de la poca.--(_N. del T._)

[131]

      Si hubiere quien tenga _ lengua_
    Como _ mano_ algn aplauso,
    Un vtor  otra moneda,
    En sta  otra ocasin
    Se lo pagar el poeta.

(Francisco de Rojas, _El ms impropio verdugo_,  su conclusin.)

[132] Cervantes, _Persiles y Sigismundo_, lib. III, cap. 2.--Guevara,
_El diablo cojuelo_, tranco 4.

[133] Montalvn, _Fama pstuma_.

[134] Lope de Vega dice expresamente (prlogo al tomo IX de sus
_Comedias_), que l no ha escrito ninguna comedia, para ser
trasplantadas del teatro al gabinete del lector.--El ejemplo de
Cervantes, que imprimi las suyas antes de ser representadas, quizs sea
el nico que nos ofrezca la literatura espaola de su poca.

[135] Son tiles para este propsito, entre las obras de Lope, sus
innumerables epstolas, las dedicatorias de sus comedias, y la segunda
parte de _La Filomena_ y _La Dorotea_. Segn parece, el poeta refiere en
la ltima, bajo del nombre de Don Fernando, las aventuras de una parte
de su juventud. Pero como la poesa puede ir mezclada con la realidad,
es conveniente no dar entero crdito  cuanto en ella dice, y en este
concepto el Sr. Fauriel no anda muy acertado, cuando (_Revue des deux
mondes_, cap. 19) considera como sucesos reales de la vida de Lope
cuantos en ella se refieren; lo contrario, aunque igualmente errneo, es
lo sostenido por un Sr. Damas Hinard (en la _Revue independante_), de
que toda la novela es una ficcin, puesto que el mismo Lope afirma ms
de una vez que la historia es verdadera, y que mucha parte de la vida de
Don Fernando concuerda con las vicisitudes bien conocidas de la suya.
Parcenos lo mas sensato adoptar un justo medio entre ambos extremos,
considerando  _La Dorotea_ como un auxilio para ilustrar la biografa
de nuestro poeta, siempre que sus indicaciones estn confirmadas por
otros datos autnticos.

[136] _Epstola de Belardo  Amarilis._

[137] En una coleccin de cartas de Lope de Vega al duque de Sessa, que
D. Agustn Durn ha copiado del original autgrafo, y que me ha dejado
examinar por la amistad que me profesa, se encuentra lo siguiente:

Yo nac en Madrid, pared en medio de donde puso Carlos V la soberbia de
Francia entre dos paredes, y, siempre que se ofrezca ocasin, har su
nieto lo mismo  ejemplo de su padre, pues de l y de San Quintn no se
podr olvidar las veces que entrare en San Lorenzo.

Segn Mesonero Romanos, el ms profundo conocedor de todas las
localidades de Madrid, Lope de Vega naci en la calle Mayor, y en la
casa, ahora de construccin moderna, nmeros 7 y 8 antiguos y 82
moderno, manzana 415. Como esta casa est situada cerca de la antigua
puerta de Guadalajara y de la plazuela de la Villa, en donde Francisco I
estuvo prisionero en la casa de los Lujanes, concuerda este dato con la
indicacin hecha por el mismo Lope de Vega. Es cosa notable que la casa,
en donde naci este gran poeta, estuviera frente por frente de aquella
otra, en la cual habit Caldern la mayor parte de su vida.

La coleccin epistolar mencionada, de cuya autenticidad no puede
dudarse, porque el mismo Durn asegura haberla copiado de las originales
autgrafas de Lope, y que adems ofrecen signos y caracteres intrnsecos
muy fidedignos, contiene muchas noticias insignificantes; pero hay otras
tiles para completar y confirmar la biografa de Lope.

Lo ms importante es el prrafo de una, fecha en Madrid  6 de julio de
1611, en que dice: Aqu paso, seor excelentsimo, mi vida con este mal
importuno de mi mujer, ejercitando actos de paciencia, que si fuesen
voluntarios como precisos, no fuera aqu su penitencia menos que
principio del Purgatorio, y otra de 7 de septiembre de 1611, en la cual
dice al duque que su esposa Juana est mejor. Dedcese tambin de ella
que Lope no entr tan pronto en el estado eclesistico como Navarrete
indica, y, siguindolo yo, repet despus... Algunas dudas se me
ocurrieron no se hubiese cometido algn error en la copia de la fecha;
pero, despus de pensarlo maduramente, he averiguado que otras
circunstancias confirman su exactitud. Sabemos por Montalvn que la
segunda mujer de nuestro poeta muri poco despus de su hijo Carlos;
pero entonces dedic Lope sus _Pastores de Beln_, cuya primera edicin
apareci en 1612 (la licencia es de noviembre de 1611),  este mancebo,
y no es posible admitir que, si al publicarse el libro, , por lo menos,
al escribirse para la impresin, no viviera ya, la dedicatoria no
llevara signo alguno de la pena de su padre. Adese  esto que en otra
carta de 4 de agosto de 1604 se dice que Juana da buenas esperanzas;
pero como nosotros slo sabemos de dos hijos, que Lope tuvo de su
segunda esposa (Marcela y Lope, el ms joven, fueron fruto de otras
relaciones amorosas), y como el nacimiento de su hija Feliciana coincide
con la muerte de su madre (epstola de Belardo  Amarilis), hay que
deducir que el hijo nacido de Juana,  mediados de 1603, fu este mismo
Carlos. Este muri, segn dice Montalvn,  la edad de siete aos, y,
por tanto, su muerte no pudo ocurrir antes de 1611; y si la fijamos 
fines del otoo de este ao (cuando _Los Pastores de Beln_ estaban ya
en prensa), hubo de vivir Doa Juana, por lo menos, hasta fines de 1612.
Lope pudo ser ya entonces hermano de cofradas, y slo ms tarde
ordenarse de sacerdote.

De la carta ltima,  que aludimos, y del contenido de otras, copio aqu
la parte de ellas, que ofrece algn inters para conocer la vida de Lope
 la historia del teatro, siendo digno de especial atencin lo que dice
de Cervantes, porque realmente da  entender que hubo enemistad grave
entre estos dos grandes hombres.

Toledo 4 de Agosto 1604. Yo tengo salud y toda aquella Casa. D. Juana
est para parir, que no hace menores los cuidados. Toledo est caro pero
famoso, y camina con propios y extraos al paso que suele; las mugeres
hablan, los hombres tratan, la justicia busca dineros, no la respetan
como la entienden, representa Morales, silvale la gente: unos caballeros
estn presos, porque eran la causa de esto: pregonose en el patio que no
pasase tal cosa, y asi apretados los Toledanos por no silvar se peen,
que para el Alcalde mayor ha sido doble desacato porque estaba este dia
sentado en el patio. Aplac esto porque hizo _La Rueda de la fortuna_,
comedia en que un Rey aporrea  su muger y acuden muchos  llorar este
paso como si fuera possible......

De poetas no digo muchos en cierne para el ao que viene, pero _ninguno
hay tan malo como Cervantes ni tan necio que alabe  D. Quixote_. Dicen
en esta ciudad que se viene la corte para ella. Mire Vd. por donde me
voy  vivir  Valladolid, porque si Dios me guarda el seso, no mas
Cortes, coches, caballos, Alguaciles, msicos, rameras, hambres,
hidalguias, poder absoluto y sin P... disoluto, sin otras sabandijas que
avia ese Oceano de perdidas y escuela de desvanecidos... no mas, por no
imitar a Garcilaso en aquella figura _Correctionis_ quando dijo

    A satira me voy mi paso  paso,

_cosa para mi mas odiosa que mis librillos  Almendares y mis Comedias 
Cervantes_.

Si all murmuran de ellas _algunos_ que piensan que las escribo por
opinion, desengaeles Vm. y dgales que por dinero.

Carta sin fecha: Estos dias he escrito un libro que llamo _Pastores de
Belen_, prosa y versos divinos  la traza de _La Arcadia_. Dicen mis
amigos, lisonja aparte, que es lo mas acertado de mis ignorancias, con
cuyo animo le he presentado al Consejo y le imprimir con toda brebedad,
que ha sido devocion mia, y aunque de materia sagrada, tan copiosa de
historia humana y divina que pienso ser recibido igualmente.

Carta sin fecha: No hay ac cosa nueva mas de que el gran Morales vino,
y anoche estaban Pastrana, etc., la Seora Josefa Vaca descolorida y
menos arrepentida. Hicironles bayles, vilos desde la calle por la reja,
y habiendo dicho Victor, respondi dentro Pastrana: Esto habiamos de
decir nosotros, y llovieron albricias de boca por todo el aposento.

Carlos anda con calzones, dice que desea que V. E. le vea.

Toledo  4 de Septiembre de 1605. Mi Jerusaln enviela  Valladolid
para que el consejo me diese licencia. Imprimirela muy  prisa y el
primero tendr V. E. Es cosa que he escrito en mi mejor edad y con
estudio diferente que otras de mi juventud, donde tiene mas poder el
apetito y corazon.

Lerma  19 de Octubre de 1613. Ya, Seor Exmo., estamos de partida para
Ventorrilla. El miercoles se har en aquel jardin, si quiere el agua, la
comedia de estos caballeros y luego tomar yo, si Dios fuese servido, el
camino de mi casa para servir  V. E., como deseo...--Muy metidos
estamos en hacer Dragones y serpientes para este teatro; pudiera
ahorrarse la costa con darnos algunas de estas Seoras mondongas...--De
Madrid me han escrito que por pregon pblico se ha prohibido que las
mugeres no vayan  la Comedia, no se que se murmura aqu acerca de la
causa.

La noticia que doy de que Lope se cas con Isabel de Urbina,
inmediatamente despus de su vuelta de Inglaterra, se ve confirmada por
la siguiente ancdota, por otra parte, insignificante, que cuenta en una
carta sin fecha, porque no es posible suponer que, en caso contrario,
refiriera de s mismo lo que dice:

Quiero contarle  V. E. un cuento, y es, que llegando yo mozuelo 
Lisboa quando la jornada de Ingalaterra se apasion una cortesana de mis
partes y yo la visit lo menos honestamente que pude. Dile unos
escudillos, reliquias tristes de las que habia sacado  una vieja madre
que tenia, la qual con un melindre entre puto y grave me dijo asi: No me
pago cuando me huelgo.

Carta sin fecha: No se si es sobra de tiempo  falta de gusto juntar V.
E. estos papeles que me escribe, pero de cualquiera suerte quisiera que
fueran, ya que ignorancias mias, en su original por lo menos, por que
aunque tengan los nombres no sern mias, pues de partos y adulterios ya
no tendrian la primera forma que les di en sus principios. Lian hizo
algunas y yo las vi: del _Cid_ eran dos, una de la _Cruz de Oviedo_ y
otra que llamaban la _Escolastica_, de Brabonel tambien, y de un _Conde
de Castilla_: no se que escribiere otras: De _Lupercio_ hubo algunas
tragedias, pienso que buenas, lo que permiti aquel siglo en que ni los
ingenios eran tantos ni los ignorantes tan atrevidos....... Se
entretuviera mucho V. E. viendo tanto representante con el luto en los
estmagos que es cosa lastimosa. Todos se han venido aqu, que como es
el corazon este lugar no hay parte necesitada que no le pida favor.

Merece notarse, como consta de la fecha de otras cartas, que Lope
residi en Toledo,  fines de julio de 1610, y desde el 15 al 22 de
marzo de 1611.--El Marqus de Pidal posee otra coleccin de cartas
autgrafas de Lope de Vega al duque de Sessa.

[138] _Libro de la vida del V. Bernardino de Obregn_, por D. Francisco
de Herrera y Maldonado, pg. 265 b.

[139] Nicols Antonio.

[140] Montalvn, _Fama pstuma_ en _Las obras sueltas_, tomo XX.

[141] Ibid., y en _Filomena_, pg. 2.

[142] _Arte nuevo de hacer comedias._

[143] _Vida del V. Bernardino de Obregn_, por Herrera, pg. 265.

[144]

    As desde las Indias  Valaquia
    Corra tu nombre y fama,
    Que ya por nuestra patria se derrama
    Desde que viste la morisca puerta
    De Tnez y Biserta.
    Armado y nio en forma de Cupido,
    Con el marqus famoso
    Del mejor apellido,
    Como su padre, por la mar dichoso,
    No siempre has de atender  Marte airado
    Desde tu tierna edad ejercitado.



[145] Vanderhamen, _Historia de D. Juan de Austria_, lib. IV.--Torres
Aguilera, _Crnica de varios sucesos_, parte 3., caps. 7. y
8.--Babia, _Historia pontificia_, parte 3., cap. 7.

[146] Vanderhamen, libs. IV, V y VI.

[147] V. las _Memorias de la Academia de la Historia_, tomo VI, apndice
13.--Francisco I, durante su forzosa permanencia en Espaa, exclam,
admirado de la extraordinaria juventud de muchos soldados espaoles:
_Oh bienaventurada Espaa, que pare y cra los hombres armados!_--L.
Marineo, _Cosas memorables_, lib. V.

[148] Dedicatoria de _Pobreza no es vileza_, tomo XX.

[149] Si la historia de Fernando, en _La Dorotea_, fuese idntica en
todo  la de Lope, como lo es en algunos puntos, hubo de ir  la
Universidad  los diez aos y abandonarla  los diez y siete; pero lo
primero concuerda difcilmente con los otros datos. Atenindonos tambin
 _La Dorotea_, sus padres hubieron de morir mientras l resida en
Alcal, apoderndose de sus bienes un malvado, que huy con ellos 
Amrica.

[150] _Epstola de Belardo  Amarilis._

[151] _Epstola al Dr. Gregorio de Angulo._

[152] En la _Filomena_ se llama Elisa  Dorotea, y Nise  Marfisa.

[153] Dice as:

    Ni mi fortuna muda,
    Ver en tres lustros de mi edad primera
    Con la espada desnuda
    Al bravo portugus en la Tercera,
    Ni despus, en las naves espaolas,
    Del mar ingls los puertos y las olas.

La nimia precisin con que se expresa este poeta espaol, hablando de
aquel tiempo, nos inclinara acaso  interpretar las palabras _tres
lustros_ por quince aos, y as se ha hecho, en efecto. (Vase un
artculo sobre la vida de Lope, inserto en el cap. 19 de _La Revue des
deux mondes_.) Pero el suceso,  que alude, ocurri en el ao 1577, y no
concuerda con la historia, que nada nos habla de expedicin alguna en
dicho ao contra las islas Azores. Para m las palabras citadas han de
entenderse _durante tres lustros_, y opino que Lope se refiere  todo el
tiempo en que sirvi como soldado, comprendiendo, por tanto, el
principio de su carrera militar, esto es, su primera expedicin  la
costa de frica. Este espacio de tiempo abraza justamente unos quince
aos, desde 1573  1588.

[154] Herrera, _Historia de Portugal_, lib. IV.--Mosquera de Figueroa,
_Comentario de la jornada de las islas de las Azores_, lib. I, fols. 14
y siguientes.--Miana, en su _Continuacin  Mariana_, tomo III, lib.
VIII, cap. 10 de la edicin en folio.

[155] Miana, A., cap. 12.--Herrera, lib. V.--Mosquera de Figueroa, lib.
II, fols. 58 y siguientes.

[156] _Dorotea_, lib. V.--_Filomena_, parte 2.

[157] Dedicatoria de _Querer la propia desdicha_  Claudio Conde (vol.
XV).

[158] En una jornada de mar, donde con pocos aos iba  exercitar las
armas, forzado de mi inclinacion exercit la pluma, donde  un tiempo
mismo el general acab su empresa y yo la mia. All, pues, sobre las
aguas entre jarcias del galeon Sant Juan y las vanderas del Rey
Catholico escrib y traduxe de Turpino estos pequeos cantos:  cuyas
_Rimas_ puse despues la ltima lima... Las palabras _acab su empresa_
aluden  otra expedicin, diversa de la dirigida contra Inglaterra, que
fracas por completo.

[159] Baena, _Hijos ilustres de Madrid_, tomo I, pg. 309.--Navarrete,
_Vida de Cervantes_, pg. 248.--Pellicer, _Vida de Cervantes_, pg. 193.

[160]

      Esta historia verdadera
    Que hall su autor en Italia
    Del Caballero de Illescas.

(_Comedias_ de Lope de Vega, parte 14.)

[161] Dedicatoria de _Las Almenas de Toro_, parte 14.

[162] Dorotea, lib. V. La _Egloga  la muerte de Doa Isabel de Urbina_,
por D. Pedro Medina de Medinilla, entre las poesas que siguen  _La
Filomena_, y el verso citado antes, de la _Egloga  Conde_, cuyas
palabras, _hasta que en Alba fu mi noche obscura_, se explican y
completan mutuamente.

[163] As se deduce de un soneto y de un epigrama latino, que se
encuentran en _Las Rimas_, de Lope de Vega. (Parte 1., soneto 178.)

[164] Por el inters que ofrece, en cuanto se refiere  la familia de
Lope, es digno de nota el prrafo siguiente de la dedicatoria de _El
Valor de las mujeres_ (impresa en 1623 del tomo XVIII de sus
_Comedias_): Marcela es ya monja descala. Lope est en Sicilia con el
excelentsimo marqus de Santa Cruz, mi seor y mi protector.

[165] Epst.  D. Francisco de Herrera.

[166] _Fundacin y fiestas de la congregacin del Oratorio de la calle
del Olivar_, por D. Josf Martnez de Grimaldo. Madrid, 1657, IV, flio
24.--Navarrete, _Vida de Cervantes_, pg. 468.

[167] D. Agustn Durn posea un cuaderno autgrafo de Lope, que
contiene escritos suyos diversos, y entre ellos algunas poesas lricas
inditas. Muchos de sus renglones aparecen rayados con innumerables
enmiendas y adiciones. Es notable el plan de una comedia _La palabra
vengada_, algo detallado, que se encuentra tambin en este cuaderno.

[168] Dieze, en sus notas  Velzquez y Navarrete, en la _Vida de
Cervantes_, dice que el _Arte nuevo de hacer comedias_ es del ao 1602;
Moratn le atribuye la fecha de 1609, y este dato parece el verdadero,
porque el nmero de comedias, compuestas por Lope, que indica aqu,
concuerda con el sealado por Pacheco en su apologa del poeta, que
precede  _La Jerusaln conquistada_, y excede considerablemente al
expresado en el prembulo al _Peregrino_ en 1603.

[169] Cristbal de Mesa, _Rimas_: 1611, fols. 187 y 216.--Artieda,
_Discursos y epigramas_, fol. 87.--Villegas, _Erticas_, epst.
7.--Figueroa, _El pasajero_: Madrid, 1607, fols. 103 y 108.

[170] Len Pinelo, en sus _Anales de Madrid_, no impresos, habla as de
la fama y admiracin general de que goz Lope de Vega:

Lleg  conseguir tanta estimacion para con todos, que se puede
advertir de esto tres raras circunstancias que de otro ninguno se dicen:
la primera, que no hubo en Espaa grande, ttulo, prelado, caballero,
ministro, religioso ni hombre de calidad, letras y partes que no le
buscase, y si se ofrecia no le diese con mucho gusto su lado y su mesa.
Y de fuera de Espaa le comunicaron todos los grandes ingenios, y hasta
el pontfice Urbano VIII, de feliz memoria, que no habia persona de
cualquier habilidad ingenua en toda Europa de quien no tuviese
particular noticia. La segunda circunstancia fu la estimacion que le
di el pueblo donde quiera que estuvo, y particularmente en esta corte,
donde en oyndole nombrar los que no le conocian se paravan en las
calles  mirarle con atenzion, y otros que venian de fuera luego le
buscavan y  vezes le visitavan solo por ver y conocer la mayor
maravilla que tenia la corte, y muchos le regalavan y presentavan
alhajas, sin ms ttulo que el de ser Lope de Vega, y si llegava 
comprar cualquiera cosa de mucha  poca calidad, en saviendo que era
Lope de Vega, se la ofrezian dada  se la vendian con toda la cortesa y
baja de valor que les era posible; la terzera es notable que dieron en
Madrid, ms de veinte aos antes que muriese, ese dezir por adagio 
todo lo que queran zelebrar  alavar por bueno, que era de Lope, los
plateros, los pintores, los mercaderes, hasta las vendedoras de la
plaza, por grande encarezimiento, pregonavan fruta de Lope, y un autor
grave, que escribi la historia del seor D. Juan de Austria, para
levantar de punto la alavanza, dijo de uno que era capitan de Lope, y
una muger, viendo pasar su entierro, que fu grande, sin saver cuyo era,
dijo que aquel era entierro de Lope, en que acert dos vezes.

Despus de describir prolijamente Len el entierro de Lope, dice del ao
1636:

En este insigne ingenio tuvieron principio las comedias en la forma que
hasta oy permanezen, y con su muerte han ydo descaeziendo, de modo que
el Doctor Montalvan, en el ao de 1632, pone setenta y siete poetas, de
que refiere los nombres, y los ms escrivian comedias; oy no podremos
sealar quatro que se apliquen  esta ocupazion, y as se van
despoblando los Theatros y desaciendo las compaas de la farsa.

[171] Pinelo, _Anales de Madrid_, manuscrito del ao 1635.--Francisco
Manuel de Melo, _Aplogos dialogales_: 1657, pg. 635.--Quevedo, en las
_Obras de Burguillos_.--Montalbn, I, c.

[172] Fabio Franchi, el editor de las exequias poticas  italianas de
Lope, dice as: Negli anni del 30, 31, 32, che mi trovai en Madrid,
conobbi e practicai il famosissimo poeta spagnuolo Lope de Vega, 
sebbene mio principal fine di audare in Spagna doveva essere per
conoscere quest'insigne homo, fu almeno la cosa, che portai piu
racomandata al mio desiderio, e con ragione, per che trovai in quel
fertilissimo ingegno ed erudito soggetto, che la fama era menore del suo
merito. Lo practicai secretamente, e posso dire, che in tre anni nessuna
commedia sua usci in teatro, che io non la sentissi una o due volte,
trovando sempre che ammirar di nuovo. In fine ricco di tutte le sue
opere stampate e di molte manuscritte ed obbligato delle sue cortesie me
sie tornai in Italia, dove feci invidia a quelli, que mi sentivano dire
aver praticato il gran Lope de Vega. Dopo continuai seco la
corrispondenza, finche intesi el suo passaggio  miglior vita.--Essequie
poetiche en _Las Obras sueltas_, tomo XXI, pg. 3.--En los aos 30, 31
y 32, en que estuve en Madrid, conoc y trat al famossimo poeta
espaol Lope de Vega; y como mi principal objeto al encaminarme  Espaa
fu conocer  este hombre extraordinario, una vez logrado, fu tambin
satisfecho mi ms vehemente deseo, hallando, al tratar  tan fecundsimo
ingenio y erudito, que su fama era inferior  su mrito. Lo trat
privadamente, y puedo decir, que, por espacio de tres aos, no se
represent comedia alguna suya, que yo no viese una  dos veces,
encontrando siempre en ellas algn nuevo motivo de admiracin. Rico al
fin con todas sus obras impresas y muchas manuscritas, y con un vivo
recuerdo de su cortesa, regres  Italia, excitando la envidia en
cuantos me oan decir que yo haba tratado al gran Lope de Vega. Despus
continu con l en correspondencia, hasta que supe su paso  mejor
vida.--(_T. del T._)

[173] La _Spongia_, de Torres Rmila, ha desaparecido, segn se cree,
sin dejar rastro ni huella; pero su refutacin, por Francisco Lpez de
Aguilar, da una idea de la misma. Adems, siendo tan rara esta
refutacin, no parece intil extractar algo de ella, para comprender la
crtica de aquel tiempo. Se titula as: _Expostulatio Spongiae a Petro
Turriano Ramila nuper evulgatae. Pro Lupo a Vega Carpio, Poetarum
Hispaniae principe. Auctore Julio Columbario B. M. D. L. P. Item
Oneiropaegnion et varia Illustrium Virorum poemata. In laudem ejusdem
Lupi a Vega V. C. Tricassibus Sumptibus Petri Chevillot_: anno
1618.--Rmila haba dicho, aludiendo  Lope: Quantos comoediarum
acervos aspero nummo histrionibus recitandos commissisti, in quibus
plerumque ineptire soles!--Cun grande muchedumbre de comedias, llenas
de ordinario de sandeces, diste  recitar  los comediantes con
trabajosa ganancia!--(_T. del T._)--El pseudnimo Columbarium (esto es,
Aguilar), le contesta de este modo: O urbanam hominis frontem! qui sic
Apollinem nummorum dispensatorem credit, ut alumnis suis cum poeseos
splendore divitias putet erogare? Falleris graviter, si credis, musas
etiam de egestate cogitare et ut poeticae facundiae ita divitiarum
thesauros dominio suo coercere. Pauci certe sunt (in Hispania praecipue)
qui carminibus suis e magnatum domibus fortunam deduxerint.--Oh,
frente urbana de hombre! Qu, crees  Apolo dispensador de dineros, de
suerte, que  sus discpulos concede riquezas  la vez que el esplendor
de la poesa? Gravemente te engaas si piensas que las musas se
preocupan de la pobreza, y que se hallan bajo su dominio tesoros de
riquezas como de facundia potica. Pocos hay seguramente (y ms en
Espaa), que hayan logrado con sus versos adquirir una fortuna en los
palacios de los grandes.--(_T. del T._)

Rmila lo atacaba tambin de esta manera: Bellerophonti quotidie
admoves soccos et cursitando defatigari non cessas, ut doctisimus in te
scripserat cordubensis, cujus admirandae posteritati carmina canis
potins quam canus allatras et mordes in theatro.--Cada da arrimas los
zuecos  Belerofonte, y no cesas de fatigarle corriendo, como haba
escrito contra ti el doctsimo cordobs,  cuyos versos, que han de ser
admirados por la posteridad, can, ms que cano, ladras y muerdes en el
teatro.--(_T. del T._)--A lo cual responde Aguilar: Sciscitari parum 
te lubet; quando ullos Gongorae versus Lupus noster censoria virgulo
notaverit? Quando ipsum in theatro traduxerit? Intonuerat in illum
foedis vocibus et magnos viros in Lupi odium concitarat, de ipsius
versibus nulla non muginabatur et per suae (ut ita loquar) dicacitatis
emissarios libellos volaticos evulgarat, cum ne verbum quidem ullum
respondisset Vega, majoris animi esse ducens sola se modestia
vindicare.--Tienes  bien hacernos saber cundo nuestro Lope deprimi
con su censura verso alguno de Gngora? Cundo lo present tampoco en
el teatro? Se haba desencadenado contra l con palabras descompuestas,
y haba excitado  aborrecer  Lope  algunos magnates; refunfuaba de
sus versos, y adems (para hablar as), haba publicado libelos hijos de
su mala voluntad, sin responderle Vega palabra alguna, y teniendo por
ms digno vindicarse slo con su modestia.

Rmila haba echado en cara  Lope su ignorancia del latn, y esto da
motivo  su defensor para escribir la siguiente diatriba: O ineptam
criminandi licentiam et absurdum invidiae commentum, ei Romanae linguae
inscitiam objicere, qui toties diversis Galliae, Italiae aliarumque
nationum hominibus scripsit, toties incredibili styli suavitate
respondit. Qui toties non vulgati saporis versus Ibericae Musae
intertexuit, toties Heroum Hispanorum facta latino carmine celebravit.
Testes vos facio, celebres tota Hispania Academi, quae alumnum vestrum
e luce palam publicis honoribus decorastis!--Oh licencia estpida de
acusar, y absurdas fbulas de la envidia, calificar de ignorante de la
lengua Romana  quien respondi tantas veces con increible suavidad de
estilo  diversos franceses, italianos y de otras naciones; el que
tantas veces interpol entre sus versos espaoles otros de lengua no
vulgar, y tantas veces celebr en versos latinos las hazaas de los
hroes espaoles! Testigos sois vosotras, Academias famosas en toda
Espaa, que  vuestro discpulo dispenssteis pblicamente vuestros
honores. (_T. del T._)--Rmila haba dicho tambin, que pecaba la
_Jerusaln_ por no guardarse en el hroe la unidad debida, y que la
buena memoria del rey Alfonso padeca con invenciones poticas
deshonrosas, y que la _Anglica_, la _Arcadia_ y la _Dragontea_, eran
ridculas, etc. La rplica de Columbario  todos estos ataques, es vaga
y llena de generalidades. Ms digno de atencin, aunque lleno de las ms
exageradas alabanzas al poeta, es lo que dice un cierto Alfonso Snchez
en un apndice  la obra citada. (Magistri Alphonsii Sanctii, Viri
eruditisimi et Sacrae linguae in Complutensi Academia Profesoris
publici. Primarii Appendix ad expostulationem Spongiae.) Establece como
principios que:

Artes  natura profectas.

Licere prudenti doctoque, in repertis artibus mutare plurima.

Non debere naturam ubique servare artem aut legem, sed dare.

Lupum novam poematis artem condere potuisse In Lupo omnia secundum
artem quod ipsi sit ars.

Lupum veteres omnes poetas natura superasse.

Que las artes son hijas de la naturaleza.--Que es lcito al docto y
prudente mudar muchas cosas en las artes existentes.--Que la naturaleza
nunca debe guardar arte ni ley, sino darlas.--Que Lope pudo fundar un
poema nuevo en virtud de otra arte nueva.--Que en Lope todo es con
arreglo al arte, porque l mismo es arte.--Y que Lope, por su
naturaleza, haba aventajado  todos los poetas antiguos. (_T. del
T._)--Despus intenta desenvolverlos en forma de disputa acadmica,
empleando ms bien declamaciones que argumentos. A continuacin copiamos
algunos prrafos de su apologa.

Ille (Lupus) excusat comoedias ita inventas prosequuntum, ne a more
patrio discederet, non esse tamen veteri more a se compositas. Sed quid
ad te, magne Lupe, comoedia vetus, qui meliora multa sculo nostro
tradideris, quam Menauder, Aristophanes et alii suo. Est in pretio
antiquitas, quia prima, et longinquitas parit venerationem. Sed stet
illis sua laus sine fraude, tibi gloriam inmortalem praesentia seacula
impartiantur, futura servent. Scriptum reliquit Cicero, illum esse bonum
Oratorem qui multitudini placet. Consule ergo multitudinem, nemo
discrepat, omnes uno ore id optimum, quod Lupus dixerit, id pro lege
normaque poematis. Hic siste parumper el admirandum famam, gloriamque
singularem contemplare, quam nemo mortalium, ut, opinor, est adeptus.
Omnis conditionis sexus, omnis et aetas, cum quid optimum probat, id a
Lupo esse decit. Optimum et aurum, argentium, esculenta, poculenta et si
quae ad usum humanae naturae alia, elementa denique ipsa  Lupo; rebus
inanimatis vulgus nomem Lupi indidit, detulit illi sceptrum plebs, boni
libentes, mali inviti regnum attulerunt, jure ergo regnat inter poetas

      Velut inter ignes
    Luna, mnores.


Sic ergo ut Rex jus dici poetis, ipse supra jus poetarum, ipsi sibi
ratio normaque poematis, quod sibi visum id ratum firmumque esto. Si
quid tibi ab illo factum dictumve in poemate contra jus fasque poeseos
esse videtur: non assequeris, causa latet, ille novit, tu pare illius
imperio, sic Rex jubet, jus regni est jura dare, non accipere. Hoc tibi
suadeas, tantam gloriam in scribendo assequuntum, quantum nemo unquam
superioribus seculis, sive de literis sive de armis sit sermo,
comparavit Lupus rebus omnibus, quae meliores esse probantur, nomem
imposuit suum, et tune dubitas novam poesos artem posse condere? id modo
flagitat natura, postulat saeculi conditio, res denique poseunt.
Ciceronis orationis hodie in admiratione habemus, si tamen  diis
manibus venisset Cicero et in Complutensi theatro unam ex illis
repeteret, prae molestia omnes dilaberentur. Quia natura rerum ingenia
hominum priscia illa fastidiunt, nova ergo invenienda, sequendum quo
natura, ne deseramur. Tempere quo Mena floruit, ipse fuit Hispanus
Ennius, Pacuvius et Livius, ecce vetus poema. Sequitur Garcias Lassus,
qui poema excoluit, sylvas, bucolica et amores in duxit, en medium.
Postremo Lupus, et novum, et noster Maro Ovidiusque, sic eum libet
appellare, non Terentium; Natura Maro et Ovidins est.--Si Epici poematis
nobis artem reliquisset Maro, non sequeremur? At quia Lupus dat
respuemus? An fecundius illi ingenium, quia e Latio, isti non ita, quia
ab Hispania? Profecto hic apud nos multo magis floret, quam Maro et
Ovidius apud Romanos floruerunt; ingrata patria, quae exteros adorat,
cives suos debito fraudat honore.--Non solum ergo novam artem posse
tradere ad poemata judico, sed omnibus eum tanquam artem et poetices
omnis regulam praeponerem, quem sequi imitarique deberent. Quae eum
facit, ea hodie natura, mores et ingenia poseunt, ergo arte facit, quia
sequitur rerum naturam. Contra si ad regulas veterumque leges Hispano
componeret, contra naturam rerum et ingenia faceret.--Restat ergo apud
Hispanos Lupum nihilsine arte imo omnia artificiose _prudenter que_
scribere, ipsumque sibi et aliis artera esse.--Excsase (Lope) de
escribir as las comedias, tales cuales eran, porque de hacerlo con
sujecin  la antigua usanza, se apartara de las costumbres patrias.
Pero, qu te importa oh gran Lope! la comedia antigua, cuando compones
muchas en nuestro tiempo mejores que las que Menandro, Aristfanes y
otros legaron al suyo? Valor tiene la antigedad, y su prelacin y
lontananza grangea la veneracin. Pero sin disminuir por malas artes su
gloria, lo presente te galardona con fama imperecedera, y lo futuro te
la conservar.... Cicern dijo que es buen orador el que agrada al
pueblo.

Complcele, pues, que ninguno discrepa de opinin; antes todos claman
unnimes que lo ptimo es lo que Lope dijere, y esta ley es regla
potica. Detente breve espacio, y contempla el renombre maravilloso, el
lustre singular, que ningn otro mortal ha jams alcanzado. Hombres y
mujeres de cualquier clase, edad  condicin, para calificar lo ms
selecto, llmanle de Lope. El oro, la plata, los vveres, las bebidas, y
cuanto sirve  los gustos humanos, si es exquisito, de Lope se apellida;
hasta para las cosas inanimadas nombra el vulgo  Lope, y la plebe le ha
dado el cetro, de buen grado los buenos, los malos acatan contra su
voluntad su soberana, y con razn reina entre los poetas.

      Como la luna
    Entre los astros inferiores.

As como Rey da leyes  los poetas, y l es superior  toda ley
potica, razn y norma de la poesa, y su opinin ha de ser obligatoria
y firme para los dems. Y, si al parecer, hace  dice poticamente algo
contra las leyes y conveniencias poticas, aunque no lo explique, sus
motivos tendr, y bstete obedecerlo, porque como soberano de su reino,
da leyes y no las admite. Hay que convencerse de que son tan celebrados
sus escritos, que nunca, en siglos anteriores, lo fu tan famoso ninguno
en letras ni en armas.--Si Lope ha impuesto su nombre  todo lo superior
que existe, es posible dudar de que ha podido establecer nuevas reglas
 la poesa? Demndalo la misma naturaleza, pdelo la condicin de
nuestro siglo, la necesidad lo exige. Si hoy admiramos las oraciones de
Cicern, cierto es tambin, que si Cicern resucitase y repitiese una de
aquellas en el teatro complutense, cansara  todos hasta el extremo,
porque es conforme  la naturaleza de las cosas que las antiguas
invenciones aburran, y que lo nuevo, si es tambin natural, agrade.
Mena, Envio, Pacunio y Livio espaol, escribi la poesa antigua; la
media, Garcilaso, que puliment sus versos, y describi las selvas y los
amores pastoriles, y Lope, por ltimo, la nueva, y es nuestro Marrn y
nuestro Ovidio, porque tal es su nombre, no el de Terencio, puesto que
la naturaleza lo ha hecho Marrn y Ovidio.--Si Virgilio nos hubiese
dejado un arte de escribir la epopeya, no la seguiramos? Y porque es
de Lope la rechazamos? Es acaso ms fecundo el ingenio del uno, porque
es del Lacio, que el del otro, por ser de Espaa? Seguramente florece
ste mucho ms entre nosotros que Virgilio y Ovidio florecieron entre
los romanos. Ingrata es la patria, que adora extraos, y priva  sus
hijos del honor debido.--Creo, no slo que puede trazar nuevos preceptos
para escribir poemas, sino que prefiero  todos esos preceptos, por ser
como arte y regla de toda potica, digna de ser seguida  imitada. Lo
que hace es, porque as lo pide hoy la naturaleza, las costumbres y los
ingenios, y por tanto lo hace con arte, puesto que se ajusta  la
naturaleza de las cosas, y, por el contrario, se opondra  esto, y  lo
que exigen los ingenios modernos, si compusiese con sujecin  las
reglas de los antiguos, forzando en este molde las leyes espaolas....
Por ltimo, es corriente entre los espaoles, que Lope nada escribe sin
arte, sino que, antes bien, artificiosa y prudentemente, y l mismo es
arte para s y para los otros.

A la conclusin entona el pomposo himno siguiente: Facilis est in
faciendo versu Ovidius et dulcis, nullum que reperies apud latinos
suaviorem et ad poeticen thabiliorem. At in his non sequitur Lupus
noster, sed praecedit, in facilitate par, in suavitate praestantior, in
natura superior, in dissolutionibus nulli comparandus, in
translationibus et allegoriis admirabilis, in omnibus quae pertinent ad
artem quam natura postulat. Ipse videtur natura ipsa eloquens, quae se
exprimit, im plurimis inimitabilis, in multis quem imitare non possis
quod supra ingenia. Corpus vero poematis sic ornat, componit et
illustrat, ut nihil  symmetria et pulchritudine discrepet, imo sic
aptat, ut non ab humano ingenio, sed ab ipsa natura profectum esse
videatur. In latinis paucos reperies illi pares in aliquibus, in omnibus
neminem. In Graecis multo plures. Est in Latinis Maro divinus, hujus
tamen Aeneidam ad Jerusalem Lupi appone. Grandis est in illa Maro,
grandior in ista Lupus... In Latinis non est cumquo Draconteam aut
Angelicam componas... Sed quid plura pro Lupo tota acclamanti et
consentiente rerum natura, mirante seculo! Non omnes ad omnia nati.
Illi soluta claruit oratione, astricta alter, et alii quiden ad Heroica,
alii ad dithyrambos nati; sicut in discipliniis aliis Theologi,
Philosophi et Medici, Mathematici alii, non enim in omnibus omnia. At in
Lupo tam admirabile ingenium, et ad omnia facile, ut qui modo in uno
genere floreat, in altero regnare videatur, sic in omni poemate est
Lupo, et omnia poemata in Lupo exculta perfectaque. Quare procul livor
et invidentia, quamvis invidiosus existat, quia extra omnes aut supra
invidentiam est Lupus. Soli ne invideant astra, lumen accipiant et
sileant. Nam simul ac Sol is te Hispaniae affulsit nostrae, nulla visa
sunt astra poetarum nisi noctu. Vive diu:

      Vir Celtiberis non tacende gentibus
    Nostraeque lans Hispaniae.

Te Musarun Chorus adoret, Apollo illis praesidere te annuat, et in
magno deorum Concilio aurea sede juxta se Jupiter assidere jubeat inter
duas perpetuas comites, Minerva et Venerem, Gratiis, Musis deabus
acclamantibus. Dicite, Io Paean!

Fcil y dulce es Ovidio haciendo versos, y ningn otro se encontrar
entre los latinos ms suave y ms hbil para la potica. Pero Lope el
nuestro no le sigue, sino que le precede y lo iguala en la facilidad, lo
excede en la suavidad, es superior naturalmente, incomparable en los
desenlaces, admirable en sus figuras y alegorias, y en cuanto pertenece
al arte natural. Es elocuente por si, siguiendo slo su natural impulso,
casi siempre inimitable, no pudiendo imitrsele en muchas cosas por ser
superiores  los ingenios naturales. Adorna, compone  ilustra el cuerpo
del poema de tal modo, que todo es simtrico y bello, y de tal manera lo
dispone, que no parece obra de humano ingenio, sino de la misma
naturaleza. Pocos se encontrarn entre los latinos que le igualen en
algunas prendas; pero en todas, ninguno. Entre los griegos hay ms.
Virgilio Marn es divino entre los latinos; pero compara su _Eneida_ con
la _Jerusaln_ de Lope. Grande es Marn en aqulla, mayor Lope en sta.
Entre los latinos no hay con qu comparar  la _Dragontea_ y la
_Anglica_. Pero,  qu hablar ms en favor de Lope, cuando lo aclama y
ayuda la misma naturaleza, maravillndose el siglo? Todos no nacen para
todo. Uno se hace famoso con la prosa, otros con el verso; unos han
nacido para lo herico y otros para los ditirambos, como en las ciencias
unos son telogos, otros filsofos y mdicos, otros matemticos, y no
todos descuellan en todo. Pero el ingenio de Lope es tan admirable y tan
flexible para todo, que brilla en un gnero literario y en otro parece
ser soberano. As, en toda composicin se encuentra  Lope, y todos los
gneros poticos han sido cultivados y perfeccionados por Lope. Lejos,
pues, malevolencia y envidia, aunque el envidioso exista, porque sobre
una y otra est Lope! No envidien los astros al sol, sino reciban su luz
y se callen. En cuanto brill este sol en Espaa, ningn astro potico
se vi ya sino de noche. Vive, pues, perpetuamente!

      Vir Celtiberis non tacende gentibus,
    Nostraeque laus Hispaniae.

Adrete el coro de las musas, concdate Apolo presidirlas, y mande
Jpiter que en el Gran Consejo de los dioses te sientes  su lado en
silla de oro, entre tus dos perpetuas compaeras Minerva y Venus, y
aclamndote las gracias, las musas y las dems diosas. Decid, vitor
pan!

De la veneracin, llevada hasta la idolatra, que profesaban  Lope sus
admiradores, da tambin una prueba el ndice de la Inquisicin de 1647.
En el mismo se habla de un escrito, _Smbolo de la fe que ha de tener 
la poesa el apstata de ella_, que comienza: Creo en Lope de Vega todo
poderoso, poeta del cielo y de la tierra, etc.

[174] Hllanse stas, as como casi todas las treinta y dos obras no
dramticas de Lope de Vega, en las _Obras sueltas_ de Lope de Vega:
Madrid, 1776 y siguientes, veintin tomos en 4.

[175] Los manuscritos de Lope de los Sres. Pidal y Durn no dejan ya
lugar  dudas, porque los hay, entre ellos, de las composiciones
impresas de Burguillos.--(_N. del T._)

[176] Pellicer, I c., I pg. 177.

[177] _Oracin  la muerte de Lope de Vega_, por el doctor Luis Cardoso.

[178] Para formarnos una idea de la ligereza de Montalvn, al estampar
estas cifras, diremos, que, despus de afirmar que los regalos de los
grandes, recibidos por Lope, ascendan en su conjunto  10.000 ducados,
aade luego que slo del duque de Sesa haba recibido 24.000.

[179] El famoso Lingendes dice en una carta suya de Espaa, dirigida 
la seorita de Mayenne: Os remito el soneto de Lope, que, por su fama y
segn mi propio juicio, es el ingenio ms distinguido y el hombre 
quien yo he odo hablar mejor en toda Espaa.--_Lettre du Sieur
Lingendes escritte de l'Escurial  mademoiselle de Mayenne_: Pars,
1612.

[180] La casa que habit Lope de Vega casi siempre, estaba situada en la
calle de Francos (llamada hoy calle de Cervantes), manzana 227, nm. 11
antiguo y 15 moderno. No ha muchos aos exista en su antiguo estado,
vindose el pequeo patio con el jardinillo, de que habla Montalvn;
pero despus se ha derribado, variando por completo su forma. La calle,
que se denomina hoy de Lope de Vega (antes calle de Cantarranas) lleva
sin razn este nombre; en ella estaba el convento de Descalzas, en donde
profesaron Marcela, hija de Lope, y doa Isabel, hija natural de
Cervantes.

[181] Ya diez aos antes de la muerte de Lope, deca Mira de Mescua:
Pues si Suidas y Quintiliano se admiraban de que Menandro hubiese
escrito ochenta comedias qu admiracin se deber  aqul, de quien hoy
se leen ms obras escritas en los tres estilos de la poesa, que de
todos los poetas griegos, latinos y vulgares?....

(Vase la licencia de impresin, que precede al tomo XX de las comedias
de Lope.)

De las palabras de Lope consta, que corresponden cinco pliegos  cada
da de su vida.

      .....sale qu inmortal porfa!
    A cinco pliegos de mi vida al da,

en cuyo supuesto ha de calcularse que escribi 133.225 pliegos en toda
ella, y sin contar sus pocas obras en prosa, 21.316.000 versos. Sin
embargo, ese clculo no es seguro, porque ni se sabe con seguridad la
poca, en que comenz  escribir, ni tampoco la extensin, que ha de
atribuirse  cada pliego.

[182] Tantos, por lo menos, contamos en las antiguas ediciones, que
tenemos  la vista (Barcelona, 1605, y Bruselas, 1608). La reimpresin
en cinco tomos de las obras sueltas aade ciento veinte ttulos, sacados
probablemente de una edicin posterior.

[183] Hace algunos aos, el librero Salv (entonces en Londres) puso 
la venta manuscritos antiguos de las comedias de Lope, en cuyo caso se
encuentran  se encontrarn en poder de Lord Holland, etc.

[184] Un ao antes de imprimirse en Valencia la primera parte de las
comedias de Lope, apareci en Lisboa el siguiente tomo, hoy bastante
raro:

Seis comedias de Lope de Vega Carpio, cuyos nombres de ellas son estos:

_De la destruccin de Constantinopla._

_De la fundacin de la Alhambra de Granada._

_De la libertad de Castilla por el conde Fernn Gonzlez_ (en lengua
antigua).

_Las aaas del Cid y su muerte, con la toma de Valencia._

_De los amigos enojados y verdadera amistad._

_Del perseguido._

En Lisboa, por Pedro Crasbeek. Ao de 1603. A costa de Francisco Lope.

La primera de estas comedias se atribuye  Lope falsamente: es de
Gabriel Laso de la Vega. Como nuestro poeta en el prlogo de su
_Peregrino_ (impreso por vez primera en 1604) dice: Agora han salido
algunas comedias, que impresas en Castilla dizen que en Lisboa, y as
quiero advertir  los que leen mis escritos con aficion (que algunos ai,
sino en mi patria, en Italia y Francia y en las Indias, donde no se
atrevi  pasar la envidia), que no crean que aquellas son mis comedias,
aunque tengan mi nombre. Es de presumir que se refiere  este volumen,
habiendo razones bastantes para dudar de la autenticidad de las comedias
contenidas en l, porque en el catlogo conocido, que precede  su
_Peregrino_, slo declaraba suya la del _Perseguido_. Por lo dems,
tengo motivos para sospechar que hay otro tomo de comedias de Lope de
Vega, impreso en Lisboa  Sevilla en 1603, que ha de contener las piezas
_Acertar errando_ (denominada tambin _El embajador fingido_), _La
ciudad de Dios_ y _Los amigos enojados_ (apellidada tambin _La amistad
ms verdadera_).

Menos raro es el libro siguiente:

Quatro comedias famosas de D. Luis de Gngora y Lope de Vega,
recopiladas por Antonio Snchez: Madrid, 1617. Contiene:

_Las firmezas de Isabela_, de Gngora.

_El Zeloso de s mismo_, de Lope (la misma que _La Pastoral de
Jacinto_).

_Los enredos de Benito_, de Lope.

_El lacayo fingido_, de Lope.

Tres loas de Lope de Vega se han impreso juntas con el ttulo: _Tres
loas famosas de Lope de Vega, las mejores que hasta oy han salido. Aora
nuevamente impresas en Sevilla por Pedro Gmez de Pastrana a la Carcel
Real_: ao de 1639.

En el catlogo de comedias espaolas de Juan Isidro Faxardo, que se
halla manuscrito en la Biblioteca Nacional de Madrid, Ttulos de todas
las comedias que en verso espaol y portugus se han impreso hasta el
ao de 1716, aade: Y tambin se le dan  Lope la parte llamada 26,
impresa en Zaragoza 1645; la parte 27, impresa en Barcelona 1633, y la
parte 28, impresa en Zaragoza 1639, si bien estas tres partes 26, 27 y
28 se hallan por extravagantes, y slo corrientemente se dicen 25 partes
de Lope. D. Agustn Durn me ha asegurado, por haberlos visto hace
aos, que efectivamente existen estos tres tomos, y acaso tambin el 29,
aunque todo mi empeo en encontrar ejemplares completos de las mismas ha
sido hasta ahora intil; parceme, no obstante, que he descubierto
algunos fragmentos de las mismas. En el tomo CXXXIII de la coleccin de
comedias impresas, existente en la biblioteca del duque de Osuna, se
encuentra un tomo que contiene las comedias siguientes, atribudas 
Lope de Vega:

_Celos con celos se curan_ (es de Tirso de Molina).

_La madrastra ms honrada._

_Los novios de Hornachuelos_: representla T. Fernndez.

_El mdico de su honra_: representla Avendao.

_Lanza por lanza de Luis Almanz_: representla Avendao (dos partes).

_El sastre del Campillo_: representla Manuel Vallejo.

_All dars rayo_: representla Manuel Vallejo.

_La Selva confusa_: representla Manuel Vallejo.

_Julin Romero_: representla Antonio de Prado.

_Los Vargas de Castilla._

El tomo mencionado no lleva ningn ttulo general, y son _sueltas_ las
tres primeras piezas que contiene, y por el contrario las siguientes,
desde _El Mdico de su honra_ hasta la conclusin, llevan foliacin
consecutiva desde la pgina 1. hasta la 146. Dedcese de esta
circunstancia, casi con certeza, que las mismas pertenecen  la parte de
las comedias de Lope,  que aludimos, desconocida hasta ahora (puesto
que Faxardo al ttulo _El Mdico de su honra_, de Lope de Vega, aade:
_est impresa en la parte 27 extravagante de Lope_: Barcelona, 1633),
esto es,  la 27. Acerca de este _Mdico de su honra_, distinto del de
Caldern, vase la nota en su lugar correspondiente.

Otro fragmento de las _Partes extravagantes_, de que hablamos, existe,
al parecer, en los dos tomos siguientes de comedias atribudas  Lope,
tambin de la biblioteca del duque de Osuna.

Tomo CXXXII, que contiene:

_En la mayor lealtad mayor agravio_ y _Favores del cielo en Portugal_:
representla Christval de Avendao.

_El conde Don Pedro Blez_, _La fortuna adversa del Infante>, Fernando
de Portugal_: pgs. 95-145.

_Nuestra Seora de la Pea de Francia_, _El Len apostlico_ y _Cautivo
coronado_, _El esclavo fingido_, _D. Manuel de Sosa_ y _Naufragio
prodigioso_ y _El Prncipe tocado_: pginas 171-270.

_El buen vezino_, pgs. 204-221.

_El prodigio de Etiopa._

_La victoria de la honra._

_El valor perseguido y traicin vengada._

_Engaar  quien engaa._

Tomo CXXXI, que contiene:

_Los bandos de Sena_: pgs. 114-138.

_Querer ms y sufrir menos._

_Nardo Antonio Vandolero_: pgs. 235-254.

_El engao en la verdad._

_El prncipe despeado._

_Las sierras de Guadalupe._

_Amar como se ha de amar_: representla Surez.

_El nacimiento del Alba._

Se comprende sin esfuerzo que mi presuncin se refiere  las piezas,
cuya paginacin he indicado. (Sin embargo, los _Bandos de Sena_ son del
tomo XXI.) Esto mismo puede decirse de dos comedias de un tomo de la
Biblioteca Nacional de Madrid, que lleva el ttulo: _Doze comedias de
Lope de Vega Carpio. Parte veynte y nueve_, en Guesca, por Pedro Lussn,
ao 1634.

Este ttulo se ha puesto por algn librero especulador de comedias, que
indudablemente no lo llevaban en un principio. Las piezas aisladas del
tomo son:

_La paloma de Toledo_: representla Avendao; pginas 121-140.

_Querer ms y sufrir menos_: pgs. 58-81.

_Los mrtires de Madrid._

_La prspera fortuna de Don Bernardo de Cabrera._

_La adversa fortuna de Don Bernardo de Cabrera._

_Las mocedades de Bernardo del Carpio._

_Psoseme el Sol, salime la Luna._

(Todas estas piezas se atribuyen  Lope, pero la ltima es, en realidad,
de Claramonte.)

_El cerco del pen de Luis Belez de Guevara._

_El cautivo venturoso_, de Francisco de Barrientos.

_Un gusto trae mil disgustos_, de Montalvn.

_El hombre de mayor fama_, de Mira de Mescua.

En la misma Biblioteca se encuentra tambin un tomo con el ttulo:

_Doze comedias nuevas de Lope de Vega Carpio y otros autores_. Segunda
parte: en Barcelona, por Gernimo Margarit, ao de 1630.

Est compuesto de _sueltas_, habindoseles puesto el ttulo por clculo
mercantil, y lo copio  continuacin por su rareza:

_Ms merece quien ms ama_, de Antonio de Mendoza.

_Los dos vandoleras_, de Lope de Vega.

_Olvidar para vivir_, de Miguel Bermdez.

_El hijo por engao_ y _Toma de Toledo_, de Lope.

_La locura cuerda_, de Juan de Silva Correa.

_Los Mdicis de Florencia_, de D. Diego Enciso: representla Cebrin.

_El burlador de Sevilla_, de Tirso: representla Roque de Figueroa.

_Marina la porquera_, del bachiller Andrs Martn Carmona.

_La desdichada Estefana_, _El pleito por la honra_, de Lope.

_Deste agua no bever_, de Andrs de Claramonte: representla Antonio de
Prado.

_Lusidoro Aragons_, de Juan de Villegas.

Entre las comedias sueltas de Lope, raras  mi juicio, y de las cuales
se encuentran muy pocos ejemplares, apunto tambin las que siguen, y que
posea D. Agustn Durn, originales  en copias:

_El mayor prodigio_  _El purgatorio en la vida_.

_El jardn de Vargas_ (titulada tambin _La gata de Marirramos_).

_Los nobles cmo han de ser._

_El enemigo engaado._

_Enmendar un dao  otro._

_Mas valeis vos Antona que la corte toda._

_El mrito en la templanza y ventura por el sueo._

_El nio diablo._

_El labrador del Tormes._

_La ciudad sin Dios._

_La competencia en los nobles._

_Engaar  quien engaa._

_El engao en la verdad._

_Los hierros por amor._

_Ms mal ay en la aldeguela que se suena_ (titulada tambin _El hijo de
la molinera_ y _el gran prior de Castilla_, y atribuda con el primer
ttulo  Villegas).

_Pedro de Urdemales_ (como de Montalvn, aunque es de Lope).

_El palacio confuso_ (como de Mescua, pero es de Lope).

_El hijo de los leones._

_Las burlas veras._

_Dos agravios y una ofensa._

_La horca para su dueo._

_Guerras de amor y de honor_: primera parte.

_El gran cardenal de Espaa._

_Don Gil de Albornoz_: primera parte.

_Ventura y atrevimiento._

_La ventura en la desgracia._

_La defensa en la verdad._

De las comedias manuscritas de Lope, que conozco, copio  continuacin
las que llevan la fecha en que se escribieron,  existen autgrafas de
Lope,  son copias fidedignas de otras, tambin autgrafas.

_El favor agradecido_, tragicomedia autgrafa, propia de Durn. Fecha en
Alva 29 de Octubre 1593.

_El maestro de Danar_, autgrafa. En la ltima hoja se lee: Hie esta
comedia en Alva para Melchor de Villalba, y por que es verdad firmelo el
mes que es mayor el yelo y el ao que Dios nos salva 1594.

_Amor, pleito y desafo_, autgrafa de Durn, fecha en 23 de Noviembre
de 1621. Al fin est la licencia para la representacin: Pocas veces
tienen las comedias de Lope de Vega Carpio que advertir, porque lo es l
tanto en sus escritos, que no deja en qu reparar, y en esta del _Amor,
pleito y desafo_ ha mostrado su ingenio y atencin. Madrid 14 de Enero
1622. Pudese representar, Pedro de Vargas Machuca. Esta pieza es
distinta de la de igual nombre del tomo XXII de las comedias de Lope,
_Ganar amigos_, de Alarcn.

_El Brasil restitudo_, de Durn. Fecha: Madrid 23 de octubre de 1625.

_La corona de Hungra y la injusta venganza_. Fecha: Madrid 23 de
diciembre de 1623. De Durn.

_La lealtad en la traicin_: representla Prado. Fecha: Madrid 22 de
noviembre de 1617. Durn.

_La contienda de Garca de Paredes y el capitn Juan de Urbina._ Fecha:
Madrid 15 de febrero de 1600. Licencia para la representacin: Jan,
1614. Durn.

_El cuerdo loco  veneno saludable_. Fecha: Madrid 11 de noviembre de
1602. Licencia para la representacin: Valladolid, 1604 y 1608;
Zaragoza, 1608; Jan, 1610; Murcia, 1611; Granada, 1615. Durn.

_Sin secreto no hay amor._ Fecha: Madrid 8 de julio de 1626. Licencia
para la representacin: Madrid 11 de agosto de 1626; Zaragoza 13 de
diciembre de 1626; Granada 28 de abril de 1630. Durn.

_Amor con vista._ Autgrafo. Fecha: Madrid 10 de diciembre de 1626.
Licencia para la representacin: Es de las muy buenas comedias que ha
escrito Lope de Vega: la fbula ingeniosa; los versos muy poticos,
escogidos y sentenciosos, con discretos avisos para la vida humana y
toda digna del theatro de la corte. Madrid 11 de X.bre 1626. La hoja
que lleva el ttulo, medio estropeada, contiene la distribucin de los
papeles del primer acto:

    El conde Octabio  Autor.
    Tom, criado suyo Vobadilla.
    Celia             Mara Victoria.
    Lisena            Autora.
    Fnix             Mara Ca. (sin disputa la Calderona).

(De la biblioteca del duque de Osuna.)

_La discordia en los casados._ Autgrafo. Fecha: Madrid 2 de agosto de
1611. (De la biblioteca del duque de Osuna.)

_Lo que pasa en una tarde._ Autgrafo. Fecha: Madrid 22 de noviembre de
1617. (Osuna.)

_La niez del Padre Roxas._ Autgrafo. Fecha: Madrid 4 de enero de 1625.
(Osuna.)

_El desdn vengado._ Autgrafo, con la firma de Lope. Fecha: Madrid 4 de
agosto de 1617. En la hoja del ttulo se lee la siguiente reparticin de
papeles:

    El conde Lucindo       Fadrique.
    Tomn, su criado       Coronel.
    Feniso                 Juan Jernimo.
    Roberto                Juan de Bargas.
    Leonardo               Cosme.
    Rugero, rey de Npoles Juan Bautista.
    Lisena (dama)          Doa Mara.
    Celia (dama)           Manuela.
    Evandro (su padre)
    Inarda (criada)        Vincenta.

(Osuna.) (Esta pieza impresa se atribuye  Francisco de Rojas.)

_Del monte sale._ Autgrafo. Fecha: Madrid 20 de Octubre de 1627. En la
cubierta la reparticin de papeles:

    El conde Henrique     Juan Arias.
    Feliciano             Jusepe.
    Msicos.
    Narciza (labradora)   Mara de Heredia.
    Tirso (villano)       Heredia.
    Juana (labradora)     Doa Catalina.
    Celia (dama)          S. Anam.
    Basa (criada).
    El rey de Francia     Salas.
    Mauricio (gobernador) Montemayor.
    El marqus Roselo     Rueda.
    Leonelo (capitn de la Guarda).
    Roberto (criado).

(Del duque de Osuna.)

_La dama boba._ Autgrafo con la firma de Lope. Fecha: Madrid 28 de
abril de 1613. Licencia para la representacin: 27 de octubre de 1613.
(Osuna.)

_El prncipe perfecto._ Autgrafo. Fecha: Madrid 23 de diciembre de
1614. (Osuna.)

_El piadoso aragons_, tragicomedia. Autgrafo. Fecha: Madrid 27 de
agosto de 1626. Al fin: Esta comedia, que intitula Lope de Vega Carpio
_El piadoso aragons_, est escrita con verdad de la historia, con gran
decoro de las personas introducidas y con singular dulzura de estilo y
bondad de sus versos. Puede representarse seguramente. Madrid 11 de
septiembre de 1626. (Osuna.)

_El poder en el discreto._ Autgrafo de la biblioteca del duque de
Osuna. Fecha: Madrid 8 de mayo de 1623. En la cubierta se hace la
distribucin de papeles, y los nombres de la derecha estn escritos de
la mano de Lope, y los de la izquierda parecen de otra mano.

    Mara Caldern Serafina (dama)           Jusepa.
    Doa Isabel    Roseta (criada).
    Cascn         Teodosio, rey de Sicilia  Bacamonte.
    Morales        Celio (de su cmara)      Arias.
    Castro         Alejo, criado de Celio    Trivio.
    Surez         El conde de Augusto       Morales.
                   Perseo, criado del conde.
    Mariana        Flora (dama)              Mariana.
                   Leoncio.}
                   Tancredo} Criados del rey.

_La nueva vitoria de Don Gonzalo de Crdova._ Autgrafo del duque de
Osuna. Fecha: Madrid 8 de octubre de 1622. En la cubierta la reparticin
de papeles:

    Lisarda (dama)          La Sra. Manuela.
    Fulgencia (criada)      La Sra. Ana.
    D. Juan Ramrez         Fadrique.
    Bernab (lacayo)        Coronel.
    El capitn Medrano      Cosme.
    Esteban (criado)        Jusepe.
    El bastardo de Mansfel  Juan Jernimo.
    El obispo de Holestald  Vargas.
    El duque de Bulln      Jusepe.
    Don Gonzalo             Juan Bautista.
    Don Francisco de Carros Manuel.
    El barn de Tili        Narbez.
    Dos Msicos.

_La encomienda bien guardada._ Autgrafo. Fecha: Madrid 16 abril de
1610. (Del marqus de Pidal  idntica  _La buena guarda_.)
Repartimiento de papeles:

    Leonardo                       Catalina.
    Doa Luisa                     Mariana.
    Un escudero                    Vibar.
    Don Juan                       Luis.
    Don Luis                       Espaa.
    El hermano Carrizo (sacristn) Basunto.
    Flix (mayordomo)              Olmedo.
    Doa Clara                     Mara de Argello.
    Doa Elena                     Catalina.
    Don Pedro (su padre)           Quiones.
    Ricardo (viejo)                Espaa.
    Don Carloto.

Obsrvese que en este repartimiento algunos actores desempean dos
papeles.

_La prueba de los amigos._ Autgrafo. Fecha: Toledo 12 de septiembre de
1604. (De D. Salustiano de Olzaga.)

_Carlos V en Francia._ Autgrafo. Toledo 20 de noviembre de 1604. (Del
mismo.)

_La batalla de honor._ Autgrafo. Madrid 16 abril de 1608. (Del mismo.)

_Lo que ha de ser._ Autgrafo. Fecha: 2 de septiembre de 1624. (Del
Museo britnico.)

_Hay verdades que en amor_... Autgrafo. Fecha: 12 de noviembre de 1625.
(Del mismo.)

_La competencia en los nobles_. Autgrafo. Fecha: 16 noviembre de 1625.
Obsrvese que slo hay tres das de intervalo entre ambas fechas. (Del
mismo.)

_Sin secreto no hay amor._ Autgrafo. Fecha: en 18 de julio de 1626.
(Del mismo.)

_Las bizarras de Belisa._ Autgrafo. Madrid 24 mayo de 1634. (Del
mismo.)

_Las hazaas del segundo David_, auto sacramental. Autgrafo. Madrid 28
de abril de 1619. (Del duque de Osuna.)

_La isla del sol._ Auto sacramental de 6 de abril de 1616. (Del mismo.)

Adems de los dramas manuscritos de Lope mencionados, parceme oportuno
copiar tambin los ttulos siguientes de otros, de la rica coleccin de
Durn y del duque de Osuna.

De Durn:

_San Agustn._

_La divina vencedora._

_El hijo sin padre._

_La prueba de los amigos._

_El Alcalde de Zalamea._

_La gran Comedia de Rey por Trueque._

_El valor de Malta._

_Los terceros de San Francisco_ (idntica  _La tercera Orden de San
Francisco)._

_Fray Diablo._

_La prdida honrosa  los caballeros de San Juan._

_La gran columna fogosa._

_San Basilio el Magno_ (al parecer autgrafa).

_Un pastoral albergue._

_Arminda celosa_ (impresa entre las de Mira de Mescua, pero existe una
autgrafa de Lope).

De la biblioteca del duque de Osuna:

_Las prdidas del que juega_ (autgrafa).

_La Reina Doa Mara_ (autgrafa).

_El Alcaide de Madrid._

_El valiente Juan de Heredia._

_El Don Gil de la Mancha._

_El casamiento por Christo._

_Los celos de Rodamonte._

_La mayor hazaa de Alejandro Magno._

_Santa Casilda._

_Santa Teresa de Jess._

_Amar como se ha de amar_ (sin el nombre de Lope, pero al parecer suya,
y excelente obra).

_El toledano vengado._

_La despreciada querida._ Comedia jams vista, de Lope. A la conclusin
se lee: Escrito por Lorenzo de los Rios en Fregenal, ao de 1628.

_La mayor dicha en el monte._

_Quien bien ama tarde olvida_, con la fecha del ao 1624.

_En los indicios la culpa_, del ao 1620, quizs autgrafa.

_El Aldegela_ (idntica  _Ms mal hay en la Aldehuela_...) Al fin se
lee: Escribise  9 de noviembre de 1622, Luis C. (probablemente el
nombre del copiante).

_Los novios de Hornachuelos._ En la cubierta se lee: Saqula en 12 de
abril de 1628 aos.

_Segunda parte del gran Cardenal de Espaa, Don Gil de Albornoz._

_La burgalesa de Lerma_, con la fecha de Madrid 30 de noviembre de 1613.

_El caballero de Olmedo_, del ao de 1606, y licencia para la
representacin de 1607.

_Amar por burla._

_El valor de Fernandico._

_El poder del discreto._

_Antonio Roca  la muerte ms venturosa._

_Los mrtires del Japn._

_La mayor corona._

Autos sacramentales:

_El furor del cielo._ Al fin se lee: Fu sacado del segundo traslado
que se sac en Madrid, y ste se sac en Aranda,  17 de mayo de 1621.

_Auto de la Santa Inquisicin_, del ao 1629.

_La adltera perdonada._

_Auto de las albricias de Nuestra Seora._

_Auto del Ave Mara y del Rosario._

_La oveja perdida._

_La privanza del hombre._

_La locura por la honra._

_El hijo de la Iglesia._

_El divino pastor._

Propseme llamar la atencin hacia los riqusimos tesoros que existen en
las dos bibliotecas mencionadas. Otra cuestin es decidir si todas estas
piezas,  cules de entre ellas son realmente de Lope de Vega, que slo
puede resolverse despus de examinarlas atentamente. Yo no he podido
hacerlo.

[185] Un ejemplar completo de esta coleccin no existe en ninguna
biblioteca de Europa, segn nuestras noticias; el menos defectuoso es el
de Londres, en el Museo Britnico: compnese de toda la serie de los
tomos, desde I hasta XXV, pero las partes, que en cada uno de ellos
haban de constar de diversas comedias, son slo sencillas. En la
Biblioteca Real de Francia faltan el I, V y VI tomos; pero en la
Biblioteca de _l'Arsenal_ existe el I, y en la de Sainte Genevieve el V,
de modo que en Pars falta slo el VI. En las bibliotecas espaolas, en
donde por cada obra de poesa se guardan _cien_ vidas de santos, no se
conserva, segn parece, ejemplar alguno ni medio completo, y lo mismo
sucede en las alemanas.

[186] Comedias de stas antiguas, sueltas, de Lope, que ya no se
encuentran en ninguna parte, las haba en Pars en las bibliotecas de
los Sres. Ternaux Compans y Salv.

[187] El poeta italiano, Marino, dice  este propsito, en el elogio
fnebre de Lope (_Obras sueltas_, tomo XXI, pg. 18): Vera arte di
commedie  quella, che mette in teatro quello che piace agli uditori:
questa  regola invincibile della natura e voler la carestia d'ingegno,
o il far del critico  poca spesa sostentare, che una effigie sia bella
perchi abbia le figure del volto corrispondenti all'arte, se gli manca
quel ingasto e aria inesplicabile, ed invisibile, con il quale la Natura
(con l'Arte) le lega insieme, ser voler sostentare, che la natura sia
inferiore  quelli, che, crepando di critici, fingono al loro
beneplacito l'arte in ogni cosa.--Verdadero arte de comedias es aqul
que ofrece en el teatro lo que agrada  los concurrentes: sta es regla
constante de la naturaleza; y sostener, por falta de ingenio  por darla
de crtico  poca costa, que es bella una imagen, si tiene el rostro
ajustado  las reglas del arte, pero careciendo de ese marco y de esa
atmsfera, tan inexplicable como invisible, que derrama sobre ella  un
tiempo la naturaleza y el arte, es empearse en sostener que la
naturaleza es inferior  los que, vanaglorindose de crticos, crean el
arte en todo  su capricho.--(_T. del T._)

[188] Hasta en sus comedias asest sus stiras contra los gongoristas.
As, la heroina en _Las bizarrias de Belisa_, para zaherir y burlarse de
una rival, dice lo siguiente:

    Aqulla, que escribe en culto
    Por aquel griego lenguaje,
    Que no le supo Castilla
    Ni se lo ense su madre.

En otra, _Amistad y obligacin_, al recomendarse un poeta, Severo,  un
novio llamado Lope, le pregunta ste si es  no culterano; y, al
contestarle que lo es, le dice que se quede  su lado para escribir sus
secretos, porque, estando en culto, sern secretos verdaderos para
todos, no pudiendo nadie entenderlos.

[189] "_Calixto._ Ni comer hasta entonces, aunque primero sean los
caballos de Febo apacentados en aquellos verdes prados, que suelen
cuando ha dado fin  su jornada.--_Sempronio._ Dexa, seor, essos
rodeos; dexa essas poesas, que no es habla conveniente la que  todos
no es comun, la que pocos entienden. Di: aunque se ponga el sol, y
sabrn todos lo que dices."--_Celestina_, acto 8.

[190] Lope dice, en la dedicatoria de esta comedia  Montalvn: _Repare
en que fu la primera en que se introdujo la figura del donaire, que
desde entonces di tanta ocasin  los presentes. Hzola Ros, nico en
todas y digno desta memoria. V. md. la lea por nueva, pues cuando yo la
escrib no haba nacido._ De las ltimas palabras se deduce que la
innovacin de que se trata es anterior al ao de 1602, en que naci
Montalvn. El gracioso de _La francesilla_, tronco de todos los otros
semejantes del teatro espaol, se llama Tristn.

[191] Vase, como ejemplo, lo que dice Tirso de Molina en _Amar por
seas_:

    MONTOYA. Muchos discretos
    A sus ministros han dado
    Cuenta de cosas ms graves,
    Cuyo consejo remedia
    Imposibles: qu comedia
    Hay (si las de Espaa sabes)
    En que el gracioso no tenga
    Privanza contra las leyes
    Con duques, condes y reyes,
    Ya venga bien, ya no venga?
    Qu secreto no le fan?
    Qu infanta no le da entrada?
    A qu princesa no agrada?

    DON GABRIEL. Los poetas desvaran
    Con esas habilidades;
    Pues dando  la pluma prisa,
    Por ocasionar la risa
    No excusan impropiedades.

Moreto, en _El Marqus del Cigarral_, se expresa as:

    MARINA. Las seoras no se tratan
             Por no perder su estima,
             Con la familia lacaya.


    FUENCARRAL. Despus que se introdujeron
                Las comedias en Espaa,
                Pueden servir los lacayos
                En los estrados y salas,
                Y aun hablar con las seoras
                De jerarquas ms altas
                Que la seora Marina,
                Pues son princesas  infantas.



[192] Las alabanzas del Sr. Schack  la fecunda inventiva dramtica de
Lope, aunque parezcan exageradas, son, sin embargo, justas. No hay en el
mundo entero, y ser muy difcil que lo haya, poeta dramtico, que, en
este concepto, se le acerque, no que se le iguale. Es un verdadero
prodigio, un monstruo de la naturaleza.

Lo que s parece extrao, es que, siendo tantas y tan varias sus
invenciones, permanezcan ignoradas  inexplotadas por nuestros actuales
poetas dramticos, que, teniendo tan inagotable y rica mina dentro de
casa, prefieren espigar y mendigar en territorio ajeno, y buscar en
Inglaterra y Francia lo que tan de sobra tenemos en Espaa.

Los resortes dramticos, no son siempre los mismos, suprimidos los
detalles de lugar y de tiempo? Hemos llegado  tal degradacin que slo
lo extranjero nos agrada, y que, por serlo, menospreciamos todo lo
espaol? Ser necesario que los alemanes (permtaseme la expresin)
vengan  espaolizarnos?--(_N. del T._)



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DE LA LITERATURA Y DEL ARTE DRAMTICO EN ESPAA, TOMO II***


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Section 1.  General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
electronic works

1.A.  By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
and accept all the terms of this license and intellectual property
(trademark/copyright) agreement.  If you do not agree to abide by all
the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.

1.B.  "Project Gutenberg" is a registered trademark.  It may only be
used on or associated in any way with an electronic work by people who
agree to be bound by the terms of this agreement.  There are a few
things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
even without complying with the full terms of this agreement.  See
paragraph 1.C below.  There are a lot of things you can do with Project
Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
works.  See paragraph 1.E below.

1.C.  The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
Gutenberg-tm electronic works.  Nearly all the individual works in the
collection are in the public domain in the United States.  If an
individual work is in the public domain in the United States and you are
located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
are removed.  Of course, we hope that you will support the Project
Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
the work.  You can easily comply with the terms of this agreement by
keeping this work in the same format with its attached full Project
Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.

1.D.  The copyright laws of the place where you are located also govern
what you can do with this work.  Copyright laws in most countries are in
a constant state of change.  If you are outside the United States, check
the laws of your country in addition to the terms of this agreement
before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
creating derivative works based on this work or any other Project
Gutenberg-tm work.  The Foundation makes no representations concerning
the copyright status of any work in any country outside the United
States.

1.E.  Unless you have removed all references to Project Gutenberg:

1.E.1.  The following sentence, with active links to, or other immediate
access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
copied or distributed:

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org

1.E.2.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
and distributed to anyone in the United States without paying any fees
or charges.  If you are redistributing or providing access to a work
with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
1.E.9.

1.E.3.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
with the permission of the copyright holder, your use and distribution
must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
terms imposed by the copyright holder.  Additional terms will be linked
to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
permission of the copyright holder found at the beginning of this work.

1.E.4.  Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
License terms from this work, or any files containing a part of this
work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.

1.E.5.  Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
electronic work, or any part of this electronic work, without
prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
active links or immediate access to the full terms of the Project
Gutenberg-tm License.

1.E.6.  You may convert to and distribute this work in any binary,
compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
word processing or hypertext form.  However, if you provide access to or
distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
form.  Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
License as specified in paragraph 1.E.1.

1.E.7.  Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.8.  You may charge a reasonable fee for copies of or providing
access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
that

- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
     the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
     you already use to calculate your applicable taxes.  The fee is
     owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
     has agreed to donate royalties under this paragraph to the
     Project Gutenberg Literary Archive Foundation.  Royalty payments
     must be paid within 60 days following each date on which you
     prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
     returns.  Royalty payments should be clearly marked as such and
     sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
     address specified in Section 4, "Information about donations to
     the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."

- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
     you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
     does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
     License.  You must require such a user to return or
     destroy all copies of the works possessed in a physical medium
     and discontinue all use of and all access to other copies of
     Project Gutenberg-tm works.

- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
     money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
     electronic work is discovered and reported to you within 90 days
     of receipt of the work.

- You comply with all other terms of this agreement for free
     distribution of Project Gutenberg-tm works.

1.E.9.  If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
electronic work or group of works on different terms than are set
forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
your equipment.

1.F.2.  LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
liability to you for damages, costs and expenses, including legal
fees.  YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH F3.  YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

1.F.3.  LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
written explanation to the person you received the work from.  If you
received the work on a physical medium, you must return the medium with
your written explanation.  The person or entity that provided you with
the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
refund.  If you received the work electronically, the person or entity
providing it to you may choose to give you a second opportunity to
receive the work electronically in lieu of a refund.  If the second copy
is also defective, you may demand a refund in writing without further
opportunities to fix the problem.

1.F.4.  Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
the applicable state law.  The invalidity or unenforceability of any
provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://www.gutenberg.org/about/contact

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org

Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://www.gutenberg.org/fundraising/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit:
http://www.gutenberg.org/fundraising/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.

Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.

