The Project Gutenberg EBook of De Sobremesa; crnicas, Cuarta Parte (de 5), by 
Jacinto Benavente

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Title: De Sobremesa; crnicas, Cuarta Parte (de 5)

Author: Jacinto Benavente

Release Date: December 17, 2018 [EBook #58464]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DE SOBREMESA; CRONICAS, CUARTA PARTE ***




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  Nota del Transcriptor:


  Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

  Pginas en blanco han sido eliminadas.

  Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

  Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas)
  han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal.




                             De sobremesa

                               CRNICAS


                             Cuarta serie




                           Jacinto Benavente


                             De sobremesa


                               CRNICAS


                            _CUARTA SERIE_


                                MADRID
                       PERLADO, PEZ Y COMPAA
                         SUCESORES DE HERNANDO
                    Arenal, 11 y Quintana, 31 y 33
                                 1912




                  ES PROPIEDAD.--DERECHOS RESERVADOS


         Artes Grficas MATEU.--Paseo del Prado, 30.--Madrid.




[Ilustracin]




De sobremesa




I


La obra de Gregorio Martnez Sierra _Cancin de cuna_ es una de las ms
bellas comedias estrenadas en estos ltimos aos. Fu de los primeros
en conocerla y en predecir su triunfo. Aunque el aplauso del pblico y
los justos elogios de la crtica no hubieran sido en esta ocasin tan
unnimes, en nada hubiera rectificado mi juicio. Adems... esperaba
desde hace tanto tiempo esa comedia! Os acordis, mi querido Gregorio,
de aquella Redaccin del _Madrid Cmico_, y de aquel vuestro primer
libro, y de vuestra timidez, que es el pudor de las inteligencias
honradas; timidez y pudor que hoy desconocen tantos jovenzuelos osados
que aun no escribieron una lnea y ya creen haber conquistado el mundo?

A cualquiera podr haberle sorprendido el triunfo de ahora, el que
muchos llaman definitivo, haber llegado! A m no poda sorprenderme:
no es Gregorio Martnez Sierra de los que se revelan de pronto. Dios
nos libre de las revelaciones! Si esta obra es una cifra brillante en
su haber literario, no vino por un golpe de audacia  de fortuna; es
la suma de muchos sumandos que ya indicaban la riqueza acumulada por
un trabajo constante, progresivo, bien intencionado siempre. Gregorio
Martnez Sierra no es de los que aciertan una vez  sorprender con
relmpagos  fuegos artificiales; la luz de su entendimiento es calor
de hogar permanente, porque es calor de corazn...

Y ahora, mi amigo de siempre, cuando yo s que alguna vez juzgasteis
tibieza de mi amistad el no haberse representado antes alguna de
vuestras comedias, lo deploris ahora? No veis cmo todo llega  su
tiempo? No veis cmo todo viene encadenado en la vida, y cuando 
distancia vemos los aos pasados, tan necesarias como las alegras son
las tristezas para armonizar el destino de nuestra existencia? Hora por
hora procuramos huir del dolor que nos sale al paso y se levanta ante
nosotros como obstculo entorpecedor; al cabo de los aos nos parece
que algo hubiera faltado en nuestra vida si aquel dolor nos hubiera
faltado.

Y era cuanto yo quera decir en el da del triunfo, que yo no llamo
definitivo, al autor de _Cancin de cuna_. Y sabed, mi amigo de
siempre, que una buena lgrima que tal vez visteis asomar  mis ojos
al abrazaros despus del estreno de vuestra obra, vena de ms lejos
que de la emocin causada por la obra misma: vena de muchos recuerdos,
de muchas palabras calladas, de aquel vuestro primer libro, de aquella
vuestra timidez de nio, y, por qu no decirlo?, del orgullo de que,
cuando para muchos se estrenaba en aquella noche _Cancin de cuna_,
para m se haba estrenado hace mucho tiempo.

       *       *       *       *       *

Persona respetable y bien enterada me asegura que los restos de D.
Manuel Bretn de los Herreros, sepultados en el antiguo cementerio
de San Nicols, caern en la fosa comn en breve plazo si nadie se
presenta  pagar los gastos de traslacin. Creo que bastar con la
noticia, sin lamentaciones ni comentarios, para que la Sociedad de
Autores,  la de Escritores y Artistas,  el Ateneo,  la Academia
Espaola,  todos juntos,  el primer buen espaol que tenga unas
pesetas sobrantes, se apresuren  evitar esa... pequea vergenza.
Ojal pudieran evitarse  tan poca costa otras mayores! La persecucin
de mujeres por esas calles, sin ir ms lejos. Cualquier medida que
tomen las autoridades para ello, la ms arbitraria, la ms draconiana,
ser bien recibida. Hasta la de obligar  esos hombres valientes,
insultadores de mujeres,  vestir las faldas-pantalones que tanto les
indignan. Si entre las mujeres hubiera verdadera solidaridad, ellas
son las que debieran correr por esas calles  esos varones sin otra
apariencia de ello que el traje masculino. Aunque, bien mirado, hay
para compadecerlos. Qu mujeres tendr  habr tenido en su casa el
que no sabe que toda mujer es tan respetable en la calle para todo
hombre como si fuera mujer de su propia familia? Pero, es claro, hay
caballero que se echa  la calle, harto de haber insultado con mil
groseras  las de casa. Qu no har con las extraas? El hombre,
como el caracol, lleva siempre su casa  cuestas. El que insulta  una
mujer en la calle, es que le sobraron insultos de los que acostumbra 
dirigir  su seora. O que devuelve los que su seora le ha dirigido,
y no se atrevi  contestar, y el pobre hombre no ha de quedarse con
ellos!

       *       *       *       *       *

Las modernas indagaciones de la crtica artstica llevan la alegra
por barrios. Cuando un Museo  un coleccionista estn ms ufanos con
un Velzquez  con un Rafael  con un Greco, sale un seor crtico de
Arte agundoles la fiesta con decirles que, lo que se crey original,
es copia,  alegrndoles el duelo con la afirmacin contraria. Nadie
sabe ya lo que tiene. Es para creer en todos los cuadros viejos y para
no creer en ninguno.

El Museo del Louvre se ufanaba de poseer la verdadera _Gioconda_;
nosotros mirbamos despectivamente la de nuestro Museo del Prado. Se
volvieron las tornas; durante unos cuantos aos la verdadera _Gioconda_
ser la nuestra. Aunque bien pudieran serlo las dos, y aun no serlo
ninguna. Esta _Monna Lisa_, tan trada y llevada con el enigma de su
sonrisa, quiere, por lo visto, ser enigmtica en todo. Leonardo de
Vinci era artista minucioso hasta el resobado, y es lo ms probable que
las dos _Giocondas_ fueran, en su intencin, estudios y apuntes para
una tercera, que acaso parezca el da menos pensado. Mucha importancia
conceda Leonardo al fondo de sus figuras, y hasta procuraba infundirle
algn simbolismo apropiado. Por esta consideracin ms parece la
_Gioconda_ definitiva la del Louvre. Pero tambin pudo ser que,
para mayor enigma, le pareciera mejor fondo el fondo indeterminado
de la _Gioconda_ de Madrid. El demonio de la seora! Nada, que
se ha propuesto dar que hablar por los siglos de los siglos. Bien
dijo su pintor y presunto enamorado: Bella forma mortal passa  non
d'arte. Ya s yo cmo resolvera este pleito uno de nuestros chulos
castizos; diciendo de una vez. Vaya una ta _Gioconda_! Slo que, al
pronunciarlo mal, estara en lo cierto.




II


La comedia novelada de D. Eugenio Sells, _Icara_, con satisfacer
plenamente en la lectura, deja, no obstante, en nuestro espritu el
sinsabor que deja una vida truncada que nos pareci encaminarse 
muy otro destino. No quiere esto decir que la serenidad del libro
convenga menos, para una obra de serio y noble arte, que el bullicio
de los teatros. Obras hay, en forma dramtica, que nada ganaran al
afrontar las luces de la batera: muchas de Byron; los admirables
poemas de Browning; algunas comedias, quizs las mejores, de Musset.
Pero _Icara_, no; se advierte, desde luego, que naci para el teatro, y
todo en ella pide la expresin vigorosa que slo en la representacin
escnica puede lograr la verdadera obra dramtica. _Icara_ se malogra
en el libro. Y cuando pblico, crtica y empresarios se lamentan de que
faltan autores y obras en consecuencia, qu razones hay, que la razn
no alcanza, para que _Icara_ no haya sido representada? Descontemos la
razn de mritos: tiene la obra muy sobrados, literarios y teatrales.
Interesante asunto, de una importancia social que se sobrepone  lo
que pudiera parecer de efmera actualidad. En cuanto  los papeles,
razn suprema muchas veces para la admisin de una obra, nada dejan
que desear al lucimiento de los actores. Atrevimientos? Es el autor
de _Icara_ bien probado seor de la pluma, para temer groseras de
pensamientos y de lenguaje en obra suya. Por qu, entonces, _Icara_
no ha sido representada? No ha muchos das nos ofreci una esplndida
empresa minuciosa estadstica de las obras representadas por su
compaa; todo ello para blasonar,  ms de un trabajo constante, de
una amplitud de criterio que sera laudable si estuviramos seguros
de que era sincera. Lo cierto es que, sin contar las que han dejado
de escribirse, en la seguridad de que no hubieran sido admitidas por
ninguna empresa, acaso las mejores obras dramticas de estos ltimos
aos impresas andan sin haber logrado el favor de ese amplio criterio.
Dganlo las tragedias brbaras de Valle-Incln _Aguila de blasn_ y
_Romance de lobos_; dgalo _Icara_; dganlo, del teatro extranjero,
las verdaderas obras de arte: unas, traducidas para ser publicadas;
otras, no traducidas por no perder el tiempo; mientras las empresas se
desviven por traernos cualquier comedieta sin importancia  cualquier
dramn, al que se ha concedido demasiada. No es que me parezca mal, y
cada uno en su casa es muy dueo de hacer lo que mejor le parezca y
ms crea que le conviene; pero no se pretenda darnos plaza de tontos,
hacindonos creer, cuando slo se atiende  los legtimos ingresos de
la contadura, que se piensa, sobre todo, en los altos intereses del
Arte.

       *       *       *       *       *

El batallador obispo de Jaca, l pelea en Madrid y la dicesis  la
puerta, se opone, en nombre de la religin cristiana,  la cremacin
de los cadveres. No sabemos en qu texto sagrado podr fundarse. No
ser, ciertamente, en el bblico de la destruccin por el fuego ay,
Teresita! de las ciudades nefandas Sodoma y Gomorra. Si fuere, por
dificultarse con la cremacin, el prodigio final de la resurreccin
de la carne, grave ofensa de la divinidad, nos parece suponer que ha
de serle ms difcil resucitarnos de unas pavesas que de un montn de
huesos. El que nos hizo de la nada, aun de la nada volver  sacarnos,
y, francamente, no vala la pena de molestarse.

No era preciso que el seor obispo de Jaca tronara desde tan alto
contra la cremacin. Sin consideraciones religiosas de tanto peso,
ya basta contra ella la natural y humana repugnancia  desaparecer
de modo tan terminante. Queremos aferrarnos  la vida hasta en la
muerte; de ah esa vanidad de monumentos funerarios, los epitafios
rimbombantes, las esculturas que perpeten nuestra forma mortal. Los
ms descredos en la imperecedera existencia del alma creen todava
en lo imperecedero de la materia al travs de transformaciones; acaso
creen que aun han de renacer, con los jugos de la tierra, en la
flor, en la mariposa; que su yo, su soberbio yo, ha de existir
por siempre, aunque algo desperdigado. Cmo es posible que al morir
se anule por siempre tanta grandeza? Perderse as nuestras opiniones
polticas, nuestros entusiasmos artsticos, nuestras preocupaciones
sociales! Saber que nuestro juicio particular sobre los ms notables
contemporneos no significar ya nada en la armona universal! Que
habremos odo el vals de los besos de _El conde de Luxemburgo_ para
no recordarlo en toda una eternidad! Qu significara entonces esta
vida nuestra? No es cosa de perder, por una medida de higiene y de
esttica como la cremacin, las posibles transformaciones de nuestro
cuerpo miserable. No defraudemos  los gusanos. Es tan numerosa la
fauna de los sepulcros! Hay libros muy interesantes en que se estudia.
Hay gusanos especialistas de cada parte de nuestro apetitoso individuo:
unos, para el corazn; otros, para roernos los sesos; otros, los ms
golosos, tienen  su cargo, como los del romance, donde ms pecado
haba. Tienen nombres distintos, nombres cientficos, sonoros y
expresivos. Oh, es muy curioso! Animalitos! Hermanos gusanos!--como
dira San Francisco.--La cremacin sera una estafa para ellos. Dejemos
 la Naturaleza completar su obra; slo ella es sabia, slo ella sabe
lo que nos conviene. De este modo, las cenizas de Alejandro podran
tapar un barril de cerveza, como razona Hamlet en el cementerio. Pobre
prncipe! Aunque al morir slo desea el silencio, como suprema paz para
su espritu, antes haba soado para sus cenizas la posible utilidad de
tapar barriles. Todo, menos desaparecer del todo y para siempre.

He aqu por qu la cremacin tiene tan pocos partidarios. Entre
una sepultura en la tierra y una pequea urna en poder de nuestros
allegados... La tierra nos ofrece mayor seguridad. La familia puede que
perdiera la urna en una mudanza.




III


El seor obispo de Jaca es de incesante actualidad. Los cronistas le
deben un homenaje de gratitud. Su ltimo grito es un llamamiento 
las plumas ociosas--no confundirlas con las ociosas plumas; de dormir
son stas, y aqullas de no dormirse.--El seor obispo tiene por
lema: A Dios rogando y con la pluma dando. Si en su mano estuviera
proponer alguna inusitada advocacin, en todas las iglesias de la
cristiandad tendra especial culto Nuestra Seora de la Rotativa. Es de
agradecer este singularsimo aprecio  las letras periodsticas. Pero
ay! en vez de tocar llamada  las plumas, no fuera ms pertinente
llamar  los bolsillos? A qu estn las plumas? No, no es: El
que sepa escribir, que escriba!, lo que hay que gritar. El que
pueda pagar, que pague! Ah est el toque, el verdadero toque de
llamada. Todos nos lamentamos de la indiferencia general, nadie se
apasiona por una idea, todas ellas estn indefensas: las religiosas,
las antirreligiosas, las polticas y las artsticas. Y es que est
todo tan mal pagado! La literatura, en general; la periodstica, en
particular, no halla mejor recompensa que la de ser retirado de ella
para ocupar algn puesto oficial. No hay mejor premio para los que
valen; de donde resulta que los premiados, son baja por ascenso; los
que quedan, baja por intiles, y los postergados por la soberbia ajena
 la modestia propia, baja por desilusin y desmayo, por falta de esa
interior satisfaccin tan necesaria en todo militante. Si el periodismo
fuera por s mismo un buen fin, y no un medio para otros fines, nadie
cambiara su puesto de honor en el combate por otros puestos que han
de quedar indefensos al faltar los mejores para defenderlos. Entre los
que van de pasada, con la ambicin ms alta, y los que  nada pueden
aspirar, ya desesperanzados, las ideas quedan  merced del enemigo,
abandonadas como impedimenta. Menos cargos polticos y mejores
sueldos. As habr menos impaciencias y menos desfallecimientos. El
que pueda pagar, que pague! Veremos entonces cmo todo el que sepa
escribir, escribe. Procure, procure el seor obispo de Jaca conmover
el bolsillo de los fieles, funde un peridico, pague  los periodistas
con sueldo de obispo y ver leones defendiendo los obispados. Con 25
 30 duros al mes, qu ha de hacer el redactor del peridico ms
piadoso sino ayudarse y defenderse escribiendo algn entrems para el
Saln Madrileo, sin licencia del ordinario? Y qu ha de hacer el
redactor del rgano ms revolucionario ms que escribir los gozos 
unas monjitas, si se los encargasen? Felices los que ignoran lo que
pueden pesar 25 pesetas sobre nuestras convicciones ms ntimas y nunca
hicieron traicin  una idea por menos de dos  tres millones!

       *       *       *       *       *

Las tiples han dado en fugarse. Es el modo ms delicado de
participarnos su efectuado enlace, que no sera bien anunciar ms
claramente. Hoy todo se anuncia, hasta las defunciones de la virtud;
para las que est ms indicado que en ninguna otra el: Se suplica el
coche.

Y hay quien cree que en el teatro todo es libertad! Ya ven que no es
as, cuando las tiples necesitan fugarse para poder amar libremente.
Hay muchas seoritas de buena casa que, para mucho ms, no pasan de la
escalera. Verdad es que unas piensan en el contrato matrimonial, al
que nada favorecen los anuncios previos, y las otras en la contrata
artstica,  la que favorece cualquier reclamo, aunque sea de codorniz
y tan redoblado como el de las verdecillas del sainete. Ya se pagar
 las tiples por fugas; siempre es una garanta de buenas formas y
hasta de algn conocimiento musical,  falta de otros. Con todo esto,
los perjudicados son el pblico y los empresarios; no porque se fuguen,
sino porque vuelven.

       *       *       *       *       *

Algunos escritores de provincias claman contra nosotros los de Madrid
porque, segn ellos, tenemos establecido un _trust_ de los bombos y nos
pasamos la vida en batalla de flores: elogio va, elogio viene; siempre
entre los mismos del corro. Y qu se le va  hacer si el corro es
tan reducido? Pero lo que son las cosas y qu difcil es contentar 
todos! Aqu, aun de los del corro, hay quien se queja si no se le cita
 cada paso y se deja pasar sin referencia la comedia, el libro, la
crnica  el artculo. Claro est que sera preferible fuera el pblico
quien nos diera  cada cual lo nuestro y nosotros lo suyo al pblico;
pero con pblico tan indiferente y distrado, no ser obra meritoria
la de bombearnos los unos  los otros? Ya procuramos destruir el efecto
de las caricias pblicas con los araazos y mordiscos privados. Pues
s que reina la paz entre los prncipes cristianos! Da gusto discurrir
por cualquier Crculo literario.--Has ledo la imbecilidad que publica
hoy Fulano?--Nunca leo esas latas.--Has ledo lo que dice de ti el
idiota de Mengano?--Esto cuando se trata de un elogio, para darle todo
su valor.

Y se habla mal de todo lo que se lee, y peor de lo que no se lee; y
todo es tabarra, todo es lata, tan vaporosos estamos que todo nos
pesa! Y nada es original y todo est dicho, tan enterados estamos de
todo!

Dejad, dejad que funcione el bombo mutuo; es cuanto queda de agrado
y cortesana en nuestras relaciones literarias. Ser mejor que nos
destrocemos los unos  los otros y los artculos slo sirvan para
alabanza de los polticos y de los _sportsmen_, de las marquesas
viejas y de los toreros; las crticas de teatros para celebrar las
decoraciones y el rumbo de los empresarios y la belleza de las
espectadoras, y que todos suban, triunfen y medren sobre nuestras
costillas, molidas por nosotros mismos? Para todos hemos de guardar
el secreto y entre nosotros no hemos de guardarlo? Vale el pblico
ms que nosotros, para que le debamos la verdad? La verdad es para
los iguales. El que quiera saberla, que llegue con la inteligencia 
con el corazn. Y si aun hablando bien unos de otros no engaamos al
pblico sobre nuestro mrito, ya que nos crea malos escritores que nos
crea siquiera buenas personas.




IV


Todos los aos nieva en primavera y todos los aos reaparece el
invierno por Abril  por Mayo, con un fro, segn frase consagrada,
impropio de la estacin. Todo esto no tiene nada de particular; lo
particular es que, sucediendo lo mismo todos los aos, todos los aos
nos produzca la misma sorpresa, como algo fuera del orden natural.--Ha
visto usted qu fro se nos ha echado encima? Aqu todo se nos echa
encima: la nieve, como la revisin del proceso Ferrer, como el problema
de Marruecos. Nada se aprende de un ao para otro. En el ao prximo
volver  nevar en primavera y volver  parecemos que la Naturaleza
padece graves trastornos y volveremos  sorprendernos del fro impropio
de la estacin.

En las actuales circunstancias, la nieve ha sido tal vez la ms
elocuente manifestacin de la opinin pblica; el verdadero jarro de
agua fra sobre el ardor, ms  menos sincero, de tantos acalorados
discursos. La temperatura de la calle no ha correspondido con la del
saln de sesiones. Verdad es que tan pocas veces est  tono lo que se
discute dentro con lo que se opina fuera!

       *       *       *       *       *

Los que se habrn tranquilizado mucho sern todos los que se hallan
bien avenidos con el orden social, venga de donde venga y lo imponga
quien lo imponga. Si estarn convencidos de la apacible condicin de
nuestros revolucionarios! Para una vez que podan disputarse la gloria
de haber intervenido en una revolucin, chica  grande, todos, por el
contrario, han procurado  toda costa convencernos de que ni ellos ni
sus amigos pudieron tener la menor intervencin en ella. No faltaba
ms! Ellos no estn conformes con nada de lo existente, pero en el
fondo son gente de orden. Con creyentes as poco hubiera prosperado el
cristianismo. Al primer mrtir sacrificado, en vez de ensalzarle por
su fe, hubieran tratado de probar que era tan pagano como el primero y
que su martirio... haba sido una lamentable equivocacin imperial; con
lo cual el calendario hubiera perdido un santo y mrtir y el emperador
se hubiera quedado tan fresco. Yo no s, pero me parece que siempre es
ms lucido ser mrtir de las ideas propias que de las ajenas.

       *       *       *       *       *

Sin eufemismos de contadura, Ivette Guilbert ha sido un fracaso ante
nuestro pblico. Por falta de ambiente? No puedo creerlo: el pblico
que asista  la presentacin de Ivette Guilbert era justamente el
pblico selecto para quien Pars y sus artistas no son una novedad ni
una rareza. Es que la artista ha perdido con los aos? No, Ivette
Guilbert ha ganado fsicamente, y artsticamente, si nada poda ganar,
porque en su arte lleg  la perfeccin hace mucho tiempo, nada ha
perdido tampoco. Su repertorio es hoy ms variado, ms extenso;  las
canciones canallescas y macabras, que eran su especialidad, ha unido
canciones del siglo XVIII, ingenuas unas, como canciones de nias al
corro; galantemente picarescas otras. Ivette Guilbert es la Duse de
este gnero, que, por ser muy de Francia, no es de un particularismo
tal que no pueda interesarnos y justifique el desvo de nuestro
pblico. No hay arte chico ni grande; hay artistas muy chicos y grandes
artistas. Ivette Guilbert sabe hacer de una cancin una comedia  una
tragedia; en su voz, en su gesto, en sus actitudes, viven,  cada
estrofa, almas diversas. No es todo un drama la cancin _Le roi fait
battre tambour_--escrita  la muerte de la famosa Adriana Lecouvreur?

El pblico de Madrid ha sido injusto en esta ocasin. Es ya tarde para
reparar la injusticia. Se comprende que haya pblico para todo, y hasta
me parecera mal que todo el pblico entendiera de todo, mientras
haya clases; pero, la verdad, que precisamente cuando hay que admirar
verdadero arte sea cuando falte el pblico, es algo triste.

       *       *       *       *       *

Gracias  los que se interesan por mi salud  por mi estado de nimo
cuando falta una _Sobremesa_. Vyase por los que desearan que
reventara de indigestin en una de ellas. Gracias tambin  los que
creen que algunas, por impublicables, van al cesto de los papeles.
Basta con que sepamos que no es as los que debemos saberlo. La verdad
es que no ha de trabajar uno siempre para fuera y quizs escribe uno
ms cuando menos escribe, y aun en pginas ms duraderas, y no siempre
est uno para expansionarse, y ms cuando se va para viejo, y rara vez
rompera uno el silencio de oro sin apremios de plata. Conque ya lo
saben todos los molestos  contrariados con que uno escriba: no tienen
ms que organizar una suscripcin,  unas pesetitas por molestia, y yo
prometo no volver  tomar la pluma en mi vida, ni aun para agradecerles
la mala voluntad de su buena obra. Con dinero se arregla todo.




V


Yo no s si se ha escrito--la erudicin no es mi fuerte;--pero de
no haberse escrito, debiera escribirse un libro de las procesiones
de Semana Santa en Espaa. Deca un gran actor francs, maestro de
actores, que el verdadero actor debe aprovecharse, en primer lugar, de
sus buenas cualidades, y, en segundo lugar, de las malas. Este buen
consejo puede hacerse extensivo  toda persona, cualquiera que sea su
condicin social, y  todos los pueblos, cualquiera que sea su estado
de civilizacin. Cuando no se puede sobresalir por adelantados, se
debe procurar sobresalir por el atraso; el caso es sobresalir de algn
modo. Esto de las procesiones no es precisamente como la aviacin 
la telegrafa sin hilos; pero es mucho ms pintoresco y mucho ms
castizo y, bien anunciado, pudiera ser de una gran atraccin para los
extranjeros, curiosos de algo tpico, cada vez ms escaso, por culpa
de la civilizacin, tan niveladora de costumbres como desniveladora
de peculios. Slo las procesiones de Sevilla han conseguido lo que
ahora se dice reputacin mundial. Sin rebajar nada de su bien ganado
renombre, hay muchas otras que merecen ser conocidas. Las de Murcia,
con sus imgenes de Salcillo, el Murillo de la escultura espaola,
y, con l, una de las pocas notas de dulzura en el Arte espaol;
con aquel ngel de la Oracin del Huerto, bello como los de Rafael,
smbolo artstico, al erguirse en su pagana belleza sobre la postracin
dolorosa del Nazareno, de todo el Renacimiento, protestante en nombre
de la vida triunfadora y del Arte embellecedor de la vida.

Las procesiones de Cartagena, con pasos de Montas, de Salcillo,
comparacin interesante. Las de Lorca, de primitiva ingenuidad, con sus
escenas bblicas y evanglicas, representadas por personajes de carne
y hueso; reidas competidoras en propiedad y en lujo. Y en poblaciones
ms humildes, en pueblos ignorados, qu tesoros de observacin para
el curioso! Las legiones de armados, los nazarenos, el pretorio con
sus trompetas destempladas... Y sobre la devocin y la austeridad y
las tinieblas en el templo, y las Siete Palabras en el plpito, y los
siete cuchillos clavados en el corazn de la Dolorosa, y sobre la Cruz
redentora y el Santo Sepulcro, miradas y palabras y silencios de amor y
de deseos que van encendindose por la boca y por los ojos de hombres
y mujeres... Y la vida triunfa sobre toda tristeza, como el ngel
murciano en la Oracin del Huerto.

       *       *       *       *       *

Las Sociedades de aficionados protestan contra el aumento en los
derechos de representacin de las obras teatrales exigido por la
Sociedad de Autores. Todo el que conozca la organizacin ntima de esas
Sociedades ha de estar conforme con la protesta. No se comprende que
pueda haber animadversin contra ellas por parte de los autores, de los
actores ni de los empresarios. Para estos ltimos, las Sociedades de
aficionados son una saneada fuente de ingresos; los actores no deben,
sin ingratitud, mirarlas con malos ojos; casi todos se dieron  conocer
en alguna de esas Sociedades, que vienen  ser las novilladas del arte
dramtico. En cuanto  los autores, por ellas ven popularizadas sus
obras y por ellas ven representarse obras de repertorio olvidadas por
las empresas. Las Sociedades apenas cubren gastos; de su desinters no
cabe sospechar. Son un interesante ensayo de socialismo aplicado al fin
de proporcionar honesto recreo  muchas familias que no pueden pagar
el lujo del teatro, si barato en Madrid, comparado con otras grandes
capitales, muy caro en comparacin con la riqueza de esas capitales y
la madrilea.

Con la subida de los derechos slo se conseguir, como siempre, que
la autoridad se excede, que el favor solicitado con recomendaciones
se sustituya  la justicia, y, como el favor no es nunca equitativo
ni desapasionado, todo parar en intrigas, desigualdades y molestias
para ambas partes beligerantes: Sociedades dramticas y Sociedad de
Autores. De nada sirve el general acuerdo si, despus, unos autores
ofrecen rebaja en sus derechos, y otros, por el contrario, exigen
montes y morenas y anticipos y un nmero fijo de representaciones,
cuando de obras estrenadas con aplauso se trate. Todo ello slo sirve
para que medren los que estn en el secreto y hagan el tonto de la
pantomima los que se atienen  la letra de los reglamentos. Lo mejor
sera dejar  cada uno en libertad de estipular sus derechos con las
empresas y con las Sociedades. Y ya que todo sea comercio, libertad de
comercio y competencia libre. Es el sistema ingls, y hemos convenido
en que Inglaterra es el mejor modelo para todo.

       *       *       *       *       *

El prefecto de Atenas oh, cun poco ateniense! ha dado  rajatabla
la orden de que todas las artistas extranjeras que se exhiben en los
teatrillos y salones--cines en griego--sean sometidas--oh, manes de
Frin! dnde hallar aticismo para expresar el ultrajante concepto?--
una inspeccin facultativa, muy relacionada en verdad con algunos
dioses de la Mitologa: la diosa del Amor y el dios del Comercio; pero,
hasta ahora, nada relacionada con Apolo, dios de las Artes,  no ser
por parte de hijo,  sea Esculapio, dios de la Medicina.

Las ofendidas han puesto el grito en el Olimpo, y mientras, de all
vienen los rayos, en sus Embajadas y Consulados respectivos. S
que hay para una intervencin. Por lo pronto, en la primera ojeada
han resultado dos virtudes sin detrimento. No es mal reclamo, con
certificacin facultativa y todo. Pero el que luzcan dos virtudes no
es razn para deslucir las de otras seoritas. Siempre se dijo que
las comparaciones son odiosas. Aparte de que es ocasionado  errores
localizar la virtud en estos tiempos, y la ciencia no ve el fondo de
los corazones.

Lo malo ser que algn prefecto de por ac se sienta helenista y quiera
traducir al ateniense. Cierto que hay escenarios por esos teatros que
ms parecen aceras, y aun arroyos; pero, en fin, aunque en ellos el
Arte no sea ni su sombra, todava debe amparar con su nombre  las
pobres mujeres que en l buscan sagrado. Y, en todo caso, la inspeccin
no debiera aplicarse slo  las artistas, sino  los espectadores,
especialmente al cerebro. Puede que no se encontrara uno sin tacha,
como la virtud de esas dos chicas, en Atenas.




VI


Por los que hacen ostentacin de lo superfluo cuando lo ms preciso
escasea, se dijo: Gran tocado y chico recado. Nuestra vanidad
de hidalgos ha cambiado los trminos, y ahora, con el monumental
evacuatorio de la Puerta del Sol, bien puede decirse de nosotros lo
contrario: Chico tocado y gran recado, con la significacin que la
palabra _recado_ tiene en Andaluca.

Si las _preciosas_ ridiculizadas por Molire poetizaban, denominando
_Le superfl de la boisson_,  lo que tiene ms bajo nombre, los
madrileos hemos puesto una superfluidad al servicio de esas
superfluidades.

El suntuoso evacuatorio vendr  ser, como el mondadientes paseado
por aquellos hidalgos del siglo XVII: ms para engaar la
curiosidad ajena que el estmago propio.

Todo quiere principio, y bueno es empezar por algo, aunque se empiece
por el final; como en este caso se ha procedido, en el orden de las
funciones digestivas.

Lo que no me parece tan bien es el emplazamiento; pues si Madrid es el
centro de Espaa y la Puerta del Sol el centro oficial de Madrid y de
ella ha venido  ser ornamento principal, con perjuicio del ministerio
de la Gobernacin, ese precioso evacuatorio, vase lo que viene  ser
el centro de Espaa. Esperemos que no haya confusin en tiempos de
elecciones y cada asunto se despache en su departamento adecuado.

       *       *       *       *       *

Un peridico de Pars, en carioso saludo de despedida  Mlle. Sorel,
la pronostica un gran triunfo entre nosotros y nos dice de paso
que, gracias  la bella _socia_ de la Comedia Francesa, podremos
aqu admirar esos monumentos de la literatura francesa que son:
_Demi-monde_, _Antony_, _L'Aventuriere_, etc.

De ayer por la tarde fu cuando D. Jos Valero representaba el
_Antony_, de Dumas padre, y tambin de hoy por la maana cuando la
Virginia Marini, en italiano, y Mara Tubau con Emilio Mario y Snchez
de Len, en castellano, nos dieron  conocer el _Demi-monde_, de Dumas
hijo. En cuanto  _L'Aventuriere_, representada en el teatro de la
Comedia, de Madrid, por Coquelin, admirable de todo punto en el papel
de D. Anbal, el rufianesco hermano de doa Clorinda, haba sido
representada muchos aos antes, en excelente traduccin, no recuerdo
ahora si de doa Gertrudis Gmez de Avellaneda  de doa Carolina
Coronado. De modo que si no es por mademoiselle Sorel, nos quedamos tan
ignorantes.

Algo hubiera ganado la distinguida actriz con seguir cultivando
nuestra ignorancia y dejarnos la impresin de su elegante silueta
en la favorable y lejana irrealidad de las postales y de las cajas
de cerillas, poetizada por ese encanto en que Pars envuelve  sus
artistas, siempre hermosas, siempre jvenes, siempre espirituales,
siempre vestidas de armios y de encajes, siempre cubiertas de perlas
y diamantes... Oh presencia, presencia, destructora de encantos! Ayer
fu la Cleo de Merode, hoy es la Sorel... Los adolescentes ilusionados
que os vieron de cerca, ya no volvern  extasiarse ante las postales y
las cajas de cerillas. Oh princesas lejanas, como la de Rostand! Por
qu os acercasteis nunca para decirnos que no sois como rais?

       *       *       *       *       *

Los tripulantes de un barco, en mares de Australia, han presenciado
la ms descomunal batalla imaginable. Treinta y seis ballenas machos
luchando por una sola hembra, Elena de esta _Iliada_ entre cetceos. Ya
no es slo por las calles de Madrid por donde no puede andar una seora
sola. Cierto que los batalladores cetceos tenan en su disculpa la
enorme desproporcin entre el gnero masculino y el femenino. Treinta
y seis para una! Pobre ballena, que no encontrara en tal apuro ni 
un pez espada para defenderla!

Este suceso es el que ha determinado, sin duda, la formacin de una
Liga contra la pornografa. Todos los das no puede uno hacerse cargo
de todo; as es que cada cuatro  cinco aos nos hacemos cargo de una
cosa. Ahora que va decayendo la pornografa, conseguiremos que vuelva 
tomar incremento con dedicarnos  combatirla.

Parece ser que el medio indicado es el _sport_. De veras? No ser el
exceso de _sport_ y el de los ejercicios fsicos lo que haya embotado
las inteligencias para goces ms espirituales y ms artsticos?
Advirtase quines son los que gozan en el teatro con las groseras y
las marranadas; no son los que han ledo  Ibsen: suelen ser los que
se aburren con la representacin de cualquier obra de verdadero arte.
Quines son los que leen las novelas pornogrficas? Los que no leen
ninguna otra, porque nada dice  su inteligencia.

Bueno est fortalecer los msculos; pero no estar de ms fortalecer
el cerebro. Un error lamentable de educacin tiende  suprimir todo
esfuerzo mental en el estudio, ya nadie quiere calentarse la cabeza;
queremos que todo sea agradable, fcil, ligero; ya todo el _lata_ para
el vaporoso cerebro moderno.

Es preciso que la inteligencia tenga tambin su gimnasia; porque si
durante todo el da no hemos hecho ms que correr, saltar y darnos de
puetazos, cmo vamos  entender por la noche _La vida es sueo_ mejor
que unas canciones por todo lo bajo y un garrotn por todo lo alto?

Yo s que en los tiempos de mi juventud nos obligaban  estudiar con
trabajo, y todo el _sport_ era algn marro, jugado en algunos sabrosos
novillos; pero s que llegaba un domingo por la tarde y preferamos
gastarnos los cuartos de nuestro pobre peculio de estudiantes, en
admirar  Elisa Boldn y  Rafael Calvo en alguna obra del teatro
antiguo. Y los mozos de ahora se van al _cine_  relinchar como potros,
 insultar  las pobres mujeres, y cuando van  un teatro serio, por
moda, no por gusto, creen que es todava el _cine_. Pues estos mozos
son los que, por higiene, tienen seis horas de gimnasia, de _sports_,
de armas, y media hora de estudio ligero, muy ligero, no se caliente
el nio la cabeza. No; ms vale que se le rompa por fuera de un golpe
 de un batacazo, que no se le caldee por dentro al chocar de dos
ideas.




VII


Debe de ser un encanto gobernar un pas, como ser jefe de una familia
en que reine de continuo la mayor unanimidad de pareceres. Si el
Gobierno no se ha enterado todava de la verdadera opinin nacional
en los asuntos de Marruecos... Unos que: Vamos all, que para luego
es tarde, que all est nuestro porvenir. Otros que: Nada tenemos
que hacer all, que Marruecos es como los amores y las zarzas, donde,
segn el refrn, quien en ellos se metiere entrar cuando guste, mas no
saldr cuando quisiere.

Hay seor, de los expansivos y belicosos, que, como caballero
particular, le basta con un piso muy reducido, con habitaciones de
un metro en cuadro, para todas sus expansiones; pero, como ciudadano
espaol, teme ahogarse entre las fronteras naturales y le parece que
le va  faltar aire si, por abajo, no llegamos hasta Tetun y, por
arriba, hasta qu s yo dnde; como si, por mucho que se dilaten
las fronteras, no vinieran  parar al fin en vecindades ms  menos
molestas y peligrosas. El Imperio universal est muy desacreditado,
por aquello de: Quien mucho abarca, poco aprieta. Y nadie abarc ni
apret ms que nosotros, y no es cosa lo que nos ha lucido el pelo.

Otros lo toman por lo agrcola, y como en Espaa  Dios gracias! ya no
queda sitio para plantar una mata de habas, se extasan considerando
las siembras y plantaciones que podemos extender por los territorios
conquistados. Por aqu, tabaco; ms all, pimientos; detrs, unas
coles, y, entre col y col, lechugas. Qu porvenir, qu riqueza!

A todo esto, la verdadera opinin, que, como siempre, es la que nada
dice, y hace mal, como siempre, piensa que: del lobo un pelo, y de la
hermosa Dulcinea de esos andantes caballeros, que no andan, un retrato,
siquiera tamao como el blanco de una ua; como pedan los mercaderes 
Don Quijote, para proclamar, con algn fundamento, la soberana beldad
de su dama.

Lo cierto es que, de Amrica, con todos los errores y todas las
torpezas, se sac algn provecho, y aun colea; pero de Africa no
sacamos ms que romances; muy heroicos, pero nada prcticos. Las
guerras modernas van por otros caminos. Los ejrcitos son hoy avanzadas
de los viajantes de comercio. Pero es muy triste cosa que, cuando un
ejrcito se haya cubierto de gloria y pueda decirnos: Aqu est todo
este territorio que os hemos conquistado, haya que responderle: Y
qu hago yo con esto?

       *       *       *       *       *

Dichosos tiempos stos en que, por cada pierna que podemos mover, y
aun echar por alto, tenemos una liga que nos sujete y nos impida andar
en malos pasos! Hay ligas femeninas, hay ligas masculinas, las hay de
ambos sexos; las hay para todo y contra todo. Esta de ahora, contra
la pornografa, promete ser de las ms batalladoras. Ser verdad
que estamos tan encenagados? Se escriben y se publican ms libros
pornogrficos que en otros tiempos? El teatro es ms inmoral que lo ha
sido nunca? Se escandaliza por esas calles como en ningn otro perodo
histrico?

Yo creo que no; lo que yo creo es que ahora, como nunca, le ha dado 
todo el mundo por enterarse de todo y por hablar de todo, y... oye
uno  seoras y seoritas, nias y nios, tratar de unos asuntos!
Sucede como en esos pases de clima templado en que las casas estn
mal acondicionadas para el invierno: cuando quiere uno estar abrigado,
hay que echarse  la calle. Lo mismo es con la pornografa moderna. La
calle est  mejor temperatura que las casas.

Ciertos libros, ciertos teatros, solicitan  un pblico especial.
Qu culpa tienen ellos de que todo el pblico los busque? Los que
se indignan con la literatura pornogrfica, estn seguros de haber
dispensado su proteccin  la literatura honesta? Los que protestan
contra las obras inmorales en el teatro, estn seguros de no haberse
aburrido en la representacin de alguna comedia moralsima?

No me cansar de decirlo; lo que llamais pornografa tiene su origen
principal en la exagerada oera. Por oera cultivais la incultura,
y ah tenis el fruto. Impeds que vuestros hijos y vuestras hijas
afronten cara  cara, como la luz del sol, una verdadera obra de
arte, y, es claro, como algo han de leer, leen  escondidas cualquier
porquera; y como no tienen formado el gusto para saborear cosa mejor,
les parece excelente.

Si no les permits admirar las obras maestras de la escultura, ni los
desnudos del Tiziano, cmo no han de recrearse,  hurtadillas, con
alguna coleccin de postales que slo puede causar asco en quien ms
alta y ms pura belleza haya contemplado?

Cuidad de vuestros hijos en casa y no os cuidis tanto de la calle; que
nadie sale  buscar en ella lo que le prohibieron que buscara, sino lo
que le ensearon  buscar.




VIII


En los Estados Unidos un matrimonio ha realizado, efectivamente, ese
duelo  muerte que es todo matrimonio. La esposa, el adversario, segn
Caps, lo ha sido en este caso con todas sus consecuencias. Con mayor
lealtad, al batirse  pistola con su marido, que tantas otras mujeres
en ese duelo continuo  pinchazos, pellizcos y mordisquitos--morales,
por supuesto--que tienen su campo de honor  todas horas, en la mesa,
en el despacho, en el cuarto de costura, en el mismo tlamo, y por
testigos,  parientes, criados, vecinos, visitantes y  la misma prole
de los combatientes.

--Contigo no hay quien pueda. No haces ms que tonteras. Ah tienes
 Fulano; si fueras como l! Por qu seremos tan tontas las mujeres
honradas?--Oh, la perfecta comunicacin de vidas! Oh, mujer nuestra,
nunca nuestra! Si sabemos alguna vez cul es tu pensamiento, es porque
piensas siempre lo contrario, y aun sabes burlar nuestras suposiciones,
pensando en una distinta contrariedad contraria  cuanto pensamos. T
eres la conciencia del hogar cuando, por la Patria  por la Humanidad,
sacrificamos conveniencias familiares, y eres la conciencia acusadora,
en nombre de la Patria y de la Humanidad, si nos dejamos seducir por tu
voz de sirena domstica. Nos quieres mezquinos por ti, y nos quisieras
despus grandes  pesar tuyo.--Djate de cuentos; s como todos--nos
dices antes.--Djate de cuentos. No ves cmo eres lo mismo que
todos?--nos dices despus.

De qu es tu cario, que siempre nos quiere otros? Oh, mujer nuestra;
siempre dolorida; malograda siempre, y nunca nuestra!

       *       *       *       *       *

Al aficionado de sangre--no diremos  la sangre, por no ofenderle--no
le basta con la lucha entre el torero y el toro; necesita que haya
lucha tambin--en este caso se llama competencia--entre los toreros.
Cuanto mayor y ms enzarzada es la competencia, mayor brillantez logra
el espectculo. No hay duda; del toro puede huirse, pero cmo huir
del competidor que viene azuzando? En todos los rdenes de la vida es
bueno que haya conservadores y liberales, y hasta revolucionarios  la
expectativa, que son los no contratados, que de todo murmuran. Pues
digo si los que van llegando y los que estn al llegar no empujaran
 los que han llegado! Qu sera de nosotros si Maura y Bombita,
La Cierva y Machaquito se vieran dueos y seores del redondel? Por
fortuna, las empresas comprenden sus intereses y avivan la competencia.
El que quiera torear que no sea conservador... de su piel. Y el que
quiera gobernarnos que no sea liberal... de la nuestra.

       *       *       *       *       *

Como nuestra buena amiga, la de Trafalgar, nos ha salido algo cocota,
pero de las prcticas, ahora hemos cado en la cuenta de que mejor nos
hubiera estado poner nuestros amores y nuestra confianza en la seora
Germania, que, aunque burguesota y carillena, es seora formal y de
peso.

A buena hora, mangas verdes; para que nos respondan con el ademn ms
adecuado  esa parte de la indumentaria. Bien que, para justificar
nuestra conducta, podamos recordar el cuento de aquella novia  quien,
en vsperas de la boda, el novio apremiaba para la concesin de ciertos
anticipos  cuenta, y como ella se resistiera bravamente, y despus
de todas las ceremonias nupciales el novio la dijera: Anduviste muy
discreta; si me haces el menor anticipo, no me caso contigo; ella
entonces, con la mayor inocencia: S, que soy yo tonta! Ya me haba
pasado dos veces.

De donde se deduce que para sacar marido  aliado no conviene hacer el
menor anticipo, sino estar  las resultas, que es la mejor proporcin y
acomodo.

       *       *       *       *       *

Max Rheinhardt, el primer director escnico de Alemania, ha obtenido un
triunfo de alabanzas, de burlas y de discusiones en la representacin,
en la pista de un circo, del _Edipo_, de Sfocles, y el _Ricardo II_,
de Shakespeare. La prueba es digna del inteligente director, y segn
sus admiradores incondicionales, en los tiempos modernos no se haba
logrado tan exacta presentacin de la tragedia griega en toda su
grandeza. El coro, verdadero protagonista en ella, recobra as toda su
importancia, invadiendo la pista por diferentes partes, como verdadera
masa popular, interviniendo en la accin  cada paso espectador y actor
al mismo tiempo.

En cuanto al _Ricardo II_, de Shakespeare, como todos los dramas
histricos del mismo autor, creo que slo en un circo pueden hallar
su verdadero escenario. All pueden evolucionar guerreros y caballos;
all pueden sucederse los varios episodios, todos interesantes y todos
necesarios. Y, en efecto, las representaciones primitivas de esas
obras, en tiempos de su autor, actor y empresario, ms semejanza tenan
con la representacin de una pantomima de circo en nuestros tiempos,
que con las representaciones de esas mismas obras en nuestros modernos
teatros. Los actores pasaban  caballo entre el pblico; como aun hoy,
por tradicin teatral, puede verse en Granada, en las representaciones
de la famosa Toma, y como era uso tambin en nuestros corrales; y
actriz hubo, como la Brbara Coronel, ms celebrada por su arrogancia
de amazona que por sus mritos de comedianta.

Todo vuelve  fuerza de buscar novedades, y el mayor progreso
escenogrfico est en volver  la sencillez de los teatros primitivos.
El teatro vive, ante todo, de la imaginacin, y  la imaginacin,  se
la engaa con muy poco  no se la engaa con nada. Hay algo con que se
la engaa siempre: el inters y la emocin. Sfocles y Shakespeare no
necesitaban de los ojos del espectador; con los odos les bastaba.




IX


Despus de leer el libro _L'art de bien tenir sa maison_, publicado
en Pars por la biblioteca Fmina, cae uno en la cuenta de cmo es
preciso renovarse  morir, segn la frase de Gabriel D'Annunzio. Hay
que renovar nuestra educacin cada diez aos, por lo menos, si no
quiere uno caer en graves faltas de tacto y de buen gusto. Parece que
esto de la urbanidad y del trato social debiera estar sujeto  leyes
ms permanentes; nada de eso; lo que ayer era exquisita cortesa,
hoy es ordinariez; lo que ayer acreditaba  cualquiera como hombre
de sociedad, hoy le pondra en el ms lastimoso ridculo. La exacta
observacin de las famosas mximas del barn de Andilla podr hacer
del ms zafio patn el ms cumplido cortesano. Eran tan claras,
tan sencillas, tan aplicables! Ya por los tiempos de su publicacin
empezaba  desecharse tradicionales reglas de buena crianza. Dice el
barn:

    Hoy, en la mesa principal, es uso
    servir trinchado ya: sistema ruso.

Nadie ignora que all en los aos en que Larra escriba su _Castellano
viejo_, nada acreditaba tanto  una persona de finura y cortesana como
su habilidad en el arte cisoria, mostrada al trinchar un ave entre la
admiracin y el aplauso de los comensales... Arte y habilidad perdidos,
cuya tradicin slo conservan algunos cirujanos modernos, tal vez por
atavismo, tal vez porque consideren, como el filsofo, que el hombre es
un ave sin plumas.

Lo cierto es que ha de estar uno siempre pendiente de estos utilsimos
Cdigos de la buena crianza, que, con los ttulos de _El modo de vivir
en sociedad_, _El perfecto caballero_, _La verdadera gran dama_,
_El arte de servir la mesa_, _La educacin y las buenas maneras en
sociedad_, _Las buenas formas en el cine_, y otros por el estilo, ms
 menos afrancesados, como  toda fiel traduccin corresponde, nos
impiden estar en ridculo ante las nuevas generaciones. Ya debe uno
entrar con los guantes puestos en un saln, ya debe uno quitrselo; ya
debe uno besar la mano  la seora de la casa, ya no debe besarse nada;
ya est bien ofrecer el brazo  las seoras, ya es una ridiculez de mal
tono; ya deben presentarse unas  otras todas las personas reunidas
en un saln, ya no debe presentarse  nadie para no imponer nuestras
relaciones, aunque el sistema de la abstencin es muy peligroso.
Cualquiera empieza  murmurar de nadie en una reunin donde la mayora
de las personas nos son desconocidas! A lo mejor suelta usted su
murmuracin y se hace un silencio de hielo; mira usted  su alrededor
y todo son risitas mordidas para no soltarlas; slo ve usted dos caras
muy serias: la de la seora de la casa y la de otra seora. No hay
duda: se ha metido la pata. Y si la murmuracin se dificulta, de qu
se habla en sociedad? El tema teatral se agota pronto. De toros? No
es conversacin para seoras y pueden hallar alusiones molestas en lo
ms inocente. Yo creo que, no slo se deba presentar  todo el mundo,
sino que todos debiramos llevar colgado un pequeo cuadro de nuestra
genealoga: profesin, opiniones religiosas y polticas, asuntos de que
se puede hablar en nuestra presencia y asuntos que no deben mentarse.
En toda reunin est siempre pendiente la plancha de Damocles, pronta 
caer sobre la cabeza del primer indiscreto.

Y las comidas? Cualquiera se sienta hoy  una mesa de etiqueta sin
llevarse muy aprendido el destino y aplicacin del sinnmero de
utensilios de diferente forma indispensables en toda mesa de buen tono.
Pinzas, garfios, tijeras, cuchillos de mil formas: unos para comer los
esprragos con pulcritud; otros para triturar con gracia los cangrejos;
un chisme para cada cosa, y viceversa. El ideal feminista! Una mesa
moderna parece el aparador de un dentista, con su imponente coleccin
de instrumentos relucientes. Y ya se estila adornar la mesa; ya es de
mal gusto recargarla de adornos; y hoy no es de buen gusto comer mucho
pan; y maana se debe comer tostado... Hay para llenar una existencia
con el estudio de estas que no pueden considerarse menudencias, pero
que  lo mejor deciden de nuestra suerte en la vida.

       *       *       *       *       *

Publicacin muy interesante y muy digna de que se solicite atencin
para ella es la nueva revista _Archivo de Investigaciones Histricas_.
Por el contenido de los nmeros publicados puede apreciarse su
importancia. Seguramente su editor no aspirar  enriquecerse con
ella; ya se contentar con no empobrecerse, de dinero y de ilusiones,
que tambin valen algo. En Espaa no hay gran aficin  los estudios
histricos documentales, y mucho menos  enfrascarse en la lectura de
documentos autnticos. Estudiamos la Historia; mejor dicho, nos la dan
estudiada, si estudiar puede llamarse  esto, por grandes sntesis. Las
grandes sntesis son de una gran comodidad. Con decir: La Historia
se divide en tres edades: antigua, media y moderna; con atribuir 
cada una de ellas un carcter general, segn las opiniones polticas
del historiador, ya estamos al cabo de la calle y de los siglos. Y es
lstima, porque slo por el conocimiento de la Historia puede formarse
la verdadera conciencia de un pueblo. Si la verdadera ciencia de
gobernar consiste, como la ciencia del agricultor, en el conocimiento
del terreno que ha de cultivarse, slo el conocimiento de la Historia
puede ensearnos cmo puede cultivarse el espritu de los pueblos para
no exponerse  sembrar en terreno estril   malograr cosechas por no
conocer el terreno y lo que en l puede sembrarse con esperanza de buen
fruto. Aqu sembramos  tontas y  locas; all van leyes y all van
proyectos; esta ley de Francia; aqulla de Inglaterra; sin cuidarse si
en esta tierra espaola podrn tener buen arraigo y floracin lucida.

       *       *       *       *       *

Un libro raro tambin entre los libros recientemente publicados: _Mundo
interior_, de un escritor joven: Garca Mart, que se nos presenta en
su libro con esa serenidad espiritual que slo la fe religiosa  la fe
en nosotros mismos pueden asentar en nuestro espritu. Si esa serenidad
fuera literatura, aun sera estimable el libro; mas tengo razones
para creer que lleg al libro despus de luchas muy hondas. Aun llora
la resignacin en esas pginas; aun se percibe el fragor del combate.
Lo que pudiera parecer inspiracin de otros escritores, es aqu como
nueva emocin, acrecida por las palabras de un amigo que supo acertar
con el secreto de nuestra alma. Y as llega tambin  nosotros este
libro, como un buen amigo que todo lo comprende y lo perdona todo y con
la serenidad de sus palabras viene  poner calma en nuestro corazn
atormentado.

Y un saludo para un libro de cuentos: _La Serafina_, del veterano
escritor Sr. Tusquets, no tan conocido como debiera serlo; pero s
muy estimado de cuantos le conocen. Escritor que no vivi atento 
veleidades de modas literarias; que emprendi su camino por la novela
naturalista, cuando apenas se hablaba del naturalismo en Espaa. Otros,
con menos merecimientos, lograron ms ruidosos aplausos. Olvidamos
demasiado pronto. No es el Sr. Tusquets, el autor de _La hembra_, de
los que deben ser tan injustamente olvidados.




X


A nadie como  los polticos y  los escritores conviene, de cuando
en cuando, descentralizarse. Unos y otros son tan inclinados  creer
que es todo el mundo el pequeo mundo que les rodea! Y en el mundo
hay ms, siempre hay algo ms. Slo alejndonos de nuestro medio,
que es alejarnos en parte de nosotros mismos, podemos apreciar el
verdadero valor de nuestra obra. Nuestra vida, como nuestra obra, slo
 distancia parecen lo que son en realidad. De aqu la conveniencia de
los viajes para polticos y escritores. Al observar cmo nos juzgan los
espectadores lejanos, aprendemos  juzgarnos mejor nosotros mismos.
Tanto ms ganar nuestra conciencia cuanto ms castigada quede nuestra
vanidad.

Convienen tambin los viajes para curarnos de nuestra impertinente
superioridad de madrileos. Hay en provincias ms reposado ambiente
de intelectualidad; el tacto de codos no llev hasta sus Crculos
literarios la complicidad de las admiraciones  de los odios. Se
juzga con menos pasin, porque se sabe ms de las obras y menos de
las personas. Justo es que desde Madrid correspondamos con nuestra
atencin y nuestra simpata  los que trabajan en provincias, con mayor
desinters que en Madrid se trabaja, por un noble ideal de cultura.

Mi saludo al Ateneo de Badajoz que, con sus propios recursos, bien
escasos, organiza Exposiciones de pintura, Certmenes literarios,
Conferencias cientficas y artsticas. Mi saludo  los poetas y
escritores premiados en los Juegos florales; sus poesas y sus
cuentos en prosa no eran las acostumbradas vulgaridades que tanto han
desacreditado estos tradicionales concursos. Luis Bardaje, Antonio
Teixeira, Montero, Enrique Segura, son poetas y cuentistas superiores
 la flor natural y  los objetos de arte, obligado premio en estos
Certmenes.

No vea nadie en mis elogios obligacin del agradecimiento. Es justo
pago  la verdad. Mi corazn no paga con tan poco.

       *       *       *       *       *

Como casi todo el ao, aunque no nos demos cuenta como ahora, hemos
estado viviendo en el aire. Nuestra imaginacin, de suyo perezosa,
aunque tenga, por meridional, fama de lo contrario, ha volado por
esta vez siguiendo, y aun adelantndose, al vuelo de los aeroplanos.
Como actores, no es cosa lo que nos lucimos en estas emocionantes
luchas por la conquista del aire; pero como espectadores!, aqu
nos las den todas, en un da de sol, entre buenas mozas y con una
buena merienda. Este, ste es nuestro papel: contemplativos y algo
escpticos, hasta que llegue el da en que podamos aprovecharnos de
lo que otros inventaron y trabajaron para nosotros. S, que somos
primos! Cuando el invento est bien perfeccionado y no haya riesgo que
temer ni peligros en que aventurarse, el volar ser para nosotros un
divertido _sport_. Entretanto, bien estamos de espectadores. Nuestro
terreno es la Teologa y la Mstica, segn D. Miguel de Unamuno. Ya
es bastante que nos dignemos admirar. Y vaya usted  saber, si de la
admiracin se quita la bulla del viaje y las buenas mozas y la merienda
y la juerguecita, lo que quedara para el valor de los voladores y
el triunfo de sus mquinas! Como deca Cromwell, al ver la multitud
agolpada para aclamarle: La misma gente habra si me llevaran 
ahorcar. No digo yo la misma; pero alguna ms s hubiera acudido, si
en estas corridas areas no estuviera comprobado que el hule suele
alcanzar tambin  los espectadores. Y que, alguna vez, como en Pars
ahora, los viajeros no son de tercera, como, segn el comentario de
un peridico, lo fueron, afortunadamente, todas las vctimas de un
descarrilamiento.

       *       *       *       *       *

Como algunos crticos le hubieran acusado de plagiario, lamentbase
Bernardo Shaw de la triste idea que dichos crticos tenan de la
mentalidad inglesa, que, apenas daban con una obra sobresaliente, ya
no podan creer que en cerebro ingls hubiera sido concebida. Si de los
crticos y del pblico ingls se quejaba Bernardo Shaw, qu podremos
decir en Espaa, donde todo lo de casa est siempre en entredicho y
nadie cree en la capacidad intelectual de nadie, y as andamos todos de
acobardados y desconfiados de nuestras propias fuerzas? Quin piensa
aqu en acometer empresa alguna si, en vez de alientos y esperanzas,
slo ha de oir el cubrefuego que paraliza su resolucin? Qu va 
hacer ese hombre? Ha visto usted qu atrevimiento? Y si alguien da con
una idea original, todos se preguntarn: De dnde la habr copiado?
Y cualquier atrevimiento parece desvergenza, y cualquier resolucin,
osada y falta de respeto. Admirable pas, en que slo los holgazanes
y los ociosos viven tranquilos y respetados!

Pensaba yo todo esto viendo al actor italiano Caravaglia representar
_Hamlet_. No es que estuviera mal del todo; pero yo pensaba qu se
hubiera dicho de un actor nuestro si se hubiera atrevido  una mitad
de las cosas raras y de mal gusto  que el actor extranjero se atreve
en la interpretacin de la obra de Shakespeare. Y  la mayora de los
espectadores estaba  punto de parecerles todo aquello algo maravilloso
y de un soberano arte. Risa para todo el ao hubiramos tenido con uno
de casa. No tomamos  broma  Tallav porque se atrevi  representar
_Los espectros_, de Ibsen, despus de Zacconi? Era tan gran osada?
Ah! Si Tallav hubiera sido extranjero! Pero nuestros actores no
pueden atreverse  nada; los queremos discretos, muy discretos,
medrositos y respetuosos siempre; les pedimos que ni se molesten ni nos
molesten demasiado; nada de gritos, ni de gestos, ni escenas mudas, ni
desplantes;  decir su papelito, y  salir del paso; aqu nos conocemos
todos; ya sabemos todos de lo que somos capaces. Los extranjeros, ya es
otra cosa; ya pueden atreverse  todo; es otra cosa, sobre que no se
entiende lo que dicen si no hacen algo raro...

Y no es que Caravaglia sea un mal actor; al contrario, es demasiado
actor; no hay modo con l de olvidarse de que estamos en el teatro.
Pero, la verdad, como Hamlet era algo ms que un comediante, y
Shakespeare algo ms que un autor de teatro... Oh, la _Cleopatra_,
toda humanidad, de Eleonora Duse! Oh, el _Hamlet_ de ensueo de Sarah!
Y cmo el teatro dejaba de ser teatro al encanto de las dos divinas
intrpretes de Shakespeare!




XI


Aunque la supresin del impuesto de Consumos en nada favoreciera al
contribuyente, aunque slo cambiara la forma del cobro, ya sera de
agradecer y de estimar la supresin. Como hay una tica, debe haber una
Esttica en el arte de gobernar, y el impuesto de Consumos no puede
negarse que era de lo ms antiesttico. Ese registro del viajero,
que tal vez llega angustiado por tristes preocupaciones, tal vez
todo ilusiones y esperanzas, y, como anticipo de hospitalidad, se le
ofrece la mirada hosca del vigilante,  quien tampoco hay que culpar
demasiado, expuesto siempre  desconfiar cuando menos debiera  
dejarse engaar cuando mejor le engaan.

Ya se necesita ser conservador para obstinarse en conservar el lindo
impuesto. Ojal pudiera suprimirse tan fcilmente el registro
y el pago en las Aduanas. Todo sera caminar deprisita hacia la
civilizacin. Los dos impuestos, por la forma del cobro, recuerdan
la dulce manera con que los seores de horca y cuchillo ponan 
contribucin, en especie  en dinero,  todo viandante que pasara por
sus dominios. Ya que todo venga  parar en sacarnos el dinero, que
se nos saque con buenas formas, que es como ponen  contribucin las
mujeres, y  ver si hay quien se d mejor arte para sacar dinero.

Mientras lo mejor de nuestras clases directoras anda preocupado
con la supresin de dicho impuesto, y lo ms mejor con el Congreso
Eucarstico, cuya perentoria necesidad se dejaba sentir desde los
comienzos del siglo XX, no sale uno  esparcirse un poco por esas
calles que no vea uno, dos, tres... quin puede contarlos? entierros
de nios, con sus cajitas blancas, como de juguete, cubiertas de flores
algunas, otras muy pobres, sin adorno alguno. Detrs, si el entierro
no es de nio rico, van dos  tres simones; la gente va sin pena.
Angelitos al cielo!

La muerte de los nios slo es tristeza para los padres, para los ms
allegados; los dems... pensamos tantas veces lo bien que nos hubiera
sido morir apenas nacimos; mejor, no haber nacido! Todo el pesimismo
y toda la tristeza de nuestra vida caen, como gran consuelo, sobre
esas cajitas blancas, como de juguete; un juguete que nos trajeron por
equivocacin, y vuelve  su destino.

Y en esas cajitas blancas, como en esas otras grandes cajas, que
tambin tienen algo de atad, los barcos de emigrantes, tal vez se va
lo mejor de Espaa. No son los fros del invierno, son las heladas de
primavera las que deshojan la flor que haba de ser fruto sazonado.
Procuremos que nada muera prematuramente. No miremos con indiferencia
esos barcos grandes ni esas cajas pequeas. Miremos en la flor el
fruto, y pongamos todos ms solicitud, ms cario en defenderla de
esos hielos, que son la miseria y la ignorancia de muchos entre la
indiferencia de casi todos. Y los menos indiferentes suelen ser de
la raza de los poetas, que ni han gobernado nunca el mundo, ni han
conseguido nunca hacerse oir de los que lo gobiernan.

       *       *       *       *       *

La representacin de _El rey Lear_ ha renovado la discusin sobre la
teatralidad de las obras de Shakespeare; esto es: si son mejor para
ledas que para representadas. Desde muy antiguo, los admiradores
literarios de Shakespeare estn contra la representacin. Carlos
Lamb, uno de los mayores idlatras del gran autor, se lamentaba del
deplorable efecto que le haba producido la representacin de este
mismo _Rey Lear_, representado ahora en Madrid por Garavaglia. La
figura del rey Lear no cabe en la escena--deca;--sus proporciones son
demasiado gigantescas. Ceguedad de idlatra; porque yo creo que jams
obras dramticas fueron tan obras de teatro como las de Shakespeare.
Lo que hay es que pesa demasiada crtica literaria sobre ellas, y que
cualquier auditorio moderno, al juzgarlas, como cualquier actor de
nuestros das, al representarlas, se empea en buscarles, como suele
decirse, tres pies al gato. Las obras de Shakespeare siguen siendo lo
que fueron en su tiempo: obras para un pblico popular, un pblico de
emocin. La literatura apenas tiene que ver con ellas. Los asuntos de
todas sus obras son como cuentos populares,  los que no es difcil
hallar correspondencia en todos los tiempos y en todos los pases. Esta
historia del rey Lear, no es el eterno cuento de las tres hijas de un
rey; las mayores, perversas, y la menor, dechado de perfecciones; la
menor, perseguida por la maldad de sus hermanas, hasta que triunfa,
al fin, por el poder de sus virtudes? Tragedia para los corazones ms
que para las inteligencias. Tragedia que lo mismo comprende el rey que
haya dividido sus Estados entre sus hijos, que el pobre labriego que
les haya repartido sus tierras y despus padezca la ingratitud y el
abandono de sus hijos.

En cuanto  la decantada psicologa de los personajes de Shakespeare,
puede haber nada ms sencillo, ms infantil? Son los actores los que
se empean, segn frase del mismo Shakespeare, en dorar el oro, en
pintar la azucena y en endulzar lo dulce. Actores ingenuos que se
limitaran  decir su papel, con la natural emocin en algunos momentos,
obtendrn mayor efecto que estos crticos alambicadores actores
modernos. La Duse era la sencillez misma en _Cleopatra_, y quien la
recuerde en esta obra no cree recordar  la misma reina de Egipto?

La crtica literaria tampoco se ha fijado en _El rey Lear_ ms que en
un solo aspecto del drama: la ingratitud de las dos hijas mayores del
rey. Por eso les parece esta tragedia de un pesimismo desolador. Pero
advirtase que la ingratitud de las dos hijas del rey Lear es justo
castigo de su injusticia al repartir su reino. Como el viejo rey, todos
somos alguna vez injustos en nuestra generosidad y en nuestro cario.
Hallamos siempre buenas razones para recompensar  quien nos halaga, y
la verdad de un sincero afecto nos parece falta de cario.

En pocos dramas resplandece la idea de justicia tan alta como en _El
rey Lear_. Solo que la justicia de Shakespeare no es la de un autor
de melodramas  de folletines; no es tampoco justicia de directora de
colegio que premia con dulces  estampistas, y castiga privando del
recreo; es justicia como la de Dios: la muerte es igual para todos;
para todos es igual el dolor. Nuestra conciencia es la que dice que
no es igual morir como Regania y Gonerila que morir como Cordelia.
Y el que diga qu atrocidad! Todos mueren lo mismo: los buenos y
los malos..., ese ni puede comprender  Dios ni puede comprender 
Shakespeare.




XII


A la carta abierta que me dirige _Caramanchel_ slo he de contestar
que, al referirme  la crtica, tratndose de _El rey Lear_, no me
refera  la crtica de actualidad, sino al conjunto de crticas
referentes,  las obras de Shakespeare. En todas ellas la excepcin,
por ser excepcin, confirma la opinin general, se considera al rey
Lear como vctima de sus dos hijas mayores, sin tener para nada en
cuenta la desconsiderada conducta del rey con su hija menor, Cordelia.
Regania y Gonerila son odiosas; pero es mucho cuento que sobre ellas
caiga toda la culpa de las desdichas de su padre. Yo siempre he sentido
cierta simpata por Judas y por Pilatos cuando, en los sermones de
Semana Santa, caen sobre ellos, desde esos plpitos, los mayores
improperios y los ms terribles anatemas. No puedo por menos de
considerar que si todo lo que sucedi en la Pasin y Muerte de Jess
estaba as ordenado; si Jess saba de antemano que Judas haba de
venderle y Pilatos entregarle al pueblo judo, Judas y Pilatos fueron
vctimas del papel que les haba tocado en suerte, y no hay para qu
insultarlos cuando, sin su intervencin, no hubieran podido cumplirse
las Escrituras. Y ah es nada; siendo Escrituras y cosa del pueblo
judo, cmo haban de dejar de cumplirse? Buenos son los judos para
no hacer cumplir sus escrituras. Del mismo modo Regania y Gonerila me
inspiran compasin en fuerza de verlas tan maldecidas.

En cuanto  que nada nuevo puede decirse de Shakespeare y de sus
obras, la crtica universal es buena demostracin de lo contrario.
Continuamente se publican estudios biogrficos y crticos que aportan
nuevos  interesantes datos al copioso caudal de la literatura
shakespiriana.

Lo del carcter infantil y la sencilla psicologa de los personajes
de Shakespeare no lo dije como reproche, antes como excelencia de sus
obras. Pero hay nada ms sencillo que la psicologa de Otello? Nada
ms infantil que su credulidad ante las burdas maquinaciones de Yago?
Hay nada ms infantil que la conducta de Yago? Un malvado que nos
avisa l mismo de que es un malvado. Hay nada ms infantil que Romeo
y Julieta? Ni sera bien que fuera de otro modo. El mismo Hamlet,
considerado como prototipo de la complejidad psicolgica, hay nada
ms ondulantemente rectilneo, valga el contrasentido? No soy en nada
opuesto, antes muy partidario, de las polmicas literarias, cuando se
entablan sin animosidad personal y con la cortesa que _Caramanchel_ no
olvida nunca aun en sus crticas ms apasionadas.

Respecto  Garavaglia, yo slo quise hacer constar que si un actor
espaol hubiera representado el _Hamlet_ tan desdichadamente como
el actor italiano, la rechifla hubiera sido soberana. Aparte
las mutilaciones y alteraciones del texto, no justificadas por
conveniencias escnicas, dgase qu momento de acierto tuvo Garavaglia
en toda la obra. Falsa y en oposicin con el texto su llegada  las
murallas del castillo de Elsingor, cuando viene  esperar la aparicin
de su padre. Se presenta posedo ya del mayor espanto, y el texto
indica, por lo contrario, que Hamlet, natural  forzadamente, habla
de cosas triviales como para distraer su pensamiento. Con el modo de
entender Garavaglia la situacin, adems de tener que mutilar el texto,
el momento de la aparicin pierde toda su terrible grandeza.

Adems, dado el carcter de Hamlet, que, aun despus de ver y de oir
al espectro de su padre, duda de la realidad de la aparicin, debe
llegar  las murallas del castillo creyendo que el espectro no ha de
aparecerse; por eso mismo es mayor su espanto al verle aparecer.

Por este orden, pudiera citar caprichosas interpretaciones en cada
situacin de la obra. Sin duda Garavaglia estudi esta obra ms
cuidadoso de producir un efecto momentneo de originalidad, de
sugestin sobre el pblico. Si valiera mi consejo, yo le dira 
Garavaglia con toda lealtad que, por algn tiempo, debiera dejar de
representar el _Hamlet_ y estudiarlo de nuevo, ms atento al texto
original que  los efectismos teatrales. As hizo Talma muchas veces
cuando crey haberse equivocado en la interpretacin de una obra.

       *       *       *       *       *

Si los tiempos fueran de creer en presagios y en ageros, bien poda
dar qu pensar  los mejicanos la espantosa sacudida de terremotos
que ha sucedido  la cada de D. Porfirio Imperator. Quiera Dios, y
quieran tambin los mejicanos, que esos materiales terremotos no sean
anuncio de otras sacudidas en el orden pblico, econmico y poltico de
la que fu de nombre gran Repblica y ahora puede serlo de nombre y de
hecho. Aun no es llegado el da en que la fiel balanza de la Historia
pueda pesar los mritos y las culpas de D. Porfirio. Como todos los
grandes tiranos, fu la paz  su hora. Achaque es de todos los tiranos
no conocer la hora en que ha de empezar  ser la justicia. Llegan 
la suprema dictadura en momentos de perturbacin de la conciencia
pblica; impone el orden, ms que su propia fuerza, la misma fuerza
del desorden, que ha llegado  ser intolerable, y no aciertan  darse
cuenta como Chantecler, de que ellos slo fueron el gallo que cant 
la hora de salir el sol, pero el sol no estaba sujeto  su quiquiriqu.
La eterna historia de todos los tiranos; pero mala maestra debe ser la
Historia cuando ninguno aprovecha sus avisos ni sus enseanzas.

Alguien dir que Mjico deba alguna gratitud  D. Porfirio, y que los
mejicanos acaso debieron respetar su ancianidad, dejndole morir en su
sitio. Los mejicanos respondern que tambin D. Porfirio debi respetar
la mayor edad de Mjico. Es error de padres severos creer que los hijos
son siempre nios. No aprendemos  calcular por nuestra edad la edad
de los que hemos visto nacer. La dictadura haba envejecido; el pueblo
haba dejado de ser nio. Esperemos que, en pleno uso de su razn, sepa
justificar que puede gobernarse por s solo.

En cuanto  D. Porfirio, bien pueden quedarle muchos aos de vida para
meditar en la realidad lo que no supo aprender en la Historia.

       *       *       *       *       *

En una casa del mejor tono se celebra una suntuosa fiesta. De pronto,
uno de los invitados se acerca al seor de la casa, dando muestras del
mayor disgusto.

--Yo no hubiera querido decirle  usted nada; pero es tan horrible...
Usted no puede saber quin es todo el mundo; recibe  tanta gente...
Pero debe usted saberlo: aquel caballero, al parecer, tan distinguido...

--Qu?

--Acaba de quitarme el reloj.

--Qu me dice usted? Est usted seguro?

--S, seor, s; lo he visto, no me cabe duda; ha sido l.

--Descuide usted. Tendr usted su reloj. Voy yo mismo...

--De ningn modo. Yo slo quera advertirle  usted... pero no le diga
usted nada; sera una escena violenta, desagradable.

--Djeme usted, djeme usted.

Al poco rato el seor de la casa vuelve y entrega su reloj al invitado;
el invitado se deshace en excusas.

--Por Dios! Yo deploro... Cunto siento!... Qu disgusto!... Habr
sido una escena horrible?... Qu le ha dicho usted? Qu ha dicho
l?... He debido callarme...

Y el seor de la casa, imperturbable:

--No se preocupe usted. Se lo he quitado sin que se enterara.




XIII


Las verbenas, excelente pretexto para que los retrgrados del Arte nos
cantaran todos los aos las gracias de chisperos y majas, han perdido
todo carcter popular. El pueblo ya no es nada bullanguero; la misma
baja chulera, que nunca debe confundirse con el verdadero pueblo, no
est tampoco por exhibirse gratuitamente en romeras y verbenas. El
pblico de estas fiestas, actor y espectador  un tiempo, es el de la
ltima seccin de los teatrillos alegres; seoritos todos, que ya es lo
nico alegre, lo nico chulo y lo nico castizo que nos va quedando.

Las clases populares quin lo dijera? se han hecho cosmopolitas.
Estas fiestas tradicionales no les dicen nada. La aristocracia, como
sabe que ya no es querida ni respetada, ni siquiera admirada, por el
pueblo, huye de mezclarse con l. Acabaron las pintorescas aventuras
de duquesas y toreros. El seorito es el nico que alegra estas fiestas
tristes, con la artificial alegra de los teatros y de las novelas;
alegra de literatura. Alegra espontnea, verdadera alegra?...
Esa alegra es para los pueblos fuertes y ricos, de los que sabemos
burlarnos tambin. Esa alegra slo es posible cuando se ha trabajado
mucho y hemos visto justamente recompensado nuestro trabajo... Pero
esta pobre alegra nuestra, es como borrachera de olvido!... Tirar
los cinco duros que sobran porque no llegan para nada. Ni con ellos se
ha de comer mejor, ni se ha de pagar al casero, ni al sastre... Puede
hacerse cosa mejor con ellos que gastarlos en olvidar alegremente?
Por eso parece que hay tanto dinero de sobra en Espaa, precisamente
porque falta para todo. Qu hago yo con un duro? Tomar un dcimo de la
lotera. Qu hago yo con dos pesetas? Gastrmelas en el teatro... Es
lo nico que se puede comprar con poco dinero: un poco de ilusin y un
poco de olvido. Las realidades son muy caras.

       *       *       *       *       *

Aunque l no lo crea, yo siento una gran admiracin por D. Miguel de
Unamuno. Aqu donde cada escritor ha decidido no leerse ms que  s
propio y, salvo el caso de alguna cooperativa de bombos, nos dedicamos
 espantarnos el pblico los unos  los otros, ya puede significar
la atencin  lo que otros escriben, tanto como en otras partes
significa la admiracin. Ya es bastante que nos atiendan, aunque sea,
como vulgarmente se dice, para hacernos polvo. Lo triste, lo malo es
que, casi siempre, los pulverizadores son los que no se han tomado la
molestia de leernos. Vyase por los que admiran con el mismo motivo.
Entre esos dos viciosos extremos, ha de labrarse penosamente la
reputacin del escritor en Espaa. Y, en resumidas cuentas, con ser la
envidia gran defecto nacional, como aun es mayor la pereza, todava es
ms fcil ser admirado que atendido. Conste, de una vez para siempre,
que yo atiendo y admiro  D. Miguel de Unamuno.

Acabo de leer su libro ltimo: _Rosario lrico de sonetos_. Bien
puede ser que estos sonetos no resistan una lectura pblica, ni
los chistosos comentarios de un grupo de amigos... Son para ledos
 solas, en intimidad con lo ms intenso de nosotros mismos. Como
fueron pensados y sentidos, como fueron escritos. Han de ser siempre
estimables cualidades de la poesa la dulzura y la suavidad? No ha
de haber tambin poesa amarga y poesa spera? Si  lo que ms puede
aspirar la poesa es  llegar  lo ms hondo de nuestra alma, no se
entrarn ms adentro estas asperezas, que las suavidades resbaladizas?
Leed el libro: al principio tal vez sonriis un poco; ya os iris
poniendo serios. Quizs al terminar su lectura no quede un solo dulce
verso en vuestra memoria, pero s ms graves pensamientos en vuestra
conciencia.

De esta spera, rocosa calidad, eran los versos de Wordsworth, tan
admirado por Unamuno. Tambin su poesa fu donosamente comentada por
algunos crticos. _A sonnet is a moment's monument_, defina Rossetti.
El soneto es un monumento elevado  la memoria de un instante, pudiera
traducirse. No dir yo que todos los monumentos elevados en estos
sonetos sean igualmente admirables; pero s que todos los instantes
del espritu de D. Miguel de Unamuno tienen un gran valor. Los ms
grandes poetas no son los que aciertan  contenerse en la ms perfecta
forma, sino los que no caben en ninguna.

       *       *       *       *       *

_Vida interna_ es otro libro de poesas, de Rafael Torrom, autor
dramtico,  quien nunca perdonar el teatro espaol desvos 
desalientos injustificados. Precdele un sabroso prlogo, donde se
ponen las cosas muy en su punto respecto  la frondosidad de nuestra
poesa lrica, que tan poco tiene de lrica, hasta llegar  tiempos muy
cercanos y... an, an. Hemos sido siempre muy de exterior, para que la
cuerda lrica sonara entre nosotros. En esta misma _Vida interna_ de
Rafael Torrom, parece,  pesar suyo--y no lo digo como censura,--ms
el autor dramtico que el poeta lrico... No es un lirismo egosta
el suyo, antes muy objetivo; ms de tristezas y dolores de todos,
que de melancolas cultivadas en un espritu reconcentrado. Poesa
de generosa expansin, poesa  lo Schiller, que tambin era autor
dramtico y por eso tampoco fu lrico del todo en sus poesas lricas,
con ser tal vez demasiado lrico en sus obras dramticas. Por fin de
cuentas: qu importa esta confusin de gneros? _Vida interna_ es un
libro de un buen poeta y, lo que ms importa, de un poeta bueno.




XIV


La revista _Je Sais Tout_ abri concurso para conceder un premio
al ms elegante  al ms prctico figurn de traje masculino. El
resultado del concurso no ha sido muy brillante. La inventiva, ninguna.
En el captulo de las elegancias, todo es volver  la moda del ao
30; en el captulo del trapillo diario, no salimos de los modelos
generalmente adoptados para campo, caza, automvil, canoa  aeroplano.
De donde se deduce que la moda, tanto femenina como masculina, no es
algo caprichoso que puede imponerse por dictadura: es producto de
elaboracin social;  la que todos contribumos. Obra de evolucin;
nunca de revolucin. En la moda, ms que en nada, se observa el
serpenteo, avance y retroceso alternados; que es el andar de la
humanidad, segn la escuela positivista.

La fantasa de un sastre, el humor de un _dandy_, no cambiarn
la tendencia niveladora del traje masculino en nuestro tiempo. La
aspiracin social es la confusin de clases. Va desapareciendo el
sombrero de copa, que ha venido  quedar en algo as como prenda de
uniforme honorario, para lucirlo slo en determinadas solemnidades.
La levita sigue la suerte de su inseparable aditamento el sombrero de
copa. Desaparece tambin la capa, y el sombrero flexible, intermedio
entre la gorrilla y el hongo, iguala al artesano con el artista y al
obrero con el empleado.

Por desgracia, la nivelacin va tambin por dentro, y si desnivel
hubiere, no est la mayor altura por lo ms alto. Es posible que, si os
volvis en la calle al escuchar alguna palabrota, os encontris con un
seorito. El alcoholismo disminuye por das entre las clases populares;
en cambio, hay cada manga aristocrtica en todas las aristocracias, y
en la intelectual las ms holgadas! Si hoy viviera Horacio, tendra que
rectificar lo de: _pauperum_ tabernas.

Mucho preocupa  las clases directoras cualquier huelga de obreros,
al fin pasajera... Si fueran  preocuparse por la constante huelga
de seoritos! Y quin sabe cules son ms perturbadores de la
vida social! Y si holgaran slo los incapaces, los verdaderamente
intiles! Al fin esos no pueden rendir mejor tributo al bien general,
que el de consumir lo ms pronto posible su hacienda y su vida. Pero
cunta capacidad, cuntos buenos ingenios malogrados en esa huelga
de voluntades pobres con inteligencias ricas! Cierto que el ambiente
moral en nada favorece ni alienta al luchador; que es tierra la nuestra
en que todo se le perdona al ocioso y nada al que trabaja. Pero ese
ambiente es causa,  efecto? No sera un lucido _sport_, no tan
arriesgado como la aviacin, el de sobreponerse  ese ambiente?

       *       *       *       *       *

El Congreso Eucarstico va  presentarse muy bien. Esas tramoyas  lo
divino requieren mucho gasto. Por fortuna, entre los fieles catlicos
figura la gente ms adinerada. Convendra saber si tienen dinero por
haber sido fieles catlicos,  si son fieles catlicos porque tienen
dinero. Yo no s si continuar siendo ms fcil que entre un camello
por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos; pero un
camello cargado de dinero entra por todas partes. Si el reino de los
cielos se gana tambin por violencia, segn textos sagrados, no ha
de producir su efecto amenazador, as en la tierra como en el cielo,
ese alarde de nmero y de numerario, ese recuento de fuerzas con que
nos asombrarn los buenos catlicos? No, no estn solitos, como los
gallegos del cuento. Aunque el da en que les faltara el dinero puede
que no estuvieran tan acompaados. Acaso faltaran los figurantes,
parte la ms lucida del espectculo. Nos presentarn sus carrozas de
gala, sus automviles, su servidumbre, hasta sus colonos y sus guardas
jurados y tal vez sus pastores, como en Beln. Hay que movilizar todas
las fuerzas, como en un da de elecciones reidas.

Pobres ilusos! Con estas aparatosas exhibiciones creen haber puesto el
mejor pararrayos sobre el tinglado social que les cobija. La Fe los
salve!

       *       *       *       *       *

La Exposicin de perros y gatos ser durante unos das, y desde el
punto de vista de los perros y de los gatos, exposicin de personas
distinguidas. Si los perros y los gatos tienen un poco de imaginacin,
por qu no han de creer que son ellos los espectadores, y seoras y
caballeros los expuestos?--Qu amable es toda esta gente!--pensarn
tal vez.--Se molestan en venir para que los veamos.

Para el perro y el gato de lujo la sociedad elegante es muy conocida.
Los perros y los gatos son los que mejor viven en ella. Los criados lo
saben: antes que  los seores hay que tener contentos al perro  al
gato favoritos.

Pero los perrazos de campo qu pensarn de nuestra sociedad? Volvern
 sus soledades monteses llevando el germen de una revolucin social?
En adelante no mirarn con ms simpata al lobo? Y el da en que los
perros se unieran  los lobos?... Bah! Todava quedaran los pastores,
que, aunque dejaran de ser perros, no sabran ser lobos.




XV


Que el hombre es un animal social, aunque haya muchos insociables,
lo sabamos desde muy antiguo. Tan social, que no satisfecho con
formar parte de la sociedad civil que, por nacimiento y consiguiente
inscripcin en el Registro le corresponde, todava se desvive por
ingresar en otras muchas Sociedades, Crculos, Corporaciones, Cofradas
 Logias; que hay designaciones para todos los gustos. Esta natural
tendencia del hombre  la agrupacin, parece que debiera facilitar
el triunfo del socialismo en breve plazo. Mas ay! una cosa es la
Sociedad grande, donde el individuo se encuentra disminudo, y otra
esas Sociedades pequeas, donde cada uno se crece y se refuerza y se
envalentona, hasta adquirir un carcter que l mismo no se conoca.

A mi juicio, esto es lo ms interesante que puede observarse al
paso de una procesin religiosa  de una manifestacin laica: el
aire altivo, enrgico, arrogante, con que se nos muestran muchos
buenos seores y pobres hombres, conocidos por tales en su vida y
costumbres particulares y casi desconocidos en aquella transfiguracin
procesional. Hay cofrade que, con su cetro en mano  su cordn de
estandarte, su medalla al cuello y su levita cvico-religiosa, parece
que desafa al mundo entero, una vez metido en procesin:--Eh!
Qu tal?--nos va diciendo  cada solemne paso.--Creo que somos una
fuerza.--Habr que verle en casa, zarandeado por la seora y las
nias,  en la oficina, burro de carga de todos sus compaeros!

Por eso los Gobiernos no deben temer nunca esas manifestaciones
colectivas. De cuando en cuando hay que contarse; miedosos que se dan
valor unos  otros. El peligro est en los que van solos por el mundo.
Por fortuna, van quedando pocos. Es tan caro andar solo! Es tan
conveniente andar en procesin!

       *       *       *       *       *

El demonio lo enreda--no hay nadie ms enredador que el demonio.--El
primer contragolpe de la supresin de los consumos ha ido  dar sobre
las corridas de toros. Ahora que estbamos en pleno renacimiento de
la aficin, tal vez  consecuencia de cmo anda la aficin! Nunca
es tan fcil contentar  un pblico como cuando se contenta con
poco. Si Lagartijo y Frascuelo, y Guerra, despus,  quien se le
denostaba muchas tardes por faenas de las que ahora valen orejas y
salidas triunfales; si Fuentes y Machaquito y Bombita, en tiempos ms
recientes, hubieran gozado de un pblico tan amable y tan consecuente,
como dicen los chulos! No hay duda, las costumbres se dulcifican. Ya
es hora de que el pblico se haga cargo de la dificultad y del riesgo
en la lucha con brutos, bravos  mansos, y no sea tan exigente. Cuatro
mantazos, pegadito el torero al costillar del toro, muy abierto de
piernas y sacudiendo el trapo como unos zorros, es lo que ahora se
llama y se aplaude como vernicas. A que el toro pase por debajo de la
muleta, como pasara por la Puerta de Alcal, se llama pase de cabeza
 rabo. A cualquier cosa se le llama quiebro y  cualquier estocada
volapi. Asistimos, en efecto,  un renacimiento de la aficin. Como
que los nicos que ya no van  la Plaza son los verdaderos aficionados.

Es que, renacimientos as, son peor que la irrupcin de los brbaros.

       *       *       *       *       *

Despus de las mudanzas propias, nada hay tan molesto como las mudanzas
de los vecinos. Hasta que nuestros simpticos cuanto suspicaces
vecinos los portugueses no se hallen instalados  satisfaccin en su
nuevo rgimen, habr que conllevar amablemente sus reclamaciones,
desconfianzas y alarmas, ante el temor de que se les entre por la
vecindad lo que ellos mismos sern los primeros en desear algn da.
Pero aun es pronto, y el derecho  la experiencia propia no debe
negrsele  nadie.

El da en que Portugal comprendiera su verdadero inters nacional, no
mirara con recelo  nuestra frontera; borrada quedara de tal modo,
que no volviera  saberse dnde empezaba Portugal y dnde acababa
Espaa. Cosas son stas en que el tiempo trabaja ms que los hombres.
Ni es justo pedir, aunque para bien de todos sea, que ellos slo sean 
enmendar errores que fueron nuestros.

       *       *       *       *       *

En rigor, es fuerte cosa para una empresa, aun  cambio de positivas
ventajas, exigirle el contrato de determinados artistas, entregndola,
as, atada de pies y manos  sus exigencias. Con muy buen acuerdo, el
Ayuntamiento se ha limitado  recomendar, sin imposicin, el contrato
de una primera actriz para la compaa del teatro Espaol.

Bien estn las estrellas y los luceros, y aun los soles; aunque en el
cielo teatral es difcil ver una ordenada repblica de estrellas, como
decan los autores del siglo de oro.

Astros de primera magnitud no faltan en la compaa. Todos sabemos lo
que vale Borrs. Los que no lo saben an, se enterarn de lo que vale
Codina. Hay otros actores muy estimados por el pblico madrileo. Entre
las actrices... todas son estrellitas. Alguna hay de quien yo espero
mucho, si le dan ocasin y mimbres. No he de nombrarla. El pblico
no la conoce en todo su valor. Tngola por una de las ms discretas
actrices espaolas. Discreta, es poco? Ay, seor; si las eminencias
fueran discretas, ya nos contentaramos! Ser discreto, segn va el
mundo--diremos, parafraseando  Hamlet,--es como ser elegido uno entre
mil.




XVI


Bien mirado, haba que agradecer  los franceses el trabajo que se
toman por la conquista de Marruecos, como antes se lo tomaron por la
de Argelia. De ellos puede decirse: _Sic vos non vobis_... Porque si
el verdadero y magno problema de Francia es la disminucin constante y
progresiva en el nacimiento de ciudadanos franceses, para qu diablos
querr aumentar la extensin de sus territorios?

Si se considera tambin el espritu poco aventurero de los franceses,
su apego  Francia--dicho sea en honor de ella,--su mal arte para
comerciar fuera de su casa, no les vendr  suceder, despus de darse
tan malos ratos y de indisponerse, sin necesidad, con estos pobres
vecinos y, necesariamente, acaso con otros de ms campanillas, que,
cuando dueos en absoluto del Imperio marroqu, puedan exclamar: Al
fin, solos!, tan solos sea que, como en Argelia, la agricultura y los
oficios vengan  ser de los espaoles, y el comercio, como en todo el
mundo, de los alemanes? Sin contar con los indgenas, que seguirn
reproducindose, como si hubieran ledo _Fecundidad_, de Zola, que
no se escribi para ellos, precisamente. Y, hay que desengaarse, el
porvenir ser de quien ms hijos tenga; aunque sean muy brutos; tiempo
habr de educarlos.

Lo que no sabemos es si es preferible vivir de brutos  morir de
civilizados. Hay quien piensa que lo importante es vivir, aunque se
viva mal. Es decir, los brutos no suelen vivir mal; lo desagradable es
que no dejan vivir bien  los inteligentes. Entre el contador de las
gentes civilizadas y el cao libre de las incultas, siempre llevarn
las de perder los civilizados. A m me asusta pensar que, si  muchas
personas de regular posicin, se les dijera: Por qu no tiene usted un
perro dans en su casa?, la mayor parte contestara: Hombre! Porque
un perro de ese tamao se come lo menos dos pesetas diarias. Y esos
mismos que tasan la alimentacin del perro en lo justo, con la mayor
inconsciencia se llenan de hijos, que, por lo visto, cuestan menos de
mantener que los perros.

Entre el exceso de previsin  la francesa y la imprevisin de otros
pueblos y de otras razas, no habra un buen trmino medio? La Iglesia
catlica no sabe de ellos. O aconseja la castidad absoluta , una vez
en faena matrimonial, cuantos ms cristianitos, mejor. La potestad
civil tambin est por que se aumente el nmero de ciudadanos, sea
como sea; todos son buenos, los legtimos y los naturales. Por leyes
econmicas y por otras muchas leyes restrictivas del matrimonio, se
dira que ms favorece el nacimiento de los naturales. En cuanto  la
Naturaleza, tan maestra, tan sabia! Oh! Ella sabe ms que todos.

Recuerdo de una gata que tuvo de una vez siete gatitos. La ms vulgar
precaucin aconsejaba que se le quitaran tres  cuatro, por lo menos.
Pero, eran todos tan lindos y traan tantas ganas de vivir! Y era tan
cruel sentirse Providencia y decidir entre unos y otros!

Alguien dijo:--Por qu no dejarlos todos? Por algo han nacido. No hay
que enmendar  la Naturaleza.

A los ocho das todos los gatitos haban muerto y la madre tambin,
extenuada. En efecto; no hay que enmendar  la Naturaleza; ella sola se
basta para enmendarse.

       *       *       *       *       *

Oh, mi querida y amable lectora! Al protestar contra alguna ligera
broma que me he permitido alrededor del Congreso Eucarstico, me dice
usted que, hablar mal de la Religin, no es de buen gusto. No lo crea
usted, segn como se habla. Adems, conozco demasiado esa tecla del
buen gusto, para saber lo que significa tocada por ustedes. Y, si por
no tomarles  ustedes en serio, he de pasar por persona de mal gusto,
desde ahora me declaro cursi y hasta ordinario, como ustedes prefieran.
Ya s yo que esto del descreimiento no est muy bien visto, ni le
coloca  uno en sociedad, como en otros tiempos, cuando los descredos
se llamaban Voltaire y Federico el Grande, y las ms bellas y nobles
damas se prendan graciosamente con un tanto de volterianismo.

Pero nada tema usted; las bromas ligeras de las cuatro personas de mal
gusto que nos las permitimos, ponindonos  mal con nuestros intereses,
no perturban en lo ms mnimo el espritu de los creyentes.

Al que ms y al que menos le va un sueldo  una prebenda. Valladar
inexpugnable contra la duda!

Pero, son ustedes de tanto cuidado y conviene tanto no perderles de
vista! Ahora mismo, entre el furor de sus preces, no han deslizado
ustedes, mansamente, no s que proposiciones de leyes, derechamente
torcidas, como todas sus intenciones, contra la libertad de la Prensa y
la libre emisin del pensamiento?

S que son ustedes para dejarles de la mano!

En los asuntos mismos de Marruecos: no convendra poner en claro hasta
dnde el inters patritico y dnde empiezan otros intereses de algunas
Ordenes religiosas, que, como Calipso, de la partida de Ulises, no
pueden consolarse de la prdida de las Filipinas, y acaso suean con
que les conquistemos otras para su particular disfrute? Y eso no, mi
querida y amable lectora; sea lo que podamos obtener  conquistar en
Marruecos, del soldado, del agricultor, del comerciante, del doctor
Maestre, que bien se lo habr ganado y otros lo gobernaran peor...
Pero nada de frailes, en comunidad ni sueltos. Una cosa es continuar la
Historia y otra repetirla.




XVII


Aquella _Theroigne de Mericourt_, intrpida amazona de la Revolucin
francesa, que,  consecuencia de una formidable azotina, administrada
en pblico y  lo pajarero, se volvi loca de remate, bien parece un
smbolo de lo que aos despus y por muy parecidos motivos haba de
sucederle  Francia.

Lstima de nacin! Desde que, para desgracia de todo el mundo latino,
fu derrotada por Alemania, apenas ha vuelto  dar seales de juicio.
Ella, la encantadora, la atractiva, la adorable, se torn hosca y
atrabiliaria. Nos entristeci la vida con una literatura y un arte, que
en futuras historias literarias se llamar de la derrota. Su delirio
persecutorio tuvo su crisis aguda y terrible en aquel asunto Dreyfus,
aun palpitante con el nombre de cuestin juda. No es una pena ver
renovarse, en la nacin que deba ser faro del mundo civilizado,
cuestiones de la Edad Media, y en la moderna, patrimonio de pueblos
atrasados como Rusia? Con la inquietud y el malestar de su derrota,
con el dolor de su mermado territorio, la nacin que fu siempre ms
generosamente romntica en su poltica,  ltima hora y en plena
Repblica democrtica se v atacada de furia conquistadora y pone en
juego artimaas y habilidades polticas, desacreditadas ya en todo el
mundo, hasta en Inglaterra. Por fortuna, ya va siendo verdad prctica y
practicada, que la honradez es la mejor poltica. _Honesty is the best
policy_, que han dicho siempre los ingleses, por si los dems gustaban
de practicarlo. Pero en estos ltimos tiempos hay que convenir en que
no son los ingleses los que se creen llamados  intervenir para poner
orden en los desrdenes interiores de cualquier pueblo.

Y ahora, la conducta de Francia con Espaa, puede justificarse de
ningn modo? Eramos buenos para tapadera de codicias; somos un estorbo
 la hora en que se destapan. Mal corresponde, mal ha correspondido
siempre Francia  nuestra debilidad por ella. Porque lo cierto es que
nunca hemos podido odiarla; hemos sido con ella como esos enamorados de
poco carcter, ms rendidos  una mujer cuanto ms lo desprecia y ms
se burla de ellos.

Hasta cuando hemos peleado con ella no hemos dejado de admirarla, y
nuestro odio se personalizaba en los soberanos  en los ministros,
dejando siempre  salvo nuestra invencible simpata por la nacin
francesa. Durante la guerra de la Independencia, la ms nacional de
cuantas sostuvimos contra Francia, el odio popular se fijaba sobre
Napolen y  l slo se haca responsable de la injusta guerra.

Hoy tampoco, aunque no haya un Napolen en quien fijarse, no queremos
ni podemos suponer que es toda Francia nuestra enemiga. Preferimos
culpar  unos cuantos polticos,  unos cuantos peridicos,  una parte
del organismo, irritada todava por la funesta derrota, impaciente
de glorias y desquites, vengan por donde vengan y sea como sea.
Involuntariamente fuimos ocasin  pretexto para el desastre. Quizs
no nos lo han perdonado todava, aunque parece que lo hayan olvidado
muy pronto.

       *       *       *       *       *

Los ms terribles desengaos proceden casi siempre del desconocimiento
de la realidad. En la supresin de los Consumos debimos limitarnos 
considerar su aspecto esttico y nada ms. Todos los procedimientos
para extraer dinero, como para extraer muelas, son desagradables, pero
aqul lo era sobremanera, y aunque algunos aristocrticos escritores
opinan que slo haban de padecer sus molestias matuteros y gente de
poco ms  menos, slo el verlo ya era repugnante; haba de salir ms
caro cualquier otro impuesto y poda darse por bien empleado. Pero
hay quien no se conforma con este aspecto artstico y aspiraba loca
ceguedad!  un abaratamiento rpido y simultneo de las subsistencias.
Qu desconocimiento del corazn humano en general y de los proveedores
en particular!

En todo lo referente  subsistencias, los madrileos estaremos
destinados de por vida al papel de vctimas en las aplaudidas obras de
repertorio _La corte de los venenos_ y _Robo y envenenamiento_.

Sobre todo, el inocente y parvulillo boquern ha causado ms estragos
en estos das que un espantable cetceo  aquella mitolgica serpiente
de mar, tan socorrida como noticin de los veranos del antiguo rgimen.
De la leche no hablemos, porque es antigua enemiga nuestra, y yo
creo que la que produce los clicos es la poca expendida en buenas
condiciones, por la falta de costumbre. Cada madrileo llevamos un
Mitrdates en esto de irnos haciendo da por da  ingerir toda clase
de tsigos.

       *       *       *       *       *

No s hasta qu punto la pasin de partido podr influir en los
encomios  en las censuras  la obra _Carlos II y su corte_, cuyo
primer tomo acaba de publicar D. Gabriel Maura y Gamazo. Muy lamentable
sera que la pasin interviniera al juzgarla, ocultando al pblico el
verdadero mrito de la obra, haciendo creer  unos y  otros que se
trataba de una obra _toda conservadora_. El autor es de los que merecen
no pertenecer  ningn partido. En pocos libros de historia parecer
menos el amigo de Platn antes que de la verdad, sin que peque tampoco
de esa glacial indiferencia que tan mal sienta en todo arte, aunque
este arte sea el de historiar, ms cercano  la ciencia.

Bien dice, sobre la noble serenidad del historiador, la simptica
emocin del artista. Buena muestra es la descripcin del bautizo del
prncipe Carlos, modelo de narracin histrica y potica al mismo
tiempo.

Lo que no comprendemos es, cmo despus de leer cualquier libro de
historia, hay quien suspira y vuelve los ojos  cualquier tiempo
pasado. A ese no le dara mayor castigo que decirle: En qu siglo, en
qu poca de las pasadas hubiera usted querido vivir? Y cuando hubiera
elegido, poderle decir: S? Pues va usted  vivir ocho das en ella,
nada ms que ocho das, y luego, vuelva usted  contarme cmo le ha
ido.




XVIII


Si ya es difcil en esta brega literaria agradar  los amigos y
complacer  los ms halagados en sus ideas  sentimientos  vanidades
por lo que uno escribe, qu puede uno esperar de los enemigos y de los
mortificados?

Dije que las Comunidades religiosas acaso buscaban en Marruecos otras
Filipinas, y hay quien muy indignado protesta, dicindome que nunca las
Comunidades han sido tan respetadas en Filipinas y en toda Amrica como
ahora, desde que all no tenemos arte ni parte en el material dominio.
No lo dudo, que Ordenes y Comunidades religiosas fueron siempre de
condicin de gato; ni yo dije que por ellas se hubiera perdido nada;
pero, en fin, se perdi con ellas y todo. Por eso creo que, llegado
el caso de conquistar nuevos territorios, vale la pena de ensayar
si nos ira mejor sin ellas. Porque ellas evangelizaran todo lo
posible, pero espaolizar no fu cosa mayor, si hemos de juzgar por
los resultados. Tampoco dudo que bajo la autoridad de los americanos
en Filipinas y de otras Repblicas en toda Amrica, las Comunidades
no presten excelentes servicios. Es cualidad de religiosos espaoles
ser candilitos de casa ajena. Todo lo que tienen de turbulentos y
amenazadores con los Gobiernos de casa, tienen de complacientes y
serviciales con los de fuera. Tal vez consista en ellos; tal vez
consista en los Gobiernos. De seguro que ningn presidente de los
Estados Unidos habr tenido que decir de las Comunidades lo que, segn
fama, dijo en cierta ocasin de graves complicaciones don Antonio
Cnovas del Castillo, que no era ningn demagogo, aunque hoy andara 
dos dedos de parecerlo, segn va todo.

En cuanto  lo que asegura un airado articulista, que gracias  las
Comunidades religiosas cobramos los autores dramticos espaoles
pinges derechos de toda Amrica... Ay, mi buen seor! Deseche,
deseche esas ilusiones del dinero americano. Si los autores espaoles
no tuviramos otros rendimientos de los que vienen de Amrica! Y para
lo que van  durar! Porque con toda la influencia espaolizadora de
las Comunidades, con todo eso de los lazos espirituales y la madre
y los hijos y dems tpicos de Congresos, banquetes y conferencias
hispanoamericanas, sabe usted en qu parar todo ello? Pues en que
dentro de algunos aos--y quisiera ser mal profeta--media Amrica ser
yankee y la otra media italiana, con mucho de alemana.

Y lo peor para los autores espaoles no es que dejsemos de cobrar
lo poco que todava se cobra de Amrica, sino que tampoco cobrsemos
nada en Espaa, gracias  las Comunidades y Ordenes religiosas que
han educado  unas cuantas generaciones incapaces de admirar otra
literatura que sea tan combatida en sus efectos por los mismos que
admiran, sostienen y fomentan la verdadera causa.

       *       *       *       *       *

Por qu razones psquico-fisiolgicas el sentido de la vista y el
sentido esttico modernos admiten en los trajes femeninos colores
y combinaciones de colores que por mucho tiempo haban parecido
intolerables al buen gusto y  los ojos? Nada de _academicismo_ en
la moda; la paleta de sus artistas no es la paleta acadmica, de
tonalidades y mezclas severamente ordenadas. El color de moda es
el ms peligroso de los colores: el azul, considerado siempre como
divisa arrogante que slo alguna soberana belleza blanca y rubia poda
atreverse  ostentar, sin dar que reir al enemigo, en su doble acepcin
de demonio y de mujer amiga. Vulgarmente sola decirse: A las morenas,
azul en ellas, para que luego el diablo se ra de ellas. Hoy, morenas
y rubias, se atreven con el azul, y no es  las morenas  las que peor
les dice. El gran pintor ingls Gainsborough, como alarde pictrico,
venci en su famoso _Nio Azul_ las dificultades del temible color.
Hoy casi todas las mujeres son _nias azules_, y lo que entonces fu
atrevimiento de un artista, hoy sera sujecin  la realidad.

Mis _Lily Elsie_, muy linda artista inglesa, en _El conde de
Luxemburgo_, estrenado recientemente en Londres--no siempre han de
ir los ingleses  la cabeza de la civilizacin,--luce un ideal traje
del ms brillante azul: un azul de cielo andaluz, un azul de turquesa,
adornado con plata y menudas rosas de coral; el sombrero, una airosa
monterilla del mismo color que el vestido, con enhiestas plumas tambin
azules, y suavizndolo todo un abrigo color malva, un malva de ocaso
otoal, un malva de lejana, de confn entre cielo y tierra, entre mar
y nube.

Y aos antes, quin nos hubiera dicho, sin escndalo, que haban de
combinarse en elegantes vestidos el morado con el amarillo, el carmes
con el verde, el negro con el botn de oro, el naranjado con el azul?
Entre los modistos y los escengrafos rusos estn revolucionando
nuestro sentido del color. Se han enterado nuestros pintores y
nuestros directores de escena? Las mujeres s se han enterado. Oh, si
fueran en todo tan atrevidas y emprendedoras!

       *       *       *       *       *

Digamos, como el otro, de los catecmenos en la iglesia: Por m, que
entren. Bien estaran, oh, mis buenos amigos D. Mariano de Cvia y
D. Antonio Zozaya!, el periodismo sin periodistas y la literatura
sin literatos y el Arte en general sin artistas, si en esta nueva
irrupcin, que pudiramos llamar de los brbaros, no en el sentido
ofensivo de la palabra, sino en el suyo original de gente extraa,
los tales aportaran al periodismo,  la literatura y al Arte algo
que mejor fuera; esto es, vida, espontaneidad, frescura... Pero,
ay!, que nada ms literario que un iliterato. Lo s por experiencia.
De continuo recibo dramas y comedias, pues bien, siempre que el
remitente me anuncia Sin estudios de ninguna clase, sin conocer el
teatro, he escrito esta obra, inspirada en algo que me sucedi y creo
interesante..., se puede asegurar que la obra es un compendio de toda
la mala literatura dramtica y de todas las triquiuelas teatrales del
peor gnero, exornado de la ms ramplona retrica de folletn. Si todo
el que ha pasado por algo supiera decrnoslo, el mundo estara lleno
de grandes artistas. Pero si muy difcil es saber ver, aun es ms
difcil saber contar. Se refiere el caso de un procesado que, al oir la
elocuente oracin de su defensor y cmo enumeraba con patticas frases
las desdichas que le haban trado  tan triste pas, exclam:--Hasta
ahora no me haba yo dado cuenta de lo que he padecido! Y es que, hasta
del propio dolor, es mal intrprete la ignorancia.

Nadie sabe la literatura que hace falta para no parecer literato, ni lo
que hay que saber de dibujo para desdibujar. Para ocultar todo arte hay
que ser un supremo artista.




XIX


El caso de _La Croix_, peridico de Pars, rgano conservador y
catlico, es curiossimo. Se pasa la vida bombendonos como pas
catlico, ponindonos de ejemplo  los empecatados Gobiernos franceses,
que han llegado  la separacin de la Iglesia y del Estado, y cuando
pudiera creerse que somos el mejor modelo que todos los pases del
mundo debieran copiar, llega la cuestin de Marruecos y, adis mis
pavos!, nos pone de atrasados, de brbaros y hasta incapaces de
Sacramentos,  pesar de todo nuestro catolicismo, que no tiene Muley
Hafid por dnde cogernos. Aten ustedes esa mosca por el rabo! De
suerte, que muy buenos cristianos, pero en lo dems, cosa perdida; pues
s que es para animarnos  perseverar si son esas las consecuencias de
nuestro fervor religioso.

Como los nuestros de  cuarto, tienen los beatos franceses cosas de 
_sou_.

Para consuelo nuestro, y en honor del decantado _bon sens_ de los
franceses, no toda la Prensa se ha despeado por el precipicio de
las tonteras. Espritus belicosos se complacen en trasladarnos lo
desagradable; justo es consignar que hay quien no ha perdido los
estribos y que la razn y el sentido comn no han hudo todava de
Francia, aunque estn pasando muy malos ratos, como en todas partes,
cuando los energmenos vocean.

El _Diario de los Debates_, _La Humanidad_ y algunos otros peridicos
hablan como la razn y la cordura mismas. Bueno es que nuestros
energmenos colonistas, que por aqu tambin los tenemos, se den
por enterados. En Francia, como en Espaa, es deber patritico y de
humanidad no contribuir en lo ms mnimo  enconar rozamientos. Un
choque entre las dos naciones sera dar que reir  las dems, que no
haban de intervenir en favor de ninguna y muy tranquilamente estaran
 las resultas. Lo urgente es tirar bien la raya, cerca  lejos; hasta
aqu unos, desde aqu otros. Esas zonas neutrales, esas policas
internacionales, esas divisiones de mandos, desde la ms remota
antigedad vienen dando el mismo resultado. La diplomacia lo combina
todo muy bien, y todo ira perfectamente si, al decir Francia y Espaa
unidas, se tratara, en efecto, de una abstraccin ideal de las dos
naciones,  si fueran los propios diplomticos con toda su correccin,
exquisitas maneras y excelentes formas los encargados de traer y llevar
por esas zonas neutrales. Pero eso de que las buenas relaciones entre
dos pueblos y su tranquilidad y su honor estn pendientes de que el
ltimo polica internacional, que ni siquiera es francs, ni espaol
en muchos casos, tuvo unas palabras con otro de la misma categora y
casta, francamente, es poner en ocasin cosas que mucho valen para
fiarlas en tan poco.

       *       *       *       *       *

El bailarn, as el de rango francs como el clsico bolero espaol,
el que tuvo su canto del cisne con msica de Barbieri: Aqu viene un
bolero muy afligido..., haba desaparecido de los teatros. Para el
pblico de nuestros das la presencia de un bailarn era intolerable.
Pero todo tiene su renacimiento. La directora de baile de la Opera
Cmica, de Pars, la clebre madame Mariquita, oh, predestinacin
de los nombres!, ha declarado que se propone restaurar el bailarn
masculino en los bailes encomendados  su direccin:--Es una nota
necesaria--ha dicho;--es preciso el contraste; el travest es
antiartstico, el pblico empieza  cansarse de las mujeres vestidas
de hombre. Claro est que madame Mariquita se atreve  tanto fiada en
el triunfo de Nijinsky, el extraordinario bailarn ruso que ha sido la
_coqueluche_ de Pars en las dos ltimas temporadas de primavera, que
ha inspirado infinidad de crnicas y de versos, de quien ha dicho un
poeta:

          C'est un monstre ingnu qui naquit pour la gloire.

Y ms adelante, cosas de este calibre:

          Il met le coeur en doute et l'instinct en danger.

Pero, ay, que todos los bailarines y danzantes no sern Nijinskys! En
nada se marca tanto la diferencia de clases como en lo que no tiene
clasificacin posible.

       *       *       *       *       *

La Banda municipal es objeto de controversia en el seno mismo del
Ayuntamiento. Hay quien la quiere aristocrtica; hay quien la quiere
popular. Unos quisieran que no tocara nunca de _La Walkyria_ para
abajo; otros, del Himno de Riego para arriba. Popular, s; debe
serlo. Pero todos sabemos que lo de popular es valor entendido. Cuando
decimos teatro popular, msica popular, escritor popular, todos sabemos
hasta dnde llega esa popularidad y dnde termina ese pueblo. Ms all
sabemos que ni el teatro, ni la msica, ni el escritor han de ser
comprendidos. Que debe aspirarse  que lo sean? S, muy bien. Pero si
ha de educarse al pueblo artsticamente ha de ser presentndole el Arte
con cierto respeto, no ponindolo  sus pies, sino sobre su cabeza.
Que oiga la msica, la mejor, cuando de oir msica se trate; cuando se
trate de bailotear en una verbena  jolgorio de barrio, con una buena
charanga tiene bastante; sobra la Banda municipal, como sobrara la
Orquesta Sinfnica en el palacio ms aristocrtico si slo de bailar
rigodones, valses y cotilln era el caso. Cada ocasin pide su lujo
particular; no hay que ser _rastaqueres_, seores concejales.




XX


Nuestra pobre vida, ahogada entre las cuatro paredes de la actualidad
prosaica, slo en lo misterioso halla asidero para lanzarse iluminada
hacia donde algo novelesco  potico se vislumbra. Sabemos que de nada
extraordinario somos capaces; sabemos hasta dnde nos llevan nuestras
pasiones, nuestros vicios, nuestras maldades y nuestras virtudes;
hemos perdido toda ilusin en nosotros mismos, hemos renunciado  ser
actores hasta en la propia comedia de nuestra vida; por lo mismo, somos
espectadores curiosos de la vida de los dems y esperamos de cualquiera
de ellos la emocin que divierta un poco la monotona de nuestra vida.
No hay quien quiera ser hroe, para que, de espectadores, ascendamos,
siquiera por unos das,  ser coro de la tragedia?

La muerte de Mad. Lantelme, lindo artculo de Pars--ciudad nica en
la fabricacin de esas muecas vivientes, imitacin perfecta de todo,
de la hermosura, de la elegancia, hasta del talento,--nos defraudara
como espectadores si, en efecto, hubiera sido causada por un accidente
de los que llamamos casuales. Y he aqu cmo, hasta cuando queremos
poetizar, nos asimos de la ms vulgar lgica.

La casualidad es un desenlace, pero no es una explicacin. La
casualidad es algo que irrumpe por nuestra vida, fuera de todo cauce;
algo que, de puro fatal, parece desviarnos de la fatalidad de nuestro
destino. Son pocos los espritus que saben percibir en la casualidad
algo que sea lgico y necesario en esa armona que es toda vida humana.

A nadie le parece buena explicacin el accidente casual. Todas las
mujeres que envidiaban  la Lantelme, creyndola muy dichosa, caen
ahora en la cuenta de que era muy desgraciada. Menos mal que la muerte
pone un poco de moralidad en la vida. Las que ms la envidiaban han
dejado de envidiarla ahora: No, no era feliz; no poda serlo--se
dicen unas  otras.--La felicidad no es slo el dinero... Pero, 
estas horas, todas pensarn en el opulento viudo, por si acaso. Todo es
poner barandal ms alto  las ventanas del yate.

Todos prefieren creer que la linda mueca de lujo se ha suicidado. Esta
explicacin, que es ms lgica, es, por lo mismo, ms vulgar, queriendo
ser potica. Hasta en Francia, donde aun florece la tragedia con toda
la pompa de sus alejandrinos, se ha perdido el sentido de lo trgico.
Buscando la tragedia, se cae en el melodrama.

Un suicidio? Segn eso, las mariposas efmeras tambin se suicidan
cuando se queman  la luz. No; cumplen su destino: vuelan hacia la
luz y se abrasan. Igual, ese bonito juguete, mariposa-mujer con alas
de encajes y colores de pedrera, volaba en torno de esas luces
deslumbradoras que son el amor, la riqueza, el arte, la gloria... y se
abras en cualquiera de ellas, tal vez en la que menos calor daba.

       *       *       *       *       *

Los que no salen de Madrid por sus ocupaciones  por su gusto--por
falta de dinero no ser; por esa razn slo podran veranear dos
docenas de madrileos,--con nada se divierten. En la Ciudad Lineal,
unas luchas greco-romanas, que ms transcienden  barraca de feria
francesa que  Grecia y Roma. En los nuevos Jardines del Retiro, en
oposicin al clasicismo de la Ciudad Lineal, triunfa el romanticismo
con don Jenaro, el Feo, por mal nombre. Un bufo de la tierra que,
sin saberlo, como M. Jourdain, hablaba en prosa, ha traducido muy
castizamente excentricidades de _minstrel_ ingls. Con eso, y con
el mujero de verano, un mujero que se oculta en invierno como los
pjaros se ocultan para morir, segn el poeta, no se pasa del todo mal
en Madrid.

Para los que no pueden vivir sin emociones de Arte, en cualquier tiempo
que sea, ah tienen el Gran Teatro, con una mnima de 40 grados al sol
de sus bateras y  la sombra de sus tiples.

Mucho es, aqu, donde todo se copia, que no tenemos ya, al modo de
Francia, teatros de la Naturaleza, teatros al aire libre  teatros
de verdura, que de las tres maneras los llaman, aunque en la ltima
acepcin ya podramos competir ventajosamente con los franceses. De
verdura tenemos aqu muchos teatros que, si el pblico tuviera mejor
gusto, aun haba de justificar ms su nombre, sembrando el escenario de
hortalizas.

El teatro de la Naturaleza cunde en Francia que es una bendicin...
de los campos. No hay ciudad de alguna importancia, villa de
aguas--traduccin literal--villaje,--esto ya es ms castizo, aunque no
lo parezca,--donde no se represente alguna obra, con montaas y cielo
por teln de fondo y rboles seculares por bastidores--suprimidas las
bambalinas. Por fortuna, entre los actores franceses, gracias  la
frecuente interpretacin de sus insoportables tragedias, los hay de
hermosa voz y grandes facultades, que les permite ser odos sin el
recurso de la mscara bocina de los actores griegos y romanos.

Lo malo es que, si al principio slo se representaba en estos
teatros obras adecuadas  la grandiosidad de la escena, hoy, por el
consumo excesivo, cualquier obra parece buena para servirla en plena
Naturaleza. As se ha representado _La estrella de Sevilla_, de Lope de
Vega, y as se representar el mejor da _La dama de las camelias_, que
acaso no llegue al quinto acto, expuesta  los cuatro vientos,  acaso
se reponga antes del cuarto con este tratamiento al aire libre.

Lo que s podr decir cualquiera en Francia, sin ponderacin y sin
sacrilegio, cuando quiera recordar que estuvo en un teatro de estos, es
que fu all, donde _Mounet Sully_ di las tres voces. Como deca un
abonado del Real  otro que le preguntaba el lugar de la accin en _La
Walkyria_ y era en una representacin muy desdichada:

--No lo ve usted? Donde Wotan di los tres gallos.

       *       *       *       *       *

Los vaticinadores y agoreros de acontecimientos mundiales, barajan sin
cesar el nombre de las grandes naciones. Lo que har Alemania, lo que
piensa Francia, la actitud de Inglaterra. Parece que son los tiempos
en que se nombraba  los reyes por el nombre del Estado donde eran
soberanos. Cuando se deca: Francia se casa; Inglaterra se muere. Hoy
esos nombres, con significar mucho, no lo significan todo... Lo que
har Alemania, lo que piensa Francia, la actitud de Inglaterra... Muy
bien, s; pero no convendra ms saber lo que harn los alemanes, lo
que piensan los franceses y la actitud de los ingleses?




XXI


No es de extraar, siendo la noble aspiracin del socialismo la
realizacin de un estado social paradisaco, que los socialistas
sean  veces de una inocente simplicidad, tan paradisaca, por lo
menos, como el mundo de sus ideales. Sobre todo, los socialistas
espaoles ms noveles y, por lo tanto, menos baqueteados por las
impurezas de la realidad. De otro modo, al escuchar el otro da  esos
oradores franceses en _torne_--y nunca pudo anunciarse con mayor
fundamento--_pour l'Espagne et le Maroc_, y oirles amenazar con la
huelga general internacional si el Gobierno de Francia  cualquiera
otro se lanzaba  guerreras aventuras, nuestros buenos socialistas, en
vez de aplaudir, debieron preguntar, desconfiados,  los compaeros
franceses:--Qu apostamos  que ustedes no? En el mayor silencio
dejaron ustedes pasar la ocupacin de Casablanca; sin ruidosas
protestas han consentido ustedes en la ocupacin de Fez, llevada 
cabo con todos los pretextos y malas artes usuales en el viejo juego
de las ocupaciones. Por qu en cualquiera de estos dos casos no han
ensayado ustedes esa terrible huelga general con que vienen ustedes
 conminarnos  nosotros, que ninguna deslealtad hemos cometido en
Marruecos? Es que han tomado ustedes  Espaa como una especie de
colonia agrcola  granja de experimentacin, buena para ensayar ese
cultivo de la huelga general y la protesta airada? Internacionalismo, y
no por mi casa, verdad? Como si no supiramos que en Francia hasta los
anarquistas son _chauvinistas_.

Y no hay que recordar el levantamiento de la _Commune_, porque
aquello mismo no fu sino exasperacin del patriotismo dolorido.
Mientras se crey fcil llegar  Berln, no hubo en Francia un solo
internacional que protestara contra la guerra. Y hoy sucedera lo
mismo; y slo nuestros inocentes socialistas, creyendo hacer el juego
del internacionalismo, no hacen ms que ensear las cartas del suyo 
quienes menos conviene.

De los socialistas alemanes no hablemos; el da en que el Kaiser
desenvainara su imperial espada, boca abajo todo el mundo! A que
nadie hablaba de huelga general en Alemania?

Hablen, trabajen en favor de la paz cuanto quieran y puedan nuestros
socialistas; estn en su razn y en su derecho. Pero no fen demasiado
en los de fuera. Hasta ahora no los hemos visto protestar ni contra la
injustificada ocupacin de Fez ni contra las injustas provocaciones 
Espaa. Si hay que ser internacionalistas, bien es que empiecen otros.
Aqu hemos sido siempre algo retrasados en todo; no hay por qu tomar
carrerilla en esto.

       *       *       *       *       *

En Nueva York se ha inaugurado un Crculo literario hispano.
Discursos, poesas, msica... De todo ello, lo ms interesante, por
ser ms del extranjero, ha sido el breve discurso del Dr. William R.
Shepherd, vicepresidente del nuevo Crculo, profesor de Historia de
la Universidad de Columbia. Ya que tan pocas veces nos llegan gratas
palabras, bueno es que conozcamos, para agradecerlas, las del ilustre
profesor, que dijo as:

Aun cuando hiciera uso de mi lengua nativa para expresar el
sentimiento que me conmueve en estos momentos, al pensar en mis
impresiones de Espaa, de la Amrica hispana, del alma espaola,
aquende y allende los mares, las palabras me faltaran.

Cunto ms dbiles y pobres no sern, pues, las breves frases que
podr pronunciar en una lengua que, si la amo al par de la ma, no deja
de ser siempre extraa para m!

Os ruego, por tanto, que seis indulgentes con mis faltas de diccin y
que miris tan slo  la sinceridad y al calor que las animan.

Quienes no conocen los pases hispanos, quienes nunca han sondeado el
corazn de los pueblos de origen espaol, suelen  veces referirse 
ellos con todo el menosprecio. Los que as hacen, debe notarse son
hombres propensos  tomar lo accidental de la vida como caracterstico;
lo temporal, como permanente; lo superficial, como esencial; la sombra,
como si fuera substancia.

Me ser permitido  m, un extranjero, un norteamericano, un yanqui,
si as lo queris, un hispanfilo, sin embargo, de buena ley, el
aventurarse  deciros lo que creo, mejor dicho, lo que me consta
personalmente que significa la frase: Espaa en Amrica? Pues Espaa
en Amrica significa las cualidades de amabilidad y hospitalidad, de
cordialidad y caballerosidad, de afecto y fraternidad que distingue
tan marcadamente los pensamientos y los hechos de Espaa y sus hijos.
Las colonias de antao, las diez y ocho Repblicas americanas de hoy,
las cualidades, en fin, que ennoblecen tan gloriosamente su mltiple
contribucin  la cultura y al bienestar de la Humanidad entera.

As es que en la fundacin del Crculo literario hispano abrigamos
la esperanza de que podamos hacer todo lo que est dentro de nuestro
alcance para que las virtudes del alma, las bellezas de la literatura
y la dulzura de la lengua que anhelamos fomentar sean ms y ms
conocidas, para que vivan, crezcan y florezcan, para que sean en el
porvenir aun ms que lo que han sido en el pasado, para que sigan
siendo la luz, la alegra, la verdad, la vida, siempre bondadosa,
siempre fiel.

Tambin pronunciaron elocuentes discursos D. Manuel Gonzlez, cnsul
de Costa Rica; D. Mximo Iturralde, catedrtico de Castellano en la
Universidad de Nueva York; D. Francisco Borda, ministro de Colombia en
Wshington.

Una verdadera fiesta espaola que bien merece aplauso y gratitud.

En Nueva Orleans se anuncia tambin la publicacin de una Revista
espaola con el ttulo _Mercurio_, y dirigida por mster Allen H.
Borden, que se propone fomentar nuestra literatura, nuestras artes y,
en general, nuestro progreso en todo orden.

Parafraseando  Voltaire cuando deca: _C'est du nord aujourd'oui qui
nous vient la lumire_, diremos: Es de los Estados Unidos de donde
hoy nos viene la luz. Aqu tienen un buen argumento los partidarios
y defensores de la guerra. No ser, al combatir unos contra otros,
como los pueblos se comprendan mejor y por comprenderse lleguen 
estimarse?




XXII


Cuando los sucesos tienen por s solos la suficiente fuerza de
penetracin qu puede aadirles el comentario? Las noticias de
Inglaterra se comentan por s mismas. De un lado, el esplendor de sus
fiestas martimas, el ms insolente lujo ostentado por los poderosos
ms poderosos del mundo, seores de la tierra y de los mares. De otro
lado, la huelga sangrienta, el alarido desesperado de los hambrientos,
que, por ser legin, quieren tambin ser poderosos un da  su manera,
que es destruirlo todo, aunque no estn muy seguros de lo que despus
ha de edificarse. No hay colosal dolo de oro que no tenga los pies
de barro. El relato de esas huelgas de Londres y de Liverpool,
cortando bruscamente la admiracin envidiosa que pudiera causarnos
la descripcin de las fiestas brillantes, viene  ser consuelo de
pobres, ya que no de tontos. En todas partes cuecen habas; menos mal
donde tambin asan perdices; lo peor es donde slo cuecen habas y de
la peor calidad. Aqu tenemos huelgas y no tenemos yates ni duques de
Westminster, que siempre es un entretenimiento hasta ver en qu para
todo.

Y aun pretendern los soberbios lores oponerse  la sabia poltica de
Lloyd George, de quien bien pudiera decirse, como dijo Caldern de la
Cruz redentora, que es Iris de paz que se puso entre las iras del
Cielo y los pecados del mundo.

Si con poltica tan previsora de lo que est viendo venir el ms ciego,
no se consigue evitar algn tremendo choque, qu suceder donde nadie
piensa en nada  se piensa en lo que menos importa?

Los ricos de Inglaterra han recibido en estos das una buena leccin de
Economa poltica. Con todo su dinero se han visto carecer de muchas
cosas. En los muelles se pudran las frutas, se derreta el hielo, se
estropeaban las golosinas, que por una vez estimaban en todo su valor
los que nunca creyeron que todo eso significaba ms que dinero. Por
una vez, se han permitido los hambrientos el lujo que los hartos se
permiten toda la vida: desperdiciar.

       *       *       *       *       *

Explicaba un seor que haba viajado mucho, cmo la razn de ser Espaa
el pas ms democrtico en su trato y costumbres consista justamente
en ser el ms aristocrtico. Y esto que pareca implicar contradiccin
 paradoja, lo resolva l muy en su punto. En otras partes, slo las
personas que, por su rango  su elevada posicin social, se creen
lo bastante seguras de s mismas para saber que en nada desmerecen
por alternar con quien mejor les plazca, son las que se permiten esa
familiaridad y llaneza, que aqu nos permitimos todos porque todos
llevamos un gran seor dentro y todos nos creemos autorizados para
dispensar nuestra confianza  quien mejor nos parece; y as, de nuestra
misma altivez procede el ser sencillos, y de ser todos aristcratas el
vivir en plena democracia.

Esta espaola confusin de castas y linajes se acenta en el veraneo,
donde apenas es posible distinguir de clases, y tal vez no haya dato
ms seguro de informacin que las diferentes tertulias, formadas, no al
calor, sino al fresco de playas  montaas.

Dime en qu tertulia andas y te dir quin eres; por lo menos te dir
lo que buscas, ya que saber quin sea cada uno es imposible.

Puestos  considerar las tertulias y sus afinadas electivas, tenemos:
la tertulia de los selectos, alrededor de alguna gran seora, ya
entrada en aos; tertulia aburrida, pero de mucho tono. Por lo regular,
aparte los que quieren tomar alternativa, exhibindose en ella, los que
para nada la necesitan, saludan y pasan de largo.

Tenemos la tertulia de los despreocupados, en torno de alguna
profesional belleza; como es de rigor, acompaada por una
sobresaliente, vestida con los desechos y en todo atenida  lo mismo;
pero no es la que menos se divierte. Al pasar por esta tertulia hay que
hacerse los desentendidos cuando se va con seoras respetables.

Tenemos la tertulia del prohombre poltico: un corro muy ancho, con las
sillas muy espaciadas; al lado del prohombre una silla de respeto,
con el bastn y el sombrero y muchos peridicos. Esta silla slo la
ocupa algn otro prohombre del partido  algn enemigo poltico muy
caracterizado. El prohombre slo deja oir su voz grave y sentenciosa,
hasta cuando quiere parecer familiarmente trivial, cuando hay
_reprter_ nuevo de peridico importante  persona significada  quien
deslumbrar. De otro modo, queda encargado de amenizar la tertulia el
bufn del partido. En todos los partidos hay bufones de cmara.--El
hacer frases y chistes  costa de los correligionarios ausentes,
espiando las que son bien acogidas por una sonrisa del jefe, mal
disimulada entre protestas:--Oh! Este Fulano es terrible! No diga
usted eso! Son cosas de usted! No vaya  creer nadie que yo pienso lo
mismo!

En esta tertulia hay siempre un proveedor de cerillas, porque el
prohombre, gran fumador, nunca lleva cerillas.

Tenemos la tertulia del torero; muy parecida  la del poltico, salvo
que es ms desinteresada. Con su bufn tambin, que habla mal de los
rivales en arte y de los revisteros apasionados por otros diestros,
con las mismas sonrisas de agrado y protestas hipcritas del dolo.

En esta tertulia, como en la del prohombre, hay terribles celos y
envidias, que no suele haber entre los amigos de la profesional
belleza, con estar all ms justificados. Las preferencias del dolo se
cotizan muy alto. Se recibe con hostilidad  cualquier amigo nuevo. Los
desairados desahogan su pena unos con otros.

--No le dijo  usted que almorzara hoy con nosotros?

--S; pero lleg ese imbcil...

--Este Manolo es del ltimo que llega...

Los asiduos  esta tertulia, siempre que se encuentran, antes de
saludarse, se preguntan:--Ha visto usted al hombre?--Qu sabe usted
del hombre?--Ha visto usted cmo ha quedado el hombre?

Les digo  ustedes que estas tertulias de veraneo son un manantial
inagotable de amenidades.

       *       *       *       *       *

Muy de temer es que,  esos graciosos canastillos, ltima importacin
con que el Ayuntamiento prosigue la tarea de europeizarnos, no les
caiga del todo mal la clsica definicin de la escupidera: Un
recipiente alrededor del cual se escupe y se tiran las colillas.

Servirn precisamente los nuevos recipientes para el uso  que parecen
destinados? Ser el rgano engendrador de la funcin? O cuando
tengamos todo lo necesario para ser limpios, nos seguir faltando
la limpieza, como cuando tengamos todo lo que hace falta para estar
educados nos seguir faltando la educacin?




XXIII


Si alguna traduccin se impone por su propia virtud, es la de esos
tribunales que han de juzgar  los nios precoces delincuentes;
institucin establecida en varios pases de Europa; en Pars, desde
algunos aos, y ahora extensiva  toda Francia.

Disctase por criminalistas y socilogos si la Justicia ha de tener
cara de perro  rostro ms benigno, cuando de juzgar  los hombres se
trate. Pero, tratndose de nios, no podr sustituir la severa balanza
por un pesa-bebs, blando como una cuna, y la imponente espada, cuando
menos por aquella caa tradicional en los antiguos maestros de escuela?

Yo no s si hay nios rematadamente malos; pero s que, en nios y
en hombres, nada hace tan malos  los malos como el saberse tenidos
por incapaces de toda bondad. Repetid  un nio continuamente:--Qu
malo es! Es muy malo!,--y lo ser en efecto. Aunque lo sea, dejadle
alguna ilusin sobre su bondad. Cuando queris conseguir algo de l
y estis seguros de su desobediencia, no vea que la dais por segura;
al contrario, decidle:--S lo har, porque l es muy bueno.--Para
gobernar pueblos, como para educar nios, hay que hacerles ver que son
gobernables y educables, aunque no se crea.

Yo creo que si el pueblo espaol es de tan difcil gobernar ha sido de
tanto decirle que lo era.

Es humana tendencia la de sobresalir, la de afirmar nuestra
personalidad destacada. Hay quien, no pudiendo distinguirse de otro
modo, se contenta con presumir de sus achaques:--Como las jaquecas que
tengo yo no las tiene nadie.

Entre las seoras, no digamos; la que ha conseguido tener el parto ms
laborioso se considera dichosa cuando lo echa  competir entre las
amigas.

Por esto, la sociedad y los Tribunales de Justicia, que la representan,
ni al juzgar  un criminal,  un delincuente nato  incorregible,
deben darse por entendidos de que se hallan en presencia de algn
monstruo. Esto envanece al criminal, y hay que procurar que los
criminales sean modestos. Hay que persuadirles de que no son tan malos
como ellos se creen. Es el sistema de los confesores sabios y prudentes
con los ms empedernidos pecadores, y as consiguen conversiones
notables.

En los nios, vanidosillos de suyo, nadie sabe lo que puede importar
esta estudiada indiferencia ante sus precoces delitos.

En Francia, con muy buen acuerdo, se ha evitado toda publicidad en las
vistas y sentencias de estos tribunales para nios. Y aqu, si llegaran
 establecerse, habra que suplicar  la insaciable informacin, en sus
dos aspectos, literario y fotogrfico, un discreto silencio.

Ser ilusin,  falta de memoria? Tengo entendido que algo se ha
legislado en Espaa sobre tribunales para nios. Si as no fuera  algo
faltara para llegar  la perfeccin en su funcionamiento, nada ms
urgente.

Habiendo de tener estos tribunales mucho de patronato, debieran
constituirse por distritos y, aparte el juez especial designado,
formarse por jurados cuidadosamente elegidos. Entre ellos figurar
siempre un mdico, un maestro, y, como ha indicado muy bien un
distinguido escritor, nunca mejor ocasin para que la mujer entrara en
funciones judiciales. Un voto de mujer no puede faltar al juzgar la
culpa de un nio. Un voto que sera una lgrima y un beso.

       *       *       *       *       *

Un peridico ingls--_Daily Mirror_--propone lo que bien pudiera
llamarse vacaciones matrimoniales. Esto es, que, en los matrimonios,
debe veranear el marido de una parte y la mujer de otra, sin dejar de
escribirse durante la ausencia largas cartas de amor. Sera--aade
_Daily Mirror_--el mejor medio de mantener y reanimar la llama de
un sentimiento siempre expuesto  extinguirse _by the friction of
every day life_. Una tregua anual es muy conveniente, y escribindose
cartas que recordaran las adorables cartas de novios, los esposos
encontraran, al reunirse de nuevo, una frescura de emociones que
despertara en ellos al _boy_ y  la _girl_ adormecidos por el
matrimonio.

Hasta aqu el peridico ingls.

Yo no s si en Inglaterra sera una novedad este descanso conyugal
 vacaciones matrimoniales. En los pases latinos no hay nada
ms corriente, y, hasta ahora, los resultados no han sido muy
satisfactorios. Ms de una separacin  cencerros tapados y ms de
un divorcio  cencerrada libre han tenido su origen en estos ensayos
veraniegos de libertad.

Un soltero pierde su libertad fcilmente, porque, en la mayora de
los casos, no hay tal libertad. Hay que saber lo que es un padre
de familia  la espaola y la familia que se agrupa  su alrededor
en consecuencia, para comprender que cualquier medio es bueno para
emanciparse. Y como nuestro terrible padre de familia no comprende que
su hijo salga de su casa ms que para casarse... pues se casa y en paz,
es decir, en guerra, la misma guerra que en la casa paterna; pero en la
suya siquiera, puede gritar l ms que nadie.

Pero ay! cuando un casado prueba unos das de libertad... matrimonio
perdido. Si es el marido quien veranea y la mujer la que se queda en
casa, la vida de fonda es para l un paraso. Aunque los que viven en
casa de huspedes aseguran que se est muy mal en las fondas, crean
ustedes que en cualquier casa de huspedes se est mejor que en la
mayora de las casas de la clase media espaola. En alimentacin y
comodidades materiales hay poca diferencia; pero en cuanto  educacin
y trato y ambiente espiritual, todas las ventajas estn en favor de las
casas de huspedes.

En el caso de ser la esposa la que veranea y el marido el que se queda
en casa, con  sin criada, no hay idea del orden que puede reinar
en una casa cuando falta quien ponga orden en ella. Este ramo de la
limpieza y del buen orden domstico, que, con la honradez, son los
ltimos baluartes de las mujeres que no tienen otras gracias, estn muy
desacreditados desde que se ha cado en la cuenta de que nada hay ms
en orden ni con ms limpieza que los tres lugares justamente en que
para nada intervienen las mujeres: un cuartel, un convento de frailes
y un barco de guerra.

Por todo esto y otras muchas cosas, no conviene dejar solos  los
maridos. En cuanto  las mujeres... ellas vuelven siempre encantadas al
hogar, por bien que lo hayan pasado fuera. A quin podrn decir con el
tono de superioridad despreciativa que al marido:--Como ste es as!
Si ste no fuera as!




XXIV


Los que quieran oir, que oigan; los que quieran entender, que
entiendan. En algo habamos de ser precursores. Nuestro gnero chico,
que no tuvo nunca mayor enemigo que sus propios cultivadores, va siendo
ya imitado en todas partes. En Pars son ya muchos los teatros mejor
defendidos con variedad de piezas en un acto, que con la obra grande,
de tres  ms actos; obra que no suele tener de grande ms que las
dimensiones, y en donde, por dos  tres escenas, que vienen  ser en
resumidas cuentas toda la substancia de la obra, hay que soportar todo
el ripio y cascote, que no es patrimonio exclusivo de las obras en
verso. En Londres, autores y actores famosos pasan sin desdorarse del
teatro al _music-hall_, y en bocetos dramticos  cmicos, _sketches_,
ofrecen, ganando en intensidad lo que pierden en extensin, brillante
muestra de su talento. Graves autores y crticos protestan contra la
innovacin, que ellos estiman contra el Arte; pero el pblico la halla
muy de su gusto.

Y hay que abrir los ojos  la evidencia: La obra _grande_, en tres
 ms actos, es contempornea de aquellas novelas en cuatro  cinco
tomos, lectura reposada para todas las largas noches de un largo
invierno. Hoy nadie las escribira, porque nadie haba de leerlas.
En la vida moderna, hasta los desocupados tienen ms ocupaciones que
los ms activos de otros tiempos. El fracaso de muchas obras muy
estimables, la dificultad de sostenerlas en el cartel mucho tiempo,
no puede explicarse por su mayor  menor mrito, sino sencillamente
porque es preciso tener muy pocas cosas en qu pensar y ninguna en
qu distraerse, para dedicar una velada entera  escuchar  un autor
y  unos actores, por muy lindas cosas que nos digan muy lindamente
dichas. Pesa mucha literatura sobre la Humanidad, y los autores estn
en la obligacin de decirnos lo ms brevemente posible las novedades
que tengan que comunicarnos. No es bastante un acto? Los autores y
los actores ingleses demuestran que aun el acto es mucho; el _sketch_
les basta para dar al pblico completa muestra de su arte. El teatro
del porvenir ser como estos _music-halls_ ingleses  la moderna, donde
alterna la cupletista con la gran cantante, el excntrico con el actor,
el baile con la tragedia condensada; donde hay espectculo y arte, y
falta el arte tambin para todos los gustos; en donde cada espectador
puede elegir la hora y el nmero que le conviene, y al que le convenga
verlo y oirlo todo, no fatigar su atencin con un mismo tema, y en la
diversidad de impresiones hallar el mayor encanto del espectculo.

Todo el secreto y el arte de ganar dinero como empresario de teatros,
consiste en ofrecer al pblico, no lo que le ha gustado ayer y le gusta
hoy, sino lo que le gustar maana.

En el teatro slo han podido enriquecerse alguna vez los previsores,
los que han sabido anticiparse al gusto del pblico. Por desgracia
suya, aun estos previsores, encariados con su hallazgo, no saben
entender que otro de los secretos del teatro consiste en abandonar un
gnero precisamente cuando ms le est gustando al pblico. En todo lo
humano, la cumbre ya empieza  ser decadencia.

Qu podr decirse del gnero grande, que de puro bajar hasta parece
que est empezando  subir? Pero una golondrina no hace verano, ni una
ola temporales. El gnero grande est muerto. Y no es porque las obras
sean mejores  peores, tampoco los actores: ha muerto de grande, de los
tres actos y de las tres horas de duracin. Y lo sorprendente es que
haya vivido tanto y conserve todava apariencia de vida. Hay algo en
la vida moderna  lo que dedique nadie tres horas seguidas de atencin?
Pero el autor que no es vanidoso, sabe que de esas tres horas, una
corresponde  los entreactos, otra  los espectadores, y una, todo lo
ms,  la obra, si no es da de abono aristocrtico.

       *       *       *       *       *

Todos los veranos leemos las mismas consideraciones sobre el veraneo y
sobre la predileccin de los veraneantes por los grandes centros de
atraccin veraniega, traslado en todo, con un poco ms de ventilacin,
de la vida madrilea.

Y aqu del problema: No se hace vida de campo porque nuestros campos
son inhospitalarios?,  son nuestros campos inhospitalarios porque
nadie quiere vivir en ellos?

No es razn pedir  los cortesanos que vayan  pasar molestias, sin la
recompensa siquiera de pasar  la Historia como colonizadores. No es
razn tampoco pedir  los campesinos que vayan disponiendo comodidades
y atracciones, sin la seguridad de que los cortesanos han de acudir 
compensar los gastos. El problema es de solucin difcil. Alguien ha de
empezar. En otras partes, han sido los viajeros los que han hecho el
camino, y los huspedes los hoteles. En Espaa, acaso necesitemos lo
contrario. As empezaron Biarritz y Trouville, en Francia. En Espaa
mismo, as empezaron San Sebastin y Zarauz y Deva; as empezaron,
ms cercanos  Madrid, Cercedilla y otros lugares de la Sierra. Los
primeros en acudir pasaron lo suyo; tuvieron, en cambio, el supremo
goce de la virginidad.

Y como deca un buen seor, que siempre prolongaba su estancia en un
lugar de estos hasta muy entrado el otoo, cuando ya no quedaba nadie
de la colonia veraniega: Ahora es cuando se est aqu  gusto. Si la
gente no fuera tonta, ahora es cuando deba venir aqu todo el mundo.

       *       *       *       *       *

Una escritora de entendimiento y de corazn propone que los nios
asistentes  las escuelas pblicas tengan al entrar ellos, no slo
alimento espiritual, sino algo tambin de ese alimento material, tan
necesario para bien disponer el espritu; que si tripas llevan pies--y
andamos tan malamente,--tambin llevan cerebro: y si de la panza sale
la danza, tambin la enseanza, si ha de ser provechosa.

Plausible idea es la del desayuno escolar, y es preciso que no quede en
idea. Es triste cosa que, por amor propio mal entendido  por temor
 que pueda parecer bombo mutuo  tacto de codos, nadie patrocine ms
ideas que las propias, y as queden perdidas y malogradas las mejores.

Ese desayuno de los nios pobres debe quedar  cuenta de los nios
ricos, y las madres que ensean  rezar  sus hijos, deben hacerles
comprender que por algo en el Padrenuestro no se dice: El pan mo
de cada da, sino el pan nuestro. Qu menos puede comprender ese
plural que el pan de todos los nios? Qu almas pueden unirse mejor en
ese acto de compartir el pan, que siendo de comunin cristiana, lo es
tambin de solidaridad social?

       *       *       *       *       *

Lances de veraneo: Un tenorio de playa, locamente enamorado de una
bella compaera de hospedaje, la persigue da y noche dispuesto 
todo. Un da, por fin, acompandola desde la calle, se entra decidido
hasta el mismo cuarto de la seora, que protesta muy indignada. El,
sin oirla, se entrega  los transportes ms apasionados. La dama le
rechaza con toda su fuerza: Est usted loco! Qu hace usted? Quiere
usted que grite? Qu atrevimiento! Y...  que no ha echado usted el
pestillo?




XXV


Que si Francia, que si Alemania... Cuando aun saboreamos las
delicias del _mnage  trois_, anglo-franco-espaol, concertado en
la Conferencia de Algeciras,  la ligera, de pasada y como para que
nadie haga caso, como puede decirse en estas notas por quien no tiene
autoridad, me permit decir que el sentido comn ms rudimentario
aconsejaba la alianza con Alemania, como ms conveniente  los
intereses espaoles. De modo que no se dir que me apasiono por
Francia. Ahora, cuando veo que el apasionamiento por Alemania llega
hasta desconocer y negar todo valor positivo  la cultura francesa,
creo que, por lo menos, debemos acordarnos de que lo que sabemos de
Alemania lo sabemos por Francia. Con todos sus defectos y su influencia
ms  menos funesta en nuestra poltica, en nuestras costumbres, en
nuestro arte--y tal vez el pro contrapesara la contra,--todava
podamos imitarla en mucho, que nos sera muy conveniente. Por ejemplo:
en su patriotismo, no limitado al aspecto blico. Bien haremos al no
confundir en nuestra admiracin  un Cousin con un Kant,  Corneille
con Shakespeare; pero, no es altamente plausible y no debiramos
imitar nosotros ese laudable afn de los franceses por elevar sus
glorias y presentarlas rodeadas de todo respeto  la consideracin de
los extraos? Cierto que es ms ocasionada al ridculo la exagerada
admiracin, y nosotros somos un pueblo serio, que, por salvarnos del
ridculo, caemos en la odiosidad de rebajar y denigrarlo todo.

La compaa de la Opera Cmica, de Pars, con su director, M. Carr,
y su esposa, la espiritual artista Margarita Carr, han ido  Buenos
Aires  dar unas representaciones de pera francesa. Los peridicos
hablan del valor, en sus dos acepciones, _courage et valeur_, de
los artistas expedicionarios, de su abnegacin al marchar  lejanas
tierras  predicar la buena nueva del arte musical francs; el pblico
se dispone  recibir en triunfo  la gentil Margarita Carr y  su
esposo... Lo mismo que aqu. Mara Guerrero, Rosario Pino, han hecho en
Amrica, por nuestro arte y por nuestro buen nombre, ms que todos los
embajadores y diplomticos. A su vuelta nos contentamos con contarles
el dinero;  la ida... no falta quien enve un extracto  crnica
desacreditndolas. No digamos si el que viaja es algn escritor: ya
nos encargamos de prepararle desde aqu el terreno, y cuando llega, va
precedido de cartas particulares y artculos de muy buena firma, que
vienen  decir en substancia: Ah les mandamos  ustedes ese pendejo,
 quien aqu no admira nadie ni nadie toma en serio; suponemos que
ustedes tampoco. Ah! cuidado con los cubiertos. Lo mismo que enviaron
los franceses  Clemenceau y  Anatole France; lo mismo que envan al
ms insignificante de sus cmicos  cantantes. Aqu nos reimos mucho
de esas cosas; pero con esas cosas pueden atreverse  escribir: La
Argentina, hija de Francia, y con razn se indigna Mariano de Cvia,
y con razn no se indigna slo con el autor de la fanfarronada, sino
tambin con los que desde aqu, por su desidia, la hicieron posible.

Entretanto, que si Francia, que si Alemania. Y nadie se acuerda de
Italia, que es la verdadera madre de todos los cerebros latinos?

Y no slo de los latinos, sino de toda la cultura europea.

No debemos  Italia lo mejor de nuestro arte? Nuestros poetas,
nuestros novelistas, nuestros pintores? No estn Velzquez, Ribera, el
Greco, en los pintores venecianos? No est Murillo en Rafael? No est
Cervantes en _Bocaccio_ y el Ariosto? No est Caldern en Dante? Y no
est toda Italia en Lope de Vega?

All que la sombra negra del Vaticano se interponga entre las
relaciones oficiales de los dos pueblos ms hermanos en carcter, en
glorias y hasta en desdichas: los dems no debemos ser ingratos ni
olvidadizos. Aceptada la clasificacin de pueblos latinos, si todos son
hermanos, slo Italia es madre de todos, y, sobre todos, gloriosa.

       *       *       *       *       *

La cuestin de las capeas ocasiona muchos disgustos en este ao por
esos pueblos de nuestros pecados. Mayores disgustos, pues que, con
desigual injusticia, mientras en este pueblo se prohibe la capea, se
permite en el de al lado, sin duda por disfrutar de mayor influencia
cerca de los gobernadores. Mientras aqu se hace la ley gorda, dos
leguas ms all se hila muy delgado. Sabido es que nada irrita tanto
como estas diferencias y distinciones. Entretanto, llueven multas sobre
muchos infelices alcaldes,  quien se quiere exigir que se impongan 
todo un pueblo con tres nmeros de la Guardia civil; bastantes menos de
los que se enva en da de elecciones, cuando hay que poner miedo en
los electores de oposicin.

Gobernadores que, cuando presiden una corrida de toros en su dicesis,
pasan por cuanto les pide el pblico, aun sin razn, en el natural
deseo de evitar conflictos, quieren que estos pobres alcaldes, sin
fuerza material, y con poca autoridad moral, se basten y se sobren para
prohibir las capeas. No saben los gobernadores que el conflicto
sera mayor para ellos si los alcaldes se obstinaran en prohibirlas 
raja tabla.

Adems, donde se paga  los maestros como aqu se les paga, hay
derecho  prohibir las capeas? De unas cosas provienen las otras, y
cuando se quiere educar  un pueblo, hay que empezar por el principio.

       *       *       *       *       *

Otra de las especialidades del veraneo es, al derramarse por las
varias regiones de Espaa, los agricultores, que pudiramos llamar de
la ctedra; cuerdos en casa ajena que pretenden saber ms que el loco
en la propia.--Aqu tienen ustedes una riqueza sin explotar... Si se
sirvieran ustedes de mquinas...

--Como no las desperamos por esos cerros--piensa el labrador
socarrn.--Aqu tienen ustedes una riqueza en fruta. Qu hacen
ustedes con ella?--Nos la comemos.--Por qu no la exportan ustedes 
Inglaterra?--Pues, qu s yo!

--Qu pas ste! Ustedes saben lo que pagaran por esta fruta en
Londres?

El agricultor de gabinete,  los pocos das de regresar  la corte,
recibe, muy bien acondicionado, un cajn de aquella riqusima fruta; la
mitad llega para tirarla, y el viaje no ha sido muy largo. No es sta
la mejor contestacin  todos estos que quieren saber de la tierra y
de sus productos ms que sus cultivadores, que no se chupan el dedo,
aunque otra cosa parezca, y saben muy bien dnde les aprieta el zapato?

S, algo hay que hacer por esos campos de Espaa; pero ni es tanto ni
lo que creen muchos que todo lo aprendieron en los libros. A la mayor
parte de los campesinos, cuando van  ensearles algo, ya estn ellos
de vuelta, y el viaje no ha sido muy fructfero. Y lo que dicen ellos:
De consejos, la mitad en dinero.




XXVI


Tan sobresaltados nos han tenido durante todo el verano con amenazas de
conflagraciones europeas, clera, disturbios interiores; tanto nos han
gritado el lobo, el lobo!, que cuando el lobo ha venido, en efecto,
casi estbamos curados de espanto; y la verdad es que la intranquilidad
de los espritus no corresponde  lo crtico de las circunstancias. No
parece sino que no fuera nada con nosotros. El ilustre poltico que
consider  Espaa incorregible  ingobernable porque haba perdido
el pulso, hallara ahora nuevas razones para reforzar su diagnstico.
No creo yo que hayamos perdido el pulso; lo que sucede es que no se
nos altera por nada. Nos hemos visto con el agua al cuello tantas
veces! Slo una gran catstrofe nacional, como la cogida de un torero,
es capaz ya de conmovernos y alterar el ritmo normal de nuestras
pulsaciones. Menos mal; si furamos  emocionarnos por todo lo que
vale la pena, estaramos enfermos del corazn todos los espaoles. Y
para qu hay una Providencia all arriba y un Gobierno aqu abajo?

Pero los ricos son egostas; ellos se toman sus vacaciones del veraneo
y se molestan porque los pobres se declaren en huelga, que es, salvo
enfermedad  paro forzoso, su nico modo de tener vacaciones. Con la
diferencia de que no son tan divertidas como las de los ricos; porque
las Cajas de resistencia no dan para tanto como las Cajas de los Bancos
y las rentas de casas y tierras. Ah! Si los pobres tuvieran algn
dinero para jugrselo en algn Casino mientras dura la huelga, nadie
tendra que decir nada de ellos. Sera gente que se divierte; la gente
que se divierte, no perturba. Pero  quin se le ocurre holgar sin
dinero? Peor todava:  costa del dinero de los dems. No piensan esos
obreros que sus das de huelga significan tal vez el automvil, la
partida de bac del seor que veranea tranquilamente? Pues bueno sera
que lo pensaran, que eso de no pensar ms que en s mismos se queda
tambin para los ricos. Bueno es que ellos no piensen que su automvil,
y su bac, y sus cocottes significan el pan que falta muchos das
en muchas mesas; porque si lo pensaran no se divertiran tanto, y
conviene que los ricos se diviertan para que los pobres vivan. Cuando
se han pagado seis reales  dos pesetas por el trabajo de un hombre en
todo un da, bien puede uno jugarse 1.000 pesetas  una carta, con la
conciencia tranquila, y pedir energa  los Gobiernos para reprimir
cualquier desorden, y espantarse de que haya quien hable todava de
problemas y cuestiones sociales.

       *       *       *       *       *

Una millonaria americana ha celebrado en Pars el segundo cumpleaos
de un lindo perrillo de su pertenencia con una original y esplndida
fiesta. Invit  todos los perros y perras de sus amigas, que acudieron
acompaados de sus distinguidas amitas, naturalmente. Hubo verdadera
competencia en el atavo de los perros: collares y pulseras con
piedras preciosas, golas de magnficos encajes, mantas de fantasa,
pauelitos bordados. El hroe de la fiesta luca un suntuoso manto,
que era llevado graciosamente del pico por un pato blanco que, segn
dicen, cometi mil incorrecciones y acab por tragarse un anillo de
oro y brillantes que dej caer una de las ms espirituales falderas
asistentes  la reunin. Se sirvi un delicado agasajo, y las revistas
no dicen si se bail  se hizo msica, ni si las alfombras y cortinajes
 las faldas de las amitas padecieron graves ultrajes. Tampoco dicen si
el _flirt_ se contuvo en lmites decorosos  hubo que lamentar algunas
expansiones de dudoso gusto. Se supone que, siendo todos los perritos
de buena casa y educados por seoras tan distinguidas, la reunin
tendra el mejor tono. De seguro que no se mordieron unos  otros como
sus seoras y dueas, que saldran encantadas de la fiesta. Sera
interesante saber lo que pensaron los perros, y ms interesante saber
lo que dijeron los criados de la casa. De los maridos y los hijos de
las seoras, no se sabe nada.

       *       *       *       *       *

No se dir que nos descuidamos en los preparativos para solemnizar el
centenario de Cervantes. El Saln Nacional, nombre ya de suyo sonoro
y significativo, se llamar teatro de Cervantes, y, al anunciar el
cambio de nombre, se anunci primeramente que actuara en l una buena
compaa dramtica; pero despus referencias muy autorizadas dan por
seguro que actuar en l una de esas compaas de _variets_ tan poco
variadas. Era lo nico que le faltaba  Cervantes. Con un guiol ira
mejor servido; siquiera recordara aquel retablo de Maravillas  el
famoso de maese Pedro; pero estas _variets_  la moderna no s qu
puedan recordar, como no sean las desdichas que le persiguieron en vida
y no dejaron de perseguirle en muerte, sin la tregua del centenario,
que ya veremos cmo nos lo deparan entre unos y otros.

Admirable sera que, al engao del nombre, acudiera algn extranjero
al teatro de Cervantes creyendo hallar el verdadero teatro nacional, 
poco menos, y se encontrara con su buen garrotn y sus buenas coplitas
en el ms puro estilo cervantesco. Triste sera que, slo por los
artistas y el pblico, pudiera creerse transportado  lo ms triste
de la triste Espaa de Cervantes, y que, viniendo  festejar al autor
del _Quijote_, slo pudiera admirar al de _Rinconete y Cortadillo_, no
tanto por la certera observacin de su tiempo como por la penetrante
visin del porvenir.

       *       *       *       *       *

Los franceses nos pondrn en solfa, y por eso, sin duda, padecen la
obsesin musical de Espaa. De diez  doce conciertos anunciados
en das pasados, de los que dan en Pars continuamente las bandas
militares, no haba uno solo en que no figurara alguna pieza de
inspiracin espaola. La _Espaa_, de Chabrier; fantasas de _Carmen_;
un Vito; fantasa de _El Cid_, de Massenet; serenata espaola. Eso s,
entre tanta msica espaola ni un slo compositor espaol. Basta con
que la inspiracin sea nuestra; ellos se bastan para instrumentarlo
todo. Lo mismo que en Marruecos, y que en todas partes. Aqu cantamos y
bailamos; ellos instrumentan... y cobran. No ha sido sta siempre la
suprema habilidad francesa: instrumentar todas las msicas de todo el
mundo? Slo que hay msicas bravas que se resisten  todo pentagrama y
 toda batuta. Napolen, aquel gran director de orquesta, lo aprendi
 su costa. Pudo con los pueblos entonces ms civilizados y fu 
estrellarse en los que l despreciaba ms por incultos.




XXVII


Si para todo Gobierno es siempre desagradable la perturbacin del orden
pblico, es natural que lo sea doblemente para un Gobierno liberal y
democrtico. Siendo el primer deber de un Gobierno el sostenimiento del
orden, cmo conciliar las ideas liberales con las medidas necesarias
de previsin y de represin? Segn frase de un eminente novelista y
lastimoso republicano, en la vida los hechos van dando de puntapis 
las ideas. Pero no deja de ser triste cosa, cuando de ideas liberales
se trata, que los hechos brutales puedan despedirlas de tan brutal
manera.

Convalecientes todava de un acceso de fiebre, en que, por fortuna, no
todos han perdido la cabeza, aunque bien pudo temerse, no es ocasin de
aquilatar errores y responsabilidades.

Hay en estos accesos agudos el peligro de que, por atender con premura
 lo sintomtico, se desatienda la dolencia esencial. Es indudable
que los vnculos de solidaridad social entre unas clases y otras
estn muy relajados. Nadie sabe  qu alta claridad han de llegar las
inteligencias para suplir el calor que falta en los corazones. Hemos
apagado la lumbre antes de encender la luz, y todos vamos  tientas por
la vida; no es extrao que nos tropecemos unos  otros  cada paso.
Se ha destrudo mucho y no se ha edificado lo bastante. La voluntad
moderna es negativa. Sabemos muy bien lo que no queremos; nadie sabe de
cierto lo que quiere.

Sera injusto desconocer, y los ms apasionados enemigos y los ms
condicionales amigos, que son peores, no podrn negarlo, que el
Gobierno ha salvado con gran cordura, digan otros con gran suerte, las
difciles circunstancias en que tanto poda pecarse por falta como por
exceso.

El pueblo de Madrid, tan desconocido, tan calumniado  veces, ha dado
una vez ms pruebas de su nimo sereno y bien templado. Nadie se ha
intimidado. El comercio abri sus tiendas confiadamente; nadie dej sus
habituales ocupaciones y esparcimientos. La clase media, sobre todo,
la que bien tendra motivos justificados para ir  la huelga y  la
protesta violenta, puede decirse que ha sido en este caso el muro de
contencin contra posibles desbordamientos del motn amenazador, por
una parte, de la represin excesiva, por otra. No olviden la Monarqua
ni sus Gobiernos dnde est su ms firme apoyo. Los de abajo? Aun sin
razones sentimentales. Hay tantas razones de conciencia para perdonar
sus errores y sus extravos! La grey es buena... Los pastores? Pobre
pueblo! La vida es tan dura para l! Cmo culparle si, para soar y
esperanzarse, prefiere todava la blandura y dulzor de las mentiras
lisonjeras al spero y sano amargor de las verdades? Si slo se le
acercan los que tienen aspiraciones de dolos y ninguno que tenga
vocacin de mrtir! Cmo ha de escuchar nunca palabras de verdad?
Hasta la entrada en Jerusaln, entre aclamaciones y palmas, hay muchos
Cristos; hasta la Cruz, slo hubo uno: El que era todo amor.

       *       *       *       *       *

Bien merecen una especial recompensa los reservistas y licenciados
temporalmente que se han presentado espontneamente en sus respectivos
Cuerpos, anticipndose  la orden de incorporarse  ellos.

Merecedores son tambin del mayor encomio los aristcratas veraneantes,
los prceres ilustres, polticos y financieros, lo ms saneado de
nuestras clases conservadoras, que se han apresurado  dejar las
comodidades y el descanso de sus residencias veraniegas para mostrar
 la Monarqua y al Gobierno su lealtad acrisolada. Imponente fu la
manifestacin de todos ellos realizada en Madrid, pareciendo en los
sitios de mayor peligro, ofrecindose con sus servidores y empleados 
defender y sostener el orden. No podan hacer menos por la Monarqua
los que tanto hicieron por la Religin en los das del Congreso
Eucarstico. Slo los impedidos y achacosos se han limitado  enviar
sus adhesiones por escrito. Y, aun  stos, habra que oirles en
la terraza del Casino de Biarritz y en otros puntos del extranjero
abominar de los viles afrancesados, que se aprovechan de los momentos
difciles para perturbar el orden y traer graves complicaciones sobre
Espaa.

Admirable ha sido su conducta, y razn es que, despus de tan
significativo acto de presencia, vuelvan  reanudar sus vacaciones,
interrumpidas hasta que llegue el invierno y, con l, ocasiones en que
lucir ms tranquilamente Toisones, bandas y cruces, que tan bien saben
ostentarse en los momentos de peligro como en las ceremonias pacficas.

La Monarqua y los Gobiernos deben tener muy en cuenta la actitud de
estas clases privilegiadas, que aun no han hallado por aqu su Lloyd
George como en Inglaterra.

       *       *       *       *       *

Y nada ms. De todo ello el Gobierno del Sr. Canalejas ha salido
inclume, cuando sus mejores enemigos y sus peores amigos esperaban
que saldra muy quebrantado. Algo que importa ms ha salido tambin
inclume: la vitalidad de esta Espaa nuestra, ms resistente con su
apariencia de debilidad que muchos organismos de robustez engaosa.

Y  este nuestro Madrid bien puede perdonrsele su femenina debilidad
por algn torero, en gracia de su masculina serenidad ante un
espectculo en que la mayor prueba de cordura era permanecer impasibles
como espectadores; nico medio de que no se hicieran locuras en el
redondel, que, por fortuna, en esta ocasin ha sido todo olivo,
considerado como smbolo de la Paz, para los bien intencionados. En
su sentido taurino; para los que gritando al toro, al toro!, no se
contentan con quedarse entre barreras, sino que se suben al palco de
la presidencia apenas suenan los clarines y, de paso que se ponen en
seguro, le piden algn favorcillo al presidente, mientras los incautos
lidiadores, jaleados por estos capitanes Araa, se juegan la vida en el
ruedo.




XXVIII


Gran revuelo en Pars. Cuestin de faldas: faldas de bailarina. Osados
reformadores tratan de suprimir en el cuerpo de baile de la Gran
Opera, el tut  sea la tradicional faldilla de las bailarinas.
Dicen que es inverosmil--miren ustedes dnde demonios van  buscar
la verosimilitud!--que en un baile de campesinos,  de griegos,  de
romanos, se presenten las danzarinas con ese traje, sin poca y sin
estilo, que es slo de bailarina, por unos de esos convencionalismos
teatrales que, si bien se mira, ay!, son todo el teatro. Hay quien,
dejando  un lado la propiedad escnica, que nada importa cuando se
trata de admirar bellezas femeninas, protesta contra el tut, en
nombre de la Esttica. Dicen que el tut destruye la armona de
lneas. Picarones!

En seguida han levantado partido, de una parte, los tradicionalistas;
de otra, los innovadores. Entre las mismas interesadas, las hay que
estn por las faldillas; las hay que estn por las lneas. Las madres,
corporacin respetabilsima en el cuerpo de baile, inmortalizadas por
Halevy en su _Madame Cardinal_, con su experiencia de madres, estn
por la falda: saben cunto importa reservar alguna sorpresa para los
momentos definitivos. La juventud, con sus impaciencias  la moderna,
est por la lnea. Saben que, como en Geometra la lnea recta, en Amor
la curva es la distancia ms corta entre el escenario y el hotelito de
sus sueos.

Hay tambin un partido intermedio: el partido templado de un
transigente eclecticismo. Adptese la innovacin para las peras y
bailes modernos, y resptese la tradicin para los del antiguo rgimen.
Hay tal vez abonados viejos, fetichistas de amor, para quien el
tut es toda la bailarina. Sera una crueldad privarles de la prenda
sugestiva y evocadora.

Hay tambin un partido revolucionario y avanzado que, no slo pide
la supresin de los tules y gasas, sino la supresin de las mallas,
que, si no destruyen, ocultan las lneas. Dicen que siendo el baile
exhibicin de la belleza corporal femenina, ritmo plstico de formas
y actitudes, tapar las formas de una bailarina es como tapar la boca
 un cantante. Estos seores quieren que les canten  toda voz, y que
les bailen... aqu no puede decirse  todo trapo; al contrario: fuera
trapitos!

Para comprender lo que esta cuestin interesa en Pars, es preciso
saber lo que significa el cuerpo de baile de la Gran Opera, que es
toda una institucin nacional. Wgner tuvo que sucumbir ante su
tirana, amenizando _Tannhauser_ con un bailecito, pues de otro modo
no se hubiera representado nunca. Verdi, en todo el esplendor de su
gloria, tuvo que intercalar tambin unas danzas en su _Otelo_ cuando
fu representado en la Gran Opera. Hasta el _Don Juan_, de Mozart, se
ameniza con un aadido bailable, para el cual se aplica uno de los
minus del mismo divino maestro, y la marcha turca, que cae en el _Don
Juan_ como el cala en la cabeza de Dulcinea--vase la pera de
Massenet _Don Quichote_, cuya representacin en Madrid demandan algunos
cervantfilos.--Buena obra para inaugurar el nuevo teatro de Cervantes,
para que al Inri no le falte letra... ni msica.

       *       *       *       *       *

Ahora que se agita la idea--en Espaa se agitan mucho las ideas,
por eso llegan las pobres tan cansadas cuando hay que ponerlas en
prctica--de fomentar el turismo por los medios ms adecuados,
no sera malo convocar una Asamblea de veraneantes  abrir una
informacin pblica para que expusieran sus observaciones, sus agrados
y sus quejas. De este modo, podra trazarse algo as como un mapa
hospitalario de Espaa, que podra ser muy til para los turistas.

Hay que oir  muchos de los que regresan! Claro es que muchas veces
el espectculo est en el espectador y el viaje en el viajero. Los que
buscan pueblecillos ignorados y tranquilos para su descanso, vuelven
encantados. Qu amabilidad y dulzura en el trato de los campesinos!
Qu sencillez! Qu arte para adulterar los alimentos y encarecer los
precios, para que el veraneante no eche de menos las comodidades de
Madrid! Qu modo de amenizar la vida al forastero! Eso s; el paisaje
y el aire sano del campo compensan de todo. Salvo que el paisaje est
todo acotado, para consuelo de los que no quieren terrenos baldos, y
no hay por dnde pasear ni por dnde asomarse al campo; salvo que el
aire huele  paja quemada   carroa de animales muertos que se pudren
al aire libre; salvo que los nios, que fueron de Madrid tan sanos,
atrapan la tos ferina  el sarampin,  unas calenturas, gracias  la
higiene de esos admirables lugares, reino eterno de Herodes.

Oh, el campo, los pueblecitos! Qu bien se vive en ellos con una
casa  estilo de Madrid, con criados de Madrid, hacindose llevar los
alimentos de Madrid, con peridicos de Madrid, amigos de Madrid y mucha
agua de Colonia... de cualquier parte!

Los ms exaltados africanistas debieran emprender frecuentes
exploraciones por muchos de estos lugares. Tal vez  la vuelta se
hubiera enturbiado su fervor de civilizadores y conquistadores de
tierras extraas. Pues no hay poco que civilizar y que conquistar
sin salir de casa! Y no vale decir que para eso siempre hay tiempo, y
para eso los tenemos cerca. Precisamente porque estn cerca es posible
que, si no los conquistamos pronto, nos conquisten ellos. Y que,  los
brbaros de fuera, se les ve venir; pero los de casa, no han avisado y
ya estn encima. Todo ser que el hambre apriete un da demasiado. As
como as, con los remedios que proponen algunos economistas, dignos
de los mejores tiempos de la Edad Media... Proteccionismo y cierre
de puertas. Es el mejor remedio. Bien deca D. Juan Valera que la
Humanidad estaba empezando  vivir.




XXIX


El malestar ocasionado por la caresta de la vida es universal. Las
gentes andan mal humoradas, y el mal humor se traduce en motines,
huelgas y disturbios, con cualquier pretexto, que, no pareciendo
suficiente  los que no quieren enterarse de la verdadera causa, les
hace pensar en el oro extranjero, en traidores y agitadores extraos.
Aqu pensamos en el afrancesado, como en tiempos de la invasin
napolenica.--Todo esto es como pensar en polvos misteriosos que
envenenan las aguas, en tiempo de mortfera epidemia.

Claro es que, muchas veces, los mismos que protestan y se enfurecen,
no se dan cuenta de la verdadera causa de sus furores. Pesan sobre
el dinero y sobre las necesidades materiales tantos anatemas poticos
y romnticos, que  todos nos da cierta vergenza confesar, cuando
andamos tristes y cariacontecidos, que la causa primordial es la falta
de metales preciosos y precisos! Hay tanta pasin de nimo y tanta
neurastenia que se curara con unos cuantos billetes de mil pesetas! Y
hay tanto socialismo, tanto republicanismo y tanto idealismo que se
curara del mismo modo!

Los mdicos y los gobernantes, para acertar en sus diagnsticos, han de
ser algo materialistas. El estado financiero del paciente, individuo 
pueblo, es de gran importancia para diagnosticar y recetar con acierto.
Hay tristezas que parecen, y as lo asegura el enfermo, de lo ms
espiritual del mundo; y con buena alimentacin, diversiones y algn
dinero, desaparecen en cuatro das, sin dejar seales. No hay ms que
comparar lo que dura un duelo en una casa donde la familia queda muy
bien, con lo que dura donde, como suele decirse, el difunto se llev la
llave de la despensa.

Yo estimo en mucho  esas buenas seoras, serviciales y conocedoras del
corazn humano, que, en las grandes catstrofes familiares, se dedican
 ofrecer y servir tazas de caldo, vasos de leche y yemas de huevo.

Este sistema, aplicado al gobierno de los pueblos, producira los
mejores efectos. Que los pueblos se agitan y se inquietan por alguna
idea poltica? Leyes econmicas, de lo ms grosero y materialista: la
taza de caldo, el vasito de leche y las yemitas de huevos.--Llore usted
lo que quiera, pero hay que tener fuerzas.--As dicen esas seoras
solcitas que, por haber asistido  muchos duelos de familia, saben el
modo de curar desmayos y sncopes de viudas y hurfanas. Al estmago,
al estmago! No hay que tomar el corazn muy en serio, ni en los
pueblos ni en los individuos.

       *       *       *       *       *

Hasta ahora, el pblico del teatro de Apolo era el que ofreca mayor
resistencia  dejarse emocionar por la pura emocin artstica. Los
mejores xitos literarios obtenidos por algunas obras en aquel teatro
fueron logrados  punta de chiste. Presentarse all  cuerpo limpio era
empresa arriesgada. Sinesio Delgado es testigo de mayor excepcin. El
xito de _Lirio entre espinas_ ser slo un acierto de una obra y de
un autor?,  ser tambin un acierto del pblico? Mucho habra que
celebrar lo primero; lo segundo, doblemente.

Una de las grandes ventajas de los teatrillos y salones en que se
cultiva el gnero llamado _variets_, es haber sido un derivativo para
que cierto pblico no busque en teatros donde debe cultivarse otro
gnero, lo que en esos salones puede encontrar en abundancia.

Bueno es que se deslinde el campo. A un lado, el teatro;  otro, el
escaparate. Que cada cual sepa dnde debe ir y dnde no,  satisfacer
sus gustos y sus aficiones.

Hasta ahora, el arte y la literatura haban sido para esos teatros
lirio entre espinas.

Esperemos que, en adelante, aunque no todo sean lirios, todas sean
flores.

       *       *       *       *       *

Con los comienzos de la temporada teatral anuncia su alegre entrada en
Madrid el invierno de los dichosos.

Como en las procesiones espaolas, Dios grande y Dios chico, hay
siempre dos estaciones en cada estacin del ao. Una, para los que
tienen sus diversiones distintas en cada una; otra, para los que pasan
los mismos apuros en todas ellas.

En unas casas se piensa ahora en el abono  los teatros, en bailes y
fiestas, en las nuevas noches de invierno, en alfombras y pieles. En
otras se piensa en la falta de trabajo, en la pobre ropa empeada.

El invierno acusa, como ninguna otra estacin, lo terrible de las
desigualdades sociales.

El hielo que endurece la tierra y dificulta al pobre labrador sus
labores, sirve para que los ricos patinen sobre l, bien aforrados
en pieles. Por si el hielo natural falta para su diversin, tienen
patinaderos de hielo artificial.

La industria de los hombres no se ha cuidado tanto de aliviar males al
pobre como de aumentar goces al rico. Verdad es que los pobres pagan
mal y agradecen peor.

Por eso nadie trabaja para ellos; ni ellos mismos. Todas las
comodidades, todo el lujo, todo lo que embellece y alegra la vida,
pasa por sus manos sin dejar rastro de bienestar, de belleza ni de
alegra. En sus manos todo es trabajo, pena y miseria.




XXX


Buenas reprimendas se est ganando Italia, de la parte de las seoras
mayores, por querer ella jugar tambin  la seora mayor y hacer de
gran potencia! Como si furamos todos unos, frailes y tamborileros!

Tendra que ver! Cuando las grandes andan con mil remilgos y
miramientos por no tropezarse ni ofenderse, que una loquilla viniera 
enredarlas  todas.

Estn Francia y Alemania, muy seoras y muy reverendas, nota va, nota
viene, hasta aqu cedo y de aqu no paso, por si pueden evitarse el
venir  las manos, que las dos tienen muy ocupadas, y se le ocurre  la
seorita sin juicio de las tarantelas echarse de conquista y de bulla
por esos mares.

Las grandes seoras, acostumbradas  ponerse el mundo por montera,
dicen, escandalizadas ante la empresa de Trpoli, que esas no son
formas entre naciones decentes y que de quin las habr aprendido
Italia.

--Ella no tiene posicin para eso--como deca una aristcrata,
censurando  una burguesa que se permita tener amantes.

El que tiene posicin puede permitrselo todo en este mundo. Pero el
que no la tiene cmo llega  tenerla? Cmo van  llegar los pequeos
 grandes, si los grandes tienen monopolizados todos los medios de
engrandecerse?: el atraco, el despojo, la estafa; los medios ms
usuales entre naciones decentes y civilizadas.

       *       *       *       *       *

Peligroso, peligrossimo juego, que no aconsejaramos  ningn
Gobierno, es el de ilusionar y desilusionar de un da  otro.

Contra su certero instinto de gato escaldado, el pueblo espaol est
como quien quiere creer, si no cree; en las mejores disposiciones
para terminar en creyente. No pide milagros, pero... si se los
cuentan! Casi, casi, se dar por contento con volver de la aventura,
como el gitano tuerto, por lo menos con el ojo que le quedaba sano.
No pretendamos ponerle vendas en los ojos, que la verdadera fe no
se falsifica con nada; y no hagamos que, por querer infundrsela
con milagreras, acabe por no creer ni en los milagreros ni en los
verdaderos apstoles. Hasta ahora slo cree en los mrtires.

       *       *       *       *       *

La Biblioteca Nacional era una institucin intangible  inviolable. Un
distinguido escritor se lamentaba das pasados de que nadie sostuviera
una campaa contra esa plaza fuerte. Slo algunos artculos en broma y
algunas quejas tenues.

Las bromas no sientan mal, y, por desgracia, es ms fcil llamar la
atencin sobre un asunto echndolo  broma que tomndolo en serio.
Las quejas... Caramba! Cualquiera se atreve  insistir! Apenas se
atreve uno  protestar contra una deficiencia, un descuido, salen
como energmenos unos cuantos seores, clamando que todo ello es
ganas de molestar, que la Biblioteca es una perfeccin y no hay nada
que mejorar ni que corregir en ella ni en sus servicios. Admirable
institucin que ha llegado  ese punto en que ya nada puede mejorarse!

Cuidado que en esas quejas nada iba contra el respetable Cuerpo de
Archiveros y Bibliotecarios; al contrario; ms se procuraba que se les
aliviara en trabajo y se les aumentara el sueldo. Pero nada, ni aun as
agradecen las quejas.

En cuanto  los seores de la casa, los eruditos y biblifilos del
santo y sea, esos ya es sabido que son como los devotos beatones:
parroquianos fieles de una iglesia, les molesta cualquier extrao que
venga  turbarles en sus oraciones. Dicen que para cuatro golfos que
van  la Biblioteca  destrozar los libros... Yo tengo la seguridad de
que peligra ms un libro en manos de un biblifilo, rata de biblioteca,
que en manos de un golfo. La verdad, no veo  un golfo arrancando hojas
de un libro, para ahorrarse el trabajo de copiarlas  para evitar que
otro las copie. Adems, cuanto mayor sea el nmero de golfos que acuda
 la Biblioteca, menor ser el peligro de que manchen  estropeen los
libros. Cuantos ms sean los que pueden verse unos  otros, ms cuidado
tendrn de que alguno pudiera delatarlos en su vandlica tarea. Sabido
es que en Pars estaba ms seguro el Museo del Louvre cuando, por ser
gratuita la entrada, acudan numerosos golfos, que cuando, por costar
dinero, apenas si acudan ms que los extranjeros y provincianos. En
los tiempos de la entrada libre y popular no hubo ningn robo. Acaso
hubiera sido imposible el de _La Gioconda_ con el sistema de la puerta
franca. Del mismo modo, facilitando la asistencia de numeroso pblico
 las bibliotecas, sern ms difciles esos actos de destruccin y de
mala crianza. El pblico es el mejor vigilante del pblico. Y aunque se
destrocen algunos volmenes... Todos hemos aprendido  leer ensuciando
y rompiendo libros; si por eso no hubieran vuelto  poner un libro en
nuestras manos, ni hubiramos aprendido  leer... y pobre libro el que
hubiera cado despus en poder nuestro! Siempre hubiera sido el enemigo
odioso.

La Biblioteca popular puede servir para todo esto: para que se
desahogue el odio al libro, rompiendo y ensuciando unos cuantos; y
despus... para que se le vaya perdiendo el miedo, y, por fin, para que
se le vaya tomando cario.




XXXI


La buena obra del desayuno escolar, de las cantinas escolares, est en
buenas manos, y es seguro que se salvar del infructuoso destino de ir
 estrellar el cielo.--Por qu ha de decirse empedrar el infierno,
cuando de buenas intenciones se trate?--Ninguna buena intencin se
pierde, aunque no pase de la intencin. Toda simiente espiritual
fructifica, ms tarde  ms temprano, en la realidad prctica.

Si fueran graves y sesudos varones los encargados de llevar  cabo el
buen propsito, no habra que fiar mucho en su realizacin. Todo se
perdera en discusiones, Memorias y nombramiento de cargos. Las seoras
son ms expeditivas en todas sus resoluciones, discuten andando; sus
discusiones no son por discursos en severas sesiones, sino por rplicas
animadas y vivas en charla amistosa. Las seoras son nicas tambin
en el manejo y dominio de las cifras. Mientras los hombres necesitan
servirse de la tabla de logaritmos para averiguar el precio de las
patatas, con todo rigor cientfico, las seoras, por los dedos muchas
veces, calculan y resuelven los problemas ms dificultosos mejor que
Inaudi.

No quisiera yo actuar solamente de jaleador y tocador de palmas en
empresa tan loable. Desde ahora me ofrezco  las distinguidas seoras
para cuanto crean que pueda serles mi cooperacin de alguna eficacia.

Muy explotado est el teatro y cuanto con l se relaciona, para
pensar en recargarle con un nuevo tributo. Algo queda todava sin
explotar, que bien pudiera explotarse en beneficio de tan buena
obra. Los gorrones y los _pelmazos_. Por qu no ha de cobrarse un
impuesto de caridad sobre los vales? El que asiste gratuitamente 
un espectculo, con mayor razn debe pagar ese impuesto. Son muchos
tambin los aficionados  curiosear en lecturas, ensayos, sobre todo en
los generales. No estara muy en razn tambin que pagaran con algo
las primicias y el fisgoneo? En todo lo de este mundo--no es verdad,
viejos verdes?--las primicias es lo que ms se paga. Slo en el teatro
son gratuitas.

Por mi parte, y desde ahora, fuera de los precisos operarios, como dice
el cartel de las corridas de toros,  todo curioso, fisgn, _pelmazo_
 buen amigo que asista al ensayo de una obra ma, le sablear sin
consideracin alguna y pondr  disposicin de las damas lo recaudado.
Que entonces no habr curiosos? Por lo pronto, eso iremos ganando.

De cualquier modo, bueno sera que las empresas y los autores se
pusieran de acuerdo para explotar  todo _pelmazo_.--Entindase lo de
_pelmazo_ en el mejor sentido de la palabra.--Cada cual puede aplicar
este ingreso, que al cabo del ao sera importante,  la obra meritoria
ms de su agrado y de su simpata.

Tambin pueden rendir un tributo los ejemplares regalados, las tarjetas
postales firmadas y dems molestias hasta ahora gratuitas y, por lo
regular, poco agradecidas.

Los tiempos son prcticos, pero como los escritores y artistas hemos
convenido que no est bien serlo en provecho propio, sigamos siendo
desprendidos y generosos; pero ya que hemos de padecer tanta _lata_ por
amor al Arte, que nos sirva  lo menos de satisfaccin padecerla en
provecho de alguna obra de caridad.

       *       *       *       *       *

En los salones de variedades se inicia un renacimiento nacional.
Hasta ahora las canciones eran imitacin  traslado de _couplets_
extranjeros. Hoy se cantan canciones espaolas, antiguas y modernas;
las artistas se tocan con la mantilla blanca, gran peineta y
claveles--tambin se tocan de otras mil maneras; pero qudese esto de
jugar del vocablo para sus intencionadas canciones.--Renace tambin el
baile clsico espaol: fandango, bolero y panaderos; hay trajes del
siglo XVIII y bailarinas de la misma poca. Ese siglo XVIII, el ms
afrancesado, que muchos tienen por el prototipo de lo castizo! No hay
quien tiene  Goya por el ms espaol de nuestros pintores? A Goya, que
unas veces pint como los ingleses, otra como los franceses, y cuando
pint  su manera pint de muy mala manera.

Verdad es que yo he ledo en papeles de la poca cmo se censuraban los
sainetes de D. Ramn de la Cruz, como gnero  la francesa.

Tambin creo que en este espaolismo de bailarinas y cantadoras hay ms
de afrancesamiento que de espaolismo. La prueba es que cuando vienen
ms espaolas es cuando vienen de Pars. Y es que, ante la niveladora
civilizacin, lo castizo va emigrando de unos pueblos  otros, como
curiosidad de exportacin. Dentro de poco ser lo ms difcil, para
los curiosos de costumbres pintorescas y caractersticas, saber dnde
han de hallar las de cada pueblo, porque lo ms italiano estar en la
Argentina, lo ms americano en Pars, lo ms francs en Nueva York, lo
espaol, en Rusia, y lo ruso, en China. En Arte suceder lo mismo: el
del Norte habr pasado al Medioda, y viceversa. Los europeos pintarn
como los japoneses, y los japoneses como los europeos. Habr corridas
de toros en Londres y boxeo en Sevilla. En Alemania no gustarn
ms peras que las italianas, y en Italia, las de Wgner y Strauss.
En Madrid se representarn operetas vienesas, y en Viena, zarzuelas
espaolas. Los pueblos juegan  las cuatro esquinas, y cuando alguien
pide un poco de casticismo, en todas partes le dicen:--Por all
rebulle.--El cosmopolitismo es ya castizo en todas partes; lo castizo
se ha hecho cosmopolita.




XXXII


Muy doloroso es ver renovarse  cada paso de nuestra historia la negra
leyenda de las torturas inquisitoriales. Pero hay que confesar, por muy
triste que sea, que no hay leyenda ni calumnia sin fundamento. Cuando
se ha pecado mucho, son necesarias muchas y muy seguras pruebas de
virtud, hasta llegar  convencer  las gentes de que en verdad hemos
mejorado nuestra vida y costumbres.

En realidad, slo nos alarmamos cuando los de fuera nos llaman
la atencin sobre estos supuestos actos de crueldad. Pero, en
familia, entre nosotros, todos los das celebramos y alentamos estos
procedimientos, ms frecuentes de lo que parece, en actuaciones
procesales, en crceles, en Juzgados y hasta en Delegaciones. Vale
hacernos los ignorantes, si todo ello es  ciencia y aquiescencia de
todos? Quin no ha odo celebrar, hasta por personas muy cultas,
la oportunidad del empleo de estos procedimientos, sobre todo si de
descubrir y castigar un delito que personalmente le perjudicaba era el
caso?

Lo que no est bien es que se pretenda culpar  ningn Gobierno, sea
conservador  liberal, ni hacer cuestin poltica lo que es cuestin
de educacin nacional. No cabe en cabeza humana que ningn Gobierno
espaol, sobrado advertido ya, ordene, autorice  consienta semejantes
procedimientos; todo lo contrario.

Esa negra leyenda est fundamentada en nuestro carcter. Tan es as,
que, siendo Espaa, seguramente, digan lo que quieran historiadores
parciales, el pueblo en que menos se ha perseguido y atormentado por
ideas polticas y religiosas, es, no obstante, el pueblo en que ms se
destaca y perdura la triste fama de estas persecuciones y fanatismos.

Y es que, en otros pueblos, eran los altos poderes los que imponan la
intolerancia y las crueldades, contra la conciencia de los gobernados.
En Espaa, fueron siempre los gobernados los que impusieron  los
gobernantes la crueldad y la intolerancia. Por eso en otras partes,
aunque ms terribles en sus efectos, fueron menos permanentes en sus
causas.

La verdad es que el espritu de cada espaol est como amurallado,
y todo lo que est fuera de su recinto, juzgado como extrao 
incomprensible. No simpatizan unos espritus con otros, porque no
se comprenden, y no se comprenden porque se ignoran. En cada uno
de nosotros hay un pequeo inquisidor por el poder, grande por la
intencin.

No omos decir  cada paso, no habremos dicho todos alguna vez:--Yo,
al que hace esto, al que hace esto otro, al que piensa de este modo,
al que no piensa de esta manera, le matara?--Mataramos por todo. La
justicia no nos satisface por completo si no tiene algo de venganza.
Aplaudimos al que venga una injuria por su mano, tenemos por cobarde al
que pide reparacin de una ofensa por justicia.

Con las mujeres, pecamos de afectada retrica galantera en el trato
superficial y, digmoslo as, potico y literario. En el trato
ordinario y tan ordinario! de la vida, somos groseros, brutales,
duros. Para los nios no hay pueblo de menos delicadeza. Para los
animales, no se diga. Y  todas horas, en la vida familiar, en la vida
poltica, en el teatro, en las plazas de toros, puede observarse esta
dureza de nuestro carcter, esta carencia del sentido de la simpata y
de la comprensin.

Ahora mismo, al protestar indignados contra los que vuelven  propalar
la leyenda negra, tal vez decimos:--Es para matarlos!

Aceptemos en penitencia de nuestros pecados esa leyenda, que ya estara
destruida, si no fuera tan verosmil. Procuremos hacerla imposible, y,
para ello, antes de protestar y de indignarnos, hagamos un buen examen
de conciencia.

       *       *       *       *       *

_El Porvenir Postal_ dedica todo un nmero  los carteros y peatones,
elevando sentida y razonada exposicin  los Poderes pblicos,
para que no tarden en mejorar la triste situacin de tan humildes y
desatendidos funcionarios.

Debiera ser obligatorio para todo gobernante un certificado cierto
de haber vivido durante algunos aos en algn pueblecillo, de esos
abandonados de Dios y de los hombres. Quien ve un pueblo, ve un
reino, dcese en Castilla. Y ms ensea la observacin directa de uno
de esos lugares, que todos los libros de Ciencias sociales y polticas.

El cartero rural, el peatn! Quin piensa en las grandes capitales
lo que sus servicios significan? Con nada estn bien pagados. Cuando
se aprecia de cerca su penoso servicio, cmo no llamar la atencin
 gritos contra la injusticia, iniquidad en muchos casos, con que se
desatiende  esos modestos hroes?

Pensando en esto y en muchas cosas ms, es cuando se aprecian en todo
su valor las brillantes campaas parlamentarias de republicanos y
socialistas. Pequeeces son stas que no merecen fijar su atencin.
Es ms importante demostrar que Maura es reaccionario y Canalejas
poco liberal. Ser el eterno obstculo y, como el alcalde famoso de
Valdemorillo, que entraba por el Ayuntamiento diciendo desde la
puerta:--De qu se trata? Que yo me opongo,--oponerse  todo y no
oponerse  nada.

Prxima la discusin de nuevos presupuestos, no habr quien se acuerde
de los carteros y peatones?

       *       *       *       *       *

La fecunda imaginacin de nuestros hacendistas, cuando de arbitrar
nuevos recursos se trata, ya se sabe: al teatro por ellos. Como
en ninguna otra industria  negocio es tan fcil la investigacin
y comprobacin de los ingresos, aqu que no peco ni me caliento
la cabeza. Verdad es que los empresarios, actores y autores son
pacientsimos corderos y, por verse unos  otros perjudicados, se
conforman, muy satisfechos, con el perjuicio propio. El precio de las
localidades aumenta, el pblico se queda en casa  se va  la sesin
continua del _cine_, y todos tan contentos.

Entretanto, los grandes caciques y terratenientes seguirn defraudando
 la Hacienda y sern los primeros en decir que el teatro est muy caro
y hay que organizar loteras caseras para esparcimiento de los nios
y de los amiguitos. Porque ya se sabe que, cuando todo est caro, los
nicos que pueden hacer economas son los ricos.




XXXIII


Lamentable es la conducta de los partidos revolucionarios no reparando,
por servir  su causa, en propalar y sostener especies que ms
desacreditan  la nacin espaola que  un Gobierno y  determinado
rgimen.

Pero tan lamentable como la conducta de estos partidos, es candorosa
la actitud de aquellos monrquicos que piden lealtad al enemigo en sus
procedimientos de combate. Lo malo en nuestros enemigos es que nos
ataquen de buena manera. El enemigo slo empieza  ser temible cuando
empieza  tener razn. Si los partidos revolucionarios tuvieran un
programa econmico bien estudiado y bien definido; si tuvieran para los
problemas nacionales ms soluciones constructoras que destructoras; si
trabajaran por Espaa ms que por el triunfo de sus ideas, venga por
donde venga y salga como salga, entonces es cuando seran temibles.
Como son, la Monarqua no puede desear mejores enemigos; ni de encargo.
Si parece que trabajan por la causa enemiga ms que por su propia
causa! Ms han hecho en estos ltimos aos por la Monarqua los
partidos republicanos y revolucionarios que los Gobiernos y los amigos
del rgimen. No es para que stos estn orgullosos, porque es muy
triste que nuestros aciertos slo consistan en los desaciertos ajenos.
Ms eres t es una razn que tiene su fuerza por el momento; pero, en
definitiva, el pas viene  caer en la cuenta de que, unas veces unos,
otras veces otros, todos tienen sus ms y sus menos.

Se preguntaba en una ocasin  Filipo de Macedonia cmo se vengara de
alguien que le haba calumniado. Mejorando mis costumbres--respondi
el rey magnnimo.--De este modo, con su lealtad al servicio de la
Patria, es como deben responder los monrquicos  deslealtades del
enemigo. No hay mejor protesta. Pedir que el enemigo emplee mejores
armas es candidez sin ejemplo. Dejadle, dejadle que siga con ese
viejo armamento de mala ley, que suele dispararse por la culata
y hacer explosin en manos de quien lo maneja torpemente. En la
opinin nacional tal vez pudiera caer la mancha sobre un Gobierno y
sobre el rgimen; en la opinin extranjera esas manchas caen sobre
Espaa entera; y esas manchas no se quitan con bencina republicana ni
revolucionaria.

       *       *       *       *       *

Joaqun Dicenta ha presentado al Ayuntamiento de Madrid una razonada
Memoria: Proyecto para construccin de edificios escolares.

Esta obra que, llevada  la realidad, debiera ser la mejor obra de
quien tantas obras admirables ha escrito, porque es como el resumen
de todas ellas, no ha sido admitida,  lo que parece, por la empresa
 quien estaba destinada. Los hombres de carne y hueso, aunque tengan
tambin corazn y cerebro, no son tan fciles de manejar como los
personajes teatrales, creacin de nuestra fantasa, aunque materiales
de la realidad los informen. Pero es una realidad sumisa  nuestro
esfuerzo creador. Por lo pronto, los personajes dramticos viven con
muy poco. Esta otra ilusin de Joaqun Dicenta, que aspiraba  ser
realidad en la prctica, es mucho ms costosa. Pero es de esas obras
que el pblico debe imponer  una empresa, porque el pblico tiene
derecho  ello. Esa obra no puede ser un fracaso. Y, en todo caso,
nunca sera un fracaso del autor, sino de la empresa que no ha querido
admitirla.

       *       *       *       *       *

Est visto que hay que ponerse machacn para que algunas gentes
entiendan lo que uno quiere decir. Algo que dije referente  Goya ha
indignado  muchos. Muchos tambin me han expresado su conformidad.
Vyase lo uno por lo otro. No ser yo quien estime la calidad de los
votos. Para m todos son respetables. A los indignados debo decir: que
soy el primero en admirar  Goya; en lo que no estoy conforme es en
que se le considere como genuino producto de la tierra, representacin
la ms pura del casticismo. Que hay retratos de Goya que pudiera
firmarlos Reynolds, basta con verlos. Que siempre hay en l un
elemento de raza y mucho de personal? Quin lo duda? Como en todo
artista, por servil imitador que sea.

Lo que yo quise decir es que eso del casticismo  todo trapo no es una
gracia para celebrada; que en todo tiempo los pueblos han infludo
unos sobre otros, y que no hay gran artista en quien, sobre la raza y
la personalidad, no predomine la influencia de una cultura superior 
su tiempo y  su nacin. Bueno es ser de la tierra; pero no como la
patata. Arraigue muy hondo nuestro arte; pero tienda  lo alto, al sol
y al cielo, que es de toda la tierra y de todos los hombres.

Por lo dems, claro est que yo no entiendo una palabra de pintura;
juzgo por sentimiento nada ms. Y decir lo que siento podr ser osada,
ignorancia, todo lo que se quiera; todo menos desaprensin, como dice
uno de los indignados. Poca aprensin ser decir lo contrario de lo que
se siente, sobre todo si es por alguna consideracin interesada. Y
por Goya, pueden ustedes creerme, no tengo antipata personal ninguna;
todo lo contrario, su persona, su vida, sus obras me son igualmente
simpticas. Le admiro hasta cuando pint la alegora _Salutacin al rey
Jos_, que esa s que no me negarn los ms admiradores del castizo
pintor que est pintada, como sentida,  la francesa.




XXXIV


Nunca he rebatido censuras  mis obras, en lo que  ellas y  mi
persona particularmente se ha referido. Ms veces he sido tentado de
rebatir elogios excesivos. Pero cuando se trata de algo que puede ser
de inters general para el pblico y para otros autores, creo que bien
se puede discutir sin acritud y sin soberbia.

De _La losa de los sueos_ se ha dicho que era una obra pesimista.
Pesimista? Por qu? Cierto que su desenlace no es de esa alegra toda
exterior que suele ser la ms apetecida. Pero es de fortaleza y temple
espiritual, es de triunfo sobre el instinto, que, por una satisfaccin
pasajera, nos hace olvidarnos de nuestra responsabilidad y de las
consecuencias de nuestra ligereza. Pesimista una obra en que la mujer
que pec por amor y por confianza, tal vez porque no se creyera que su
desconfianza era clculo interesado, acepta las consecuencias de su
falta y consagra toda su vida al amor de su hijo? Pesimista una obra
en que el hombre que amaba  esa mujer perdona la falta, ofrece al
hijo y  la madre nombre y cario, y si no llega  hacerla su esposa
es porque no est seguro de poder librarla de la miseria y del dolor?
Si esto no es idealismo, si esto no es optimismo, confieso que he
perdido la nocin de lo que sean. Ah! Los pesimismos con amarguras!
Qu distinto hubiera sido el cuadro y el desenlace de la obra sin
falsificar para nada la realidad! Para todas las amarguras y las
tristezas de la obra he tenido modelos vivos; slo para la bondad y la
grandeza de alma he tenido que poetizar. He respetado la figura de la
madre que no se ensaa en la hija perdida. Un buen amigo me lo deca
antes del estreno: Con la madre no se ha quedado usted corto. Y, en
efecto. He conocido algunas en ese caso!...

En cuanto  la tendencia moral de la obra, slo un peridico,
considerado por la voz pblica como inspiracin de determinada
institucin religiosa, ha puesto graves reparos  su moralidad. Mi
sorpresa ha sido grande, porque he de confesar que, por primera vez
en mi vida, atento  los intereses de la empresa, y deseoso de no
tropezar con esos reparos, antes del estreno somet la obra al examen
de un docto padre de dicha institucin, cuyo nombre no he de revelar,
quien no slo no hall en ella nada contra la Religin y las buenas
costumbres, sino que la conceptu como obra de elevada moralidad y
de saludable advertencia y ejemplo. Por lo visto, no reina la mayor
uniformidad de pareceres en la religiosa institucin de referencia.

Deseoso tambin de no molestar  nadie, ni con la inmoralidad, mi
conciencia estaba tranquila con el visto bueno de tan docto religioso;
pero vi el ambiente tristn de la obra  indiqu  la empresa del
teatro de Lara la conveniencia de que no se representara en los das
de abono aristocrtico. As se dispuso, y slo  ruego de los mismos
abonados se represent ante el abono, sin la menor protesta. Esto
indica que el censor estaba en lo cierto. Nadie ms enemigo que yo de
escandalizar con obras ni con acciones. Nunca defender mis obras como
obras literarias, pero s como obras de moralidad intachable. Si en
alguna hay algo que, en apariencia, puede parecer pecaminoso, no soy yo
quien habla: es algn personaje, de cuya moralidad no soy responsable.
Tengo por costumbre dejar expresarse  los personajes de mis obras
segn su carcter y temperamento. Por desgracia, estos malos personajes
son los que hablan ms verdad siempre. Slo Dios y mi conciencia
artstica saben lo que hay que mentir cuando se quiere moralizar!

       *       *       *       *       *

La ignorancia de un dao puede ser muy cmoda y muy optimista--aqu
del optimismo;--pero nunca es provechosa. Tal vez retarde el remedio y
no lo haya cuando nos demos cuenta de la magnitud del mal. Por cartas,
por referencias particulares, sabemos que en Mjico se manifiesta de
modo ostensible el odio  Espaa y  los espaoles. Oh, Congresos
hispano-americanos! Oh, amables tpicos de maternidad y fraternidad
en discursos y brindis elocuentes! Diariamente aparecen en las calles
rtulos insultantes y despectivos: Muerte  los gachupines! Quin
quiere carne de gachupn muy barata? Y otros por este orden y de este
elegante aticismo.

Sabemos que para los espaoles se ha hecho la vida intolerable. Hasta
en las revistas de toros transciende esta animosidad injustificada.
Los toreros espaoles tienen que atarse muy bien la taleguilla para no
verse expuestos  ser insultados. En una corrida tuvieron la desgracia
de ser cogidos algunos de ellos, y un peridico propona nada menos
que la expulsin de las plazas y del territorio de los toreros que se
dejaban coger por torpes.

No puede creerse que estas y otras manifestaciones menos visibles de
hostilidad expresen el general sentir del pueblo mejicano, sobre todo
de las personas sensatas y cultas; pero ay! como stas son la minora
en todas partes, bueno ser que no desatienda el Gobierno espaol y
su representacin diplomtica en Mjico lo que todo esto significa,
sus causas y sus remedios. Si fuesen circunstanciales y polticas,
no ser difcil dar en la causa y atender al remedio. Si fueran ms
fundamentales deber es de todos estudiar lealmente dnde est la culpa
y dnde ha de estar la enmienda.

Son muchos los intereses materiales y morales de Espaa en Mjico para
no preocuparnos de este estado de opinin actual, y es de esperar que
pasajero.

Cierto que del amor de la Amrica espaola por Espaa vivimos en plena
ilusin. Pero de la ilusin  la simpleza, hay todava una buena
distancia, que conviene salvar con algn conocimiento de la verdad.




XXXV


A tiempo est Espaa de satisfacer una deuda de honor. Nadie, entre
los escritores espaoles, merece el premio Nobel como D. Benito
Prez Galds. Pero el premio de este ao ya est concedido al belga
Maeterlink. Hagan el Gobierno espaol y cuantos puedan, cuanto est
en su mano para que el premio del ao prximo sea para Prez Galds.
Sea el premio Nobel la coronacin del homenaje nacional, que debe
anticiparse, porque no estara bien que confiramos al extranjero el
pago de una deuda nacional. Y sea el homenaje todo lo prctico que
pueda ser, sin que dejemos de poner en l toda nuestra alma.

Yo deploro, aunque lo haya agradecido, que un distinguido escritor, 
quien ni siquiera conozco personalmente--y hago esta salvedad porque
hay gente capaz de creerlo todo,--se haya acordado de mi nombre como
candidato al premio Nobel. Tengo conciencia de mi significacin para
alejar de m esas pretensiones. No quisiera, por eso, que alguien
juzgara mis palabras forzada cortesa. Cuantos me conocen, cuantos me
hayan odo, saben cunta es mi admiracin por el que he proclamado
siempre como maestro. En sus novelas aprend  escribir comedias, antes
que en modelos extranjeros, por los que se me ha juzgado infludo.

Yo he ledo las novelas de Galds antes que las de Julio Verne, antes
que las de Dumas, antes que _Robinsn_ y antes que los cuentos de
hadas, lecturas obligadas en la niez y en la mocedad. Mi padre, gran
admirador del novelista, puso en mis manos sus libros cuando yo era muy
nio. Cmo no ha de ser el primero en mi admiracin! Cuntas veces
me habr peleado, yo que no me tengo por patriotero, con algunos que
lo eran en cosas sin importancia y no podan tolerar que yo estimara
 nuestro gran novelista como superior  Dickens,  Balzac,  Daudet
y  Zola! Cuntas veces habr sostenido que, con ser nuestro mejor
novelista, era tambin nuestro mejor autor dramtico!

De haber nacido en cualquier otro pas del mundo, el estudio crtico
de sus obras, de los personajes que figuran en ellas, de los lugares
que en ellas se describen, completsimo mapa moral de Espaa, formaran
una copiosa biblioteca, como los libros dedicados  Shakespeare y 
Dickens, en Inglaterra. Habra ediciones  todo lujo de sus obras, y
ediciones populares que podra adquirir todo el mundo.

Dichosos los pueblos grandes y fuertes que agrandan con su podero la
gloria de sus hijos! Comprendis la diferencia que hay entre decir:
Shakespeare es ingls,  decir: Espaa es la patria de Cervantes?

       *       *       *       *       *

Y Prez Galds no es rico. Y dirn muchos hombres prcticos: Cmo
es eso? Sus obras deben haber producido un dineral. Sin duda. Un
dineral para mucha gente que no ha necesitado perder su tiempo en
escribirlas. Porque el escribir pide mucho tiempo, y el tiempo es
dinero, como dicen los ingleses. Ah! El dinero de la literatura!
El pblico empieza  contarlo desde la hora de la celebridad. Y los
primeros libros? Y los aos en que hay que luchar con la indiferencia
del pblico, el desvo de los editores y la cuquera de los que
saben mostrarse generosos, cuando todo se agradece ante la general
indiferencia? Dinero que tarde llega, pronto pasa, como suele decirse.
Y as es el dinero de la literatura.

Pues bien; es preciso que el dinero, por una vez siquiera, se haga
romntico, idealista, expresin palpable de la gloria. Los espaoles
hemos estado cobrando crecidos intereses, en pginas gloriosas que nos
han hecho pensar y sentir hondamente, de una deuda que no hemos pagado.
Es empeo de honor nacional satisfacerla.

       *       *       *       *       *

La empresa del teatro Real, de acuerdo con la naciente Sociedad
Wagneriana, ha dispuesto que los mircoles sean dedicados  la
representacin de peras de Wgner. Son noches de alivio para la
empresa y de luto riguroso para Wgner y para los wagneristas, si
continan como han empezado. Una descolorida interpretacin de _El oro
del Rhin_ y una lastimosa representacin de _La Walkyria_, han sido,
hasta ahora, el homenaje al msico inmortal.

Yo no s en qu teatro de drama,  de comedia,  de opereta,  de
gnero chico, hubiera tolerado el pblico tan pacientemente una cosa
tan desdichada como la representacin de _La Walkyria_. Y aun dicen
que el pblico de nuestro teatro Real es de los ms severos del mundo!
No hay Jurado de crimen pasional que sea ms benvolo. Qu dioses
y qu diosas! Qu walkyrias! Aquello era un tejado por foso. La
orquesta, dirigida por ese admirable metrnomo que es el maestro Rabl,
tan fra y tan desapasionada como la batuta ordenaba. Los cantantes
desafinaban en fro, que es el modo ms triste de desafinar; pero la
orquesta, ni en fro ni en caliente. No hay cuidado. Las walkyrias
cabalgaron al paso; todo lo ms,  trote cochinero.

Si ese es todo el homenaje  Wgner y eso es todo lo que la empresa
del Real ofrece como obsequio  la Sociedad Wagneriana, habr que
decir, como el corregidor al padre de la bolera que daba satisfaccin
al pblico por ciertos ademanes descompuestos de su hija, y al
explicarlos, solt una palabra ms inconveniente que los ademanes de la
nia: Basta! Que no d ms satisfacciones!




XXXVI


Algunas seoritas estudiantes se quejaron de que sus compaeros
masculinos las haban tratado con cierta desconsideracin, que no era
por ningn modo en menosprecio del sexo, como suele apreciarse en
veredictos judiciales, ms bien todo lo contrario. Algunos escritores,
y en particular una vehemente escritora, afearon, en artculos llenos
de indignacin, la conducta de los estudiantes. Estos, por su parte,
protestaron contra las quejas de sus compaeras, por juzgarlas
infundadas, y doblemente contra la indignacin de los escritores, que
de tanto extremar su agradecido papel de paladines de damas, venan 
parar en ponerlas de vuelta y media en la parte ms noble y elevada
de la feminidad: en la de madres. De suerte que, al arremeter contra
el sexo fuerte, era el dbil el que vena  pagar de rechazo. Esto me
recuerda  un amigo mo que, refirindole en cierta ocasin cmo un
sujeto haba insultado  su propia madre de muy mala manera, exclamaba
indignado:--Qu me dice usted? Que ha insultado  su madre, ese hijo
de!...--Y aqu pona un calificativo con el que quedaba la pobre seora
peor parada que con todo cuanto su hijo hubiera podido decirla.

Yo no s si, en efecto, algn estudiante se habr propasado algn
da con alguna de sus compaeras; es muy difcil apreciar lo que se
entiende por propasarse, concepto puramente subjetivo, como la poesa
lrica. Vaya porque alguna expansin masculina haya podido alarmar
el pudor femenino. Las horas de estudio no son horas de galanteos,
dicen los estudiantes. Ay! Este es el error. En contacto hombres y
mujeres, no es posible otra cosa. Este ser el eterno obstculo de
la coeducacin. O las compaeras estudiantes sern desgraciadillas,
y en ese caso, cunto va  que no agradecen la indiferencia de sus
compaeros?;  si algo valen, no hay remedio, con mejores  peores
formas, han de sentir  su alrededor el resoplido del deseo excitado 
su paso.

       *       *       *       *       *

Habr quien diga que esto es slo entre los meridionales; que en los
pases del Norte esto de la coeducacin y de la comunicacin frecuente
entre los dos sexos se lleva mucho sin riesgo y sin ofensa de nadie.
Convengo en ello. En los pases del Norte parece otra cosa, porque es
de otra manera. La manera es todo.

Me hallaba yo una vez en Tnger y lleg al hotel una lucida compaa
de jvenes ingleses, muchachos y muchachas, amigos todos, que viajaban
en sociedad, sin padres ni madres las jvenes, slo autorizadas por
dos  tres seoras de compaa. Qu ingls es esto!--me deca yo.--En
Espaa no podra hacerse. Cualquiera echaba por esos mundos  sus
hijas, acompaadas de tantos muchachos jvenes y bien parecidos, sin
ms vigilancia que la de unas ayas aburridas!

En efecto, pronto me convenc de que hombres y mujeres son lo mismo
en todos los climas y latitudes. Lo que cambia es la manera, el
procedimiento. Los meridionales tenemos la endiablada costumbre de
unir la accin  la palabra. Nos gusta que nos expliquen y explicar
todo lo que se hace. As, en el teatro, sale una guapa mujer y no nos
contentamos con que se presente, ms  menos vestida,  recitarnos
alguna fbula candorosa   cantarnos alguna cancin delicada y
potica, todo lo cual nos permitira recrearnos en sus encantos fsicos
con el pretexto de que asistimos  un espectculo moral y hasta
instructivo. Espectculo de Arte, como dicen por ah  los cuadros
plsticos. Reproduccin de cuadros y estatuas de los grandes Museos del
mundo. Ya ven ustedes si todo esto se presta  muy agradables vistas,
como quien no hace nada de particular.

Pues, no seor; los meridionales no nos contentamos con recrear la
vista; es preciso que al exhibirse la seora, vestida  desnuda,
explique su argumento en alguna relacin muy expresiva,  en canciones
de doble sentido  de un solo sentido. As no es posible engaar 
nadie. Los pueblos del Norte ven mucho ms que nosotros, pero no oyen
nada de particular.

Aquellas inglesitas y aquellos inglesitos del hotel de Tnger, con
el pretexto de juegos infantiles de la mayor inocencia, se daban
cada sobo por aquellas galeras del hotel y por todos los rincones
y divanes, que ranse ustedes de nosotros, pobres meridionales!
Pero all no se oa nada que tuviera la menor relacin con lo que se
haca. Aqu no puede ser; al achuchn precede siempre el comentario,
al pellizco sigue el chillido, que no deje lugar  dudas sobre la
intencin y el lugar.

All, hasta los besos y granizaba! parecan la pura inocencia. Aqu,
hasta las miradas parecen mordiscos. La manera es todo. Para qu se ha
inventado tanto gracioso _sport_ en los pases del Norte? Para exhibir
pantorrillas y biceps, para correr unos detrs de otros, y tropezar,
y caer, y revolcarse por el suelo; pero sin ms comentarios que los
pertinentes al juego. En cuanto se oyera un suspiro anheloso  un S
que est usted bueno!, se deshizo el encanto.

       *       *       *       *       *

Por estas y otras razones, la coeducacin no ser nunca posible en los
pases meridionales. Aqu todo es cantar juego, y el toque est en que
el juego vaya por un lado y la cancin por otro.

Si las muchachas y los muchachos espaoles fueran capaces de retozar
con la correccin que aquellos jvenes ingleses, no habra ningn
inconveniente en que viajaran juntos y solos y se coeducaran  todas
horas.

Estoy seguro de que ninguna de aquellas lindas inglesitas tendra que
lamentar un percance. Oh! Se adverta de sobra que la coeducacin no
tena secretos para ellas.




XXXVII


Con motivo del concurso abierto por un empresario de Buenos Aires, para
premiar varias zarzuelas en uno  dos actos, han vuelto  protestar los
noveles por haber sido excludos del concurso. La protesta, en este
caso, es muy natural, aunque no puede tener mucha fuerza, por tratarse
de una empresa particular que, en uso de su perfecto derecho, convoca
al concurso  quien mejor le parece. Otra cosa sera si de un concurso
oficial se tratara,  de teatros subvencionados por algn Gobierno.

Esta cuestin de los noveles ser siempre difcil de resolver
 gusto de todos. Sucede con los noveles lo mismo que con los
liberales. No pueden serlo ms que en la oposicin. En cuanto pasan
 ser gobierno dejan de ser liberales. Es principal deber de un
Gobierno el de sostener el orden social; por muchas que sean las
libertades concedidas y las reformas implantadas, todava habr
gentes ms avanzadas, ms radicales,  quienes todas ellas parezcan
insignificantes. Reducida la legalidad  la mnima expresin de fuerza
restrictiva, siempre habr rebeldes y descontentos mal hallados en esa
estricta restriccin.

Del mismo modo, en cuanto un novel logra estrenar una obra, ya deja de
ser considerado como novel por sus mismos compaeros de la vspera, ya
empieza  ser combatido como un consagrado. Cuando todos los noveles
dignos de ser conocidos llegaran  serlo, siempre quedarn los que se
creen tan dignos de serlo como los otros. Siempre habr descontentos y
mal avenidos. Todo ello, sin duda, es necesario para la mejor armona
del mundo, formada, en apariencia, de discordancias, como gran parte
de la msica moderna. Tal vez todo no sea ms que msica en el mundo,
hasta llegar  la suprema armona del silencio infinito.

Cuando el espritu en hora de serenidad ha llegado  penetrarse de ese
gran silencio, ladridos y vocingleras suenan  cnticos celestiales.

       *       *       *       *       *

No hay duda que, sin los rebeldes, el mundo no hubiera progresado gran
cosa. Todo el que ha hecho algo de provecho en el mundo se ha visto
precisado  perturbar la tranquilidad de su familia, tal vez la de su
patria, tal vez  toda la humanidad.

Los mismos santos perturban la vida familiar  la misma Iglesia en
ocasiones. Recurdese los graves disgustos que San Francisco de Ass
ocasion  su padre. El mismo Jess tuvo en continuo sobresalto  su
amantsima Madre, desde que, muy nio an, se perdi y fu encontrado
en el templo, entre los doctores, hasta el trance doloroso del Calvario.

La rebelda tiene precedentes gloriosos; no es extrao que se vea con
simpata.

En Espaa han sido muchos los prncipes rebeldes, y todos ellos
perduran en la historia con resplandores de leyenda. Hermenegildo,
santificado; Sancho el Bravo, el prncipe de Viana, el prncipe D.
Carlos, tan esclarecido por historiadores, poetas y autores dramticos,
que entre l y D. Juan de Austria se han llevado toda la claridad del
reinado de Felipe II, y para este rey slo ha quedado la sombra ms
tenebrosa. Hasta Fernando VII, cuando era prncipe de Asturias, tuvo su
hora de poesa como rebelde.

Entre prncipes extranjeros abundan tambin los poticos ejemplos,
desde la antigedad hasta nuestros das.

En estos ltimos tiempos, feministas por excelencia, las princesas se
han llevado la palma en la historia, que no es todava ms que crnica
escandalosa, de las rebeldas.

Han sido muchas y muy ilustres las princesas que han lanzado su diadema
por encima de los molinos.

Los periodistas republicanos, los caricaturistas, los autores de
cancioncillas y de revistas de Pars, ya se relaman de gusto con la
esperanza de haber hallado un tema con que remozar sus inspiraciones.

Por fortuna, pocas veces fu la actualidad tan efmera.

En lo que tiene de actualidad el asunto, los comentarios seran ya
irrespetuosos. Contra lo que creen los avanzados en ideas polticas,
una mujer no es menos respetable por ser princesa.

Y en nadie son tan disculpables los errores como en los prncipes.
Nadie les dice la verdad. Los amigos celebran sus equivocaciones por
adulacin; los enemigos por conveniencia.

Pero hay un modo seguro de acertar para los prncipes, y quiz para
todos: hacer siempre lo contrario de lo que sera nuestro gusto. Al
principio molesta, despus acaba por agradar, y entonces es ocasin
de volver  contrariarnos; porque hasta la virtud, cuando empieza 
agradarnos, est en camino de no ser virtud. Es doctrina de nuestros
msticos, tan provechosa, por lo menos, como la filosofa de Kant,
aunque adorne menos.

       *       *       *       *       *

En menos de un ao han dado cima los hermanos Quintero  su noble y
generosa empresa de levantar en Sevilla un monumento  Bcquer.

Yo no s si esta obra de los aplaudidos autores ser tambin discutida.
Todo es de esperar en los tiempos de confraternidad que corren.

Ya s que algunos escritores de provincias suponen que aqu tenemos
establecida una Sociedad de bombos mutuos. No ser una, sino varias, y
en oposicin constante; porque yo no s que seamos ms de tres  cuatro
los escritores que nos profesamos franca y leal amistad, y no somos
ciertamente los que ms andamos elogindonos unos  otros.

Pero  tal extremo hemos llegado que, no ya de bombos mutuos, de justa
y legtima defensa, habr que formar Sociedades.

En esta ocasin, no es que nadie haya censurado  los hermanos
Quintero. No faltaba otra cosa! Pero hay silencios tan malignos como
las censuras. Callar del bien es mil veces peor intencionado que decir
del mal.




XXXVIII


Que el concepto de la moralidad vara con las latitudes y los tiempos,
ya lo sabamos. Sobre todo, siempre que por moralidad se entienda algo
que no pasa de ser conveniencias sociales, y justamente por lo que
tienen de _conveniencias_, la sociedad ha querido elevarlas  preceptos
morales. La verdadera moral est sobre estas conveniencias.

Lo que nos desconcierta un poco es que el concepto de la moralidad
vare de un distrito  otro, sin ms imperativo categrico que el
criterio de un delegado  inspector. Y esto es lo que sucede con los
salones de variedades y teatros del gnero chico.

En unos se prohibe lo que en otros se consiente. Aqu se escandaliza
la autoridad por todo y ms all no se escandaliza por nada. Los
empresarios, los directores y los artistas no saben  qu moral
quedarse.

El autor de la parodia de _Lirio entre espinas--Chumbo entre
jazmines_--ha tenido la mala suerte de estrenar su obra en uno de
los distritos comprendidos en la zona moral ms rigurosa. Su obra ha
padecido persecuciones sin cuento y, por fin, ha desaparecido de los
carteles.

El autor apela  mi testimonio en defensa de su obra. Como para m no
hay nada ms injusto que la justicia desigual, digo y declaro que nada
vi ni o en dicha parodia que justifique ese rigor excepcional.

Pero es posible que yo est equivocado. En un peridico de los que
celebraron siempre cualquier obra en que frailes  curas salieran
malparados, he ledo la ms enrgica protesta contra la obra. En
cambio, un peridico de los ms conservadores y respetuosos con la
clereca, se limitaba  celebrar la gracia de la parodia sin la
menor protesta. Es para perder los papeles de la moralidad, y no es
extrao que los delegados no logren ponerse de acuerdo en punto en que
discrepan los filsofos.

Desde ahora habr una moralidad en el Centro, otra en la Latina, y as
en cada distrito y aun en cada calle.

Un empresario dir  una cupletista:--Mucho cuidado con lo que se
canta, que aqu no est usted en el Hospicio!--Y otro dir:--Aqu cante
usted lo que quiera, que estamos en la Inclusa.

Dnde hallar el definidor que nos unifique el concepto de la moralidad?

Mal ha de ser mientras sean los delegados y no el pblico los que hayan
de definirla.

       *       *       *       *       *

Pues no es tan triste que la moralidad vaya por distritos, como que la
piedad, fundamento de la moral, segn Schopenhauer, vaya por partidos
polticos.

Y parece ser, como la libertad se hizo en tiempos conservadora, que la
piedad se ha hecho ahora revolucionaria.

Aunque lo que se ha hecho ms que nada, en esta ocasin, es inoportuno.
Verdad es que tan inoportunos como los compasivos han estado los
crueles, y ni stos han debido azuzar  la justicia para que fuera
inexorable en su fallo, ni aqullos conmover su serenidad con
llamamientos que, en ciertos casos, pueden parecer amenazas. Todo
ello es perturbar el ejercicio de las leyes. Unos y otros han debido
callar mientras la justicia sentenciaba. La compasin y la crueldad,
disfrazadas con sed de justicia, han sido por igual indiscretas. Ante
todo, ha debido respetarse  los jueces.

Despus, era llegada la hora de unirnos todos en la compasin, que debe
alzarse siempre majestuosa: por algo es el ms alto atributo de los
reyes sobre la justicia de los hombres.

No hay delito, por horrible que sea, en que no tengamos todos una
parte de responsabilidad; volvamos algo de esa justicia inexorable
sobre nosotros mismos, para corregir en lo que podamos nuestra vida, y
vaya toda nuestra compasin al delincuente; pero como sentimiento de
humanidad, no como idea poltica. Que al decir al que delinqui: Te
perdono, vea en nosotros al hermano, no al correligionario.

Que las manos que se tienden implorantes no parezca que se alzan
amenazadoras, porque, ante la amenaza, hasta el perdn pudiera parecer
cobarda, y bien est que la justicia ceda  la compasin, pero no al
miedo.

       *       *       *       *       *

La empresa del teatro de Romea ha dignificado por unas horas el gnero
de variedades. Una sesin entera sin groseras. Trtola Valencia con
sus danzas, graciosas evocaciones de arte. Msica selecta, vistas
cinematogrficas agradables, pblico... pblico que lo llev todo con
paciencia, menos la Quinta sinfona de Beethoven. No se puede cargar la
dosis en la primera toma. Pero todo se andar. El gnero nfimo puede y
debe dignificarse. Sobre todo ahora que los teatros de gnero chico van
perdiendo todo su atractivo: el de ser baratos y el de que sus obras
fueran chicas. Profundo error del que volvern pronto las empresas.
Como volvern pronto del abuso de obscuridad. Es mucha obscuridad. Esta
noche que Wgner impuso en su teatro, y que el _snobismo_ universal
ha aceptado como condicin indispensable para admirar, empieza  ser
ridcula y sigue siendo perjudicial para la vista. No s por qu ha de
escucharse  Wgner  obscuras--ser un smbolo?--cuando  Beethoven y
 Bach se les escucha  toda luz en los conciertos. Y pase con Wgner,
aunque ya es pasar toda una pera atormentando la vista para brujulear
lo que pasa en la escena; pero como hasta los gatos quieren zapatos, ya
no hay piececilla ni esperpento que no pretenda fijar la atencin del
espectador con este recurso.

Los oculistas y los pticos deben de estar en grande con los
espectculos modernos.




XXXIX


Las tiendas de juguetes son en vsperas de Reyes el verdadero paraso
de los nios. Todos se aprestan para recibir la visita de los Reyes
Magos, los reyes de leyenda y de ensueo, que vienen de tierras lejanas
con su cabalgada de dromedarios cargados de juguetes y golosinas por
tesoro.

De todas las leyendas piadosas ninguna tan arraigada en nuestro
espritu. Los padres ms racionalistas y librepensadores la respetan
en sus hijos, y al poner los regalos de misterio en la ventana, tal
vez los padres estn ms ilusionados que  la maana los nios al
descubrirlos.

Y quin no espera toda la vida y cada da la llegada de los Reyes
Magos?

El prosaico cartero es el mago de Oriente. A cada carta de letra
desconocida, pensamos al abrirla, trmulos de ilusin y de esperanza:
Ser el amor? Ser la riqueza? Ser nuestra felicidad?

Nuestro corazn est siempre en la torre, como la hermana Ana en el
cuento de Barba Azul, y sin cesar le preguntamos:--Qu ves? Quin
llega por el camino? Y hasta la hora de morir esperamos, y cuando llega
la muerte, acaso esperamos todava que sea la felicidad.

       *       *       *       *       *

Entre los libros de estrena--esta palabra, traduccin exacta de los
trennes franceses, fu muy usada por nuestros clsicos Lope de
Rueda, Mateo Alemn y otros,--se destacan por su elegante y graciosa
presentacin los libros ingleses. Maestros en las artes tipogrficas,
grandes artistas ilustrados, todos los aos nos presentan nuevas
ediciones de sus autores clsicos y de sus poetas, los primeros del
mundo.

En libros para nios ofrecen maravillas de buen gusto, libros
educadores, aunque slo fuera por su artstica presentacin.

Las ilustraciones de _Rackam_ en _El sueo en noche estival_, de
Shakespeare; la triloga de Wgner, los cuentos de Grimm y Peter Pan,
son admirables obras de arte.

De inspiracin japonesa, unen  la ms graciosa espontaneidad, la
ejecucin minuciosa. Parecen acotaciones ligeras, apuntadas, como
por juego, al hojear el libro, y nos muestran, como profundo estudio
crtico, el espritu de la obra ilustrada. Ilustrar de ese modo, bien
puede llamarse ilustrar.

En Espaa son raras las ediciones de libros ilustrados. No hay
editores de ellos por falta de ilustradores,  no hay ilustradores por
falta de editores? Este es uno de tantos problemas nacionales en que es
difcil precisar cul sea la causa, cul sea el efecto. No hay oferta
porque no hay demanda  no hay demanda porque no hay oferta?

Espaa, tierra de grandes pintores, no lo ha sido de grandes
dibujantes. Nuestros artistas consideran el arte de la ilustracin
como un arte inferior; slo obligados por la necesidad consienten en
rebajarse hasta l, y siempre con cierta displicencia, que no es la
mejor disposicin de espritu para producir obras de arte.

       *       *       *       *       *

Mucho bueno creemos que puede hacerse en la Escuela del Hogar, proyecto
y realizacin muy laudables del ministro de Instruccin pblica, hombre
muy de su tiempo.

Podr decirse que la mejor escuela del hogar debiera ser el hogar
mismo, pero como lo cierto es que la mayora de los hogares no pueden
ser escuelas, preciso es que haya escuelas que parezcan hogares.

Mas, como no slo en el hogar vive el hombre, no como protesta, ni
en oposicin, todo lo contrario, como complemento, algo as como las
clases de adorno en los colegios, yo s que algunos seores de buen
humor se proponen fundar otra escuela que pudiera llamarse... el nombre
es difcil; vamos, algo as... lo que no es hogar... Ya me entienden
ustedes.

Aunque con la buena enseanza de la escuela oficial es seguro que
disminuir el nmero de solterones, todava quedarn algunos
recalcitrantes que tienen derecho  la vida, sin contar con los muchos
casados de alternativa y algunos eclesisticos.

En todos ellos han pensado los fundadores de la escuela, que pudiramos
llamar libre, para prevenirles una existencia placentera en que, sin
el calor un poco atufante del hogar domstico, no les falte nunca una
agradable calefaccin.

Tambin han pensado en las innumerables jvenes distinguidas, sin
vocacin de vestales de hogares, que ven malogradas sus aptitudes por
falta de una esmerada enseanza, que no siempre pueden dar las madres,
aunque haya casos excepcionales.

Se organizarn cursos tericos y prcticos de asignaturas muy
interesantes. Las alumnas podrn ser matriculadas  libres, aunque
siempre sern preferidas las segundas  las primeras.

Las faltas de asistencia sern dispensadas, siempre que la alumna las
justifique con haber repasado en su casa la asignatura  haber salido
de prcticas.

En el claustro de profesores y de profesoras figurarn personas muy
poco respetables, verdaderas autoridades en las asignaturas cuya
explicacin les ha sido confiada.

Algunas distinguidas escritoras fluctan entre ocupar una ctedra en la
Escuela del Hogar  en esta nueva escuela. Hay algunas que estarn con
un pie en cada una y su actitud parecer naturalsima  todo el mundo.
No hay la menor incompatibilidad. Ni en la comida casera dice mal algn
plato de fonda, ni en la comida de fonda algn plato casero.

A las seoras de su casa les convendr matricularse en alguna clase
de adorno, aunque slo apliquen las enseanzas  las necesidades
domsticas; como  las otras les convendrn algunas asignaturas de la
Escuela del Hogar, porque el mundo da muchas vueltas, y hay hombres
tan de hogar que, cuando dejan uno, es para buscar otro, y son los
que compran  pares los pares de zapatillas alfombradas, y quieren
encontrar en todas partes las mismas cosas en el mismo sitio. No
varan, continan. Son fieles hasta en las infidelidades.




XL


Si en torno  los reos de Cullera slo hubieran disputado bandos
polticos contrarios por la vida  la muerte de los condenados  la
ltima pena, tal vez, en este caso, no fueran los compasivos los que
tuvieran razn.

Mas pasada la turbia que estas revueltas aguas de la actualidad traen
de origen consigo, los espritus desinteresados, los que no pierden
nunca la noble serenidad inteligente, comprendern, aunque por algo del
momento se apasionaran unos y otros, que algo sobre la actualidad, con
aspiracin  lo definitivo, se eleva sobre las discusiones apasionadas.

Nada sera el perdn de hoy si no significara la abolicin de la pena
de muerte en Espaa. Esa pena, que es vergenza en toda sociedad
civilizada, y si la civilizacin se enorgullece con el nombre de
cristiana, no es ya slo vergenza, es crimen y es pecado.

La pena de muerte es la negacin de la Justicia: es la pena brbara
del Talin, es la venganza que el propio ofendido se tomara por su
mano, sin necesidad de que unos jueces togados se interpusieran para
dilatar framente la ejecucin, cuando quizs los propios ofendidos han
perdonado.

Pena que nada remedia y nada evita. Cuando ms se aplicaba, ms
numerosos eran los crmenes. Hasta en delitos de imaginacin, como en
los brujos y posesos, puede comprobarse: cuanto ms arreciaba el rigor
en los suplicios, ms se recrudeca el contagio, y eran en mayor nmero
los que  s mismos se acusaban de practicar diablicas artes.

Ejemplaridad? No debe ser mucha la de una pena que todos los modernos
legisladores creen ms conveniente rodear en su ejecucin de misterio y
hasta se ha consignado, al trmino de largas discusiones en Congresos
penitenciarios, la conveniencia de que la Prensa peridica se abstenga
de publicar detallados relatos de toda ejecucin capital. Por qu todo
esto, si de tan provechoso aviso y ejemplo fuera la pena de muerte?
No es todo esto palmaria confesin de que tan contagioso es el crimen
como la pena, cuando se iguala al crimen en el procedimiento?

Ya es sobrada concesin que los hombres podamos juzgarnos unos  otros,
pero nunca de un modo irreparable. Porque andamos individualmente
sueltos por el mundo, nos creemos desligados unos de otros, y hay
un espiritual cordn umbilical que  todos nos une como  un solo
organismo humano.

En toda gloria de la humanidad tenemos todos nuestra parte de gloria, y
en todo crimen, nuestra parte de culpa.

Por qu ante las hazaas de nuestros soldados, ante los triunfos
de nuestros grandes artistas, algn buen hombre, ajeno  todo valor
y  todo arte, exclama con orgullo: Somos muy valientes! Somos
muy artistas! Hay quien ante las gallardas de un torero se ufana
de ellas, como si fueran propias, y dice muy orgulloso: Han visto
ustedes cmo hemos quedado en Mjico? Por qu no se considera del
mismo modo solidario de crmenes y errores?

Quin sabe de dnde cay la piedra propulsora de las ondas sociales?
Quin sabe de qu baja bestialidad lleg la inspiracin al artista?
Quin sabe de qu alta inteligencia luminosa lleg la negrura del
crimen  un alma de tinieblas?

Los pueblos tienen sus hroes y sus artistas y sus grandes hombres,
como tienen sus criminales. En todos hay algo de todos.

No lo olvidemos al juzgarlos. Por todo esto, ya veis si un Gobierno
espaol tiene siempre razn para perdonar, y todos para agradecerle que
perdone. Es como si nos perdonaran  todos y todos nos perdonramos
unos  otros.

       *       *       *       *       *

Persona, al parecer eclesistica, me escribe muy indignada porque yo he
dicho que los santos en vida no fueron muy bien mirados por la Iglesia.
Habr de recordar  persona tan docta los muchos santos que anduvieron
en opinin de herejes y padecieron persecuciones y entredicho? Bastar
con recordar  San Francisco de Ass, San Juan de la Cruz y Santa
Teresa de Jess? No tiene el primero que pasar los imposibles hasta
ver aprobados los Estatutos de su Orden? No padecieron los de casa
persecuciones de la Inquisicin y de sus superiores? No llam el
Nuncio de Roma fmina inquieta y andariega  Santa Teresa?

No es que  m me parezca mal; todo ello es naturalsimo. Los espritus
superiores, en cualquier esfera de actividad, son una perturbacin.

Parafraseando un refrn algo brutal, bien puede decirse: El grande
hombre muerto, y el apio en el huerto.

Digan ustedes  cualquier familia de un grande hombre: Qu orgullosos
estarn ustedes! Y por vergenza no se atrevern  decirlo; pero,
vaya si lo piensan!: Lo que estamos es... que no le podemos aguantar.

Los santos y los genios no tienen vista ms que  muchos siglos
de distancia, cuando ya no les queda ni descendencia; porque hay
descendientes que, sin ser santos ni genios, abusan del nombre del
antecesor ilustre para seguir molestando.




XLI


En literatura destinada  los nios hemos sido, por mucho tiempo,
importadores de libros extranjeros. El _Juanito_ de nuestra niez, el
admirable _Corazn_, de Amicis; los cuentos de Grimm, de Andersen, no
tienen en Espaa equivalentes. Las mismas fbulas de Samaniego, la ms
castiza lectura en nuestros tiempos de colegiales, al travs de Esopo
y de Fedro, llegan  Espaa por el francs La Fontaine, tan odioso 
Lamartine como educador. En efecto, la moral de las fbulas es algo
sanchopancesca, rastrera, y el gran poeta tena sobrada razn para
abominar de ellas como libro iniciador de poesa en el espritu del
nio.

Los cuentos de Perrault, por su asunto, sern eternamente encanto de
los nios, aunque su erudito autor, al contarlos, puso en ellos cierta
socarronera, como para las damas y cortesanos de colmillo retorcido,
en quienes pensaba al escribirlos ms que en los ingenuos lectores
infantiles.

Las _Mil y una noches_, por mucho que se expurgen, no son de lectura
muy conveniente para nios. Trascienden  sensualidad oriental y
perturban la imaginacin.

Nuestro _Don Quijote_, fuerza es confesarlo, es de incomprensible y
aburridsima lectura para chicos. Es libro para leerlo despus de los
treinta aos. Por eso hay tan pocas mujeres que lo hayan ledo.

En publicaciones peridicas para la infancia tampoco hemos sido muy
fecundos. La mejor, sin duda, fu _Los Nios_, peridico fundado y
dirigido por D. Carlos Frontaura, de grata memoria, y sus artculos y
cuentos ms amenos traducciones eran tambin casi siempre.

En colaboracin con D. Teodoro Guerrero public el mismo D. Carlos
Frontaura unas cuantas comedias para nios, de moral un tanto
sensiblera, pero muy bien intencionadas; y una entre todas, titulada
_Una leccin de historia_, muy bien compuesta para grabar en la
imaginacin de los nios gloriosas pginas de la Historia de Espaa.

Otro distinguido escritor, Segovia Rocaberti, public tambin una
coleccin de obritas teatrales infantiles. Hoy da publica tambin una
el Sr. Espasa, en Barcelona. De Buenos Aires recib, poco tiempo ha,
otra numerosa coleccin.

De Fernn-Caballero tenemos una Mitologa, explicada  los nios,
verdadera obra maestra de discrecin y de buen gusto.

Para nios de librepensadores y racionalistas es obra muy apreciable
_Ponos  La Comedia Humana_, de D. Melitn Martn, obra injustamente
olvidada,  mi entender; tal vez famosa en todo el mundo si no fuera
espaola.

Como nuestra enseanza, cuando no es de una estrechez de miras
clerical, es de una pedantera filosfica an ms estrecha, la obra de
D. Melitn Martn ha padecido bajo el natural desvo de los unos, que
no quieren que nadie sepa de nada, y de los otros, que se lo saben todo.

Entre la infinita ignorancia y la infinita sabidura, extremos, sin
trmino medio, de la mentalidad espaola,  no nos enteramos de nada,
 slo de Kant para arriba. O en el zagun  en el quinto cielo. Y en
el quinto cielo de un salto, sin tomarnos el trabajo de subir por las
escaleras.

Gnero muy difcil de literatura es un gnero en que ha de olvidarse
el escritor de toda literatura; cosa muy difcil para el verdadero
literato y cosa imposible al que no lo es: que se acuerde de toda la
mala literatura  la hora de escribir.

Para escribir un buen cuento de nios hay que tener alma de madre. Lo
que es lo mismo, ser un gran artista, verdadero artista. El alma del
Arte es alma de madre, como el alma de la Naturaleza.

Gnero de arte en que debieran triunfar las mujeres, si no fuera que la
mayora de las mujeres escritoras tienen muy poco de femenino.

Cuando la mujer es mujer antes que escritora y mucho antes que
literata, escribe, cuenta, mejor dicho, deliciosos cuentos de nios,
todos de ingenua imaginacin y candoroso sentimiento. Cuentos que
pueden interesar  los nios de todos los tiempos y de todos los
pases; porque el alma del nio es siempre universalmente primitiva.

En cada nio nace la Humanidad. En cada nacin, desde las capitales
civilizadas, emporio de cultura, hasta las aldehuelas pastoriles, ms
que unidas, apartadas por senderos riscosos de las ciudades, puede
estudiarse, mejor que en los libros, la historia de las razas y los
pueblos en su ms remota ascendencia. No son cdices y monumentos,
cronicones y sepulcros los que mejor nos hablan de edades pasadas;
son seres vivos, hombres y mujeres, que viven hoy en el alma de otras
edades, las ms remotas, hasta la misma edad de piedra.

Los grandes escritores, cuya gloria perdura sobre los pueblos y los
siglos, son los que acertaron  contar mejor esos eternos cuentos que
interesa siempre al espritu infantil de la Humanidad.

Todas las grandes obras de la literatura, si bien se advierte, son
cuentos de nios. Obras que conmovern eternamente lo que hay de nio
en el alma de todos los hombres y de todos los pueblos.

Cuentos de nios, _La Iliada_ y _La Odisea_; cuentos de nios, _La
Divina Comedia_, y nuestro _Romancero_, y _La Cancin_, de Roldn, y
los _Fabliaux_ franceses, y los cuentos de Chaucer, y las tragedias de
Shakespeare, y los dramas legendarios de nuestro teatro...

Hoy, entre el espritu del escritor y el espritu del pueblo, el
eterno nio, media una distancia que no basta  salvar una artificiosa
sencillez toda de habilidades literarias. La sencillez no se imita con
nada; con la bobera, mucho menos. Ni con msticos  castizos vocablos.

Sin afectacin, alegre, claro, limpio, llega un libro de cuentos para
nios, _Cuentos de hechos_, de Gertrudis Segovia, libro de mujer,
como yo quisiera todos los libros escritos por mujeres; libro que
aade  nuestra pobre literatura infantil unas flores, ms valiosas
que joyas. Hay en l cuentos comparables en inters al delicioso del
_Pjaro Azul_, de Mme. D'Aulnoy, y  _La Bella y la Bestia_, de Mme.
de Beaumont. Son verdaderos cuentos para nios. Y doy fe de ello,
porque s de varios nios que los han ledo con entusiasmo y s de una
seorita distinguida que se ha aburrido mucho. Una seorita distinguida
es lo menos infantil que se conoce. Una seorita distinguida, si la
dicen que puede tener hijos, suele exclamar: Por Dios! Chiquillos, no.
Qu lata!

A seoritas de estas de Qu lata! no hay que ofrecerles cuentos para
nios. Con la conversacin de algn joven, tan distinguido como ellas,
tienen bastante pasto intelectual.




XLII


El prncipe de Mnaco es un prncipe dichoso. Su minsculo Estado, el
ms pacfico del mundo. No agobian  sus sbditos contribuciones ni
cargas. Su ejrcito es un elegante Cuerpo de Polica; sus barcos no son
de guerra, son de paz, y su insignia, la ms alta y ms noble expresin
de paz, la Ciencia.

En el _Princesa Alicia_ no van, con el noble prncipe de Mnaco, ni el
conquistador, ni el colonizador, ni el aventurero, ni el viajante de
comercio, ni el deportista; va el sabio explorador de tierras y mares,
sin otro inters que el estudio mismo.

Al contrario de otros prncipes, para este afortunado, el gobernar es
un descanso. Por eso puede hacer del estudio su deporte.

Contra siete vicios hay siete virtudes en este mundo. Pero en los
felices dominios de este prncipe, contra innumerables virtudes hay un
solo vicio.

l es fuente de prosperidad y bienandanza, l costea las exploraciones
cientficas, l permite en Exposiciones universales, al minsculo
Estado, tan lucido papel como  muchas grandes potencias. El amor  la
Ciencia de un prncipe sabio contrapesa, muy justamente, grandeza y
podero de otras naciones.

Con todo esto, no pudiera escribirse algo muy interesante sobre la
moral de lo inmoral?

Como toda la moralidad de un Estado no puede ser, en resumidas cuentas,
ms que hipocresa, en los Estados moralistas son los trabajadores y
los honrados los que vienen  pagar y  sostener vicios y holganza.

El Principado de Mnaco, sin hipocresa, logra algo ms justo: el vicio
tributario y el trabajo exento.

No hay persecucin capaz de exterminar un vicio, como el vicio sea de
los arraigados en la naturaleza humana. La persecucin infructuosa slo
conseguir aadir al vicio del vicioso el delito del encubridor: ms
repugnante todava, cuando tras de encubrir, delata.

En cuanto  que no hay nada tan elstico como la moralidad, es preciso
insistir? Yo confo mucho en la discrecin de nuestras autoridades.
Pero, se imaginan ustedes el contraste, si en estos das se le
ocurriera  un delegado sorprender alguna partidita de juego?

El Gobierno, que honra, agasaja, condecora y recibe como se merece al
noble prncipe, soberano dichoso del ms dichoso Estado, no podra
consentir esa inconveniencia.

Envidiable suerte la de este prncipe! Ay! Tanto como l la Ciencia,
amara yo el Arte, si se me permitiera explotar siquiera una ruletita
con un par de ceros.

       *       *       *       *       *

A los partidarios de la pena de muerte les ha parecido crisis de
sentimentalismo y aun de histerismo el movimiento abolicionista
determinado con ocasin de recientes indultos.

Si  histerismo furamos, tambin pudiera haberlo sanguinario, y
siempre sera ms expuesto que el filantrpico y sentimental. Pero, 
qu agraviarnos mutuamente? Siempre habr dos conceptos fundamentales
de la vida: conservador y liberal. En el ms amplio sentido de estas
palabras.

El sentido conservador considera la vida con escepticismo oportunista.
La humanidad es mala de suyo y las sociedades constitudas por los
hombres adolecen de sus mismas imperfecciones. Siempre ha sido lo mismo
y lo mismo ser mientras el mundo exista. Es intil aspirar  mejora 
perfeccin.

Contra los perturbadores del orden social no hay ms defensa que...
defenderse. Contra los malos, el castigo. La enmienda? Ilusin,
utopa progresista!

Este sentido es muy respetable, y ms lo sera llevado al extremo.
Supresin radical de cuanto hay de intil, perjudicial y parasitario.
A defenderse del criminal como del apestado, del intil como del vago,
del loco como del imbcil.

Quin sabe si esta despiadada seleccin no sera el medio ms eficaz
de cultura?

Pero hay quien considera, tal vez ilusionado, que el espritu humano es
perfectible y perfectible la vida, y perfectibles las sociedades. La
historia conocida de la humanidad es de muy poco tiempo y son das los
siglos de que podemos tener noticias, y aun esos bastan para decirnos
que es hacia el bien el lento caminar y hacia la perfeccin todo el
camino. Poco  poco y despacio, eso s. El efectivo avance apenas
responde al aliento espiritual.

El poeta del premio Nobel, en este ao, Maeterlink, lo dice: Para
realizar siquiera un bien pequeo en nuestras acciones, hay que soar
con las ms altas y generosas empresas de bondad.

En cuanto  la parte de responsabilidad social, de solidaridad, mejor,
en virtudes y en crmenes, no habis ledo _Resurreccin_, de Tolstoi?

Antes de juzgar debemos juzgarnos. Ser la mejor leccin de todo delito.

Consideremos el caso de Cullera. Ya parece lejano, como un suceso
histrico. No puede haber ofensa para la memoria del juez cruelmente
asesinado. Doy por supuesto que era el juez ms ntegro, ms justo,
ms digno. Lo era. Pero, es siempre as? El que haya vivido algn
tiempo en un pueblo, sabe de las injusticias, de las iniquidades, de
las tropelas de la justicia al servicio de los caciques?

Los pueblos sufren aos y aos, y en un da, por fin, se cobran, con
aparente injusticia, quizs cuando menos debieran y en quien menos mal
hizo, todas las injusticias padecidas... Hicieron mal, no hay duda.
Pero, dnde empez el mal?

Eranse dos amigos, de los cuales el uno en cuanto pona mano prosperaba
y junt un cuantioso capital en poco tiempo. El otro era tan
desdichado, que el negocio ms seguro acababa para l en un desastre.
Por si su mala suerte consista en ser ms honrado en sus tratos
que el amigo, se dej de escrpulos y quiso imitarle, por ver si se
desquitaba. Todo le sala mal del mismo modo.

Un da jugaban al tute los dos amigos, mano  mano, y el infeliz no
lograba baza, mientras el otro no dejaba de acusarle las cuarenta, ms
veinte, y vuelta  lo mismo, y as toda la partida.

El perdidoso bramaba y para sus adentros iba repasando su historia y
la de su amigo, la sinrazn de sus malos negocios y los buenos del
otro, las pilleras que al amigo le haban enriquecido y  l slo
le haban trado pleitos y disgustos. Y al fin, cuando una vez ms
le acusaba el amigo las cuarenta, se levant, rojo de clera, tir
cartas, mesa, sillas y luces y la emprendi  golpes con el ganancioso,
gritndole:--Ladrn! Pillo! Granuja! Si toda tu vida has sido lo
mismo!

Nadie poda explicarse aquel arrebato; todos se lo afearon mucho.
Ponerse as porque le acusaban las cuarenta!

Pero, lo que l deca:--Seor! Si creern que ha sido por estas
cuarenta de hoy? Si es que toda su vida me las ha estado acusando y...
ya no poda ms, ea, ya no poda ms!

Hay muchas cosas, inexplicables en un momento, que tienen su
explicacin en toda una vida.




XLIII


El Municipio de la opulenta Bilbao, al discutir sus presupuestos,
acord grandes economas en las subvenciones  las cantinas y  las
colonias escolares.

Cuando en todos los pases civilizados se concede la mayor proteccin,
moral y espiritual,  estas instituciones, en el Ayuntamiento de Bilbao
se alzan destempladas voces para protestar contra ellas.

Un edil dice que las colonias escolares no pasan de ser un recreo, una
diversin para los nios. Gran argumento! Y si no fueran ms que eso,
si no fueran salud y vida, estara tan mal empleado el dinero?

Otro dice que no hay para qu contribuir  la regeneracin de los hijos
de los borrachos. Admirable argumento tambin! Y, admirable espritu
de caridad cristiana!

Para ellos hacen y para sus hijos, al no hacer por los hijos de los
dems, por borrachos que fueran.

A un hombre muy inteligente le o yo decir muchas veces que, para
tratar en cualquier negocio, si haba de ser un pillo, le diera
Dios pillos muy pillos, que stos, al fin, por inters propio,
atinaban siempre con el inters ajeno. No como el pillo bruto--mezcla
detonante,--que por quererlo todo para s, malogra las mejores empresas.

Del mismo modo, ya que sea el egosmo primer mvil de las acciones
humanas, seamos de veras egostas, y, por verdadero egosmo,
comprenderemos la conveniencia del bien ajeno. Por nuestra salud, nos
cuidaremos de la salud de los otros; por nuestra seguridad, de su
honradez; por nuestra inteligencia, de su cultura; por nuestra riqueza,
de su bienestar. No es lo malo que seamos egostas, sino que lo somos
malamente. Los grandes bienhechores de la humanidad han sido los
grandes egostas. Queran un mundo mejor para vivir mejor ellos.

A los que no son egostas, cualquier cosa les est bien y viven tan
 gusto en una pocilga. Esos no movern pie ni mano por mejor cosa
propia ni ajena.

       *       *       *       *       *

Nada ms gracioso y artstico que las danzas de Loie Fuller y sus
discpulas. Loie Fuller, inventora de la famosa danza serpentina tan
copiada y tan imitada despus, ha comprendido toda la verdad de la
mxima de D'Annunzio: Renovarse  perecer. Y si es cierto que en la
parte fsica no ha podido contrarrestar el irreparable ultraje de los
aos, como dijo el trgico, en la parte artstica, ya que no renovado
del todo, ha rejuvenecido su arte con artsticas variaciones sobre
el antiguo tema: Bella forma mortal passa,  non d'arte, que dijo
Leonardo, y adopt despus por lema el mismo Gabriel D'Annunzio.

Loie Fuller, con sus vaporosos contornos de nube, de llamarada, de
viviente flor, de mariposa, con sus combinaciones de luces y colores,
ha sido una gran innovadora en arte. Con especialidad, en el arte
decorativo llamado modernista. La moda femenina tambin ha encontrado
en ella atrevidas inspiraciones coloristas.

En el arte de la danza, su influencia ha sido decisiva. Loie Fuller,
segn ella misma refiere, hall en la India la inspiracin de sus
bailes. Hoy todo el moderno arte del baile busca en la antigedad
ritmos de lneas y colores. Y son Isadora Duncan, Maud Allens, Regina
Budet, Ida Rubenstein, la Truhanowa, Trtola de Valencia, toda una
plyade de bailarinas, evocadoras de las antiguas danzas de Grecia y de
la India, danzas religiosas, sacerdotales, de iniciacin y de misterio.

Unas por instinto, otras por arte. La mujer es siempre vaso de
eleccin, propicio al hervor del fuego sagrado.

El baile moderno ha dejado de ser acrobatismo. Hoy pueden danzar las
bailarinas con los pies desnudos; las bailarinas ms famosas de antes
no hubieran podido mostrar sus pies, atormentados por el horrible
ejercicio al bailar sobre las puntas de los dedos; pies que haban
perdido su forma, ensangrentados muchas veces al cabo de horas y horas
de ensayos mil veces repetidos para lograr fuerza y agilidad. Las
vueltas de cintura de la Pinchiara, los punteados de Rosita Mauri! Todo
ello pas para no volver, hasta que de puro viejo sea antiguo, que la
antigedad es la juventud de las cosas viejas.

       *       *       *       *       *

Pero una de nuestras autoridades se ha propuesto cumplir con la ley
de proteccin  la infancia y ha prohibido la presentacin de las
discpulas de Loie Fuller en el teatro.

De todos los trabajos que puede hacer un nio, ninguno menos penoso
que el de estas danzas. Nada ms parecido  un juego infantil. Nada en
ellas da idea de pena  de esfuerzo.

La directora ha protestado contra esa medida de la autoridad. Es que
est mal acostumbrada. Viene de otros pases donde no se concede
la menor importancia  los nios. Aqu no habr podido ver nios
abandonados por las calles, ni vendedores de peridicos menores de
trece aos expuestos al fro en estas noches de invierno y alternando
con golfos y golfas de la peor especie. Y si recorriera esos pueblos de
Dios, no vera nios y nias, al sol de Agosto, en las faenas del campo.

Como nada de esto ha podido ver, comprender lo justo de la
determinacin al prohibir ese espectculo de unas nias sanas y alegres
que, seguramente, no lo habrn pasado mejor en su vida.

Pero nuestras autoridades no se enteran ms que de lo que pasa en los
teatros. Verdad es que, cuando no se encuentre  una autoridad por
esas calles, ya se sabe dnde hay que buscarlas, en los teatros del
distrito.




XLIV


Como los encendedores mecnicos han obtenido tan general aceptacin, y
es de suponer que lo mejor de su clientela se halle entre las personas
ms liberales, por lo que tienen de novedad y adelanto,  entre
gentes inquietas y viciosas, por lo que tienen de azaroso, la caja de
cerillas, orgullo de la fabricacin espaola, ha quedado relegada  los
fieles espritus tradicionalistas, donde toda virtud y toda moralidad
se asientan.

Reducido el consumo de las cerillas retrgadas  esta noble y severa
parroquia, no es extrao que los fabricantes de cerillas cuiden la
honestidad de los envases, como empresa de teatro aristocrtico la
honestidad de las comedias.

No han reparado ustedes? En las fotografas de clebres y lindas
artistas, ornamento de las cajas de fsforos, de algn tiempo 
esta parte no se descubre descote ni desnudez pecaminosa. Hbiles
retocadores lo han tapado todo. Ya con un chal, ya con una paoleta,
ya con un remiendo de la misma tela del vestido. No ha faltado ms que
poner un antifaz  los rostros, mientras se sustituye la emisin de
retratos femeninos por una de santos varones de la cristiandad,  de
polticos conservadores,  de coristas masculinos del teatro Real, 
cualquiera otra tan incombustible como stas.

Entretanto se agotan las existencias de caras bonitas con las
precauciones indicadas, no hay peligro de inflamacin en las cerillas
ni en el consumidor. Todo es economizar fsforo, y en esta parte hay
que alabar el desprendimiento de los expendedores.

Segn tengo entendido, la venta de cerillas corre ahora por cuenta
del Estado, y vean ustedes cmo en tiempos de Gobierno liberal y
democrtico se moraliza y se honestiza. Para que digan y murmuren
luego cuatro viejas beatonas!

Oh, aquel empecatado Molire! Al presentarnos  su Tartuffe en escena,
con pincelada maestra, le vemos encararse con la traviesa Dorina y
decirle:

      --Ah! mon Dieu! je vous prie
    Avant que de parler, prenez-moi ce mouchoir.
    ... Couvrez ce sein que je ne saurais voir.
    Par de pareils objets les mes sont blesses,
    et cela fait venir de coupables penses.

Como Tartuffe y como estos moralistas fosforeros de ahora, conoc yo
un seor que, apenas vea uno de estos descotes de caja de cerillas,
peda tintero y pluma y lo emborronaba con presteza. Alguien le dijo
un da:--Pues si fuera usted al teatro Real y viera usted  muchas
seoras! Qu hara usted?--A esas, todo el tintero, hijo mo, todo el
tintero!

Ahora, alerta, diosas de Ticiano y de Rubens, maja desnuda de Goya!
Estos moralistas de ahora pueden trataros un da como  fotografas de
caja de fsforos, ya que la luz gloriosa del Arte vale para ellos tanto
como una cerilla y menos que un pitillo.

Es gente que slo ve la Belleza por donde, como se dice vulgarmente,
ven los gigantones de Burgos. Y se figuran que todos la ven como ellos.





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(de 5), by Jacinto Benavente

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received the work on a physical medium, you must return the medium
with your written explanation. The person or entity that provided you
with the defective work may elect to provide a replacement copy in
lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
or entity providing it to you may choose to give you a second
opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
without further opportunities to fix the problem.

1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of
damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
violates the law of the state applicable to this agreement, the
agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
remaining provisions.

1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
Defect you cause.

Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of
computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
from people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
www.gutenberg.org



Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
volunteers and employees are scattered throughout numerous
locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
date contact information can be found at the Foundation's web site and
official page at www.gutenberg.org/contact

For additional contact information:

    Dr. Gregory B. Newby
    Chief Executive and Director
    gbnewby@pglaf.org

Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment. Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements. We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
state visit www.gutenberg.org/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations. To
donate, please visit: www.gutenberg.org/donate

Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
freely shared with anyone. For forty years, he produced and
distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
edition.

Most people start at our Web site which has the main PG search
facility: www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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